El Socialismo argentino intentó transformar la sociedad de la mano del cooperativismo

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por Alberto Beretta*

Cooperativismo y Socialismo-Herramientas de transformación para la nueva sociedad.

I-ORÍGEN.

A mediados del siglo XIX nos encontramos con uno de los períodos cruciales de la historia. Aquel donde el capitalismo emerge y se consolida al mismo tiempo que genera enfoques alternativos a su hegemonía. En el mismo momento en que se desarrolla el modo de producción capitalista surge la reacción de los oprimidos que el propio sistema genera y las diferentes tendencias e ideas que plantean su superación.

Una de ellas es el cooperativismo que en sus inicios reconoce una matriz común en los postulados del socialismo utópico de Robert Owen y Charles Fourier. Esta teoría se caracterizó por una propuesta de reforma social mediante la sustitución del régimen de la propiedad privada, reemplazándolo por el de propiedad colectiva administrada por el Estado o por cooperativas de productores. A pesar de su escaso éxito en la práctica estas experiencias fueron conformando el concepto de cooperativa y generando un movimiento cooperativista.

Tiempo después, sus experiencias fueron retomadas por Carlos Marx quien, a través del socialismo científico, inicia un nuevo campo para la discusión de un modelo de producción que supere al capitalista. En los antecedentes cooperativos, Marx ve un movimiento embrionario que podría permitir a la clase trabajadora avanzar hacia un modelo de producción social que rompa con las estructuras de propiedad y explotación capitalista.

Inspirados en las ideas de Owen, en 1844, un grupo de trabajadores textiles ingleses en la comunidad de Rochdale, conforman la primera cooperativa de consumo, para evitar los sobreprecios desproporcionados que le impedían acceder a sus necesidades de sustento. Al asociarse establecen un conjunto de Principios y Valores simples que son considerados como la primera definición de cooperativa en la modernidad.

Esos principios y valores[1] difieren de los sostenidos por el capitalismo cuyo objetivo principal es maximización de las ganancias y la propiedad privada de los medios de producción. Lo producido reconoce una necesidad de los asociados y no del mercado. Así el modelo cooperativo -sea para producir un bien o para brindar un servicio- surge como opuesto a la organización capitalista.

De esta manera la cooperativa es una de las formas que el movimiento social encontró para su desarrollo como una forma de defenderse de las dificultades de la sociedad capitalista que se estaba construyendo. Otra respuesta se canalizó también desde otras vertientes del movimiento social, entre las que se destacan los sindicatos.

El movimiento cooperativo y el sindical tienen una historia con muchos puntos de encuentro y desencuentro. Cada uno con su propia autonomía e independencia en su evolución.

Al decir del economista e historiador Julio Gambina, cooperativa y sindicato son dos formas de respuesta al capitalismo. La primera adquiere una forma económico-social, sustentada fundamentalmente por pequeños y medianos empresarios y productores. Los sindicatos instauran una de las respuestas en el plano reivindicativo de los trabajadores.

II. CONTROVERSIAS

El cooperativismo se basa ética y moralmente como alternativa al capitalismo anteponiendo a los valores individualistas principios como la solidaridad o la democratización de las decisiones.

Diferentes corrientes políticas concibieron la práctica de la cooperación como un medio valioso para liberar de la esclavitud económica a la clase trabajadora. Particularmente el anarquismo, el socialismo y el comunismo fueron entusiastas apoyos del movimiento cooperativo.

Pese a ello la propia organización interna, la competitividad con empresas de lucro y la sostenibilidad de la cooperativa lleva a no abandonar la lógica de mercado. Entre ellos los niveles de mando y el papel de los trabajadores en cuanto a decisiones y salarios.

El pensamiento marxista va a tener miradas distintas desde la visión del propio Marx. Desde el “Manifiesto” hasta la “Critica al programa de Gotha”, o sea durante casi treinta años, se va a poder observar sus puntos de vista al respecto. Así tenemos la objeción hacia los socialistas utópicos por no concebir los intereses de clase como irreductibles, reconociendo no obstante que proveyeron en su tiempo materiales de gran valor para esclarecer a los obreros y atacaron las bases mismas de la sociedad existente.

Fernando Haddad sostiene que para el marxismo “la cooperativa es una negación del capitalismo no lo suficientemente negativa como para proporcionar una superación positiva. Es la negación del principal fundamento del sistema, la propiedad privada individual, pero una negación limitada, ya que es promovida al interior del régimen capitalista”[2].

