Gran Bretaña: el extraño caso de democracia económica

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Por Branko Pribićević

Traducido por Juan Delgado

El movimiento de los delegados sindicales y el control obrero 1910-1922

El texto que traducimos para este número de la revista es el primer capítulo de la tesis doctoral de Branko Pribićević, politólogo yugoslavo fallecido en 2003, que fue publicada originalmente en inglés en Oxford en 1959. El autor era miembro de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia y miembro del Comité Central de la Liga de los Comunistas de Serbia.

La tesis busca estudiar el episodio británico del movimiento europeo por el control de la producción surgido y desarrollado desde 1910 hasta los primeros años de la década siguiente. Suele encontrarse mucha bibliografía en español sobre el caso italiano, un poco menos el español y el alemán, pero existe poca difusión al respecto del caso que trata Pribićević. A nuestro entender, constituye un proceso de mucho valor para el movimiento obrero local y una instancia de autogobierno fundamental para la construcción de una nueva sociedad. Asimismo, significó una resistencia a la forma capitalista de producción en uno de los momentos de mayor conflicto de clases del Siglo XX, por lo que suscitará el mayor de los intereses para el lector que tenga curiosidad por la época.

Como advertencia preeliminar, es preciso aclarar algunos términos que aparecen en el texto. El autor estudia tres de las corrientes obreras de izquierda importantes en la época: el Industrial Unionism, el Syndicalism y el Guild Socialism. Elegimos mantener la terminología inglesa porque las traducciones literales de los términos pueden llevar al lector a identificar a estos movimientos con corrientes obreras de otros países, con las que guardan ciertas similitudes pero también diferencias. Para evitar cualquier tipo de prejuicio o confusión intelectual, mantuvimos la voz inglesa en cada una de las tres. Sobre todo para el caso del Syndicalism y del Guild Socialism, puesto que el primero puede interpretarse como una sección inglesa del sindicalismo revolucionario soreliano (del que seguramente, como veremos en el texto, tomó elementos, mas nunca se sintió una réplica como tal en suelo inglés) mientras que el segundo suele traducirse peyorativamente como “socialismo corporativo” (lo que inconscientemente puede introducirlo en el amplio espectro del pensamiento corporativista de principios del Siglo XX).

Hechas las aclaraciones, esperamos que resulte de interés contar con la primera traducción al castellano de este importante documento de la historia del movimiento obrero inglés.


Capítulo I: El movimiento por el control de los trabajadores

El término “control obrero” tal como es utilizado en estas páginas significa el reemplazo del sistema industrial capitalista por un nuevo orden industrial en el que las industrias del país son controladas (parcial o completamente) por asociaciones de trabajadores empleados en dichas industrias. Otros términos han sido utilizados, tales como “democracia” o control conjunto. Ocasionalmente, como demostraremos más adelante, algunos de estos términos fueron empleados para indicar que no se demandaba un control completo o en solitario de la industria sino que se pedía participación, una voz en la gestión. Todas estas propuestas, sin embargo, compartían una oposición común con el sistema existente de propiedad y control privado en la industria.

Ciertas propuestas y estrategias de participación de los trabajadores en el control de la industria por ende escapan a los límites de este estudio. En primer lugar, aquellas elaboradas por ciertos propietarios iluminados así como algunas organizaciones no industriales, para otorgar a los trabajadores cierta (a menudo escasa) participación en la gestión de firmas de propiedad y control privadas. Hubo numerosos experimentos de ese tipo, particularmente en el sector de ingeniería, durante la última parte de la guerra. En estas propuestas la idea no era abolir el sistema capitalista industrial, sino consolidarlo por medio de la creación de un sentimiento de responsabilidad compartida y de comunidad de intereses entre los dos lados de la industria. La segunda categoría es la del autodenominado “control de obra”. Los sindicatos en algunas industrias, particularmente las de ingeniería, eran lo suficientemente fuertes para asegurar reconocimiento formal o informal por parte de sus empleadores en su derecho a interferir en ciertas decisiones de gestión que afectaban directamente los intereses de sus miembros. Este era un control de tipo negativo, externo, “no contagioso” que permitía a los sindicatos intervenir en, o incluso vetar, algunas decisiones de gestión, pero no ser partícipes positivos del proceso de producción.

El objetivo de este estudio es examinar el desarrollo de la idea del control obrero en el sector de ingeniería; examinar en particular las condiciones en el sector que llevaron a la aceptación de la idea, las numerosas propuestas prácticas que fueron presentadas por los ingenieros, y la relaciones entre estas propuestas y estrategias con las doctrinas generales de control obrero defendidas por diferentes escuelas de pensamiento socialistas de la época.

La campaña por el control de los trabajadores en la industria de ingeniería fue parte de un movimiento más amplio que se desarrolló en la segunda década de este siglo. Los años 1910-1922 atestiguaron un proceso completo de origen, crecimiento, punto de mayor agitación y declive de esta campaña.

Antes de 1910 la idea del control de los trabajadores era defendida solamente por el Socialist Labour Party (a partir de ahora S.L.P.) pero, por varias razones que serán indicadas más adelante, la propaganda no consiguió impactar en ningún sindicato u organización obrera. El movimiento a favor del control obrero fue lanzado oficialmente en el verano de 1910 cuando Tom Mann comenzó una vigorosa campaña del Syndicalism de alcance nacional, convocando a la unidad industrial, una política industrial agresiva y el establecimiento de una nueva sociedad en la que no solo las industrias del país sino toda la vida social serían controladas por los sindicatos. Esta propaganda tenía una influencia considerable en los sindicalistas radicales en las industrias mineras, ferroviarias, de ingeniería y de transporte. Los Syndicalists fallaron por mucho, no obstante, en su intento de convertir a los sindicatos y otras organizaciones oficiales del movimiento de trabajadores. El partido laborista y muchos sindicatos la repudiaron como una doctrina irresponsable y anti-social.

Los Syndicalists  fueron reemplazados por los Guild Socialists en 1913 como los principales defensores del control obrero. El Guild Socialism era más moderado en sus demandas y por ende más aceptable por los sindicatos. Ofrecía a los sindicatos una política por medio de la cual podían conseguir el control obrero de la industria de forma gradual y pacífica. No mucho después la cuestión del lugar de los trabajadores en el control de las industrias de propiedad pública era ampliamente debatido en numerosas conferencias de sindicatos. Algunos de los sindicatos más avanzados declararon que iban a demandar el control conjunto de las industrias públicas por representantes del Estado y de los trabajadores. Otros demandaron un sistema de control tripartito en el que los trabajadores compartirían la gestión con representantes del Estado y los consumidores. Hacia el final de la guerra, los sindicatos mineros, ferroviarios, de la construcción y otros sectores se habían convertido hacia una política de control compartido. El Trade Union Congress aprobó numerosas resoluciones que expresaban un apoyo completo a las demandas de control compartido en varias industrias y que indicaban el apoyo al principio de la participación obrera. El Partido Laborista, aunque no era demasiado entusiasta con respecto  a estas ideas nuevas, fue empujado a incluir en su programa de 1918 la demanda de una “incesantemente creciente participación de los trabajadores organizados” en el control de las industrias de ferrocarril y mineras una vez que fueran transferidas a la propiedad pública.

