Arthur Rosenberg como cronista internacional

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Traducción por Guido Bovone

Aquí encontrarán dos artículos de análisis de coyuntura internacional realizados por Rosenberg para la International Press Correspondence en 1921. Hacía poco se había sumado a la militancia del KPD y es notable su manejo de los asuntos internacionales de la época. Puede asumirse que su conocimiento de la política interna de países como China y Egipto se relaciona con su labor como analista internacional para la inteligencia del régimen alemán. Más allá de los hechos en sí, quisimos introducir esta faceta del pensador alemán para representar su figura como no solo un académico de primera clase, sino como un agudo analista de la lucha de clases internacional. En suma, constituyen dos insumos curiosos de un pensador con muy poca porción de su obra traducida a nuestro idioma.


Washington y el futuro de China

(22 de noviembre, 1921)

El Sr. Wellington Koo, el diplomático del gobierno de Pekín, ha transferido su campo de actividad de Ginebra a Washington. El muy inteligente y adinerado chino se encontraba representando a su país en Europa en la Liga de las Naciones. Por algún tiempo, este incluso presidió esa estimable institución y así probó cuán alto un chino puede ascender hoy día dentro de los círculos de la diplomacia internacional si se limita a nadar con la corriente. El Sr. Wellington Koo, además, participó con solemne semblante en la decisión de la cuestión de la Alta Silesia. Ahora va a participar en la solución de la cuestión china y está perfectamente claro que tendrá mucho menos que decir aquí que lo que tenía en el problema de la Alta Silesia. Curiosamente, tan sólo doce días antes de la apertura de la Conferencia de Washington, ocurrió un muy desafortunado accidente – el gobierno chino se vio forzado a admitir su insolvencia. El gobierno chino no ha pagado el interés de su préstamo americano que venció el primero de noviembre. Postular demandas en nombre de un gobierno en bancarrota no es una posición envidiable. 

La posición internacional de China, en vistas del desmembramiento de aquel enorme país, será de hecho extremadamente difícil. China pasó por su Revolución hace ya diez años.

La clase media china de aquella época derrotó con sorprendente velocidad la monarquía de los Manchúes. La burguesía china era, sin embargo, incapaz de mantener el poder político. En Pekín hay una mesa chica de generales reaccionarios que se ven a sí mismos cómo el gobierno de China. A su vez, en cada provincia de China hay un gobernador militar con cientos de soldados bajo su cargo. El jefe roba precisamente del mismo modo que sus subordinados y los gobernadores militares luchan entre sí. El gobierno de Pekín no posee autoridad fuera de Pekín. La República China sirve sólo cómo fachada para un brutal, corrupto y confundido régimen militar. Únicamente en una parte del país, con su población de 400,000,000, hay realmente una república, es decir un gobierno democrático, en la gran ciudad del Sur de China de Cantón, donde Sun Yat-Sen está a la cabeza de un gobierno independiente. Los gobernantes militares pretenden reconocer al gobierno de Pekín cómo la autoridad suprema, mientras Sun Yat-Sen ha abiertamente declarado la guerra a los militaristas de Pekín. Los ciudadanos de Canton declaran que su intención es liberar al país del régimen militar y establecer una Republica China democrática y unificada. Sun Yat-Sen era el lider espiritual más prominente de la primera Revolución China. Él se opuso al desarrollo militarista y luchó junto sus amigos de Cantón para llevar a la Revolución China a buen puerto. Sun Yat-Sen era apoyado en primer lugar por los estudiantes y en general por los jóvenes intelectuales que habían adoptado la idea de que sólo junto a los trabajadores y campesinos del país tendrían éxito en derrotar a la Reacción. Por ende, Cantón daba un nuevo ímpetu a la Revolución China. En Washington, el Sr. Wellington Koo se encuentra representando al gobierno de Pekín. El gobierno de Cantón es naturalmente despreciado por el capitalismo internacional, ya que la democracia radical China está tan en contra de los explotadores extranjeros cómo de los opresores internos. En Washington el gobierno de Pekín ha sido reconocido como el verdadero representante de China. A esto, Sun Yat-Sen responderá que él considera como nulas y vacías todas las decisiones de la Conferencia de Washington respecto a China. 

