Ecos de XXX Aniversario de Miguel. Carta privada a “Memoria MIR”

Print Friendly, PDF & Email

Por Nelson Gutiérrez Yáñez, Concepción, enero del 2005

 Sociedad Futura publica este texto como parte del dossier que conmemora los cincuenta años del triunfo de Salvador Allende. Este documento político, escrito por uno de los más importantes dirigentes del MIR, Nelson Gutiérrez, revisita el período de la Unidad Popular y las transformaciones neoliberales de la sociedad chilena. Es la reflexión de un militante crítico. Uno de esos a los que las ganas de cambiar radicalmente la sociedad no lo vuelven ciego respecto a las grandes fuerzas que se oponen a estos fines. Nelson Gutiérrez fue el principal dirigente del llamado MIR (político), la principal fuerza de la izquierda revolucionaria que intentó superar las inercias de un revolucionarismo que había perdido la brújula respecto a cómo incidir en la lucha política concreta por una salida democrática en la que los intereses de los trabajadores y el pueblo fueran parte de ella. La historia fue por otro lado y el pueblo chileno vivió en una democracia en la que la política estuvo al servicio de los privilegiados, y esto parecía inamovible. El malestar acumulado a través de décadas terminó estallando en octubre de 2019. El resultado de esta pelea está aún abierto. Para los militantes populares es central conocer la dinámica social y política que sostuvo la génesis de ese espantajo reaccionario, con que el capital pretendió y pretende aleccionar a los asalariados, que es el Chile neoliberal. Volver a poner en circulación y debate este texto de Nelson Gutiérrez es una apuesta al conocimiento de esa situación y a las bases para pensar su superación.


Carta privada e íntima a los compañeros de Memoria MIR 

Tal como se los manifesté en su oportunidad, mi participación en las actividades del XXX Aniversario de la muerte de Miguel, constituiría el último acto público en que me incluiría junto a todos los rostros y corrientes del viejo MIR y su cultura. 

Terminado el XXX Aniversario me he esforzado por hacer un balance de su significado, el que les adjunto en el texto más amplio que acompaño. 

Debo decirle que en la intimidad de mi consciencia no me siento conforme ni con el desarrollo, contenido y resultados del esfuerzo realizado. En realidad, esperaba algo distinto, algo que no se logró. Creo también que más allá de Memoria MIR, los poderes fácticos que también tienen presencia en la cultura mirista, imprimieron una direccionalidad al evento o los eventos que no le otorgó la universalidad suficiente a las actividades desplegadas, sus productos y resultados, sino más bien tendió a privatizarlos en el espacio de ciertas miradas que provocan una reducción del mirismo a ciertos gestos o a ciertos hilos o guiones de su historia real. El MIR real, el de los estudiantes, los jóvenes, los obreros, los campesinos, los pobres de la ciudad y el campo, los soldados y clases, los intelectuales, las mujeres, los desaparecidos, los torturados, los exiliados, etc., quedaron ausentes. 

Por mi parte, como Uds. saben, nunca he renunciado a hacer política y a proseguir las luchas; al mismo tiempo, tengan la certeza que continuaré perseverando en superar lo que considero una gran deuda histórica: 

a) Recuperar y resituar la figura y el rol del MIR en un período de la historia nacional. b) Rescatar el pensamiento y las biografías de los miristas caídos. c) Apoyar el esfuerzo por esclarecer la verdad y hacer justicia en relación a los detenidos – desaparecidos. d) Construir la verdad y hacer justicia respecto a la práctica del terrorismo de estado y la tortura, que se practicó en Chile durante la dictadura. 

En relación a Memoria MIR cuenten con nuestra simpatía y apoyo. 

Seguros que Uds. sabrán hacer un uso sabio de la cultura, los valores y las artesanías de lucha del mirismo, espero que continuemos encontrándonos en las luchas venideras. 

Nelson Gutiérrez Yáñez Concepción, enero de 2005. 

Anexo 

Durante los actos recordatorios de los médicos y revolucionarios caídos, que tuvieron como figura emblemática a Baustista Van Schouwen les señalé que consideraba que Memoria MIR debía dar el paso hacia una nueva forma de participación política si así lo estimaba pertinente, pero que debía hacerlo en forma autónoma y asumirse como un esbozo de dirección, sin transferir esa responsabilidad a otros. 

Continúo pensando eso. 

También señalé que creía importante que Uds. mantuvieran la casa del Club Hípico como Centro de encuentro, coordinación y articulación. Les manifesté que consideraba necesario dar un espacio concreto a las actividades políticas y legales vinculadas a los desaparecidos, torturados y exiliados y sumar esfuerzos en esa dirección. 

Expresé mi deseo de que esa casa se transformara en un espacio más acogedor. 

Creo que esa sigue siendo una tarea pendiente. 

Sugerí por último que se solicitara a todos los que participaron política y materialmente en los actos del XXX Aniversario su colaboración. 

Un fuerte abrazo. 

Nelson 


Balance sumario de la historia del MIR y su papel en la historia de la 2da mitad del Siglo XX chileno

Al cumplirse 30 años de la muerte de Miguel Enríquez, Secretario General y 34 de la fundación formal del MIR, queremos contribuir al esfuerzo de resituar, resignificar el rol que ese movimiento y una pléyade de cuadros jugaron en una etapa de la vida nacional. 

Partimos de la constatación de que en todo “proceso histórico”, quien quiera que resulte triunfador, seguirá participando de ese triunfo en el que los gobernantes de hoy marchan sobre los cuerpos de sus víctimas. Todo documento de cultura es a la vez un documento de barbarie. Es decir, la cultura, el conocimiento en Chile, construidas a partir del genocidio ejecutado por la dictadura y continuado bajo la forma de un gran consenso por los que vinieron después, tiene un doble carácter ideológico. 

Las obras de cultura; las interpretaciones, imágenes, relatos de la sociedad surgidas del período histórico que abarca desde la segunda guerra mundial hasta nuestros días, expresan diversos intereses creados y mantienen una relación funcional con una formación social basada en la explotación y la violencia, con la nueva formación de clases y procesos de lucha social y política que ha emergido y se está consolidando con el país. 

