El concepto marxiano de capital y la experiencia soviética (II)

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por Paresh Chattopadhyay

Traducción por Juan Delgado

La crisis de sobreacumulación absoluta del capital

Luego de haber discutido en el Capítulo 4 el proceso y la especificidad de la acumulación de capital en la URSS, lo que llevó a la sobreacumulación de capital, el presente capítulo mostrará algunas consecuencias de esa sobreacumulación tal como se manifestaron de formas diferentes en la crisis terminal del capital soviético.

Algunos índices negativos

La consecuencia última de la incapacidad del régimen de o bien prolongar el tiempo absoluto de trabajo de la sociedad o extender el tiempo relativo de trabajo puede observarse claramente en el comportamiento de los indicadores económicos básicos durante los últimos años del régimen, como puede observarse en la información oficial soviética de la Tabla 5.1

Se ve que una ralentización en las tasas de crecimiento de estos indicadores terminó en la caída absoluta de los indicadores en el último año del Plan. El crecimiento negativo de la economía se asoció con otras manifestaciones de la crisis. El déficit del presupuesto estatal, que alcanzaba 2-3% del PBI a comienzos de los ochenta, se incrementó cinco veces durante 1985-1989. llegando a 10% del PBI en 1989, y alcanzando a 400 mil millones de rublos, o más del 40% en 1990 (Khandruev 1991: 38). El ingreso monetario de la población creció un 13,1% en 1989 y 16.9% en 1990, continuando así la profundización de la brecha entre los ingresos monetarios y la disponibilidad de bienes y servicios reales (Narkhoz 1990: 7). Esto se vio en el volumen de demanda insatisfecha que alcanzó los 55 miles de millones de rublos, y un incremento en los ahorros bancarios de 43 mil millones de rublos en 1990, año en el que se calcula que la inflación llegó al 20%. (Ekonomika SSSR 1991: 10). Al mismo tiempo, un rublo muy debilitado estaba llevando los intercambios interempresarios en especie, creando un retorno a la “forma primitiva del trueque” (Ryzhkov 1990:1).

Hacia el fin del veinteavo plan, Gorbachov subrayó que “ha habido una desintegración evidente [yavnyi raspad]] del mercado de consumo, crecimiento del déficit presupuestario y de la deuda estatal, desorganización de la circulación monetaria, una fiesta de especulación y de economía sombra”, y agregó que “todo esto está sucediendo de forma simultánea a la caída de la disciplina de contrato, la ruptura de los lazos comerciales, el detenimiento absoluto de la producción en plantas vitalmente importantes” (Gorbachov 1990:2). Mientras en la fase inicial de “reestructuración”, los gobernantes soviéticos todavía hablaban de que su sociedad tomaba “formas pre-crisis” [predkrizisnye formy] (Gorbachov 1987: 1, 3) ahora reconocían abiertamente la “crisis social” [krisis obshchestva] (K  gumannomu  1990:1, énfasis nuestro)[1]. La caída absoluta de los indicadores económicos básicos, por ende, indicaría que la economía soviética, siguiendo el antiguo camino de acumulación, había alcanzado un punto en el que ni el plusvalor absoluto ni relativo de la sociedad podían ser incrementados –esto es, una crisis de sobreaucmulación absoluta de capital.

La crisis de la economía soviética no apareció repentinamente en los ochenta, ni es correcto decir que se originó en los setenta -el período del “estancamiento”. Los indicadores originales de la crisis se habían manifestado al menos desde comienzos de los sesenta (Khanin 1988; Fat’sman 1992). De hecho, la crisis de acumulación del capital soviético se manifestó por primera vez en los años iniciales de la planificación cuando la economía no logró alcanzar la mayor parte de los objetivos dispuestos. Contrariamente a la la famosa afirmación de Stalin en enero de 1933, que el Primer Plan Quinquenal había sido “cumplido” en cuatro años y tres meses (1970: 245), las verdaderas tasas de crecimiento de las categorías más importantes como el ingreso nacional, la industria y la agricultura eran más bajas, durante el período 1929-1932, en 44%, 28% y 69% respectivamente, comparadas con las tasa planificadas, y solo dos de las dieciséis categorías más importantes del output industrial planificado fueron los objetivos conseguidos en términos físicos de acuerdo al plan (Shmelev y Popov 1989: 52, 97). Había además otra ralentización seria entre 1937 y 1938 “cuando los ambiciosos objetivos diseñados por el plan raramente se conseguían” (Zaleski 1962: 257). De acuerdo al cálculo de Zaleski, teniendo en cuenta las categorías económicas básicas, la desviación absoluta de la consecución al 100% del Primer PLan fue del 39% y del Segundo Plan de 35% (1984:197)[2]. De hecho, de acuerdo a estimaciones soviéticas no oficiales, el promedio anual de crecimiento del ingreso nacional cayó de 14% durante la NEP a 8% en el período 1929-1939 (Shmelev y Popov 1989:54). Sin embargo, como Khanin ha señalado, a pesar de que las manifestaciones de la crisis de los treinta y de la de los ochenta parecían en muchos aspectos similares, la crisis de los treinta podía ser superada gracias a la enorme magnitud de recursos productivos disponibles, incluyendo fuerza de trabajo (1991: 30)[3].

