Renta básica INCONDICIONAL. Su defensa por un estudiante de filosofía

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Por Justo Delgado*

El 2020 dejó varias discusiones sobre la mesa en materia de políticas sociales y económicas. Una de ellas fue la propuesta por una renta básica universal, que fue mencionada en diferentes países. Entre ellos, Argentina. Pero, ¿De qué se está hablando específicamente cuando se habla de este ingreso incondicional?

Tomando la definición de Raventós  es “un ingreso pagado por el estado a cada miembro de pleno derecho de la sociedad o residente, incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre, o dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quién conviva.” (2005, p. 5). En otras palabras, podríamos sintetizar que la propuesta consiste en una transferencia monetaria –no es en especie– de carácter universal –se entrega a todos los miembros de una comunidad política[1]–, pagada ex ante[2], de manera incondicional e individual –no es de carácter familiar–.

Son muchos los argumentos, tanto a favor como en contra de la renta. Sobre este punto, muchas personas, basándose en algunas de ellas, sostienen que las transferencias condicionadas, como los subsidios, son un mejor instrumento para llevar adelante políticas de desarrollo social. Es por eso que esta nota, tomando algunas de las críticas, intenta vislumbrar varias de las múltiples ventajas de la renta básica en comparación al otro tipo de transferencias, a la luz de las nuevas discusiones que esta coyuntura nos invita a pensar.

Es claro que al escuchar sobre ella por primera vez sea percibida como una política muy disruptiva, un blanco de múltiples ataques. Y, a este respecto, una de las principales críticas que se suelen realizar es aquella dirigida contra lo que podríamos considerar la principal característica de esta propuesta (ya que, en efecto, forma parte del nombre), que es la universalidad. Y es debido a su gran alcance que es de mucha utilidad para que, respondiendo y dando objeciones, se pueda analizar el corazón de la renta básica, presentando los puntos más fuertes de la propuesta.

En este sentido, la crítica argumenta que una renta universal no constituye una estrategia eficiente, ya que, por ejemplo, no resulta una buena solución a la pobreza. Debido a eso serían mejores los subsidios condicionados, focalizados hacia los más pobres. Es decir, aquellos con menores ingresos.

Son varios los puntos que quiero marcar en contra de esta postura. En primer lugar, una de las grandes ventajas de la renta básica es que no implica costes burocráticos o administrativos, a diferencia de los subsidios condicionados. Lo que hasta permite ver desde otra perspectiva el problema de la financiación.[3]

Sin embargo, algún defensor de esta objeción podría contrargumentar que el subsidio condicionado sigue siendo superior, debido a que una política social basada en ese tipo de transferencias no fomenta el parasitismo, mientras que la renta básica sí lo hace. Conste que, por “parasitismo” entiendo percibir algún beneficio cuyos costes cargan sobre otra persona (Raventós, 2006). Lisa y llanamente, la crítica apunta a que algunas personas vivirían sin trabajar, explotando a los que sí lo hacen (ya que ellos financiarían la renta).

Para discutir esta postura, siguiendo nuevamente los planteos de Raventós, es importante discutir un concepto básico que subyace a ella, que es el concepto de reciprocidad. Porque, en verdad, es entendido como un principio según el cual una relación es recíproca cuando todas las partes dan lo mismo que reciben. Pero la reciprocidad no es eso. No exige que si, por ejemplo, un amigo me da una galletita, yo le tengo que devolver esa galletita. Es decir, no implica que tengo que dar lo mismo que lo que recibo, sino más bien tener en consideración al otro. En realidad, la reciprocidad depende de un principio de juego limpio, que exige que cada uno haga su parte dentro de la contribución al esquema cooperativo en el que se realiza la producción social. Es decir que, si uno contribuye a dicho esquema, conforme a este principio, no estaría siendo parasitario.

