Mini Dossier: Robin y George Lakoff para comprender la retórica de la Ultraderecha

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Traducción por Lucía Abelleira Castro y Juan Delgado

El siguiente es un mini dossier que decidimos elaborar para contribuir a la reflexión sobre el vínculo entre las ciencias cognitivas y las ciencias sociales. Los autores que aparecen son referentes internacionales del análisis de discurso y han generado un gran impacto en la academia en base a su propuesta de estudio de la lingüística a partir de los hallazgos y avances de las neurociencias.

El valor de este dossier no radica en la actualidad de los textos que lo componen. Por el contrario, el más reciente de ellos data de 2018. Todos excepto uno versan sobre algún u otro aspecto de la presidencia de Donald Trump en EEUU. Es de todos modos importante recuperarlos porque el fenómeno de la ultraderecha no vio su fin con la victoria de Joe Biden en las últimas elecciones presidenciales estadounidenses. Como todo fenómeno colectivo, arraigado en ciertas condiciones sociohistóricas, va a encontrar sus flujos y reflujos. Es en ese sentido que no es conveniente desestimar un estudio de este tipo por tener 2 o 3 años de antigüedad. Un caso especial es el del artículo «Cómo nunca ganar otro elección», de Robin Lakoff, el cual estudia la derrota de Mitt Romney en las elecciones del año 2012. Lo llamativo del texto, y es allí donde esperamos que el lector ponga el foco, es el cambio que significó el período comprendido entre los años 2012 y 2016 en cuanto a la pululación de discursos de odio, conservadores y de ultraderecha en la política norteamericana e internacional. Lo que en 2012, según la autora, fue la principal razón de la derrota republicana y la consecuente reelección de Barack Obama, es lo que la misma pensadora cataloga como una de las principales virtudes discursivas de Donald Trump en el año 2016.

Esperemos que esta selección, por demás arbitraria, contribuya a la reflexión y discusión seria y basada en evidencia de la comunicación política.

Unas breves palabras sobre los autores: Robin Tolmach Lakoff es profesora emérita de lingüística en la Universidad de California, Berkeley. Sus áreas de investigación son la sociolingüíistica y la pragmática, e incluyen: lenguaje y género, politeness, la política del lenguaje y el lenguaje de la política y el lenguaje de las instituciones. Su libro más reciente es Context Counts: Papers on Language, Gender, and Power (ed. por Laurel Sutton).

George Lakoff fue Profesor de Ciencia Cognitiva y Lenguaje en la Universidad de California, Berkeley. Publicó diversos libros, entre ellos Metaphors we Live By y Don’t Think of an Elephant. Ahora es Director del Center for the Neural Mind & Society.


Robin Lakoff: El hombre vacío: Donald Trump, el Populismo y la Política de la Posverdad

Fuente:Journal of Language and Politics, Volume 16, Issue 4, Jan 2017, p. 595 – 606

La sorpresiva victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de 2016 requiere análisis: ¿qué la provocó? ¿qué puede presagiar? Este artículo explora estas y otras cuestiones: ¿cómo ha afectado la victoria de Trump y sus estrategias comunicativas a la nociones culturales de “verdad”- a través de un continuum desde “mentira” , pasando por “posverdad”,”pseudoverdades”, “hechos alternativos” hasta “verdad”? ¿Es Trump- juzgando por su lenguaje y otras comunicaciones- realmente populista? ¿Y cómo debemos entender sus múltiples idiosincrasias de discurso, así como la falta de disposición de sus seguidores de preocuparse por ellas?

1. El Mago de Oz

El aforismo más memorable que surge de la elección de 2016 tiene que ser este: “La prensa toma a Trump de forma literal pero no lo toma en serio. Los seguidores de Trump lo toman en serio pero no de forma literal” (Zito 2016). ¿Qué se supone que quiere decir? ¿Por qué la “respuesta correcta” es la que ofrecen los seguidores de Trump? ¿Es una elección adecuada- la de si Trump debe ser tomado bien “en serio” o bien “literalmente”?

Pienso que el epigrama no significa nada. Es un error tomar a Trump tanto en serio como de forma literal: cualquier opción implicaría que las declaraciones de Trump significan algo, o que tienen la intención de hacerlo. Con lo que lidiamos, y probablemente tengamos que hacerlo por los próximos ocho años, es con un Mago de Oz del Siglo XXI -alguien sin un “allí” allí, el hombre vacío que es el presidente 45° de Estados Unidos.

Es así que la descripción de T..S Eliot (1925) del “hombre vacío” es notablemente pertinente.

2. Los Sabios

Hay más personas además de Trump con responsabilidad por nuestra situación. Primero están las “elites”, los intelectuales públicos y los eruditos de los medios, que no tomaron en serio el fenómeno Trump en primer lugar, pero sí destilaron su ira contra su oponente. Algunos de ellos están dirigiendo ese enojo contra sí mismos al atacar a las “elites” intelectuales, romantizando y legitimando a sus seguidores, buscando una nobleza putativa en sus supuestas razones por apoyarlo.

De lo que nadie quería hablar durante la campaña fue de lo que realmente eligió a Trump. Es cierto que las razones de su triunfo, como cualquier fenómeno colectivo complejo, son múltiples. Es cierto que los factores económicos fueron importantes: el hecho de que los “buenos empleos” que la gente de clase trabajadora esperaba como una deuda con ellos se están desvaneciendo sin solución a la vista. Pero cualquiera que escuchara seriamente a Trump podría notar que él no tenía más idea que los demás sobre cómo solucionarlo. “¡Voy a crear millones de empleos maravillosos!” no es mejor programa o una promesa más feliz que “¡Voy a ser su voz!” y lo que necesita ser explicado, por sobre todo, es por qué tantas personas, incluyendo muchos que tendrían que haberlo sabido, eligieron creer que lo era efectivamente.

Mi propia teoría: es significativamente una cuestión de misoginia, una palabra rara vez encontrada en análisis post-electorales y, cuando pronunciada, usada despectivamente. ¿Por qué sucedió eso? Cuando las encuestadoras preguntaban a sus votantes por qué habían votado por Trump, nunca respondían “Porque nunca votaría por una mujer para presidenta” y virtuosamente ofrecían las respuestas que se suponía que brindaran: “Dice las cosas como son. Nos va a dar trabajo”.

Hay que asumir que los votantes de Trump son o bien inusualmente estúpidos o notablemente evasivos. Opto por lo segundo. ¡Por supuesto que nadie, frente a un micrófono, va a identificarse a sí mismo/a como un/a troglodita odiador/a de mujeres! Pero sospecho que, si muchos de nosotros no hubiéramos tenido una preocupación tan grande por lo que habría significado para una mujer alcanzar el rol más simbólicamente poderoso del mundo, Hillary Clinton podría haber sido escogida presidenta. Sí, ciertamente, los votantes querían que sus candidatos reconocieran sus problemas económicos y ofrecieran soluciones para ellos. Pero (y es aquí donde los comentaristas se quedan peligrosamente cortos) el hecho es que ningún candidato tuvo la oportunidad en nuestros presuntos “debates” de discutir en profundidad alguna cura para la crisis de empleo, pero mucha gente, tanto seguidores de Trump como analistas de los medios, escuchó la retórica vacía de Trump sobre el tema con mayor aprobación que con la que escucharon los intentos de Clinton de definir su perspectiva más seria. Ella al menos lo intentó, pero un número importante de comentadores políticos e intelectuales públicos han manifestado al aire su preferencia por el parloteo de Trump por sobre el intento de Clinton.