La diferencia de enfoque político entre sindicalismo y cooperativismo es expresada en la famosa crítica que Marx hizo al margen del conocido programa de Gotha, de inspiración lassalleana. En una de sus proposiciones el programa decía: “a fin de preparar el camino hacia la solución del problema social, el Partido Obrero Alemán exige que sean creadas cooperativas de producción, con ayuda del Estado y bajo control democrático del pueblo trabajador. En la industria y en la agricultura, las cooperativas de producción deberán ser creadas en proporciones tales que de ellas surja la organización socialista de todo el trabajo”. Con su acostumbrado sarcasmo ante pseudo-teorizaciones que a duras penas conducían a la acción política de la clase obrera, Marx vocifera: “La lucha de clases existente es sustituida por una frase periodística: ‘el problema social’, para cuya ‘solución’ ‘se prepara el camino’. La ‘organización socialista de todo el trabajo’ no es el resultado del proceso revolucionario de transformación de la sociedad, sino que ‘surge’ de la ‘ayuda del Estado’, ayuda que el Estado presta a las cooperativas de producción ‘creadas’ por él mismo y no por los obreros. ¡Esta fantasía de que con créditos de Estado se puede construir una nueva sociedad como se construye una nueva vía de ferrocarril es digna de Lassalle! … Y, en lo que se refiere a las sociedades cooperativas actuales, éstas sólo tienen valor en la medida en que son creaciones independientes de los propios obreros, no protegidas ni por los gobiernos ni por los burgueses” (Crítica al programa de Gotha, III).

En la Comuna de París de 1871 Marx confirma la dialéctica entre cooperación, poder comunal, cooperativismo y comunismo: “Los individuos de las clases dominantes que son lo bastante inteligentes para darse cuenta que la imposibilidad de que el actual sistema continúe –y no son pocos– se ha erigido en los apóstoles molestos y chillones de la producción cooperativa. Ahora bien, si la producción cooperativa ha de ser algo más que una impostura y un engaño; si ha de sustituir al sistema capitalista; si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, más que comunismo, comunismo «realizable»?”.[3]

 Rosa Luxemburgo consideró en “Reforma o Revolución” que el problema de las cooperativas se centra en su naturaleza productiva, que es igual a la del capitalismo, es decir, que están determinadas por las normas de mercado.

 Lenin optó por el cooperativismo desde el inicio de su vida política y fortaleció esta convicción desde comienzos de la revolución bolchevique insistiendo en que el este sistema era una de las soluciones definitivas para avanzar al socialismo.

El cooperativismo socialista debía servir de puente de unión a las diferentes fracciones de las clases trabajadoras, desde el campesinado hasta los obreros de las grandes fábricas, pasando por los trabajadores de las pequeñas empresas arruinadas, y debían a la vez racionalizar, ahorrar, evitar costos y tiempos muertos, y llevar los productos vitales directamente de la producción al mercado. En 1919 el Partido editó un Manual de formación de la militancia en el que se explica lo esencial del cooperativismo en aquellos años cruciales.

La concepción reformista por su propia idiosincrasia va a ver muy positivamente toda la experiencia de los cooperativistas. Así lo demuestran un sinnúmero de pensadores que adscribieron al revisionismo socialista y a la naciente socialdemocracia engendrada en esta vertiente. Claramente se puede sintetizar su pensamiento en la opinión de Charles Guide, uno de los escritores cooperativistas más destacados, que sienta las bases de la concepción científica de la economía social en Francia. Este pensador desarrolla los principios institucionales de la economía social basada en el cooperativismo como alternativa superadora del capitalismo, teniendo como meta  coadyuvar a la tarea de la construcción de una democracia social y como herramienta transformadora.

III-COOPERATIVISMO Y SOCIALISMO EN ARGENTINA

Las primeras experiencias cooperativas en Argentina se desarrollaron a partir de las últimas décadas del siglo XIX, estaban vinculadas fundamentalmente a la entrada masiva de inmigrantes europeos y desarrollaron experiencias en los ámbitos agrarios, del consumo y el crédito solidarios.

En 1875 se crea la «Sociedad Cooperativa de Producción y Consumo de Buenos Aires», inspirada por el sociólogo francés Adolfo Vaillant, que impulsó la acción cooperativa en Uruguay y Argentina. Aun cuando la sociedad no llega a funcionar resulta un intento serio, sino el primero, de difundir un espíritu inspirado en la prédica y actitud rochdaleanas, con un propósito de mejoramiento de la clase obrera.

En 1885 se constituye la «Cooperativa de Consumo», formada por un grupo de pioneros de tendencia socialista, que habría emigrado a Francia con motivo de los sucesos de la Comuna y en 1887 un grupo de socialistas alemanes funda la «Cooperativa de Panadería» que instalaron en el Club Vorwaerst, al cual pertenecían sus asociados.

