El concepto marxiano de capital y la experiencia soviética

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por Paresh Chattopadhyay

Traducción por Juan Delgado

La dinámica: el proceso de acumulación del capital

Existe una interpretación ampliamente aceptada entre los marxistas sobre que la reproducción ampliada del poder obrero y el aparato productivo en la URSS había sido la acumulación de riqueza y valores de uso y no de capital (Varga 1938; Hilferding 1972; Mandel 1986). Sin embargo, luego de nuestra discusión en el capítulo 3, puede decirse que la reproducción ampliada en cuestión sí tomó la forma de acumulación de capital y no simplemente de riqueza y valores de uso. En este capítulo abordaremos la especificidad del proceso de acumulación soviético y el tipo específico de sobreacumulación de capital asociado a este proceso.

La etapa inicial

La acumulación de capital en la URSS a través del tiempo ha sido una amalgama de elementos de acumulación originaria de capital, subsunción real del trabajo como fue concebida por Marx  -es decir, predominantemente basada en la extensión de los recursos productivos empleados y no la continua revolucionarización de los métodos de producción[1]. La economía que los bolcheviques heredaron tenía, como bien se sabe, todas las características básicas del precapitalismo y del capitalismo atrasado, como se entiende generalmente. Esto, junto al ambiente hostil del país al inicio, dictó la urgencia de un desarrollo rápido de la economía. La etapa fue establecida definitivamente por las autoridades cuando decidieron, en la Conferencia 15 del Partido (1926), que era esencial “apuntar en un período histórico relativamente mínimo superar y adelantar los niveles de desarrollo industrial de los países capitalistas avanzados” (Reshenuta I 1967: 539). Dado el peso muerto del precapitalismo, el desarrollo de la economía debía atravesar los caminos de la acumulación originaria del capital y la subsunción formal del trabajo. Con alrededor de 80% de la fuerza de trabajo total del país trabajando en agricultura (Eason 1963: 76), y “hogares campesinos productores de mercancías constituyendo una porción pequeña de la población rural” de los que (nuevamente) “solo entre el 10 y 15 % acunulaban los medios de producción” (Prokopovitch 1952: 92,93) incluso a finales de los 1920s, el peso de la acumulación originaria de capital naturalmente cayó sobre el campesinado, ilustrando de una forma notable la frase de Marx “la expropiación de la tierra del productor agrícola  conforma la base del proceso completo [de acumulación originaria]” (1962a:744)[2].

Ciertamente, dada la estrategia de superindustrialización, la agricultura no era vista solo como la proveedora de alimentos y materias primas, sino también -siendo el mayor empleador de trabajo- la principal fuente de oferta de trabajo. No obstante, el obstáculo principal a lo que Stalin había llamado, en 1928, “la reconstrucción de la agricultura sobre bases técnicas” fue la existencia de producción campesina individual de forma abrumadoramente dominante –alrededor del 98% del área de siembra era cultivada por hogares campesinos individuales en 1928 (Nove 1982:150). De acuerdo a una autoridad, el liderazgo del partido decidió la colectivización forzada como una parte necesaria de la nueva estrategia de industrialización para facilitar el control central sobre la producción rural y al mismo tiempo “barrer con las unidades de campesinos individuales” que se interponía al crecimiento de la producción (Davies 1974: 261).

La rapidez de la “expropiación original” (La expresión alternativa de Marx para acumulación originaria) se observa en el hecho de que mientras el porcentaje de hogares campesinos colectivizados era de 1,7 en 1928, se elevó a 64,5 dn 1932 y a 93 en 1937 (Prokopovitch 1952: 163). Al mismo tiempo “los agricultores individuales y artesanos” (incluyendo a los dependientes) que constituían el 75% de la población total del país en 1928 se redujeron a 30.6% en 1932 y a 5.5% en 1937 (Vinogradov et al 1978: 467). Naturalmente, al final del primer Plan Quinquenal se decía que los “elementos capitalistas urbanos y rurales han sido derrotados” y, refiriéndose al final del Segundo Plan Quinquenal, se declaró que “la primera fase del comunismo ha sido conseguida” (KPSS v resoliutsiyakh 1971: 64, 335-36). “Pedro el grande”, escribe Lewin, “debió construir plantas industriales a partir del trabajo de servidumbre. Stalin llevó a cabo su industrialización, particularmente la industrialización de la agricultura. en base a la extracción forzada de trabajo no remunerado” (Lewin 1985: 314; énfasis nuestro). Parece que bajo el slogan de “liquidación de los kulaks como clase” fue “la clase campesina la liquidada” (Shmelev 1987: 146).

Los objetivos gemelos de colectivización – “para alimentar gratis los segmentos no agrícolas de la economía y al mismo tiempo proveer un flujo de fuerza de trabajo para las obras públicas del gobierno” (Gerschenkron 1966a: 148; énfasis nuestro) fueron ampliamente conseguidos[3]. La obtención estatal de granos se más que duplicó en tres años – pasando de 10,8 millones de toneladas en 1928 a 22.8 millones de toneladas en 1931 (Nove 1982: 180)-. De forma similar, en cuanto a la oferta de trabajo, “la colectivización de la agricultura fue vista como la principal contribución a la transformación de todo el sistema nacional de utilización de fuerza de trabajo para asegurar un alto ritmo de industrialización” (Skorov y Danilov 1976: 173). Incluso observadores tan entusiastas como Webbs hablaban de la “despiadada extracción de los ocupantes y cultivadores que fueron estigmatizados como kulaks”, y de los campesinos siendo “removidos o deportados a campos de trabajo o empleados en obras públicas, o tomados como trabajadores de empresas industriales gigantes” (Webbs y Webbs 1944: 467,471; énfasis nuestro). Por ejemplo, en el curso de solo unos pocos meses, entre la primavera y el invierno de 1931, cinco millones y medio de personas habían sido reclutadas; incluyendo 2.6 millones para la construcción y 1.4 millones para la industria maderera (Skorov y Danilov 1976: 174).

