Vox: la reacción monstruosa y conspirativa a la crisis de régimen por la derecha

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Por Rodrigo Amírola*

En medio de la segunda oleada de la COVID-19 y una crisis sin precedentes, en España lidera espiritualmente la oposición al gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias una fuerza política que acusa de ser ilegítimo y criminal al ejecutivo, al mismo tiempo que blanquea el régimen franquista[1]. Una fuerza política que considera que la política es la guerra[2] y que hay una conspiración en marcha para acabar con la unidad del país. Su nombre es Vox, con claras resonancias de un cristianismo cruzado y su líder, Santiago Abascal, se ve a sí mismo como un guerrero que combate por España con el mismo ímpetu con el que antes resistía en Euskadi contra el terrorismo de ETA.

Solo en los últimos meses, además de presentar una moción de censura con sus 52 diputados contra «la mafia», ha fundado el pseudosindicato Solidaridad, ha creado el think tank Disenso y ha amenazado a los jueces con el fin de su impunidad. ¿Cómo es posible que una fuerza ultraderechista de este cariz domine la oposición y dinamice el bloque de poder de derecha en un país, como España, que se vanagloriaba de ser la excepción europea por no contar con una ultraderecha parlamentaria relevante?

La excepcionalidad española, esto es, que España no contase, a diferencia de otros países europeos, con una extrema derecha exitosa durante tanto tiempo era una realidad sorprendente. Como explicó el historiador Xavier Casals[3], se debía a una extraordinaria paradoja: la larga noche del régimen franquista y su enorme peso en la realidad sociológica del país lo hacía inviable como fuerza política. O, dicho de otra manera, Franco fue una losa para los partidarios del retorno de su régimen. Durante muchos años, el recuerdo de la dictadura y su discurso arcaizante hicieron poco atractiva a la extrema derecha en amplias capas de las clases medias y populares. De hecho, la mantuvieron en los márgenes del sistema u oculta y avergonzada dentro del Partido Popular.

No por casualidad Vox nace como partido político a finales de 2013 como una escisión por la derecha del Partido Popular con el objetivo de convertir a Alejo Vidal-Quadras, viejo dirigente de la fracción españolista del PP catalán, en eurodiputado. En el origen de Vox hay un reagrupamiento de los sectores más duros del PP, socializados en contextos de “resistencia”, ya sea en la Euskadi de los años 80 y 90 con ETA aún activa o en una Catalunya dominada de manera abrumadora por la hegemonía pujolista.

Pero, además, también se encuentra un profundo desencanto con el gobierno del Partido Popular de Mariano Rajoy de una parte de los sectores sociales más retrógrados y movilizados contra el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero por cuestiones tan dispares como el aborto, el matrimonio homosexual o la reforma del Estatut de Catalunya[4]. Tras aquella primera intentona de asaltar Europa, el partido sufrió una fuerte crisis y Abascal comenzó una larga travesía por el desierto hasta toparse con su particular oasis andaluz ya en un escenario político, económico, social y cultural muy diferente. 

Fue allí, en la Andalucía del 2018, donde el fin de la excepcionalidad española se reveló en toda su crudeza. La crisis del régimen del 78[5] había tenido una respuesta por la izquierda en 2011 con el movimiento 15M y en 2014 con Podemos y sus confluencias, y ahora la tenía por la derecha. No solo era el ascenso de la formación ultraderechista con 380.000 papeletas y 12 escaños, y el novedoso cambio del bloque de poder en Andalucía, que no se había visto en toda la etapa democrática. Sino que una altísima abstención, el derrumbe del bipartidismo[6] y la desmovilización de la izquierda apuntaban a que el malestar había cambiado de bando. Una parte del voto de indignación del 15M se había convertido en voto de odio contra “el régimen andaluz del PSOE”. Y la dinámica apuntaba más allá, apuntaba a España ¿Qué había pasado en apenas cinco años para que Vox pasará del fracaso al éxito? ¿Qué había hecho enloquecer el sentido común y deprimir el estado de ánimo de las clases populares para que Vox dinamizara la alternativa por la derecha?

