Paul Levi: «Nuestro camino: en contra del putchismo»

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Por Paul Levi

Traducción: Juan Delgado

Sociedad Futura publica en nuestro idioma un artículo muy conocido para los que estudian la historia del movimiento obrero y del socialismo internacional: el folleto de Paul Levi respecto a la llamada Acción de marzo (1921) en la Alemania de la primera posguerra. Es un texto muy citado en todas las obras históricas que tratan sobre el período, pero prácticamente desconocido para la mayoría de los lectores que no son especialistas. El folleto de Paul Levi es un interesantísimo documento, tanto en lo que refiere a la historia de la frustrada revolución socialista en Alemania así como también de la historia de la Tercera Internacional.

Conviene establecer algunas coordenadas para insertarlo en su contexto. La Tercera Internacional estaba planteada explícitamente por los bolcheviques, aún desde antes de la insurrección victoriosa de octubre. En su formación inicial, la hipótesis que la guió fue la de una inminencia de la revolución en Europa occidental (no sólo de una actualidad, en términos generales, de la revolución). Los bolcheviques y las alas revolucionarias del socialismo que confluyeron en la nueva internacional creyeron que la fundación de ésta se encontraba en retraso respecto a las tareas que estaban objetivamente planteadas. Como si la nueva internacional fuese un fruto excesivamente tardío, que por esa misma característica corriese el riesgo de ser inútil para sus fines. Cualquier lector de los documentos del primer congreso de la Tercera Internacional y de gran parte del segundo podrá corroborarlo.

En el tercer y cuarto congreso, cuando la influencia de Lenin todavía es un factor activo importante, se produce un giro en la orientación política que establece el eje más importante de debate en la vida de la Internacional: la cuestión del frente único. Este tema implica establecer una táctica en relación a los otros partidos que actúan en la clase obrera así como también el relacionamiento de los comunistas con los movimientos nacional-democráticos de la periferia capitalista. Lo que estaba por detrás de esto era la gran cuestión estratégica: ¿seguía siendo vigente la hipótesis de la inminencia de la revolución? Adoptar esa táctica implicaba poner en cuestión esta caracterización porque en una crisis revolucionaria los partidos obreros orgánicamente reformistas no tienen ningún papel progresivo que cumplir. Solamente en coyunturas que sean defensivas, parcial o totalmente, esta clase de partidos obreros podría ser un aliado táctico para los revolucionarios. Tanto Lenin como varios de los dirigentes más importantes de la Internacional creían que la situación se estaba alejando de un conjunto de crisis revolucionarias en Europa occidental. Pero a pesar de la gran influencia política de Lenin, las organizaciones tienen una lógica propia que supera en varios terrenos al influjo directo que puedan tener sus más agudos y brillantes dirigentes. Las tensiones sectarias iban a tener sucesivos retornos en el seno de las Tercera Internacional; que se iban a manifestar en la llamada “bolchevización” de los partidos comunistas o en la inflexión táctica conocida como el “tercer período”, para ser desplazadas posteriormente con la postulación del Frente Popular ideado por Dimitrov. Pero esta panorámica va más allá de lo que hace al texto que publicamos.

Paul Levi fue un importante dirigente de la izquierda socialdemócrata alemana. También era abogado y había accedido a una educación relativamente privilegiada gracias a su origen social. Levi provenía de capas acomodadas de comerciantes judíos. No se trataba de una persona cuyos intereses se limitaban a la lucha política por el socialismo sino que éstos abarcaban una gama muy amplia de aspectos culturales. Poseía esa radical universalidad que acompañó mucho de lo mejor de la intelectualidad judía. Levi militó con los sectores socialdemócratas opuestos a la primera guerra mundial. Fue un cercano camarada de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Después del asesinato de estos se convirtió en el principal dirigente del comunismo alemán. Plenamente convencido de que la revolución había sufrido una derrota que postergaba su resolución, Levi llevó adelante un combate por eliminar la fraseología ultraizquieridista y el ultimatismo sectario en la acción política cotidiana del KPD. Éstos constituían la presión dominante en contra del crecimiento partidario. Fue el arquitecto táctico del masivo ingreso del importante ala izquierda del USPD (Partido Socialdemócrata Independiente) al comunismo alemán para formar un partido unificado que se convirtió en el partido comunista más importante de ese momento. Este gran éxito no impidió que las presiones ultraizquierdistas retornaran, y a veces con mayor brío.

¿Qué fue en concreto la Acción de Marzo de 1921? Se trató de un intento de la Internacional por forzar una huelga general con características insurreccionales. La huelga fue proclamada el 20 de marzo por el Partido Comunista Unificado de Alemania (VKPD) con el apoyo de la pequeña organización consejista ultraizquierdista llamada Partido Comunista Obrero de Alemania (KAPD). El 22 de marzo el impacto de la huelga era muy reducido. La retórica de la militancia comunista hacia los trabajadores socialdemócratas era especialmente violenta. La calificación más suave era la de tratarlos como “rompehuelgas”. Esta retórica contraproducente y ridícula está muy bien reflejada en el folleto de Paul Levi. Hacia el 24 de marzo la militancia comunista intentó revivir una huelga general que nació muerta ocupando las fábricas mediante el recurso de llegar antes de la hora de apertura. No se trataba de los obreros de una fábrica que deciden ocupar sino de una minoría de esos trabajadores que se arroga el derecho de decidir por su cuenta los métodos de lucha y la misma oportunidad de iniciar esa lucha. Levi caracterizó a la Acción de Marzo como el más grande complot bakuninista de la historia del movimiento obrero; caracterización que lo situaba en un terreno ajeno al pensamiento marxista y, a la vez, evocaba uno de los más conocidos y eficaces folletos de Engels en polémica contra los anarquistas.

Otro aspecto de la Acción de Marzo es su contexto internacional. Los sectores partidarios de la continuidad de la ofensiva general que existían en el interior de la Tercera Internacional concibieron la Acción de Marzo como una forma de socorrer a Rusia soviética, inmersa en la crisis del llamado “comunismo de guerra” que terminó con la insurrección de Kronstadt y su posterior represión.