“Antes que nada el capital aplasta todas barreras legales y tradicionales que le impiden comprar, a gusto [nach Gutdünken] , tal o cual tipo de fuerza de trabajo o apropiarse a voluntad este o aquel tipo de trabajo” (Marx 1969: 39). A pesar de que el capitalismo se basa en la libertad doble de los productores inmediatos, esta libertad doble está gravemente enredada con restricciones en la etapa inicial del capitalismo. “El capital hizo efectivo su derecho de propiedad sobre el trabajador libre a través de limitaciones legales” (Marx 1962a: 599). Las masas expropiadas no se convierten, ellas mismas , en trabajadores asalariados. Primero tiene que ser “forzosamente depositadas en el estrecho camino hacia el mercado laboral” (Marx 1952: 406). De la misma forma las autoridades soviéticas entendieron la futilidad de confiar en el “influjo espontáneo de la fuerza de trabajo” y subrayaban la necesidad del “reclutamiento organizados de trabajadores para la industria” (Stalin 1970: 204).

El reclutamiento organizado significaba, de hecho, que “en los koljós caía la obligación de proveer un volumen definido de trabajo [a la industria] y en los koljosianos caía el deber de ser empleado en la industria” (Schwarz 1956: 82; énfasis nuestro).

Las exigencias de la acumulación de capital encabezadas por la estrategia de superindustrialización hicieron demandas enormes de recursos productivos, cuantitativamente hablando. Así, mientras que para todo el período previo a la planificación 1918-1928 -excluyendo el cuarto cuarto del último año- la inversión total en capital fijo acumuló 4.4 miles de millones de rublos, para un período mucho más corto del Primer Plan, 1928-1931 (excluyendo los primeros tres cuartos del año inicial), acumuló 8.8 miles de millones de rublos, y para el período del Segundo Plan, 1932-1937, el número más que duplicó y llegó a 19.7 miles de millones de rublos (todo en “precios comparables” de 1969) a pesar de los recortes de 1933 y 1937 (Narkhoz 1922-1982; 365). La misma exigencia se refleja en el crecimiento de la producción/extracción de recursos naturales en la que la URSS estaba inicialmente en una inusualmente favorable situación. Esto se puede observar en la Tabla 4.1 

En cuanto a la fuerza de trabajo (viva), el ritmo de acumulación mismo, combinado con una serie de medidas tomadas por la autoridades soviéticas (no muy diferentes a aquellas tomadas por la primera burguesía de Europa Occidental) “que forzó a los trabajadores a venderse a sí mismos voluntariamente” (Marx 1962a: 765), resultó en un aumento del nivel de empleo, de más de dos veces entre 1928 y 1932 – de 11.4 millones a 24. 2 millones (Narkhoz 1922.1972: 345), erradicando así no solo el desempleo masivo previo sino también creando una seria falta de fuerza de trabajo” (Skorov y Danilov 1976: 149). Esto se demostró a sí mismo inmediatamente en la ralentización del crecimiento del empleo, el crecimiento durante el Segundo Plan Quinquenal siendo solo un cuarto de aquel del Primero -alrededor de 4 millones comparado a los 13 millones (Narkhoz 1922.1972: 345). En esta situación, sin una revolucionarización tecnológica continua en el método de producción, el ritmo de la acumulación de capital podría ser mantenida por medio de la prolongación del tiempo de trabajo (social) total, la intensidad del trabajo utilizado incluyendo el reforzamiento de la disciplina, y trayendo al conjunto de trabajo productivo a aquellos que todavía estaban fuera de él: sobre todo mujeres, en otras palabras, incrementando la totalidad del plusvalor absoluto. La idea dominante detrás de la economía de trabajo soviética, como fue observado, era la “maximización de la porción social de tiempo de trabajo” en la que “el proceso de acumulación económica acelerada estaba reflejado” (Hofmann 1956: 197). Entonces, gobernada por el principio de la producción continua, la introducción de la jornada de siete horas fue complementada con los triples turnos y la semana laboral ininterrumpida [nepreryvka] en las fábricas donde, de acuerdo a la información soviética oficial, “el trabajo funcionaba durante casi 24 horas sin interrupción” (Schwarz 1956: 328)[4]. Al mismo tiempo se adoptaron métodos de intensificación del trabajo como la competencia socialista, las campañas de shock (incluyendo el muy publicitado movimiento “Stakhanovite”) y la elevación de las normas de trabajo en diferentes ramas de producción (Lorenz 1976: 221, 350-51;  Nove 1982: 232-35; Kuromiya 1988: 119-34). Uno recuerda inmediatamente el comentario de Marx (citado más arriba) de que en las fábricas inglesas “la prolongación de la jornada laboral y el incremento de la intensidad de trabajo iban de la mano”.

En perfecta consonancia con la creciente intensificación del trabajo estaba el uso del salario por pieza como método preferido del pago de salarios. Particularmente siguiendo el denominado discurso de seis puntos en su favor de 1931 de Stalin, el método fue ampliamente extendido para cubrir, hacia fines de los 1930’, tres cuartos de todos los trabajadores industriales (Dobb 1966: 464. Stalin 1970: 203-28). Aquí de nuevo las observaciones de Marx son particularmente relevantes: “Dado que el salario por pieza es naturalmente el interés personal del trabajador estirar su poder de trabajo en la forma más intensiva posible, lo que hace más fácil para el capitalista elevar el grado normal de intensidad de trabajo” (1962a: 577).

En referencia al proletariado en la etapa inicial del capitalismo en Europa Occidental. Marx observó que “[estas personas] de repente arrancadas de raíz de su vida habitual no podían estar repentinamente dispuestos  a la disciplina de su nueva situación” (1962a: 762), y mencionaba una sería de medidas reforzadas por el Estado para el disciplinamiento de los trabajadores. Por ejemplo, una ley asentaba que “todo hombre en buena salud entre las edades de 16 y 60 años sin medios para vivir y sin practicar una profesión deberá ser enviado a las galeras” (Marx 1962a: 765). La política del “pleno empleo socialista” se llevó hasta el extremo de demandar en 1930 que no se tomará en cuenta ninguna razón para rehusarse a un trabajo ofrecido exceptuando problemas de salud confirmados por un certificado de un hospital” (Baykov 1970: 213). De hecho, tal como en la primera etapa del capitalismo en Europa Occidental, una serie completa de medidas fueron adoptadas por las autoridades soviéticas durante los años 30’ para disciplinar al recientemente reclutado proletariado – como fueron las medidas sobre el castigo del absentismo, la introducción de “libros de trabajo”, la prohibición de la movilidad voluntaria entre lugares de trabajo (Resheniya II 1967: 662, 665, 757).