Una economía de movilización: justificación histórica

Como se mencionó en el Capítulo 4, el puntio de partida del proceso de aucmulación soviético (para el período que consideramos en este libro) fue la política oficialmente adoptada -dictada tanto por el atraso económico del país como por la amenaza percibida de intervención militar externa- de superar y sobrepasar a Occidente en el periodo de tiempo más corto posible. El ritmo de la industrialización era el tema central que requería la “máxima atención para el desarrollo más rápido de aquellas ramas de la economía nacional en general y de la industria en particular sobre las cuales caería la tarea de asegurar la defensa y estabilidad económica del país en tiempos de guerra (KPSS v resoliutsiakh 1970:507). Con el objetivo de reducir la brecha entre la URSS y Occidente en un período económico mínimo, una continuación de la NEP, bajo la cual el mecanismo económico se basaba en principios de mercado, en particular en relación al campesinado (Davies 1989: 459; Shmelev y Popov 1989: 13), fue considerado inadecuado. De hecho, aun con una recuperación sorprendente de la economía bajo la NEP, todavía existían retrasos significativos en algunas ramas industriales importantes en 1926/1927 en comparación a 1913. Así la producción de arrabio, acero crudo, y de acero laminado (todo en millones de toneladas) era de, respectivamente, 4.2 y 3.0; 4.3 y 3.0; 3.5 y 2.8; mientras, para las mismas fechas, la producción de cemento (en millones de barriles), algodón (en millones de metros) y azúcar (en miles de toneladas) era de, respectivamente, 12.3 y 9.7; 2.6 y 2.3; 1290 y 820 (Carr y Davies 1974: 1008; Nove, 1982: 94). De la misma forma, en los últimos años de la NEP, la brecha en la producción per cápita entre la URSS y los países avanzados era tan amplia como en 1913, y la brecha tecnológica se había ampliado (Davies 1991: 25-26). En cuanto al sector industrial en particular, cualquiera fuera el crecimiento total registrado a fines de los veinte, estaba basado en gran parte en la renovación de la capacidad existente y en la reabsorción de la fuerza de trabajo industrial disponible. Un progreso más avanzado, particularmente en la industria pesada, hubiera necesitado construir nuevas y más grandes plantas y no solo renovar y reparar las antiguas (Nove 1982: 117), lo que significaría un incremento en la inversión industrial mucho mayor de la existente. Por otra parte, la situación de los granos era extremadamente difícil donde, además de una caída en la producción, se desarrolló una crisis de adquisiciones debido al incremento del consumo interno del campesinado a través de un cierto proceso de estabilización luego de Octubre de 1917. Así “la producción de granos era más pequeña de lo que era antes de la guerra, el mercado más pequeño y las necesidades mucho más grandes” (Lewin 1985: 92-93). Aunque las políticas de precios alternativos pueden haber mitigado o incluso eliminado la crisis de granos, “el incremento de la inversión industrial durante 1928 y 1929 no era compatible con las relaciones de mercado con los campesinos, lo cual era la piedra basal de la NEP” (Davies 1974: 261).

Dada la determinación de los gobernantes soviéticos de reducir la brecha de cincuenta a cien años con Occidente en diez años -para parafrasear el famoso pronunciamiento de Stalin en 1931 (1970: 200)- la estrategia de desarrollo soviética debía ser esencialmente una estrategia de movilización que siguiera una “versión revisada del modelo de la guerra civil” (Lewin 1985:362) bajo una economía “administrada” o “comandada”[4]. Fue una política de “crecimiento a toda costa” al ritmo más rápido posible y, como tal, necesariamente enfatizaría la maximización de movilización cuantitativa de fuerza de trabajo y de inputs materiales, tratando la eficiencia de su uso como algo secundario. Este fue “esencialmente un arreglo para la movilización de recursos más que por una utilización eficiente de recursos” (Cohn 1987: 14). Por otra parte, dado el objetivo dominante de los gobernantes de efectivizar rápidos cambios estructurales en la economía y, correspondientemente, la prioridad claramente definida de sectores como industria liviana y pesada incluyendo la producción militar, una administración centralizada parecía ser el mecanismo de movilización más apto (Levine 1974:47)[5].

El camino específico de la reproducción ampliada de capital adoptado por las autoridades soviéticas se adaptaba a la posición inicial de recursos del país. Dada la falta de trabajadores cualificados, al disponibilidad de fuerza de trabajo con un bajo nivel educativo, y la ampliamente inutilizada riqueza natural del país, era sencillo y, en algún sentido, más racional expandir la industria en base a la energía y materias primas no explotadas en vez de intentar incrementar la productividad de la fuerza de trabajo o del capital fijo existente (Bobrowski 1956:87). Esta estrategia, luego llamada “de crecimiento extensivo” por los economistas soviéticos era, como sabemos, solo un tipo específico de acumulación de capital que había mostrado Marx.

De hecho, lejos de ser no-capitalista, la lógica de la economía dirigida es la lógica del capital en ciertas situaciones y en ciertas épocas del desarrollo del capital. A. Gerschenkron sostiene convincentemente que la industrialización soviética tenía todos los “elementos básicos que eran comunes a la industrialización de países atrasados en el Siglo XIX”, y enfatizó justamente que “la ideología marxista… ha tenido, si alguna, una relación remota con la gran transformación industrial diseñada por el gobierno soviético” (1966a: 28, 149, 150)[6]. Los gobernantes soviéticos, ha sido dicho, estaban realmente comprometidos en la construcción de la base industrial de una economía de guerra en tiempos de paz” (Nove 1982: 390). Bajo una economía dirigida, dada la separación del trabajador de las condiciones de producción, la economía soviética no cesó de ser capitalista más que cualquier otra economía basada en la separación del trabajador de las condiciones de producción deja de ser capitalista simplemente porque es una economía de guerra (necesariamente) bajo dirección administrativa centralizada. Así O. Lange estuvo en lo correcto en su caracterización de la URSS como una “economía de guerra sui generis” y en subrayar que la política de colocación de recursos de acuerdo a prioridades establecidas administrativamente y su concentración en un objetivo básico bajo una administración central como en la URSS, “era el caso de todos los países capitalistas durante la guerra” (1969: 171-72, énfasis nuestro)[7]

La estructura de la economía soviética, en correspondencia con la estrategia de maximizar la tasa de movilización de fuerza de trabajo y otros recursos productivos para la producción industrial en condiciones de atraso, entraría desde luego en conflicto con la racionalidad de los denominados mecanismos de mercado, que funcionan en base a cálculos de costo y beneficio en empresas individuales. Dado el atraso inicial de la economía, “el sistema tradicional de incentivos costo-beneficio, sin mencionar el sistema privado de empresa, era incapaz de generar el crecimiento en industria pesada y militar que Stalin y sus colegas concluyeron que debían tener…” (Goldman 1987: 19). Las autoridades mismas eran perfectamente conscientes de la lógica de perseguir un camino de rápida industrialización en un país atrasado. Como un documento oficial del Plan de los treinta observaba: “Nuestro país hace el experimento sin precedentes de una tremenda construcción de capital llevada al costo del consumo corriente, al precio de un duro régimen de la economía y por medio del sacrificio de la satisfacción de las necesidades actuales en nombre de grandes e históricos objetivos” (Baykov 1970: 129). En el capítulo 3 ya nos hemos referido a la pertinente observación de Stalin, sobre todo, sobre la necesidad de considerar la rentabilidad global de la economía nacional como un todo y por un período largo en oposición a la rentabilidad a corto plazo de ramas individuales o empresas. Marx había señalado antes que la posibilidad de un “capitalista individual” de estar “en constante rebelión” contra “los intereses globales de la clase capitalista” (1976a: 162).