¿Pero, que significa contribuir al esquema cooperativo? Para cooperar, hay que trabajar. Y es acá donde hay que tener en claro qué significa trabajar. Pues, esta crítica toma tomando una concepción reducida del trabajo, que lo equipara al trabajo monetariamente remunerado. Por lo que olvida al trabajo voluntario y al trabajo doméstico, dejando de lado, por ejemplo, a un gran número de mujeres que realizan labores domésticos. Si, en cambio, tomamos al trabajo de acuerdo a estas tres variantes, entonces se sigue que hay diversas maneras de contribuir al producto social, que no son tenidas en cuenta.

En palabras de Raventós, “La implantación de una RB [Renta Básica] garantiza la reciprocidad; su ausencia la impide” (2006, p. 6). De esta manera, se comprende que más que fomentar al parasitismo, la renta básica crea las condiciones para la vigencia efectiva de la libertad política, permitiendo que cada persona contribuya libremente al esquema cooperativo, en cualquier tipo de trabajo, ya sea doméstico, voluntario o de remuneración monetaria. Que alguien no perciba dinero en su actividad no significa que no trabaje.

Incluso si mi argumento no convence, es cuestión de ver las experiencias hasta la fecha. A pesar de no ser infalibles, puesto que todas fueron bastante focalizadas, ninguna demostró que haya una disminución considerable del tiempo de trabajo, en caso de recibir una renta como la que se está proponiendo. A modo de ejemplo, en el experimento de Dauphin (llamado Mincome, el más grande hasta la fecha) “el número total de horas trabajadas se redujo sólo un 1% entre loshombres, un 3% entre las mujeres casadas y un 5% entre las mujeres solteras” (Bregman, 2017, p. 34), durante los cuatro años en los que se llevó a cabo.

Además, hay otro aspecto que no debe ser olvidado. A saber, que la renta básica, a diferencia de las transferencias condicionadas, es una gran herramienta contra las “trampas de pobreza o de desempleo”[4], algo que sí es verdaderamente parasitario.

A partir de lo dicho, podemos ver cuál es una de las grandes ventajas de esta propuesta. Es que, efectivamente, la implementación de una renta básica universal tendría como consecuencia varias ventajas dentro del ámbito del mercado laboral. En primer lugar, incrementaría el pago de trabajos poco valorados. Y, en segundo lugar, significaría un aumento verdaderamente formidable en el poder de negociación de los trabajadores. Puesto que, tal como explica Casassas, los proveería de una opción de salida que permitiría dejar atrás escenarios nocivos e indeseados (2020, p. 101). Y, a su vez, la sola posibilidad de irse, los facultaría para que su voz sea escuchada, al menos en mayor medida. En otras palabras, tendrían la posibilidad de deshacer o recrear sus vínculos sociales. Para poner un ejemplo, la amenaza de despido no tendría el mismo efecto que lo tiene cuando el trabajador está completamente desposeído[5].

El punto de esto es que la renta básica no sólo mejora la situación de los beneficiarios en términos de bienestar (algo que en sí no sería poca cosa), sino que también, por ser un derecho de ciudadanía entregado de forma universal, maximiza, por así decir, el índice de no-dominación de los ciudadanos. Permite que los ciudadanos sean sujetos electores libres, ya que aumenta su poder de negociación. Logra que sean “recíprocamente libres” (Casassas, 2020, pp. 162-163). Lo que significa que no es posible que alguien interfiera en sus decisiones. Dado que la renta básica haría posible la independencia económica.

Por lo que, resulta claro que a los fines de ver todas sus virtudes, es menester analizarla conforme a toda su complejidad, entendiéndola como una herramienta de transformación radical de los vínculos sociales, más que una simple –pero eficiente– estrategia de redistribución del ingreso.

Por ello, es necesario enfatizar la importancia del carácter exante. Es una importante diferencia con los subsidios condicionados, que son expost. Puesto que dichos programas requieren ciertos exámenes de recursos, o incluso controles de conducta, cuyas consecuencias son posibilidades de exclusión.