Otra parte de la culpa la tienen las incesantes quejas sobre cómo Clinton estaba llevando una mala campaña. Ella no era “espontánea”. Ella estaba “guionada”. Ella no podía “vincularse”. Ella era “evasiva”. Hay mucho para decir acerca de estas acusaciones. Una razón para la falta de “espontaneidad” de Clinton es que, durante sus años en el foco público, fue implacablemente atacada por los mismos críticos que ahora refunfuñan por su no-espontaneidad. Cuando muestra espontaneidad, sus palabras son sometidas sin piedad a una inspección microscópica, dándoles “sentidos” que ella nunca quiso darles.  Como he sostenido en otro sitio (Lakoff 2000), esta es una forma frecuente de silenciar y demonizar a mujeres públicas. Su respuesta natural fue volverse extremadamente cauta ante el público. Entonces los comentaristas crearon a una Clinton que luego atacaron por convertirse en lo que ellos la forzaron a ser. El vacío de Trump obtiene una interpretación más favorable: la falta de significado de Clinton es destruida.

Asimismo, el tono de la discusión sobre Clinton, tanto por Trump como por sus seguidores, fue mucho más allá de una usualmente agitada retórica de campaña presidencial en cuanto a su veneno. Ella era una “traidora”. “¡Cuélguenla!”y “¡Dispárenle!”. Él regularmente la describiría como la “́peor” secretaria de estado que hemos tenido (sin evidencia presentada), luego de haberla llamado la mejor previamente; regularmente la describía como “débil” y “enfermiza”. Aquí también faltó análisis y crítica.

Luego está el formato del debate presidencial en nuestro tiempo. Los candidatos solo tienen permitidos turnos cortos -un par de minutos cada uno. Supongamos que alguno de los candidatos tenía una solución significativa para la crisis económica. No hay forma de que la exprese en dos minutos. Entonces los debates “presidenciales” necesariamente se convierten en ejercicios de alboroto retórico en oposición al examen serio de soluciones viables. Pero esta campaña fue única en sus persistentes apodos y comportamiento infantil, iniciado y realizado por un candidato mucho más que el otro, que no fue sometido ni remotamente a la crítica por su estilo y sustancia infantil como debiera haber sido. Pero, en general de manera encubierta, las performances de Trump se veían como legítimas, porque un hombre las hacía. Las de Clinton fueron ridiculizadas y atacadas, porque en tanto mujer, no tenía derecho a hablar públicamente, derecho a buscar el puesto que estaba buscando, derecho, sobre todo, a pedir por algo, particularmente poder, para sí misma. Así que cualquier cosa que dijera, de cualquier forma que lo hiciera estaba equivocada. Las críticas explícitas fueron las excusas que los críticos encontraron para racionalizar sus recelos. La negativa a reconocer el rol de la misoginia en esta elección es en sí mismo profundamente misógino, y una indicación de que la puerta de la Oficina Oval todavía tiene un cartel que dice: SOLO HOMBRES.

La elección de 2016 fue persistentemente vista como si su tema central fuera Cambio vs. Status Quo, con Trump representando el primero. Pero en realidad Clinton era la verdadera candidata del “cambio”: si hubiere resultado elegida, nuestras percepciones de las relaciones permisibles entre género y poder, existentes desde que somos Homo Sapiens si no antes, tendría que haber cambiado. Eso hubiera sido (y ahora resulta muy claro) intolerable para muchos norteamericanos.

A su vez, los candidatos mismos y cómo fueron tratados representa los estereotipos de género corrientes y persistentes de formas peculiares. Trump quiere desesperadamente ser y parecer un machp,  un super-hombre. Por eso ladra en fragmentos de oración; recicla las mismas palabras y frases una y otra vez; presume; intimida, crea antagonismos bélicos, necesita ser el número uno, más grande y mejor. Sus ratings, sus encuestas, sus públicos, sus manos, y cualquier otra parte de su cuerpo deben ser más grandes que las de los demás.

Y aun así al mismo tiempo, cuando no se cuida de ello, no se muestra a sí mismo como un hombre. Sus gestos son afeminados[1]. Su uso del comparativo y el superlativo es característico del discurso femenino estereotipado. Incluso el desdén que aparece en su voz cuando habla de alguien que no sea él mismo tiene un aspecto estereotípicamente “de mujer”, como cuando se chismosea. Por esto no es un hombre varonil schwarzeneggeriano, sino un hombre femenino en ropa masculina.

Por el contrario, se percibe a Clinton como una mujer desleal. En su discurso público no es coqueta ni deferente. Esto, también, la convierte en intimidante para los inseguros, hombres y mujeres. Por esto las inseguridades de género de Trump van en su favor. La trascendencia de Clinton de los roles tradicionales de género van en contra suyo. No veremos una mujer presidenta de EEUU a menos que y hasta que la cultura norteamericana logre salir de esta ratonera.

3. El Trump popular

Un “populista” por definición es alguien cuyas simpatías políticas descansan en los ciudadanos no pertenecientes a la elite y en los marginados[2]. Trump ha anunciado, más bien peculiarmente: “¡Amo a los poco educados![3]” ¿Es esto suficiente para establecer que es populista?

En realidad, no. Alguien cuyas residencias se conocen por sus amoblados bañados en oro no es populista; alguien cuyos compañeros (parece no tener amigos vivos) son plutócratas no es un populista; alguien que nombra solamente multimillonarios para puestos de gabinete no es un populista. Así que el análisis de los comentaristas sobre Trump como un “populista” que se enfrenta a las “elites” (como ellos mismos) con el apoyo de la gente “común” está basado solamente en a) él dice que hace eso mismo y b) usa una gorra de béisbol. El hecho de que alguien hable sin corrección gramatical (“no pretenciosamente”) y en fragmentos de oración no lo hace un populista; el hecho de que las declaraciones de alguien consistan fundamentalmente en superlativos auto-engrandecedores e insultos de jardín de infantes lo convierte en un narcisista, no un populista. El uso frecuente de la tercera persona por Trump (“Si a Putin le cae bien Trump, lo considero una ventaja) no es el lenguaje de un populista sino de un ególatra.

Entonces Trump no es un populista, o un “nadista”. Los populistas, como todos los demás políticos, deben tener algún tipo de creencias básicas. Para ser un -ista, necesitas un -ismo, y los -ismos radican en la semántica. Trump no cree más en eso del “poder para el pueblo” que yo en el Hada de los Dientes. (Tampoco cree en “Nada de poder para el pueblo”; simplemente no tiene creencias).