En 1898, en el ámbito rural se forma la «Sociedad Cooperativa de Seguros Agrícolas y Anexos Limitada» por un grupo de colonos franceses de Pigüé, provincia de Buenos Aires.

En 1898 se crea la «Cooperativa Obrera de Consumos», con el propósito de contribuir al mejoramiento de las condiciones generales de vida de la población. Fundada a iniciativa del Dr. Juan B. Justo, debió liquidarse en 1903, y sirvió de base al mismo Juan B. Justo y al Dr. Nicolás Repetto para crear «El Hogar Obrero», que realiza una obra de extraordinarias proyecciones, no sólo por su desarrollo material sino por su aporte a la difusión de las prácticas cooperativas.

Justamente Juan B. Justo, a través de una destacada trayectoria, de pensamiento político y teórico condensa y proyecta el desarrollo de  las ideas socialistas al contexto de la realidad argentina fundando una experiencia política nacional hacia fines del siglo XIX. Desde una visión reformista propone la construcción de un movimiento socialista adaptado a la realidad del país y cimentado en el desarrollo de una economía social de base agraria como alternativa al capitalismo.[4]

Frente a las tendencias dominantes en el debate socialista proclives a imponer la experiencia alemana como modelo único de transformación social sostenido en la lucha de clases revolucionaria, Justo adopta el modelo belga de desarrollo de la sociedad civil basado en sindicatos y cooperativas. Se inspira en las experiencias de Australia y Nueva Zelanda para plantear un programa integral de reformas con democracia agraria sustentado en principios socialistas generales con base en la organización sindical y política de los trabajadores.

El reparto de tierras que propicia Justo se orientaba a promover el acceso a la propiedad de las explotaciones familiares que estaban bajo el sistema de arrendamiento u otras formas de explotación y consolidar un movimiento social de pequeños y medianos productores rurales organizados en cooperativas.

Simultáneamente en el sector urbano, la expansión del consumo ligada a la creación de empleos por extensión de las comunicaciones y la red de comercialización crea condiciones para la mejora de la situación social de sectores asalariados urbanos y rurales que va a dar origen a una demanda de diverso tipo destacándose las de consumo y vivienda. La creación de El Hogar Obrero (EHO), basada en los principios de Rochdale, surge como una estrategia desde el pensamiento político de Justo.

El compromiso de Justo con el cooperativismo se da en el pensar y el hacer. La experiencia de cooperativismo agrario de Tío Pujío, localidad cordobesa a 22 km. de Villa María, fue expuesto por Repetto en su libro “Mi paso por la agricultura”. Allí relata la participación de ambos en el proyecto donde además de difundir y aplicar un modo de organización de la actividad productiva, dio lugar a importantes realizaciones como, por ejemplo, la Escuela Nacional Nº 127 (mas tarde N°338), gestionada por aquéllos, la “Biblioteca Juventud Agraria” impulsada por la maestra Fenia Chertkoff, esposa de Repetto, y también la cooperativa de consumo en que participaron las familias instaladas en el lugar y en otros campos vecinos.

Cuenta el profesor Gustavo Orgaz que “cabe decir también que esta radicación en Tío Pujio permitió que Justo y Repetto fueran candidatos del Partido Socialista en las elecciones que dieron origen a la Convención reformadora que sancionó la Constitución Provincial de 1923. Ambos fueron electos y fueron figuras claves cuando participaron en algunos grandes temas de la convocatoria como por ejemplo la justicia y el régimen escolar”.

Alfredo Cecchi, investigador y político, relata que Justo concibió la batalla que emprende el socialismo en tres planos: en lo social y económico a través de la constitución de mutuales que cubrirían de la intemperie ante eventuales contingencias, y de las cooperativas con las que se vislumbraba la emancipación económica del trabajador; la constitución de sindicatos desde donde resistir la explotación capitalista y generar mejores condiciones de trabajo; y el plano político a través del Partido Socialista propiamente dicho, para transformar la legislación vigente entonces producida por el poder en beneficios propio, y darle cobertura legal a los adelantos que se fueran conquistando, pasando de un Estado opresor al servicio del poder económico a un Estado social y democrático regido por la igualdad de oportunidades.

Habría que agregar el plano cultural y educativo a través de la creación de bibliotecas, la edición de periódicos, folletos y libros y la fundación de institutos educativos y ateneos como la Sociedad Luz que se extendieron por todo el país.

La legislación cooperativa surge también fundamentalmente de la labor de la representación socialista en el congreso nacional con los proyectos de Palacios, Justo, Repetto y finalmente la labor de  Mario Bravo con la sanción de la ley 11.380 en 1926.

