La izquierda estadounidense y el cooperativismo

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por Richard D. Wolff

Traducción por Guido Bovone

Traducimos aquí un pequeño artículo del reconocido economista de izquierda Richard Wolff. El estadounidense, integrante del colectivo Democracy at Work y autor de numerosos libros sobre la democratización de la economía en el capitalismo, nos presenta una lectura del cooperativismo como salida a la dicotomía clásica entre el mercado capitalista y la planificación socialista del siglo XX.

Prosperidad económica y democracia económica: La solución de las cooperativas de trabajo

Las empresas autogestionadas por los trabajadores (WSDEs por sus siglas en inglés) son una respuesta a la incapacidad del capitalismo de proveer prosperidad económica y del socialismo de proveer democracia económica.

Entre los factores que impiden una nueva izquierda organizada y políticamente efectiva en los Estados Unidos se encuentran las profundas frustraciones entre los activistas interesados en lograrlo. El declive desde los años 70’ (y particularmente desde 2008) de la habilidad del capitalismo para “repartir los bienes” a la mayoría de los ciudadanos ha abierto muchas mentes a la duda, crítica y cuestionamiento del sistema capitalista. La significativa encuesta de diciembre del 2011 del Pew Research Center, ha mostrado que grandes porcentajes de los norteamericanos se inclinan favorablemente hacia el socialismo. Muchos más estarán de acuerdo hoy en día. No obstante, los activistas de izquierda continúan aumentando sus frustraciones debido a la falta de un sistema alternativo viable que pueda atraer a aquellos detractores del capitalismo.

La gente de izquierda aumenta su frustración porque las alternativas socialistas tradicionales son incapaces de inspirar al público o incluso movilizar a los propios activistas. La implosión de los socialismos soviéticos y de Europa del este, acompañados por grandes cambios de política en China y demás lugares, han incentivado aún más esa frustración. También lo hicieron, de diferente modo, los partidos socialistas occidentales de Europa al abrazar el neoliberalismo desde 1970 y las políticas de austeridad entre 2007-2008. El colapso del partido socialista griego, así cómo los serios declives del apoyo electoral para el partido socialista alemán y demás de su clase en el resto de Europa reflejan las frustraciones que existen respecto a los socialismos tradicionales por los que ellos abogan.

Programas socialistas tradicionales de gran interferencia gubernamental en la economía (por medio una variedad de mezclas de regulaciones de empresas y mercados, estatización de empresas, planificación centralizada, etc.) ya no suscitan fuerte apoyo. Cuando, en ocasiones, parecen hacerlo (por ejemplo, en las últimas elecciones presidenciales y legislativas en Francia), el socialismo tradicional resulta ser apenas retórica y simbolismo. Debido a que el socialismo francés fue incapaz de definir o perseguir una alternativa genuina a un capitalismo profundamente impopular, su apoyo se diluyó rápidamente.

El público que recibió aquellas visiones socialistas tradicionales, ha respondido de manera creciente con escéptica indiferencia traducible como “esto ya se ha visto”. Muchos han juzgado que el socialismo tradicional, incluso cuando fue alcanzado, exhibió demasiadas falencias, fue insostenible, o ambos. Provocado por la crisis capitalista desde 2008, un interés público en alternativas al capitalismo rápidamente en aumento se ha encontrado con una menguante confianza en el socialismo tradicional.

La frustración de la izquierda, dado este agotamiento del atractivo del socialismo tradicional, surgió de no tener una ampliamente aceptada visión de alternativa al capitalismo. La izquierda no pudo proveer lo que el público masivo buscaba mientras profundizaban sus críticas al declive capitalista de largo plazo y las crisis de corto plazo.

Así es cómo surge la noción de cooperativas de trabajadores, o mejor dicho, la extraña pero más específica formulación de: empresas auto-gestionadas por los trabajadores o WSDES (por sus siglas en inglés). Esta centenaria idea ha sido revivida, rediseñada y aplicada para ir mucho más allá del socialismo tradicional. El resultado es una nueva visión de alternativa al capitalismo que podría ayudar a movilizar una nueva izquierda. 

Las WSDEs reemplazan a las empresas jerárquicas capitalistas dirigidas por sus accionistas mayoritarios y las juntas de directores que estos eligen, por una empresa democrática dirigida por todos sus trabajadores. Esta última, colectiva y democráticamente, toma todas las decisiones clave acerca de qué, cómo y dónde producir. Más importante aún, decide cómo utilizar los ingresos netos de la empresa. 

La dependencia de los gobiernos (ya sea en el nivel municipal, regional o nacional) del pago de impuestos de las empresas se convierte así en dependencia en el pueblo en tanto trabajadores. El interés privado – capitalistas de las empresas – ya no podrá utilizar los impuestos o cualquier otra distribución de los ingresos netos para delinear o influir políticas públicas que vayan en contra de los trabajadores o ciudadanos. Las decisiones empresariales acerca de qué, cómo y cuándo producir ya no serán tampoco tomadas por los capitalistas, sino que por el contrario reflejarán las elecciones democráticas de los trabajadores de la empresa. 

La importancia de semejantes micro-transformaciones de las empresas en WSDEs no se puede exagerar. Porque ha ubicado poderes económicos clave en manos del estado (regulando o poseyendo empresas e imponiendo plafinicación por encima de o en lugar de intercambios comerciales), el socialismo tradicional acumulaba habitualmente demasiado poder en el estado por sí sólo o en el estado junto con los negocios capitalistas mayoritarios que éste “regulaba”. Habitualmente demasiado irreal, el poder compensatorio institucionalizado residía en los trabajadores dentro de las empresas. Como resultado,  la responsabilidad y transparencia estaban ausentes en la vida económica, cómo también lo estaba la democracia económica.

Las WSDEs podrían resolver este problema. En economías donde las WSDEs prevalezcan, recursos financieros clave del estado – sus impuestos en y/o sus préstamos de las empresas – representan distribuciones de aquellos ingresos netos de las empresas hechos por sus trabajadores. Del mismo modo, el uso de cualesquiera ingresos netos empresariales para fundar partidos políticos, políticos profesionales, lobbies y think tanks reflejarían las decisiones democráticas de los trabajadores. Una característica estructural clave del capitalismo – la dictadura del capital dentro de las empresas – siempre generó los incentivos y proveyó los recursos para que los capitalistas pudieran doblegar a los gobiernos en servicio del capital contra el trabajo. En contraste, una economía basada en las WSDEs aboliría esa dictadura y con ella sus efectos políticos.

Estableciendo la democracia dentro de la empresa, las WSDEs harían al gobierno responsable por sus acciones frente al pueblo cómo trabajadores. La democracia política se mantiene meramente en lo formal cuando la dependencia directa de los gobiernos del pueblo en tanto votantes ciudadanos no es aparejada con una dependencia del gobierno del pueblo – en su mayoría los mismo individuos – en tanto trabajadores. La verdadera democracia política requiere su integración con la democracia económica, tal como se prevé en las economías donde las WSDEs prevalezcan. El énfasis excesivo del socialismo tradicional en diferencias de nivel macro del capitalismo (sustituyendo regulación estatal o propiedad del estado por propiedad privada y planificación estatal por intercambio comercial) sería radicalmente corregido por la transformación de nivel micro de la organización de las empresas de capitalistas a WSDE. 

Por supuesto, las empresas democratizadas deberían compartir poderes con estructuras políticas democráticas locales en diferentes niveles de gobierno (municipal, regional, y nacional). Las consecuencias políticas de las decisiones empresariales, requerirían que la toma de decisiones en ambas esferas (empresa y comunidad residencial) sean co-respectivas e interdependientes. Una democracia basada en la empresa co-determinaría junto con una democracia basada en la residencia el espectro completo de las decisiones sociales, incluidos cualesquiera aparatos de funcionamiento y políticas estatales. 

Transformar empresas capitalistas en WSDEs en este contexto cambiaría radicalmente los espacios de trabajo, las comunidades, y por ende, la vida diaria de prácticamente todos. Podría significar el cambio sistémico al que el socialismo tradicional apuntaba pero nunca alcanzó: una alternativa atractiva y viable preferible al capitalismo. Ofrece a la izquierda los medios para superar sus frustraciones y un foco en torno al cual pueden agruparse los nuevos movimientos y organizaciones de izquierda.


Fuente original: https://truthout.org/articles/worker-coops-and-left-strat