Imágenes sesgadas 

Seleccionamos seis imágenes sesgadas a través de las cuales se ha tratado de presentar una figura distorsionada de la política y actividad del MIR. 

a) Reducir el MIR a los instrumentos y formas de lucha que usó o propició real o supuestamente, dejando de lado sus fines y metas y sobre todo el carácter social y político de los sujetos que movilizó y dirigió. Se reduce el MIR a un movimiento armado, grupo guerrillero, a políticas militaristas, foquistas, etc. 

b) Se intenta leer y contar la historia de un movimiento político por lo que dicen las personificaciones, los cuadros o los documentos oficiales y no por lo que realmente fueron o hicieron en la historia nacional. El balance de la historia de un partido, de un movimiento, debe establecer el peso real de éste en la determinación del curso de la historia de un país, su capacidad real de iniciativa, decisión y determinación en la producción de determinados acontecimientos o en la inhibición de otros. 

c) Se presenta al MIR como un movimiento confrontado a la UP y como uno de los principales responsables del golpe militar. Se lo demoniza y convierte en factor explicativo de las debilidades de la UP y de los miedos de la burguesía. 

d) Se dibuja al MIR como un movimiento que solo buscaba la confrontación militar para poner término a la dictadura Pinochetista, reduciéndolo al gesto armado, al militarismo, al fetichismo del instrumento. 

e) Se presenta al MIR como un movimiento exclusivamente extraparlamentario, extrainstitucional, volcado sólo hacia la lucha ilegal, clandestina y conspirativa y a la acción directa de masas. Ocultando la valoración que éste siempre hizo de la lucha económica corporativa y la participación en sindicatos, federaciones y confederaciones estudiantiles, la lucha de masas, etc. Así como su valoración de la lucha electoral y parlamentaria a partir de 1970 y su decisión de comenzar a participar con políticos y candidatos propios a partir de 1973. 

f) Se subvalora y esconde sistemáticamente el papel del MIR en la lucha contra la dictadura, en el triunfo del NO y en la recuperación de las libertades política perdidas. 

El ciclo histórico de un movimiento revolucionario 

A fines de la II Guerra Mundial y comienzos de la década de los 50 se abrió en Chile una época de revolución social, desencadenada por tres procesos fundamentales que se imbrican entre sí: 

– Agotamiento del antiguo patrón de acumulación del capital y reproducción social, crisis progresiva del viejo bloque histórico dominante, que corresponde al dominio y hegemonía del capital industrial en alianza con la burguesía terrateniente. 

– Profundos cambios en el orden social, el proceso de formación de clases sociales se había alterado drásticamente al tiempo que se redefinían las relaciones de las clases. El proletariado se expandía no sólo a partir de su crecimiento vegetativo, sino de un proceso simultáneo de descomposición y asalarización campesina y de una creciente urbanización que expandió el ejército de reserva y la masa desempleada en las ciudades. 

– En la pequeña burguesía el proceso se expresó en empobrecimiento y radicalización de algunas fracciones y movilidad ascendente de otras. 

Un aflojamiento de las relaciones consuetudinarias, del orden normativo que se expresó en un proceso larvario de fisuramiento y crisis de la conciencia y el conocimiento dominante. Con el correr del tiempo esta crisis de la conciencia burguesa, se expresaría en una “crisis moral”, es decir, en una incapacidad de la burguesía para conducir a las nuevas generaciones. 

Esta época de revolución que se abre en Chile en los 50, se expresa tanto a través de los cambios que se generan en los procesos de formación de las clases, el crecimiento del peso de las clases populares en el balance nacional de fuerzas, como también en crecientes disputas en las alturas en el seno de la clase dominante paralelas al ascenso del capital financiero que pugna por reorganizar la economía, el orden social y el orden político, para constituir un nuevo patrón de acumulación y bloque histórico. 

En los 90 se cerrará este ciclo de la historia de Chile que puso a la orden del día dos alternativas de solución de la crisis de expansión del capitalismo local: el pasaje a una nueva forma de crecimiento del capitalismo local o la revolución popular. 

En este contexto nace el MIR en 1965. Los partidos políticos del proletariado y el movimiento popular PC y PS estaban muy encerrados en los compromisos corporativos que habían establecido con la burguesía en su esfuerzo por consolidar su participación en la construcción del régimen democrático parlamentario. 

Dichos partidos no percibieron los cambios que se estaban produciendo en los procesos de formación de las clases sociales, ni los grados de exclusión a que llevaba el sistema institucional político del que formaban parte. 

En los 50 y 60 era evidente que cerca de 1/3 de la población estaba excluida de toda posibilidad de organizarse para expresar su identidad social, para defender sus intereses económico sociales, para acceder a la ciudadanía política. 

El PC-PS, lo supieran o no, habían optado por una estrategia de reproducción de sus formaciones políticas que les llevaba a renunciar a las tareas de ampliación de los grados de unidad del proletariado, de su alianza con el campesinado y de la incorporación de la pequeña burguesía empobrecida y radicalizada. 

Se produce entonces un gran crecimiento de las luchas sociales y un descontento creciente en el orden social y de los sujetos que lo expresan, contra el carácter excluyente del orden político. 

El MIR se moverá permanentemente en torno a un intento de expresar políticamente un sistema de solidaridad de clase. 

Cuando hablamos de la época de revolución social que se cierra en los 90 con el triunfo del “NO” y el inicio de un intento de reconstrucción del orden democrático, bajo hegemonía burguesa estamos indicando que: 

– La burguesía en su conjunto, bajo el dominio de su fracción “más progresiva” inicia la realización de su victoria estratégica sobre el proletariado y movimiento popular. 

– Las clases populares y la izquierda tradicional y revolucionaria habían sufrido una derrota histórica el 73, habían sido expulsadas de la zona donde se libra la lucha política, su participación en el balance nacional de poder se había reducido a una mínima expresión. 

– La lucha política, la lucha por el poder, en el nuevo escenario era una lucha entre alternativas burguesas. 

– El comando de la clase capitalista lo asume el capital financiero y sus personificaciones. 

El cierre de este ciclo histórico se corresponde con un proceso conocido como renovación socialista, que cambia el carácter de clase de este partido, convirtiéndolo en una fuerza burguesa, socialdemócrata, que pasa a privilegiar sus alianzas con la burguesía más “progresiva”; la DC. 

Esto lleva a que se rompa la alianza de clases histórica que expresaba políticamente el PS y el PC, reduciéndose el peso del proletariado y las clases populares en el balance nacional de fuerzas. 

