Arthur Rosenberg: de historiador antiguo a líder comunista

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Por Juana García Berro

Entre los historiadores alemanes del período previo a la Segunda Guerra Mundial, Arthur Rosenberg ocupa un lugar único, no sólo porque se mantuvo bastante a la izquierda, sino porque también fue muy activo políticamente como diputado en el Reichstag (parlamento alemán) y también como una de las figuras principales del KPD (Partido Comunista Alemán) y la Comintern (Internacional Comunista). Había otros historiadores de izquierda (la mayoría de los historiadores alemanes eran bastante de derecha), por ejemplo, Gustav Mayer y Eckart Kehr, pero no tomaron ningún rol importante en la vida política y estaban satisfechos con dejar su marca a través de sus escritos. También sus propias políticas eran bastante más moderadas que las de Rosenberg, quien no sólo era un líder comunista, sino que por un tiempo fue el líder más importante del ala de ultra-izquierda del partido. Sin embargo, también es verdad que escribió los libros por los que es recordado hasta hoy (Die Entstehung der deutschen Republik 1871–1918, Geschichte des Bolschewismus: Von Marx bis zur Gegenwart, Geschichte der deutschen Republik,Demokratie Und Sozialismus) luego de romper con el KPD y el comunismo, y ya había terminado de jugar un rol activo en la política.

Curiosamente, no había nada en los treinta primeros años de la vida de Rosenberg que indicara una tendencia hacia la izquierda o algún interés particular en la política. Nació en Berlín en 1889, hijo de un hombre de negocios judía y, previo a la revolución de noviembre de 1918, vivió una vida convencional de clase media, raramente interrumpida por la Primera Guerra Mundial y el ascenso de un movimiento radical anti-bélico en Alemania. Asistió a una escuela secundaria en Berlín y posteriormente estudió historia y filología clásica en la Universidad de Berlín, dedicando la mayor parte de su tiempo a la historia antigua. En 1911 obtuvo su doctorado con una tesis sobre “Investigaciones de la Constitución Romana Centuriatae”. Dos años después, tan solo a la edad de 24 años, se estableció como profesor particular ad-honorem con una segunda tesis sobre “El Estado de la vieja Italia: constitución de los latinos, los oscos y los etruscos”. Luego del estallido de la guerra en 1914, Rosenberg tuvo que unirse al Ejército, pero pasó la mayor parte de esos años en el Departamento de Prensa de Guerra y tan solo un breve periodo con el ejército alemán durante la ocupación en Francia. También realizó labores de inteligencia para el General Ludendorff, Adjunto del Ejército (General Quartier Meister), a quien admiraba enormemente (la admiración de Rosenberg por la eficiencia y el valor del ejército alemán continuó durante sus años de exilio en la Segunda Guerra Mundial). Durante la Gran Guerra el fuerte patriotismo de Rosenberg incluso llevó a que se uniera al partido de ultraderecha Vaterlandspartei cuando fue fundado en 1917 y continuó siendo miembro hasta 1918[1]. En 1917 publicó una introducción convencional en la nueva edición de “Historia de Alejandro Magno” de Johann Gustav Droysen, la cual no mostraba ningún interés en la política u otro signo de la guerra que se estaba llevando a cabo, cuyos efectos eran mucho más devastadores que todas las campañas de Alejandro[2].

Fue solo después del estallido de la revolución alemana que Rosenberg se convirtió en miembro del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD), único partido de izquierda importante, pero no formó parte relevante de sus actividades, sino que continuó escribiendo sobre historia antigua. A fines de 1920 el USPD se dividió debido a la presión de la intervención rusa y Rosenberg, junto al ala izquierda del partido, se unieron al KPD para pasar a ser uno de los de los concejales comunistas de Berlín electos al año siguiente. Sus discursos en las conferencias del Partido Comunista durante diciembre de 1920 y agosto de 1921 estaban llenos de entusiasmo revolucionario, desprovistos de cualquier sentido de realidad. En el momento en que la tendencia radical de 1918-19 fue reemplazada por un marcado giro hacia la derecha, no sólo en Alemania, sino y por sobre todo en Italia, él exclamó: “¡Camaradas! La situación revolucionaria mundial es tal que la ola está llegando a Europa Central. Italia y Alemania están madurando para la batalla decisiva, una batalla que debemos librar nosotros con estrategias similares en ambos países”. Declaró que el gobierno italiano no se atrevía a atacar fábricas ocupadas por trabajadores porque estaban bien armados y claramente consideraba que una estrategia similar debería adoptarse en Alemania[3].