Toda reacción se define por un cambio o una revolución, que se empeña en combatir. Y, en este sentido, Vox es incomprensible sin todo el ciclo de movilizaciones y protestas, abierto por el 15M, que se produjo en España entre 2011 y 2015. Aquel ciclo de resistencia social se levantó como un dique de contención frente a las políticas de austeridad y recortes de los derechos de los trabajadores, que el bipartidismo impuso  simbólicamente en la reforma exprés del artículo 135 de la Constitución[7]. Pero la sacudida de los cimientos del sistema de partidos en España, que produjo el 15M abrió también una verdadera crisis de representación. Después de que el ciclo financiero-inmobiliario del capitalismo español se viniera abajo con el estallido de una burbuja construida sobre tipos de interés barato y la desregulación del suelo, los dos grandes partidos tradicionales aparecieron como guardianes de unos intereses minoritarios ajenos a los de la mayoría de la población, sues estructuras orgánicas envejecieron de golpe y se evidenció una distancia abismal entre la ciudadanía y la política. Tanto es así que las consignas centrales del 15M fueron “No somos mercancías en manos de políticos y banqueros” o “No es una crisis, es una estafa”.

La Constitución formal y material del 78 daba muestras de agotamiento. El relato idílico de la Transición se agrietaba y ello permitía que surgieran otras respuestas a antiguas cuestiones y nuevas preguntas. Estaba en jaque la cultura del consenso del 78. De este caldo de cultivo surgió Podemos, planteando una impugnación general de una élite egoísta e incapaz (“la casta”) y su sistema en crisis, al mismo tiempo que su superación democrática por una nueva mayoría social y política. Su enérgica y fugaz irrupción fue tan prodigiosa, como inexplicable su perenne crisis y subsiguiente proceso de autofagotización. Podemos transformó la indignación en ilusión por cambiar las cosas.

El proceso de trituración de toda aquella ilusión aún está por escribir. Pero su fracaso a la hora de  no cumplir sus objetivos y las guerras intestinas solo dejaron a su paso odios, rencores y depresión. Ahora sí, el campo social estaba abonado para que una sociedad hipnotizada por el consenso durante décadas, se representase la oposición y el conflicto en su interior como una conspiración. Según Stuart Hall[8], la conspiración es la única forma, en la cual una sociedad, que imagina haber superado los conflictos de clase a través del Estado, puede entender el conflicto. La crisis solo podía ser un mal organizado por una minoría de hombres subversivos y exaltados. Y esa conspiración se da, se dio y se dará contra la (eterna) unidad de España.  

Pero esa conspiración no podía ser obra solo de los “podemitas”. Entretanto, a la ola de cambio 15M-Podemos, se produjeron dos más que alcanzaron respectivamente sus momentos de máxima intensificación en los años transcurridos entre 2013 y 2018: de un lado, el procés catalán con raíces profundas y protagonista de una de las mayores y más sostenidas movilizaciones populares en Europa y, de otro, el movimiento feminista, que devino multitudinario e internacionalista con su iniciativa de una inédita huelga laboral, del trabajo de cuidados, de consumo y estudiantil.

El procés catalán, dirigido por el partido del President Puigdemont y por Esquerra Republicana de Catalunya, llegó a plantear en el otoño de 2017 una auténtica crisis de Estado con el referéndum del 1-O y la inmensa movilización en defensa de las urnas, planteando una legitimidad alternativa. El movimiento feminista, protagonizado por millones de mujeres de distintas generaciones y de muy diferentes niveles de politización en toda España el 8 de marzo de 2018, fue una auténtica revolución vital, porque, más allá de su agenda política y social, y sus reivindicaciones concretas, promovía una nueva forma de relacionarse socialmente entre hombres y mujeres, y una asunción completa del igualitarismo en la vida privada. Ahora sí, estaban todos los que, según Vox, integran la conspiración contra la unidad de España. Aquella conspiración que pone en riesgo nuestra comunidad existencial y explica el actual desorden: los “podemitas”, los independentistas, confederalistas y federalistas de las diferentes naciones sin Estado, y las feministas.

Por supuesto, cuentan para todo ello con la complicidad de algunos enemigos exteriores que, como piensan sus homólogos europeos, serían los inmigrantes africanos, el islamismo radical y las élites globalistas. Aquí se ven los rasgos populistas de Vox y su demarcación de los límites de la comunidad política, que dicen defender: una España ultraconservadora, uninacional, homogeneizadora culturalmente y profundamente patriarcal.