En esta línea, queda al descubierto que otro aspecto importante a tener en cuenta para comparar a la renta básica con los subsidios condicionados, es que la renta básica no genera valoraciones negativas sobre ciertos grupos sociales. Es decir, no produce estigmatizaciones, mientras que por el contrario, los otros tipos de transferencias si lo hacen. Puesto que, como dije antes, la renta básica no es reductible a un mero dispositivo redistributivo. En rigor, constituye una gran política que engloba también la esfera normativa del reconocimiento. Algo que los subsidios no abarcan, ya que en múltiples ocasiones, generan un estigma sobre el beneficiario, como puede suceder con un caso de desempleo.

En otras palabras, recibir un subsidio muchas veces implica cierta humillación[6]. Al tener acceso a ellos expost, uno debe dar cuenta de su posición, y de por qué necesita tal prestación. Debe someterse a los exámenes mencionados anteriormente. Y, en consecuencia, es producido un estigma que es impuesto sobre aquel que lo recibe, y que por el hecho de ser una valoración social, no puede quitárselo de encima. Eso es lo que sucede con la asignación universal por hijo. Quien percibe la transferencia reconocido como inferior. Por el contrario, la renta básica, al ser universal y exante, no posee tal inconveniente. Todos la reciben y nadie estigmatiza a nadie. En lugar de ello, constituye una forma de generar las condiciones para una mayor igualdad en las relaciones sociales, de forma que se evitan daños psicológicos y morales, como sentirse menospreciado ante la mirada del otro.

No obstante, esto no termina acá. Ya que otra de las grandes ventajas de la Renta Básica, nuevamente en comparación a las asistencias condicionadas –que también va más allá de la redistribución–, es el fuerte impacto que puede tener en la vida de las mujeres. Porque, por un lado, tal como mencionaba anteriormente, una renta de este tipo permitiría visibilizar el trabajo doméstico que es realizado, en su mayoría, por una gran cantidad de amas de casas, y que a pesar de no ser remunerado es de gran importancia en la reproducción social. Y, por el otro lado, sería un gran mecanismo para la redistribución del poder dentro del hogar, que suele estar concentrado mayoritariamente sobre los hombres de los grupos familiares. En este marco, a pesar de no ser una solución absoluta, resultaría ser una buena opción de salida para aquellas mujeres en posición de vulnerabilidad dentro de la esfera privada. Tal como sucedía con los trabajadores, estarían en condiciones de alzar la voz y hasta de poder irse de los ambientes en los que son oprimidas.

Esto muestra la verdadera magnitud de esta política. A diferencia de lo que un simple subsidio puede lograr, la renta básica, por ser universal e individual[7], hasta permitiría lograr varios avances en materia de género. Es otro claro ejemplo de la renta básica como mecanismo que mitiga las formas de dominación.

¿Pero, es posible financiar semejante proyecto? Eso es algo que siembra dudas, por lo que se vuelve necesario atender al problema del financiamiento, que no es parte del objetivo de esta nota, pero que no deja de ser una crítica recurrente en contra de la renta básica.

Resulta que hay múltiples estudios sobre la factibilidad de la renta. A tal efecto, es posible  recurrir a la microsimulación realizada por Raventós para España, en base a un impuesto sobre la renta de las personas físicas(2006), y al reciente informe realizado por la CEPAL, en el que muestran su factibilidad en América Latina (2020), a los fines de poder constatar que la implantación de esta transferencia no es más que una decisión política. Según el estudio de la CEPAL, transferencias monetarias como la renta básica son necesarias para paliar el impacto socioeconómico de la pandemia actual, a los efectos de satisfacer las necesidades y sostener el consumo. Así mismo, el organismo insta a los países a llevar adelante esta medida a partir de una perspectiva de largo plazo, que permita avanzar hacia la implantación de una renta básica universal de forma permanente.