Si la explotación de los trabajadores ya empleados no podía ser incrementada por medio de la elevación de la tasa de plusvalor absoluto o relativo, la clase capitalista requiere la inscripción de fuerza de trabajo suplementaria para hacer los elementos (materiales) de trabajo como el capital (Marx 1962a: 607). Así al comenzar los años 30’, las mujeres de la URSS fueron crecientemente “sujetas al servicio del capital” como Marx diría, de este modo “incrementando el número de trabajadores, independientemente de cualquier aumento en el número absoluto de la población” (1976a: 166). De hecho, el porcentaje de mujeres en empleo total se incrementó sostenidamente de 27 en 1932 a 39 en 1940 (Schwarz 1956: 100; Narkhoz 1984: 412)- Esto se reflejaba en el aumento  en el crecimiento del empleo total nuevamente: por más de 5 millones en tres años (1937-1940), comparado a los poco más de 4 millones en los cinco años previos (Narkoz 1922.-1972: 345). En conjunto, incluso durante los años previos a la guerra de gran crecimiento de población en la URSS, la población empleada estaba creciendo a un ritmo más rápido que la población: el primero se incrementó tres veces mientras que el segundo creció 1,3 veces entre 1928 y 1940[5]. Esto era un caso claro de “incremento de la población empleada en relación a la población misma cuando junto a la concentración de capital los viejos elementos de las clases productivas caen en el proletariado” (Marx 1956: 191).

El crecimiento más o menos simétrico de los recursos naturales y de capital fijo junto al empleo de mano de obra en la URSS ilustra bien lo que Marx había discernido como una característica importante de la acumulación de capital con más o menos técnica inmóvil de producción donde, asimismo, la composición técnica de capital permanece ampliamente inmodificada (1976a: 165-66, 269). El crecimiento simétrico entre el capital constante y la mano de obra, enfatiza Marx, implica “el crecimiento del capital sin el crecimiento y desarrollo del poder productivo de la fuerza de trabajo”, donde el capital “ha asumido solo dominación formal” (1953: 633-34; énfasis nuestro).

Ha sido señalado que la “productividad en la economía como un todo se alzó sustancialmente en estos años” (Nove 1982: 232). Sin embargo, cualquier alza que haya habido en la productividad no parece haber tenido mucho que ver con una revolucionarización tecnológica en el método de producción y un correspondiente cambio (cualitativo) en la composición técnica del capital. De hecho, con respecto a la falta de fuerza de trabajo en los primeros años de la planificación, los portavoces soviéticos mismos notaban que “la falta ha crecido porque los ritmos planificados de incremento de la productividad de trabajo se han comprobado irrealizables en base a la escala de construcción y a los bajos niveles de calificación y equipo técnico precario de los constructores” (Skorov y Danilov 1976: 172; énfasis nuestro). En la medida que hubo un incremento en la productividad, parece que se debió a la concentración de capital con los correspondientes cambios en “la combinación social de trabajo”, con la “revisión hacia arriba de las normas existentes tecnológicas y de trabajo”, incluyendo “disciplina de trabajo mejorada” (Nove 1982: 233-35) y, aún más importante, un cambio en la composición de la producción a través de un cambio de fuerza de trabajo de la agricultura a la industria (Gomulka 1986: 171; Winiecki 1988: 209; Khanin 1991: 30; Hanson 1992: 43) –las marcas de la etapa inicial de la subsunción real del trabajo por el capital donde la forma absoluta de plusvalor todavía domina a la forma relativa como discutimos antes[6]. Debería resaltarse que el movimiento de un trabajador del empleo rural a industrial resultó en un crecimiento absoluto del tiempo de trabajo (Cohn 1987: 12). Aun cuando la Unión Soviética intentó utilizar “las ventajas de la industrialización en condiciones de atraso” por medio de “la adopción de los frutos del progreso técnico occidental” (Gershcenkron 1966a: 149), y aunque “durante el período de 1930 a 1945 la tecnología soviética fue una transferencia casi completa de países occidentales” (Sutton 1971:319)[7], el impacto incluso de esta tecnología prestada fue, tomando a la economía como un todo, más bien moderado. De acuerdo a un cálculo cuidadoso, un poco menos de tres cuartos de la economía permanecían por fuera de ella en el período inmediatamente precedente a la Segunda Guerra Mundial (Moorsteen y Powell 1966: 294), debido a, según parece, la “inhabilidad de los ingenieros y trabajadores soviéticos para dominar completamente las complejidades de las técnicas modernas (y) una ausencia casi completa de innovación indígena autogenerada” (en un agudo contraste con Japón) con la excepción de la producción militar (Sutton 1971: 324,329).

Si bien uno espera ordinariamente un “movimiento ascendente de la tasa de salario” cuando las “necesidades de acumulación comienzan a sobrepasar la oferta de trabajo” (Marx 1962a: 641), creando así dificultades para mayor acumulación, el problema fue solucionado sin dificultad en la URSS. Facilitado por la propiedad jurídica única del capital social total, sin organizaciones de trabajadores independientes con las cuales acordar, los gobernantes soviéticos de hecho deprimieron el nivel de salario real durante un período considerable de tiempo. “Los salarios reales cayeron durante los comienzos de los 30’ y de nuevo durante la guerra y solo volvieron al nivel de 1928 a comienzos de los 50’”, observa una autoridad distinguida, correctamente agregando que “el propio nivel bajo de salarios era indudablemente un factor importante en el gran incremento en la participación en la fuerza de trabajo, particularmente entre las mujeres” (Chapman 1977: 251)[8].

Para resumir la etapa inicial del proceso de acumulación-proletarización  en la URSS un eminente historiador señaló que “la salida de fuerza de trabajo de la agricultura de la magnitud del ocurrido en la URSS entre 1928 y 1940 demoró entre 30 y 50 años en otros países”, y subrayó que no era tanto el alto nivel de “proporción de formación de capital” como su “concentración” y la “rapidez con la que este nivel fue conseguido”, que separa a la economía soviética (Kuznets 1963: 341,  345, 353, 367-68).

La sobreacumulación de capital

Luego de desestimar durante años toda conversación sobre “socialismo” como “invenciones” burguesas [vymysly], los portavoces soviéticos, hacia el final del régimen, tuvieron que rendirse ante la evidencia y reconocer abiertamente la existencia de “tendencias negativas” [neblagopriyatnye tendentsii] en el desarrollo (económico) de su sociedad (Gorbachov: 1986a: 4).

Sin embargo, contrariamente a su afirmación, las tendencias negativas no comenzaron a mediados de los 70’; comenzaron mucho antes. De hecho, la tasa de crecimiento de quizás el indicador económico más importante -el ingreso nacional- comenzó a declinar incluso antes de la Segunda Guerra Mundial: su promedio anual de tasa de crecimiento, de acuerdo con las estimaciones oficiales soviéticas, luego de conseguir un 16.2 en 1928-1932, así como en 1932-1937, decayeron a 10% en 1937-1940 (Cohn 1972: 123). A pesar de que volvió a crecer a 14.6% en 1946-1950 (Sorokin 1986: Tabla 2), empezó un decrecimiento secular comenzando con 11% durante 1951-1955 (Narkhoz 1967: 671). Sin embargo, aunque declinante, la tasa de crecimiento de la economía era alta todavía hasta fines de los 60’ en base a estimaciones oficiales y podía todavía ser sostenida por una movilización masiva de recursos productivos[9]. Por ejemplo, tan tarde como en el séptimo plan quinquenal (1961-1965), las tasas anuales promedio de crecimiento de recursos productivos, aunque más bajas comparadas con aquellas de los dos primeros Planes eran, a grandes rasgos, ciertamente altas como lo refleja la Tabla 4.2.

De hecho incluso en ausencia de la “revolucionarización del método de producción”, la mera existencia de recursos naturales abundantes, además de una gran reserva de trabajo, dentro del territorio de la URSS, facilitó ampliamente la reproducción aumentada del sistema a un ritmo tan alto durante un período tan largo.  Los recursos naturales de la URSS han sido lo suficientemente abundantes no solo para cubrir los costos de la acumulación inicial de capital sino también para generar un excedente exportable. Como los autores soviéticos han apuntado, “en 1930-1931, con una falta de grano en el país, más de diez millones de toneladas de cereales fueron exportadas para pagar importaciones” que “crecieron 55%” globalmente, mientras que “importaciones de maquinaria, metales y bienes de metal, elementos de ingeniería eléctrica y máquinas de precisión ascendió un 234%” entre 1926-1927 y 1931 (Skorov y Danilov 1976: 178-179). Sin embargo, la extracción de tremendas cantidades de recursos minerales y combustible durante un período largo en vistas a conseguir altos objetivos de crecimiento resultó en el declive de sus índices de crecimiento en los 60’ (Aganbegyan 1988: 112-14). Al mismo tiempo hubo una ralentización drástica en el índice de crecimiento de la inversión productiva fija debido, entre otras cosas, a las crecientes dificultades de movilización de recursos naturales y al incremento, dictado por necesidad política, de la porción del ingreso nacional del fondo de consumo, el índice de crecimiento del cual estaba declinando. (La proporción del fondo de consumo del “ingreso nacional utilizado” había bajado previamente de 74.8% durante 1951-1955 a 72.1% durante 1966-1970. De ahí en adelante se incrementó gradualmente de nuevo hasta el 74.8% del Onceavo Plan y a 75.4% durante 1986-1989. Los datos fueron obtenidos de Becker 1972:98; Narkhoz 1987: 430; Narkhoz 1989:15). Por otro lado, el virtual agotamiento  de la reserva de fuerza de trabajo causado por la extremadamente alta participación del trabajo en la economía[10], acentuada por el efecto desfavorable en la población trabajadora del deterioro de la situación demográfica – “el límite matemático de la producción de plusvalor por el capital social” (Marx)[11]– se manifestó en un declive significativo en el índice de crecimiento de los recursos de trabajo. La tabla 4.3 muestra la evolución de la situación de recursos durante los años recientes.

Una reducción drástica de las tasas de crecimiento de los recursos productivos, que implicaban una seria falta de ellos en los años recientes comparados a los comienzos de los 60’, es inmediatamente clara. Al mismo tiempo, si miramos a las tasas anuales promedio de crecimiento del “producto material neto” soviético durante el mismo período, las cuales fueron, respectivamente, 6.5, 7.8, 5.8, 4.3, 3.6, y 1.3 % (Narkhoz 1985: 38; Ekonomika SSSR 1991: 9), vemos, ciertamente, un caso de lo que Kornai ha llamado “crecimiento con restricción de recursos” con una escasez general en la economía (Kornai 1980, 1992). Esto, sin embargo, no tiene nada que ver con el socialismo  como tal y, contrariamente a una idea generalmente aceptada, esto es simplemente una consecuencia de alta acumulación cuantitativa de capital -dados los altos objetivos de crecimiento- en ausencia de lo que Marx llamó “revolucionarización continua de los métodos de producción”.

Debería enfatizarse que métodos de producción inmóviles o poco cambiantes aquí no se relacione a la subsunción formal del trabajo por el capital. El caso bajo consideración está ciertamente situado dentro la subsunción real del trabajo (por el capital) donde los viejos métodos (pre-capitalistas) de producción ya han sido transformados. No obstante, una vez llegada esta etapa, ha tenido lugar lo que Marx llamó “extensión puramente cuantitativa (del capital) sobre las bases técnicas dadas” (Matx 1962a: 473; énfasis nuestro). Como un conocido sovietólogo ha señalado, “hubo una infusión única de progreso tecnológico cuando se importó equipamiento avanzado  de Alemania, el Reino Unido y EEUU, pero no hubo poca previsión para una innovación creciente continua…. La tecnología prevaleciente estaba siendo dominada, pero hubo poca innovación” (Hunter 1988: ix; énfasis nuestro).

El funcionamiento de la economía soviética a través del tiempo ofrece numerosos indicios de una revolucionarización no continua de la técnica de producción. Un índice es la comparación del crecimiento del Producto Social Bruto (GSP, siglas en inglés) con el del Producto Material Neto (NMP, siglas en inglés) o Ingreso Nacional (GSP es la suma del valor recientemente creado más el valor de los ingresos materiales más la depreciación, mientras que el NMP es el valor recientemente creado, es decir, la suma del valor de los medios de consumo y la inversión neta). Si dejamos a una lado la depreciación que parece ser menos del 10% del Porducto Material Neto soviético -la proporción misma se mantiene estable durante el tiempo- el ratio entre el GSP y el NMP en el tiempo nos daría una buena medida de la “intensidad material del NMP” (UN 19984-85: 95), en otras palabras, el grado de eficiencia de los ingresos materiales en la producción y por ende el grado de metamorfosis en el método de producción. Esto se ilustra en la Tabla 4.4.

