Mujeres Migrantes Latinoamericanas en los Circuitos Globales del Cuidado

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Por Sandra Gil Araujo y Carolina Rosas*

Desde inicios de los años sesenta, el patrón migratorio de América Latina se fue transformando: de receptora de inmigración pasó a convertirse en una de las regiones con los niveles más altos de emigración. Este cambio refleja transformaciones sustanciales propiciadas por el proceso de internacionalización económica, que han tenido un fuerte impacto sobre la estructura económica, la organización política y las condiciones de vida de gran parte de la población de los países latinoamericanos. La implementación de los Planes de Ajuste Estructural, impuestos por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial dieron lugar a un nuevo modelo de crecimiento económico orientado hacia el mercado externo, que ha insertado a estos países en la economía mundial en una situación tremendamente vulnerable, que tiende a difundir la pobreza y a profundizar las desigualdades sociales. 

De forma sintética, se puede sostener que las políticas neoliberales aplicadas en los países de América Latina han promovido el crecimiento de la deuda externa, el recorte de los gastos sociales, la precarización del empleo, la extensión de la economía informal, el aumento de la pobreza, más concentración económica y la profundización de las desigualdades. El ajuste económico ha tenido un impacto mayor en la población femenina, muchas mujeres se ven obligadas a emplearse de manera formal o informal, buscando paliar el déficit de ingresos. Algo que se refleja en el sostenido proceso de feminización de lo que la socióloga Saskia Sassen (2003) denominó “circuitos alternativos, entre los que figuran la emigración.

Si bien EE.UU. continúa siendo el principal destino de la emigración de la región, desde comienzos de los años noventa la geografía de los flujos migratorios latinoamericanos se ha diversificado. Las condiciones socioeconómicas en los países de origen, la demanda de mano de obra en los países de destino, la consolidación de redes migratorias y la existencia de vínculos históricos, explican en parte la creciente ampliación de los destinos migratorios. Paulatinamente, el sur de Europa, y en particular España, se fue convirtiendo en un destino prioritario de la migración proveniente de América Latina, y muy especialmente del Cono Sur. A su vez, también la migración intrarregional se ha ido consolidando, con Argentina como principal receptor de población, conforme los destinos tradicionales del Norte han aumentado sus restricciones a los migrantes. 

Uno de los rasgos más destacados de la migración al interior de Latinoamérica en las últimas décadas es su proceso de feminización; una tendencia que también se registra en las corrientes que se dirigen hacia Europa. En efecto, según estimaciones de Naciones Unidas, en el año 2019 había en el mundo 271.6 millones de migrantes, de los cuales el 48% eran mujeres. Sin embargo, si atendemos a España y Argentina, los principales destinos de la migración latinoamericana en Europa y Sudamérica, encontramos que se trata de países donde el stock migrante se encuentra relativamente “feminizado” desde un punto de vista cuantitativo, tendencia que fue registrada en las últimas rondas censales. Siguiendo con las estimaciones de Naciones Unidas para 2019, España habría registrado 6.1 millones de migrantes, de los cuales alrededor de un 52% serían mujeres. Por su parte, Argentina habría alcanzado los 2.2 millones de migrantes, de los cuales un 54% corresponde a las mujeres. Si bien en estos dos destinos no hay solamente migrantes de origen latinoamericano, lo cierto es que constituyen una parte muy importante, sobre todo en Argentina. De allí que podemos sostener que en las últimas décadas las mujeres han desempeñado un papel muy significativo en los movimientos ocasionados en nuestra región, muchas veces como iniciadoras de los proyectos migratorios familiares.