Mientras que las organizaciones obreras oficiales apoyaban la política del control conjunto, muchos grupos de izquierda no oficiales demandaban el control completo. El más importante de ellos fue el movimiento del Shop Stewards and Workers Committee en Ingeniería y los Reform Committees en la industria minera. Puede decirse, en consecuencia, que el movimiento por el control compartido o completo de los trabajadores se asentó al final de la guerra como una de las demandas políticas más importantes del movimiento obrero.

El clímax se alcanzó poco después del final de la guerra. Organizaciones sindicales tan fuertes como la Miners’ Federation y la National Union of Railwaymen incluían en sus programas nacionales demandas por la nacionalización y el control conjunto. Parecían preparadas para usar la acción industrial para realizar sus demandas. En la construcción e ingeniería hubo muchos intentos de establecer empresas cooperativas.

El declive del movimiento fue aún más rápido que su ascenso. Los variados intentos de poner en práctica la idea del control obrero fallaron una tras otra. Los mineros y ferroviarios fueron derrotados por las fuerzas combinadas del Gobierno y los propietarios. Las empresas cooperativas en las industrias de construcción e ingeniería , organizadas según las líneas del Guild Socialism, no fueron más que experimentos de corta vida. Muchos factores contribuyeron a su rápido declive. El gobierno se oponía a cualquier cambio profundo de la estructura social. La oposición de los propietarios era esperable. El desplome del intercambio que apareció a fines de 1920 afectó fuertemente a los sindicatos. A su vez había debilidades muy serias en la política de control obrero de los sindicatos, que serán discutidos en el capítulo siguiente.

Para 1922 los sindicatos estaban en completo retroceso. Los mineros, ingenieros y otras secciones de trabajadores fueron derrotadas completamente en los grandes conflictos industriales que tuvieron lugar en 1921 y 1922. Como resultado de estas derrotas y el grave desempleo el movimiento sindical fue frenado y tuvo que luchar para preservar las mejoras más importantes en las condiciones de trabajo que habían conseguido al final de la guerra. Cualquier demanda más audaz como la nacionalización y el control obrero tenían que ser, por el momento, abandonadas. Debería señalarse, sin embargo, que la idea del control obrero no fue abandonada. Los derrotados y decepcionados defensores del control obrero se dieron cuenta de que no había esperanza de persuadir o coercionar al Gobierno y empleadores para conceder sus demandas. Llegaron a pensar que el regreso de un gobierno laborista era el prerrequisito esencial para la realización de su ideal. Otro cambio fue que pocos reclamaran entonces el control completo de los obreros de la industria. La idea de que los trabajadores debían tener algún grado de participación en el control de la industria es todavía aceptada oficialmente por el movimiento obrero. Las formas de control obrero y los métodos de conseguirlo que evolucionaron en este período fueron desestimadas como irreales e impracticables, pero la idea misma no. Por otro lado, no ha recobrado la importancia para el movimiento obrero que tenía en los años que van de 1915 a 1920.

El control obrero y los ferroviarios

Debe decirse algo sobre el movimiento de control obrero más importante por fuera del de las industrias de ingeniería. En la industria ferroviaria estaba íntimamente conectado con la cuestión de la nacionalización. Los sindicatos ferroviarios habían buscado la nacionalización desde un tiempo antes de 1910, principalmente como remedio a las pobres condiciones de trabajo y las malas relaciones industriales. Esperaban que el cambio de propiedad podría resultar en mejores condiciones de trabajo y brindarles reconocimiento.

Los Syndicalists fueron los primeros en presentar la cuestión en esta industria. El terreno había sido preparado por la agitación industrial que culminó en 1911 con la huelga ferroviaria, por la manera en que el gobierno llevó la huelga a su fin, y por la insatisfacción con el esquema de conciliación que resultó del acuerdo. Un buen número de ramas brindaron apoyo activo a algunas de las políticas de los Syndicalists, y en el otoño de 1911 apareció un periódico mensual llamado Syndicalist Railwayman. Uno de los principales ítems en la propaganda del Syndicalism fue el ataque a la demanda por la nacionalización. Sostenían que no mejoraría mucho la vida de los ferroviarios.  La emancipación real sólo sería conseguida cuando los ferroviarios tuvieran el control completo de la industria. Y esto podría ser conseguido sólo a través de la unidad industrial y la “acción directa” .

Una resolución en estos marcos fue motorizada por los Syndicalists en la conferencia anual de 1912 de la Amalgamated Society of Railway Servants, el sindicato ferroviario más grande del momento. La resolución se aprobó y el ASRS se convirtió así el primer sindicato en declararse a favor del control obrero y el único sindicato que estuvo comprometido por cierto tiempo con la demanda sindical por un control completo por los trabajadores. Los líderes de la ASRS, no obstante, como otros líderes sindicales, se oponían al Syndicalism y repudiaban el control obrero.

Esta actitud de los dirigentes empezó a cambiar en los años 1913-14. El presidente de la Railway Clerks Association dijo en su discurso a la conferencia anual de 1913 que el reclamo de los ferroviarios por un estatus social más alto no podría ser conseguido por la “mera” nacionalización, sino solo brindando a los ferroviarios participación en el control. Sugirió que los trenes nacionalizados debían ser administrados por una junta que consistiera en representantes del Estado, los consumidores y los trabajadores. Un año después la National Union of Railwaymen aprobó una resolución que sostenía que “… no será aceptable para los ferroviarios organizados ningún sistema de propiedad pública  que no les permita una considerable capacidad de control y responsabilidad en la seguridad y eficiencia del sistema ferroviario”. La idea de control compartido empezó entonces a emerger. La influencia de los Guild Socialists, la decepción con el Esquema de Conciliación de 1911 y los movimientos del gobierno hacia una unificación de los trenes fueron las principales razones para este cambio en la actitud de los oficiales.

No fue, sin embargo, hasta 1917 que el concepto de control conjunto fue claramente definido por los ferroviarios. La confusión más grande apareció con respecto a las funciones de las juntas propuestas. Mientras que los elementos más radicales demandaban que dichas juntas fueran órganos de control, los moderados sostenían que deberían ser consultivos a disposición de la administración nombrada por el gobierno. Al final la primera de las propuestas prevaleció. A su vez hubo algunas diferencias con respecto a la composición de las juntas. Primero se propuso que fueran cuerpos tripartitos con representantes del Estado, consumidores y trabajadores. En 1917 se defendió que no había necesidad de una representación especial para los consumidores ya que sus intereses podían ser representados por el Estado.