Ocho meses después, durante la siguiente gran conferencia del Partido, Rosenberg todavía concebía la idea de “grandes periodos de confrontación” que desembocarían en “grandes conflictos con las autoridades del Estado”, sin siquiera mencionar el hecho de que esas estrategias acababan de ser puestas a prueba en el famoso Levantamiento de Marzo, que derivó en una catástrofe para los comunistas alemanes. De cualquier manera él admitió que “la gran mayoría de los trabajadores alemanes de momento todavía siguen a los partidos mencheviques”, pero se sobreponía a ese hecho desagradable sosteniendo que “casi todo obrero alemán es comunista en el corazón” (gefühlsmässig) y que tan solo aún no creían en que el comunismo pudiese lograrse[4]. Como tantos otros entusiastas comunistas, Rosenberg estaba convencido de que existía una situación revolucionaria y que incluso la derrota de los comunistas alemanes en el otoño de 1923 era incapaz de poder en duda esta convicción. Por el contrario, dentro del KPD se unió a la oposición de izquierda de Ruth Fischer y Arkadi Maslov, quienes rechazaban el camino “oportunista” de Brandler y otros líderes del partido; y fue en la casa de Rosenberg, en Berlín, que los opositores de izquierda secretamente se reunieron con líderes de la Oposición Obrera tales como Shlyapnikov y Lutovinov, quienes fueron expulsados a Berlín luego de su derrota en el 10mo Congreso del Partido Bolchevique. Ambos grupos rechazaban la Nueva Política Económica de Lenin y el consecuente giro hacia la “derecha” en la política del Comintern, que marcó, según su criterio una “degeneración” del comunismo[5]. Por lo tanto, Rosenberg ascendió a la prominencia real en el KPD después de la derrota de 1923 y de que la oposición de izquierda tomara el control del partido. En 1924 se convirtió en miembro de la dirección del partido para el distrito de Berlín-Brandeburgo y fue nombrado miembro del Comité Central en la conferencia del partido celebrada en Frankfurt en abril del mismo año. En julio, en el 5to Congreso Mundial del Comintern, Rosenberg incluso fue elegido miembro del Comité Ejecutivo (ECCI) y de su Presidium. En mayo se convirtió en diputado del Reichstag, puesto que mantuvo hasta la elección general de 1928.

Dentro del KPD, Rosenberg (junto con Werner Scholem) pronto emergió como líder de la oposición de ultra-izquierda de Ruth Fischer y Maslov, pero igualmente continuó siendo un miembro del Comité Central. En la primavera de 1926, sin embargo, tomó una actitud diferente de aquella de ultra-izquierda y al poco tiempo comenzó a apoyar la nueva dirección del partido bajo el liderazgo de Thälmann[6]. Para el otoño de 1925 su actitud se había vuelto mucho más realista que lo que había sido hasta entonces. En un artículo sobre las discusiones internas del Partido publicadas en noviembre, él aseveró que el KPD solo comandaba bajo la lealtad de una minoría del proletariado y que esa minoría ejercía tan solo una mínima influencia en el resto de la clase obrera, que la vasta mayoría de la clase obrera alemana seguían al SPD, a los católicos o a los nacionalistas y que “solo hemos ganado un pequeño porcentaje de los campesinos, sin mencionar a la clase media-baja y los intelectuales”. Añadió inequívocamente que las masas de trabajadores eran socialdemócratas porque estaban convencidos de que, en una situación no revolucionaria, el SPD representaba mejor sus intereses que el KPD porque consideraban que los comunistas eran “una horda de confusos inventores de tesis, revoltosos y golpistas”. El partido, continuó, no había desarrollado un sobrio y serio estilo de trabajo: “con nosotros la revolución siempre ha sido ‘organizada’ de una manera tan descuidada como las cuentas de nuestra venta de materiales” y demandó un programa sencillo, con demandas concretas, que cualquiera pudiera entender, especialmente a nivel local como incrementar los beneficios para los desempleados y pensionados, distribución de comida, ropa y carbón necesario para las organizaciones comunales, la posibilidad de adquisición de viviendas económicas. Estas eran demandas que las masas podían entender[7], pero contrastaban notoriamente con los métodos actuales del KPD.