Durante solo tres de ocho períodos del Plan -como se mostró arriba- creció el NMP levemente más rápido que el GSP. El resto del tiempo, el NMP creció bien al mismo ritmo que el GSP o a uno más lento que este. Así parece que el registro del capitalismo soviético no fue particularmente brillante en cuanto a la eficiencia de los ingresos materiales.[12]

Otro índice que demuestra el grado de revolucionarización de los métodos de producción es el tradicional método “factor-productividad”. Este ha sido el método utilizado por los sovietólogos occidentales para juzgar la eficiencia de la economía soviética. Pero no solo por ellos. Es interesante señalar que los economistas soviéticos también usaron el mismo método al mismo que lo denunciaban por “originarse en la teoría vulgar de los factores de producción” [iskhodit iz vulgarnoi teorii faktorov proizvodstva] (Anchishkin 1972: 211). Siguiendo su propio método de “modelo de factores” para medir lo que ellos llamaban la “eficiencia de la producción social” [13] -la cual, en perfecta coincidencia con los economistas occidentales, tomaban como indicador de progreso técnico- obtenemos lo que se representa en la Tabla 4.5 para el período 1951- 1990.

A juzgar por la tabla, no es difícil ver que la productividad del trabajo había ido cayendo consistentemente en el período, excepto por 1966-1970, y que la productividad del capital había sido sostenidamente negativa, excepto por 1951-1955. En consecuencia, la eficiencia de la producción social, además de fallar secularmente, había crecido consistentemente más lentamente que los ingresos desde el Sexto Plan. Es cierto que un declive en el índice de crecimiento de la producción había sido estrechamente asociado con una ralentización del crecimiento del índice de ingresos. Es claro que la mayor parte del crecimiento en la producción se explica por la expansión cuantitativa de ingresos, siendo particularmente obvio en los Planes más recientes. Se puede ver que para el período 1951-1990 en general, alrededor del 60% del crecimiento de la economía se había debido a la expansión de los factores de producción en términos cuantitativos y, dejando de lado el excepcionalmente fallido Plan 12, la proporción crece alrededor de 70% durante 1971-1985 basándonos en la Tabla 4.5. En este sentido, puede notarse que no parece haber habido un gran cambio en comparación a la época anterior. Para el periodo 1928-1962, Moorsteen y Powell, en su minucioso estudio de la cuestión, concluyeron que “la porción de ingresos incrementados en el crecimiento total parece haber sido significativamente más de la mitad y puede bien llegar a tres cuartos o más” (1966: 292) [14]. Este es un claro caso de acumulación de capital en base a una tecnología sin cambios adecuados o en base a una base técnica dada, como Marx había concebido.

La ausencia de lo que Marx llamó una metamorfosis técnica en el curso de la acumulación de capital también se confirma  por los muy bajos niveles de reitor de capital productivo fijo soviético. Así la tasa anual de retiro de capital en la industria soviética, calculada como el porcentaje del valor del stock de capital fijo al comienzo del año -lo que parece haber sido bajo en base a estándares internacionales (Cohn 1982: 180)- bajó aún más en los años recientes. Decreció sostenidamente de 2.1% en 1965 a 1.8% en 1970, a 1.6% de 1975, a 1.4% en 1980, a 1.3% en 1984, creció levemente a 1.4% en 1985, alcanzando el valor de 1970 de 1.8% en 1986 (Narkhoz 1970: 169; 1975: 225; 1980: 147: 1984: 157; 1985: 124; 1987: 151). Algo concomitante a la baja tasa de retiro de capital fijo ha sido el deterioro de la estructura del stock de capital. La proporción de capital fijo de menos de cinco años en el total del equipamiento productivo de la industria bajó de 41.4% en 1970 a 31.5% en 1989 y la correspondiente porción de equipamiento de más de veinte años incrementó de 8% a 14% en el mismo período. El período promedio del servicio del equipamiento se mantuvo muy alto -26 años, el doble del período de la norma oficial soviética (Narkhoz 1989: 314). De acuerdo a una estimación no oficial, el promedio del servicio del stock de capital en la URSS era de 47 años frente a los 17 de los EEUU (Shmelev y Popov 1989: 119). En otras industrias como el hierro y el acero, el costo de la reparación del capital era igual al total de sus inversiones (Plyshevsky 1986: 23). A mediados de los ochenta la industria de reparación soviética tenía un stock de maquinaria igual al total de lo que poseía la industria de ingeniería de Japón, y el costo de reparación del equipamiento soviético era equivalente al output combinado de las industrias del carbón, combustibles y gas de la URSS (Cooper 1986: 317). Ciertamente esta no es la situación donde “el progreso científico y tecnológico permite el reemplazo de los instrumentos utilizados por otros más eficientes” y donde “una gran porción de las viejas herramientas se renueva completamente cada año y así se hace más productiva” (Marx 1965: 1111; énfasis nuestro).

Además de estos, hay indicadores más directos que demuestran la ausencia de una metamorfosis técnica en el proceso de aucmulación de capital en la URSS. Esto puede observarse en datos concernientes a lo que se ha llamado “invención, innovación, difusión de (nuevas) tecnologías y mejoramientos progresivos” en la industria soviética durante los setenta y principios de los ochenta (Amann 1986). Ver Tabla 4.6, basada en datos oficiales de la URSS.

Puede observarse que hay un declive absoluto en la invención de (nuevas) máquinas y equipamiento, una ralentización en la tasa de crecimiento de la introducción de nuevas tecnologías y su difusión, y una caída en la tasa de crecimiento de los mejoramientos progresivos. Uno no puede decir (parafraseando a Marx) que la “base” de la industria soviética “nunca haya considerado o tratado como definitivo el modo de procedimiento existente”, y que fue “revolucionario”.

Que la acumulación de capital soviético -eufemísticamente llamado “crecimiento de la economía soviética”- ha estado basado no en la continua revolucionarización del método de producción sino en la base técnica dada, comenzó a ser abiertamente reconocido por los portavoces soviéticos mismos hacia el final del régimen. Así Gorbachov declaró que “la estructura de nuestra producción se mantuvo sin cambios y no se correspondía con las exigencias del progreso científico y tecnológico” (Gorbachov 1986b:2; énfasis nuestro).