Paul Levi hizo una disección precisa del anunciado fracaso de la Acción de Marzo. Su texto también es particularmente educativo respecto a la manera marxista de abordar el análisis de las relaciones de fuerzas entre las clases fundamentales, de las complejas relaciones entre éstas y los estratos intermedios y, finalmente, de los grupos políticos que buscan su representación.

El folleto muestra que para llevar adelante una revolución hay que conseguir la mayoría social en las zonas determinantes de la sociedad capitalista y ser capaz de actuar con decisión en el momento adecuado. Ni antes ni después, cuestión verdaderamente difícil, que llevó a Lenin a parangonar la insurrección con una práctica cercana al arte. También vemos un examen riguroso sobre la penetración de los comunistas en la clase obrera alemana. Con ponderaciones y números lleva adelante una demostración convincente sobre el carácter políticamente insuficiente de esta penetración para poder plantearse políticas de lucha frontal contra el poder capitalista. En cierto sentido, se puede decir que desarrolla, de forma anticipada, algunos argumentos y enfoques que aparecerán de manera mucho madura en Gramsci.

Levi hace una contribución en este folleto al problema más general del aparatismo en los partidos de izquierda. Un argumento de peso del folleto es el señalamiento dela tendencia del comunismo alemán a actuar, solo o predominantemente, en función de sus propias necesidades sin articularlas con lo que sucede en el mundo real de los trabajadores. Aunque no sea una afirmación que se encuentre en el texto, se podría decir que la forma más habitual de solucionar esa escisión en la práctica política de la izquierda revolucionaria o radicalizada es el instrumentalismo. Esto es, una operación ideológica que crea discursivamente una mímesis forzada entre los intereses del mundo obrero y los intereses particulares del aparato partidario que tiene como finalidad brindar la certeza de la militancia en la línea partidaria, aunque ésta sea delirante o manipulatoria.

El folleto de Levi plantea una aproximación hacia la cuestión nacional en un país central, unificado nacionalmente, que podría sernos útil a los socialistas latinoamericanos, que con frecuencia hemos producido una  mitología nacionalista que solo ha servido para no poder analizar sin prejuicios las relaciones políticas reales en el sistema interestatal. Indica, con énfasis, la necesidad de conocer profundamente la historia y la dinámica socio-política del país en que se actúa.

El balance de la Tercera Internacional sobre la Acción de Marzo de 1921 dejó a la vista una lógica brutalmente politiquera en la que las distintas sensibilidades y fracciones políticas suscribieron un texto de compromiso por el cual caracterizaban a la Acción de marzo como un paso adelante mientras que criticaban a los partidarios de la ofensiva generalizada. Un posicionamiento completamente inexistente, que lo único que indicaba era la paridad de las fuerzas en tensión al interior de la Internacional pero que no cumplía mínimamente con el papel de orientar políticamente a la militancia comunista. La mutua neutralización de un compromiso entre sensibilidades políticas, que implicaba una justificación de la acción inmediatamente pasada y una crítica de su base política con la implícita sugerencia de evitarla a futuro, anuló cualquier clase de balance político aceptable.

Lenin fue un crítico decidido de la Acción de Marzo. Milos Hajek, en su “Historia de la Tercera Internaconal”, cita las memorias de Fritz Heckert cuando relata la reunión que tuvo con Lenin junto a MatyasRakosi. Rakosi y Hickert trataban de convencer a Lenin acerca del acierto de la Acción de Marzo. Lenin fue terminante: “Os habéis dejado provocar, los han masacrado y el partido lo está pagando caro”. Coincidía con la crítica llevada adelante por Paul Levi cuando afirmaba: “Si el partido no emprende contra estos errores, contra estas boberías de izquierda, medidas tajantes, entonces todo el movimiento está abocado a la perdición”. En esta postura fue acompañado por Trotsky quién le planteaba a la dirección del KPD: “Nuestra obligación es decir claramente a los obreros alemanes que consideramos la filosofía de la ofensiva como el mayor peligro y su aplicación práctica como el mayor crimen político”. Aplicación práctica que solamente podía estar referida a la Acción de Marzo.

La Internacional Comunista se encontraba ante el dilema de aceptar la realidad política y social de su tiempo tal cual esta se desarrollaba o de seguir presa de su subjetivismo sectario que no fue estrictamente su promesa fundacional pero que arrastró hacia él a una parte de sus seguidores. Otra parte de sus dirigentes y cuadros registraron los cambios en la etapa mientras que otros continuaron con una versión vulgarizada y sectaria del impulso original de la Internacional. Modificar esta orientación iba a ser un combate político, por lo menos, de mediano plazo para la parte más lúcida del núcleo dirigente de la Komintern. Paul Levi, que tenía grandes cualidades para ser un destacado protagonista de este combate, desertó de él, ofendido porque una circunstancial mayoría en el Presidium de la Internacional procedió a una ejecutar una expulsión burocrática. Levi tenía el apoyo de destacados cuadros del KPD, que tenían tras de sí una larga actuación en la socialdemocracia alemana como Clara Zetkin, Ernst Daumig o Curt Geyer. Lenin le había hecho llegar su apoyo y un plan discreto para facilitar su retorno a la dirección. Pero Levi no aceptó.

Un mes antes de la Acción de Marzo Paul Levi había renunciado al Comité Central del KPD a causa de su crítica a la política desarrollada por MatyasRakosi en el Congreso de Livorno, que fundó el Partido Comunista de Italia pero apenas pudo reunir a poco más del 30% de los delegados de un Partido Socialista, en el que la inmensa mayoría apoyaba a la revolución rusa y a la Tercera Internacional.El motivo fue que la política de los dirigentes mayoritarios de la izquierda socialista fue no expulsar a la minoría reformista, tal como debían hacer según las 21 condiciones de la Internacional. Levi criticó el desenlace del Congreso de Livorno con buenos argumentos pero su renuncia al CC fue vista por Lenin como un imperdonable error. En una carta que le dirigió a Paul Levi y a Clara Zetkin, Lenin le manifestó: “Si toleramos la práctica de que los miembros del Comité Central se retiren de él cuando quedan en minoría, los partidos comunistas nunca se desarrollarían ni serían fuertes”.Esta crítica de Lenin mostraba un problema real de las posiciones de Paul Levi: su desconsideración por los problemas de las organizaciones políticas y sus posibles tratamientos políticos, que necesitan para ser resueltos una combinación concreta de tiempo e iniciativas.

