Aportes para Pensar una Cultura Democrática

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Por Zoe Ríos y Giuliana Gottau*

Como trabajadoras de la cultura nos resulta imprescindible pensar lo cultural más allá de las expresiones artísticas, por eso el enfoque que daremos será desde la perspectiva de una cultura feminista. Damos por sentado que son temas muy amplios y no podremos abordar todos. Particularmente, vamos a compartir las ideas de Marcela Lagarde y de los Ríos de “El Feminismo en mi Vida”, considerándola referenta del feminismo latinoamericano. 

Cultura Feminista

Comprendemos que las culturas nos constituyen y hacen legible la vida, les dan un sentido y propósito a las sociedades. A través del lenguaje se desarrollan mitos que determinan cómo somos, en relación a las categorías binarias (mujer u hombre).  Aprendemos, nos desarrollamos y hasta podremos mejorar o empeorar la enseñanza de género que hemos recibido,  mediante procesos y experiencias de aprendizaje tales como la aculturación y endoculturación. Así, la cultura pone en un marco y le da sentido, traduce, produce y reproduce determinada organización social.

“En tanto sustrato cultural, el sexismo es contenido fundamental de la autoidentidad. Por eso, las personas lo aprenden, lo internalizan lo adecuan y recrean: lo convierten en afectos, pensamientos, prejuicios y veredictos, en moral y norma de conducta, y en cristal para ver el mundo y a sus habitantes. El sexismo es pilar de la inquisición que cada quien lleva dentro.” (Lagarde, 2012)

Cuando hablamos de cultura feminista como una propuesta de vida, nos referimos a la coexistencia entre las categorías de género, basadas en la solidaridad real y social; hecha práctica. La conciencia histórica resulta una herramienta imprescindible para dar cuenta de la simbología universal que nos constituye. Estas alegorías embisten cada categoría  hasta formar lo que hoy conocemos: la dominación planteada como algo “natural” al momento de autorepresentarse y autodenominarse, por ende, en la forma de ser y estar con otrxs.

La configuración estructural establecida ubica a lxs sujetxs dominantes en una posición jerárquica frente al resto, comportándose como un estereotipo cultural en voz, razón, imagen y representación privilegiada. En ciertas oportunidades, se confunde el privilegio con un derecho, por lo que muchas personas reproducen esta inequidad consciente o inconscientemente. En todas las relaciones de dominación  existe el dominio porque existen dominadxs.  Éstos últimos tienen otras lógicas para relacionarse siendo excluídxs hasta llegar a la invisibilización por parte de lxs sujetxs dominantes. Cuantas más características culturales normalizadas tengas al nacer, más capital cultural adquieras o desarrolles, más facilitado estará el acceso a determinados espacios, conocimientos,  ganancias simbólicas y materiales.

Las mujeres compartimos la condición política de opresión con todos los sectores culturales minorizados. Obtenemos un lugar en el mundo siendo expropiadxs y representadxs  por el sector privilegiado. Las culturas mal llamadas minorías, junto con los múltiples movimientos y procesos sociales políticos aunados en un activismo interseccional, son la clave para conformar una humanidad con principios de diversidad y equidad en orden de una convivencia más justa. 

La invisibilización ejercida se refleja en la negación de nuestras propias cargas simbólicas, que son producto de la historicidad subjetiva de cada sujetx. Son bienes que no resultan ser funcionales a la heterosexualidad, el patriarcado, el racismo, el colonialismo y capitalismo.  La resignificación de las especificidades históricas de lxs sujetxs  son las que permiten la transformación del mundo y el lugar que ocupamos en él.

Lagarde afirma que “la cultura feminista es la máxima creación consciente, voluntaria y colectiva de las mujeres…” con valores éticos de solidaridad y sororidad. Sin conocernos entre nosotras, las mujeres, hemos obtenido mejores condiciones sociales y hasta hemos transformado nuestras propias vidas. Estos son los fines propios de la creación colectiva del feminismo del que hablamos. 

Coexistencia

En el ámbito cultural, nuestros trabajos se vinculan con diversas agrupaciones, centros de estudiantes, asociaciones, movimientos artísticos, cooperativas, y otros colectivos. Es ahí donde experimentamos que la condición femenina planteada es la modalidad de ser-para-otrxs. Dentro de estos grupos mixtos se manifiesta cierto desprendimiento como una necesidad que da inicio a una nueva agrupación de género o de “mujeres”, donde se posibilita la mismidad como un valor positivo de cada persona.