La identificación entre socialismo y cooperativismo era tal, que en el Artículo 1° del Estatuto aprobado se establecía que el PS estaba “formado por todos los grupos políticos, sociedades gremiales, círculos de estudios sociales y de propaganda, sociedades de socorros mutuos y cooperativas, que hagan formal declaración de adhesión a su programa y método de acción … y continuó siendo tal, que en las planillas de afiliación al PS de la década del ´30 y más, se preguntaba al aspirante -entre otras cosas-, a qué cooperativa estaba asociado; a qué sindicato estaba adherido; y si era o no suscriptor de La Vanguardia”.[5]

IV-EL COOPERATIVISMO COMO ACTOR DE TRANSFORMACIÓN EN LA ACTUALIDAD.

Julio César Olivera, destacado economista argentino, concibe al cooperativismo  como actor de  la posibilidad de una variante no capitalista de economía de mercado entendiendo a éste como la forma en que se coordinan las decisiones de las unidades económicas y el capitalismo concierne al modo como se distribuyen los resultados patrimoniales de esas decisiones. [6]

Las sociedades cooperativas son empresas cuyo objetivo no es la búsqueda desenfrenada por el logro o la ganancia por la rentabilidad del capital, pero sí el uso común del dinero del grupo de asociados, que es transformado en bienes y servicios, de acuerdo con el ramo de la cooperativa, a costos más accesibles. Esta práctica busca extender un mayor bienestar social, pues permite el acceso de bienes y servicios a personas que en una estructura capitalista tradicional no tendrían esa oportunidad.[7]

En 1995, en ocasión del centenario de la fundación de la Alianza Cooperativa Internacional se realiza, en la ciudad de Manchester, la Asamblea General que establece una nueva definición de cooperativa y una revisión de los Principios y Valores Cooperativos, los cuales permanecen vigentes a la fecha. Han coincidido, allí, que cooperativa “es una asociación autónoma de personas que se han unido voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes por medio de una empresa de propiedad conjunta y democráticamente controlada”

 Se mantiene la autonomía e independencia de las cooperativas que son organizaciones autónomas de ayuda mutua, controladas por sus miembros. Si entran en acuerdos con otras organizaciones (incluyendo gobiernos) o tienen capital de fuentes externas, lo realizan en términos que aseguren el control democrático por parte de sus miembros y mantengan la autonomía de la entidad.

Entendemos a las cooperativas por organizaciones que se rigen por valores y principios como: la solidaridad, la democracia, la autonomía, el esfuerzo propio y la ayuda mutua; por medio de procesos de educación y socialización donde se busca reproducir un modelo de organización social-económico como alternativa al modelo capitalista, para así lograr la superación de la condición humana y del individualismo.

En definitiva, tras las consecuencias negativas generadas por la aplicación del modelo neoliberal, la experiencia de la cooperación y de la economía social en general se presenta como una práctica adecuada, que conjuntamente con otros sectores de la sociedad en la búsqueda de cambios profundos, converjan en un proyecto emancipador en camino a una nueva sociedad, la misma que soñaron los pioneros del cooperativismo.


Notas

[1] Del movimiento de los pioneros se establecen los siguientes Principios: 1. Libre ingreso y libre retiro de la sociedad, 2. Control democrático de la organización, 3. Neutralidad política, racial y religiosa, 4. Ventas al contado, es decir, rechazo al crédito para evitar la especulación, 5. Devolución de excedentes, 6. Interés limitado sobre el capital y, 7. Educación continua en dichos valores y su transmisión.

[2] FERNANDO HADDAD- Sindicalismo, cooperativismo, socialismo – CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales Editorial/Editor 2003- FILOSOFÍA POLÍTICA CONTEMPORÁNEA

[3] Marx: “La guerra civil en Francia”. Obras Escogidas. Edit. Progreso. Moscú 1976. Vol. II. Pág.: 237.

[4] H. Angélico. Boletín de Economía Social y Solidaria –Febrero 2005

[5] Alfredo Luis Cecchi, El PS y el cooperativismo.

[6] Julio H. G. Olivera (1995), “Teoría económica y sistema cooperativo”, en Realidad Económica N° 131, Buenos Aires.

[7] El cooperativismo y su comportamiento frente al capitalismo / Leonardo Xavier DA SILVA* Viviane RATZMANN HOLZ** Revista COOPERATIVISMO & DESARROLLO ¤ 93 ¤ julio–diciembre 2008.


*Abogado. Presidente de la Sociedad Luz. Cooperativista. Militante socialista. Integra las fundaciones Justo-Repetto y Alfredo Palacios.-