En el Reichstag, Rosenberg hablaba frecuentemente para su partido de infinidad de temas, especialmente los relacionados a los impuestos, aduanas y reparaciones, de política internacional y la inclusión alemana en la Liga de las Naciones y en protesta de los veredictos unilaterales de las cortes alemanas respecto de casos jurídicos contra la “justicia de clase”. En la mayoría de las ocasiones, sus discursos no se distinguían particularmente y no diferían demasiado de la línea del partido. Por lo tanto, él se opuso al intento alemán de formar parte de la Liga con el argumento de que no era “nada más que un instrumento del poder capitalista de Francia” (dicho que le valió el aplauso no sólo de los comunistas, sino también de los socialistas franceses). Así, continuó Rosenberg, Alemania no debería realizar esfuerzos por formar parte del poder del aparato capitalista francés y consideraba “monstruoso” que una gran parte del partido impulsara una moción a tal efecto. “La única política nacional posible”, proclamó, era para que “el proletariado se constituyera a sí mismo como la nación” y que llevara adelante la liberación de las masas, “y en este sentido la política en Alemania comenzaría sólo cuando se llevara a cabo la revolución”[8]. Diez meses después, Rosenberg repitió que la Liga de las Naciones era un instrumento para ser usado en una futura guerra contra la Rusia soviética y, si Alemania formaba parte, también sería utilizada como una herramienta en apoyo a una guerra de intervención y que era particularmente lamentable que el SPD apoyara esas tendencias peligrosas y que diera una mano en planes que involucraban un peligro real de guerra tan sólo por la postura hostil del partido hacia Rusia y el KPD[9].

En ciertas ocasiones, sin embargo, Rosenberg logró utilizar su gran conocimiento histórico para confundir a sus críticos. Durante un ataque al sistema de impuestos alemanes sobre el volumen de negocios, defendió al sistema romano de impuestos, el cual no implicaba impuesto alguno sobre los salarios y que había distribuido pan gratuitamente a los pobres sin cobrarles renta durante un año; y ofreció a su adversario una clase particular en historia antigua cuando este último gritó que el impuesto sobre el volumen de negocios había sido inventado por el Emperador Augusto[10]. Aún más mordaz fue la intervención de Rosenberg sobre el tema de las enormes indemnizaciones que debían pagarse a las antiguas casas principescas alemanas (en ocasión de un plebiscito en favor de su expropiación organizada por los partidos de izquierda, que movilizó a muchos millones, pero al final no tuvo éxito). En junio de 1926 Rosenberg recordó al Partido del Centro Católico (Deutsche Zentrumspartei DZP), el partido más fuerte en el gobierno y que estaba fuertemente a favor de las indemnizaciones propuestas, que los príncipes alemanes amasaron su fortuna durante momentos de revolución: durante la Reforma numerosos príncipes se convirtieron al protestantismo sólo para sitiar los monasterios y otras posesiones de la iglesia: “es una ironía del destino que los obispos, con su autoridad, hayan salido solemnemente en defensa de la legalidad y la conservación del robo a la Iglesia Católica”. El segundo periodo de apropiación sistemática de la propiedad ajena por los príncipes había sido en tiempos de Napoleón, cuando la Dieta (asamblea) Imperial llevó a cabo la reorganización de Alemania y las dinastías que ahora demandaban compensación (Hohenzollern y Wittersbach, Wettin y Württember)  usaron esta oportunidad para usurpar extensas porciones de tierra en Alemania central y del sur[11]. Sin embargo, el DZP no debía dejarse influir por argumentos que, aún históricamente correctos, parecían violar el preciado principio de la propiedad privada.

