El MIR en los años de la Unidad Popular y en la resistencia a la dictadura.

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por A. S. Durán

Este artículo se propone acercar a nuestros lectores a la realidad de una fuerza política que actuó por fuera de la coalición que llevó a Salvador Allende al gobierno. Me refiero al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), ya que éste partido pudo construirse como un actor que incidió en el proceso político. A pesar de no haber podido superar un determinado nivel de acumulación política y militante, si se lo compara con los dos partidos tradicionales de la izquierda chilena, el PC y el PS, sus posiciones políticas tuvieron incidencia en organizaciones como el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), la Izquierda Cristiana y el ala radicalizada del socialismo, así como de sectores populares sin partido. Según Andrés Pascal Allende, uno de sus fundadores, el MIR llegó a organizar a cerca de 50 000 militantes y simpatizantes [1].

Período de formación

La historia del MIR chileno es una de las trayectorias más destacadas de la izquierda revolucionaria de la región. El proceso de su nacimiento estuvo dado por un progresivo proceso de radicalización en la juventud del Partido Socialista de Chile y por el horizonte de la revolución cubana. Este acontecimiento histórico y un implícito balance de los límites de la trayectoria de la izquierda latinoamericana fueron sus marcas de origen. La crítica hacia la izquierda histórica estaba vertebrada en base a entenderla como desviada orgánicamente hacia el reformismo. 

Fue contemporáneo de otros MIR de la región. Enumerémoslos rápidamente. El MIR-Praxis argentino, dirigido por Silvio Frondizi, cuya importancia fue más que nada un intento importante de renovación teórico-política y una cantera de militantes que pocos años después destacarían en los años setenta. El MIR peruano, surgido del ala izquierda del aprismo, llevó adelante un proceso de organización de sectores campesinos con métodos radicalizados y la organización de dos frentes guerrilleros que exasperaron a la clase dominante peruana y fueron un factor de aviso muy importante en el origen del golpe militar progresista y modernizador de Velazco Alvarado. El MIR venezolano, por último, también surgió de un partido democrático burgués de inflexiones populistas como fue Acción Democrática. Muy vinculados con el Ché, fueron una de las vertientes de la guerrilla venezolana de los años sesenta.

El nombre MIR tenía ya una breve pero importante historia cuando en agosto de 1965 se tomó la decisión fundacional. Inicialmente era el fruto característico de un proceso de reagrupamiento. En la fundación confluyeron el ya mencionado grupo proveniente de la juventud del PS pero también un grupo de sindicalistas del calzado encabezados por Clotario Best (presidente de la CUT y cristiano de izquierda avant la lettre), grupos de sensibilidad anarquista, comunistas rebeldes que habían sido radiados del PC a fines de los años cincuenta, grupos de militantes del Partido Socialista Popular que no habían aceptado la reunificación del PS a fines de los cincuenta, sectores rebeldes minoritarios del Partido Radical y dos grupos trotskistas. Los dos polos en los que giró el nuevo partido fueron por un lado, el grupo juvenil proveniente del socialismo (que había tenido una estación previa a través de la fundación de Vanguardia Revolucionaria Marxista) y cuyo núcleo principal estaba en la ciudad de Concepción y, por el otro lado, el sector trotskista, cuyos principales dirigentes fueron el historiador Luis Vitale y el dirigente Humberto Valenzuela (hasta ahora el único candidato a presidente trotskista de Chile). Si bien el núcleo juvenil de Concepción, cuyo eje de dirección ya era Miguel Enríquez, siempre reconoció la importancia que tuvo para su formación política la militancia conjunta con el sector trotskista, la diferencia en relación a los planes políticos se fue acentuando día a día. Mientras que el estilo militante de Vitale y Valenzuela iba por el carril tradicional y legalista de la militancia del trotskismo, los planes del grupo de Concepción incluían una importante cuota de acciones clandestinas, principalmente para financiar la estructuración de un aparato partidario ágil y pleno de recursos, lo cual incluía como elemento necesario determinadas formas de compartimentación y secreto. También incluyeron acciones de propaganda armada, como tomas de radios para difundir posiciones políticas. En un documento interno, escrito en 1971, Miguel Enríquez definía la lucha interna del MIR a partir de la existencia de un sector tradicional, que estaba formada por militantes de diversas procedencias, y por un sector no tradicional, también integrado de la misma forma plural [2]. Las diferencias no eran de tipo doctrinario sino respecto al plan político y la hoja de ruta que debería recorrer el nuevo partido.

Esta polaridad se resolvió en el segundo congreso de la organización cuando el grupo de Concepción se hizo cargo de la dirección de la organización, ya reconvertida en un partido de vanguardia clandestino. El jefe de esta nueva dirección era el médico Miguel Enríquez. Miguel estaba acompañado por un equipo de dirección juvenil y muy dinámico. Su hermano Edgardo, mayor que él, era parte de este equipo. También se encontraba en este grupo el también médico Bautista Van Schowen, confeso admirador tanto de Fidel y el Ché como de Trotsky [3]. El Bauchi, como se lo conocía a Van Schowen, tuvo a su cargo la prensa mirista, principalmente garantizar la aparición de su periódico El Rebelde. Otros miembros destacados de la dirección mirista eran Andrés Pascal Allende, sobrino de Salvador Allende, y Nelson Gutiérrez. Ambos eran sociólogos, aunque sólo mucho más tarde desarrollarían algo de carrera académica, ya que la militancia política absorbió otros aspectos de su vida. Andrés Pascal Allende había militado un tiempo en el Partido Socialista. (no solamente su tío sino también Laura, su madre, eran destacados miembros del PS). Sin embargo terminó alejándose al poco tiempo y confluyó con el grupo dirigido por Miguel Enríquez dentro de la Vanguardia Revolucionaria Marxista. Nelson Gutiérrez solamente militó en el MIR y, aunque no participó en la fundación del partido, poco después de su ingreso fue cooptado a la dirección. Gutiérrez fue el dirigente estudiantil que debatió con Salvador Allende, ya presidente, cuando este visitó la Universidad de Concepción. El debate fue abierto, crítico y fraternal. Ninguno de los dos eludió la confrontación de puntos de vista pero ambos sabían que estaban del mismo lado de la trinchera. Otro importante miembro de esa dirección fue Luciano Cruz. Este era el único de la dirección mirista que había pasado por el Partido Comunista de Chile y sus grupos operativos, experiencia que le permitió convertirse en el principal hombre de acción del nuevo partido. Luciano Cruz demostró una gran capacidad de iniciativa para acceder a información valiosa respecto al establishment y a las fuerzas represivas. Al mismo tiempo fue criticado y disciplinado por la dirección mirista por su tendencia a actuar de forma autónoma y sin discutir en los organismos partidarios.