Mientras continuaba la guerra los ferroviarios desarrollaron una mayor articulación en su demanda por la nacionalización y el control conjunto, y la Associated Society of Locomotive Engineers and Firemen se unió a las otras dos sociedades ferroviarias en su campaña. Un movimiento de base de ferroviarios, que apareció durante la guerra y tomó la forma “comités de vigilancia” locales, urgió a los sindicatos, particularmente al NUR, a perseguir la demanda con mayor vigor. En 1917 el NUR, en parte como resultado de la presión de este movimiento de base, incluía la nacionalización y el control conjunto en su programa nacional que debía ser presentado al gobierno al final de la guerra. Se incluyó en el programa que “debía haber representación equitativa a nivel nacional y local para este sindicato sobre la gestión de todas las vías férreas del Reino Unido”. El año siguiente la conferencia anual instruyó al Ejecutivo a armar un esquema que proveyera el control conjunto. El Ejecutivo produjo un documento extremadamente ambiguo, que era esencialmente un plan para un abarcativo esquema de conciliación y no un esquema por el control compartido. En 1918 la RCA produjo una proyecto de Ley de Servicio de Transporte Nacional, que se ocupaba principalmente de los aspectos financieros de la nacionalización y tenía solamente dos cláusulas sobre el sistema futuro de administración. El control de la industria debía quedar en manos de seis comisionados, tres de los cuales debían ser nominados por los sindicatos ferroviarios. El proyecto debía haber sido introducido a la Casa de los Comunes por el Partido Laborista, pero antes de que pudiera hacerse el gobierno pidió su retirada ya que iban a presentar un proyecto propio.

Inmediatamente después de que la guerra se terminara los sindicatos se aproximaron al gobierno con sus demandas, y por un tiempo pareció que podrían ser exitosas. Algunos miembros del gobierno habían declarado públicamente estar a favor de la nacionalización y el gobierno había anunciado su postura de que “había llegado el momento de que los trabajadores, tanto oficiales como manuales, tengan voz en la gestión”. De hecho, sin embargo, el gobierno pospuso la respuesta final a las demandas de los ferroviarios, por lo que las negociaciones duraron tres años, El gobierno entonces declaró que no iban a nacionalizar los ferrocarriles, pero cuando se dieron cuenta de que la lucha por la nacionalización estaba perdida, cambiaron su parecer. Entonces los propietarios rechazaron la idea y los sindicatos tuvieron que ceder. Un esquema de conciliación mejorado, materializado en la Railway Act de 1921, fue el único resultado de años de lucha por la propiedad pública y el control democrático de la industria ferroviaria.

El control obrero y los mineros

También en la industria minera , el control obrero estaba conectado con la demanda por la nacionalización. Por razones similares en algunos aspectos a las de los ferroviarios, los sindicatos de mineros habían demandado la nacionalización desde los últimos años del siglo pasado.

El South Wales Reform Committee, una organización de base, fue la primera organización en tratar el tema. El comité estaba influenciado fuertemente por el Syndicalism, pero también estaban presentes otras influencias como el Industrial Unionism y el socialismo radical. En 1912, el comité publicó su propuesta en un conocido panfleto, The Miners’ Next Step. En la sección del panfleto dedicada al futuro de la industria se repudiaba la política de nacionalización. Los autores sostenían que, lejos de mejorar la posición de los mineros, la empeoraría. La nacionalización era, para ellos, el último bastión de los empleadores en su lucha por la preservación del capital, y por ende debía ser resistida.

En lugar de la nacionalización recomendaban una política industrial agresiva que empujara  a los empleadores fuera de la industria. Una vez que esto fuera conseguido, la industria sería puesta bajo control del sindicato de mineros. Los sindicatos industriales alrededor de todo el país se convertirían en la base de una estructura social completamente nueva.

Esta política no era aceptable para los líderes de los sindicatos mineros y fue repudiada en muchas conferencias de la Miners’ Federation. Los líderes mineros, socialistas y no socialistas por igual, no tuvieron interés en el problema del control obrero hasta el final de la guerra. En ese momento, en parte bajo la influencia de los Guild Socialists y en parte debido a la desilusión con el control gubernamental de la industria durante la guerra, la Miners’ Federation decidió revisar su postura sobre la nacionalización. En la conferencia anual de 1918 se decidió que la nacionalización sin ser acompañada por el control conjunto sería insatisfactoria para los mineros, y el Ejecutivo revisó la «Nationalization of Mines Bill», redactada por la Federation en 1912, para contribuir al control conjunto.

La nacionalización y el control conjunto fueron incluidos en el programa nacional presentado al gobierno por la federación a comienzos de 1919. El gobierno derivó el programa a la Comisión Sankey. Durante los procedimientos de la Comisión la federación presentó un esquema considerablemente detallado para la nacionalización y el control conjunto. De acuerdo con este esquema la industria debía quedar bajo protección y control de un Consejo Minero de veinte miembros, diez nombrados por la Federation y diez por el gobierno, junto a un presidente que debía ser también el Ministro de Minería. En distritos y yacimientos debían existir Consejos de Minería distritales, y aquí también la mitad de los miembros tendrían que ser nombrados por la federación. Estos consejos, presentados como órganos locales de control, tenían que ser constituidos por el Consejo Nacional, el que también determinaría sus poderes. En cada mina de carbón debía haber un Consejo de Mina, y la mitad de sus miembros debían ser mineros elegidos por los Consejos de Distrito a partir de nominaciones de los trabajadores de la mina. Esta parte del esquema fue criticada por los elementos radicales de la federación que sostenían que los trabajadores deberían tener el derecho a la elección directa de sus representantes en los Consejos de Mina. Las funciones de estos consejos no estaban claras en la presentación. A partir de la evidencia presentada por la federación puede concluirse que la intención era darles poderes consultivos. La verdadera gestión debía estar en la mano de los gerentes. Esto también fue insatisfactorio para muchos defensores del control obrero.

Esta propuesta puede ser considerada como el documento más importante producido por los trabajadores británicos en su lucha por el control obrero. Fue propuesto por los sindicatos más poderosos del país. Fue examinado ante una Comisión Investigadora cuyos procedimientos fueron interpretados como un conflicto decisivo entre los trabajadores y el capitalismo. Finalmente, fue uno de los trabajos más detallados realizados por una organización obrera.

Como los mineros no conseguían el apoyo de la mayoría para sus propuestas se decidió darle los seis votos del sector obrero de la Comisión a la propuesta presentada por el presidente de la Comisión, Sir John Sanjey. Esta abogaba por la propiedad pública y un sistema más diluido de control conjunto. De esta manera, esperaban asegurar al menos algunas de sus demandas, particularmente para prevenir que los propietarios de minas tuvieran el control de los yacimientos.

El gobierno, sin embargo, ignoró el hecho de que el “Reporte Sankey” fue un reporte de la mayoría y rechazó sus recomendaciones. En su lugar solicitaron a los trabajadores que acepten su plan por el control conjunto de la industria por parte de propietarios y trabajadores. La porción de control ofrecido a los trabajadores era tan insignificante que era inaceptable para ellos, y la Federation solicitó apoyo a la T.U.C. Como los líderes de la TUC no estaban preparados para lanzar una huelga en apoyo de los mineros, aceptaron sumarse al Partido Laborista en el lanzamiento de una campaña nacional en apoyo de los mineros. El gobierno nuevamente se negó, y luego del fracaso de su intento final de persuadir a la TUC de votar a favor de una huelga general la Federation tuvo que admitir su derrota.

