Reseña de Ciber-Comunismo. Planificación económica, computadoras y democracia, de Paul Cockshott y Maxi Nieto Fernández

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Por Ferran Llistosella Grinyó*

Estamos ante una obra que pretende revivir las tesis más olvidadas del comunismo científico. Nos encontramos ante un ejercicio teórico vastamente detallado de la posibilidad de una planificación económica eficiente y democrática que supere los latigazos periódicos del mercado, sepulte la ley del valor y permita una dirección consciente de la economía por parte de la clase proletaria. Lejos de renunciar a los postulados más críticos de la ortodoxia -planificación, cálculo, trabajo igualmente remunerado, etc.- en pro de un rejuvenecimiento del marxismo en clave de mercado, los autores nos ofrecen una solución puramente ortodoxa con medios y métodos insultantemente modernos. Como reza la cita del inicio (“A los comunistas en el centenario de la Revolución de Octubre), este es, ante todo, un libro para y por los comunistas. Para su vanguardia. 270 sesudas páginas para que la vanguardia del movimiento -si es que aún existe- no olvide que es posible construir el reino de los cielos y que la funesta creencia de que es imposible construir un mundo para y por los proletarios es solo una consecuencia provisional de la reciente victoria del capital. Un centenar de años después del inicio del primer ciclo de la Revolución Proletaria Mundial (RPM), pareciera que los autores pretenden iniciar el segundo ciclo. Esperemos que esté sea mejor, menos épico, más humanista y, sobre todo, más duradero o incluso definitivo.

Paul Cockshott, nacido en Edimburgo, es Doctor en Filosofía por la Universidad de la misma ciudad y licenciado en Economía y Ciencias de la computación. Es, quizás, el mayor experto a nivel mundial en teoría de la planificación económica. Transcurrieron muchos años de absoluta ausencia de pensadores en dicho campo. Estamos convencidos que no fue fácil atravesar el desierto teórico posterior a la caída del muro y que solo ahora se le atisban compañeros que se suman a su tarea pionera. Hemos de celebrar que ahora pueda compartir el camino de la reconstitución junto a otros pensadores con las mismas inquietudes y desde distintas disciplinas. Ciber-comunismo está escrito juntamente con Maxi Nieto, Doctor en Sociología por la Universidad de Alicante y experto en teoría del valor, planificación económica y diseño de fórmulas institucionales no mercantiles. Allin Cottrell, profesor de Economía en la Wake Forest University, se suma al proyecto en los apartados relativos a los argumentos a favor de un nuevo socialismo y en los que se debate contra Hayek, aunque no firme la autoría del libro. Ciber-comunismo está publicado por Trotta, una editorial madrileña especializada en la difusión de textos científico-técnicos de ámbito social que ya nos tiene acostumbrados a grandes obras del pensamiento contemporáneo.  

Algunos autores de izquierdas han propuesto, en las últimas décadas, la reapropiación del mercado por parte de la izquierda. El razonamiento que siguen es el siguiente: el mercado libre es solo una técnica de concurrencia de precios y relaciones mercantiles que puede ser adoptada por la izquierda para la construcción de modelos alternativos que funcionen mediante el mercado pero en los que los medios de producción estén repartidos socialmente. De alguna manera, estos autores -John Roemer, Erik Ollin Wright, Jon Elster, Gerald Cohen, etc.- consideran que el mercado no es consustancial al capitalismo, sino que solo es usado por este en su beneficio, y que la explotación y la dominación son los elementos esenciales que constituyen el capitalismo, muriendo este al ser conculcados. Entendemos este razonamiento perfectamente, pues al fin y al cabo el cierre en falso del ciclo revolucionario que se inició en Octubre de 1917 tuvo como consecuencia un replanteamiento profundo de las tesis con las que se abrió el ciclo. El orden del mercado se impuso como absolutamente necesario cuando occidente pudo comprobar que la URSS era un absoluto desastre económico. Algunos comunistas intelectualmente deshonestos achacaron la caída de las economías planificadas de tipo soviético a razones exógenas al sistema (imperialismo yankee, traición de los líderes, cobardía, etc), otros “comunistas” les faltó tiempo para abrazar las virtudes del nuevo orden mundial y por fin pudieron salir del armario y proclamar alegremente que eran socialdemócratas y que habían conseguido un pacto fantástico, el Estado del Bienestar. Los marxistas honestos se pusieron a pensar y tuvieron la valentía de señalar cuáles eran los fallos del sistema socialista y cuáles podrían ser las soluciones. Algunos les acusaron de traidores y otros de fantasiosos. A ellos les debemos el camino que se ha andado a duras penas hasta el día de hoy. Quizás ha llegado la hora de ampliar los horizontes de la emancipación y empezar a esbozar sistemas totales que puedan enfrentar los problemas del capitalismo.

Durante el interregno entre la caída del telón de acero y la crisis de valorización del 2008, los marxistas se esforzaron en mantener viva la noción según la cual la explotación era injusta y consustancial al capitalismo, pero les resultaba muy difícil contrarrestar la hegemonía ideológica del mercado, hasta el punto de que aceptaron que pudiera utilizarse como técnica en una futura sociedad comunista. Los autores de Ciber-comunismo van un paso más allá y creen que el modo de producción capitalista se basa (i) en la explotación del trabajo y (ii) en una reproducción turbulenta e ineficiente (pp. 15-20). Resulta evidente que la crisis económica que azota occidente desde el 2008 ha puesto en duda la superioridad técnica del orden del mercado, abriendo con ello la posibilidad de repensar la planificación económica como alternativa viable al movimiento caótico de los períodos de expansión y contracción del capital. Además de un cambio en el análisis empírico del mercado libre, se le añade una crítica moral: no puede existir democracia sin un control colectivo de la producción y una asignación social de los recursos, sin que, en definitiva, sean los hombres los que dominen la producción y no la producción a los hombres (pp. 20-21).

A partir de estas dos desideratas -la erradicación de la explotación y la organización social, democrática y colectiva de la producción- los autores despliegan un seguido de técnicas y argumentos para iniciar la investigación en relación con la planificación económica. Para resumir esquemáticamente cómo funcionaría la planificación: esta consistiría en dos etapas, una ex-ante, democráticamente consensuada y dirigida a grandes planes, y la otra ex-post, informatizada:

[…] la utilidad social de la producción se revela (a) a través de la decisión democrática del reparto de los recursos entre grandes sectores y (b) para los medios de consumo, a través de un mecanismo que relacione los “precios que vacían el mercado” (según la demanda) con los valores-trabajo. (p. 106)

Según Cockshott y Nieto, la escuela austríaca confundía la forma y el contenido del cálculo económico, de tal manera que consideraban que, dado que la única forma en la que se determinan los precios en el sistema capitalista es el libre mercado, entonces el cálculo económico tiene que presentar necesariamente la forma de la libre concurrencia (p. 238). Sin embargo, es evidente que pueden darse otras formas de cálculo, mas es cierto que en el capitalismo el único cálculo posible es el libre mercado.

Ahora disponemos de la tecnología necesaria para alcanzar la eficiencia en el cálculo económico de un sistema planificado, siendo capaces de establecer un sistema bicéfalo -centralizado y descentralizado a la vez- en el que se pudiera transmitir en tiempo real al organismo central las variaciones de inventarios y costes (p. 157), del mismo modo que Amazon gestiona exitosamente la información a tiempo real de los costes y de los precios que ha de ofrecer en relación con ellos. ¿Si Amazon puede hacerlo, porque no podemos hacerlo nosotros? Cockshott y Nieto no nos ofrecen muchos detalles sobre el funcionamiento técnico del sistema, pues serían incomprensibles y demasiado sesudos. Lo que nos ofrecen es una propuesta teórica que encaja con sistemas informáticos existentes, siendo innecesaria la explicación de los mismos en tanto en cuanto estos se muestran eficientes hoy.

Otro de los puntos esenciales de Ciber-comunismo es la defensa de la igual retribución de todos los trabajadores según las horas trabajadas y mediante bonos de trabajo (p. 153). Esto significaría que a 1 hora de trabajo le correspondería un bono por valor de 1 que sería canjeable por un producto que valiera 1 bono, es decir, cuyo tiempo de producción sería de 1 hora. “La idea sería que la gente disponga de tarjetas electrónicas de crédito laboral, cuyo crédito solo puede canjearse y no circular” (p. 138). También se esboza un plan de transición en tres etapas, desde una economía basada en la extracción de plusvalía hasta una economía en especie (pp. 94-97):

1. Combinación de empresas estatales y cooperativas de trabajadores.

2. Creación y desarrollo de las técnicas informáticas para la planificación, así como el diseño institucional que deberá acompañar el nuevo sistema.

3. Abolición del intercambio monetario y transición a un pago mediante bonos de trabajo e igualitario para todo el mundo. Abolición de todas las deudas.

El lector puede pensar que faltan aún muchas cuestiones para resolver. Alguno quizás lo desdeñe por insuficiente. Otros lo harán por ambicioso. Nosotros creemos que es absolutamente necesario y que Ciber-comunismo constituye un punto de partida y que es evidente que no puede abarcar todas las cuestiones técnicas requeridas para la viabilidad de un sistema. El reto es que estas ideas vayan calando y más y más gente entre la vanguardia de nuestro movimiento se lo tome en serio y profundice en las cuestiones científicas que aún están por resolver.


*Licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona y Postgrado en Análisis del Capitalismo y Políticas Transformadoras, de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Imagen: http://www.nodulo.org/ec/2019/n188p10.htm