El PC a su turno queda huérfano de su estrategia de revolución democrático burguesa por etapas, en alianza con la burguesía nacional progresista, articulado a un partido popular policlasista, el PS. 

La orfandad y desarme del PC se completa con el derrumbe de la URSS y el campo socialista, que lo priva del orden social alternativo a que se proponía llegar mediante una estrategia pacífica basada en la emulación entre capitalismo y socialismo. 

En el caso del MIR nos enfrentamos a un movimiento político que no logró resolver bien a lo largo de más de un cuarto de siglo algunos problemas centrales que le plantearon los distintos períodos de la lucha de clases por los que transitó, ni tampoco la meta máxima de la época de revolución social que se abrió en los 50 y 60 y se cerró en los 90. 

La sociedad chilena de los 90 experimenta un doble proceso de expansión capitalista, expresado en crecimiento de la economía y de su articulación con el mercado mundial y crecimiento cualitativo de la democracia política bajo hegemonía burguesa. Pues crece el número de ciudadanos sin que aumente la inestabilidad política, al tiempo que crecen las identidades políticas de derecha UDI-RN y de centro DC-PPD-PS. La crisis de la conciencia burguesa está detenida, crece el democratismo burgués. 

El tipo de régimen político que se constituye presupone la exclusión de importantes volúmenes de población y la expulsión de las identidades de izquierda al ámbito extrainstitucional y extraparlamentario. 

Hitos importantes en la historia política y en la acción del MIR 

1965-1970. Fundación del Movimiento como fuerza política basada en un sistema de solidaridad de clases, no de intereses, que no subordina su estrategia y actividad a las alianzas políticas de construcción y reproducción del régimen democrático parlamentario. 

A partir de fines de 1969 el movimiento corrige sus tesis políticas (caracterización del período y coyuntura) las que preveían que el proceso político se encaminaba hacia una confrontación catastrófica extrainstitucional; para asumir que la crisis de la unidad política burguesa y el ascenso del movimiento popular, podrían terminar en una victoria en las urnas del Allendismo. 

El MIR es la forma que toman las luchas sociales y políticas de la época, sus instrumentos de acción son la acción directa de masas y la toma. El MIR legitima estas luchas, las protege socialmente y es la parte más avanzada del proceso de democratización sustantiva que experimenta la sociedad chilena. 

El Gobierno de la UP 70-73. 

En septiembre de 1970 triunfó electoralmente un movimiento nacional – popular que accedió al gobierno del estado, gracias tanto a que la burguesía había perdido temporalmente su unidad política, como al hecho que más tarde la alianza UP-DC en el Congreso otorgó la mayoría parlamentaria a Allende para que éste fuera investido como Presidente de la República. 

El MIR admitió que se había conquistado el gobierno, pero no el poder y que la burguesía derrotada electoralmente proseguiría su lucha política por otros medios; conspirativos, armados, militares, asumiendo la defensa estratégica de sus intereses. 

La diferencia sustancial entre la UP y el MIR se produjo no en torno a los métodos e instrumentos de lucha, tampoco al programa, sino con relación a cuál era la estrategia y las tácticas más adecuadas para prolongar el carácter ascendente del período, ampliar y fortalecer la alianza de clases y fuerza social en que se sustentaba el proceso en marcha. 

¿Se debía acumular fuerza por abajo, formando, ampliando la alianza de clases del período, superando positivamente la alianza DC mediante la incorporación de su base popular, desplazando y confrontando esa fuerza social armada moral, política y materialmente con la fuerza de la burguesía más reaccionaria y genocida?. 

¿O lo correcto era acumular fuerza solo por arriba amparándose en una idealización del carácter republicano de la burguesía y en un supuesto profesionalismo y constitucionalismo de las fuerzas armadas y de orden?. 

La vía chilena al socialismo amenazaba a la burguesía con la instauración del socialismo y con su desaparición como clase, por la vía de la expropiación patrimonial y la supresión de la propiedad privada, pero no construía ninguna fuerza real para concretar estas tareas y defender la estabilidad del gobierno. 

La burguesía se reunificó políticamente bajo la dirección de su fracción más cavernaria y retrógrada el PN, subordinó a la DC, al tiempo que expulsó o neutralizó a los sectores constitucionalistas de las fuerzas armadas y desplegó una semi-insurrección patronal permanente. 

Cuando este proceso se completó, las condiciones para el golpe militar abierto o el golpe institucional (desalojo del gobierno) estaban creados. 

El desarme moral y político del pueblo había comenzado en octubre del 72’. Las masas carecían de una política para enfrentar el golpe militar, fueron conducidas desarmadas a la confrontación; las responsabilidades mayores corresponden a las fuerzas que conducían el proceso y tenían capacidad de determinar el curso de los acontecimientos. 

Durante este período de ascenso de la lucha de clase, también conceptualizado como período pre-revolucionario, el MIR pasa del antielectoralismo y el antiparlamentarismo radical y casi de principios a valorar la la lucha legal, electoral y parlamentaria; como instrumentos de lucha legítimos desde el punto de vista revolucionario y popular, cuyo uso depende del carácter social del sujeto o sujetos que los utilizan y de las metas políticas que se proponen. 

El MIR, si bien no convoca a votar por Allende, las movilizaciones que dirige y la elevación de los grados de conciencia que surgen de la actividad de masas que se promueve, contribuyen al triunfo electoral del movimiento popular. 

Entre 1971 y 1973 participa en elecciones municipales y parlamentarias, sin llevar candidaturas propias pero apoyando las candidaturas que aparecieron como más progresivas y/o radicales. 

A fines de 1972 comienzo de 1973 la Comisión Política establece que es un error permanecer prácticamente al margen de la lucha electoral y parlamentaria, mediante el expediente de participar apoyando a candidatos de otras fuerzas, con lo que se inhibe y se anula la posibilidad de ganar o disputar conducción de amplios sectores de masa en la lucha política. 