Si hay algo menos útil que escuchar a Trump mismo, es escuchar a los comentaristas e intelectuales públicos hablar sobre Trump. Más perturbante es su desesperación por quedar bien con él, de forma que pueda tener más flexibilidad para una entrevista o para poder invitarlo a sus encuentros. Sus reuniones con miembros de la elite en la Trump Tower no fueron nada lejano a lo repugnante y en particular despreciable fue la prisa con la que todos ellos se escabulleron dentro del edificio hacia la reunión, sin ningún tipo de respetabilidad. La velocidad con la que tantos pensadores prominentes se enfrentaron a Clniton y acercaron a Trump, el hombre del pueblo (por ejemplo Mark Lila 2016, a través de Cohen 2016). es demasiado decepcionante. Su desprecio, à la Trump, por las “políticas de la identidad” como se manifiesta por ejemplo en la “sobrevalorada” Meryl Streep demuestra sus verdaderos colores y da cuenta de su deslucida crítica a Trump y su deslucido apoyo (si hubo alguno) a Clinton. (Y les permite olvidar el hecho de que los hombres blancos siempre fueron parte de las “políticas de la identidad” ellos mismos).

4. La muerte de la Verdad

Desde que Trump obtuvo reconocimiento público, se ha producido un nivel sorprendente de esfuerzos interpretativos por sus tweets y demás declaraciones. Para algunos comentaristas Trump funciona como un poco confiable Oráculo de Delfos: para ellos tiene que haber algún meollo de significado cuyo valor de verdad puede ser discernido por el analista. ¿Pero cómo encontrarlo? ¿Y por qué cada intento-de-analista inventa un Trump distinto y una verdad distinta (si es que hay alguna)? Muchos intérpretes del fenómeno Trump parecen incapaces de aceptar la realidad: los Estados Unidos han instalado a un presidente que no tiene “significado”. Su gramática no contiene un componente semántico que relacione formas lingüísticas con referentes extra-lingüísticos. Él da brincos de forma ágil sobre la semántica, yendo directo desde una tortuosa sintaxis a una pragmática objetable. No está interesado en que su discurso tenga sentido, o en discernir sobre la verdad (semántica); su única preocupación es cómo ganar amigos y personas influyentes (pragmática).

Es así que Trump no puede considerarse un “mentiroso”, aunque regularmente diga cosas que son demostrablemente falsas. Para que constituya una mentira, una proposición debe: (1) ser demostrablemente falsa; (2) que el emisor sea consciente de que es falsa; (3) que sea contada para que el emisor obtenga alguna ventaja. En el caso de la falsedad de Trump, (1) y (3) son ciertamente evidentes, pero (2) es más problemática. No es solamente que Trump no sabe cuándo está diciendo la verdad y cuándo una mentira; va más allá de eso: porque la gramática de Trump carece de un componente semántico, es incapaz de siquiera imaginar una distinción entre la verdad y la falsedad; esos conceptos, y la distinción entre ellos que es intrínseca a casi cualquier interacción humana, están simplemente ausentes en Trump. Esta no es una característica atractiva para nadie, pero menos para alguien que ostenta poder. Pero es el peor de los casos si hablamos del presidente de la nación más poderosa de la Tierra. Negociar con un personaje como tal va a ser un juego muy peligroso. En lugar de sentir la necesidad de justificar sus posicionamientos con planes y evidencia, lo único que preocupa a Trump en sus comunicaciones públicas es si la gente lo quiere o no: está desesperado por gustar, y por eso es que es presidente. Por el mismo motivo existe su fijación con sus números y tamaños. Son lo más cercano que él tiene a un significado; constituyen su sentido e identidad, su semántica. Por eso se agita, amenazante y abusivo, cuando esos números no dan resultados positivos. Así vemos, de forma bastante perturbadora, en la última conferencia de prensa de Trump y Theresa May, a Trump débilmente apoyando (verbalmente ) por completo a la OTAN, la cual durante su campaña había jurado abolir. Pero en esta discusión claramente quería quedar bien con May y dijo lo que ella claramente quería escuchar. No hay forma de saber cuál de las dos posiciones diametralmente opuestas es la que le gusta a Trump. La respuesta: ninguna.

Si Trump fuera un mero mentiroso, daría “señales” del tipo descritas por Ekman, 1985: “microexpreiones” que delatan un miedo del que habla a ser descubierto. Trump nunca teme que lo descubran, porque no tiene noción de que esté declarando algo por lo que puedan descubrirlo. La mayoría de las personas que mienten emiten unas sutiles pistas: bajan su voz, levantan sus ojos o miran hacia otro lado, se sonrojan, se avergüenzan, por ejemplo. Pero cuando Trump falta a la verdad, fanfarronea, sube su voz, observa directamente a su interlocutor. Incluso cuando se lo confronta con el hecho de que no está diciendo la verdad, no da ninguna señal de disconformidad y no hace ningún esfuerzo por reconciliar lo que acaba de decir con la “verdad” que acaba de serle ofrecida; nunca dice “me expresé mal” o “debes  haberme malinterpretado”, aquellas útiles frases hechas para los mentirosos atrapados en el hecho. Él solamente sonríe con desdén como la Mona Lisa: las comisuras de los labios hacia arriba, la boca cerrada y una mirada de una gran autosatisfacción.

Si Trump fuera meramente un mentiroso habitual, sería menos peligroso: los mentirosos casi inevitablemente ven su salida en algún momento; se delatan a sí mismos tan claramente que hasta sus seguidores más fervorosos desertan. Pero la gente como Trump, que simplemente abren la boca y dicen cualquier cosa, en ese momento, para su audiencia, es le most juste, no puede ser desacreditado, o avergonzado, o forzado a retractarse. Y mientras para sus seguidores Trump parezca estar diciendo lo que debe ser dicho o diciendo las cosas como son -los suyos son acompañamientos no verbales para la verdad-. él estará seguro en su oficina.

La democracia funcional se apoya en la confianza mutua entre los gobernantes y gobernados, como se explica en el preámbulo de la Constitución de los Estados Unidos[4]. Alguien cuya autenticidad no está disponible siquiera para cuestionarla destruye la confianza en todos los niveles. La democracia estadounidense ha sobrevivido  a muchos desafíos a lo largo de su curso de existencia, pero la situación actual genera nuevas preocupaciones.

Una es esta: en el pasado, cuando los presidentes parecían prestos a excederse en sus prerrogativas constitucionales, existían pesos y contrapesos constitucionalmente instituidos para contener sus ambiciones. El Congreso podía rehusarse a aprobar leyes excesivas; en el peor de los casos, podían enjuiciar al presidente. La Corte Suprema podía declarar inconstitucionales las leyes que un Jefe del Ejecutivo sin control quería imponer.