Paul Levi se retiró del KPD y formó una efímera Asociación Comunista Obrera (KommunistischeArbeitgemeinschafdt) que agrupó a varios parlamentarios comunistas en el Reichstag. Si ya en su folleto, como se verá, Paul Levi había desarrollado una serie de críticas, varias de ellas acertadas, a la política de la Internacional respecto a sus secciones, después de su separación del KPD fue acentuando su distancia respecto al movimiento comunista internacional. Su Asociación ingresó en el USPD y acompañó el reingreso de este partido al viejo SPD. Después de su ruptura con el movimiento revolucionario realmente existente en su tiempo, la fuerza de los hechos políticos lo hizo retornar al reformismo socialdemócrata con el que rompió unos años antes. Hay fuertes elementos de tragedia en su historia. Elementos que no son ajenos a la historia del movimiento comunista internacional, en el cual burócratas sectarios llevaron a los partidos comunistas que dirigieron a la insignificancia política así como a replicar un modelo organizativo que muchas veces fue una cárcel para militantes o, peor aún, como Rakosi, gobernaron países y los llevaron al desastre. Al mismo tiempo, la Tercera Internacional fue uno de los escenarios decisivos en que se dieron varias de las grandes batallas de la mitad del siglo XX. Para dirigentes como Clara Zetkin, Antonio Gramsci, Palmiro Togliatti o Gueorgui Dimitrov permanecer en la Internacional Comunista era cuestión de vida o muerte. Irse equivalía a entrar a la marginalidad política, con muy pocas excepciones (el único partido revolucionario enfrentado al comunismo oficial que tuvo un papel importante en alguna revolución real fue el POUM español).

Paul Levi, a pesar de todas sus virtudes, mostró una fuerte tendencia a una forma de abstencionismo que renunciaba a dar las batallas políticas difíciles y una especial insensibilidad hacia los problemas político-organizativos de la lucha de clases. Cayó en una de las habituales tentaciones del pensamiento de izquierda que consiste en la creencia de que siempre puede volver a empezarse de cero, como si las organizaciones obreras pudieran crearse y desarrollarse rápidamente en cualquier coyuntura.  Posicionamiento suyo que se expresó en su escisión del KPD y en la creación de la Asociación. La dura realidad de la lucha política le demostró rápidamentelos límites a que lo había llevado su opción. Paul Levi murió a los 46 años en 1930. Su talento como orientador político así como su fallida experiencia en el comunismo inicial contribuyen a repensar una historia de la Tercera Internacional que escape a visiones maniqueas de revolucionarios eternamente acertados y traidores que constantemente buscan hundir a la revolución. Y a nosotros, socialistas del siglo XXI, la consideración de esta clase de hechos y argumentos nos ayuda a elaborar críticamente a qué herencia renunciamos y qué es necesario retomar de las riquísimas experiencias del siglo XX, el más revolucionario de la historia humana.


Dios mío, ¿qué está ocurriendo aquí?¿Remordimiento genuino, aún si impuesto, o nada por el estilo? ¿Te das cuenta de lo que has hecho? La buena acción, la causa más noble… una causa que por una vez Dios puso en tus manos, tú la has tratado como barro en el chiquero.

(Gerhart Hauptmann, Florian Geyer)

Cuando estaba planeando este panfleto, Alemania tenía un Partido Comunista con medio millón de miembros. Cuando lo escribí ocho días después, este Partido Comunista había visto quebrantados sus cimientos y su mera existencia puesta en cuestión.

Puede parecer riesgoso, en una crisis tan seria como en la que el Partido Comunista se encuentra a sí mismo, aparecer con críticas tan despiadadas. Pero no se necesita mucha reflexión para concluir que esta crítica es no sólo útil sino necesaria. El juego irresponsable jugado con la existencia del partido, con las vidas y destinos de sus miembros, debe ser llevado a su fin. Debe ser terminado por la voluntad de sus miembros, ya que aquellos responsables siguen negándose a ver lo que han hecho. El Partido no debe ser arrastrado con los ojos cerrados al anarquismo de tipo bakuninista. Y, si un Partido Comunista es alguna vez construido de nuevo en Alemania, entonces los muertos de Alemania Central, Hamburgo, Renania, Baden, Silesia y Berlín, por no mencionar los miles de prisioneros que han caído víctimas de la locura bakuninista, todos reclamarían a raíz de los eventos de la semana pasada: “¡Nunca Más!”

Va de suyo que el terror blanco ahora propagándose no debe ser usado como un manto detrás del cual aquellos responsables puedan escapar de su responsabilidad política. Tampoco deberían ser los insultos y el enojo hacía mí razón para abstenerse de esta crítica. Me dirijo a los miembros del Partido en este espíritu, con una historia que debe desgarrar el corazón de cualquiera que haya trabajado para construir lo que ahora ha sido derribado. Estas son verdades amargas, pero “lo que les entrego es el remedio, no el veneno”.

Escrito 3 y 4 de abril de 1921.

I

El debate de la clase obrera sobre la revolución alza inmediatamente la pregunta del tempo. Las opiniones se dividen entre aquellos con poca fe en un extremo, quienes ven la cuestión como “todavía en el horizonte”, y, en el otro extremo, los optimistas que creen que la revolución podría “estallar mañana” si algunas personas no pusieran el freno en algunos lugares. Cuando semejantes cuestiones se discuten, no obstante, es raro que la gente señale los factores concretos que son decisivos para este ritmo más rápido o más lento, de forma que la cuestión del calendario de la revolución no llegue a elevarse por encima de la discusión sobre si una fecha particular sería muy pronto o muy tarde. En prisión, el día es siempre largo; caminar en el bosque en primavera es siempre corto, aun cuando sea el mismo día de veinticuatro horas. De hecho, el ritmo de la revolución depende de dos tipos de factores: objetivos y subjetivos. Los factores objetivos son la fuerza de la contradicción entre las relaciones de producción y el sistema de distribución, la posibilidad y la capacidad del sistema de producción existente de continuar en funcionamiento, la situación del proletariado, cuán agudo es el antagonismo entre burguesía y proletariado, la intensificación de las crisis en el mundo burgués, etc.