Control obrero en otras industrias

Los mineros, los ferroviarios y los del sector ingenieril jugaron por mucho el rol más importante en el movimiento por el control obrero. De los trabajadores de otras industrias solamente los de la construcción y del correo requieren mención aquí.

Para el final de la guerra la propaganda del Guild Socialism era cada vez más exitosa en estos sectores. Una porción considerable de los líderes sindicales se unieron a la National Guilds League y algunos sindicatos se unieron oficialmente a la doctrina del Guild Socialism. El Union of Post Office Workers elaboró un esquema muy completo para transformar al Correo en un servicio autogobernado en base a las líneas de los guild socialists. (En la primera etapa el servicio quedaría bajo control conjunto de representantes del Estado y los trabajadores). En virtud de la oposición del gobierno a cualquier experimento de control obrero, el esquema fue rechazado por la gestión.

El intento más serio de poner las ideas del Guild Socialism en práctica fue realizada en la industria de construcción. S.G. Hobson, líder de esta corriente, y algunos dirigentes sindicales del área de Manchester decidieron en 1920 establecer un Guild de construcción. Al principio el intento fue bastante exitoso. Se aseguraron contratos grandes para la construcción de hogares por parte de las autoridades locales. No mucho más tarde los Guilds de construcción fueron establecidos en numerosas localidades y centros de construcción. Un National Building Guild se estableció en 1921 para coordinar el trabajo de los Guilds locales. Miles de casas fueron construidas por los Guilds a precios más bajos que aquellos ofrecidos por empresas privadas. Se hicieron planes ambiciosos para la transformación de toda la industria en un servicio autogobernado. El éxito inicial de los Guilds de construcción puede ser explicado por la demanda enorme de hogares y unos términos crediticios favorables como los ofrecidos por las autoridades. Cuando en 1922 el gobierno restringió radicalmente los créditos para hogares, los Guilds, sin tener recursos financieros propios, rápidamente cayeron en dificultades financieras. Aparte de estas dificultades, en parte causadas por el desplome del comercio y la política gubernamental, existieron también algunas debilidades en la organización interna de los Guilds que apresuraron el proceso de desintegración. A fines de 1922, prácticamente todos habían colapsado.

Teorías de control obrero

En los capítulos subsiguientes hay referencias frecuentes a los tres principales movimientos o escuelas de pensamiento que defendían el control obrero en este período y que tuvieron un efecto considerable en los movimientos individuales por el control y en la forma de sus demandas. Es necesario, en consecuencia, hacer una breve presentación de estas escuelas y de las principales diferencias entre ellas.

En la segunda década de este siglo era todavía más cierto que hoy que solamente una minoría de los trabajadores se preocupaban por grandes problemas como el socialismo y la emancipación de la clase trabajadora. Esta minoría era la “base activa”. En 1910 la mayoría de ellos buscaba en la acción política -fuera parlamentaria o revolucionaria- la solucióny por ende pertenecían a una u otra organización política socialista o semisocialista. Así se unían bien al Independent Labour Party, a la Social Democratic Federation (British Socialist Party después de 1911), el Socialists Labour Party o quizás la Fabian Society o el Clarion Group.

Aunque diferían en muchas cuestiones de método y en tácticas de cómo crear la commonwealth socialista, todos estos partidos y grupos, con la excepción del Socialist Labour Party, compartían los dos principios fundamentales. El primero era que el nuevo orden podía ser establecido sólo después de capturar el poder político, y que esto solamente podría ser alcanzado por acción política y no industrial. Esto explica la gran preocupación de los militantes  activistas en la primera década del siglo por la construcción de partidos políticos obreros. El segundo era que los fundamentos del nuevo orden social debían ser la propiedad pública /estatal, municipal o cooperativa de todos, o al menos los más importantes, medios de producción, y la regulación de la vida social e industrial de la comunidad por parte de órganos representativos del Estado o de los consumidores. Esto significaba en particular que las industrias serían administradas por los gerentes nombrados por y responsables ante el Estado o sociedades cooperativas. Esta confianza en la acción política y la noción acogedora y benevolente del rol del Estado socialista era igualmente característica de los marxistas en la SDF y los reformistas de la ILP o la Sociedad Fabiana.

Era en oposición directa a estas ideas socialistas “ortodoxas” que los nuevos movimientos aparecieron. Las complejas razones que dieron lugar a esta rebelión contra los espacios socialistas establecidos no será discutidas aquí. Será suficiente mencionar que el principal argumento de los “rebeldes” era que los diez años de intensa campaña política no habían logrado conseguir ninguna mejora real en las condiciones sociales e industriales de los trabajadores, y que por ende consideraban dicha política como una auténtica pérdida de tiempo y energía.

Tres eran las principales doctrinas en este movimiento rebelde –Industrial Unionism, Syndicalismy Guild Socialism. Si bien la distinción entre las primeras dos puede parecer algo vaga, y ha sido rechazada a menudo, es más correcto tratarlas por separado.

Algunos aspectos en común a los tres movimientos deben ser mencionados. Primero, sostenían que la acción política por sí sola nunca podría abolir el sistema económico capitalista. Algunos creían que era inútil, otros que era inadecuada. El principal instrumento, y algunos sostienen que el único, capaz de hacer real esta profunda transformación social era la organización industrial de los trabajadores. En segundo lugar, la nueva sociedad tenía que ser organizada en primera instancia, o incluso exclusivamente, en base a líneas industriales. La organización industrial se convertiría entonces en la fundación de la estructura social completa, y la industria estaría bajo control completo de las organizaciones industriales de trabajadores. Esta era la única forma de conseguir libertad económica completa e igualdad. La propiedad estatal y el control de la industria era tan detestable como la propiedad capitalista. Desechaban ambas como formas difertentes de autocracia industrial, o “esclavitud salarial” (su témrino favorito para un sistema industrial en el que los trabajadores no tenían participación en el control).

Luego veremos que la defensa del control obrero se basaba en las nociones de libertad económica o industrial y la igualdad. Estos eran vistos como las únicas formas de expresión libre y completa de los valores y aspiraciones de los trabajadores tanto como humanos y como productores de la riqueza mundial. Cualquier otro sistema privaría a los trabajadores no solo de estos derechos y libertades, sino de su legítimo derecho a participar en la división del producto industrial. Ahora veamos cuáles eran los principales factores y características distintivas de los tres movimientos

Industrial Unionism

El industrial unionism como doctrina socialista distintiva fue elaborada por Daniel De Leon, Eugene Debs y otros líderes del Socialist Labour Party de Estados Unidos a fines del siglo pasado. En este país un grupo de miembros de Glasgow de la Social Democratic Federation liderados por James Connolly se interesó por esta doctrina y pronto se convirtieron en sus entusiastas defensores. Habiendo fallado en su intento por convertir a la SDF, el grupo se escindió en 1903 y formó un nuevo partido, el Socialist Labour Party. El partido buscaba ser el principal órgano de propaganda del Industrial Unionism en su país. No logró, sin embargo, ejercer mucha influencia al sur de la frontera y permaneció confinado en Glasgow y algún otro centro industrial escocés. Allí, por muchos años desarrollaron una propaganda activa, publicando numerosos panfletos y libros una publicación mensual, The Socialist..