Por supuesto, esto debe ser progresivo, ya que es claro que un proyecto de ese calibre significaría un enorme costo fiscal para los distintos estados. Es por eso que el proyecto debe ir acompañado de ciertas reformas tributarias, que avancen hacia un régimen progresivo de impuestos, como también de ciertas políticas que corrijan la evasión y la elusión fiscal. Sin dejar de tener en cuenta que la renta básica podría utilizar fondos de partidas presupuestarias de diversos programas sociales que ya no existirían y que, a su vez, significaría –como ya fue mencionado– una reducción en los costos burocráticos. Desde este punto de vista, esta medida se vuelve mucho más factible y verosímil.

A raíz de todo lo dicho, es claro que hay buenos argumentos en favor de la renta básica universal. Es preciso concluir que hay muchos motivos para creer que posee una superioridad en comparación a las transferencias condicionadas.

Tal como vimos, podemos apreciar las múltiples ventajas que ofrece en diferentes esferas de la vida social. En efecto, engloba tanto la esfera de la redistribución como la esfera del reconocimiento.

Redefiniendo el derecho de propiedad, garantizaría la independencia material de todos los ciudadanos. En consecuencia, no sólo los dotaría de un ingreso fijo, que sería de gran utilidad para la población de menor ingreso, sino que también mitigaría las formas de dominación en la sociedad. Puesto que “la propuesta de la Renta Básica no se limita a ser una ‘buena receta contra la pobreza’ ” (Raventós, 2005, p. 7). Tal como vimos, aumentaría significativamente el poder de negociación de los trabajadores asalariados, dandoles la posibilidad de ampliar los horizontes en sus planes de vida.

Pero el punto es que, a su vez, una renta básica tendría consecuencias muy positivas en dos ámbitos más. En primer lugar, en cuanto a la independencia económica y la no dominación de las mujeres. Y, en segundo lugar, en tanto que no generaría estigmas sobre ningún grupo social. Ello porque no hay que pensarla solamente en términos de política contra la pobreza, sino como un modo de inclusión social.

2020 fue un año devastador. Dejó heridas que hoy parecen difíciles de curar. Y frente a tal escenario, en medio de las hendijas que producen día a día el neoliberalismo y la presente pandemia en el mundo occidental, es preciso discutir variantes que suturen las fracturas de los cuerpos políticos. Las crisis, por más dolorosas que sean, no dejan de ser puntos de inflexión de los que surgen nuevas oportunidades. Una de ellas es la renta básica universal, que debe afirmarse en las mesas de discusión, para hacer realidad el sueño de un mundo más justo.


Notas

[1] Dependiendo del tipo de presentación y de financiación puede haber variaciones respecto de la edad mínima a la que se perciba el ingreso.

[2] Es decir, “antes del hecho”, lo que convierte a la transferencia en un mecanismo de predistribución(Casassas, 2020). Esto permite que no haya evaluación previa de recursos, como en una transferencia exposta, o sea, “después del hecho”.

[3] En efecto, la simplificación administrativa significaría una gran ventaja en términos de financiación.

[4]Estas ocurren cuando hay ciertos estímulos a no aceptar trabajos remunerados, en pos de seguir recibiendo alguna transferencia, como podría ser un subsidio de desempleo.

[5] Es preciso no ver esto únicamente como propio del plano individual. Ya que se lo puede extrapolar hacia el plano colectivo, en el que los trabajadores, por ejemplo, tienen un resguardo mucho más robusto frente a la posibilidad de huelgas.

[6] Piénsese nuevamente en el ejemplo del subsidio por desempleo. El receptor de la transferencia suele ser visto como alguien en una posición inferior, producto de que sus talentos no sean valorados en el mercado.

[7] La importancia del carácter individual se debe a que, de ser una transferencia orientada a grupos familiares, posiblemente las mujeres verían más restringidas sus capacidades de decisión sobre el uso de la renta. Es decir, habría posibilidad de interferencia, lo que constituiría una forma de dominación.


*Justo Delgado es un joven amigo y colaborador de Sociedad Futura. Estudiante de la carrera de Filosofía (UBA), aprovecha sus estudios y debates para reflexionar sobre la Renta Básica.

Fuente imagen: http://www.redrentabasica.org/rb/la-renta-basica-universal-entre-la-utopia-y-la-realidad/