Sería superfluo repetir aquí de nuevo lo que ha sido dicho tan a menudo. Desempleo en ascenso, empobrecimiento creciente del proletariado así como de la clase media intelectual y comercial y los funcionarios públicos, la cada vez mayor bancarrota del Estado, la reorganización de los Estados burgueses en nuevos y hostiles grupos de intereses, la contradicción mundial de los opresores contra los oprimidos de todos los países, con estos por primera vez en la historia unidos en un cuerpo consciente, pensando y planificando a nivel político mundial en la Internacional Comunista con la Rusia Soviética al frente: estos son los factores objetivos.

En el caso presente, sin embargo, necesitamos considerar los factores subjetivos o, más bien, el factor subjetivo que hoy en día es siempre decisivo en la formación de las condiciones objetivas: ¿qué tan dispuesta y capaz, es decir suficientemente madura, está la clase revolucionaria para tomar el poder?¿qué tan debilitada y cansada está espiritualmente la clase contrarrevolucionaria como para quitarle el poder de sus manos?. Estas dos fuerzas, la voluntad conquistadora de la clase revolucionaria y la voluntad defensiva de la clase contrarrevolucionaria, no son asuntos separados. Cada uno es, más bien, función del otro; la lucha de partidos es un reflejo de esto, la posesión del poder estatal su objetivo y la fuerza del uso del poder estatal su medida.

Es un hecho establecido que, en este sentido, a pesar del creciente deterioro económico, la burguesía germana ha conseguido una cierta consolidación. En noviembre de 1918, el poder estatal era “tierra de nadie”. Se había escapado de la burguesía pero nadie podría decir hoy en día que el proletariado lo tomó. La burguesía, a pesar del golpe entumecedor que había recibido, fue la primera en ponerse nuevamente de pie: las matanzas de Noske de enero y marzo de 1919 fueron hitos y la Constitución de Weimar la señal exterior de que podía sentirse dueña nuevamente. Desde aquel momento, el dominio de la burguesía germana -su dominio político- no ha experimentado ningún otro golpe serio: el putsch de Kapp, que podría haber llevado a un semejante golpe tanto desde la izquierda como la derecha, pasó sin ningún daño serio.

La victoria de la burguesía no es, desde luego, absoluta, pero es relativa en su máximo grado, manteniendo su carácter de victoria solo mientras las fuerzas de la clase revolucionaria no la derroten. Que las fuerzas del proletariado estén en proceso de hacerlo está bastante asegurado. No solo porque hay mucho más puños proletarios que guantes de cuero burgueses: la burguesía está bajo presión por el creciente deterioro económico y completamente penetrada por un sentido de desesperanza y falta de escapatoria de esta situación, viviendo día a día, desprovista de toda esperanza. El proletariado es la única clase que lleva en su pecho la estrella de la esperanza y en consecuencia de victoria: factores tanto morales como físicos (como diría Napoleón) están del lado del proletariado, y por ello de su victoria.

Todo depende entonces  del estado de las fuerzas revolucionarias y de su desarrollo. ¿Está sucediendo rápida o lentamente? El mismo Marx dio una cierta respuesta. En “La lucha de clases en Francia”, escribió:

El progreso revolucionario allanó su camino no por sus logros inmediatos sino, por el contrario, creando una contrarrevolución unida y poderosa; solo en el combate con el oponente es que el partido insurgente maduró en un verdadero partido de revolución [1].

Nada podría expresar la intensidad y rapidez del desarrollo revolucionario en Alemania de forma más clara que esto. A lo que Marx se refiere aquí es al desarrollo del poder revolucionario frente a un poder contrarrevolucionario estable. En Alemania, no obstante, en la revolución actual, las fuerzas revolucionarias están más o menos manteniendo el ritmo de desarrollo de las fuerzas de la contrarrevolución. Esto se expresa de dos formas. La fuerza de la clase revolucionaria, el proletariado, crece en proporción a la fuerza y número de su vanguardia más clara, consciente y decisiva. En noviembre de 1918, los comunistas en Alemania formaron un grupo, pero no uno grande. En febrero de 1921, eran una fuerza de medio millón de personas. El otro fenómeno en el que la creciente fuerza de los revolucionarios se expresa es en que el proletariado alemán ya ha recibido golpes terribles en los dos años y medio de la revolución germana. Ha perdido sangre a montones. Una vez, dos veces y una tercera vez ha sufrido fuertemente pero, en cada ocasión, le ha llevado poco tiempo elevarse de nuevo con nuevas fuerzas, con una estatura y poder gigantes. No hay clase en el mundo que haya logrado esto antes. El desarrollo de las fuerzas revolucionarias en Alemania -sin importar cuánto pueda sorprender a los impacientes entre nosotros- se está desarrollando a un ritmo inesperado y tremendamente rápido. El proletariado que, por cuatro años, corrió detrás del Kaiser pero que hoy cuenta con medio millón de comunistas, ha adquirido una nueva cara, política e intelectualmente.

Los impacientes, no obstante, preguntarán qué uso puede tener todo esto si el proletariado todavía no ha conquistado el poder. Y ahora llegamos al verdadero problema: ¿qué puede hacer el Partido Comunista en esta situación si quiere conquistar el poder estatal?