Aganbegyan distinguía entre los cambios revolucionarios y evolutivos [sdivigi] en el progreso científico-tecnológico. El primero remitía a la transición de sistemas tecnológicos viejos a otros fundamentalmente nuevos, mientras que el segundo apuntaba a la no-transformación técnica del proceso productivo, lo que quiere solo “más y más recursos para el mejoramiento continuo”. Concluía que “la forma evolutiva… ha prevalecido [preobladala] en nuestra economía nacional” (Aganbegyan 1985: 7-8; énfasis nuestro). Debería ser claro que el tipo soviético de acumulación de capital corresponde ampliamente con el segundo tipo de acumulación de Marx descrito antes.

El proceso de acumulación soviético estuvo marcado, como es bien sabido, por la prioridad absoluta de la industria sobre la agricultura y de los medios de producción sobre los medios de consumo (individual). Así durante el periodo de seis décadas (1922-1981) -según estimaciones oficiales. mientras que el “ingreso nacional producido” creció 167 veces, el crecimiento de los factores de la industria y la agricultura eran, respectivamente, 514 y 5 (Narkhoz 1922-1982: 52). Durante el período más reciente y corto (1940-1985), las tres cifras eran, respectivamente 17, 25 y 3 (Narkhoz 1985: 34). Por otro lado, el crecimiento de los factores de producción -los autodenominados Grupo A- y de los medios de consumo (individual) -los autodenominados Grupo B- durante el primer período fueron, respectivamente, 1400 y 150 (Narkhoz 1922-1982: 52), mientras que las correspondientes cifras para el segundo período fueron 35 y 13 (Narkhoz 1985: 34). La prioridad del Grupo A sobre el B en la estrategia de crecimiento soviética [15] está representada en la descomposición de las porciones de los dos grupos en el output industrial total y la inversión industrial total durante las últimas décadas como se demuestra en la Tabla 4.7.

Por otra parte, el stock de capital productivo fijo en la economía experimentó un crecimiento de 22 veces entre 1940 y 1985 (Narkhoz 1985: 34). Esto fue acompañado por un alto y rápido ritmo de proletarización. En primer lugar, la fuerza de trabajo creció de forma mucho más rápida que la población en general. Más arriba citamos cifras relevantes sobre el Plan previo a la guerra. En cuanto al periodo 1940-1985, de forma consistente con la tendencia previa, los factores de crecimiento para ambos fueron respectivamente, 3.5 y 1.4 (Narkhoz 1985: 5,34). En segunda instancia, la porción de productores independientes(con sus dependientes) en la producción total cayó a una velocidad sorprendente de tres cuartos a menos del 3 % durante la primera década de la planificación y a alrededor de cero para 1950 (Narkhoz 1922-1982: 30). También pueden notarse los altos índices de conversión de plusvalor en capital como lo demuestra la descomposición del “producto nacional utilizado” en consumo y “acumulación y otros” durante los años de la posguerra (ver Tabla 4.8). Como se puede ver aquí, la porción de acumulación se mantuvo consistentemente alrededor de un cuarto del ingreso nacional. [16]

Es interesante observar que, asociado con la sobreacumulación de capital, había un nivel excepcionalmente alto de concentración de capital en la URSS. Las empresas soviéticas eran consideradas las “más grandes del mundo” (Shmelev y Popov 1989: 115). De hecho, las empresas (industriales) de más de 100 empleados o menos constituían menos del 2%, aquellas con entre 101 y 1000 empleados, 24% y aquellas con más de 1000 empleados, 74% de todas las empresas soviéticas de 1987, demostrando “un nivel incomparablemente más alto de concentración de la producción en la URSS que en los EEUU”, donde las cifras correspondientes en 1982 eran 22, 47 y 31% respectivamente (Loginov 1992: 11). Cifras comparables (en porcentaje) dos décadas antes eran 2.7, 35.5, y 61.8 para la URSS, y 27.9, 42.4 y 29,7, respectivamente, para los EEUU (Kvasha 1967: 27).

Apuntemos uno o dos aspectos significativos en conexión con el proceso de acumulación soviético. En base a los datos soviéticos, parece que los medios de producción en forma de capital fijo o circulante han estado creciendo a un ritmo mucho más alto que el empleo de fuerza de trabajo viva. Dejando de lado el periodo excepcionalmente desfavorable del doceavo Plan y ciñéndonos a los cuatro penúltimos planes (1966-1985), vemos que los ritmos anuales de crecimiento fueron 8.3, 8.1, 6.9 y 5.8% a precios comprables de 1973 por un lado y 1.7, 1.3, 1.0 y 0.5% en los demás índices de crecimiento de capital constante; calculados de Narkhoz 1970, 61; Narkhoz 1975: 60, Narkhoz 1980: 51 y Narkhoz 1985: 50. Los índices de crecimiento de la fuerza de trabajo son los de la Tabla 4.5. No obstante, con un índice de crecimiento de capital constante consistentemente más alto en comparación a la fuerza de trabajo viva, no había crecimiento correspondiente en la productividad del trabajo social. De hecho, el ratio del índice de la productividad de la fuerza de trabajo con el índice de stock de capital fijo había estado decreciendo persistentemente durante el período de 25 años (1960-1985): de 100 en 1960, bajó a 46 en 1985 (Narkhoz 1985: 36-37). Quizás sea igual de significativo en este aspecto el hecho de que el incremento de la intensidad de trabajo del capital fijo había excedido consistentemente el incremento de la productividad de la fuerza de trabajo desde el Sexto Plan (1956-1960). Sus respectivas tasas de crecimiento (promedio anual) hasta el onceavo Plan (1981-1985) era 6.8, 7.2, 6.6, 7.4, 6.2 y 6.0% por un lado, y 6.6, 4.3, 6.1, 4.4, 3.3 y 3.1% por el otro (calculados de la Tabla 4.5).