Una característica saliente de las migraciones protagonizadas por mujeres latinoamericanas es que una alta proporción se introduce en los mercados laborales de los países de destino como trabajadoras del sector de los cuidados, en particular en el trabajo doméstico. Muchas de ellas desarrollarán ese tipo de tareas a lo largo de todo su trayecto migratorio en condiciones precarias e informales. Según Rosas, Borgeaud-Garciandía, Mallimaci y Magliano (2019), sobre todo en los países del Norte la economía del cuidado descansa en una creciente externalización de esas tareas, lo cual permite que se reproduzcan las desigualdades entre varones y mujeres, a la vez que se agudizan las desigualdades entre las propias mujeres (empleadas y empleadoras), básicamente en función de la clase social, el origen nacional y la identificación racial. A pesar del poco valor históricamente asignado a estas mujeres y a las tareas que realizan, lo cierto es que su trabajo es crucial para muchas economías latinoamericanas. Dicho de otro modo, las mujeres migrantes latinoamericana no solo sostienen familias, sino que en tiempos de crisis sus trabajos y remesas garantizan la subsistencia de los países de inmigración y emigración. 

Mujeres latinoamericanas en la migración hacia Europa: apuntes del caso español

El crecimiento de la población latinoamericana asentada en España evidencia la importancia de los vínculos coloniales e históricos entre España y América Latina, pero también da cuenta de la paulatina configuración del sur europeo como destino alternativo a EE UU. El constante aumento de esta presencia se explica principalmente en referencia a las situaciones de crisis económica, empobrecimiento y degradación de las condiciones laborales en sus países de origen, así como por las importantes transformaciones experimentadas en el contexto de recepción: el cambio en la coyuntura política en las últimas décadas, el acelerado crecimiento de la economía desde mediados de los noventa, las características de su mercado de trabajo, las políticas de Estado, las dinámicas de género, los vínculos históricos entre España y los países de latinoamericanos, la consolidación de las redes migratorias y la creciente importancia de la migración familiar (Gil Araujo 2008).

La migración latinoamericana en el contexto español se ha caracterizado por el papel de las mujeres como iniciadoras de los proyectos migratorios familiares, que se emplearon como trabajadoras domésticas o cuidadoras de niños y ancianos.  Este ha sido el caso de la mayoría de migrantes pioneros procedentes de República Dominicana desde mediados de los años ochenta, Perú durante los noventa, Ecuador y Colombia desde  inicios del siglo XXI y posteriormente Bolivia y Paraguay [1]. En los últimos años ha crecido la migración procedente de América Central, en particular desde Honduras [2], con un 70% de presencia femenina. Estas mujeres se instalan en ciudades (Madrid, Valencia, Barcelona, Girona) y se insertan mayoritariamente en el sector de cuidados, en condiciones de suma precariedad dadas las dificultades para acceder a la regularidad migratoria. (Rivera, 2016)

Diferentes autoras coinciden en señalar que los principales factores que influyen en el incremento de las migraciones femeninas hacia Europa se vinculan con el proceso de externalización de las tareas de reproducción social que genera una fuerte demanda de mano de obra femenina y extranjera para cubrir puestos desprestigiados socialmente, precarios e invisibles como es el trabajo doméstico y el cuidado de niños y ancianos (entre muchas otras, Parella 2003, Lutz 2004, Vega 2009). Para el caso de España y otros países del sur de Europa, entre los factores estructurales que han incidido en la configuración de estos patrones migratorios cabe destacar: 1) el envejecimiento de la población resultado de la combinación entre un aumento en la esperanza de vida y una reducción en la tasa de natalidad; 2) la creciente participación de las mujeres “españolas”  en el mercado de trabajo y el incremento en su nivel de cualificación; 3) una nueva gestión del tiempo en el interior de las familias y una nueva organización de las propias familias cada vez más reducidas y más dispersas geográficamente que reduce la posibilidad de crear redes de apoyo entre sus miembros); 4) una tendencia a la disminución del apoyo estatal a las cuestiones familiares y la existencia de una inadecuada provisión de servicios (régimen del bienestar basado en un modelo “familista”[3]), 5) la política migratoria orientada a cubrir esas necesidades;  y  6) la falta de reparto del trabajo reproductivo entre varones y mujeres en los hogares. (Gil Araujo y González 2014).