II

Muchos comunistas cometen dos errores en su pensamiento. El primero es ver en las clases contendientes solamente al proletariado. En realidad, sin embargo, no es una táctica revolucionaria examinarse y medirse a uno mismo en el espejo; mucho más importante es la relación de los comunistas con todas las otras clases y estratos en lucha contra el capitalismo, quienes trabajan todos juntos por la caída de la burguesía. De todas esas clases y estratos, desde luego, sólo el proletariado es el que por virtud de sus condiciones de existencia “abole las viejas relaciones de producción, y junto a estas relaciones de producción marcadas por el antagonismo de clases, abole al mismo tiempo las clases” [2]; el proletariado es la única clase realmente revolucionaria. Es solo la clase trabajadora cuyo objetivo como clase es dirigido al cambio en las actuales relaciones de producción y de todas las relaciones que siguen de ella. En una etapa posterior de la revolución, efectivamente, una contradicción debe emerger necesariamente, aun si es temporalmente, entre el proletariado y esas clases y estratos que hoy luchan junto a él, pero de ninguna forma esto justifica al proletariado tratando a estas clases como no existentes, como incapaces de hacer alianzas con ellas, y mucho menos como enemigas.

No obstante precisamente este ha sido frecuentemente el caso. Hay mucho comunistas que ven por fuera del proletariado sólo “una única masa revolucionaria”. Esta “única masa revolucionaria” fue un slogan creado por Lasalle y, como muchos otros, tiene mejor sonido que significado. Marx la criticó vehementemente, demostrando que estaba completamente desprovista de contenido. En su “Crítica del programa de Gotha” de 1875, escribió:

En el Manifiesto Comunista (…) la burguesía es concebida como una clase revolucionaria -como la que lleva la industria a gran escala- en relación con los señores feudales y las clases medias bajas, que quieren retener todas las posiciones sociales creadas por modelos obsoletos de producción. Estos no forman, en consecuencia, una sola masa reaccionaria junto a la burguesía.

Por el otro lado el proletariado es revolucionario en relación a la burguesía porque ha brotado rápidamente del suelo de la industria a gran escala; está luchando por despojar a la producción de su carácter capitalista, el que la burguesía busca perpetuar. El Manifiesto agrega, no obstante, que la clase media baja está convirtiéndose en revolucionaria “en vista de (su) inminente transferencia al proletariado”.

Desde este punto de vista, entonces, es una vez más un sinsentido decir que en relación con la clase trabajadora esta “forme una única masa reaccionaria”, “junto con la burguesía” y con los señores feudales [3].

Así como estas ideas de teoría y principio, también entran en juego consideraciones tácticas en tiempos de revolución. En tiempos no revolucionarios, estos elementos no proletarios y no burgueses son los menos conscientes de su posición de clase. En el lento curso de desarrollo, no logran ver y comprender de qué forma sus objetivos y los de la burguesía son distintos y opuestos. Esta es la razón por la que, como los artesanos empobrecidos en Alemania, ellos son tan frecuente y amargamente vistos como un apéndice de la burguesía o las clases feudales, e incluso identificados con ellos. Pero las revoluciones disuelven todos los lazos sociales de este tipo. Actúan como un solvente para separar a aquellos que no pertenecen socialmente el uno al otro. Rompen con la tradición y fuerzan a individuos y clases a ver la realidad detrás de la apariencia. El antagonismo de clase entre burguesía y clases expuesto por la proletarización -si aún no han sido proletarizadas- se vuelve flagrante.

¿Cuál es la composición de estos estratos? En Alemania, son extraordinariamente múltiples, más que en Rusia. Ciertamente, todos los estratos presentes en Alemania también estaban en Rusia, pero su centro de gravedad allí era el campesinado sin tierra. Tanto en número como en poder, este sobrepasaba cualquier otro estrato pequeñoburgués y semiproletario, por lo que podría decirse que, en Rusia, quien tuviera a los campesinos tendría a la mitad del proletariado.

En Alemania, no hay una clase intermedia tan preponderante. Aquí, el proletariado rural está dividido a sí mismo social y geográficamente entre los pequeños campesinos sin tierra del sur y los trabajadores del Estado del norte. Entonces hay artesanos de los más variados niveles, desde el sastre patizambo de Bavaria trabajando para los campesinos por su comida y cincuenta peniques al día, hasta el artesano autónomo con herramientas eléctricas. Hay también un tercer estrato que es sin comparación más importante en Alemania, aquel de los trabajadores de oficina y funcionarios públicos, intelectuales empobrecidos, etc. Todos estos experimentan la revolución en sus propias vidas. Consideren, por ejemplo, el desarrollo de los trabajadores alemanes del ferrocarril en los dos años de la revolución. O lean el panfleto recientemente publicado por el asesor de gobierno sajón Schmidt-Leonhardt, “Das zweite Proletariat”. Ninguno de ellos es proletario, al menos en su existencia de clase, pero todos son anti-burgueses, y deben ser tenidos en cuenta.

¿Cuál es el significado de estos estratos? Mientras pertenezcan a la burguesía, significan manos que la burguesía usa para golpear al proletariado; si este empate se rompe, pero siguen manteniendo distancia del proletariado, significan al menos un obstáculo extraordinario para la toma del poder por el proletariado; si simpatizan con el proletariado, entonces hacen esta toma del poder más fácil o al menos la hacen posible por primera vez.

Huelga decir, en esta conexión, que ningún comunista piensan en esperar hasta que estos estratos sean comunistas. Lenin abordó la cuestión de esta forma en su artículo “Las Elecciones a la Asamblea Constituyente y la Dictadura del Proletariado”:

Sólo el proletariado puede liderar al pueblo trabajador hacia fuera del capitalismo y hacia el comunismo. No sirve pensar que las masas pequeñoburguesas o semi-pequeñoburguesas puedan decidir por anticipado la extremadamente complicada pregunta de si estar con la clase trabajadora o con la burguesía. La duda de las secciones no proletarias del pueblo trabajador es inevitable; e inevitable es también su propia experiencia práctica, que les permitirá comparar el liderazgo de la burguesía con el del proletariado. [4]

Más adelante, Lenin escribe: “Fue esta vacilación del campesinado, el cuerpo principal de la pequeña burguesía del pueblo trabajador, que decidió el destino del gobierno soviético y del dominio de Kolchak y Denikin”. [5]

De esta forma, estos estrados pueden ser decisivos en ciertas situaciones. Es tarea de los comunistas ganar influencia sobre ellos. ¿Pero cómo deben hacerlo?