Estando tan íntimamente conectados con los industrial unionists de EEUU, el movimiento birtánico reflejaba todas las principales tendencias y desarrollos que tenían lugar en EEUU. Poco después de que los norteamericanos organizaran el Industrial Workers of the World como un paso hacia la realización de sus ideales, el SLP convocó a una reunión en la que fue conformada una organización similar, la British Advocates of Industrial Unionism. Debido a condiciones diferentes en este país la BAIU no logró alcanzar el mismo progreso que la IWW sí consiguió en EEUU. La BAIU era esencialmente un cuerpo de propaganda y su principal objetivo era persuadir a los sindicados de que debían disolverse en favor de Industrial Unions abarcativas y revolucionarias. Cuando, en 1908, la IWW se separó entre facciones anarquistas y “políticas” (la primera se oponía a cualquier tipo de acción política y por ende se oponía a los contactos con la SLP norteamericana), la misma división tuvo lugar en la BAIU.

La facción anarquista, siendo la minoría, abandonó la BAIU y estableció la Industrial League. Esta decía representar al Industrial Unionism “puro”, lo que implicaba un conflicto constante no solo contra los empleadores sino también contra los sindicatos y la oposición a cualquier tipo de trabajo u organización políticos. El sabotaje y otras formas de violencia eran promovidas. Gracias a esta política extremista la League no realizó ningún impacto en el movimiento obrero.

Por otro lado la BAIU continuó trabajando en una íntima cooperación con el SLP. En 1909 la BAIU fue reorganizada bajo el nombre de Industrial Workers of Great Britain. El camino no era solo de nombre. Los líderes de la BAIU se habían dado cuenta de que su intento de persuadir a los sindicatos de disolverse fue un fracaso completo. La nueva organización buscaba ser una Recruiting Industrial Union, establecida en oposición a los gremios existentes. La idea era reclutar en ramas locales a todos los partidarios del Industrial Unionism sin importar la industria a la que pertenecieran hasta que se alcanzara un número suficiente para comenzar verdaderas Industrial Unions.

Aparte de estas dos facciones, la Industrial League y los IWGB, había grupos locales de partidarios del Industrial Unionism en algunos centros industriales no conectados con ninguna facción como el Industrial Groups en Sheffield, la IWW en Birmingham y los Revolutionary Industrialists en Liverpool. Ninguno de ellos, sin embargo, tuvo demasiada influencia incluso en las ciudades donde existían. Luego de 1910 algunos de ellos se unieron al movimiento sindicalista y otros desaparecieron.

El SLP y los IWGB eran ciertamente las organizaciones de Industrial Unionism más importantes y representativas en este país. Tenían algo de influencia en Glasgow y Edimburgo, funcionaron durante todo nuestro período y su política estaba formulada de forma bastante clara. Debe recordarse, sin embargo, que su doctrina estaba basada casi en cada detalle en las obras de De Leon. Había poco, si es que algo, de original en los panfletos y otros materiales publicados por el SLP, cuyo rol era presentar y popularizar la doctrina de De Leon al movimiento obrero británico.

El punto crucial de esta doctrina era que los trabajadores debían unirse política e industrialmente en su lucha por la emancipación, en el campo político debían unirse en un partido revolucionario de trabajadores (SLP) que debía concretar dos objetivos principales: educar políticamente a los trabajadores para que su poder en términos numéricos se manifestara en una mayoría en el Parlamento; y defender el Industrial Unionism, En el campo industrial los trabajadores debían, por supuesto, unirse en Industrial Unions revolucionarios. Solo por medio del desarrollo en paralelo de la consciencia política y la unidad industrial podrían los trabajadores aspirar a construir una “revolución social pacífica”.

La idea de la “revolución social pacífica” estaba concebida en estos términos. Un período de propaganda y educación exitosas podría conseguir la unidad política e industrial entre los trabajadores. En el día decisivo los trabajadores, por medio del voto, le darían poder político al partido socialista. El mismo día las Industrial Unions desplazarían a los propietarios y tomarían el control de las industrias. El control de la máquina política evitaría que los propietarios recurrieran a las fuerzas armadas del Estado y derrotaran a los sindicatos. Inmediatamente luego de que los sindicatos hubieran asumido el control de la industria la función de los representantes políticos de los trabajadores en el Parlamento y el Estado en general se habría acabado. De Leon decía que el deber de la mayoría socialsita sería “retirarse en ese instante”; cualquier intento de prolongar el movimiento político existente en caso del triunfo sería una “usurpación”. En consecuencia la función política era destructiva y temporaria, y la función industrial era constructiva y fundamental.

Este era el único camino para lograr la emancipación obrera. La nacionalización era desechada como solamente otra forma de explotación.

La nueva sociedad debía ser organizada según líneas industriales. Las industrias serían administradas por los Industrial Unions. Una declaración de política preparada por el SLP apuntaba que los Industrial Unions se “convertirían en la maquinaria administrativa para la dirección de la industria en la comunidad socialista”. Asimismo, toda la estructura social estaría basada en sindicatos. El SLP declaró que “el Industrial Unionism provee a través de sus organizaciones departamentales el esqueleto del parlamento del socialismo donde el gobierno de los hombres cede lugar a la administración pacífica de la industria”. Aunque el control obrero era una de sus principales plataformas de propaganda y el objetivo último del movimiento, no hubo ningún intento de examinar aspectos variados del problema. Cuestiones tan importantes como la fijación de precios, la administración local y nacional, la coordinación del desarrollo económico, la financiación de las actividades sociales y muchos otros no fueron considerados. Se los veía como “detalles”, y su poca importancia puede ser probablemente explicada por la creencia de los Industrial Unionists en el potencial ilimitado para la organización de los trabajadores y su incapacidad de apreciar la compleja naturaleza del problema de la gestión industrial. Por esta razón la mayoría de sus escritos sobre el problema del control surgen como ingenuos y superficiales.

Solo puede decirse con certeza de sus conceptos sobre la organización de la sociedad futura es que los Industrial Unions asumirían el control completo de la industria y servirían de base también para la administración social.

A pesar de la vigorosa y persistente propaganda del SLP y otras organizaciones de este movimiento, la nueva doctrina tuvo muy poco impacto en el movimiento obrero en general. La principal razón para este fracaso fue, sin duda, el dogmatismo y extremismo de los Industrial Unionistas, el cual quedó demostrado en la actitud negativa de todas las facciones de esta corriente hacia los sindicatos. Los sindicatos eran considerados “bastiones” del capitalismo, que debían ser destruidos. El órgano oficial del SLP, el cual nunca representó la facción más extremista del Industrial Unionism, declaró que “la esperanza del proletariado británico yace en el declive y muerte del tradeunionismo… la muerte del Partido Laborista y el nacimiento del Industrial Unionism”. No sorprende que la doctrina no fuera popular entre los tradeunionistas. También había una “regla sobre sindicatos” en la constitución del SLP, que prohibía a sus miembros participar en cualquier cargo dentro de los sindicatos. Este dogmatismo también estaba manifiesto en la actitud negativa hacia las mejoras de las condiciones laborales. Estaban por principio en contra de las “reformas” bajo el capitalismo. Los esfuerzos del AU debían ser dirigidos a la construcción de poderosos Industrial Unions. Esta política, obviamente, podía tener poco éxito en un país donde el movimiento de la clase trabajadora se desarrollaba a través de constantes luchas por “reformas” y que había conseguido mejoras considerables en las condiciones de trabajo.

Syndicalism

La apariencia y desarrollo del movimiento Syndicalist en este país fue de una naturaleza meteórica. La propaganda del Syndicalism comenzó en el verano de 1910 y en los años 1911-12 en el pico del conflicto industrial, llamó la atención no solo del movimiento obrero sino también del público en general. Fue discutida en el Parlamento y en los periódicos nacionales, y en conferencias sindicales y del laborismo. Se publicó un gran número de libros en los que las ideas principales de la nueva doctrina eran estudiadas. En la mayoría de los casos se repudia por ser una fuerza extremista, disruptiva e incluso antisocial. La mayoría de los líderes del Partido Laborista y de los sindicatos tuvieron grandes problemas en comprobar que su socialismo no tenía nada en común con esta corriente. Luego en 1913 se desintegró rápidamente y antes de que la guerra comenzara había desaparecido como un elemento distintivo en el movimiento obrero.

La doctrina del Syndicalism surgió primero en Francia al final del siglo pasado. Su principal característica era la noción de que la emancipación de los trabajadores sólo puede ser conseguida por medio de la acción revolucionaria industrial. La acción política y particularmente eran desechados como una pérdida de tiempo y energía. La doctrina tuvo un gran impacto en los trabajadores franceses y la CGT, una de las organizaciones sindicales más grandes de Francia, fue controlada por esta corriente durante casi dos décadas.

Tom Mann fue la figura principal del Syndicalism en Gran Bretaña. Durante algún tiempo antes de 1910 fue un defensor del Industrial Unionism. En 1910 conoció al líder francés de esta corriente en París, y se impresionó tanto que en su retorno a Londres declaró que la “política francesa” sería más adecuada para las condiciones británicas que el Industrial Unionism. No obstante, no la rechazaba completamente. Sostuvo la idea de que un sindicato por industria es el requisito esencial para una exitosa lucha por la emancipación de los trabajadores, pero rechazaba los métodos de los unionistas.

Una campaña del Syndicalism fue lanzada en julio de 1910 con la publicación por parte de Tom Mann del periódico mensual Industrial Syndicalist, que dio nombre al movimiento que él dirigía. La intención es mostrar que obtuvo sus ideas tanto del Syndicalism como del Industrial Unionism. Para finales de 1910 se reunió una conferencia para todos aquellos que apoyaran las doctrinas presentadas en el Industrial Syndicalist en Manchester y se decidió organizar la Industrial Syndicalist Education League. La liga se constituyó en 1911 y su objetivo estaba definido en estos términos: “Para educar a los miembros de sindicatos y a los trabajadores en general en los principios del Industrial Syndicalism con el objeto de conducir la lucha de clases por fuera del Parlamento”.

La Liga, si bien fue el órgano principal de esta corriente, hasta su fin en 1913 fue un cuerpo poco organizado. Aquello no era tan importante dado que Tom Mann y sus asociados buscaban que sirviera como una plataforma propagandística.

Hay dos aspectos principales de la actividad del Syndicalism en Gran Bretaña. En primer lugar, había una considerable propaganda diseñada para que los trabajadores se dieran cuenta de la necesidad de la unidad industrial y de la lucha de clases contra los propietarios. En segundo lugar, los partidarios del Syndicalism tuvieron un rol prominente en diversas actividades sindicales como huelgas por mejores condiciones de trabajo y movimientos por la unificación de sindicatos existentes. Esta actitud se basaba en la creencia de que los trabajadores podrían mejorar inmediatamente su condición si llevaban a cabo una acción industrial determinada. Tom Mann sostenía que el desempleo podría ser eliminado y se podía conseguir un sueldo mínimo de 5s en poco tiempo si los trabajadores eran persuadidos para la acción. También insistía en que los trabajadores no debían esperar a que los Industrial Unions mejoraran sus condiciones.

Los partidarios del Syndicalism, en general, estaban mucho más preocupados con las cuestiones urgentes del día a día que con el futuro distante, mucho más con los métodos y tácticas de la lucha de clase que con sus objetivos últimos.Cualquiera que estuviera dispuesto a participar en la lucha de clases, sin importar su organización o sus opiniones políticas, era bienvenido en la Syndicalist League. Creían que sería inútil insistir en distinciones teóricas en un momento en el que la mayoría de los trabajadores estaban comprometidos en la lucha de clases práctica.

Esta era, quizás, la principal característica del Syndicalism británico, y ayuda a responder un gran número de preguntas sobre su historia. Explica, en primera instancia, por qué los partidarios de esta corriente, en esos tres años, tuvieron un impacto más grande en el movimiento obrero que los Industrial Unionists lograron en sus dos décadas: estaban mucho más cerca de los problemas enfrentados por los trabajadores. En segundo lugar, explica la composición heterogénea del movimiento. Más allá de un pequeño grupo de partidarios convencidos del Syndicalism, incluía elementos tan diversos como anarquistas, una sección de los Industrial Unionists, un gran número de sindicalistas de izquierda como Ben Tillett, A.A. Purcell y Robert Williams, e incluso un pequeño grupo de socialistas “políticos” como George Lansbury. Por un breve momento la Syndicalist League se convirtió en el punto focal de todos los elementos de extrema izquierda del movimiento obrero, decepcionado no solo con el orden social existente, sino también con el Partido Laborista y los sindicatos. En tercer lugar, explica por qué el movimiento, una vez que el conflicto industrial terminó, se desintegró rápidamente. Simplemente no había una doctrina común o una mirada similar para mantener juntos todos estos elementos heterogéneos.

No debe sorprendernos, entonces, que los Syndicalists pusieron más énfasis en sus declaraciones políticas sobre los métodos de abolir el capitalismo que en explicar los principios de un nuevo orden social. Lo primero, en su opinión, era la tarea inmediata y dejaron meridianamente claro de qué forma la lucha debía ser conducida. Esta parte de su doctrina fue aproximadamente resumida con las palabras “Solidaridad Industrial y Acción Directa”. Este era el lema del movimiento.