El caos prevaleciente en China ha sido muy claramente utilizado por los japoneses. Estos, enfrentaron tanto a gobernadores cómo a dictadores entre sí y de este modo obtuvieron ciertas concesiones muy valiosas. Para el capital japonés, la influencia en China es una absoluta necesidad, porque durante los últimos años la industria en Japón se ha desarrollado fuertemente. Japón no tiene ni hierro ni carbón mientras que China, por el contrario, es muy rica en minerales, los cuales por lo general aún no han sido explotados. Los japoneses se esfuerzan por obtener de China la materia prima que necesitan para desarrollar sus industrias. Además, desean utilizar a China cómo mercado para sus commodities.

Luego de la victoria sobre Rusia, los japoneses ganaron en primer lugar la península de Liao-Tung, donde los rusos habían construido el puerto llamado Port Arthur. Al mismo tiempo los japoneses ganaron el ferrocarril, línea que cruza la Manchuria del Sur. Los japoneses lograron a través del control del ferrocarril alcanzar la dominación política y económica de Manchuria. Durante la Guerra Mundial, la explotación japonesa de China avanzó a pasos agigantados. Japón tomó el control de Kiaochow de manos de los alemanes y además puso sus manos sobre las minas y ferrocarriles de Shantung. Por estos medios los japoneses tuvieron éxito en efectivamente anexionar grandes provincias chinas con poblaciones de varios millones al este y sur de Pekín. A pesar de la dura oposición de la población china, que no deseaba ser engullida por el capital japonés, Japón ha obtenido desde el fin de la Guerra Mundial aún más y más posiciones de poder sobre China.

En oposición a las aspiraciones japonesas de predominancia económica en China, Estados Unidos ha puesto en marcha la política de la puerta abierta en China. A través de esta política cualquiera puede entrar en China para hacer negocios sin ser molestado. Lo que el capital norteamericano realmente quiere decir con la “puerta abierta” es obvio a partir de una propuesta que ha sido presentada por Estados Unidos. Según esta, los bancos americanos, ingleses, franceses y japoneses que están interesados en China, deberían establecer en conjunto un gran consorcio. Todos los préstamos, obtenidos hasta el presente por China de Estados individuales deberán ser controlados por este consorcio. China dejaría entonces de tener diferentes grupos extranjeros de capitalistas como acreedores y pasaría a depender de un capital global unificado. El grupo internacional de bancos establecerá así su tutela sobre la vida económica de China. Es evidente que en semejante unión, serían los capitalistas norteamericanos quienes predominaran, siendo estos los más fuertes. Por lo tanto, la “puerta abierta” no significa libre competencia sino el reemplazo de la predominancia japonesa en China por la norteamericana. 

El gobierno de Pekín ve la predominancia norteamericana cómo el menor de los males, ya que Estados Unidos se encuentra mucho más lejos que Japón y porque los capitalistas norteamericanos llevaron adelante sus planes de una manera más suave que los japoneses. Esto será así si Estados Unidos puede mantener las apariencias en China sin desviarse de sus intenciones, mientras que el militarismo japonés simplemente desea derribar a China cómo lo hizo con Corea.

Wellington Koo, por lo tanto, declaró en Washington que China demanda independencia política incondicional, que China debe tener el control sobre sus propios ferrocarriles, es decir, que los japoneses deben ceder las líneas de Shantung y Manchuria. Wellington Koo además demanda que las últimas concesiones hechas a los extranjeros en China deben ser anuladas. Esto también está dirigido contra Japón. Es cierto que los caballeros en quiebra de Pekín importan poco por sí mismos, pero los capitalistas norteamericanos gustan de oírles. Hughes, si desea arrebatar a los japoneses su botín chino, puede pretender que Estados Unidos, actuando desinteresadamente cómo siempre, aparezca ahora cómo el protector del oprimido pueblo chino. Mientras tanto, los directores de los bancos norteamericanos en China se regocijan.

Fuente original: https://www.marxists.org/archive/rosenberg/1921/11/wash-china.html

La Revolución en Egipto

(10 de enero, 1922)

“Parece como si hubiéramos dejado pasar una oportunidad en Egipto que no volverá a darse fácilmente”, escribió el Manchester Guardian a modo de advertencia hace algunos días. Es notable que Inglaterra a pesar de sus victorias en la Guerra Mundial tiene hoy menos autoridad en sus colonias que nunca antes. La situación en India es hoy día más difícil que lo que era en los años 50’, en los tiempos del gran Motín Indio. Jamás había irrumpido en Irlanda una guerra civil de tanto encono como en 1921. Egipto nunca se había levantado contra los invasores extranjeros desde la ocupación del país por las tropas inglesas hace cuarenta años. Estos hechos sostienen la creencia de que en la última Guerra Mundial la cuestión de la derrota o la victoria no arrastraba la misma importancia que en los conflictos previos. Inglaterra, el poder “victorioso”, es enfrentado con un fenómeno que por lo general aparece sólo en países derrotados. Más allá de su victoria formal, el capitalismo inglés se vincula profundamente con la crisis global general del capital. La desafección en las colonias británicas es cultivada por la convicción de que el viejo sistema de sociedad se tambalea y que hoy en día es posible establecer nuevas formas de sociedad política y económica a través de la acción energética.

Hasta la Guerra Mundial, Egipto era formalmente una provincia turca, la cual no obstante se encontraba bajo control inglés – ocupada por tropas inglesas, explotada por el capital inglés y gobernada por comisionados ingleses al estilo de Lord Cromer-. Cuando Inglaterra declaró la guerra a Turquía, se abolió la dependencia formal de Egipto al Sultán de Constantinopla. En El Cairo hay hoy un Sultán “independiente”, dependiente de la voluntad inglesa. Sin embargo, las masas de Egipto protestan cada vez de manera más decisiva este estado de cosas. Hasta hace poco, existían dos partidos en Egipto. El Partido Moderado era apoyado por la acomodada burguesía local y buscaba un entendimiento con el Reino Unido. Su líder era Adly Pasha. El Partido Radical, opuesto a esta postura, estaba bajo el liderazgo de Zaghlul Pasha, un hombre con excepcionales dotes de agitador y organizador. El ala radical, que demanda la independencia de Egipto y la expulsión de los explotadores extranjeros, ha arraigado especialmente entre los estudiantes del país. La famosa Universidad mahometana de El Cairo se ha transformado en un enclave de la revolución egipcia. Siempre que surge una movilización, los estudiantes se disponen a la huelga. No permanecen, no obstante, en sus casas, sino que salen a las calles de las ciudades y pueblos para promover la revolución. Estos miles de jóvenes fanáticos intelectuales mahometanos son la fuerza de choque del movimiento, detrás de quienes millones de campesinos explotados, artesanos y trabajadores se agrupan. Esta situación puede comparase en cierta medida con la de Europa Central en 1848 o, incluso mejor, con la actual situación en China, donde estudiantes y otros jovenes intelectuales también son quienes sostienen al movimiento nacionalista. Estos estudiantes, en China como en Egipto, están en principio dominados por ideales nacionales. Pero la situación excepcional de sus paises conlleva a que su lucha nacionalista sea dirigida contra el capitalismo extranjero, y en esta conexión pueden esperar nulo apoyo por parte de la burguesía local, dependiendo así de las grandes masas de la población más pobre. Por ende, la lucha nacional por la independencia en Egipto al igual que en China adopta un carácter social-revolucionario. Hay unos pocos sindicatos en Egipto, pero la organización política del proletariado egipcio se encuentra en su infancia. 

Durante 1921, los británicos comenzaron a darse cuenta de que no podían mantener indefinidamente sus regímenes por la fuerza, y que debían alcanzar algún tipo de acuerdo con la población local. La Comisión fue apuntada para estudiar la cuestión egipcia bajo el liderazgo de Lord Milner, quien es considerado por muchos como el representante más brillante del poder británico en el mundo. La Comisión Milner recomendó grandes concesiones, además de la evacuación total de las provocativas tropas británicas del país. Tan sólo el canal de Suez, una vía de conexión importante en las líneas de comunicación del Imperio Británico, debía ser protegido por las tropas inglesas. Lord Milner deseaba un compromiso entre el capital inglés y la burguesía local egipcia. Estos dos podrían fácilmente llegar a un acuerdo en el plano económico. Adly Pasha, el Primer Ministro de Egipto, vino a Londres el otoño pasado para cerrar un acuerdo en concordancia con el espíritu del Reporte Milner. Pero Lord Curzon, el Ministro de Relaciones Exteriores británico, arruinó todo con su terquedad. Este envió un borrador de tratado a los egipcios que prácticamente proponía nada más que la continuación de la situación actual, junto con la continua ocupación de las tropas británicas de todo el país. Adly Pasha suele ser un hombre bien predispuesto, pero la burguesía egipcia, en nombre de quienes él habló, deseaba de cualquier modo elevar su status al de socios del Imperio Británico. No se contentaba ya con jugar el papel de esclavos. Adly Pasha se negó a firmar, se fue a casa y renunció cómo Primer Ministro. Así, el frente unido nacional fue establecido en Egipto. El Partido Adly se unió al de Zaghlul para la acción en conjunto. 

El poder británico en Egipto está custodiado por Lord Allenby, un despiadado soldado y conquistador de Jerusalén durante la guerra. Este actuó de acuerdo a los métodos recomendados de reacción. Zaghlul y sus más prominentes adherentes fueron arrestados y deportados a Ceylon. Los periódicos locales han sido suprimidos y las reuniones políticas prohibidas. A esto le siguió un levantamiento revolucionario en las grandes ciudades de El Cairo, Alejandría, Puerto Said y Suez. Los estudiantes, oficiales y ferroviarios fueron a la huelga. La gente levantó barricadas y atacó a las tropas británicas, lo que resultó en varias bajas fatales. El movimiento se expandió a los distritos rurales y los británicos dieron marcha atrás con sus medidas. El maltrato físico a los prisioneros políticos, el cual ha sido secretamente aplicado en Polonia, Hungría, Alemania y España, está permitido por ley en Egipto, el reino de la democracia británica. Lord Allenby proclamó que utilizaría bombas aéreas contra las aglomeraciones de gente. En Alejandría, buques de guerra ingleses entraron al puerto, barcos armados fueron enviados al Nilo y los depósitos bancarios de Zaghlul Pasha, de sus amigos y de la Asociación Nacional Egipcia fueron confiscados.

El militarismo despótico inglés puede nuevamente triunfar en restaurar temporalmente el orden en Egipto. Pero así el capital inglés no gana nada. Las nuevas infamias de los opresores extranjeros sólo llevaran a revolucionar aún más al país. En Irlanda, casas fueron prendidas fuego y hombres ejecutados por la corte marcial hasta que el militarismo británico no supo más qué hacer. Los más inteligentes entre los representantes de la burguesía británica ya han comenzado a darse cuenta de esto. No es completamente improbable que vuelvan a intentar separar el Partido Adly de los revolucionarios y llegar a un compromiso con la burguesía egipcia. Pero el Reino Unido deberá ahora asegurarse de hacer sacrificios aún mayores que los que fueron necesarios el otoño pasado. Las cosas en Egipto así como en India e Irlanda están siguiendo su inexorable camino. Todos estos movimientos nacionales de independencia deberán tarde o temprano converger en la batalla por la revolución global contra la dominación del capital. 

Fuente original: https://www.marxists.org/archive/rosenberg/1922/01/egypt.html