En Rusia, donde este estrato medio era menos complejo y consistía esencialmente en campesinos, la cuestión era similarmente más directa. Quien diera a los campesinos tierra tendría su apoyo. Los bolcheviques fueron los únicos decididos, no solo en darle tierra a los campesinos -todos estaban “decididos” a hacerlo- sino en crear la precondición para ello tomando la tierra de los propietarios, y esto hizo posible para los bolcheviques reunir a los estratos medios bajo su consigna.

Los comunistas alemanes no han encontrado todavía una forma de aproximarse a este estrato medio.

Un programa agrario, incluso uno que satisfaga tanto a los campesinos como a los trabajadores rurales, no es suficiente, ya que los campesinos y trabajadores rurales no son decisivos aquí como lo eran en Rusia. Tampoco resulta suficiente asegurar a los artesanos que su muerte como clase está determinada por las leyes de la economía capitalista; puesto que incluso si alguien va a morir, no puedes ganarlo como amigo profesando su muerte cada día. También es insuficiente mantener que los intelectuales y oficiales públicos ya son proletarios, solo que no conscientes de ello; esto no es adecuado para el carácter particular de dicho estrato. No hay duda de que los comunistas deben buscar acercarse a estos estratos en cuestiones que les interesen como un todo.

En Rusia había dos cuestiones por fuera de la cuestión agraria. La predominante fue la cuestión de la paz, la cual actualmente, no entra en consideración para Alemania. La otra fue la cuestión nacional que desde luego tenía un contenido completamente diferente en Rusia que el que tiene en Alemania.

El propio término de “cuestión nacional” inmediatamente suscita sentimientos de inquietud entre algunas personas en Alemania. Recuerdan el bolchevismo nacional, un peligro del que escaparon por poco; no pueden tolerar escuchar la palabra “nacional” [6]. Pero la razón por la que el bolchevismo nacional era no-comunista no radicaba en su preocupación por la cuestión nacional, sino porque buscaba resolverla con un pacto de “todas las clases del pueblo”, por el camino de la fraternización del proletariado con la burguesía, de los comunistas con Lettow-Vorbeck [7]. Eso fue lo no-comunista. Pero también es no-comunista ahora negarse a examinar la cuestión nacional. En los inicios de la revolución, un littérateur de Berlín intentó deshacerse de la cuestión nacional fundando un “partido socialista anti-nacional”. Deshacerse de la cuestión nacional de esta forma es simplemente como decir: “No hay más burros en este mundo, porque soy buey”.

La cuestión nacional existe y Karl Marx, como internacionalista, veía y tenía en cuenta esta cuestión de forma política. La “abolición” de la nación no es objeto de un decreto, todavía menos de una resolución de un partido, es en cambio un proceso:

Como el proletariado debe primero de todo adquirir supremacía política, debe elevarse como clase líder de la nación, es, hasta ahora, nacional en sí misma (…). Las diferencias nacionales, y los antagonismos entre pueblos, están día a día desapareciendo (…) La supremacía del proletariado causará que se esfumen aún más rápido (…). Al mismo tiempo que a la explotación de un individuo por otro se le pone fin, la explotación de una nación por otra también verá su fin. Al mismo tiempo que al antagonismo entre clases dentro de una nación se esfuma, la hostilidad de una nación con otra llegará a su fin. [8]

Por ende, actualmente la nación es, para el proletariado, todavía una entidad existente; los camaradas que, como somos internacionalistas en nuestro objetivo final, se niegan hoy a ver la cuestión nacional y a tratarla como algo existente, cometen el mismo error que aquellos que, sosteniendo que en nuestro objetivo final estamos en contra de los parlamentos y a favor de los soviets, se niegan a ver los parlamentos ahora o, sosteniendo que estamos a favor de la abolición del Estado, tratan al Estado como no existente y, como los anarquistas, no quieren nada con la política. Los camaradas en cuestión son de la misma forma anti-políticos, simplemente transfieren esto al campo de la política exterior.

La cuestión nacional existe, repito, en Alemania en la forma de “explotación de una nación por otra” y esta es la cuestión más acuciante para todos los estratos medios en Alemania. Solo de esta forma ganaremos estos estratos. Y, por esta razón solamente, debería ser el objetivo de los comunistas salir, en los momentos más críticos de la cuestión nacional, con slogans que signifiquen para esos estratos medios una solución de sus sufrimientos nacionales. El slogan de alianza con la Rusia Soviética podría haber sido tal [9] , y debería haber sido presentado como un slogan nacional, es decir no como uno bajo el que comunistas oscuros y junkers prusianos se aceptaran como hermanos, sino como un slogan bajo el cual los comunistas, y proletarios en general, actuaran juntos con esos estratos medios en una lucha contra los junkers y la burguesía, que sabotean esta única ruta de escape, ya que están intentando asegurar la continuidad de su existencia como clase explotadora traicionando a su país, negociando con la burguesía occidental para entregarles porciones del territorio alemán a Francia (Renania), o fragmentando deliberadamente el país (Bavaria); con esta demanda, podríamos avanzar en la lucha proletaria. Esto no es más que charlatanería para una pequeña tropa de marxistas obsecuentes que ponen el grito al cielo diciendo que la demanda de alianzas con la Unión Soviética a los gobiernos burgueses sería algo contrarrevolucionario o -aún peor- oportunista, no un “slogan revolucionario”. Uno podría recordarle a estos cuidadosos individuos que los bolcheviques condujeron su propaganda política entera antes de la toma del poder con “slogans oportunistas” como ese. Reclamaron del gobierno burgués conseguir de forma inmediata de la paz, aunque todo bolchevique era consciente de que una paz conseguida por un gobierno burgués no sería paz, y que una paz genuina podría ser conseguida solo de proletario a proletario. Ellos condujeron su propaganda bajo el slogan: “tierra a los campesinos”, e incluso llevaron a cabo la distribución de la tierra, aunque todo bolchevique era consciente de que el objetivo final del comunismo no era la división de la tierra en propiedad privada campesina, sino más o menos lo opuesto a esto. Esto es lo que hicieron y es lo que tenían que hacer. ¿Era este un objetivo del marxismo? De ninguna forma. La revolución no es un asunto del Partido Comunista, y tampoco un monopolio comunista. Para usar la frase de Marx en una carta a Kugelmann, es una “revolución del pueblo”, es decir, un proceso violento en el que todo el pueblo trabajador y las fuerzas oprimidas confluyen, se erigen y se enfrentan -cada una en su propia forma- contra los opresores, proceso en el que el mejor arte de los comunistas es juntar todas esas fuerzas y liderarlas hacia un objetivo: derrocar a los opresores. Puesto que, solo si entienden esto, son los comunistas lo que deberían ser: los mejores líderes de la revolución y al mismo tiempo sus mejores servidores. Fue con esto en la mente que Marx dijo en su “Discurso a la Liga Comunista” de marzo de 1850: “Al comienzo, desde luego, los trabajadores no pueden proponer ninguna medida directamente comunista”. [10]