El período ascendente de las luchas sociales y políticas durante el gobierno de la UP sólo habría podido mantenerse y prolongarse, si el poder se hubiera continuado trasladando hacia los sectores más explotados, oprimidos y excluidos de la sociedad chilena, hacia las clases sociales populares y revolucionarias, si la dirección política del período se hubiera orientado consistentemente a superar las dos alianzas sociales históricas que expresaban políticamente la DC y la UP y la tercera alianza de clases emergente que expresaba el MIR. Esto habría significado constituir una nueva alianza de clases y fuerza social que incluyera al 70% de la población y del electorado, creando las condiciones para el asentamiento y consolidación de micropoderes locales y territoriales, sino también para la configuración de una auténtica situación de dualidad de poder, gestada en la ampliación y profundización de una lucha democrática llevada a su límite. 

Este cuadro es el que explica el surgimiento del poder popular durante el período, en sus múltiples expresiones y dimensiones y su pervivencia en el imaginario colectivo y las artesanías de lucha hasta hoy. 

El golpe militar y el período contrarrevolucionario 

El golpe civil – militar de septiembre de 1973 fue ejecutado por la alianza política PN-DC y el comando de las FFAA y de Orden que comprendía a la oficialidad más retrógrada, genocida y anti constitucionalista. 

Una fuerza de guerra ocupó policial y militarmente el territorio, destruyendo relaciones sociales y cuerpos, haciendo retroceder 40 años el peso del movimiento popular en el balance nacional de fuerzas. 

Ninguno de los partidos de la ex – UP, ni el MIR, evaluaron correctamente la envergadura de la derrota, durante los primeros años de la dictadura Pinochetista. 

El MIR definió una política para el nuevo período descendente de la lucha de clase y de ascenso contrarrevolucionario ( el poder pasó a los sectores más retrógrados de la vida nacional) que suponía: 

a) Meta del período: el derrocamiento o término de la dictadura militar. 

b) La alianza amplia: todas las fuerzas consecuentemente antidictatoriales; que abarcaba los sectores DC que se opusieron al golpe militar; el PC, el MOC, PR, el PS, MAPU, IC, MIR. 

c) La convocatoria a una constituyente y un gobierno provisional con una fórmula abierta. La ocupación policial y militar del territorio obligaba a los que querían impulsar la lucha política, la lucha a resistencia, a utilizar armas para proteger esa fuerza, sus desplazamientos y sus cuadros. 

El objetivo era derrotar políticamente a la dictadura y su alianza de clases y desarmarla militarmente. El método no era la guerra revolucionaria bajo la forma de guerra de guerrillas, guerra de todo el pueblo, guerra prolongada, etc. 

En este esfuerzo cayó M. Enríquez un 5 de octubre de 1974, cuando ya la dirección del MIR había establecido que el Secretario General había permanecido demasiado tiempo clandestino en Chile, adoptando el acuerdo y las medidas necesarias para su repliegue a la retaguardia exterior. 

Durante los primeros 10 años posteriores al golpe militar la izquierda chilena estuvo más consumida en la lucha al interior de su propio campo, que en la lucha contra la dictadura. Apenas se unifica políticamente las transformaciones de la naturaleza del PS (socialdemocratización), del MOC, del MAPU; impondrían la ruptura sin retorno de la alianza histórica del PC y PS. Este último pasará a privilegiar desde entonces la alianza con la DC y a tratar de conformar una fuerza de centro. El PC ingresará a la lucha armada primero como amenaza a la DC que lo ha dejado fuera de la alianza histórica que éste siempre buscó para terminar permaneciendo en ésta por la autonomización de su brazo armado. La izquierda real: PC, PS (A), MIR, Frente, IC no logran articular y definir una política propia, capaz de convertirlos en una fuerza determinante del proceso de luchas sociales y políticas que se abre el 81-83, tanto en las alturas como en la base. 

Período 1981-1983 y adelante 

En este período la mayoría en la dirección perdió toda la capacidad para observar lo que objetivamente ocurría en el proceso real. Su capacidad de hacer una lectura correcta de los procesos estructurales y las luchas sociales y políticas en Chile desapareció. 

De esta forma se produjo una ceguera total frente a los procesos de reestructuración y expansión que experimentaba el capitalismo chileno; en el 81-83 se confundió una crisis económica, coyuntural, que se desdobló en crisis social y crisis política en las alturas, con una crisis terminal y catastrófica del capitalismo; se confundió un movimiento de protesta social con un carácter de clase restringido con la emergencia de un movimiento insurreccional de masas. Una crisis política detonada por arriba, con una crisis política generada desde abajo por las protestas sociales. 

La política que emergió de esta caracterización no pudo ser más errada; así la meta del período el fin y/o derrocamiento de la dictadura militar se transformó en el objetivo maximalista de tomar el poder del estado, con lo cual se restringió abruptamente la alianza de clases del período. Las formas de lucha se alteraron drásticamente pensando que se podía pasar a un rápido proceso de formación y acumulación de fuerza social, política y militar, que transformara a las masas populares compuestas por obreros, campesinos, pobres de la ciudad y el campo, jóvenes pobladores, en factor decisivo y determinante de la crisis en curso. 

El método de acción que se privilegió fueron los levantamientos urbanos, suburbanos y rurales. El resultado es conocido; al error de apreciación del estado de ánimo de las masas y del carácter y límites del movimiento de protesta social, se unió la tozudez de no aceptar que el MIR como fuerza, no solo estaba desgastada y debilitada, sino cercada por los cuerpos represivos y aparatos de inteligencia y que una táctica como la implementada permitiría la identificación y decapitación de los cuadros, combatientes, militantes y masa que se involucrara en ese tipo de acción política. Desgraciadamente la composición social, política e ideológica de la dirección del MIR había cambiado mucho, como consecuencia de la dinámica represiva. La política alternativa no tuvo posibilidad de encontrar oídos receptivos, ni ojos abiertos a los observables del mundo real. 

La crisis y división del MIR 

Las equivocadas lecturas del proceso político chileno, las caracterizaciones erradas y sesgadas del período y la coyuntura porque transitaban las luchas sociales y políticas en Chile, llevó a la mayoría de la dirección y a una parte de la masa partidaria a definir una estrategia y selección de tácticas y formas de lucha profundamente equivocadas, imposibles que las hicieran suyas las masas en acción, los millones de chilenos que se habían puesto en marcha para infligir una derrota a la dictadura, los que estaban dispuestos a cumplir tareas realizables, usar formas de lucha simples y desencadenar acciones fáciles de concretar. 

La dirección del MIR Pascal definió una estrategia errada de período; se propuso metas y tareas para un período distinto de la lucha de clases que estaba solo en la cabeza e imaginación de algunos. De la fuerza social amplia del período se pasó a una alianza de clases estrecha, de la meta del término de la dictadura, la convocatoria a una constituyente y al establecimiento de un Gobierno de transición, se pasó a la toma del poder, un gobierno revolucionario y la dictadura del proletariado. 

Esos son los factores principales que explican la crisis y división del MIR en la segunda mitad de los 80. 

El error estratégico del Pinochetismo y el triunfo del «NO» 

Será un error estratégico del enemigo; la convocatoria a la inscripción y el plebiscito, más que las virtudes y aciertos de la política propia de la oposición, lo que abrirá el camino para convertir a las masas en factor determinante de la lucha política y desbrozar el camino hacia el término de la dictadura militar. 

El MIR permeado por un cierto principismo confunde el carácter de los instrumentos y formas de lucha, creyendo que estas son por sí mismas reformistas o revolucionarias, olvidándose que esas cualidades las determinan los fines y las metas y sobre todo, el carácter social y político de los que las usan. Se tendió a pensar que la lucha institucional, electoral, legal era intrínsecamente reformista. Ello determinó que una parte del movimiento tomara muy tarde, con mucho retraso y sin una firme convicción, la decisión de la inscripción y el plebiscito. Otro tanto, ocurrió con el resto de la izquierda. Esto dejó el campo abierto para que las demás fuerzas opositoras y, si se quiere ser más preciso, para que la oposición burguesa tomara la iniciativa en la dirección de las masas e instalara en las cabezas de masas del “NO”, una conciencia, una lectura democrático burguesa de las luchas, de las metas, del presente y el futuro inmediato. 

Así, luego del triunfo del “NO”, el proceso político toma un curso democrático burgués, es conducido por fuerzas políticas burguesas, que licencian a las masas y encierran las decisiones en la asamblea de la burguesía. 

Período 90-93, el MIR político 

El MIR caracteriza correctamente el nuevo período que se abre con la derrota parcial del pinochetismo y la burguesía despótica y contrarrevolucionaria. Es un período ascendente de la lucha de clases, en que las masas del pueblo pueden llegar o no a convertirse en actor determinante de ese proceso. El pueblo conquistó parte de la dirección política del gobierno del estado, en el marco de una dualidad de poder que le obliga a compartir el gobierno del estado con la burguesía más reaccionaria. 

La tarea de completar la derrota y desarme total del Pinochetismo y la burguesía más reaccionaria y genocida, nunca se concretó. Por el contrario, con el pasar del tiempo ésta recuperó fuerzas y posiciones, se lavó la cara para aparecer con un grado de legitimidad democrática, se reforzó políticamente a través de la UDI y la Alianza por Chile y el poder económico incontrastable. 


Ecos del XXX aniversario. ECOS I 

Durante los últimos días de septiembre y la primera semana de octubre la cultura mirista a lo largo y ancho de Chile y del mundo; juntó su capital moral, para reconstruir su memoria, resituar su rol en la historia nacional, rendir homenaje a la figura de Miguel Enríquez, y a todos sus muertos y proyectar sus esperanzas libertarias y emancipatorias hacia el siglo XXI: 

Fueron varios miles los que se congregaron y volvieron a establecer nexos de cooperación, afectos y lenguajes comunes, en las principales ciudades de Chile, en varios pueblos, algunas localidades rurales y enclaves campesinos. En la Habana, Buenos Aires, Montevideo, Estocolmo, Londres, París, Berlín, Nueva York, Roma, Ginebra, hubo también cuerpos y rostros miristas. 

La cultura mirista sobrevive a 39 años de la fundación del movimiento, 34 del golpe militar, 30 de la muerte de M. Enríquez y 14 años de la Concertación. 

Cultura significa cultivo, es decir, un proceso; cultivo de granos o cría y alimentación de animales, por extensión, cultivo activo de la mente humana, o conformación de un modo de vida de un grupo humano o de un pueblo en particular. Cultura mirista alude a una experiencia que va más allá de las luchas sociales y políticas; que involucra conocimientos, valores, usos, normas y costumbres; afectos, esperanzas, deseos y; también técnicas heredadas para la solución de problemas prácticos, artesanías en la construcción de relaciones sociales, experiencias en la organización colectiva de hombres y mujeres. Es una cultura y subcultura lo que ha subsistido. 

La cultura mirista de cara al siglo XXI chileno 

Leyendo los actos y actividades del XXX aniversario, Miguel y su padre que yacen en la misma tumba y conversan en las noches o en los amaneceres del cementerio General, habría dicho; al fin se rompió el cascarón del huevo. Se han encontrado las generaciones del 60, el 70, los 80 y los 90; se han debilitado en el país las relaciones sociales consuetudinarias; el conocimiento y la conciencia dominantes muestran fisuras por donde penetra la fresca brisa de los amaneceres; es posible comenzar a pensar de nuevo en forma autónoma. La identidad social del mirismo como cultura jamás ha estado en cuestión, nació como expresión política de los de abajo, de los pobres de la ciudad y el campo, de los asalariados y explotados de la tierra. 

Pero hoy se observa la carencia de una identidad política, de una dirección clara, que pueda acompañar la lucha libertaria y emancipatoria, la lucha por la justicia y la equidad en esta etapa inmediata y la lucha estratégica por construir órdenes sociales más humanos. 

Miguel fue siempre un animal político, un hombre con esperanza, alguien que sentía insatisfacción ante la realidad circundante y llevaba inscrito en su código genético el ansia de alterar las relaciones sociales y construir mundos mejores, órdenes sociales más humanos. 

Desde la historia, Miguel, pensando desde la cultura mirista, diría hoy que en Chile se cerró un ciclo histórico de luchas. Se ha abierto uno nuevo de cara al siglo XXI. El escenario mundial y local cambió, pero no cambió para suprimir la explotación, la pobreza, la falta de trabajo y la precarización de éste, las guerras y el sufrimiento humano. 

La mundialización o globalización, debilitan los contornos del estado nacional, altera tanto los procesos de formación y la capacidad de dominio de la nueva clase dominante como los patrones de reproducción y lucha de los dominados. Los límites continentales de la lucha revolucionaria y emancipatoria, hoy se han hecho mundiales, planetarios. 