La gran insignia del MIR fue la bandera de la insurrección, la lucha armada como único camino de acceso al poder para los trabajadores y la crítica al reformismo, entendido como la apuesta electoral, tradicional en la vida política chilena. Si bien el autoritarismo no fue un factor ausente en la vida política chilena, las instituciones conservaron un fuerte peso y una vida propia que les hizo mantener autonomía en su funcionamiento. Esto le dio un tono fuertemente integrativo y negociador a la vida política, que explicaba razonablemente la apuesta legalista de comunistas y socialistas. Las victorias obtenidas en la lucha institucional habían sido relativamente modestas. Nunca las conquistas obtenidas habían superado lo que el modo vigente de regulación del capital ponía como límite. En ese sentido las ideas del MIR tenían su parte de razón. Sin embargo, también estaban teñidas de un fuerte esquematismo: como nunca la izquierda había ganado una elección, concluía que nunca podría ganarla. La propaganda en torno a la insurrección y la lucha armada tenía este fundamento último. Cabe aclarar que a pesar de que el MIR defendía este posicionamiento, sus acciones armadas en esta etapa fueron particularmente cuidadosas y no tenían la expectativa de cambiar las coordenadas de la política chilena de ese momento. Solamente buscaban fortalecer a su organización en función de una eventual situación revolucionaria en el futuro.

La política insurreccional del MIR y su rebeldía contra la izquierda más institucionalizada no estuvieron acompañados de una postura anti-teórica, como puede ser el caso del MLN-Tupamaros de Uruguay [4]. Los jóvenes dirigentes del MIR conocían muy bien los textos políticos centrales del marxismo clásico, la historia de la revolución rusa y del movimiento obrero internacional. A esto hay que agregar la cercanía que tuvieron con la organización varios de los más importantes representantes del marxismo de la teoría de la dependencia, como Theotonio Dos Santos y Vania Bambirra. El caso más conocido sería el del sociólogo brasileño Ruy Mauro Marini, uno de los más importantes intelectuales marxistas del continente. Marini fue miembro del Comité Central del MIR y tomó a su cargo la dirección del Correo de la Resistencia, órgano partidario en el exilio [5]. La revista teórica del MIR, Marxismo y Revolución, dirigida por Marini, tenía un muy buen nivel teórico. La revista pudo sacar un solo número [6]. El segundo estaba preparado pero no pudo salir a causa de la proximidad del golpe.

Las concepciones miristas confluyeron con la mirada de la teoría de la dependencia y centraron su enfoque en la crítica a la revolución por etapas y a la concepción que hacía eje en una necesaria alianza con la burguesía nacional [7], propia de los comunistas latinoamericanos.

La vía chilena, sus sostenedores y sus descontentos

La realidad política mostró otros matices y el MIR fue modificando sus tesis iniciales. Después de la gran esperanza inicial que trajo el gobierno democristiano de Eduardo Frei, las reformas sociales que se impulsaron estuvieron lejos de satisfacer a los sectores subalternos movilizados en ese mismo proceso. La sociedad chilena estaba cruzada por numerosos reclamos de democratización social. En un primer tramo pudieron ser captados por la lógica reformista controlada desde arriba de la Democracia Cristiana chilena. Los intentos de Frei por demostrarle su lealtad al orden establecido y las presiones de los nuevos y viejos actores subalternos no pudieron encontrar un punto de equilibrio. La derecha quitó su apoyo a los democristianos y este partido también comenzó a sufrir presiones internas desde la izquierda. La parte final del gobierno de Frei perdió casi todo contenido reformista y su aspecto de contención anti-izquierda adquirió una total primacía en su política. La agitación en las clases populares estaba en ascenso. El MIR tuvo la suficiente sensibilidad política para establecer contactos políticos fraternales con franjas de este mundo popular en ebullición. En la clase obrera con empleo estable su penetración fue limitada, y con la progresiva izquierdización del PS siempre tuvo un techo relativamente bajo, aunque sería un completo exceso decir que carecía de influencia. El éxito mirista se concentró en los nuevos actores campesinos y de pobres urbanos que fueron el emergente novedoso de la movilización social hacia fines de los años sesenta. Otro factor que contribuyó al éxito del MIR fue la romantización de su carácter clandestino y rebelde. Muchos chilenos los veían como revolucionarios que ponían su cuerpo y su voluntad política en favor de los desposeídos. Aumentaba esta característica el hecho de que la mayoría de los miembros de su dirección, intensamente buscados por la policía, eran jóvenes profesionales de familia acomodada cuyo compromiso político tenía un carácter acentuadamente altruista, muy alejado de la búsqueda de ventajas personales. Existía un elemento de verdad y otro de mistificación en esta mirada. Los militantes del MIR fueron muy representativos de la figura del revolucionario profesional. Su rasgo diferente fue que eran revolucionarios profesionales intensamente comprometidos en hacer la revolución, y no sólo en perpetuar indefinidamente la vida de un aparato partidario. 