No se trata de acabar con la democracia ni de asaltar el poder por una vía insurrecional o violenta, sino de construir una mayoría social autoritaria dispuesta a defender la unidad de España frente a la conspiración. Esa visión conspiracionista de la realidad legitima la represión oficial de todo lo que vaya contra la lógica del Estado, así se propone prohibir partidos independentistas, derogar las leyes de la ideología de género, que permiten a miles de mujeres malvadas enviar a sus compañeros varones a prisión por medio de denuncias falsas; derogar las leyes de memoria histórica que nos obligan a pensar como quieren los socialcomunistas, o legislar sobre el fenómeno de “la okupación” ante la pasividad gubernamental. Recientemente, tras los escándalos de corrupción de la monarquía,  Vox se presenta, en último extremo, como la guardia de corps de Felipe VI, la tropa de asalto dispuesta a plantar cara para defender el último bastión y garante de la unidad de España.

Esa visión conspiracionista de la realidad necesita ser alimentada permanentemente con el pánico moral de los soldados de la causa. Mi libertad para ser como soy yo está permanentemente amenazada hasta la hipérbole. Así el confinamiento y las restricciones de la movilidad son un secuestro de los españoles. De este modo, a pesar de todas las apariencias, un gobierno tímidamente socialdemócrata lleva al país inexorablemente al comunismo y el totalitarismo. Frente a todo ello, España puede volver a ser grande si y solo si el privilegio del hombre blanco español es común. España puede volver a ser grande si y solo si la mayoría social autoritaria es capaz de imponer “la ley y el orden” en los órdenes social, económico, cultural, familiar y sexual.

Como puede verse, Vox constituye una auténtica reacción monstruosa a la crisis del régimen del 78 por el lado derecho. Criatura de sus circunstancias e hijos ideológicos de la revolución conservadora de Reagan y Thatcher en un tiempo que no es ya el suyo. Ante la pregunta por su proyecto de país, responden: ¡son las guerras culturales, idiota! Ante el derrumbe del fundamentalismo de mercado, el Estado mínimo y sus recetas económicas en directo, y la emergencia de un nuevo consenso socialdemócrata, se refugian en la imaginación conspirativa. Ante las dificultades para acabar de consolidarse como un partido fuertemente interclasista y con capacidad de penetración en sectores populares, apuestan doble por ese refugio para resistir.  

A pesar de todo ello, de la alta volatilidad de su apoyo popular y su debilidad organizativa, Vox continúa en buena forma en las encuestas y sus números en las redes sociales impresionan[9][10]. Un partido prácticamente ágrafo y una plataforma digital explosiva pilotada por una estructura fuertemente jerarquizada son las dos caras de Vox y, en cierta medida, de su habilidad dependerá seguir gobernando el odio y la furia de su base social autoritaria. En todo caso, la encrucijada en la que se encuentra va más allá de él: a nivel internacional, las elecciones presidenciales de EEUU en las cuales Donald Trump se juega la reválida de la Presidencia pueden poner entre paréntesis el momento populista que vivimos. A nivel nacional, la acción del gobierno de Sánchez e Iglesias y su consistencia pueden socavar algunas de las energías sociales sobre las que se erige Vox o echar más leña al fuego en forma de irritación y desesperación.

Por último, si la formación de Santiago Abascal abrió una nueva etapa política girando hacia la derecha el tablero y configurando un nuevo bloque de poder, representado en la foto de Colón, hoy se encuentra entre la espada y la pared: la fuerza que la impulso – la España de los balcones que reaccionó contra el procés catalán en su última etapa unilateral – se encuentra irremediablemente dividida. Vox trata de dinamizar y liderar un bloque al que imposibilita llegar al gobierno, mientras extiende su visión conspirativa de la crisis y su respuesta autoritaria. No olvidemos su método fundamental: la demonización del adversario, que podría resumirse en la divisa “el virus es malo pero el gobierno socialcomunista es peor”. Sobre todo, no lo olvidemos, en un contexto de crisis de representación con riesgo de cronificarse, de una degradación institucional sin precedentes y con una juventud que, como indica la encuesta sobre la monarquía de la Plataforma de Medios Independientes, podría estar extremadamente dividida: mientras unos abogan por un referéndum para decidir sobre el futuro republicano del país, otros podrían estar empezando a abandonar las filas de la democracia[11].