Las formas y caminos que tomaron las revoluciones proletarias, de obreros y campesinos en el siglo XX, deben ser repensadas, actualizadas y redefinidas. 

La vía concertacionista hacia el primer mundo 

La economía chilena se sustenta en la total apertura al mercado mundial, amparada en el mito del libre comercio, que sostiene que el comercio más que la industria es la fuente principal de prosperidad de las naciones. Es una economía rentista basada en la exportación de materia primas con poco valor agregado y la importación de manufacturas y conocimientos con mayor valor. 

La Concertación propone al país “la vía chilena hacia el primer mundo”, a través de este modelo primario exportador; lo que se conseguiría es llegar a una economía con mucho del tercer mundo, algo del ex segundo mundo, muy poco del primero y casi nada de la economía del conocimiento, la comunicación, los servicios. 

Una economía basada en el comercio tiende a tasas de crecimiento declinantes, bajos precios de la fuerza de trabajo, flexibilización, precarización del trabajo; lo que provoca un crecimiento sin expansión del empleo, concentra a niveles desconocidos la propiedad, produce y reproduce constantemente desigualdad social, mundializa o desnacionaliza la propiedad patrimonial, genera exclusión e inestabilidad estructural, pone a la cabeza del comando de la sociedad y la economía al capital financiero globalizado. 

Procesos de formación de clase sociales, estructura de clases y lucha de clases en Chile 

A pesar de lo que pretende el conocimiento dominante y sus intelectuales orgánicos, las clases, sus confrontaciones y luchas no han desaparecido. 

De la hegemonía de la burguesía industrial, agraria y terrateniente del siglo XX, hemos pasado a la hegemonía del capital y la burguesía financiera, tanto de base local como de base o carácter mundial y globalizado; nuevas formaciones o fracciones burguesas se han incorporado a la clase dominante sea por expansión y/o división de los viejos grupos económicos, sea como producto de la constitución de grupos, sea a partir del saqueo y privatización de los bienes públicos el aprovechamiento de información privilegiada o de lobismo, el acceso a contratos ventajosos, etc. Se han conformado una nueva fracción burguesa expresada políticamente por la UDI; como también nuevas fracciones burguesas que reconocen su identidad política en la Concertación. 

Las clases medias han experimentado profundas transformaciones, achicándose y debilitándose los sectores medios adscritos al sector público y ensanchándose los contingentes adscritos al sector privado. 

Mientras, el crecimiento del trabajo inmaterial, la expansión de la educación media y superior, el acceso a la sociedad y economía del conocimiento, van gestando un nuevo proletariado intelectual que no requiere subordinarse a medios de producción ajenos y que presiente que la burguesía está dejando de jugar un papel “progresivo”. 

Hacia abajo, el proletariado industrial, minero, agrícola y de servicios continúa manteniendo una importancia numérica y productiva aunque más reducida, pero otras figuras sociales lo acompañan, como los trabajadores intermitentes, temporeros(as), quienes no alcanzan a constituir plenamente el salario; las etnias, los campesinos pobres, los inmigrantes, las mujeres y las desigualdades de género, la tercera edad y los jubilados, los jóvenes de la primera y segunda juventud, etc. 

Esto crea nuevas líneas de confrontación y alianza a lo largo y ancho de la pirámide social. 

El sistema político chileno y la soberanía secuestrada 

Para quien observe e intente describir con objetividad el sistema institucional político chileno, resulta evidente que nos enfrentamos a un fenómeno de soberanía usurpada y secuestrada; a una democracia blindada y tutelada. 

En pocas palabras, la Constitución del 80 es ilegítima en su origen y en sus procedimientos de reforma; el soberano, el pueblo nunca ha sido consultado en plenitud ni ha actuado jamás como sujeto constituyente. 

El contenido y el texto de la ley fundamental fueron impuestos por la fuerza de las armas. Esta ley fundamental permite la sobrerrepresentación política de los que tienen menos poder social, al tiempo que excluye a amplios sectores de la ciudadanía y la participación electoral real. 

El sistema político basado en el binominalismo, solo permite la existencia de un centro (socialdemocracia, socialcristinao y liberal) y de una derecha, excluyendo a la izquierda, a quien condena y empuja a la marginalidad y la lucha extraparlamentaria. 

El sistema político institucional fue concebido para tolerar solamente la lucha interburguesa, la confrontación entre alternativas de centro y de derecha dentro de la clase política burguesa, excluyendo la presencia y participación de fuerzas políticas autónomas cuyo carácter social exprese los intereses del proletariado, el campesinado, los pobres de la ciudad y el campo, la pequeña burguesía, el nuevo proletariado del conocimiento. 

De esta forma el sistema político excluye estructural e institucionalmente las alternativas políticas no burguesas. La lucha política tolerada comprende solo alternativas de centro y de derecha, es decir, el juego político se reduce a la lucha al interior de la concertación y la alianza por Chile y a la lucha entre estas dos alianzas que a lo más permite la alternancia en el poder. 

Los asalariados, los trabajadores, los más pobres y excluidos de Chile no tienen ni derechos ni posibilidades de ingresar a la zona donde se disputa el poder político real. La lucha política es un asunto propio del exclusivismo burgués. 

Chile o la lucha política de clases detenida. 

Lo más característico del Chile actual es que la historia aparece como estancada, detenida. Estamos parados en medio de una gran operación de estabilización capitalista – burguesa, de congelamiento del “estado” del poder.

La historia se detuvo en 1989-1990, el poder pasó de la burguesía más regresiva a la más progresiva, pero no ha continuado desplazándose para llegar aunque sea tímidamente hasta las clases dominadas. El traslado del poder se estancó en manos de la concertación y su conciliación con la derecha (Alianza por Chile). 

Catorce años de concertación muestra que ésta no llevará el poder más allá de los límites que se auto impuso en la transacción previa y posterior al plebiscito. 

El gran problema es ¿hacia dónde se moverá el poder en este período hacia la derecha lavinista? Si es así, ¿se configurará un momento regresivo?.¿Se mantendrá en la concertación desplazándose hacia la DC o el PS? Entonces se mantendrá el estancamiento. 

Con catorce años de concertación se demuestra que ésta por sí misma no pudo superar los límites de sus viejos arreglos y acuerdos con la derecha y el pinochetismo. 