El slogan “Solidaridad Industrial” tenía un doble significado. En sus aspectos negativos estipulaba que solo la unidad industrial y la acción eran necesarias. La acción política, en particular la manifestada en las disputas parlamentarias entre partidos, era considerada, como mucho, irrelevante. Habría que señalar, no obstante, que los Syndicalist británicos no llegaban al extremo de los franceses. En la conferencia de Manchester decidieron que la Syndicalist League sería “apolítica”, pero se dejó abierta la puerta para miembros individuales para decidir por sí mismos. 

Este segundo aspecto tenía una importancia práctica mayor ya que involucraba su actitud hacia los sindicatos. Los Syndicalists británicos eran plenamente conscientes de los numerosos defectos del movimiento sindical y estaban convencidos de que los Industrial Unions debían sustituir a los existentes. Hasta aquí estaban completamente de acuerdo con los Industrial Unionists. Pero se oponían a la política de atacar a los sindicatos como “salvaguardas del capitalismo” y formar nuevos sindicatos en oposición a, y a expensas de, los existentes. Creían que, bajo un liderazgo revolucionario y dentro de ciertos límites, los sindicatos podían hacer mucho por los trabajadores e incluso servir como instrumentos para la lucha de clases. Los Industrial Unions eran esenciales para la emancipación final de los trabajadores pero deberían ser establecidos a través de la unificación con los sindicatos existentes. Los partidarios del Syndicalism aspiraban a que los sindicatos fueran persuadidos de seguir este camino.

La unificación debía ser alcanzada sobre bases revolucionarias. Con esto se referían a que los nuevos sindicatos debían estar listos para participar en una lucha de clases permanente contra los propietarios y el estado. Esta guerra industrial debería continuar hasta la abolición del capitalismo. Esta era la esencia de la idea de la Acción Directa. Había dos aspectos de este concepto que estaban destinados a ser impopulares con los sindicatos. Los Syndicalists demandaban que los sindicatos derogaran todos los acuerdos conciliadores y se abstuvieran de firmar cualquier acuerdo a largo plazo con los propietarios; y sostenían que todos los tipos de violencia estaban permitidos en los conflictos industriales; y alentaban a los trabajadores a utilizar armas como “las huelgas, el sabotaje, los boicots, y el antimilitarismo”.

La manifestación suprema de la Acción Directa era la Huelga General. Tom Mann estaba convencido de que no había nada que los trabajadores industriales organizados no pudieran conseguir por este medio. La Huelga General era interpretada como la lucha final por la emancipación. Los propietarios serían expulsados y los Industrial Unions tomarían su lugar.

¿Cómo tomarían el poder los sindicatos y de qué forma funcionaría el nuevo orden? Ningún syndicalist británico se tomó el tiempo de considerar seriamente estas preguntas. Ellos también creían que eran detalles que se solucionarían fácilmente una vez que el sistema capitalista fuera abolido. Numerosas declaraciones referentes a la sociedad sindicalista futura eran demasiado breves y vagas como para ser satisfactorias. La definición más completa del Syndicalism por uno de sus partidarios británicos fue esta declaración de Tom Mann: “El Syndicalism implica una sociedad en la que la industria será controlada por sus trabajadores sobre la base de sociedades libres, en la que estas cooperan por la producción de todos las necesidades vitales en la forma más eficiente; y por la distribución con la equidad más verdadera, una sociedad en la que Parlamentos y gobiernos desaparecerán, habiendo cumplido su propósito con el sistema capitalista”:

Esta declaración no señalaba quién sería el dueño de los medios de producción, cómo se dividiría el producto o cómo serían los órganos de control. Los Syndicalists, de hecho, estaban divididos por la cuestión de la propiedad. Tom Mann al principio sostuvo que los trabajadores debían poseer los medios de producción, pero en 1912 declaró que deberían “administrar sus industrias pero no ser dueños de ellas”. Guy Bowman, el segundo Syndicalist más prominente de Gran Bretaña, creía que los trabajadores serían los propietarios. Parecería que esta segunda visión era más popular en el seno de la corriente.

No había diferencias en cuanto a los órganos de control. Todos los Syndicalists aseguraban que los trabajadores tendrían “control directo de la industria” por medio de sus organizaciones industriales. Aquí no tenían en mente solo a los Industrial Unions. Tom Mann dijo que la organización de la industria tendría lugar a través de los sindicatos industriales nacionales y los Consejos de Intercambio de los diferentes distritos. Estos consejos generalmente tenían un lugar importante en la doctrina. Por ende se sostenía que iban a funcionar como órganos de gobierno local cuando se estableciera el nuevo sistema.

Las principales características de la sociedad sindicalista futura estaban indicados en las resoluciones de la London Syndicalist Conference de noviembre de 1924. Los Consejos de Intercambio y los Industrial Unions eran presentados como los elementos básicos de la nueva sociedad. El paso siguiente era la conexión de todos los Consejos en una Federación de Consejos de Intercambio y de los Industrial Unions en una Federation of Industrial Unions. Estas dos federaciones entonces se unirían en la National Confederation of Trade Councils and Industrial Unions, la cual sería la autoridad suprema de la sociedad. No hay duda de que al defender este patrón de organización estaban copiando el francés. La Confederación propuesta sería la contraparte británica de la CGT en Francia. En los Consejos de Intercambio veían un paralelo con los Bourses du Travail franceses.

Los Consejos, Unions y Federaciones eran propuestos no sólo como órganos de control de la industria, sino también como el basamento de toda la organización social. Esto era lo que los Syndicalists querían decir cuando declaraban que la nueva sociedad sería organizada según líneas industriales.

Estas eran las principales características del Industrial Syndicalism. Esencialmente era un intento de adaptar a las condiciones industriales británicas las ideas del Sindicalismo francés y el Industrial Unionism norteamericano, ya que ninguna de ellas eran aplicables aquí en términos puros. El resultado final de esta combinación fue indudablemente mucho más cercano a la doctrina francesa que a la norteamericana.

Las principales diferencias entre los movimientos francés y británico, aparte del hecho de que los últimos fueron siempre propagandistas más que líderes sindicales, eran que los británicos necesariamente tenían que hacer mayor énfasis en los sindicatos nacionales que en la organización local, debido a las diferencias de estructura de los dos movimientos sindicales; y que los británicos no podían adoptar una actitud completamente anti-política, porque la tradición política sindical era mucho más fuerte aquí que en Francia. Otro punto es que la idea de la violencia en las disputas industriales era mucho menos popular en Gran Bretaña que en Francia, y que hubo menos de ella puesta en práctica.

Hay dos razones principales por las que los movimientos del Syndicalism e Industrial Unionism deberían ser tratados como dos movimientos distintos y separados. En primer lugar, había diferencias de doctrina. Diferían en cuestiones tan importantes como la del valor relativo y la utilidad de la acción política e industrial, el uso de la violencia, la huelga general, el sindicalismo y la posibilidad y deseabilidad de las “reformas” bajo el capitalismo. La principal característica en común era la opinión de que no habría necesidad de un Estado o cualquier otra organización política de los ciudadanos en la nueva sociedad. En ambos casos la nueva sociedad era imaginada como una organización enteramente industrial.