Pero ahora esas protecciones se han erosionado al punto de que dejar de existir. La Casa de los Representantes es abrumadoramente republicana y parece probable que permanezca de esa forma en el futuro cercano. El Senado es republicano pero con una mayoría más estrecha, aunque ese partido aún puede controlar la legislación. Lo que es peor, muchos de los republicanos que sirven al Congreso son de ultraderecha, y van a apoyar a un presidente Republicano sin importar qué haga. La Corte Suprema, cuyo número de miembros habitual es nueve, actualmente tiene solo ocho[5]. Trump ha nominado a un conservador, con su aprobación en el Senado virtualmente asegurada; durante el mandato de Trump al menos dos de los miembros liberales de la Corte, ambos de más de ochenta años, es probable que renuncien. Cuatro de los demás miembros de la Corte son acérrimos conservadores.

5.¿Qué quieren los seguidores de Trump?

Como cada discurso, incluyendo el voto, es construido cooperativamente, tiene sentido preguntar ¿qué ven los seguidores de Trump en él? ¿Por qué votantes de clase trabajadora votaron por él, a pesar de su plétora de características no presidenciales? ¿Por qué lo vieron como uno de ellos, pese a sus mansiones y canchas de golf?

Bueno, le dijeron a los encuestadores que él les conseguiría trabajo, les devolvería la dignidad, él podría MAKE AMERICA GREAT AGAIN[6]. Les devolvería un antiguo Edén, una Edad Dorada.

Muchas culturas tienen una antigua Edad de Oro dentro de sus mitos, y EEUU tiene más de una: está la historia bíblica del Edén, y está nuestra épica fundacional, en la que George Washington nunca dijo una mentira, Lincoln luchó en la Guerra Civil para liberar a los esclavos, y que éramos y seguimos siendo una unión perfecta. La Edad de Oro más reciente de EEUU se localiza nebulosamente alrededor de los 50’, luego de la guerra que hizo de los EEUU el líder del mundo libre, y antes de los disturbios de los 60’, cuando las leyes cambiaron para permitir que no solo los hombres blancos pudieran aprovechar las cosas buenas que el país ofrecía: educación, trabajo, poder, estatus. Esa fue la serpiente en el Edén de los votantes de Trump. Por ese breve momento resplandeciente entre 1945 y 1973, los Estados Unidos eran Grandes para los votantes de Trump[7]. Para hacer a los EEUU grandes otra vez, los resultados de los movimientos de Derechos Civiles y Mujeres debían ser retrotraidos.

El slogan mismo es un mensaje codificado, reconocido por los seguidores de Trump pero no tanto (explícitamente) por los analistas de los medios y la intelligentsia: devolver a EEUU a cuando los hombres blancos podían contar con llevarse toda la torta, no solo una parte considerable de ella.

En aquel entonces, los hombres blancos, nativos y heterosexuales podían hablar y actuar justo como Trump hizo en 2016: podían ser homofóbicos, xenófobos y misóginos como cuando EEUU lo era cuando era Grande. Lo que para sus oponentes parecía vergonzosamente antediluviano era para sus fervientes seguidores evidencia de su voluntad de llevarnos de nuevo a aquella Edad Dorada. Trump “dijo las cosas como son” porque hablaba como hablan en Mad Men y como George Wallace (el virulento segregacionista que gobernó Alabama durante la mayor parte de los 60s). La gente no votó por él (como la apologética intelligentsia quiso proponer) a pesar de su comportamiento vil y sus declaraciones, sino por eso.

6. Trumpty Dumpty

““But ‘glory’ doesn’t mean a ‘nice knock-down argument,’ “ Alice objected.

“When I use a word,” Humpty Dumpty said, in rather a scornful tone, “it means just what I choose it to mean – neither more nor less.”

“The question is,” said Alice, “whether you can make words mean so many different things.”

“The question is,” said Humpty Dumpty, “which is to be master – that’s all.”

(Carroll 1871, Capítulo VI) [8].

Como una excusa para el asalto de Humpty Dumpty al significado, es útil recordar su situación: es un huevo grande posado incómodamente sobre una angosta y alta pared, y ha recibido la profecía de una “gran caída”: Entonces intenta (como Edipo) escapar a su destino, en su caso haciendo del lenguaje la realidad en lugar de la realidad en sí misma: un cambio en la función de la semántica. Es posible sentir pena por el huevo grande en su aprieto.

Es más difícil sentirla por Trump, cuando se comporta de forma similar. Durante la campaña, repetidamente utilizó la palabra “sarcástico” para describir una declaración suya cuando un entrevistador señalaba que tenía un significado antiético. Por ejemplo, el 12 de agosto declaró -muchas veces- que Barack Obama había “fundado ISIS”.

Cuando el absurdo de la acusación se le señaló, en lugar de disculparse, dijo que estaba siendo “sarcástico”.

Puede haber estado siendo muchas cosas, pero en el sentido normal de sarcasmo (“1. una aguda y a menudo satírica o irónica declaración diseñada para herir o generar dolor; 2. una forma de ingenio satírico que depende para su efecto de un lenguaje amargo, mordaz y a menudo irónico que está usualmente dirigido en contra de un individuo”, de acuerdo al Merriam-Webster Dictionary), sarcástico no era lo que estaba siendo. El uso de ese término arroja la responsabilidad de la mala interpretación al oyente/entrevistador: “¿Ustedes no entienden el sarcasmo? ¡Qué estúpido de su parte!”

Más recientemente, usó “militar” en un sentido peculiar, llamando a las deportaciones forzadas un “ejercicio militar”: cuando surgió la incredulidad (¿se refería a que quería hacer ingresar al Ejército?), su secretario de prensa, Sean Spicer, tuvo que retractarse, diciendo “El presidente   estaba usando esa palabra como adjetivo. El presidente estaba claramente describiendo la manera en que se estaban realizando”.

Pero mientras “militar”puede ser usado como adjetivo (“estrategia militar”, “operaciones militares”), no puede ser usado metafóricamente, como diciendo “preciso”.

7.Pseudoverdad y Consecuencia

Los humanos creen en la antítesis: verdad vs mentira. Entendemos que la última es peligrosa y en la mayoría de los casos intolerable en una especie social cuya existencia continuada depende de la confianza mutua. Así es que el uso de “mentiroso” puede ser peligroso. Pero esa clara dicotomía no existe más. En tiempos recientes el discurso público norteamericano ha evolucionado hacia algo más parecido a un continuum o espectro, obstaculizando una dinstinción clara:

Mentira… “hecho alternativo”… fake news… posverdad… pseudoverdad… verdad/hecho/realidad

El “hecho alternativo” fue ofrecido por la recientemente instalada asesora de Trump en la Casa Blanca Kellyanne Conway el 22 de enero de 2017, cuando discutía sobre el tamaño de la audiencia del Discurso Inaugural de Trump. Fue agudamente cuestionada por Chuck Todd[9], el entrevistador, pero no pareció alterada en absoluto. “Fake news”, un término de uso común al menos desde el día de la elección, se refiere a historias encontradas en la web que se presentan como y usan el formato de noticias genuinas pero que son ficciones deliberadamente manufacturadas (un ejemplo es la historia de que una pizzería en Washington funcionaba como el centro del negocio de prostitución infantil de HIllary Clinton). Recientemente, el equipo Trump ha comenzado a usar “fake news” como un sinónimo de “lo que se reporta en la prensa que no alt-right”, un intento de cambio de significado como el de los ejemplos de las sección 6 arriba. “Posverdad” es definida en el Diccionario de Oxford, que la eligió como la palabra del año 2016, como declaraciones “relacionadas con o que denotan circunstancias en las que hechos objetivos son menos influyentes en el moldeo de la opinión pública que las apelaciones a las emociones y creencias personales”.

Justo como “posrracial” fue (sinceramente, si no también optimistamente) creada en la posteridad a la elección de Barack Obama para describir unos EEUU en los que un hombre negro podía ser elegido presidente, un discurso nacional de la “posverdad” es definido (cínicamente) como uno en el que la “truhiness”  (“pseudoverdad”) (una palabra creada y definida irónicamente por Stephen Colbert), es definida por Merriam Webster (y elegida palabra del año en 2006) como, “La cualidad de preferir conceptos o hechos que uno desea que sean ciertos, por sobre conceptos o hechos probadamente verdaderos”, muy en competencia con “verdad” como lo que uno hace cuando no está abiertamente “mintiendo”.

El set completo, por supuesto, debe tomar lugar junto a términos más antiguos como “prevaricación” y “equivocación”, también diseñados para proveer un puente semántico entre “verdad” y “mentira”; y nuevos como “negación plausible”, que describe formas de evitar rendición de cuentas.

El propio hecho de que no hay un acuerdo universal sobre la existencia de formas ilegítimas de construir un argumento le da legitimidad a Trump y sus seguidores; se hace más difícil controlarlos y justifica todo tipo de deslices, verbales y de cualquier tipo. Si hay una palabra para ello, debe ser legítimo.

Cuando un hombre poderosos tiene una fe en su propia virtud e inteligencia que es tan injustificada como absoluta, un temperamento rápido y petulante,y un dedo (corto como sea) en el botón nuclear, hay razón para estar intranquilo. Cuando aquellos que hablan de él y escuchan de él diariamente y tienen que decidir qué pensar de él no pueden tener la confianza para determinar si está diciendo la verdad o algo distinto, hay razón para estar verdaderamente asustado.

8. Entonces…

This is the way the world ends

This is the way the world ends

This is the way the world ends

Not with a bang but a tweet [10]


Bibliografía

  • Carroll, Lewis. 1871. Through the Looking-Glass, Chapter VI. New York: Penguin Signet.
  • Cohen, Roger. 2017. “Streep vs. Trump for America.” The New York Times, January 10, 2017.
  • Ekman, Paul, and Wallace Friesen. 1985. “The repertoire of nonverbal behavior: Categories, origins, usage, and coding.” Semiotica 1:1 (January 1969).
  • Ekman, Paul. 1985. “Lying and nonverbal behavior: Theoretical issues and new findings.” Journal of nonverbal behavior 12(3), Fall 1985: 163-175.
  •  Eliot, T. S. 1925. “The Hollow Men.” Poems 1909-1925. London: Faber & Gwyer.
  • Lakoff, Robin Tolmach. 2000. The Language War. Berkeley: The University of California Press.
  • Lilla, Mark. 2016. “The End of Identity Liberalism.” The New York Times, November 18 ,2016.
  • Mudde, Cas. 2016. “Europe’s Populist Surge: A Long Time in the Making.” Foreign Affairs.
  • Pelinka, Anton. 2013. “Right-Wing Populism: Concept and Typology.” In: Ruth Wodak, Majid Khosravni, and Brigitte Mrai (eds.), Right-Wing Populism in Europe. London: Bloomsbury, 2013.
  •  Wodak, Ruth. 2015. “Right-Wing Populism is Surging on Both Sides of the Atlantic.” The Conversation, November 25, 2015.
  • Zito, Salena. 2016. “Taking Trump Seriously, But Not Literally.” The Atlantic, September 23, 2016.

Notas

[1]Un ilustrador favorito  (Ekman and Friesen 1969) es uno en el que el que habla eleva ambas manos verticalmente, hace un círculo con sus pulgares e índices y enrieda sus otros dedos sobre ellos. Esto sugiere delicadeza, una cualidad feminina.

[2]  Aun con las numerosas definiciones y análisis recientes y más sofisticados del populismo (ejemplo . Mudde 2016, Pelinka 2013, y Wodak 2015), la definición que uso es la adoptada universalmente por el comentariado en sus análisis de Trump.

[3] En el sentido de asistencia a la educación superior.

[4] “Nosotros el pueblo de los Estados Unidos, con el objetivo de formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, asegurar la Tranquilidad doméstica, proveer para la defensa en común, promover el Bienestar General, y asegurar las Bendiciones de la Libertad para nosotros y nuestra Posteridad, ordenamos y establecemos esta Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica”.

[5] Esto se debe a la muerte de la Jueza Antonin Scalia el año pasado, y a la negativa del Congreso controlado por republicanos de considerar al nominado por el presidente Obama, Merrick Garland.

[6] Hacer nuevamente grande a los EEUU.

[7] 1973 fue el año del fallo Roe v. Wade en el que la Suprema Corte legalizó el aborto.

[8] “Pero ‘la gloria’ no significa un ‘lindo argumento definitivo’”, objetó Alicia.

“Cuando yo uso una palabra”, dijo Humpty Dumpty, en un tono más bien desdeñoso, “significa justo lo que yo elijo que signifique- ni más ni menos”.

“La cuestión es”, dijo Alicia, “si puedes hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes”.

“La cuestión es”, dijo Humpty Dumpty, “quién ha de ser el amo- eso es todo”.


[9] El moderador del Encuentro con la Prensa y antiguo conductor de NBC News.

[10] Esta es la forma en que se termina el mundo

Esta es la forma en que se termina el mundo

Esta es la forma en que se termina el mundo

No con un disparo sino con un tweet.


George Lakoff: Una propuesta modesta: #ProtejamosLaVerdad

Fuente:https://georgelakoff.com/2018/01/13/a-modest-proposal-protectthetruth/

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Podés ayudarlo si repetís sus palabras y sus mentiras. Podés ayudarlo prestándole demasiada atención a sus payasadas.

O podemos trabajar juntos para redirigir la energía, contraatacar en lugar de reaccionar y reenmarcar la conversación.

Aquí una forma de hacerlo: en lugar de discutir directamente contra él o perder tiempo refutando sus ataques, ignoremos sus payasadas y creemos un argumento positivo, proactivo. Mientras embiste a la prensa libre, usemos nuestras voces para honrar el trabajo esencial que los reporteros están haciendo en estos tiempos peligrosos. Tengamos una conversación sobre por qué la prensa libre es más crucial que nunca.

Los reporteros son los guardianes de la libertad. Su trabajo es la búsqueda de la verdad. Podemos no estar de acuerdo con ellos de vez en cuando. Podemos desear que algunos de ellos hagan un mejor trabajo. Pero la prensa es un pilar de una sociedad libre. La democracia se cae sin ella.

Es por eso que los líderes autoritarios siempre atacan al periodismo. Buscan negar la verdad y distraernos de ella, y esto requiere desautorizar a quienes la cuentan. Los regímenes corruptos siempre buscan reemplazar la verdad con mentiras que incrementan y preservan su poder. La Era Digital hace esto más fácil que nunca.

La información viaja rápido, pero aquello es un arma de doble filo. Es positivo cuando una historia verdadera viaja alrededor del mundo al instante y resulta en una movida inspiradora. Pero vivimos en una época en la que la información se convirtió en un arma, donde memes malvados y narrativas falsas de origen dudoso también pueden viajar lejos.

Estas pueden ser peligrosas cuando se las repite millones de veces. Como escribí en 2004 en mi libro No pienses en un Elefante, la repetición refuerza la sinapsis en los circuitos neuronales que las personas usan para pensar. Primero, la repetición fortalece la sinapsis en los circuitos del cerebro. En segundo lugar, “enmarcar primero” provee una ventaja. En tercer lugar, negar el marco diciendo que no es verdad activa y fortalece el marco. Es así como funciona nuestro cerebro.

Desafortunadamente, muchas personas inteligentes -incluyendo demócratas y periodistas- ignoran los descubrimientos de las ciencias cognitivas y neurociencias. Depositan su fe en la antigua idea de la Razón Iluminista, que se retrotrae a 1650. Como resultado, no comprenden los marcos, a menudo implícitos, las metáforas y las narrativas que estructuran las verdades moralmente importantes. Creen, equivocadamente, que los simples hechos y la lógica por sí solos ganan los debates morales.

No puede decirse lo mismo de los ejércitos de trolls profesionales acechando al otro lado de la pantalla de nuestras computadoras. Un estudio reciente de las estrategias utilizadas por trolls rusos y terroristas descubrió que tienen un fuerte entendimiento de neurociencia básica.

De acuerdo con el experto en guerras cibernéticas Haroon Ullah: “Los estudios recientes sobre los modelos de propaganda rusos y del Estado Islámico, así como entrevistas con desertores, descubrieron que : 1) la gente tiende a creer algo cuando es repetido; 2) Los seguidores de Rusia y del EI adquieren ventaja cuando consiguen la primera impresión y 3) las refutaciones subsecuentes pueden incluso funcionar para reforzar la desinformación original, en lugar de disiparla”. ¿Les suena familiar?

Aun así existe una forma de derrotar la estrategia de los trolls: “la clave es dirigir una oleada de mensajes proactivos,  rigurosos a la audiencia específica”. En otras palabras, reenmarcar para desautorizar el marco opositor, y repetir. #ProtejamosLaVerdad. 

Entonces cuando el presidente ataque a la prensa el miércoles, no mordamos el anzuelo. En su lugar, enfoquémonos en la verdad y el contexto moral. La verdad está bajo ataque. Protejamosla, y expresemos nuestro aprecio por aquellos valientes periodistas cuyo trabajo es darle luz.

Algunas reglas básicas:

  • No usemos ninguno de sus términos, imágenes o hashtags.
  • Ignoremos sus payasadas -si lo retuiteas no lo puedes derrotar-. Neguemos la viralidad que ansía. Ignoremos sus payasadas.
  • Cambiemos el marco para enfocarnos en el periodismo honesto, poderoso.

Excelentes ejemplos incluyen la heróica serie de Mother Jones “La Conexión Rusa” con su revolucionario enfoque en los vínculos extranjeros que pueden derrocar a una presidencia; El ojo de acero de Rachel Maddow con el foco en la culpabilidad del Partido Republicano en este desastre y la necesidad de hacerlos rendir cuentas; y la dedicación de Mark Hertsgaard para cubrir la crisis climática mientras expone a quienes se benefician de ella.

Y no nos olvidemos de la impresionante competencia entre el New York Times y el Washington Post – una carrera para hacer el mejor trabajo y decir más verdades.

Reconozcamos a los reporteros, editores y medios -incluyendo a las publicaciones locales y estatales- que hacen un trabajo importante que afecta TU vida. Lean sus historias. Digan por qué son importantes.¡Agradezcan a aquellos que se ganan la vida diciendo la verdad!

Esto se trata de más que Twitter. Esto es sobre ideas y lenguajes en nuestra política, y quién los controla. Esto es más que un presidente -es sobre el Partido Republicano y los autoritarios del mundo que buscan destruir la verdad y atacar el bien común.

Es tiempo de reclamar nuestro poder y reenmarcar el debate. Para empezar. ignoremos el ataque ceremonial de la próxima semana a la prensa y en su lugar #ProtejamosLaVerdad.


George Lakoff: El poder de la Persistencia Positiva. Estrategias para convertir ataques negativos de los Republicanos en progreso para los estadounidenses

Fuente:https://georgelakoff.com/2018/01/17/the-power-of-positive-persistence/

Como si fuera algún dictador extranjero, el republicano de la Casa Blanca lanzará un ataque planificado a la prensa libre en el día de hoy. Pero ha llevado a cabo una campaña contra la verdad desde el Día Uno.

Es alarmante porque los presidentes no actúan de esta forma. Los dictadores sí. Y hay evidencia que sugiere que los constantes ataques del presidente a los medios de comunicación han motivado a dictadores en otros países a continuar la represión a periodistas.

En un post previo, presenté una idea para desautorizar creativamente este ataque planificado a la prensa libre. La idea principal: hacer lo opuesto a lo que el presidente quiere. Eso es: expresar nuestro apoyo al buen periodismo y los grandes reporteros sin aceptar el marco de su ceremonia ficticia. Derrotarlo celebrando las historias honestas y poderosas que pueden derribar esta corrupta presidencia. Privarlo del poder de enfocar la atención en sus mensajes.

Esa es una idea. Pero el concepto general es más importante que cualquier táctica específica. Se trata de enmarcar, y nuestra necesidad de obtener un mejor conocimiento de cómo funcionan los marcos en la política y los medios.

El marco se trata de reclamar nuestro poder para decidir qué es importante. Enmarcar es asegurarse de que NOSOTROS dispongamos los términos del debate, usando nuestro lenguaje y nuestras ideas. Los conservadores han derrotado a los progresistas en este aspecto durante décadas. Es tiempo de un cambio.

Volviendo a hoy: inspiremos una campaña para que #ProtejamosLaVerdad. Necesitamos una estrategia a largo plazo para obtener una persistencia positiva. La persistencia positiva vence a la resistencia negativa. Y aun cuando las palabras importan, las acciones prevalecen.

Hay lugar para las respuestas violentas. Es humano. Pero necesitamos la acción estratégica para asegurarnos que cada día que pase sea un combustible para la acción positiva hacia el progreso.

Debemos evitar el error de la elección 2016, cuando muchos pensaron que las payasadas de Trump lo derrotarían naturalmente. No lo hicieron.

Entonces si este consistente ataque a la verdad ofende tu noción de lo que significa ser norteamericano, aquí hay algunas ideas sobre cómo convertir las acciones negativas del presidente republicano en un progreso hacia la verdad, la libertad y la democracia:

  • Suscribirse. Así sea tu periódico local o una publicación nacional, ¡SUSCRIBITE! Demuestra que valoras el periodismo honesto y que pagarías por él. Conviértete en un seguidor de una radio pública o un medio independiente.
  • Financiemos la victoria. Si todos diéramos 50 centavos a candidatos Randy Bryce, Katie Hill, and Andrew Janze cada vez que Trump tuitea, tendríamos más que una #BlueWave2018. Tendríamos un tsunami. ¡Financiemos la VIctoria! Elige un candidato en esta carrera tan dura. ¡Aporta 50 centavos por victoria!
  • Apoya al CPJ: los periodistas alrededor del mundo viven bajo amenaza diaria de parte de dictadores, criminales y regímenes corruptos. El Committee to Protect Journalists los apoya. ¡Síganlos, financiémoslos y ayudemos!
  • Hablemos con la gente. Apaguemos  la computadora y el teléfono y HABLEMOS con la gente -tus amigos, tu familia, tus vecinos- sobre lo que está pasando en nuestro país ahora mismo. Asegurate de que presten atención y de que voten en Noviembre.

#ProtejamosLaVerdad


Robin Lakoff: Más discurso

Fuente: https://blogs.berkeley.edu/2017/02/03/more-speech/

No le he dedicado mucho tiempo al discurso de la extrema derecha (por ejemplo Steve Bannon y Milo Yiannopoulos). Pero sus declaraciones me parecen tan infantiles como antisociales: infantiles, porque sus exabruptos son variantes del “yo, yo, mío” de un niño de tres años; antisociales porque su noción de humanidad excluye a casi todos los que no sean blancos, hombres, cristianos, heterosexuales y nacidos en Estados Unidos. Sin embargo, creo que tanto los manifestantes como la administración de la universidad.deberían haber permitido que  Milo Yiannopoulos hablara en Berkeley el primero de febrero, 

Estoy en perfecto acuerdo con los manifestantes sobre que lo que tiene para decir Yiannopoulos es trivial, dañino y sobre todo estúpido. El suyo es un nivel de discurso que está fuera de lugar en una universidad seria, inimaginable en un aula o cualquier otro lugar diseñado para enseñar y aprender. Da un mal ejemplo para el tipo de discurso civilizado que una universidad espera inculcar en sus estudiantes. Y sin embargo, hubiera deseado que se le permitiera  hablar. ¿Por qué?

Mis comentarios se dirigen tanto a los manifestantes, que quisieron detener la charla, como a los administradores que la cancelaron. Espero que en el futuro (estoy segura de que este problema volverá a ocurrir muchas veces durante los próximos años) incluso a un orador tan indigno como Yiannopoulos se le permita hablar. Y sostengo esto por diversas razones.

Primero,  al evitar que cualquier orador hable, los manifestantes deben ser conscientes de que sus actos, aunque superficialmente exitosos, son propensos a tener consecuencias negativas inintencionadas. El objetivo debería ser cambiar opiniones, no prevenir que las personas se encuentren con ideas, por nocivas o sin sentido que sean. El objetivo debería ser incentivar a otros, particularmente a quienes no están comprometidos, a escuchar un discurso críticamente y a usar su conocimiento para proporcionar municiones contra esas opiniones nocivas. Simplemente prohibir a un orador puede generar el inintencionado efecto de crear simpatías por sus opiniones. Ya hemos visto al Presidente hacer un uso ilegítimo de los eventos de la noche del miércoles para argumentar en favor de la destrucción de la universidad, algo que sin duda le gustaría hacer por muchas razones. Pero el caos y la destrucción que las personas vieron en los noticieros probablemente acercó a más personas a Trump y Yannopoulos que las que ganaron para el otro lado.

Por ende, manifestar que un orador no debe hablar es malo por al menos dos razones: primero, porque es poco probable que persuada a los poco comprometidos; y segundo, ayuda y colabora con las personas por las que surge la protesta.

Una razón aún más importante para dejar a tales oradores hablar es que el lugar de la charla era una gran universidad pública. En un lugar así, incluso el discurso vil debería permitirse, nuevamente por varias razones. Por un lado, la universidad, más que cualquier otra institución, se trata de discurso, en sus muchas formas: clases, discusiones, lectura, escritura y conversación. Los estudiantes vienen aquí para aprender cómo ser mejores creadores y usuarios del lenguaje en sus muchas formas, a aprender a evaluar el lenguaje, y a adquirir el conocimiento y la sofisticación para diferenciar lo bueno de lo malo, lo que llamamos “pensamiento crítico”. Entonces, en una universidad es esencial permitirle a los estudiantes encontrarse con malos discursos como con los buenos, para darles algo con que practicar en un entorno de apoyo intelectual.

Además, cuando los administradores cancelan una charla, o los manifestantes la cierran, pueden enviar inintencionadamente un mensaje negativo: ustedes no son lo suficientemente inteligentes como para saber que este discurso es malo; nosotros debemos protegerlos y asegurarnos de que no los corrompa. Pero ese mensaje es del peor tipo que puede enviársele a los estudiantes, quienes, primero, son lo suficientemente inteligentes para estar en una gran universidad; y segundo, que están allí para aprender a lidiar con ese tipo de discursos.

Reddit, Twitter, Facebook y otras redes sociales han tomado una decisión diferente: han expulsado fuera de sus sitios a quienes hacen un mal uso del lenguaje. Creo que estos medios de comunicación tienen un argumento más razonable para hacerlo que la universidad, dado que su función es el entretenimiento, no educar.

Cuando la universidad se enfrenta a un orador controversial, debe usar la charla como un “momento pedagógico”. Publicitar ampliamente; animar a los estudiantes a asistir. Al frente del edificio donde se llevará a cabo, se debe alentar a pequeños grupos de manifestantes a que repartan folletos informativos con sitios web (y referencias a materiales de lectura) a los que la audiencia pueda acceder para información más confiable. Planear, con mucha anticipación, el uso de aquella antigua tradición, los grupos de discusión universitarios. Muchos deben ser programados, algunos antes de la charla y otros después, donde miembros de la comunidad universitaria puedan llevar sus preguntas y argumentos, y explorar pacífica y civilizadamente lo dicho. Los expertos de la facultad, graduados y miembros autorizados de la comunidad deben presentar perspectivas opuestas. A los anarquistas también se les debe ofrecer la oportunidad de presentar sus posiciones con calma y educadamente.

A los académicos reconocidos les gusta decir que el remedio para un mal discurso es más discurso; la luz del sol es el mejor desinfectante. Podría decirse que esto era más cierto cuando había menos acceso a la información; con Internet, es mucho más difícil detener o argumentar contra la propagación de incluso las peores opiniones. Pero más discurso sigue siendo la mejor opción para lidiar con los malos discursos en una democracia.

En poco tiempo, los estudiantes saldrán al mundo, donde continuarán siendo expuestos a todo tipo de discursos. Pero una vez que se gradúen, estarán solos, y deberán tomar sus propias decisiones sobre cómo entender el lenguaje político que seguirán escuchando por el resto de sus vidas. Idealmente, su educación los habrá provisto de las herramientas necesarias. Al darle acceso a los estudiantes a todo tipo de opiniones, incluso a las peligrosas, los inmunizamos a la atracción de las más brillantes mentiras. Y al hacerlo, podríamos inmunizar también a toda la sociedad y crear una democracia más robusta.