En este contexto, la intersección de los regímenes de cuidado, género y migración (Lutz 2004, Vega 2009) es crucial para entender la responsabilidad de los Estados, convertidos en actores clave de estos nuevos desarrollos a nivel mundial. Se trata de una cuestión compleja que debe abordarse en relación con asuntos tales como el trabajo de las mujeres en el hogar, la relación entre el Estado, el mercado, la familia y la comunidad en la prestación de servicios y el encasillamiento de las personas migrantes en ciertos nichos laborales extremadamente feminizados y racializados/etnificados. Como telón de fondo de esta situación se verifica una fuerte conexión entre capitalismo y patriarcado que configura una división sexual y étnica del trabajo a escala internacional y una transferencia del trabajo reproductivo entre mujeres. A la división sexual del trabajo se suma la dimensión étnica y de extranjería que se ha vuelto central en este trasvase entre mujeres. (Gil Araujo y González 2014)

Para el caso de España se puede sostener que el sector de cuidados se ha extranjerizado y latinoamericanizado, en la medida en que la mayoría de trabajadoras son extranjeras y proceden de países de América Latina (Asociación Los Molinos 2018). Ahora bien, interesa insistir en que el paso obligado de las migrantes latinoamericanas por el trabajo de cuidados no responde a sus atributos naturales ni a sus niveles de educación. Desde mediados de los años ochenta, cuando se dictó la primera Ley de Extranjería en España y la migración se convirtió en campo de regulación estatal, el trabajo doméstico ha sido la principal vía de acceso a un permiso de trabajo y residencia para las mujeres inmigrantes en general, y latinoamericanas en particular, debido a la falta de mano de obra “nacional” para cubrir la demanda del sector. Los datos del último proceso de regularización de 2005 muestran la importancia del servicio doméstico como vía de regularización para las mujeres inmigrantes no comunitarias. De las 687.138 solicitudes presentadas, el 31,67% fueron para el empleo de hogar, el 20,76% para la construcción, el 14,16% para la agricultura y ganadería y el 10,36% para la hostelería. De las solicitudes para el sector de hogar, el 83,40% eran femeninas. El 41,24% del total de regularizaciones fueron solicitadas por mujeres, con importantes diferencias según la nacionalidad. El 27,76% de las solicitudes para el empleo de hogar eran de inmigrantes de Ecuador, 14,83% de Rumania, 10,84% de Bolivia, 10,76 % de Colombia y 6,60% de Marruecos. (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, 2005).

A pesar de la vital importancia del trabajo de cuidados  de las mujeres migrantes para el sostenimiento de la vida, el Estado español mantiene cerradas todas las vías de migración regularizada, que no sea a través de los contingentes, con cifras muy por debajo de las demandas del sector. La mayoría de mujeres latinoamericanas han migrado por fuera de los canales organizados por el Estado y se ven obligadas a trabajar en situación de irregularidad, sometidas a la discrecionalidad de sus empleadoras. No tienen contrato ni permiso de trabajo. Carecen de derechos laborales. Muchas residen en las casas donde trabaja, sobre todo en los primeros años de migración. Las que trabajan por horas, tienen muchas dificultades para poder alquilar una vivienda, aunque cuenten con ingresos suficientes, que no pueden demostrar. Tampoco puede acceder a la reunificación familiar por vías formales. 

La articulación entre políticas sociales, regulaciones laborales y normativas migratorias que alimentan el régimen de cuidado español alienta la reedificación de relaciones de patronazgo características de la época colonial en muchos hogares españoles en tiempos poscoloniales. “Nos atrevemos a hablar de un 75% de mujeres de origen extranjero entre las trabajadoras del hogar, y muchas optan por trabajar de internas porque así están más seguras pues evitan andar en la calle y que las pare la Policía o lleven a un CIE” [4] apunta Carolina Elías, migrante salvadoreña con una década de vida en España y presidenta de la asociación Servicio Doméstico Activo (SEDOAC),