No puede negarse el hecho de que, siguiendo el camino de la acumulación principalmente basada en la expansión cuantitativa de recursos, y bajo una dirección centralizada de la economía, la URSS obtuvo resultados sorprendentes dentro de un período corto. “En su velocidad y escala la revolución industrial soviética no tiene precedente ni sucesor en ninguna parte del mundo” (Davies 1980: xiii). Se aceptó ampliamente que a mediados de los cincuenta, la URSS se había convertido en la segunda potencia industrial del mundo (Goldman 1970: 347). Un comentarista soviético actual de este modo de acumulación ha señalado que durante el periodo 1930-1950 “las bases de un progreso económico en la URSS habían sido establecidas, se había creado una poderosa base de inversión que satisfacía casi completamente los requerimientos de la economía nacional, se formaron millones de trabajadores cualificados y técnicos-ingenieros, se alcanzó un poderoso potencial científico y se creó una industria de defensa actualizada” (Khanin 1988: 86). Sin embargo, luego de haber alcanzado esa etapa, el modo de acumulación parecía haber alcanzado los límites de su “justificación histórica”, perpetrado más allá de los cuales se convertiría en un “obstáculo para un mayor desarrollo económico” (Lange 1969: 171)[8].

Debería señalarse que incluso durante la fase de 1930-1950, la cual marcó el impresionante ascenso del poder industrial soviético en base a una movilización sin precedentes de recursos, el tipo particular de acumulación de capital contenía en sí misma los elementos de su propia negación. Este tipo de acumulación por su propia naturaleza tarde o temprano se confrontaría con una barrera insuperable de recursos. Asimismo el sistema de dirección centralizado de la administración económica, el promotor y ejecutor de este tipo particular de acumulación, si bien “resolvió exitosamente los objetivos de incrementar el volumen de recursos productivos”, demostró ser “incapaz de asegurar un incremento estable en la efectividad de su utilización” y de prevenir “el uso extravagante de recursos materiales” (Khanin 1988: 86,88). Khanin ha sostenido que desde fines de los cincuenta comenzó un sostenido declive en la tasa de crecimiento de la economía condicionado por dos factores: una ralentización de la tasa de crecimiento de los recursos productivos y un deterioro de su utilización efectiva -con el rol decisivo que jugó el extraordinario declive en la tasa de crecimiento de capital fijo de 33% en el período 1961-1965 a 3% en el período 1981-1985 , llegando a 0 hacia el fin (1988: 88).

Parece, de hecho, que “los cincuenta fueron la era dorada del sistema de economía administrada cuando realizó todo su potencial y dio el máximo de lo que, idealmente, era capaz” (Shmelev y Popov, 1989: 65). Es en los cincuenta que el ingreso nacional, la productividad de la fuerza de trabajo social, y la productividad del capital alcanzaron sus tasas de promedio anual más altas para todo el periodo planificador de la URSS con, respectivamente, 7.2, 5.0 y 1.6%. Al comenzar el Séptimo Plan (1961-1965): había un sostenido declive en la tasa de crecimiento de estos indicadores hasta que comenzaron a ser negativos junto a un declive absoluto en el volumen del ingreso nacional en 1981-1982 (Khanin 1988: 85; 1991: 29-30).

Con tasas de crecimiento de la fuerza de trabajo y de capital fijo en declive junto a crecientes dificultades para movilizar recursos naturales, solo un cambio hacia un nuevo modo de acumulación de capital basado en una “continua” revolucionarización del método de producción o una “metamorfosis técnica” -esto es, el primer y principal tipo de aucmulación analizado por Marx- podría haber permitido a la economía soviética continuar con tasas de crecimiento altas. Pero el sistema administrativo centralizado de gestión. tan capaz de realizar una movilización cuantitativa de recursos cuando tal movilización era todavía posible- se probó incapaz de inaugurar un nuevo tipo de acumulación de capital y así demostró ser un freno a una acumulación más avanzada (Aganbegyan 1988: 166). El capitalismo soviético continuó funcionando como una economía de movilización y no logró desmovilizarse con correspondientes cambios en la organización según los requerimientos de una reproducción ampliada en la nueva situación. Sin entrar en la cuestión de por qué el necesario cambio hacia un nuevo modo de acumulación no puedo tener lugar, simplemente notemos que de acuerdo con algunos antiguos observadores de la trama soviética, por un lado el monopolio del poder por el Partido-Estado, expresado en la administración centralizada de la economía,sólo sería compatible con una alta y cuantitativamente creciente tasa de inversión y, por otra parte, la administración centralizada, cómoda solo con el incremento de la escala de productos y procesos establecidos, desalentaría toda iniciativa individual y creatividad y así impediría la innovación y el progreso tecnológico (Gerschenkron 1966a: 285-300; Berliner 1988: 253-62; Khanin 1988: 99;Fal’tsman 1992: 16).

La acumulación como un proceso contradictorio

A.   Gerschenkron, luego de citar la famosa frase de Marx sobre la acumulación capitalista, “¡Acumulen, acumulen! Este es Moisés y los Profetas”, agregó: “Existen muchas razones para dudar de que haya habido alguna economía registrada históricamente en la que estas palabras podrían aplicarse con mayor justificación que en la economía de la Unión de las denominadas Repúblicas Socialistas Soviéticas” (1966b: 285; énfasis del autor). No es difícil ver cómo esta “sed hipertrofiada de producción” (Fal’tsman 1992: 17; Loginov 1992: 5), basada en el “segundo tipo” de acumulación llevada más allá de su “justificación histórica”, se convirtió en un proceso autocontradictorio y cómo el proceso de acumulación se negaba a sí mismo.