Solo la emergencia de una tercera fuerza, de una nueva alianza de clases y fuerza social, de una izquierda del siglo XXI, podrá incorporar dinamismo a un sistema político institucional ya agotado a pesar de las nuevas reformas. 

Los desafíos de la cultura mirista 

En este contexto se plantean los desafíos actuales para la cultura mirista y sus portadores. 

Confluir hacia la conformación de una nueva dirección de las luchas sociales y políticas del presente, la que solo puede surgir del conocimiento directo e indirecto que aporten tanto las diversas clase y fracciones sociales y los nuevos sujetos emergentes, como los organizadores colectivos que provienen de distintas generaciones de cuadros. 

Construir una nueva identidad política a partir de los sujetos sociales que padecen la explotación y dominio del actual orden social e institucional capitalista, que respete los principios de horizontalidad, no delegación, autonomía y democracia interna en las decisiones, centralización democrática en la ejecución. 

El espacio de constitución de sujetos e identidades será la lucha social en su multiplicidad, diversidad y articulación y, la lucha democrática, de carácter popular, libertario e igualitario, es decir la lucha por conseguir un máximo de libertades y poderes de decisión dentro del marco del actual modo productivo, la lucha por reponer los procesos de igualación social y diluir las distancias sociales clasistas. 

Así, la cultura mirista, proyectando los valores que sustentaron Miguel, Bauchi, Luciano y otros, tomará una vez más partido por los desheredados de la tierra, por los pobres y los excluidos, por los asalariados y explotados del capitalismo real imperante en Chile. 

Así los organizadores colectivos que hicieron su aprendizaje bajo la cultura mirista, que es una cultura de la esperanza, de la subversión, de la desobediencia y la transformación; reiniciarán la larga marcha por dotarse de instrumentos de lucha, por tomar el poder molecular, por inventar mundos más humanos, por construir una sociedad más libre, plena y equitativa. 

Las identidades particulares y formas organizativas que tome esta decisión de participación política, de alistarse y formar parte del proceso de construcción de una nueva identidad de izquierda de una nueva dirección de las luchas, no puede sino consistir en una fórmula abierta, a la que cada individualidad y/o agrupamiento concurra de manera absolutamente libre y soberana, sin sujeción a disciplinas externas. 


ECOS II: El tiempo político después de las elecciones municipales y foro social 

Luego de las elecciones municipales de fines de octubre del 2004, el tiempo político chileno sufrió un pequeño acelerón, abriendo nuevas perspectivas para los que luego del término de la dictadura, han permanecido excluidos durante 14 años de toda participación política real, de cualquier forma de inclusión en el ejercicio del poder. 

Lo anterior se vio reforzado por la participación masiva de más de 10.000 personas, agrupaciones e instituciones en el foro social chileno, coronado con una marcha multitudinaria que convocó a más de 60.000 participantes. 

La crisis de legitimidad de la constitución heredada de la dictadura, del sistema político institucional y del binominalismo, irrumpió con fuerza poniendo en evidencia el retraimiento y la apatía de millones de chilenos frente a un régimen político que se parece más a una oligarquía liberal que a una democracia. La democracia es el poder del demos; del pueblo, es decir de la colectividad y presupone la igualdad efectiva de la participación de todos en la toma de decisiones. En un orden político oligárquico, es una capa reducida y definida la que domina la sociedad, su carácter liberal le viene dado porque consagra a los ciudadanos una cierta cantidad de libertades negativas o defensivas. 

La Constitución del 80 y sus reformas últimas, fueron concebidas, gestadas e impuestas sin la participación del soberano, el sujeto constituyente, el pueblo. Ella otorga más poder político a los que tienen menos poder social. Posibilita que la esfera pública-pública, la Asamblea del Pueblo, el Gobierno, los Tribunales, las Fuerzas Armadas, es decir, el espacio donde el ciudadano delibera con los otros para decidir y que dichas decisiones sean tomadas por el poder público de la colectividad, está invadida por la esfera privada. 

Esto quiere decir, que las decisiones verdaderas se toman en un espacio, aislado y cerrado; la Casa de Piedra, la ENADE, las Federaciones y Confederaciones Empresariales, los Directorios de las grandes empresas, los centros del capital financiero local y globalizado; las agencias del imperio americano, etc. 

También significa que una gran cantidad de decisiones importantes han sido sustraídas a la esfera pública; como el Tribunal Constitucional, el Consejo de Seguridad Nacional; el Banco Central, etc. 

Todas las constituciones son revisables, ello significa que sólo la actividad del constituyente en el caso de la democracia; el pueblo, puede poner límites a esa revisión. La idea de una constitución no revisable es un absurdo jurídico. 

En la Constitución del 80 quienes establecieron los límites del régimen político no fue el pueblo soberano, sino la oligarquía político – militar en el poder, o la autocracia en el poder, que concibió un poder para los menos, para sí mismos, sin tener que rendir cuenta a los otros. 

La democracia es un régimen que se instituye y autoconstituye explícitamente, que decide su ley fundamental y sus instituciones políticas, que toma las disposiciones necesarias de hecho y de derecho, para poder cambiar sus instituciones sin provocar una guerra civil o estallidos de violencia. Una constitución que no prevé los procedimientos y mecanismos, para el cambio de sus instituciones en acuerdo a lo que quiere el constituyente, no es una constitución democrática, ni puede dar origen a una democracia real. Tal es el dilema de Chile. 

Como ya dijimos, la llamada democracia chilena se aleja de la democracia entendida como poder del demos, del pueblo, de la colectividad. Ese poder establece límites, se detiene en alguna parte, por eso la democracia es el régimen de la autolimitación, poder que solo pertenece al soberano, al pueblo. 

Los límites de la llamada democracia fueron establecidos, instituidos y constitucionalizados, por un poder autocrático, extraño al pueblo. 

Los ideólogos de la democracia actual o del régimen oligárquico liberal, sostienen que la democracia y la libertad se sustentan en la existencia y respeto a la propiedad privada, la libertad de empresa, el libre mercado y la desregulación, escamotean el hecho que el funcionamiento de tales instituciones, no constituyen sino la máscara que pretende ocultar la dominación efectiva de una pequeña minoría sobre la mayoría. 

La democracia presupone la libertad y la igualdad, de lo contrario un gobierno del pueblo es impensable e imposible. 