La actividad más importante de Arthur Rosenberg en el Parlamento era, por lejos, su prominente participación en el trabajo del comité determinado por el Reichstag en 1925, que se encargaba de investigar las causas del colapso alemán de 1918. Era el cuarto comité parlamentario encargado del asunto, pero sólo fue durante los años posteriores a 1925 que se llegó a un progreso real en el trabajo y que el mito de que fueron “apuñalados-por-la-espalda” fue investigado en profundidad y, al menos en parte, descartado. El 2 de diciembre de 1925 Rosenberg usó la oportunidad de su nominación como un experto reportero del comité para dar una larga conferencia sobre las corrientes políticas de izquierda en Alemania durante los años de guerra. Enfatizó que no había habido solo dos corrientes: una a favor de medidas de defensa y apoyo en la guerra (SPD) y otra en contra (USPD y los radicales de izquierda);las últimas dos, sin embargo, eran mencionadas con demasiada frecuencia. Por el contrario, la realidad era que había tres grupos en la clase trabajadora que estaban claramente distinguidos: uno más a la derecha, representado por el SPD; uno de centro, junto al Partido Socialdemócrata Independiente; y uno de izquierda, que consistía en la Liga Espartaquista como su núcleo y varios otros grupos. Siguió negando rotundamente las declaraciones, en su mayoría de parte de oficiales navales, de que los Independientes había socavado a la marina en la revuelta de 1917-18 y que habían instigado el estallido del motín naval y con ello el colapso en el frente, ya que el Partido Independiente no se oponía a las medidas de defensa y no eran un partido revolucionario. La izquierda radical, por otro lado, no tuvo influencia en los eventos acaecidos en 1917-18 en la marina y los marineros amotinados ni siquiera conocían la existencia de grupos a la izquierda de los Independientes. Sus demandas eran moderadas y no había rastro de la influencia de la Liga Espartaquista; los marinos eran niños, no revolucionarios. La revolución de noviembre de 1918 comenzó en Kiel, Hamburgo y pueblos en Múnich en donde la izquierda radical prácticamente no tenía seguidores; el 95% de los consejos de soldados apoyaban al SPD y ni los Independientes ni la izquierda radical habían ejercido una marcada influencia  en los consejos de soldados. La resistencia nacional no fue posible luego de noviembre de 1918, ni siquiera mediante una alianza con la Rusia soviética, ya que el pueblo alemán estaba físicamente exhausto y la situación en el frente era desesperante debido a la falta de reservas, y ningún gobierno podría haber cambiado esa situación[12].

El presidente del comité, el Dr. Philipp, un miembro del Partido Nacionalista, comentó luego de la conferencia que el Dr. Rosenberg había, por así decirlo, dividido su personalidad y que eso se notaba en su reporte: primero habló de manera estrictamente académica, pero al final realizó un juicio político personal, y el informe claramente ejerció una marcada influencia en algunos de los testigos[13]. Cuando otro experto, E. O. Volkmann, un archivero extremadamente conservador del Reichsarchiv, apuntó que se había formado un comité revolucionario en Berlín en octubre de 1918, Rosenberg rápidamente señaló que ese comité no pudo actuar debido a diferencias internas, que había sido completamente superado por los acontecimientos, que para cuando había decidido hacer algo, toda Alemania ya envuelta en la revolución, por lo que Berlín debió seguir el ejemplo. Cuando el presidente del comité y el Dr. Volkmann culparon a la revolución por traer caos al frente oriental y la disolución del ejército, que presuntamente había causado la pérdida de Polonia, el oeste de Prusia y otros distritos, Rosenberg lo contrarrestó alegando que la guerra ya estaba perdida, que el compromiso por la paz estaba fuera de discusión y que una posición apenas más favorable en el frente oriental para Alemania no significaba mucho a esa altura de los acontecimientos. Sus opiniones, continuó, significaban en la práctica rendirse ante la acusación de que los revolucionarios los habían apuñalado por la espalda, que lo decisivo era el hecho de que la Triple Entente había proclamado la restitución de Polonia con libre acceso al mar como objetivo de guerra y que, también lamentablemente para Alemania, fue accidental que el distrito costero al oeste de Danzig fuera exclusivamente polaco. Luego, otro diputado interrumpió: “¡Son casubios!”. A lo que Rosenberg respondió que los habitantes se consideraban polacos y que en todas las elecciones del Reichstag y la Dieta de Prusia votaban candidatos polacos para poder extender su estado e incluir el área costera[14].