Datos oficiales recientes cifran en 637.700 el número de trabajadoras en el Empleo de Hogar, lo que supone el 4% de la población activa. El 96% son mujeres, la mayoría extranjeras. Una de cada tres no está registrada. No hay datos oficiales sobre número de las migrantes que están en situación irregular, pero se estima que es elevado, ya que el último proceso de regularización fue hace 15 años.  Ninguna de ellas podrá acceder al subsidio aprobado el 31 de marzo por el gobierno español en el contexto de la pandemia y, a la fecha, aún pendiente de ejecución, Esto ha impulsado la organización de las trabajadoras domésticas migrantes para reiterar sus demandas ante autoridades y representantes políticos por la regularización de todos los migrantes, la ratificación del convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la lucha contra la violencia de género que golpea a las mujeres extranjeras [7]. Demandas similares impulsan las migrantes de países latinoamericanos en Argentina. 

https://static.eldiario.es/clip/e5e08573-78cd-445b-8632-4f040353152d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpgFuente: El Diario.es https://www.eldiario.es/economia/trabajadoras-escobillas-diputados-congreso-desempleo_1_6013354.html

Mujeres latinoamericanas en el Cono Sur: notas sobre el caso argentino

La relación entre la inmigración femenina y trabajos de cuidado en Argentina se tejió tempranamente, antes de que los llamados circuitos globales del cuidado adquirieran reconocimiento en los países del Norte. Como explican Mallimaci y Magliano (2018), el lazo entre migración y trabajo doméstico remunerado es histórico en Argentina. Ya en 1914 un 30% de las migrantes se ocupaba como “empleadas domésticas” o “mucamas”, mientras que solo un 17% de las argentinas se ocupaba en ese tipo de labores. Asimismo, la participación de las migrantes internacionales en otros trabajos de cuidado, como el comunitario, también forma parte de una postal añeja asociada a los procesos de autoconstrucción de urbanizaciones con escasa o nula presencia estatal que se dieron en los suburbios de las áreas metropolitas durante buena parte del siglo XX. 

En la actualidad, el trabajo doméstico sigue siendo uno de los principales sectores de inserción laboral de las migrantes latinoamericanas que llegan a la Argentina. En el trienio 2010-2012, en ese sector se ocupaban cuatro de cada diez mujeres migrantes (Rosas, Jaramillo y Vergara, 2015). La importancia que la inserción en el trabajo doméstico tiene para las migrantes puede apreciarse más claramente cuando acercamos el lente a colectivos específicos. Para las peruanas ha constituido una actividad refugio para las recién llegadas. Eso puede verse al comparar los datos del censo 2001, que captó los inicios de la migración peruana, con los del censo de 2010: en el primero cerca de un 70% de estas migrantes trabajaba en este sector, mientras que nueve años después ese porcentaje se había reducido drásticamente a solo un 35% (Rosas y Gil Araujo, 2019). Posiblemente, su alto capital educativo sea un factor detrás de su movilidad ocupacional hacia el comercio, los trabajos relacionados con la salud, la industria manufacturera, entre otros. En cambio, las paraguayas muestran una relativa estabilidad en el trabajo doméstico a lo largo de los años. Sebastián Bruno (2011) ha mostrado que para ellas no se trata de un primer empleo transitorio, sino de una forma estructural de inserción laboral. La asociación de la condición migratoria con el trabajo doméstico, en especial en el caso de las paraguayas, responde a una lógica histórica de construcción de otredades que asocian determinadas identificaciones étnicas con posicionamientos laborales subalternos, marcados por la falta de registro, salarios bajos y jornadas extenuantes. 

No obstante, el peso de las migrantes internacionales en el trabajo doméstico argentino es menor al que alcanzan en Estados Unidos o España. Dicho peso, entre 2010 y 2012, ha oscilado en torno a un 13% a nivel nacional, siendo el Área Metropolitana de Buenos Aires donde encontramos un porcentaje algo mayor (20%) (Rosas, Jaramillo y Vergara, 2015).  En este sentido, no podríamos afirmar que el sector del trabajo doméstico argentino depende del trabajo de las migrantes internacionales, como parece si sucede en España [8]. 

Por otra parte, es importante destacar la participación de las migrantes latinoamericanas en el cuidado comunitario, un tipo de trabajo extendido entre los sectores populares urbanos de los países latinoamericanos. Son acciones cruciales para asegurar la reproducción familiar y el sostenimiento de la vida en barrios con gran densidad poblacional y con altos déficits laboral, habitacional y en la provisión de cuidados. 