A esto hay que agregar que el MIR detectó que la cada vez más intensa movilización popular y la división entre la democracia cristiana y la derecha para las elecciones ponía sobre la mesa una posible victoria de la izquierda con Allende como candidato a la presidencia. En ese contexto el MIR caracterizó que este eventual gobierno de la izquierda unida no significaría un aquietamiento de la movilización obrera y popular sino la posibilidad de una situación revolucionaria en Chile. A pesar del alto nivel de la protesta popular, el MIR se movió con la prudente caracterización de situación pre-revolucionaria para caracterizar la totalidad del período que culmina con el golpe de 1973. 

La dirección del MIR se entrevistó con Allende y le comunicaron su apoyo y su decisión de abandonar cualquier acción de propaganda armada que pudiera perjudicar la campaña electoral de la Unidad Popular. Militantes del MIR además, constituyeron el núcleo duro de la primera guardia armada defensiva de Salvador Allende, conocida como el GAP (Grupo de Amigos Personales) [8]. Con el triunfo de la UP, el MIR salió de la clandestinidad. Esto coincidió con la muerte accidental de Luciano Cruz. La aparición pública del partido, por lo tanto, se dio con una enorme demostración de fuerza para despedir al dirigente fallecido. El MIR, encabezado por su Comisión Política, dejó claramente establecido que había constituido una organización de vanguardia con importantes vínculos en sectores populares. Las grandes columnas de los frentes campesinos, sindicales, estudiantiles y de pobladores escucharon a Miguel Enríquez despedir a Luciano Cruz, exponer cómo veía el MIR la situación política y cuál sería la táctica a seguir en un país en el que la izquierda había llegado al gobierno. La postura del MIR respecto al gobierno de la UP fue la de apoyar críticamente el proceso abierto. Buscaba privilegiar el aspecto de confluencia necesaria con el sentimiento masivo de la unidad de la izquierda, que sin duda formaba parte de lo que Gramsci calificaba de buen sentido y que en este caso era la conciencia de que solamente la fuerza política unida y movilizada podía disputar poder. Al mismo tiempo, el MIR trataba de preservar su autonomía propia para poder desarrollar su política. Su intención era aportar al proceso desde sus posiciones. Sumar y no ser sumados, como lo definió una vez Miguel Enríquez en una conversación con Fidel Castro.

Las líneas de tensión

Como se desprende de nuestro relato, la política del MIR ante la Unidad Popular fue principista y nada sectaria. Pero después de establecer las bases y definiciones en las que se sostiene una política hay un paso posterior: llevarla a cabo en planes y medidas concretas. Como decía el Gadamer de “Verdad y método”, yo puedo decidir comportarme moralmente. Pero esa decisión instala de inmediato el problema de saber qué debo hacer para comportarme de forma moral, qué actos implica en lo concreto. Esto no pretende ser una cita erudita y narcisista sino marcar una cuestión central en la política: los ineludibles posicionamientos políticos generales, por más correctos que sean, no solucionan las grandes cuestiones. Son apenas un primer paso.

Inicialmente, la economía de Allende fue muy exitosa en lo que refiere al ingreso al consumo de la parte excluida de la población. El equipo económico del gobierno era un mix de economistas de la ortodoxia marxista-leninista a la soviética y cepalinos de izquierda. En el primer tramo de la gestión de la UP los efectos de la hostilidad norteamericana no tuvieron consecuencias tremendamente negativas. Principalmente porque para que esto se manifestara con claridad, en un mundo que comenzaba a internacionalizarse económicamente pero en el que los mercados financieros estaban todavía muy contenidos, era preciso que las fuerzas sociales internas entraran en conflicto abierto. Sólo a partir de que esta confluencia conflictiva tomara cuerpo fue posible iniciar la desestabilización del gobierno de Allende. Los de abajo trataban de defender sus derechos recientemente adquiridos. La burguesía y sus aliados se decidieron a desplazar a un gobierno que, mediante la legalidad, les iba expropiando áreas cada vez más extensas de sus recursos productivos, que constituyen el fundamento material de su poder. El conflicto era inevitable y se reflejó, necesariamente, en los enfoques presentes en la coalición allendista, que controlaba parte importante del aparato de estado y tenía a su cargo la responsabilidad de conducir al conjunto de la sociedad chilena y la legitimidad para hacerlo.

Una parte de la UP encabezada por el presidente Allende, el Partido Comunista, la minoría del Partido Socialista, la mayoría de la dirección del MAPU pero la minoría de su militancia, el pequeño y tradicional Partido Radical y otras fuerzas intentaban  no cortar relaciones con el centro político, constituido por la democracia cristiana y evitar el desplazamiento a la derecha de la pequeña burguesía. Sin duda era esta una postura sensata y apuntaba a una meta deseable. Pero tenía el inconveniente de que la disposición creciente de esta parte de la sociedad planteaba como condición una reversión cada vez mayor de las políticas llevadas adelante por la UP sin pagar el precio de una gestión común del gobierno o de asumir una parte de la responsabilidad de los costos de esos acuerdos. No debe olvidarse que para votar por la candidatura de Allende y refrendar su victoria electoral en el parlamento, y no hacerlo por el conservador Alessandri, la democracia cristiana, le hizo firmar a la UP un pacto de garantías respecto a cuestiones institucionales que Allende cumplió durante todo su gobierno. El centro político de Chile, como el superyó freudiano, no se conformaba con el cumplimiento de cada una de sus demandas por parte del gobierno: cada vez exigía más. El terreno que el gobierno podía aceptar retroceder, como enseña el ABC de la política, siempre tiene sus límites.