La segunda razón para tratarlos como movimientos separados es que apenas hubo contacto entre ambos, ni hablar de una organización conjunta y cooperación. Por el contrario, el SLP y los IWGB no escatimaron esfuerzos en atacar y denunciar a Tom Mann y el Industrial Syndicalism. Los Industrial Unionists hicieron lo mejor que pudieron en demostrar que “entre el Syndicalism y el Industrial Unionism hay un abismo”.

Guild Socialism

Este movimiento comenzó en 1912, con la publicación en el semanario New Age de una serie de artículos de S. G. Hobson llamada “An Inquiry into the Wage System”.  En estos artículos se repudiaba el sistema de salarios por ser tanto moralmente injusto como económicamente ineficiente. Este sistema debería ser reemplazado por uno en el que las industrias del país se organizarían como servicios autogobernados y controlados por Guilds nacionales. Estas ideas atrajeron la atención de ciertos intelectuales -jóvenes y de clase media- que eventualmente formarían la National Guilds League en 1915, bajo el liderazgo de G. D. H. Cole. La liga nunca fue numerosa, pero gracias a la habilidad de sus líderes, su influencia fue siempre desproporcionada en comparación a la cantidad de miembros. La principal actividad de esta corriente está representada en la notable cantidad de publicaciones que produjeron.

Uno de los principales objetivos de estas voluminosas obras era producir una teoría comprehensiva de la transformación social basada en la idea del control obrero, la cual sería aceptable para la mayor parte de los sindicalistas progresistas, ya que era su objetivo convertir a los sindicatos hacia la política del Guild Socialism. Para fines de la guerra esta política de influencia en los sindicatos estaba comenzando a dar resultados, Muchos líderes e incluso sindicatos enteros se declararon a favor del Guild Socialism. Los años 1918-1921 mostraron el clímax de la influencia de esta corriente. Los mineros y ferroviarios adoptaron versiones modificadas del concepto de control obrero de esta corriente en sus programas nacionales, los obreros de la construcción y del correo adoptaron el Guild Socialism por completo, y la TUC aprobó una resolución declarándose a favor. El establecimiento de Guilds en la industria de la construcción y algunas otras y su éxito inicial incluso tomó por sorpresa a los Guild Socialists.

Solamente unos años después todo el movimiento se desintegró. El rápido declive se debió principalmente a la serie de conflictos internos entre las alas izquierda y derecha de la Liga, que se manifestaban particularmente en diferencias sobre temas como el sistema soviético y la dictadura del proletariado y el esquema del alcalde Douglas sobre crédito social. El segundo factor fue el fracaso de los numerosos intentos de establecer Guilds.

Los Guild Socialists presentaron en sus obras una teoría social bastante comprehensiva que analizaba no solo los aspectos de la organización de una nueva sociedad sino también los medios y métodos para crearla. Aquí solo se mencionarán sus opiniones sobre el control de la industria.

Esta corriente creía que la nueva sociedad debería garantizar una igualdad completa, la libertad y el derecho a la expresión para todos los ciudadanos. Esto podría ser conseguido sólo en una sociedad fundada en los principios de una representación funcional y el autogobierno, en la que cada esfera de la actividad humana sería una unidad autónoma. Así, repudiaban la idea del gobierno parlamentario puesto que ningún hombre podría ser representado en todos sus intereses y actividades por un solo representante.

Si la actividad industrial no debía ser autocrática, de acuerdo con este principio funcional, debería ser organizada como una unidad autónoma. En otras palabras, debía autogobernarse. Las ideas principales de este autogobierno industrial eran que la comunidad poseería todos los medios de producción y se los entregarían a los trabajadores, organizados en National Guilds, para que los administren. Los Guilds, a cambio, pagarían una renta al órgano coordinador central de la sociedad.

El National Guild debía ser un Industrial Union, que incluyera todos los trabajadores manuales e intelectuales que perteneceran a alguna industria en particular. El término “pertenecer” era utilizado porque creían que el Guild incluiría tanto a empleados como a desempleados. Todos los Guilds estarían representados en el Congreso de Guilds, el cual sería el órgano industrial supremo, una especie de parlamento industrial. El congreso planearía y coordinaría el desarrollo económico del país, arreglaría disputas entre Guilds y cooperaría con los cuerpos que representen al pueblo como consumidores (y quizá en base  otros aspectos) para coordinar los asuntos de la sociedad entera.

Los National Guilds debían tener el control casi completo de sus respectivas industrias. Solo en la cuestión de los precios algunos partidarios pensaban que debía haber interferencia externa a través de un cuerpo conjunto de consumidores y productores. Todos los cuerpos de gestión desde un taller en adelante debían ser elegidos democráticamente por, y sujetos al control de sus constituyentes. Esta era la esencia de su concepto de control democrático. Los Guild Socialists enfatizaban particularmente que este control iba a ser completo y de abajo hacia arriba.

¿Cómo podría conseguirse este estado de las cosas? Los Guild Socialists creían que en la mayoría de las industrias la transformación deseada se alcanzaría por medio de un proceso denominado “control progresivo”. Esta era una política de transformación gradual de los sindicatos en industrial unions, y la extensión gradual de su participación en el control de la industria a expensas de los propietarios. Los sindicatos presionarían continuamente por una mayor participación en el control y los propietarios no podrían resistirlo porque los sindicatos tendrían un “monopolio de la fuerza de trabajo”. Al final los sindicatos tomarían el control casi completo y de esta forma dejarían a los propietarios sin función. Entonces podrían expulsarlos y transformarse a sí mismos en un National Guilds.

En las industrias minera y ferroviaria y quizás en algunos de los servicios públicos ellos creían que el proceso sería diferente. La nacionalización podría llegar a ser necesaria. Su consejo para los mineros y los ferroviarios era que demandaran que la nacionalización fuera acompañada por un sistema de control conjunto entre representantes del Estado y de los trabajadores. Este sistema de control conjunto duraría hasta que los trabajadores se organizaran apropiadamente y ganaran la experiencia necesaria para asumir el control completo.

El Guild Socialism fue esencialmente un intento de adaptar la doctrina del control obrero a las condiciones británicas y así hacer que fuera más aceptable para el movimiento obrero birtánico. En el proceso de adaptación los partidarios de esta corriente se deshicieron de algunas de las nociones más extremas de los Syndicalists y los Industrial Unionists. Esto llevó a diferencias importantes entre el Guild Socialism y las otras dos escuelas. Los Guild Socialsits proponían una transformación pacífica y evolutiva de la sociedad. A su vez, no buscaban organizar la nueva sociedad enteramente en términos industriales. La existencia continuada del Estado que proponían era una parte esencial del nuevo orden.


Fuente original: https://www.marxists.org/archive/pribicevic/1959/shop-stewards/ch01.htm