“La mismidad contenida en la democracia genérica es entonces el producto de la satisfacción de  necesidades,  deseos y  reivindicaciones vitales de cada mujer y  cada hombre” (Lagarde, 2012)

Generalmente, esta separación se presenta como la única herramienta para llevar a la práctica una acción feminista para ser protagonistas en las dimensiones culturales y políticas de la historia. En este sentido, sus voces, nuestras voces podrán «ser y estar» en los planos filosóficos, económicos y sociales. Es necesario que las identidades masculinas con sus condicionantes también puedan ser-para-sí, para afirmar  el carácter democrático posible en un colectivo mixto.

Esta conformación denota la necesidad de que las identidades masculinas logren, en hechos reales, ser equivalentes y paritarias en pos de la construcción de derechos, que implica la modificación de todos sus ejes y marcas del patriarcalismo. 

De lo contrario, un espacio que se jacta de construir derechos humanos continuará reproduciendo normas y formas patriarcales con supuestos de igualdad, pero con prácticas regresivas. El riesgo de no considerar la perspectiva feminista subyace en el hecho de que son los hombres quienes monopolizan la mayoría de los bienes, recursos y poderes en todos los ambientes, obstaculizando el desenvolvimiento de otras identidades.  

Feminismo para no estancarnos

A las agrupaciones con las que simpatizamos y de las cuales somos parte, las denominamos de izquierda. En general, sus principios buscan un bienestar general social, con lemas de diversidad, igualdad, libertad y solidaridad entre hombres y mujeres, las comunidades y las categorías sociales, en pos de la convivencia y la democracia. Es una postura que da lugar a una mirada crítica hacia la modernidad y las configuraciones preestablecidas universalmente basadas en el desarrollo, la democracia y el progreso eurocentristas. 

Asumirnos de izquierda implica la conformación de un basamento constitutivo, que incluya el compromiso de erradicar los males sociales, la pobreza, la explotación, la violencia y la falta de oportunidades, posibilitando una profunda reforma del Estado. Para su transformación, Marcela Lagarde propone:

“(Favorecer) el bienestar, la igualdad de oportunidades y la justicia, y un avance cualitativo a un nivel de desarrollo de satisfactores para las personas, las comunidades y las regiones, preserve los recursos naturales, ambientales, históricos y culturales, y los considere un capital no enajenable, fuente prioritaria de recursos para el desarrollo”.

Asimismo, lo que nos aporta la autora en relación al “ser de izquierda” es nuestra tarea para posibilitar el desarrollo cultural y evitar el estancamiento de lxs activistas sociales, sin desconocer que su formación también es feminista. De no hacerlo, se estaría negando su responsabilidad en el desarrollo integrador de condiciones de cooperación y solidaridad entre mujeres y hombres, en pos de un desarrollo con perspectiva de género. 

Para contribuir culturalmente y poder vivir con nuestra condición humana y ciudadana en el paradigma moderno contemporáneo, consideramos pertinente dar lugar a las transformaciones y a la construcción de un nuevo andamiaje social, ético y político, con un sentido feminista en común que permite debates, brinda aportes y marca la identidad política de todxs.


Bibliografía

  • Marcela Lagarde y de los Ríos (2012). “El Feminismo en mi Vida. Hitos, claves y topías”. Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México.

Glosario que roza lo simplista pero puede ayudar con la lectura.

  • Aculturación: Proceso de recepción de otra cultura y de adaptación a ella, en especial con pérdida de la cultura propia.
  • Endoculturación: es una experiencia de aprendizaje parcialmente consciente y parcialmente inconsciente, a través de la cual la generación de más edad invita, induce y obliga a la generación más joven a adoptar los modos de pensar y de comportarse tradicionales.
  • Eurocentrismo: Tendencia a considerar a Europa como centro o protagonista de la historia y la civilización humanas.
  • Mismidad: Condición de ser uno mismx.

*Son gestoras culturales en el Espacio Cultural Independiente Casa del Pueblo de Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires.