¿Quién es el enemigo?

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Por Marco Mlynarzewicz

Luego de un año marcado por la pandemia, en donde la realidad no fue verosímil, el presidente electo protagonizó la apertura del 139º período de sesiones ordinarias leyendo su discurso por más de dos horas, con la ausencia de las clásicas movilizaciones que acompañan a tal acto y con un Congreso parcialmente ocupado. Con estos condicionantes, en las próximas líneas intentaremos describir la puesta en escena de un discurso que marca un punto de quiebre con la línea moderada que caracteriza al alfonsinismo de Alberto. Para ello es preciso, en una primera instancia, delimitar la particularidad del discurso político dentro del discurso “a secas”. Para, con ello, con la ayuda de Eliseo Verón, crear una brújula que nos orientará en las complejidades del universo político. 

Eliseo Verón, en La Palabra Adversativa, demarca dentro de los estudios discursivos la singularidad del discurso político. La particularidad del discurso político —siguiendo al autor— supone que el enunciador está construyendo a un adversario. Verón, lo comprende como un movimiento dentro de la dimensión polémica del discurso, que supone, además de un adversario, un receptor a fin a la enunciación expuesta por el agente que emite el discurso. 

Profundizando aún más en la propuesta del autor, el discurso político, además de la construcción de un adversario, posee tres posibles destinatarios, de los cuales, los dos primeros que mencionaremos son la condición necesaria para que un discurso se categorice dentro de lo que el autor en cuestión denomina como discurso político:  

El primero de estos, el prodestinatario, el cual posee un “lazo que reposa en la creencia presupuesta [del hablante]” (Verón, 1987: 4). A dicho destinatario lo podemos caracterizar como ciudadanos que forman parte del colectivo imaginario del emisor. El segundo destinatario se encuentra en las antípodas del actor que está emitiendo el discurso: “el lazo con éste reposa (…) en una inversión de creencias: lo que es verdadero para el enunciador es falso para el contradestinatario e inversamente” (Verón, 1987: 6). Por último, Verón describe un tercer destinatario que tiene su génesis en las democracias representativas modernas, el paradestinatario. Este último tipo ideal no posee un interés auténtico por la política, sino que se lo suele encasillar como el tan nombrado y poco conocido “indeciso”, refiere a los hombres que no comparten sus creencias con el enunciador pero tampoco se oponen a ellas, el autor de La Semiosis de Lo Social dirá que se encuentran en una “suspensión de creencias” (Verón, 1987: 8).

Ya presentada la herramienta conceptual daremos paso al análisis del discurso del presidente. Nos proponemos tomar cada enunciado como una unidad de análisis con la misión de clarificar la construcción del adversario que propone el ex jefe de campaña de Florencio Randazzo en las elecciones legislativas del año 2017. Tanto como identificar algunos pasajes del discurso donde interpela a los distintos destinatarios recién presentados.

Alberto Fernandez le pidió prestados los anteojos a la abuela de caperucita, imprimió 15 páginas doble faz en la fotocopiadora de la Facultad de Derecho y se puso a leer con un tono monocorde. El protagonista de esta nota, rodeado de figuritas brillantes reafirmó las convicciones del proyecto que él lidera con nuevos aires. El acertijo se dilucidó rápidamente: pasaron unos pocos instantes y el presidente ya había elegido al adversario, a saber: la gestión cambiemita.

No estábamos en una situación cómoda. Arrastrábamos una sociedad debilitada por el hambre y la pobreza, una economía escuálida y endeudada como antes jamás lo había estado, un sistema de salud quebrado que mantenía cerrados hospitales, dejaba vencer vacunas y permitía pasivamente la diseminación de enfermedades que creíamos retiradas. Debíamos enfrentar el incendio sabiendo que otros habían terminado con el agua.[1]

Con estas primeras palabras Fernández muestra que no tienen ninguna intención en esconder la realidad, sino que busca visualizar la situación atípica que la contingencia eligió para que él gobierne. Así se encarga de dar cuenta, al mejor estilo cambiemita, de la pesada herencia que recibió.

El primer análisis introspectivo que esos sectores debieran hacer tendría que pasar por una cuidada observación del tiempo en que tuvieron en sus manos el gobierno. Guardo la esperanza que hagan un mea culpa, entierren el odio que cargan y ayuden a levantar los cimientos del país que derrumbaron.

La retórica de Fernandez construyó una coraza moralista en donde las acciones no son juzgadas por lo que sucede con ellas, sino que su importancia está ligada a sus intenciones. Dado que las intenciones son como la esencia, invisible a los ojos, la materialidad pasa a segundo plano para ceder protagonismo al terreno de lo discursivo, favoreciendo el paso de la política a la política de las intenciones

“Debimos enfrentar a esos mismos sectores que pretendieron desmoralizar a ciudadanos medios, hablando también de la ausencia de una estrategia económica. Aquel reproche fue y es definitivamente inmerecido.”

En este sentido, el presidente electo institucionalizó las críticas a la gestión pasada acusándolos de malversar fondos, anunciando que llevará a juicio por administración fraudulenta de caudales públicos a los responsables del brutal endeudamiento, y comparando a la gestión cambiemita con un pasado tan reciente como oscuro: el megacanje o el blindaje. Alberto viró su discurso a la lógica de su oponente, la judicialización de la política: la corrupción y la malversación de fondos fueron los pilares de ese pasaje del discurso. En esta misma línea, Fernández deja de lado la figura de moderador político mostrando su descontento con otro juicio moralista, la mentira. Al mejor estilo nietzscheano, luego de una batalla (en este caso electoral), se introduce una transvaloración de los valores, a saber: los malos y corruptos  pasan a ser los buenos y acusadores (Nietzsche, 2012):

La pirotecnia verbal solo nos aturde y confunde. A lo largo de este año algunos sectores se han esforzado por generar incertidumbre y desánimo lanzando petardos cargados de falacias.

Como todo tiempista, luego de fuertes acusaciones, el presidente interpeló al prodestinatario con un claro mensaje: podemos recuperar la ilusión de futuro. Parte de la trama narrativa de Fernández la leemos con este objetivo. Para darle entidad a esta conjetura, debajo de este párrafo se encuentra la nube de palabras del discurso en cuestión[2]. En este gráfico podemos apreciar como Alberto dialoga con ciudadanos apartidarios mediante enunciados como “Argentina”, “país” y “nación”. La intención que vemos en estas palabras es el intento de crear un nuevo imaginario colectivo, ampliar ese “nosotros inclusivo” que construyen desde el FdT hacia una mayor cantidad de ciudadanos, construir un nuevo relato con intenciones de ampliar su colectivo identitario, persuadiendo a tan bien definidos por Torre huérfanos políticos

Con el fin de reforzar la creencia de simpatizantes de FdT, el interlocutor comenzó a enumerar logros conseguidos en su año de gestión tanto como mencionando errores cometidos. Alberto Fernandez recurrió, para persuadir a los paradestinatarios, dos de los sellos distintivo de su discurso de campaña: el diálogo y la educación. En cuanto a la pandemia, destacó el silencioso triunfo de las camillas sobre los enfermos, evitando el colapso sanitario. 

Alberto Fernandez dejó de lado la posición moderada que sostuvo en anteriores intervenciones y, no sólo eligió adversario sino que tomó la peligrosa decisión de confrontar dentro de la lógica de su oponente: adentrarse dentro de la política de las intenciones, dar cuenta de la pesada herencia recibida y llevar la confrontación política hacia el cuarto poder. 


Notas

[1] Texto extraido de https://www.casarosada.gob.ar/informacion/discursos/47566-palabras-del-presidente-alberto- fernandez-en-la-apertura-del-139-periodo-de-sesiones-ordinarias-del-honorable-congreso-de-la-nacion-argentina-caba)

[2]  La nube de palabras tiene el discurso transcripto por la página oficial de la Casa Rosada como materia prima.


Bibliografía

  • Fernandez,  Alberto (2021). Palabras del Presidente Alberto Fernández en la Apertura del 139 período de sesiones ordinarias, del Honorable Congreso de la Nación Argentina, CABA.
  • Narvaja de Arnoux, Elvira. (2008). “El discurso latinoamericanista de Chávez”. Biblios. Buenos Aires.
  • Nietzsche, Federico. La Genealogía de la moral (2012). Alianza editorial.
  • Verón, Eliseo (1987). La palabra adversativa. Observaciones sobre la enunciación política en Verón, Eliseo, Arfuch, Leonor (y otros); El discurso político. Lenguajes y acontecimientos, Hachette, Buenos Aires.