Presentación del Dossier de Agosto: EL SOCIALISMO REAL Y SU SOMBRA (I)

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En esta entrega de Sociedad Futura intentamos reflejar ciertos momentos de una amplia discusión, extendida durante décadas, sobre la naturaleza de las formaciones sociales en las que se intentó edificar una alternativa al capitalismo.

La inmensa mayoría de los textos escritos sobre esta temática están centrados en la experiencia de la URSS, lo cual es entendible debido a que refieren al proceso socio-político más antiguo. Varios de estos textos fueron producidos en condiciones difíciles, durante el ascenso y la consolidación del stalinismo en la URSS que estableció una duradera hegemonía en los movimientos de izquierda internacional. Circularon en revistas de tirada reducida, y solamente el valor de la verdad que defendían, los salvó de ser sepultados por el curso de la historia. Una parte importante de esta producción estuvo vinculada al movimiento trotskista internacional. Pero también en el seno de este sector político surgieron enfoques críticos y disidentes, que en nuestra lengua son casi desconocidos y es interesante leerlos para evaluar sus puntos fuertes y débiles. Es probable que sea conveniente, para tener una apreciación más completa de algunos textos publicados en este dossier, repasar los capítulos finales de La revolución traicionada de Trotsky[i], texto fácilmente conseguible en nuestro país. Los textos de Cristian Racovski, Victor Serge, Max Shachtman y Raya Dunayevskaya están insertos en esa rica discusión. De manera algo más indirecta, la entrevista a Pierre Naville, militante trotskista en los años treinta y posteriormente del socialismo de izquierda, contribuye a esta misma discusión pero proyectándola en el contexto de los años sesenta.

También publicamos algunas contribuciones argentinas a este debate, que nos parece que contribuyen a enriquecer esta temática. El texto de Hilferding es una de las escasísimas contribuciones serias al debate, escritas desde un punto de vista ligado a la socialdemocracia internacional. Su autor, que unos años antes había sentado las bases del primer análisis sobre el capitalismo financiero y además había polemizado con el liberal austríaco Eugen Bohm Bawerk[ii], fue asesinado por los nazis en febrero de 1941.

El análisis de las formaciones sociales sin capitalistas privados, que se proclamaron socialistas –el término socialismo real tiene esa procedencia soviética y este-europea- es un asunto de primer orden para la izquierda crítica del capitalismo. Y, si bien han existido investigaciones teóricas valiosas, el síntoma de esta izquierda ha sido barrer bajo la alfombra esta importante cuestión.

Actitud doblemente suicida, ya que si por un lado, evitar la comprensión de los procesos históricos reales –con el objetivo de salvar la doctrina establecida del aparato partidario- es empobrecerse a sabiendas en lo teórico-político, por otro lado es imposible dejar de advertir que una parte central de la contraofensiva del capital imperialista parece reproducir parcialmente el guión de la “guerra fría” y los años noventa, armando una mixtura destinada al consumo de las capas medias idiotizadas y decididas a poner lo suyo en una guerra contra los trabajadores y los pobres (una parte importante de los cuales también es seducido por esa propaganda al servicio de la expropiación económica y social en favor de los patrones). Daniel Bensaid, fallecido hace más de diez años, había anticipado mucho de esto mediante la aguda formulación de que asistíamos al renacimiento de un anticomunismo sin comunismo.

En lo que refiere a un programa futuro de estudio de esta temática se hace necesario diferenciar entre las diversas vertientes que podemos encontrar en el socialismo real. Esta diferenciación, hay que advertirlo, está relativizada por el predominio de las formas políticas de control expresadas en la originaria experiencia de la URSS. Pero es evidente que la revolución rusa fue la única experiencia clásica victoriosa de insurrección dirigida por una clase obrera revolucionaria. En otros casos, como la revolución china o vietnamita, el intento de superar el capitalismo se desarrolló en un contexto de movilización revolucionaria del campesinado dirigido por partidos comunistas. En el caso cubano, si bien la lucha revolucionaria se desarrolló en el campo y obtuvo una importante base en esos sectores, la guerrilla del 26 de julio contó con elementos de las capas medias que se construyeron como cuadros dirigentes. Es imposible olvidar, para la correcta comprensión de la revolución cubana, de la experiencia de la clandestinidad urbana, en la que elementos radicalizados de las capas medias confluyeron son la clase obrera cubana más combativa. Pero, lo que nos interesa subrayar, es que tanto las revoluciones china y vietnamita como la cubana supieron constituirse –como diría Gramsci- en una voluntad colectiva nacional popular que, probablemente sea el elemento clave de su triunfo y explica en parte importante su supervivencia. Este elemento, completamente ausente en la mayoría de los países del este europeo, que se sintieron avasallados por la política de gran potencia de la URSS explica mucho de su fácil y rápida caída y de la profunda penetración de la cultura neoliberal entre las masas de esas sociedades.

Pero todas las discusiones tienen sus tiempos. Contribuimos por nuestra parte a relanzar esta discusión con la publicación de estos textos, algunos de ellos inéditos en español, pero todos ellos relevantes para la comprensión del pasado de la experiencia revolucionaria que se enhebra fatalmente con el propio futuro del socialismo y la emancipación humana.

Y además, la segunda entrega de nuestro Contrainforme


[i] Un título bastante moralista que fue impuesto por el editor del libro. La intención de Trotsky fue titularlo ¿Adonde va la URSS?.

[ii] El texto crítico de Bohm Bawerk sobre Marx constituye para muchos liberales un punto final a la discusión sobre este tema, descalificando sumariamente una serie de respuestas dadas a este autor desde la izquierda. Por fuera de los límites que pueda tener –o no- el texto de Bohm Bawerk sobre Marx el problema no está en él sino en el nivel lamentable de muchos liberales contemporáneos, justamente calificados como terraplanistas económicos por el dogmatismo que exhiben, nacido de la prepotencia de la clase burguesa actual, y que, por contraste, hacen parecer a Stalin y sus partidarios como a un grupo de científicos abiertos a las múltiples posibilidades que su objeto de estudio les ofrece.