El ala izquierda de la UP estaba formada por la mayoría del Partido Socialista y el MAPU. Su política consistía en enfrentar el chantaje de la derecha dura y el centro, supuestamente conciliador, a través de una creciente movilización de los trabajadores que tuvo dos planos centrales. El primero fue el avance en  formas de expropiación y control obrero de diversos tipos de empresas en forma crecientemente autónoma con respecto al gobierno de la Unidad Popular. Los trabajadores de esas empresas tomaban el control de la estructura productiva y presionaban al gobierno a concretar la expropiación jurídico-política, hecho que se vio corroborado la mayoría de las veces. Esta dinámica fue plenamente expresada por la consigna “Avanzar sin transar”, originada en la sensibilidad de izquierda del PS y adoptada por el MIR. La segunda de las formas en que se concretó este avance fue la construcción de organismos que intentaban articular lo productivo con el territorio. El motivo que los originó fue la lucha que la militancia de izquierda tuvo que llevar adelante para enfrentar el desabastecimiento de mercaderías instigado por la burguesía chilena, paralelo al bloqueo comercial organizado por los norteamericanos. La construcción resultante fueron los “Cordones Industriales”, una agrupación de fábricas y empresas que coordinaba las acciones y tareas de los trabajadores de una misma zona. Los Cordones Industriales organizaban un contacto permanente entre las diferentes fábricas para coordinar acciones conjuntas de luchas o simplemente, intercambiar materia prima para poder llevar adelante la producción. Los Cordones Industriales, si bien fueron apoyados por el gobierno de la Unidad Popular, no fueron impulsados por éste y, en cierto sentido, entendible pero que expresaba una tendencia conservadora, no fueron recibidos como una buena noticia. En verdad no lo era. Expresaba una presión desde la izquierda por parte de la base social del gobierno hacia la que veían como su dirección política.

El MIR fue parte protagónica de la actividad de este ala izquierda de la UP. Su posición extraterritorial respecto al gobierno y su disciplina partidaria le proporcionaron una gran agilidad política que compensaba, relativamente, su menor tamaño comparado con el PC y el PS. El PC era el principal articulador militante de la orientación alternativa. El PS, si bien estaba dominado por la orientación de izquierda, siempre tuvo una dinámica movimientista paralela a su organización partidaria que lo llevaba a convertirse en una federación de fracciones más que en un partido sólidamente organizado y políticamente centralizado. La alternativa a esa federación de fracciones era el estallido partidario, que se expresó en diversas escisiones y reunificaciones en la historia partidaria. A pesar de esto es imposible dejar de señalar que la base del PS era el elemento militante principal de la orientación de izquierda en la UP. Se podría decir que la orientación revolucionaria en la coalición expresó la dinámica de la base obrera del PS sumado a la influencia política del MIR y a algunas otras dinámicas que venían del MAPU, el cual también recibía cierta presión mirista tanto en su dirección como en su base, pero sobre todo en esta última.

El MIR pensaba que la acción de la clase obrera y los sectores subalternos tenía que ir adquiriendo un carácter autónomo y peso propio. No podía apoyarse exclusivamente en la fuerza del aparato estatal que controlaba el gobierno. Al mismo tiempo era plenamente consciente que la existencia del gobierno de la UP estaba amenazada y en peligro por la conspiración derechista, ya en curso desde fines de 1971. Era, evidentemente, una situación muy difícil de manejar, que requería equilibrios entre el fortalecimiento de la acción autónoma y la defensa del gobierno cuya dinámica apuntaba en direcciones tendencialmente opuestas.

Versiones del poder popular

En el interior de la orientación de izquierda el MIR planteó algunas discusiones interesantes. La más importante fue la relativa a buscar ampliar los Cordones Industriales en un organismo superador y más amplio que, tendencialmente, fueron los Comandos Comunales. Éstos últimos intentaron sumar, a los Cordones, la presencia de las capas populares que no pertenecían a la clase obrera industrial. Pensaban que la clase obrera sola no podía triunfar sin contar con la multitud popular, que se encontraba en proceso de organización aunque partiendo de un nivel inicialmente más bajo. Estas capas sociales apuntaban principalmente hacia los campesinos, mayormente indígenas, pero también incluían a sectores muy importantes como los pobres de las ciudades, los estudiantes, las juntas vecinales y también las juntas surgidas para luchar contra el desabastecimiento. Los Comandos Comunales fueron apoyados nominalmente por todos los partidos de izquierda representativos, desde el PC al PS. Pero a pesar de sus distintas sensibilidades, ambos los pensaron como organismos de apoyo para la acción del gobierno. 