El comunismo llega no al principio de la revolución sino al final, y los comunistas no son aquellos que confunden el principio por el fin sino aquellos que quieren continuar desde el principio hacia el fin. Si el Partido Comunista no se echa a pique al principio, tendrá que que tener a su alcance aquellas cuestiones que preocupan a los estratos medios, tendrá que tratar la cuestión nacional como algo existente y ofrecer un slogan que lleve una solución a esos estratos, al menos una temporaria.

III

Lo que es decisivo, por supuesto, para los comunistas, es su relación con la clase genuinamente revolucionaria, el proletariado. Es en su relación con el proletariado que los comunistas muestran su viabilidad. Si las conexiones de los comunistas con aquellos otros semiproletarios, estratos medios, son de tipo táctica, en las que una actitud correcta o incorrecta puede acelerar o retrasar la revolución, la conexión de los comunistas con el proletariado es una de principio. Cualquiera que no entienda la relación de los comunistas con el proletariado, y actúe de acuerdo a ello, deja de ser un comunista. No deberíamos extendernos en este tema si los eventos recientes no hubieran hecho añicos todo lo que creíamos que estaba asegurado.

“¿En qué relación se paran los comunistas frente a los proletarios como un todo?” Esta es la pregunta que alza Marx en el Manifiesto Comunista y pasa a responderla como sigue:

Estos párrafos son la normativa básica del comunismo. Todo lo demás es elaboración y explicación. Y de esta aseveración me gustaría examinar tres cuestiones:

– Los comunistas no forman un partido separado opuesto a otros partidos de clase trabajadora.

– No tienen intereses separados de aquellos del proletariado como un todo.

– No deben organizar ningún principio sectario propio, con el cual influenciar y moldear el movimiento proletario.

Los comunistas se distinguen de otros partidos de clase trabajadora solo por esto:

1. En las luchas nacionales de los proletarios de diferentes países, ellos señalan y ponen al frente los intereses comunes del proletariado entero, independientemente de toda nacionalidad.

2. En varias etapas de desarrollo por el que la lucha de la clase trabajadora contra la burguesía debe atravesar, ellos siempre y en todas partes representan los intereses del movimiento como un todo.

Los comunistas, entonces, son por un lado, prácticamente, la facción más avanzada y resuelta de los partidos de la clase trabajadora de todo país, esa facción que empuja a las demás hacia adelante; por otro lado, teóricamente, tienen sobre la gran masa del proletariado la ventaja de entender claramente la línea de marcha, las condiciones y los resultados últimos del movimiento proletario. [11]

a. ¿Cuál es la relación numérica de los comunistas alemanes con el proletariado alemán?

b. ¿Cuáles son las precondiciones para la conquista del poder estatal por el proletariado?

c. ¿Cómo se conquista el poder estatal?

Mi objetivo al introducir las siguientes cifras de varias campañas electorales es de ningún modo el de argumentar que cualquier acción del proletariado o que la toma del poder es posible sólo luego de que una relación numérica particular se haya establecido por elección o voto. Aún menos la divertida teoría expresada en Vorwärts el año pasado sobre que la toma del poder del proletariado sería posible sólo si el 51% de los electores votara por el proletariado –Vorwärts habiendo regañado a algunos miembros del SPD por sostener que, en ciertas circunstancias, la toma del poder por el proletariado podría ser posible incluso solo si el 49% de la “población general” hubiera votado por la “dictadura del proletariado”, como estos caballeros decían-. Todavía menos estoy tratando de usar estas cifras para indicar la posibilidad de que los objetivos de los comunistas pueden realizarse con elecciones y votos. Estoy completamente de acuerdo con lo que Lenin escribió en “Las Elecciones a la Asamblea Constitucional y la Dictadura del Proletariado”:

El sufragio universal es el índice del nivel alcanzado por las diferentes clases en su comprensión de los problemas. La solución de estos problemas no la provee el voto, sino la lucha de clases en todas sus formas, incluyendo la guerra civil. [12]

Es en este sentido que indico ciertos números. Es desafortunado -y no solo por esta razón- que los primeros números que se necesitarían para la comparación están ausentes, es decir, las cifras de la primera elección general luego del inicio de la revolución, esas del 19 de enero de 1919, que los comunistas boicotearon. Debemos por ende comenzar con la elección al parlamento prusiano de febrero de 1921. Los partidos de los trabajadores recibieron en esta elección los siguientes votos: (redondeados al mil siguiente):

KPDUSPDSPD
1.156.0001.087.0004.171.000

Estos números demuestran que, en aquel momento, los comunistas alcanzaron alrededor de un quinto de los proletarios que se reconocían como miembros de su clase. Incluso junto con la SPD, quienes desde ya no deberían ser contados como comunistas, sino como socialdemócratas, solamente alcanzarían un tercio de los proletarios.