Así en lugar de ver la “tendencia resultado” del capitalismo soviético en la “constantemente creciente productividad de la fuerza de trabajo” (Marx 1969: 101) debida a la “continua revolución de los métodos de producción” (Marx 1964: 252) -lo que sucede en lo que hemos llamado el primer tipo de acumulación de capital que lleva a su propio tipo de sobreacumulación- podemos ver aquí más bien lo opuesto. Ahora, un incremento cuantitativo en la intensidad de la fuerza de trabajo del capital -aproximando la “composición técnica del capital2- denominada en la literatura soviética como el ratio de básicamente capital productivo fijo y producción[17]. El académico Khatchaturov ha calificado significativamente un “excesivamente prolongado desarrollo” [slishkom prodolzhitel’ noe razvitie] de este tipo -el cual es el caso soviético- como conduciendo a “sobreacumulación” [k perenakopleniyu] (Khatchturov 1984: 22, énfasis nuestro), lo que es, agregamos, sobreacumulación de capital del segundo tipo, como discutimos antes. Frente a este doble declive, secularmente hablando -es decir. declive en la tasa de crecimiento de la productividad de la fuerza de trabajo viva y el declive absoluto de la productividad de la fuerza de trabajo materializada- combinada con la casi imposibilidad de incrementar sostenidamente la masa de fuerza de trabajo usada, o dados los básicamente inmóviles métodos de producción incrementando la tasa de plusvalor relativo, parece que estamos en presencia de una situación en la que en términos generales -y quizás en detalle- corresponde a aquella de “sobreacumulación absoluta del capital” asociada con la acumulación de capital del segundo tipo tal como fue analizada por Marx. El resultado de este curso de subproducción -opuesto a la sobreproducción de mercancías- es una economía de escasez. Como declaró Gorbachov “carecíamos y carecemos de todo: metal, energía, cemento, máquinas, bienes de consumo. Agréguese a esto la escasez crónica de fuerza de trabajo y será claro que la economía se encuentra a sí misma en la imposibilidad de desarrollarse normalmente en estas condiciones” (Gorbachov 1987: 2).

Vimos antes que en una situación de sobreacumulación (absoluta) de capital, los medios de producción efectivamente se destruyen, dejan de funcionar como capital. Un indicador importante del alcance de la “improductividad” del capital soviético en el sentido de Marx era la caída con el tiempo del coeficiente de utilización de la capacidad industrial soviética. Primer, a comienzos de los setenta en alrededor de tres cuartos de las principales líneas de producción industrial que eran consideradas como fuentes de progreso tecnológico, así como los “cuellos de botella [uzkie mesta] del desarrollo económico”, había una distintiva “tendencia hacia el declive de la puesta en operación de nuevas capacidades” (Val’tukh y Lavrosvkii 1986: 21-22). En segundo lugar, como lo demuestra la Tabla 4.9. el output progresivo- ratios de capacidad en las ramas industriales importantes habían estado decayendo durante un largo período. [18]

Como puede verse en la tabla, la tendencia de crecimiento de coeficientes durante 1961-1980 es, en general, a la baja. Frente a esto, parece como si hubiera habido alguna mejora en la mayoría de las ramas entre 1976 y 1985. SIn embargo, una mirada más atenta de los datos pondría la situación en una luz de alguna forma menos favorable. Escribiendo .ΔQ y ΔW para incrementar, respectivamente, en producción y capacidad, tenemos los siguientes datos de los dos subperiodos recientes mostrados en la tabla 4.10.

Parece ahora que solo en tres ramas hubo una verdadera mejora: las ramas numeradas 4,6 y 10 de la tabla, donde producción adicional y capacidad adicional crecieron al mismo tiempo. En 1 y 2, el crecimiento de la producción cayó mientras que en 3 se mantuvo estable. En los tres casos la capacidad adicional se redujo precisamente porque aparentemente se consideró excesiva. Para 5 la producción adicional y la capacidad adicional cayeron al mismo tiempo. En 8 y 12 la producción adicional creció, pero la capacidad adicional de creación se redujo considerablemente. En cualquier caso, la situación se deterioró en 1981-1985.

De acuerdo a estimaciones no oficiales “una evaluación correcta de las capacidades productivas demostrará inevitablemente que el nivel real es mucho más bajo del reportado” (Medijov 1985: 153; énfasis nuestro). Entonces, hacia fines de los ochenta, mientras la estimación oficial ponía la tasa de capacidad de utilización en la industria a alrededor de 90%, estimaciones no oficiales la ponían al 75% (Shmelev y Popov 1989: 142-45). Un economista soviético refutó el argumento de que las capacidades no utilizadas en la URSS constituían algún tipo de reservas para satisfacer necesidades no previstas. Apuntaba que, dada la escasez de fuerza de trabajo y materias primas, las capacidades no utilizadas no podían ser consideradas como reservas. Su existencia significa “pérdidas de inversiones de capital” y que “las capacidades no utilizadas son una pérdida directa de riqueza nacional” [pryamoi vychet iz natsional’ nogo bogatstva strany] (Fal’tsman 1985: 47). En otras palabras, esto significa la “destrucción efectiva de los medios de producción” como capital en el sentido de Marx.


Notas

[1] Dado que la acumulación de capital en la URSS es el tema de este capítulo,  no vamos a preocuparnos aquí del crecimiento (o desarrollo) de la economía soviética como tal, como suele entenderse. Solamente nos referiremos a aquellos aspectos del desarrollo de la economía soviética que son relevantes para el análisis del proceso mismo de acumulación. En segundo lugar, nuestro análisis se limita sobre todo al periodo del llamado “sistema de economía administrada” que llegó a establecerse al final de lo que generalmente se considera el “periodo de reconstrucción” de 1921-1928, y continuó, sin cambios básicos, hasta el colapso del régimen. En lo que sigue hemos utilizado principalmente la información oficial soviética. Como sabemos, hacia el final del régimen los economistas soviéticos mismos se cuestionaban sus estadísticas oficiales (Seliunin y Khanin 1987; Khanin 1988; Aganbegyan 1988; Treml 1988; Shmelev y Popov 1989). No obstante, el servicio estadístico soviético no podía llevar a cabo el tipo de ajuste estructural necesario para una revisión completa de la información oficial sobre el crecimiento económico durante sesenta años” (Shmelev y Popov 1989: 36).Por otra parte, para estudiar el caso soviético de la forma más favorable posible no quisimos usar, hasta donde pudimos, la información no soviética (por ejemplo la CIA. En el capítulo 5, cuando tratemos con manifestaciones específicas de la crisis del proceso de acumulación soviético, , deberemos, para tener una mejor apreciación de la gravedad, recurrir a algunas estimaciones alternativas a las de las dinámicas económicas soviéticas que han aparecido en los últimos años (Khanin 1988, 1991; Fal’tsman 1991, 1992).

[2] Una autoridad conocida ha demostrado que, en términos de modo de producción, hubo de hecho una regresión en el sector agrario ruso en la década del veinte. El porcentaje de campesinos en la población era entonces más grande que en la Rusia zarista. Por otra parte, al tomar la tierra de los propietarios, los campesinos eliminaron los resultados de las reformas de Stolypin, y “se deshicieron de cualquier desarrollo capitalista que hubieran experimentado antes” (Lewin 1985: 298). Ver también Danilov (1988) y Merl (1981). Un historiador ha remarcado que la revolución de 1917 destruyó no solo el orden social antiguo sino también los “no suficientemente desarrollados formas y mecanismos funcionales de la civilización industrial en desarrollo” (Reiman 1987: 139-40).