Para el MIR eran la expresión embrionaria del poder popular que era necesario construir. De allí que una de las discusiones que se le hacían al MIR, principalmente desde pequeñas organizaciones trotskistas que intentaban correrlo por izquierda, era señalarle este carácter embrionario y no desarrollado de los Comandos Comunales, subrayándolo y planteándole que el organismo realmente existente eran los Cordones Industriales. Y que, por lo tanto, era sobre éstos organismos donde había que poner el acento para organizar un poder alternativo al del estado capitalista. A pesar de señalar un aspecto razonable hasta cierto punto –los Cordones Industriales fueron un organismo que se desarrolló más que los Comandos Comunales- la discusión expresa un tour de force en que se expresan dos concepciones de la revolución socialista. Por un lado, el típico obrerismo, a veces sindicalista y otras veces verbalista, del trotskismo latinoamericano y, por otro lado, una mirada que buscaba generar alianzas sociales en las que era central la presencia obrera pero que buscaba proyectarla como representante de un mundo popular y subalterno más abarcador. Si se recorren los documentos y publicaciones del MIR es frecuente encontrar la definición de la revolución como “proletaria y popular”. El otro eje polémico de la ortodoxia trotskista en contra del MIR era criticar su caracterización de la mayoría de la UP como reformista y definirla como repetición de los frentes populares antifascistas nacidos en Europa, y definidos por Trotsky en el Programa de Transición como un arma del imperialismo, paralelos al fascismo, en su lucha contra la revolución de la clase obrera [9]. Una caracterización unilateral que, tomando elementos reales del proceso histórico terminaba aplanando y convirtiendo en equivalentes a fuerzas que se enfrentaban en campos políticos hostiles. Por otra parte, Chile había vivido la experiencia de un frente popular gobernante durante varios períodos. El contraste con la experiencia de la Unidad Popular no puede ser más claro.

Golpe y dictadura. Derrota y retorno.

Después del fracaso de la derecha chilena en expulsar a Allende a través de las elecciones, el golpe fue una realidad cada vez más cercana [10]. El momento más dramático entre el gobierno de la UP y la derecha golpista fue el llamado “tancazo”, que constituyó el primer ensayo golpista. Allí los militares conspiradores pudieron medir la capacidad militar de los grupos favorables al gobierno. Éstos habían sido fuertemente disminuidos a partir de la aplicación de la “ley de control de armas” y la integración de militares al gabinete de Allende [11]. A esto hay que agregar que Allende había apalabrado a Fidel Castro para no proporcionar ninguna clase de armamento al MIR. Fidel mantuvo su palabra, pidiéndole disculpas, en cierto modo, a la Comisión Política del MIR. Agregándoles, que si se producía el golpe debían dirigirse hacia la embajada de Cuba para retirar un importante contingente de armas. 

Ante la aprobación por el parlamento de la reforma Hamilton-Escalona sobre tierras (11 de junio) y el tancazo (27 de junio) y la perspectiva más cercana del golpe, Allende plantea un plebiscito respecto a su continuidad en el cargo de presidente, que se desarrollaría en peores condiciones políticas pero que, probablemente juzgaba el dirigente socialista, le permitiría retirarse del gobierno sin haber cedido a las presiones opositoras sino a causa de una decisión de la ciudadanía. Esta situación generó un interludio que confundió a la mayoría de las organizaciones de izquierda. El sector moderado de la UP, con los comunistas a la cabeza, tomó la iniciativa de Allende y la unió a una campaña contra una eventual guerra civil. A la izquierda de la UP y el MIR la propuesta de Allende les pareció una decisión final para retirarse. Allende había decidido dejar de luchar. Sin embargo, el plan de los golpistas siguió adelante, estimulado por la renuncia del general Prats, principal dirigente del sector democrático del Ejército. En agosto se dio el episodio de los marinos de Valparaíso, apresados y torturados, por denunciar al golpismo y defender a Allende.

El golpe sorprendió a la totalidad de la izquierda chilena. El MIR, enterado la noche anterior, tuvo muy poco tiempo para iniciar su reorganización y evaluar los planes a seguir para la resistencia. A mediodía del 11 de setiembre Allende tendría su última conversación con Miguel Enríquez y, en una frase casi eclesiástica, le delega la sucesión en la dirección de la lucha del pueblo chileno, con el famoso “ahora te toca a ti, Miguel”. Antes de esto, la Comisión Política del MIR se había reunido con Arnaldo Camú [12], responsable militar del PS, y sus colaboradores. Algunos dirigentes del MIR, como Miguel Enríquez y Andrés Pascal Allende, se dirigieron hacia la zona fabril del sur de Santiago, lugar en que habían evaluado que existían condiciones para la resistencia. Esta perspectiva se fue evaporando en pocas horas y debieron organizar la salida hacia casas seguras de la organización. En el transcurso de esta actividad un carabinero reconoce a Pascal Allende pero pudieron retirarse sin bajas luego de una fuerte balacera con los carabineros.

El MIR decidió permanecer en el territorio chileno para combatir a la dictadura. Con la consigna “El MIR no se exilia” buscaba dar un ejemplo moral alternativo al masivo exilio de las direcciones mayoritarias de la izquierda chilena. En esta política hubo una cuota altísima de voluntarismo. La represión de la dictadura chilena tuvo al MIR como blanco privilegiado. A pesar de ser un partido abnegado y con alta disciplina militante fue superado paulatinamente por la represión. No fue un desbande, como el que sufriría Montoneros ante la dictadura argentina, pero en los tres primeros años del acoso represivo, el MIR sufriría muchas pérdidas humanas y políticas. 

El primer golpe fue la caída de Bautista Van Schowen, figura pública y miembro destacado de la dirección mirista, a fines de 1973 y a causa de una infortunada combinación de indiscreción y mala fortuna que facilitó una delación. 

El cerco represivo sobre el MIR tuvo una segunda victoria con la muerte de Miguel Enríquez en octubre de 1974. De una manera similar a como se daría poco tiempo después en la caída de Mario Roberto Santucho en Argentina, la Comisión Política del MIR había decidido su salida del país pero la medida tardaba en instrumentarse y la represión llegó antes. La Comisión Política designaría secretario general del partido a Andrés Pascal Allende. Fue un gesto que implicaba ratificar la continuidad de la lucha contra la dictadura y, al mismo tiempo, enlazar ésta con el vínculo familiar del nuevo secretario general con el presidente derrocado, lo cual tenía una importante dimensión simbólica. 