La libertad es libertad efectiva, social concreta, es espacio de iniciativa, movimiento, creatividad lo más amplio posible asegurado al individuo por la sociedad en todas las esferas de las formas de vida. 

La libertad concebida así implica la igualdad y viceversa. La igualdad en sentido social implica igualdad de derechos y deberes, de todos ellos, de todas las capacidades efectivas de obrar, de hacer y que dependen de cada individuo social. De este modo la desigualdad social es siempre también una desigualdad de poder, es desigualdad de participación en el poder político. Por ello no hay libertad real sin igualdad de todos en la participación en el poder. En tal sentido, solo los hombres iguales pueden ser libres y solo los hombres libres pueden ser iguales. Libertad e igualdad son prerequisitos para una participación efectiva en el poder político, en la toma de decisiones en la esfera pública, en la construcción de una democracia real, concebida como gobierno del pueblo, de la colectividad, de la multitud y como procedimiento institucional de toma de decisiones en que cada individuo, cada ciudadano pesa lo mismo. 

Nada más alejado de la actual democracia chilena, basada en una desigualdad social estructural y creciente, en la polarización entre unos pocos ricos y los pobres, en la concentración de la propiedad en manos de unos pocos y en la privación de la inmensa mayoría. 

La libertad y las libertades se concentran también en manos de unos pocos, de una oligarquía, que detenta la suma del poder, condenando a otros a la ausencia de poder o a un poder en extremo limitado. 

A ello se une un sistema electoral binominal, que fue pensado para otorgar más poder político y electoral a los que tienen menos poder social, menos colectividad de respaldo. 

Fue diseñado para encerrar la lucha política entre alternativas burguesas y para excluir de toda participación en el poder a los que pueden cuestionar la propiedad privada, el libre mercado, el capitalismo y el dominio incontrastable de la burguesía. El sistema institucional político solo permite la existencia de una derecha: Alianza por Chile (RN-UDI) a futuro Alianza Popular y un centro; Concertación (DC, PS, PPD, PRSD), excluyendo a la izquierda y toda fuerza autónoma de la burguesía. 

El sistema binominal fue concebido para tolerar solo la lucha interburguesa, con el propósito de garantizar un largo período de estabilidad capitalista y hegemonía democrático burguesa de los procesos políticos. 

Hoy la dirección burguesa de la sociedad chilena inicia un camino hacia la re – legitimación del sistema institucional político heredado de la dictadura, mediante la introducción de una serie de reformas. 

La nueva clase dominante chilena y sus expresiones políticas, Concertación y Alianza por Chile, tienen un gran acuerdo respecto a la defensa de la propiedad privada, el libre mercado, el libre comercio, la desregulación; un régimen político sin nueva constitución, una democracia restringida con un “demos” mutilado, jibarizado, con una oligarquía o elite liberal gobernante, un sistema binominal, etc. 

Las elecciones municipales hicieron aflorar el sordo descontento y desafección estructural, que se fue anidando en la sociedad chilena luego del triunfo del “NO”, las transacciones previas al término de la dictadura, el licenciamiento de las masas de la lucha política, la transición interminable a lo largo de los 14 años de gobierno de la Concertación. 

La sociedad chilena y las fuerzas políticas del centro y la derecha son alianzas políticas sin grandes proyectos de futuro, sin utopías y para quienes el capitalismo y el libre mercado constituyen la estación final de la historia. El bicentenario convoca a hacerse parte del primer mundo, y a construir una sociedad a imagen y medida del empresario capitalista. La derecha se olvida del cambio y se centra otra vez en el empresario y el crecimiento, al tiempo que toma nota de que las desigualdades crecientes que comienzan a amenazar a largo plazo la estabilidad capitalista y la hegemonía burguesa. Sus sueños truncados de alternancia en el poder los vuelcan hacia proyectos de unificación política y atracción clientelística de sectores populares, ese es el propósito de Longueira y Allamand de fundar el partido Alianza Popular. 

Entre tanto el empresariado más consciente y moderno en la proyección y defensa de sus intereses, considera a la Concertación como una forma y expresión política en sintonía con sus proyectos e intereses. Felipe Lamarca, ex Presidente de la SOFOFA y la Confederación de la Producción y el Comercio, Ejecutivo o principal del grupo Angelini, señala que así como no tuvo temor a un gobierno de Ricardo Lagos, tampoco dejaría de votar por Michelle Bachelet, si ésta presenta un proyecto coherente y otorga seguridades de futuro. El PS con el PPD es parte orgánica de la nueva clase dominante local. 

Bachelet es de hecho la candidata de la derecha del PS y el PPD, cuenta con la aprobación y el apoyo de parte importante del gran empresariado partiendo por la nueva cabeza de la Confederación de la Producción y el Comercio, Hernán Somersville ahora bajo la hegemonía del capital bancario y financiero. 

Más allá de eso, Bachelet representa el esfuerzo futuro más consistente para resoldar la unidad política de la clase dominante, mediante el blanqueo de las FFAA y de Orden, su “subordinación” al poder civil y el otorgamiento de márgenes mayores de gobernalidad estatal y social a Chile. 

La suerte de los de abajo depende como siempre de sus propias fuerzas, de su iniciativa y de la capacidad que gane para pesar de nuevo en el balance nacional de poder. 


Epílogo 

El futuro está abierto a nuevas formas de participación y lucha política. 

Para nosotros el ciclo del MIR como organización política, como tentativa de dirección de las luchas políticas y sociales, como vanguardia, está cerrado. Revivirlo desde las cenizas de la derrota no tiene sentido ni factibilidad. 

Subsiste una cultura mirista e individualidades, organizadores colectivos dispersos en búsqueda de una nueva identidad política, de nuevas formas de articulación a las luchas sociales y políticas del Chile de hoy.  En ese sentido la cultura, las individualidades, las subjetividades miristas tienen el legítimo derecho a buscar, inventar formas actualizadas de expresión, participación y dirección política. 

Este debe ser un proceso abierto, basado en la autonomía de las decisiones de cada cual, que tomará las más diversas formas y caminos, buscando confluir en la construcción de una nueva identidad de izquierda que nos cobije a todos los que disentimos del orden social y político actual y que aspiramos a construir una sociedad más igualitaria, libre, solidaria, democrática y autónoma. 

Nelson Gutiérrez Yánez.