Las migrantes, de forma no remunerada o subremunerada, se involucran en una diversidad de experiencias colectivas, donde sobresalen las iniciativas en los barrios populares relacionadas con la salud de niños, niñas y personas embarazadas, la alimentación, el saneamiento del entorno barrial, la prevención de la violencia de género y la drogodependencia, el apoyo escolar, los jardines y guarderías comunitarios, etc. (entre otras, Fournier, 2017; Zibecchi, 2014; Rosas, 2018). Estas trabajadoras “voluntarias” absorben los costos mediante su implicación corporal y emocional, exponiendo su salud, su bienestar y el de su familia (Razavi y Staab, 2010). Por ello es que los cuidados no remunerados en los que muchas migrantes se involucran tienen características de “bien público”, es decir, la sociedad se beneficia de los mismos y, por eso, los beneficios superan a los costos y constituyen un subsidio hacia la esfera pública y el mercado (Esquivel, 2011).

El cuidado del hogar y comunitario en tiempos de pandemia

Las condiciones laborales de las trabajadoras domésticas migrantes han empeorado durante la pandemia del Covid-19 (Rosas, 2020). Muchas han sido despedidas o se les ha disminuido el salario. Otras se vieron condicionadas a seguir trabajando a pesar de los riesgos y de las normativas en contrario, y en algunos casos se les exigió permanecer indefinidamente en el lugar de trabajo. Ante la falta de trabajo/ingresos, en algunos países de la región se han potenciado las migraciones de retorno desde los grandes centros urbanos, tanto de migrantes internos que buscan regresar con sus familias a sus pueblos, como migrantes internacionales que pretenden regresar a sus países de origen. 

No obstante, no son pocas las trabajadoras del hogar que siguen trabajando, ya sea porque están dentro de las actividades esenciales del cuidado, o porque se vieron obligadas (Rosas, 2020). Aquellas trabajadoras migrantes internacionales que son forzadas a violar el decreto del aislamiento, se exponen a los abusos policiales y a las sanciones. Debido a esa falta administrativa, podría iniciárseles un proceso de expulsión.

Por otro lado, las cuidadoras comunitarias se han convertido en actoras centrales en el sostenimiento de los barrios populares durante la pandemia del Covid-19. Su trabajo en comedores y merenderos está brindando alimentación a miles de personas que no encuentran otro modo de sostenerse. Por ejemplo, en uno de los centros comunitarios de Florencio Varela, dirigido por las mujeres migrantes paraguayas y bolivianas que se ven en la foto, aumentó la elaboración de raciones de 150 a 300. Antes elaboraban para niños, niñas y adolescentes, y ahora lo hacen también para personas adultas y familias completas. 

Es decir, el esfuerzo que estas mujeres realizan para las compras de insumos y elaboración de comida aumentó dramáticamente. Para dar una idea de la magnitud de su trabajo, una comida puede estar compuesta por 35 paquetes de fideo y 16 kilogramos de pollo. Además, ellas deben esmerarse por mantener los protocolos sanitarios, lo cual incluye ordenar a la gente que va a retirar la comida y esencialmente limpiar y mantener desinfectado el comedor y su entorno. En este momento, en plena pandemia, esas tareas de cuidado adquieren una importancia central.

Elizabeth, Inés, Carmen, Rita y Rosalía. Trabajadoras comunitarias de origen boliviano y paraguayo en Florencio Varela, Pcia. de Buenos Aires. 

Asimismo, la labor de las promotoras de salud también ha adquirido más visibilidad en esta coyuntura. En estos días, Viviana, de origen paraguayo, sigue realizando actividades de prevención de enfermedades y de promoción de la salud, a la vez que se encarga de hacer los rastreos de domicilio de los casos sospechosos, para seguir la red de contagios. También ha sido convocada por la Secretaría de Salud del Municipio de Florencio Varela para hacer seguimiento telefónico a personas contagiadas. Ella ha estado muy activa también en cuanto al Dengue, que en esos barrios ha representado un problema mayor al Covid-19. En definitiva, esta pandemia termina por confirmar, para quienes no lo supieran, que el cuidado comunitario tiene gran importancia y que es urgente el mejoramiento de esas condiciones de trabajo.