En una posterior reunión del comité parlamentario, Rosenberg desarrolló por primera vez su nueva teoría, subsecuentemente expuesta en “El Nacimiento de la República alemana” (Die Entstehung der deutschen Republik 1871–1918), de que la verdadera revolución alemana ocurrió en octubre de 1918 cuando el Alto Mando militar colapsó y Ludendorff renunció y el poder fue tomado por la vasta clase media de la nación alemana, que se oponía a la dictadura de Ludendorff y a aquella de los sectores agrarios y burgueses, pero que no tenía como objetivo la revolución social. Incluso fue más allá y declaró que lo que había sucedido en noviembre de 1918 fue importante solo como accesorio (Beiwerk), que había habido dos revoluciones durante la guerra: la primera en 1916, con el establecimiento de la dictadura militar, y la segunda en octubre de 1918 con su colapso, pero ninguna en noviembre[15]. Por lo tanto, ignoraba totalmente el proceso revolucionario elemental de noviembre y diciembre de 1918, cuando trabajadores y consejos de soldados brotaron como hongos por toda Alemania y tomaron el poder político en favor de una interpretación constitucional más bien legalista (una actitud extraña para un revolucionario marxista profeso). Rosenberg también correctamente indicó la debilidad básica del Imperio Germano de Bismarck: su “marca de nacimiento” era que “el moderno Estado industrial fue construido sobre una base aristocrática-feudal”, que “estaba cargando el tremendo lastre del antiguo sistema feudal”, “una parte de la Edad Media que, por así decirlo, se proyectó en la sociedad burguesa moderna”[16]. No hay duda de que Rosenberg aprendió muchísimo durante su trabajo para la Comisión de Investigación Parlamentaria, en donde pudo estudiar muchos documentos confidenciales (conocimiento que luego utilizó de buena manera). Sus contribuciones al trabajo del comité eran tan valiosas para sus colegas parlamentarios que, luego de su renuncia al KPD, se le pidió que continuara como miembro, aunque esta vez sin voto[17].

Luego de su partida del KPD, Rosenberg continuó como diputado del Reichstag, pero solo hasta el final del periodo legislativo de la primavera de 1928. Cuando habló sobre el tema de la “justicia de clase” y la amnistía política en julio de 1927, delineó claramente su actitud al partido que acababa de dejar:

            “No es en absoluto el caso que el KPD oficial constituya un peligro real al           Estado existente. Sobre la base de mi conocimiento sobre el Partido Comunista      puedo enfatizar fuertemente: no hay comunista responsable que piense en modo alguno en hechos de violencia o acciones contrarias a la ley en lo más mínimo. Lo que queda es tan solo una cierta fraseología romántica que no constituye en lo más mínimo una amenaza al poder político existente. El peligro, el lado desagradable de este romanticismo, yace en otro lado. A través de este romanticismo se previene que millones de trabajadores alcancen sus sueños de una forma realista y fáctica. La batalla contra el romanticismo causa que otras    tendencias y grupos del movimiento de la clase trabajadora derrochen sus energías de manera extraordinaria”[18].

Esa fue tan solo una de las pocas ocasiones en las que Rosenberg habló públicamente sobre sus razones para dejar el KPD. Él claramente reconocía que era la división en el movimiento de la clase trabajadora y sus peleas internas las que absorbían todas las energías. Oficialmente lo que motivó su renuncia en abril de 1927 por el completo fracaso del Comintern en China (al momento de la incipiente guerra civil entre el Kuomintang y los comunistas chinos) y el viraje hacia la derecha de la política soviética, lo cual implicaba que el Comintern se había convertido en una carga y debía ser disuelto[19]. Pero las razones esgrimidas en su discurso en el Reichstag parecían menos inverosímiles y más realistas. De hecho, Rosenberg dejó de ser un revolucionario romántico y cambió hacia una escritura seria de la historia reciente. Al año siguiente, su primer gran libro, “El Nacimiento de la República alemana”, fue publicado en Berlín, en gran parte fruto de su trabajo como miembro de la Comisión de Investigación Parlamentaria sobre las causas del colapso de Alemania. Cuatro años después le siguió su “Historia sobre el bolchevismo” (Geschichte des Bolschewismus: Von Marx bis zur Gegenwart), su primer tratamiento académico serio del tema, otra vez, basado en su experiencia personal.

Rosenberg se retiró de la vida política activa y no se unió a ningún otro partido. Sin embargo, se acercó al SPD y comenzó a escribir varios de sus periódicos, especialmente Die Gesellschaft, editado por Rudolf Hilferding. Allí publicó varios ensayos críticos sobre historiadores “burgueses” tales como Treitschke y Delbrück. Cuando este último murió en 1929, Rosenberg escribió con aprecio sobre su trabajo, que consideraba era “una importante adquisición para la investigación socialista proletaria”. Mientras que Delbrück a veces se acercaba a una interpretación marxista de la historia, Rosenberg nunca la adoptó ya que nunca habría suscrito a la interpretación de un historiador materialista de que el hecho básico de la historia alemana en el siglo XVIII había sido el conflicto de clases entre la nobleza y los siervos y que, comparado con esto, las guerras entre Federico el Grande y María Teresa eran “una pequeña disputa doméstica dentro de la clase dominante”[20]. Cuando escribía sobre “Treitschke y los judíos” en 1930 (un problema caliente en medio del ascenso del antisemitismo en las universidades alemandas), Rosenberg trató de explicar la prevalencia del antisemitismo en los círculos académicos alemanes debido a su ideología, que requería defender su posición social. “La enemistad hacia los judíos, que era característica de una gran porción de los académicos alemanes incluso antes de la guerra, era parte del estilo de vida aristocrático que estos hombres buscaban. La nobleza por nacimiento se sentía mucho más segura, no necesitaba tal fuerte apoyo ideológico”[21]. En esta y otras interpretaciones, Rosenberg intentó defender un punto de vista más marxista ortodoxo y también guardó una actitud positiva frente a la revolución bolchevique. En 1932 consideró que las enseñanzas y métodos bolcheviques eran “tremendamente progresista para la Rusia zarista” y que lo que estos habían logrado en el curso de la revolución era “un logro histórico inmortal”. Pero lo que era progresista para Rusia era reaccionario para los países industriales y desarrollados del oeste, donde la revolución burguesa se había completado en general y donde el campesinado ya no constituía la mayoría de la población[22]. Aunque nunca se unió al SPD, Rosenberg era muy cercano a su ala izquierda: no sólo dio conferencias ante un aclamador público en la Universidad de Berlín, sino que también dio cursos a los líderes de la organización juvenil del SPD[23].

En marzo de 1933, Rosenberg dejó Alemania definitivamente. En el mismo mes, la Universidad de Berlín, en un reporte al Ministro de Educación prusiano, declaró que su “Historia del bolchevismo” claramente glorificaba a ese movimiento y en septiembre fue despojado de su venia legendi[24]. Durante los años 1934 y 1937, enseñó en la Universidad de Liverpool y luego fue a los Estados Unidos. Hasta su muerte el 7 de febrero de 1943 fue profesor en la Universidad de Brooklyn, Nueva York. En esos años continuó escribiendo para periódicos socialdemócratas, sobre todo en el Zeitschrift Für Socialism, publicado por los dirigentes emigrados del SPD, sobre temas históricos y políticos. En la misma editorial que los socialdemócratas alemanes de los Sudetes, “Graphia at Karlsbad”, también apareció en 1935 el que quizás sea el libro más importante de Rosenberg, la “Historia de la República alemana” (Geschichte der deutschen Republik). Así, sus vínculos con el SPD fueron cercanos incluso durante su emigración. Si hubiese asumido un rol político más activo después de la Segunda Guerra Mundial es, por supuesto, imposible de decir.

La “Historia de la República alemana” de Rosenberg sólo cubre los años entre 1918 y 1930 y deliberadamente excluyó los años de los gobiernos de Brüning, Papen y Schleicher. Como escribió en la introducción: “Desde el punto de vista de desarrollo histórico, enero de 1933 en principio no trajo nada nuevo en Alemania, pero fue enfatizado por una extraordinaria exacerbación de las mismas tendencias que habían dominado desde los decretos de emergencia de Brüning de 1930”. El mismo libro probaría que el autor estaba justificado en concluir la narrativa en 1930, cuando Brüning se convirtió en Canciller[25]. Casi dos años después del establecimiento de la dictadura de Hitler, Rosenberg fue incapaz de ver que había, en principio, algo nuevo en que, aunque Brüning pudo haber usado métodos semi-dictatoriales, él mismo nunca había sido dictador ni fascista. En verdad, en los años 1930 a 1932, Alemania no era un país totalitario, por el contrario, vivió violentos enfrentamientos entre una multitud de partidos políticos y tres elecciones generales en las que había libertad de prensa política y en las que incluso el KPD pudo anotarse una victoria considerable.

En 1934, Rosenberg publicó, otra vez en una editorial socialdemócrata alemana de los Sudetes, un panfleto sustancial del “Fascismo como movimiento de masas” en el que sus extrañas visiones sobre el tema son explicadas en detalle. Allí distinguió no solo dos, sino tres formas del fascismo alemán: el nacionalsocialismo; los viejos nacionalistas alemanes que se oponían a cualquier tipo de socialismo y defendían incondicionalmente el capitalismo privado; y un tercero, el autodenominado Volkskonservativen o tendencia de Brüning, “que no poseía grandes seguidores ni en las masas ni entre los capitalistas de clase alta, pero fue capaz, en circunstancias favorables, de ejercer el poder en Alemania entre 1930 y 1932”. Incluso el gobierno de Cuno de 1923 fue calificado como “una victoria para el fascismo legal”. Rosenberg sostuvo que el fascismo no se originó entre los jóvenes ni en las clases media-bajas y que representaba “la contrarrevolución capitalista, el nacimiento de un enemigo para la clase trabajadora consciente. El fascismo no es más que una moderna y popular fachada de la contrarrevolución burguesa capitalista”. En otras palabras, Rosenberg identificó cualquier dictadura reaccionara o semi-dictadura y todo gobierno autoritario capitalista como fascismo, y por ello, naturalmente, pudo sostener que el nacionalsocialismo no había aportado nada, en principio, a la escena de los conflictos de clase modernos[26].