Mencionamos en el Capítulo 4 un aspecto importante la lógica de esta ihperacumulación, es decir, la absoluta prioridad de los medios de producción sobre los medios de consuimo del proceso de aucmulación soviético[9]. Mientras los medios de producción comprendían alrededor de tres cuartos de todos el output industrial (ver Tabla 4.7), su crecimiento naturalmente se vinculó estrechamente con el crecimiento de la economía entera. En un estudio de esta relación para el período 1951-1980, se encontró que, en promedio (anual), la tasa de crecimiento del ingreso nacional llegaba a alrededor de 80% de la tasa de crecimiento de los medios de producción (Kossov 1984: 13). Hasta qué punto el resto de la economía soportaba el costo del crecimiento del Grupo A puede observarse en el crecimiento a largo plazo de la “intensidad de capital” [kapitaloenkost’] del desarrollo del Grupo A, definido como el cociente de la porción del Grupo en la inversión total de la economía y la tasa de crecimiento del output del Grupo (ambos en porcentaje) que con el tiempo indicaba qué porcentaje de la inversión global de la economía iba a un incremento del 1% del output del Grupo a (Kossov 1984: 14-15). Puede verse que este cociente, que resulta de la superposición de la porción de inversión más o menos estable del grupo A  sobre la declinante tasa de crecimiento de su output, monolíticamente incrementada de 1.2 durante el Primer Plan a casi 9 durante el penúltimo Plan[10]. Esto parece mostras cómo el proceso de aucmulación soviético, basado en una no revolucionarización (continua) del método de producción, estaba sostenidamente socavando la prioridad del régimen mismo hacia el sector, además de desviar crecientemente la producción de recursos de la sociedad de las necesidades populares básicas.

Dada la “no-susceptibilidad [nevosprii,chivost’] de la economía soviética hacia el progreso técnico”, el régimen, para mantener el tempo de acumulación, intentó crecientemente compensar esta falta por medio de «un crecimiento (cuantitativo) redundante en la inversión y un excesivo consumo de recursos naturales” que contribuía con el “socavamiento” [proedaniiu] de la riqueza natural y de la riqueza nacional como un todo ( Fal’tsman 1992: 15, 16, 17).

Vimos en el capítulo 4 que incluso en las estimaciones oficiales soviéticas, las tasas de crecimiento de los recursos naturales -junto a aquellas de inversión y fuerza de trabajo- había estado cayendo sostenidamente con los años. No obstante, estimaciones alternativas recientes, corregidas de distorsiones oficiales de inflación u otro tipo, muestran que la situación fue mucho peor. En cuanto a los recursos naturales básicos, los stocks de todos ellos muestran un declive absoluto en el período 1960-1988. Así, en términos físicos, el petróleo, el gas natural, el carbón, el acero, los bosques y la tierra decayeron, respectivamente, a 24.3, 79.2, 90.2, 88.,2, 65.2, 91.2% de sus stocks iniciales[11]. Teniendo en cuenta otros elementos de la riqueza nacional -como el capital fijo, los stocks de mercancías, la construcción sin terminar y la propiedad residencial de la gente- tenemos una idea de las dinámicas de la riqueza nacional de la URSS durante tres décadas como muestra la Tabla 5.2.

La tabla muestra claramente- gracias al tipo particular de acumulación que hemos estado discutiendo- que, durante las últimas tres décadas del régimen, la riqueza material nacional del país no solo no se incrementó ni siquiera a tasas decrecientes; por el contrario, declinó absolutamente en un 25%. Esto contradice lo que aparece en las estadísticas oficiales del período que, sin tener en cuenta la caída de la riqueza natural accesible, el proceso inflacionario y la acumulaci ́pon de “propiedad ficticia”, mostraba un incremento de ocho veces de la riqueza nacional (Fal’tsman 1991: 242). De la misma forma, en términos de las estimaciones alternativas (no oficiales), la riqueza nacional per cápita muestra una caída absoluta de 1.8 veces durante el mismo período, lo que indica lo que ha sido llamado el “proceso de empobrecimiento absoluto de la población” [absoliunogo obnishchaniya naseleniya] (Fal’tsman 1992: 19). En particular durante la última décad del régimen, de acuerdo a la estimación de Khanin, hubo una caída absoluta en el volumen del ingreso nacional de 2% y, teniendo en cuenta el crecimiento de la población, la caída absoluta en ingreso per cápita fue del orden del 12% (1991: 28-29). El crecimiento del ingreso per cápita real , “el indicador más general que refleja las dinámicas del nivel de vida de la gente” (Shatalin 1986: 60), parece haberse detenido virtualmente en los setenta (Fal’tsman 1992: 16).

Un aspecto necesario de la reproducción ampliada del capital soviético- basada en la ambición de superar y sobrepasar a los países capitalistas avanzados- y, al mismo tiempo, de la negación del proceso de reproducción mismo, era la creciente carga militar de la economía soviética. La porción del gasto en defensa en el ingreso nacional soviético creció sostenidamente de 2% en 1928 a 20% en los ochenta[12]. La porción de defensa del ingreso nacional de la URSS parecía haber sido dos a tres veces más alta que la de los países europeos de la OCDE así como de la de los EEUU, y con solo un 50% del nivel de ingreso per cápita de los EEUU, la carga de defensa del país era extremadamente grave y podía ser sostenida solamente al costo de las necesidades vitales sociales de la gente (Ofer 1987: 1788; Shmelev y Popov 1989: 183)[13].

El complejo militar industrial ocupaba una vasta área de la economía soviética. De acuerdo con F. Kushnoirsky, el complejo comprendía ramas de construcción de maquinaria y otras industrias que producían, en parte o de forma completa, la maquinaria militar o materias primas, energía y partes semi-terminadas como inputs para tal producción- Entre ellas estarían las industrias de armas y aviación, electrónica, radio, maquinaria general, construcción de barcos, instrumentos de precisión, y aquellas que recibieran “órdenes especiales” del sector militar. “Con toda esta inversión en producción militar e industria pesada”, sería “imposible desarrollar capacidades suficientes para la producción de bienes de consumo” (Kushnirsky 1982: 92). El complejo militar industrial, “el núcleo de la industria soviética”, como se observó, “desangraba la economía [obeskrovlivaet}” no solo al consumir volúmenes gigantes de todo tipo de materias primas y equipos sino también al “absorber fuerza de trabajo, inversión, innovación y otros recursos de la más alta calidad” (Fal’tsman 1992: 17-18). Aquella es también precisamente la razón por la que una ralentización continua de la tasa de crecimiento de gasto de defensa soviética -el sector prioritario del régimen- aparecía, en el contexto de una ralentización general de la economía, como una señal segura de la crisis del régimen. Cayó sostenidamente de 7.6% en 1961-1965 a -1% en 1986-1990, llegando a -6% en el último año del 20vo Plan, 1990 (Fal’tsman 1992: 16). Esta tendencia rápidamente desacelerada no podía ciertamente ser vista como un sacrificio en nombre de un incremento en la tasa de crecimiento del bienestar general de la población soviética, como veremos en la siguiente sección.