[3] Sobre el alcance de la colectivización de la agricultura en la acumulación de capital en su etapa inicial en la URSS puede consultarse Nove y Morrison (1982: 47-62).

[4] Sobre la cuestión completa, ver Davies (1989: 84-86, 252-56).

[5] La cifra de población computada de la información oficial tal como la presenta Eason (1963: Tabla II:9) y la de la población ocupada computada de Narkhoz 1922-1972 (1972: 234).

[6] Parece ahora que, contrariamente a las declaraciones oficiales, el incremento en la “productividad en la economía en general” fue bastante bajo para el sector trabajo y negativo para el capital. El promedio anual de crecimiento de la productividad del trabajo fue levemente superior a 1% y el del capital fue -2% durante 1929-1941 (Khanin 1988: 85).

[7] Marx señala que “la relación capitalista se desarrolla en una etapa particular de la formación económico social que es a su vez resultado de una serie de desarrollos previos”, por lo que “la productividad del trabajo es algo creado históricamente” (1976a: 226). Verdadero en general para el desarrollo del capitalismo, esta observación parece tener particular relevancia para el desarrollo del capitalismo soviético que benefició desde una serie de desarrollos iniciales en los denominados países capitalistas clásicos aunque no podía tomar ventaja de forma completa. Antes de continuar y anticipar nuestros argumentos posteriores, debemos considerar brevemente aquí una objeción en contra de nuestra posición sobre el proceso de acumulación soviético señalada en un interesante artículo de P. Zarembka (1992). Sostiene que hubo cambios tecnológicos continuos en la economía soviética, y, como un indicador de esto, se refiere a la “productividad incrementada del trabajo” durante el periodo de la URSS. Ahora bien, nuestra opinión no es que no ocurrieron cambios tecnológicos en la URSS. Sostenemos que el campo de los cambios tecnológicos continuos había sido limitado por fuera de los sectores militar y aeroespacial (Berliner 1988: 219.29). A su vez, los cambios tecnológicos no se “desparramaron” -a diferencia de lo que argumenta Zarembka- al resto de la economia. En 1976 Berliner observó que a menos que el nivel general de la tecnología doméstica soviética mejorara, la “contribución del progreso tecnológico al crecimiento general de la economía es probable que sea pequeño” (1988: 251). En cuanto a la productividad del trabajo como un indicador de progreso tecnológico, parece ahora que, para la economía en general, el ritmo de crecimiento de la productividad fue considerablemente alto por un período corto de tiempo, específicamente, durante 1951-1960 cuando su promedio anual alcanzó el 5%. Antes de aquel período, entre 1929 y 1950, fue de solo 1.35 y, luego de los cincuenta, y no solamente “a mediados de los ochenta”, el crecimiento había decrecido sostenidamente alcanzando el 1.9% en 1971-1975, 02% en 1976-1980 y 0.0% en 1981-1985 (Khanin 1988:85).

[8] Durante 1927/28 los salarios reales en la URSS cayeron a un promedio anual de 5.3% (Zaleski 1962: 266) o, de acuerdo a estimaciones alternativas, al ritmo de 2.1% o 4.8% (Chapman 1963: 153).

[9] De acuerdo a estimaciones no oficiales, el promedio anual de tasa de crecimiento del ingreso nacional ya era moderado a fines de los cincuenta cuando comenzó a declinar sostenidamente (Khanin 1988).

[10] Así, la proporción de población no ocupada o estudiando a tiempo completo en edad laboral era de solo 9.6% en 1970 y 6% en 1979 (Kotliar 1983:112). En 1985, un décimo de la fuerza de trabajo provenía de población fuera de la edad laboral, siendo los pensionados la principal fuente (Rapawy 1987:189).

[11] Más allá de las consecuencias demográficas de la Segunda Guerra Mundial, el ritmo de crecimiento natural mismo de la población soviética fue menos que aquel de las dos décadas previas, descendiendo de 17.8 por mil en 1960 [era de 29 por mil en los treinta] a 8 por mil en 1980, subiendo solamente hasta 8.8 por mil en 1985 (Narkhoz 1985: 31).

[12] El cambio en la ratio de GSP a NMP puede ser observada como equivalente al cambio del ratio de capital constante a NMP (con el tiempo) donde, para usar los símbolos de Marx, c+v+m resulta en GSP, v+m en NMP, c= capital constante o medios de producción utilizados, v= capital variable o valor de la fuerza de trabajo, y m= plusvalor, con c, v, m > 0. Esto es,
c+v+m = c     +1
 v+m     v+m

El recíproco de este radio fue considerado por los economistas soviéticos como el “índice de eficiencia de la economía nacional” por lo que su declive con el tiempo indica la existencia de “fenómenos negativos [neblagopryatnykh]” (Khschaturov 1967: 46).

[13] Esta es la aplicación de la conocida función neoclásica de producción agregada con homogeneidad de primer grado, considerando a la fuerza de trabajo y el capital como factores productivos. Ver Anchishkin (1973: 248-60).

[14] Una estimación posterior de los autores, para el período 1928-1966, confirma esto (Becker, Moorsteen y Powell 1968: 3,11,26). Siguiendo una estimación soviética no oficial, puede verse que los factores extensivos significaban el 63% del crecimiento soviético para el período 1929-1987 (Khanin 1988: 85). Para el período 1971-1985, la porción correspondiente estaba estimada en 66% por Aganbegyan (1988: 104) y 71% por Shatalin (1986:60).

[15] “La sociedad capitalista”, escribe Marx, “emplea más de su fuerza de trabajo anual disponible en la producción de los medios de producción” (1973a: 436)

[16] La acumulación había mantenido su proporción desde el principio del período de planificación. Ver Vinogradov et al (1978: 22).

[17] Esto puede verse en la simple relación
K = KQ
Q    L       L
Donde k= capital fijo, Q= producto, L= fuerza de trabajo y Q, K, L > 0.

[18] Nuestro cálculo sigue aquí el método de G. Pavlov y L. Pchelkina (1981: 46).

Fuente: The marxian concept of capital and the soviet experience. Essay in the Critique of Political Economy. Praeger Publishers. EEUU. 1994