La política del MIR ante el pinochetismo fue el planteo de un Frente Nacional de Resistencia. Es decir, un planteo de tipo democrático y antidictatorial. Polemizaba con la caracterización de fascista con la que el PC chileno, y también el PS aunque con menor énfasis, definían a la dictadura de la Junta (que presidía Pinochet pero que todavía no era el líder indiscutido del régimen). El MIR definía a la dictadura como una dictadura gorila. Es decir, como una dictadura reaccionaria, apoyada en la fuerza de los aparatos represivos y burocráticos y con el apoyo firme de la clase dominante pero cuya apoyatura social más amplia tenía un carácter inestable y no fidelizado. Esta apoyatura se refería a sectores de las capas medias. En ese momento era verdad que la base social en que se apoyó el pinochetismo fue relativamente estrecha. A partir de allí cabía la posibilidad de interpretar esto como una debilidad relativa de la dictadura, lo cual era un error porque una política represiva eficaz por parte de una dictadura puede ser un factor de estabilidad para esta, aun en el caso de que su representación social sea estrecha. Esta fue la variante que predominó en el caso chileno. Con bastante posterioridad, la dictadura pudo consolidar una base social más amplia, que le permitió sostenerse durante 17 años, en tanto que barrera chilena contra el retorno del comunismo.

La composición política que se postulaba para el Frente Nacional de Resistencia era relativamente estrecha. Era el MIR, los partidos de la Unidad Popular y el ala izquierda y contraria a la dictadura de la democracia cristiana. Aquí había un gran problema táctico, muy espinoso en su resolución. Los partidarios de la tesis del Frente Antifascista, como el PC, planteaban la unidad de los partidos de la UP con toda la democracia cristiana. Solamente excluían a la derecha. Tanto la tesis del MIR como la del Frente Antifascista tenían un grave problema. El sector de Eduardo Frei y Patricio Aylwin, hegemónico en la DC chilena, habían sido parte del golpe. Quizás con un apoyo vergonzante pero bastante claro, como puede verificarlo cualquiera que lea el informe que dio Frei ante la Unión Mundial Demócrata Cristiana. Incluir a toda la democracia cristiana (tesis del Frente Antifascista) como reducir la alianza a su sector opuesto a la dictadura (tesis del MIR) era altamente problemático. La primera tesis era de muy difícil realización en ese momento y la segunda, probablemente, no expresaba acabadamente una política de acumulación democrática de fuerzas debido a que quedaba reducida a la izquierda y poco más. 

En el exilio, el MIR mejoraría mucho las relaciones con el conjunto de los partidos de la Unidad Popular. Se suscribieron documentos en conjunto y se hicieron actos de repudio a la dictadura. Sin embargo con la partición del Partido Socialista en el exilio, con la división entre los renovadores de Altamirano y Arrate y el sector que mantuvo una mayor continuidad con la óptica marxista leninista, dominante en los años sesenta y setenta, dirigido por Clodomiro Almeyda este escenario sufriría una violenta modificación. Los primeros se orientaron paulatinamente a buscar la alianza con la democracia cristiana y la derecha que pudiera tomar distancia de la dictadura. Con el tiempo esto significó cada vez más la exclusión del Partido Comunista del campo posible de alianzas. Significaba una política de alejamiento implícito respecto a la experiencia de la Unidad Popular y de distanciamiento cada vez mayor con el socialismo real. Paralelamente aumentó la proximidad con la Internacional Socialista.

Este contexto adverso llevó a un aislamiento político tanto del Partido Comunista, que vio reducido su campo de alianzas al socialismo almeydista, como del MIR. Con el aniquilamiento de su dirección interior hacia 1976, los comunistas conservaban su base social pero carecían de cuadros formados para llevar a cabo cualquier plan político. El MIR hizo salir del país a la mayor cantidad de militantes posible. Esta medida, aunque tardía, impidió su aniquilamiento por la acción de la dictadura. En el exilio los militantes miristas empezarían a concebir su retorno organizado a Chile. Dejaron en el interior del país a una porción mínima de cuadros, que garantizaban la salida de “El Rebelde”, el órgano periodístico central del MIR. La tarea era llevada a cabo en una permanente comunicación con la dirección partidaria, en ese momento en el exilio [13].

El MIR, su militancia y su dirección, llevó a cabo un retorno organizado a un país en el que la dictadura había tenido varios triunfos. En primer lugar, logró apoderarse de las banderas nacionalistas en contra de sus rivales regionales (Perú y Argentina), que tenían regímenes distintos. El Perú vivía el momento más bajo del proceso nacionalista y progresista encabezado por Velasco Alvarado (prontamente reemplazado por un golpe interno) y la Argentina atravesaba una dictadura tan reaccionaria como la chilena pero que estuvieron a punto de entrar en guerra. Estos enfrentamientos jugaron a favor de la estabilidad del régimen pinochetista. El segundo factor estabilizador fue el triunfo de la dictadura en el plebiscito regimentado que cambió, en un sentido reaccionario y desdemocratizador, las bases constitucionales de Chile.

A esto hay que agregar que el retorno del MIR se desarrolló en un contexto en el que el aparato represivo se extendía cada vez más por la sociedad civil. Hay una estimación que calcula en 40000 el número de delatores e informantes que la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional), dirigida por Manuel Contreras había instalado, principalmente en los barrios populares. Esto tuvo como consecuencia que una parte grande de la militancia del MIR que retornó a Chile tuvo que hacerlo en condiciones de estricta compartimentación y solamente una parte de esta pudo integrarse paulatinamente en la lucha política en el seno de la sociedad. Por otra parte, la preservación de las condiciones de seguridad para el aparato armado del partido también implicaba una inversión cuantiosa para preservar de la represión a esos valiosos cuadros que formaban la llamada Fuerza Central del MIR.