Notas

[1]     De la misma manera que otras derechas radicales europeas no hacen una apología o reivindicación de las dictaduras de sus respectivos países o de su colaboración con el fascismo, pero sí normalizan sus gobiernos basados en la represión y el miedo a una parte importantísima de la población: https://www.europapress.es/nacional/noticia-abascal-insiste-gobierno-sanchez-peor-80-anos-siguiente-zapatero-luego-rajoy-20200910100835.html 

[2]     Lo reconocía el propio Abascal en una entrevista con el diario El Mundo: https://www.elmundo.es/cronica/2018/10/14/5bc1d446268e3e567f8b460b.html

[3]     Xavier Casals es profesor de historia contemporánea en la Universidad de Barcelona y lleva más de 20 años trabajando en el estudio de la extrema derecha en España y otros países de nuestro entorno europeo como Francia o Italia.

[4] Todo este proceso de renovación radical de la derecha española está analizado y documento en el magnífico libro Spanish Neocon  de Pablo Carmona, Almudena Sánchez y Beatriz Garcia, publicado por Traficantes de Sueños: https://www.traficantes.net/libros/spanish-neocon

[5] Esto es, la crisis del capitalismo de amiguetes surgido de la Transición, de su sistema bipartidista turnista entre el Partido Popular y el PSOE, y su particular Constitución territorial, que reconocía una única soberanía nacional – la española – al mismo tiempo que se refería a las nacionalidades y establecía particularismos de todo tipo en el propio texto constitucional.

[6] El bipartidismo perdió conjuntamente 710.000 votos respecto a las anteriores elecciones andaluzas de 2015.

[7] La reforma del artículo 135 de la Constitución española suponía la plasmación constitucional del principio de estabilidad presupuestaria y la priorización de los pagos de la deuda por encima de cualesquiera otras necesidades sociales.

[8] Es interesante recuperar la colección de ensayos de Stuart Hall – El largo camino de la renovación. El thatcherismo y la crisis de la izquierda, traducido en castellano y publicado en 2018 por Lengua de Trapodedicado a analizar el thatcherismo y su populismo autoritario para arrojar luz sobre nuestro presente y la radicalización de las derechas y las extremas derechas.

[9] Las últimas encuestas de Metroscopia son positivas para la formación ultraderechista de Abascal. También la encuestadora GAD-3 recoge una recuperación después de meses de estancamiento o retroceso durante la pandemia.

[10] Como recoge Xavier Casals en una nota de Barcelona Metropolis, Vox es el partido lider en Instagram (584.800 seguidores) y Abascal cuenta incluso con más (728.600). Asimismo es el partido con más seguidores en YouTube (357.000). A pesar de que su presencia en Twitter es inferior, ésta es una red en clara decadencia. Además abrió cuentas en redes sociales novedosas como TikTok y Gab. (https://www.barcelona.cat/metropolis/ca/continguts/com-definir-vox-cinc-claus-interpretatives?fbclid=IwAR3yNVwhCmFSga-h7OVy—eouTc1z2TP5tzjIFS_4RY3KuL7hrUIu6kv_FM).

[11]   La encuesta sobre la monarquía de la Plataforma de Medios Independientes puede consultarse completa al final de este enlace y ha adquirido una importante relevancia en España debido a que el CIS se ha negado de forma sistemática a preguntar durante los últimos por la institución monárquica: https://www.elsaltodiario.com/encuesta-monarquia/40-por-ciento-poblacion-votaria-a-favor-republica-caso-referendum-encuesta-medios-independientes 


*Rodrigo Amírola González, licenciado en Filosofía por la UCM, posgrado de Análisis económico y político del capitalismo contemporáneo de la UB. Ha colaborado en medios de comunicación como la revista Sin Permiso, cuartopoder o CTXT. Actualmente, asesora a los Comunes en el Parlament de Catalunya.