Las necesidades populares como residuo

De hecho, el nivel de vida de la gente era solo una traba en este sistema de producción para el beneficio de la producción, donde “la función objetiva del partido” era predominantemente “la maximización de crecimiento del stock de capital” (Berliner 1972:349). El declive secular en el nivel de vida popular fue consecuencia de seguir el denominado “principio del resto” para la distribución de recursos. De acuerdo con este principio, solo lo que sobrara de los recursos luego de que las necesidades de inversión productiva, incluyendo aquellas de los sectores de industria pesada y de defensa, fueran satisfechas se destinarían a la esfera social relacionada con los niveles de vida populares (Aganbegyan 1988: 67). Así, en términos de vivienda, donde la escasez había sido persistentemente aguda, la información oficial muestra que su porcentaje en la inversión total luego de haber aumentado de 18.4% en 1918-1940 a 23.5% en 1956-1960 cayó gradualmente durante veinte años para alcanzar el 14.2% en 1976-1980, subiendo solamente hasta 16.4% en el último PLan (Narkhoz 1987: 328-9; Narkhoz 1990: 551). De hecho, hablando en términos más generales, se ve incluso en la información oficial que el porcentaje de la inversión total destinada a las condiciones de vida populares, de una forma u otra, decreció con el tiempo., descendiendo de 71% en 1940 a 64% en 1986 (Loginov 1992: 7).

En el Capítulo 4 mencionamos que el régimen soviético con su “sed hipertrofiada de acumulación” había deprimido exitosamente los salarios reales de los trabajadores soviéticos durante un período considerable de tiempo. Es as+í que el promedio del nivel del salario real de los trabajadores soviéticos luego de caer sostenidamente hasta los comienzos de los 50 excedería el nivel de 1928 por un escaso 14% solo cuatro décadas después (Pavlevskli 1969: 360)[14]. De forma más general, “los intereses de inversión del gobierno” fueron “continuamente en contra de los intereses de consumo de la población” (Gerschenkron 1966b: 285). Eventualmente, el “largo plazo” en el que el consumo popular supuestamente iba a incrementarse gracias a un largo período previo de inversión no llegaría nunca. “Las inversiones no fueron consumo diferido sino inversiones diferidas” (Winiecki 1988: 26; énfasis original). El porcentaje de consumo -de los hogares más comunitario- en el PBI soviético se estima que descendió de 84% en 1928 a 63% en 1937 y luego aún más hasta 58% en los cincuenta, manteniéndose la misma proporción en los años subsiguientes (Kuznets 1963: 359; Cohn 1974: 257; Schroeder 1983a: 312_13). De acuerdo con una estimación soviética, el consumo constituye menos del 50% del ingreso nacional en los últimos años del régimen (Shmelev y Popov 1989: 183). De la misma forma, la tasa promedio anual de crecimiento del consumo per cápita (de hogares y comunitario) se estima que descendió sostenidamente de 4.3% (1951-1960) a 3.9% (1961-1970) y luego a 2.4% (1971-1981) (Schroeder 1983a: 312; 1933b: 370).

La sobreacumulación de capital causó mucho sufrimiento en la salud del pueblo sobiético. Durante un período de dos décadas y medio empezando en los sesenta la tasa de mortalidad creció de 7 a 11 por mil -un récord único de declive en la esperanza de vida para un país industrializado durante un período sin guerras (Aganbegyan 1989: 228; Shmelev y Popov 1989: 104). Tomando el porcentaje destinado a salud del ingreso nacional soviético -algo como 4%- la URSS estaba en el puesto 17 o 18 entre todos los países del mundo (Shmelev y Popop 1989: 104). En años recientes, se calcula que el porcentaje de aquellos debilitados o predispuestos a la enfermedad en el total de la población soviética variaba entre el 53 y el 60% mientras que este porcentaje entre niños y jóvenes oscilaba entre 53% y 70%. Tal deterioro en la salud de la gente resultó del alto nivel de contaminación ambiental, desnutrición y baja calidad del servicio de salud (Khanin 1991: 26). Si consideramos las condiciones generales de vida de la URSS, A. Aganbegyan escribió “… cuando vemos la vivienda, la tasa de mortalidad infantil, el desarrollo de la industrias de servicio, el suministro de bienes de consumo durables y muchos otros índices, tenemos que admitir que nos encontramos entre los últimos de los 50 países más desarrollados” (1989:230). Podríamos solo recordarnos que todo esto sucedía durante un momento en el que el socialismo sovi´petico era aclamado por haber alcanzado una etapa más avanzada -el período del “socialismo desarrollado”. Tales consecuencias sociales de sobreacumulación con sus repercusiones inmediatas en las vidas de las clases trabajadoras naturalmente puso un freno al proceso de acumulación en sí. “Las características comunes de muchos trabajadores [soviéticos] son ahora baja disciplina laboral -y de producción-, una actitud indiferente al trabajo realizado y su baja calidad, pasividad social, una bajo valor otorgado al trabajo como un medio para la autorrealización, una intensa orientación al consumo y una disciplina moral más bien baja” (Zaslavskaya 1984: 106).