Robin Lakoff: Cómo nunca ganar otra elección

Fuente: https://www.huffpost.com/entry/post-election-republicans_b_2146736

Suponga que acaba de ser derrotado en un duro enfrentamiento político. Suponga además que este era uno que, en su corazón, esperaba y sentía que tenía derecho a ganar.

Suponga además, que los más serios analistas le atribuyen su pérdida, en gran medida, a su antagonismo con varios grupos clave de votantes: afroamericanos, mujeres, latinos, jóvenes y no pudientes. Y aún más, muchos de estos grupos probablemente crezcan en número antes de las próximas elecciones.

Suponga que usted es inteligente y previsor, ¿qué haría? Más importante, ¿qué no haría?

La respuesta a esta segunda pregunta es simple: exactamente lo que Mitt Romney y sus colegas republicanos están haciendo: insultar, asustar, menospreciar a los miembros de todos esos grupos (tal como hicieron durante la campaña, pero al menos entonces tenían una excusa). Estuvo el notorio comentario del 47%; el interminable parloteo sobre el “birther”; las declaraciones abiertamente racistas de John Sununu; sugerencias de que los latinos se “autodeporten”; y por supuesto, los comentarios verdaderamente viles sobre Sandra Fluke y la demostrada falta de interés de los republicanos por algunos reclamos de las mujeres tan disparatados como el mismo salario por el mismo trabajo y el derecho a los métodos anticonceptivos. Y mucho más.

¿Por qué los miembros de un partido político antagonizarían repetidamente con potenciales votantes? Una razón: en sus corazones realmente no creen que los miembros de esos grupos sean, o tengan algún derecho a ser, incluidos como participantes activos de la conversación política de este país. Ellos no son nosotros -los protagonistas activos de la conversación- sino ellos, aquellos a los que chistamos y culpamos por todo lo que no nos gusta. Segunda razón: no quieren volver a ganar una elección nunca más. La segunda explicación puede parecer absurda, ¡claro que los partidos quieren ganar! A veces sus estrategias fracasan y pierden. Pero luego descifran lo que hicieron mal y paran de hacerlo. Pero el comportamiento retórico de los republicanos luego de la derrota fuerza esa conclusión.

Al principio, luego de las elecciones, los republicanos parecían ir en una dirección racional. Varios representantes opinaron que sería necesario, a la luz del resultado de las elecciones, “ajustar” su “mensaje”. No creo que esta apreciación fuera realmente satisfactoria: lo que había salido mal con la retórica de la campaña republicana no podía solucionarse con un simple “ajuste”, porque en realidad no se trataba simplemente del “mensaje”. Fue más allá y por debajo del lenguaje, reflejando profundas presuposiciones y estereotipos sobre “ellos” y su rol adecuado en el proceso electoral. La modificación del mensaje podría, en el mejor de los casos, terminar en la creación de nuevos eufemismos para actitudes anticuadas y vergonzosas, códigos que rápidamente podrían romperse.

Así que incluso estas primeras evaluaciones relativamente racionales ofrecen una dudosa estrategia a un partido que quiere ganar en un futuro. Pero el problema empeora. En lugar de seguir con su primer análisis, la corriente retórica de los republicanos de alto nivel sólo puede hacer de su futuro uno peor, mucho peor. Teniendo en cuenta algunos de los recientes ejemplos.

Primero, los senadores John McCain y Lindsey Graham han hecho declaraciones injustificadas y maliciosas sobre la embajadora de la ONU, Susan Rice (quien resulta ser mujer y afroamericana). Entre las muchas difamaciones que hizo sobre la embajadora Rice, McCain comentó que ella no era “muy brillante”. Para empezar, Susan Rice es (entre otras cosas) graduada de Stanford, donde recibió una beca Truman, un premio prestigioso basado parcialmente en calificaciones (requiere un GPA mínimo de 3.6). El Senador McCain, por el contrario, se graduó quinto de abajo para arriba en su clase de la Academia Naval.

Pero ha sido tradicional para los hombres blancos menospreciar tanto a las mujeres como a las personas de color por no ser muy brillantes, sin ninguna evidencia. Por lo que los dichos de McCain pueden haber parecido poco importantes para él y sus colegas. Pero por “normal” que haya sido, es poco probable que reconcilie a las mujeres o a los afroamericanos con la causa republicana.

Segundo, la evaluación Mitt Romney sobre por qué Paul Ryan y él perdieron. Fue, dijo, porque aquellos que no votaron por él fueron seducidos con “regalos” de los Demócratas, una declaración degradante y divisoria. (Una cosa peculiar sobre esto es que parece ignorar el hecho de que, en una democracia, los candidatos siempre hacen promesas a cambio del apoyo. Esto puede no reflejar los más altos estándares de nobleza humana, pero es un hecho que ha sido cierto desde el tiempo de Pericles.)

Suponga que algunos votantes de hecho votaron a los demócratas esperando algo a cambio si ellos ganaban. Pero aun resulta raro que Romney ignore el hecho de que él y su partido también hayan ofrecido regalos a sus seguidores. Por ejemplo: recortes de impuestos para los ricos, desregulación de muchas industrias, el fin del Obamacare, el debilitamiento de la protección ambiental, dar a la Iglesia Católica control sobre decisiones del gobierno. Pero tal vez, de alguna manera, estas no sean consideradas “regalos”, mientras que la disponibilidad de métodos anticonceptivos es un “regalo” para las mujeres jóvenes sobresexualizadas; ser incluídos en el seguro familiar es un “regalo” para los jóvenes; la Dream Act es un “regalo” similar para la comunidad latina. Nuestros “regalos” (creen ellos) son programas legítimos de gobierno; los de ellos son sobornos. Ver el proceso electoral de esta manera unilateral, divisiva y antidemocrática es ser políticamente no sofisticado y peligrosamente naive.

Incluso si están de acuerdo en que la más reciente retórica republicana es mezquina, divisoria y profundamente antidemocrática, algunos argumentarán que los ideales no importan en el duro mundo de la retórica de campañas: no se trata de ideales, se trata de ganar. Pero las efusiones de McCain y Romney son lamentables incluso desde ese punto de vista. La amargura, la estrechez de mente y la arrogancia de los republicanos los hace incapaces de actuar en su propio interés. Prefieren alimentar su resentimiento con supersticiones y prefieren sentirse superiores que ganar. Ganar no es, para ellos, lo único ni lo que más importa. Lo único importante es proteger su antiguo privilegio. Preferirían perder las elecciones a perder el honor.

Érase una vez, cuando las mujeres, los afroamericanos y los latinos no podían votar, era seguro degradarlos e insultarlos para reforzar el ego de quienes podían hacerlo. Ese tiempo ya no existe. Si los republicanos realmente no quieren ganar otra elección, están haciendo exactamente lo que deben hacer para lograr ese deseo.