De modo distinto a lo que sucedió en las dictaduras uruguaya y argentina, la lucha armada combinada con la lucha política abierta fue una realidad durante todo el período pinochetista. El MIR asesinaría en 1980 al teniente coronel Roger Vergara Campos, director de la Escuela de Inteligencia del Ejército y en 1983 haría lo mismo con el intendente militar de Santiago, el mayor general Carol Urzúa Ibañez. A pesar de los golpes represivos sufridos, el MIR lograba mantenerse en pie. En 1981 intenta instalar una fuerza guerrillera en la zona de Neltume, región de bosques y montañas. La elección de esa zona estuvo dada por la existencia de un trabajo político de unos años anterior, lo cual como mínimo fue un exceso de optimismo en el plan político. Su intención no era establecer un foco o una zona liberada sino generar acciones militares en el campo chileno pero sin limitarse a un determinado territorio. El intento terminó en fracaso debido a que fue detectado prematuramente por la DINA. Un operativo conjunto de esta fuerza con el Ejército dispersó a la pequeña columna, que quedó aislada en la zona. Los intentos de rescate del MIR, impulsados personalmente por Andrés Pascal Allende, instalado desde un año atrás en Chile, no llegó a tiempo y la mayoría de los militantes miristas involucrados en la acción fueron asesinados por el Ejército y la DINA. En 1984 el MIR intentó asesinar a Manuel Contreras, jefe de la siniestra DINA. Este fue salvado por uno de los custodios que logró desprender el artefacto explosivo (dotado con un mecanismo de imán) que dos militantes miristas habían colocado debajo del BMW del represor. Poco después se le tendió una emboscada en una calle cercana a su casa pero aparentemente el auto tenía un sistema de escucha sofisticado que permitió al auto cambiar su ruta.  

Lucha popular y crisis partidaria

La acción política y militar del MIR se sostuvo con un gran sacrificio por parte de su militancia. La represión y el espionaje político era la industria que mejor funcionaba en el Chile de Pinochet. Sin embargo, las dificultades del partido comenzaron a incrementarse en el ascenso de la lucha de las clases oprimidas en contra de la dictadura. Intervenir en esta situación requería una combinación de lucha clandestina y acción política pública que para un partido extremadamente perseguido era muy difícil de implementar. La tarea, sin embargo, se tomó. El MIR retomó sus vínculos con las clases populares de Chile, las cuales se encontraban en un violento proceso de reconfiguración a partir de la hegemonía del capital financiero como principal articulador de la fuerza social que conducía a la dictadura. Las dificultades para manejar las diferentes formas de lucha le ocasionó importantes pérdidas de infraestructura y caídas de militantes. Al mismo tiempo se producía el ingreso de sectores juveniles populares, con muy poca experiencia política, que debían atravesar una acelerada formación en condiciones muy difíciles, para poder acoplarse a un partido de vanguardia como era el MIR.

La continuidad de la lucha de masas bajo la dictadura durante la primera mitad de los años ochenta llevaría a dos valoraciones distintas en el MIR. Un sector encabezado por Pascal Allende y Manuel Cabieses veía la posibilidad de enlazar la lucha anti-dictatorial con el establecimiento de una situación revolucionaria que planteara no solamente el derrocamiento de la dictadura sino también el del orden social vigente. El sector encabezado por Nelson Gutiérrez pensaba que este análisis era completamente equivocado y que subestimaba trágicamente las transformaciones del capitalismo chileno y, más ampliamente, mundial [14]. La persistencia en un modo de acción político armado, al que se agregó un importante actor/competidor como el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (dirigido inicialmente por el Partido Comunista de Chile, que había iniciado una política de rebelión popular contra la dictadura), inició un proceso de fraccionamiento político muy difícil de evitar. El MIR había perdido la unidad política necesaria para actuar.

El segundo tramo de los años ochenta introduciría problemas tácticos complejos, como el plebiscito convocado por Pinochet. Chile se introducía en un proceso de transición democrática que consolidaría las conquistas sociales que la clase dominante había conseguido a partir de la dictadura. Era necesario un nuevo planteo político que definiera las tareas. Solo una parte del MIR estaba dispuesto a encarar esta tarea. Al mismo tiempo la persecución de la dictadura sobre el MIR se mantuvo hasta el último día. El 4 de setiembre de 1989 la dictadura, después de perder el plebiscito, asesinó a Jecar Nehgme, vocero del MIR (político) [15]. Para una organización, formalmente dividida en tres fracciones (la de Gutiérrez, la de Pascal y la de la llamada Comisión Militar) por lo menos desde 1987, la acción política se volvió cada vez más difícil de llevar adelante. El MIR, acosado por la dictadura pinochetista, sin embargo no fue vencido por esta monstruosa criatura  sino por sus propios límites políticos. Lo trágico de este resultado fue que existía una herencia política muy valiosa que, de hecho, perdió la oportunidad de transmitirse a través de sus protagonistas, ponerse en cuestión o repensarse nuevamente con alguna posibilidad de continuidad. Una escena de la película Calle Santa Fe, dirigida por Carmen Castillo (esposa de Miguel Enríquez y sobreviviente del ataque militar en el que éste perdería la vida) muestra a una militante del MIR, de los muchos que volvieron en la operación retorno hacia 1979, a quién unos compañeros le anuncian que el partido no existe más. Era 1989. Año en el que se vivieron una serie de disoluciones en el campo de la izquierda. Varias de ellas fueron entendibles, y en algunos sentidos, casi aliviadoras. Arrastraron otras que encerraban, con los límites que se quiera, un legado muy valioso que creemos necesario revisitar, rescatar y renovar.