Sobreacumulación y agricultura

La agricultura, como los consumos y servicios populares, fue, por un largo tiempo, considerada, en el período de acumulación soviético, como un sector no prioritario para destinar recursos. Sin embargo, la agricultura fue llevada a ser un sector primordial para la generación de capital y, como vimos en el capítulo 4, se hizo todo lo posible para exprimir al máximo al sector por medio de la colectivización. El sobreestrujamiento demostró ser contraproducente. Junto a la destrucción de gran parte del potencial productivo, el volumen de producción agrícola en el Primer Plan Quinquenal cayó un quinto y fue restituido solo a comienzos de los cuarenta, mientras que la cosecha de granos y la producción de carne excedieron el nivel de 1913 sólo en los cincuenta (Shmelev y Popov 1989: 54, 302). En cuanto al ingreso real per cápita de la población agrícola, cayó 40% entre 1928 y 1940 (Jasny 1961: 447).

Un medio importante de financiamiento de la superinduastrialización de la URSS fue la puesta en práctica de la “política de las tijeras”, esto es, un precio bajo de adquisición para productos agropecuarios en comparación a sus precios de venta, apareciendo la diferencia en el presupuesto como impuesto al consumo. Como resultado del bajo precio que las granjas colectivas recibían frente a la entrega obligatoria de sus productos al estado, a los trabajadores de las granjas colectivas se les pagaba una remuneración mucho más baja que el salario promedio del resto de la economía (Wädekin 1989: 2386). Debido a la expropiación sistemática del output agrícola y de sus productores, “por un cuarto de siglo, de 1929 a 1953, el sector rural vivió al filo de la hambruna” (Shmelev y Popov 1989: 59). De hecho, debido al estancamiento, si no disminución, de su output hasta comienzos de los cincuenta, así como el muy bajo nivel de ingreso de los trabajadores agrícolas -reducidos a mano de obra forzada. La agricultura apareció crecientemente como un obstáculo a la acumulación de capital en la URSS (Pavlevski 1969: 3809. Conscientes de este problema, las autoridades soviéticas en el período post-Stalin intentaron introducir medidas positivas para recuperar esta situación. Comenzando con que a mediados de los cincuenta con los precios de adquisición pagados a las granjas colectivas por el Estado incrementaron, el suministro de productos industriales incrementó, y el nivel de remuneración de todos los trabajadores agropecuarios creció. No obstante, un aumento en el nivel de remuneración de los trabajadores agropecuarios sin ninguna reducción de su número -debido principalmente al continuo bajo nivel de productividad de la mano de obra agropecuaria como resultado de la no revolucionarización del método de producción- significaba costos laborales más altos; por otra parte, por razones políticas, los precios de consumo de alimentos se mantuvieron estables. Esto llevó naturalmente a un incremento de los subsidios estatales. Así de 1.5 mil millones de rublos en 1960, los subsidios al sector rural incrementaron a la enorme suma de 58 mil millones de rublos en 1986. Si uno agrega a esto los subsidios para estructura agrícola, donaciones a granjas estatales, etc, uno encuentra que hacia fines de los ochenta, los subsidios agropecuarios significaban cerca de un quinto del ingreso nacional soviético o, en otras palabras, eran equivalentes anualmente a alrededor de dos salarios promedio mensuales de los trabajadores y empleados no agropecuarios soviéticos (Wädekin 1989: 2388). De esa forma “de ser una fuente de acumulación de capital para inversión en la industria, la agricultura se convirtió en una carga neta para el resto de la economía” (Nove 1982: 371).

Al mismo tiempo. con un aumento relativo en el nivel de vida popular luego en el periodo post-Stalin, había una demanda más alta por mejores alimentos, como carne, leche, frutas y vegetales así como mejor calidad en los alimentos básicos. Por otro lado, se esperaba que la agricultura liberara mano de obra para los sectores no agropecuarios, particularmente en el contexto del declive de la tasa de crecimiento de población soviética, que había descendido de 17.9 por mil de la población en 1960 a 8.0 por mil en 1980 (Narkhoz 1985: 31). La principal respuesta a estas exigencias fue buscada, tal como en el sector industrial de la economía, en el incremento del stock cuantitativo de capital en la agricultura sin ningún cambio fundamental en el método de producción ni ninguna mejoría clara en la infraestructura. Así la agricultura duplicó su porcentaje de inversión total desde poco más de un décimo durante 1918-1940 a una quinta parte completa a comienzos de los ochenta antes de descender parcialmente al final. De forma similar, el capital productivo fijo en agricultura se incrementó seis veces entre 1960 y 1985 (en “precios comparables”) (Narkhoz 1985: 50; Narkhoz 1987: 328-329; Narkhoz 1990: 551). Al mismo tiempo,. con un nivel relativamente bajo de productividad de fuerza de trabajo -un quinto o menos del nivel norteamericano (Narkhoz 1988: 580)- la agricultura soviética no liberó fuerza de trabajo para los sectores no agrícolas como se esperaba. Su porcentaje en el empleo total declinó lentamente de poco más de la mitad a un quinto durante un período de cuarenta años (1940-1980) y se mantuvo en dicho nivel hasta el final (Narkhoz 1989:45). El crecimiento del output agrícola, por su lado, era inconspicuo, aumentó sólo 1.7 veces durante el periodo 1960-1985 (Narkhoz 1987:8). De hecho, junto a la mayor parte de los indicadores económicos, la agricultura mostró su mejor perfomance en los cincuenta con una tasa de crecimiento promedio anual que excede el 4%. Pero luego la tasa de crecimiento decayó -excepto por un breve período (1966-1970)- para mantenerse entre 1 y 2% la mayor parte del tiempo (Nrkoz 1972: 56; Narkhoz 1990: 8).[15]

Para mantener el nivel de consumo, el régimen tuvo que importar cada vez más comestibles. Entre 1960 y 1980, el porcentaje de “alimentos y materias primas para su producción” en las importaciones soviéticas incrementó de 13 a 24% y luego cayó solo a 16% hacia el fin. Por otra parte, estos alimentos, con sus correspondientes materias primas, debían ser comprados en el extranjero sobre todo por medio del incremento de la exportación de combustible y electricidad. Así, el porcentaje de lo último en las exportaciones soviéticas se triplicó en 25 años (1960-1985). A pesar de que el porcentaje cayó más adelante, todavía constituía más de dos quintos de la totalidad de las exportaciones hacia el fin (Narkhoz 1990: 660-61). “Así el comercio exterior en la URSS actualmente”, escribieron dos economistas soviéticos, “es en gran parte la venta de recursos naturales no renovables con el objetivo de mantener el nivel presente de consumo. Esto literalmente está consumiendo nuestro futuro y estamos viviendo de prestado” (Shmelev y Popov 1989: 223). El creciente porcentaje de combustible y energía en las exportaciones soviéticas con el duplicamiento simultáneo del porcentaje de maquinaria y equipamiento en las importaciones soviéticas  entre 1950 y 1990 – de 22 a 45% (Narkhoz 1990: 661)- puede analizarse como habiendo dejado al país en una situación que un economista soviético llamó “”apéndice de materias primas [syrevoi pridatok]” de Occidente (Loginov 1992:8)[16].

Quedándose detrás de Occidente

En un importante ensayo, Moses Baramovitz, en base a un estudio de A. Madison sobre las tendencias a largo plazo en desarrollo económico comparado de dieciséis países industrializados líderes, ha sostenido que en comparación entre las tasas de crecimiento de productividad de estos países en cualquier período de largo plazo tendía a estar inversamente relacionado con los niveles iniciales de productividad, esto es, las diferencias entre países en niveles de productividad creaban una fuerte potencialidad para la subsecuente convergencia de niveles (Abramovitz 1986:386,405). El análisis de Abramovitz parece ser pertinente para el caso soviético en vista de que la estrategia de desarrollo soviética estaba orientada expresamente a “alcanzar y sobrepasar” a aquellos países que estaban más avanzados en su desarrollo económico. Veamos cómo la economía soviética, en su “voraz apetito por plusvalor” (Marx), se enfrentó a sus “competidores” en términos del desarrollo de algunos de sus principales indicadores.

En cuanto al progreso tecnológico (fuera de la esfera militar), considerando uno de los sectores prioritarios soviéticos, es decir, la metalurgia, si tomamos dos índices importantes del actualizado proceso metalúrgico, por ejemplo, en primer lugar, el porcentaje del proceso eléctrico y de oxígeno básico y, en segunda instancia, el porcentaje de fundición continua, en el total de producción de acero (ambos en porcentaje), encontramos, en base a la información oficial soviética, que, para los años 1970 y 1987, las cifras para ambas en la URSS eran, respectivamente 126 y 4 para la primera fecha y 47 y 16 para la segunda,mientras que las correspondientes cifras para ambas fechas eran 40 y 1 (1970, 100 y 93 (1987) en Francia; 72 t 4 /1970), 100 y 90 (1987) para Italia; 96 y 6(1970), 100 y 93 (1987) para Japón; 66 y 8 (1970), 100 y 88 (1987) ´para Alemania Occidental; 52 y 27 (1970), 100 y 65 (1987) para el Reino Unido; 63 y 20 (1970), 96 y 58 (1987) para los EEUU[17]. De esta información surge que la URSS estaba lejos de sus competidores internacionales en uno de sus sectores prioritarios para el progreso técnico.

 Vayamos a indicadores económicos más sintéticos. En cuanto al ingreso nacional -quizás el indicador más importante de una economía. Mientras que tenemos información de un periódo largo del PBI para países capitalistas avanzados, no tenemos información comparativa soviética, al menos no libre de distorsiones estadísticas. Tenemos, por supuesto, la reconstrucción de la CIA de PBI sovipético que, como sabemos ahora, fueron consideradas por economistas soviéticos como sobrevaluadas. Tomando el PBI entendido así, su tasa promedio de crecimiento anual para la URSS durante el período 1960-1989 fue de 3.1 %, casi la misma que la de los EEUU para el mismo período. Por otra parte, ambos fueron más bajos que el promedio de 3.6% de los once países más grandes de la OCDE durante el mismo período (Pitzer y Baukol 1991: 51). La tasa de crecimiento para el ingreso nacional sovipetico como tal -libre de inflación y otras distorsiones estadísticas- para más o menos el mismo período fue, por supuesto, mucho más baja: 2.5% para 1961-1987[18]. De nuevo, la “eficiencia global” de la economía soviética” creció a una tasa promedio anual de 0.8% durante 1961-1987, mientras que el “la productividad de factor total” -el equivalente occidental a la “eficiencia global” soviética”- creció un 0.9% en los EEUU, 2% (en promedio) para los países europeos de la OCDE, y 4.1% en Japón durante 1960-1981 a 1988-1989[19]

¿Cómo le fue a la URSS en relación a su principal rival, los EEUU, particularmente en cuanto a dos indicadores básicos de la economía: el ingreso nacional y el consumo? Primero, con respecto al ingreso nacional, encontramos, en base a estimaciones oficiales soviéticas, que el ingreso nacional de la URSS comenzando como el 31% del ingreso nacional de los EEUU, se incrementó 58% en 1960, 65% en 1970 y 67& en 1980 hasta que descendió a 64% a fines de los ochenta (Narkhoz 1972: 64; Narkhoz 1988: 880). En otras palabras, primero hubo un descenso gradual en la tasa de crecimiento de su porcentaje relativo y luego este mismo cayó.

No obstante, hacia el final del régimen soviético, los estadísticos soviéticos mismos señalaron que si uno deja a un lado los antiguos cálculos soviéticos de comparación internacional de indicadores soviéticos, los cuales “no eran objetivos”, y las cuales siempre terminaban sobrevalorando los indicadores soviéticos, particularmente en relación  a los indicadores estadounidenses, y si uno sigue la metodología estándar de la ONU en comparaciones internacionales, surge que el PBI per cápita soviético era un mero 37% del estadounidense en 1985 -siendo el “nivel de desarrollo” de la economía soviética sólo el 43% del nivel de los EEUU (Kirichenko y Pogosov 1991: 96,98). En cuanto al consumo final per cápita de la población (incluyendo hogares y comunitario), el porcentaje soviético correspondiente era menor a 30% del estadounidense en 195 y descendió rápidamente a 20% en 1988 (Kirichenko y Pogosov 1991: 98-99). Así, aquí también surge que la brecha del nivel de desarrollo económico entre la URSS y los EEUU era considerable y en crecimiento aun en el momento en que la economía de EEUU pasaba un mal momento.

En efecto, hacia finales del régimen, la población soviética misma, parece, consideraba a su país como un país “en desarrollo”, merecedor de ayuda económica de la ONU. A la luz de las informaciones de la ONU sobre desarrollo comparativo en 1985 (que contempla 58 países), algunos estadísticos soviéticos, por su parte, mientras se rehúsaban a considerar a su país como una economía en desarrollo, sin embargo sí lo ubicaban, en ́términos de indicadores per cápita, como en el puesto 21 en cuanto a PBI, y en el 27 en cuanto a consumo final, y en el puesto 8 en la formación de capital bruto (Kirichenko y Pogosov 1991: 99).

En términos de nuestro breve repaso por el rendimiento soviético en relación a las economías capitalistas avanzadas,́parece que, en un momento en el que “el mundo occidental era un desastre”, lejos de “alcanzar y sobrepasar” a occidente económicamente, lo cual había sido “fundamental para la lectura oficial soviética del rol soviético en la historia” (Hanson 1992, 7, 43), la URSS de hecho estaba quedando detrás de Occidente. Por ende surge a primera vista que la proposición de Abramovitz sobre la convergencia de los niveles de desarrollo entre países, con la que comenzamos esta sección, no se ha confirmado en el caso soviético. Sin embargo, Abramovitz había añadido una cláusula a su proposición: sólo un país “con una capacidad social adecuada para absorber tecnologías más avanzadas” sería capaz de efectuar la convergencia (1986: 405). Claramente, la persistencia de lo que hemos llamado el segundo tipo (marxista) de acumulación en la URSS muestra que el sistema falló grandemente en “absorber más tecnologías avanzadas” (fuera de la esfera militar y aquellas relacionadas con esta”.


Notas

[1] Para una revisión general crítica del rendimiento del 20vo Plan ver Schroeder (1991:31-45).

[2] De acuerdo con estimaciones alternativas, las respectivas cifras son 54% y 39% /Shmelev y Popov 1989: 98)

[3] C. Bettelheim fue uno de los primeros en mostrar la relevancia de la categoría marxista de “sobreacumulación de capital” para la economía soviética en los treinta (1982: 289-98).

[4] No podemos discutir aquí las cuestión de la posibilidad de una desarrollo alternativo como fue presentado por algunos economistas soviéticos (Shmelev y Popov 1989: 46-46, 55-56. 68-69: Khanin 198: 87-88). Sin embargo, como el búho de Minerva de Hegel, que abre sus alas solo después del atardecer, solo podemos reflejar, retrospectivamente, las consecuencias del camino que  fue recorrido. de hecho

[5] En cuanto a la “movilización” como una característica distintiva de la economía soviética, ver Hanson (1971: 328, 332).

[6] Básicamente el mismo punto fue sostenido por J. Berliner en un ilustrativo trabajo (1966).

[7] J. Berliner, comparando la economía soviética con la economía de guerra estadounidense, menciona “pleno empleo, inmersión total del gobierno en la vida económica con un gran florecimiento de distribución de recursos, fijación de precios, contracción del costo agregado y escasez de suministro” en los EEUU y luego, hablando de la tasa de crecimiento de la producción en la economía de guerra estadounidense, comparable con la soviética posterior a la guerra, observa que la economía de los EE UU “podría crecer tan rápidamente como la soviética” si los norteamericanos “consintieron ser mandoneados como el pueblo soviético” (1962: 372-73). Nadie sugeriría que la economía de guerra de EEUU dejó de ser una economía capitalista.

[8] Por otra parte, al continuar usando frenos extraeconómicos a la acumulación de capital, els sitema soviético parecía violar clramente una de las leyes más importantes de desarrollo capitalista: una vez que “la organización capitalista de la producción se desarrolla, … la fuerza direct extra-económica” del Estado, perfectamente natural en una etapa previa de la existencia del capital, se convierte en innecesaria para la subsunción continua de la fuerza de trabajo por el capital, la que “en un curso ordinario de las cosas”, “es dejada a las leyes naturales de la producción” (Marx 1962a: 765).

[9] Los porcentajes relativos de los medios de producción y los medios de consumo en el output industrial total ascendió de 39.5:60.5 en 1928 a 73:37 en 1990, y el cociente de inversión en el primero con respecto al del segundo (en la industria) creció de 4.5:1 durante 1918-1940 a 7.3:1 en el último PLan (Ver Tabla 4.7 y Loginov 1992:7). Podríamos recordar que de acuerdo con Lenin la prioridad en cuestión era la “conclusión principal” [glavnyi vyvod] de la teoría de Marx de realización bajo el capitalismo (Lenin 1958:41).

[10] Computado de información de porcentajes de inversión total del Grupo A y las tasas anuales de crecimiento del output del grupo en Narodnoe khoziaistvo SSSR, varios años. El cálculo sigue a Kossov (1984:15)

[11] Computado de la información en Fal’tsman (1991: 249-252).

[12] La cifra de 1928 es la cifra oficial soviética como fue presentada en Ofer (1987: 1788-89), mientras que la segunda cifra es extraída de Shmelev y Popov (1989: 183).

[13] En esta conexión, ver el artículo “Una encuesta de la economía soviética” en The Economist 9 de abril de 1988, 3.

[14] Vale la pena notar que la brecha entre el nivel de salario real de los trabajadores soviéticos y que el de los trabajadores de los países capitalistas de Occidente creció entre 1928 y 1936-38, y nuevamente entre 1938 y 1950. Es particularmente interesante notar que mientras en 1928, el nivel alemán era alrededor de 1.4 veces más alto que el soviético, era más del doble una década después bajo una variedad diferente de “socialismo”. El nivel era casi el triple en 1950 (Pavlevski 1969: 385; Tabla 16).

[15] Para una estimación de la ralentización de la eficiencia global de la agricultura soviética para el período 1951.-1979 ver Diamond, Bettis y Ramsson (1983:146)

[16] Para un análisis perceptivo de las contradicciones en la situación de la agricultura de la URSS en la crisis general de la economía a finales del régimen, ver K.E. Wädekin (1990, 405-17).

[17] Las cifras para la fundición continua de 1970 son extraídas de Kornai (1992: 296), citando información soviética; las demás cifras para 1970 y 1987 fueron extraídas de Narkhoz 1988: 684.

[18]  Calculado de Khanin (1988:85).

[19] La cifra soviética es calculada por Khanin (1988:85) y el resto de Pitzer y Baukol (1991: 69) quienes citan la información de J. Kendrick para Europa Oriental y Japón.