A lo largo de estos años las fuertes visiones marxistas de Rosenberg no cambiaron y es desde este ángulo que su curiosa interpretación del fascismo puede ser comprendida. Su último libro, “Democracia y socialismo” (Demokratie und Sozialismus) fue en realidad una vindicación de los pronunciamientos de Marx acerca de la democracia, basada en particular en los escritos de un joven Marx y la correspondencia entre este y Engels[27]. Rosenberg llegó al marxismo no durante su juventud, sino relativamente tarde, cuando ya estaba establecido como un historiador antiguo y el marxismo le proveyó inspiración para sus actividades tanto de historiador como político, pero su particular forma de marxismo también le impidió evaluar nuevos desarrollos. Es difícil explicar su repentino cambio desde la extrema derecha a la extrema izquierda en 1918. Inexplicable es, también, la curiosa contradicción a mediados de 1920, cuando no sólo se convirtió en un dirigente comunista, sino que también se involucró en la ultra izquierda del partido alemán, mientras que al mismo tiempo conservó su sano juicio histórico y su maestría en comprender los complejos eventos del colapso alemán de 1918. Sus libros de la historia del bolchevismo y de la República de Weimar siguen siendo logros remarcables y encontraron eco entre la generación de jóvenes historiadores alemanes, tal y como en los ensayos de Eckart Kehr. Es una lástima que ninguno de ellos haya podido ejercer una influencia más personal en la generación más joven, quien habría encontrado la enorme experiencia política de Rosenberg y sus enseñanzas particularmente atractivas. Hoy Arthur Rosenberg ya no ocupa una posición aislada. Sus puntos de vista son replicados por muchos académicos y especialmente por las jóvenes generaciones.


Notas

[1] Información brindada por el profesor Hans Rosenberg, Universidad de California en Berkeley

[2]  Johan Gustav Droysen, GeschichteAlexanders des Grossen, introducción por el Dr. Arthur Rosenberg (Berlin, 1917). Para más información sobre los inicios y carrera de Rosenberg, ver Helmut Schachenmayer, Arthur Rosenberg als Vertreter des historischen Materialismus (Wiesbaden, 1964), 15-16; Hermann Weber, Die Wandlung des deutschen Kommunismus, II (Frankfurt, 1969), 262.

[3] Berichtiuber die Verhandlungen des Vereinigungsparteitages der USPD (Linke) und der KPD (Spartakusbund) (Berlin I 921), 143-44.

[4] Bericht Tiber die Verhandlungen des 2. Parteitages der Kommunistischen Partei Deutschlands, 22-26 August I92I (Berlin I922), 346.

[5] Schachenmayer, op. cit., 23-24; Weber, op. cit., II, 262-63.

[6] Schachenmayer, op. cit., 25-26; Weber, op. cit., II, 263.

[7] Arthur Rosenberg, ‘Einige Bemerkungen zur Parteidiskussion’, Die Internationale (Berlin), i November 1925, 693-96.

[8] Verhandlungen des Reichstags, 25 July I 924, Stenographische Berichte, vol. 381, 682, 688

[9] Ibid., 20 May I925, vol. 385, I974

[10] Ibid., 3 August I925, vol. 387, 3906

[11] Ibid., 29 June I926, vol. 390, 7692.

[12]  Die Ursachen des Deutschen Zusammenbruchs im Jahre 1918, Zweite Abteilung IV (Berlin 1928), 9I if.

[13] Ibid., 333.

[14] Ibid., V (Berlin 1928), 215-22.

[15] Ibid., VII, i (Berlin I928), 26I

[16]  Ibid., V, 223; VII, i, 251.

[17] Schachenmayer, op. cit., 22.

[18] Verhandlungen des Reichstags, vol. 393, II8i.

[19]  Weber, op. cit., II, 263; Schachenmayer, op. cit., 27.

[20] Hans Delbriick’, Die Gesellschaft, September I929, 252.

[21]  ‘Treitschkeund die Juden’, Die Gesellschaft, July I930, 82.

[22] Geschichte des Bolschewismus (Berlin I933), 231.

[23] Información brindada por Fritz Erler, quien participó de uno de sus cursos poco antes de la toma de poder de Hitler.

[24]  Schachenmayer, op. cit., 32, 34.

[25] Geschichte der DeutschenRepublik (Karlsbad I935; English trans. London I936), 6.

[26] Historikus,Der Faschismus als Massenbewegung (Karlsbad I 934),7, 5 , 59, 75

[27]  Arthur Rosenberg, DemokratieundSozialismus-ZurGeschichte der letzten i50 Jahre(Amsterdam I938; English trans. London 1939).


Fuente: Journal of Contemporary History, Vol. 8, No. 1 (Jan., 1973), pp. 63-75