Notas

[1] Pascal Allende, Andrés  (2003)  El MIR chileno: una experiencia revolucionaria Buenos Aires, Ed. Cucaña.

[2]  Ver “Algunos antecedentes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria 1965/1971” en www.archivochile.com › Archivo_Mir › html › mir_ar… 

[3] La influencia inicial trotskista mantuvo algunos elementos en el pensamiento mirista. Principalmente expresados en un  distanciamiento respecto al movimiento comunista internacional. Ello se expresó, por ejemplo, en el rechazo a la intervención soviética en Checoslovaquia o en las diferencias mantenidas con el PRT argentino en torno a la mayor simpatía y expectativa que este partido mantuvo respecto al campo socialista. Ambas organizaciones formaron la Junta de Coordinación Revolucionaria en 1972 y, si bien había una cantidad grande de acuerdo en las miradas políticas de estos partidos, el MIR buscaba establecer una alternativa al movimiento comunista internacional mientras el PRT buscaba confluir con este.

[4]  Puede consultarse a este respecto el documento “Treinta preguntas a un tupamaro”, presuntamente escrito por Raúl Sendic, el principal fundador, y símbolo, de la organización. Allí se formula con toda claridad el rechazo tupamaro por la teoría mediante la formulación “las palabras nos separan, la acción nos une”. Para los tupamaros los principios de una revolución socialista estaban claros a partir de la revolución cubana y, por lo tanto, lo que había discutir era cómo se planeaba exitosamente la lucha armada. Este enunciado también puede encontrarse en el texto citado así como en el Documento nº 1 del MLN.

[5]  A través de su pseudónimo de Luis Cerda. Bambirra y Dos Santos, a pesar de su cercanía al MIR adoptarian una pertenencia orgánica al Partido Socialista de Chile. Repetirian en el campo intelectual la relación habitual que se estableció entre el MIR y la mayoría de izquierda del PS

[6]  En este número salió un clásico de la sociología laR.tinoamericana, el estudio sobre las tomas de tierras en Chile, escrito por el argentino Juan Carlos Marín. Allí se aplicaban los métodos cuantitativos de la sociología académica a un objeto particularmente dinámico y complejo que se combinaba con la teoría marxista de la lucha de clases. Marin también fue militante del MIR y, en ese carácter, estuvo cautivo en el Estadio Nacional, siendo rescatado de una muerte segura por el ACNU

[7] Las concepciones dependentistas al mismo tiempo que establecieron un campo analítico nuevo para estudiar con rigor las aventuras y desventuras del desarrollo latinoamericano en relación a una estructura de relaciones de clases, cayeron también en unilatelaridades que desechaban toda posibilidad de desarrollo capitalista en la región. Sin embargo, su  papel en la formación de un pensamiento crítico (y socialista) latinoamericano ha sido muy relevante.

[8] Este nombre se originó a partir de la pregunta, seguramente intencionada, de un periodista que interrogó a Allende acerca de esos jóvenes que lo acompañaban a todas partes. El fino sentido del humor de Salvador Allende encontró una forma de contestar sin revelar nada. Su respuesta fue: un grupo de amigos personales. Otra historia divertida fue contada por Andrés Pascal Allende cuando éste le solicitó a sus camaradas de la Comisión Política del MIR que prefería dejar de participar en las reuniones porque en la primera de éstas Allende le había amonestado llamándole comemierda y agregando: “Eres mi sobrino y me criticas”.

[9] “Frentes Populares por un lado, fascismo por otro; esos son los últimos recursos del imperialismo en la lucha contra la revolución proletaria”. Programa de Transición aquí

[10] En las elecciones parlamentarias de marzo de 1973 la derecha se había unido a la democracia cristiana y a grupos menores en la Confederación de la Democracia y apuntaban a obtener un triunfo de dos tercios de los votos que les permitiera acusar constitucionalmente a Allende y destituirlo. Este cálculo probablemente se basaba en la derrota del gobierno en las elecciones de enero de 1972 en algunas regiones del sur de Chile (la UP fue con el MIR y presentó un programa más radicalizado). Si bien la CoDe sacó más votos que la UP quedó muy lejos de llegar a su objetivo. Obtuvo el 55,70 % de los votos contra un 44,03 % de la UP. La coalición allendista había aumentado sus votos. En esa ocasión el MIR apoyó las listas más afines a sus posiciones dentro de la UP. Según las zonas llamó a votar al PS o a la Izquierda Cristiana de Luis Maira, muy cercano al MIR en ese momento.

[11]  La llegada de los militares al gabinete fue un subproducto del paro de los patrones camioneros en octubre de 1972.

[12] Asesinado el 24 de setiembre de 1973 por miembros de la Marina. Camú y sus compañeros, junto a militantes del MIR, llevaron a cabo varios actos exitosos de resistencia armada en barros populares de Santiago.

[13] No existe una colección completa de El Rebelde (en la clandestinidad). Se puede consultar una colección incompleta aquí.

[14] Un libro publicado en 1990, titulado El MIR vive en el corazón del pueblo, reúne los textos que Gutiérrez escribió en el marco de la lucha interna. Este libro, altamente recomendable, era prácticamente imposible de encontrar. Afortunadamente hoy podemos descargarlo de la página del INEDH. El MIR vive en el corazón del pueblo | INEDH – inedh.cl › 2018/11/13 ›.

[15] Hijo de un dirigente socialista asesinado por Pinochet a los 32 años, Jecar Nehgme fue dirigente estudiantil y representó al MIR en el Movimiento Democrático Popular (coalición política que reunía al MIR, a los comunistas y al socialismo almeydista) y la principal figura pública de la izquierda radical. Para más información sobre el crimen ver https://youtu.be/gc2lxaU3_GY. Un crimen que la transición política dejó impune.