Notas

[1] Históricamente la gran mayoría de altas en la seguridad social de mujeres latinoamericanas se han concentrado en las “Actividades de los hogares” y en menor medida, Hostelería. Datos presentados por el Colectivo IOE (2010) -basados de la (única) Encuesta Nacional a Inmigrantes de 2007- indican que el servicio doméstico fue el primer trabajo en España para el 38% de la población migrante femenina. Considerando los países de origen, tuvieron su primer trabajo en este sector el 74% de las mujeres bolivianas y el 50% de las procedentes de Ecuador, Perú, República Dominicana y Colombia. En cuanto a la inserción laboral de las mujeres inmigrantes en el momento de la encuesta (2007), el 27% estaba empleada en el servicio doméstico; 65% en el caso de las migrantes bolivianas, 47% de las ucranianas y un tercio de las búlgaras, peruanas, brasileras y ecuatorianas.

[2] Según datos del INE, la presencia de hondureños/as en España pasó de 44.000 en 2015  a  96.382 en 2019 y  109.696 al 1 de enero de 2020. La migración hondureña ocupa actualmente el cuarto puesto en importancia numérica entre los grupos nacionales de América Latina, después de Colombia (261.537), Venezuela (187.084) y Ecuador (133.084). “En términos relativos, los mayores crecimientos de población durante el año 2019 se dieron entre los residentes de Venezuela (39,8%), Colombia (31,3%) y Honduras (29,4%).” En los tres casos se registra una mayoría de mujeres.  https://www.ine.es/prensa/cp_e2020_p.pdf

[3] Este concepto alude a la existencia de redes de solidaridad familiar y de parentesco para cubrir las tareas de cuidado y garantizar así el soporte, la cohesión y el bienestar de sus miembros. Tareas que tradicionalmente recaen sobre las mujeres.

[4] www.elsaltodiario.com/coronavirus/covid19-trabajadoras-hogar-cuidados-derechos-laborales-medidas-subsidio

[5]“Se estima que en España hay 200.000 mujeres extranjeras sin papeles trabajadoras del hogar, según datos de Comisiones Obreras y UGT” https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/mujeres-esenciales-limpiadoras-cuidadoras-pandemia-espana_1_5966247.html

[6] https://www.newtral.es/derecho-a-subsidio-durante-la-crisis-del-coronavirus-para-las-empleadas-del-hogar-preguntas-y-respuestas/20200401/

[7] https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/empleadas-hogar-trabajo-domestico-esencial-organizan-ante-pandemia

[8]  En Argentina, las migrantes internas tienen un peso mayor que las internacionales en el trabajo doméstico.

Bibliografía

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Imagen: Patricia Barrachina

*Sandra Gil Araujo es investigadora CONICET con sede en el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA donde dirige junto con Carolina Rosas el Grupo de Estudios sobre Migraciones, Familias y Políticas Publicas (MiFaPP). Es Doctora en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Entre otras cosas ha investigadora las migraciones latinoamericanas hacia España desde una perspectiva interseccional, con especial atención a  la articulación del régimen migratorio español con las dinámicas de genero, los mercados laborales y la organización social del cuidado.

Carolina Rosas es Socióloga por la Universidad de Buenos Aires y Doctora en Estudios de Población por El Colegio de México. Se desempeña como investigadora del CONICET con sede en el Instituto Gino Germani (IIGG) de la Universidad de Buenos Aires. Investigó la salud reproductiva de poblaciones guatemaltecas refugiadas en México, y la configuración de masculinidades migrantes entre México y Estados Unidos. En Argentina estudió la migración peruana con enfoque de género y actualmente dirige investigaciones sobre la participación de migrantes sudamericanos en la acción colectiva y el trabajo de cuidado desde una perspectiva interseccional.