KPDUSPDSPD
Berlín112.000197.000221.000
Gran Berlín (Berlín junto a Potsdam I y II)233.000397.000564.000
Magdeburg26.00048.000264.000
Halle204.00076.00071.000
Westfalia Norte49.00023.000196.000
Westfalia Sur108.00084.000283.000
Dusseldorf Este105.00084.000131.000
Dusseldorf Oeste65.00023.00094.000
Región industrial del Rin-Westfalia372.000214.000704.000

Lo que es decisivo, no obstante, como desarrollaré más en detalle debajo, no es el número total. Por eso enfatizo ciertos ejemplos particularmente llamativos:

Como dije, desarrollaré más adelante la significación de estas cifras, y aquí solamente señalaré lo siguiente. Comparando el voto de Berlín en particular, aunque puede aplicarse a todas las cifras, con el de la elección al Reichstag el último verano, es claro que, siguiendo la ruptura en el USPD, sus votantes acudieron tanto a los socialdemócratas, el partido de Noske, como a los comunistas. Este hecho también asoma de las cifras de la elección estatal de Mecklenburg en junio de 1920 y marzo de 1921. Los votos fueron (en números redondos):

KPDUSPDSPD
Junio 19201.20024.500128.000
Marzo 192115.0002.6000137.000

En este período, la USPD perdió 22 mil votos, los comunistas ganaron unos 13.800 votos y los Socialistas Mayoritarios alrededor de 9 mil. Si tomamos en cuenta del lado comunista lo que ganaron de otros partidos por fuera de la USPD, y tenemos en mente que los socialdemócratas habrían experimentado una pérdida de votos en este distrito fuertemente rural sin aquellos arrastrados de la USPD, podemos concluir, como se dijo, que los votantes de la USPD fueron más o menos equitativamente a la derecha e izquierda, si es que no desaparecieron conjuntamente (como sucedió particularmente en Berlín).

Tenemos también otra medida para la proporción numérica de comunistas en el proletariado: la relación en los sindicatos. Mientras que los resultados electorales no muestran una separación tajante de los elementos proletarios y no-proletarios, y una sección del proletariado no encuentra representación en las cifras electorales, los sindicatos son puramente proletarios, y cada sindicalista comunista es también indudablemente miembro del Partido Comunista. El número de miembros del KPD frente al número de miembros de sindicatos nos da así un número máximo para la influencia actual numérica (no intelectual) de los comunistas en el proletariado sindicalizado entero.

Ahora bien, los sindicatos afiliados a la ADGB tenían las siguientes cantidades de miembros:

Fines de 19182.866.012
Fines de 19197.338.123

También había 858.283 miembros de los sindicatos cristianos a fines de 1919. En ese momento, entonces, alrededor de 8,2 millones de trabajadores alemanes estaban organizados en sindicatos. Esta cifra seguramente aumentó de nuevo en 1920, particularmente en la ADGB. Pero, si tomamos estos números en relación al número de Comunistas a inicios de 1921 -500 mil-, se sigue que los comunistas eran alrededor de 1 de cada 16 proletarios organizados en sindicatos, y que 1 de cada 14 de esos proletarios se organizaba en sindicatos libres.

Esta es la proporción numérica, y no es nada de qué asustarse. Puesto que, en situaciones revolucionarias, esas proporciones cambian muy rápidamente, mientras por encima de la influencia numérica también está, o debería estar, la influencia intelectual.

Debería referirme más tarde a la influencia intelectual y su significado, también a cómo se gana y pierde. Aquí simplemente quiero resaltar una cosa, como a menudo la formulamos. Hay un cierto sentido en el que, a pesar de la creciente organización comunista y -al menos formalmente- la creciente influencia comunista, la situación de los comunistas se ha vuelto muy difícil. Al comienzo de la revolución alemana, los social-reformistas de todo tipo estaban completamente a la defensiva. Tenían por cierto grandes masas detrás suyo, pero sus rangos estaban desordenados; teníamos acceso libre a ellos y éramos de capaces de influenciarlos. Hoy sin embargo, el social-reformismo ha presentado una dura y consciente resistencia contra el comunismo; aquí y allá, ha pasado de la defensiva a la ofensiva y ha expulsado a los comunistas de sus posiciones. Esto significa que la influencia intelectual de los comunistas en esas masas proletarias que todavía están indecisas o inclinadas al reformismo no puede darse ya por sentado. Se debe pelear  por ella.

Y, por el momento, es claro que los comunistas son una minoría en el proletariado.

b. ¿Cuáles son las precondiciones para la conquista del poder estatal por el proletariado?

Ya he explicado arriba lo que no es una precondición. No es una precondición que la mayoría del proletariado alemán tenga un carnet de afiliación al partido comunista en sus manos. Tampoco es una precondición que el proletariado haya ido valientemente a las urnas y proclamado su preparación en boletas impresas o escritas.

Ni siquiera es una precondición necesaria que esos estratos medios a los que me referí arriba sean comunistas o estén en simpatía completa con los comunistas. Ciertamente su simpatía significa, en cada caso, una extraordinaria atenuación de la tarea del proletariado, tanto durante y después de la toma del poder, y pueden concebirse circunstancias en las que la hostilidad o el rechazo de estos estratos haga imposible la toma del poder. No obstante, estos son asuntos que la mayoría de las veces aparecen sólo en el curso de la lucha, por lo que es difícil definir reglas por adelantado; aplicadas mecánicamente, estas solo debilitarían el espíritu ofensivo.

Pero dejando esto de lado, hay ciertas precondiciones para la toma del poder estatal. Lenin dice en el artículo mencionado anteriormente:

Hemos estudiado las tres condiciones que determinan la victoria del bolchevismo: 1. una abrumadora mayoría entre el proletariado; 2. casi la mitad de las fuerzas armadas; 3. una abrumadora superioridad de fuerzas en el momento decisivo en los puntos decisivos, a saber: en Petrogrado y Moscú y en los frentes de guerra alrededor del centro. [13]

En cuanto a estas condiciones en Alemania, ya hemos discutido la primera, la mayoría decisiva entre el proletariado, con ejemplos numéricos, y traeremos otras evidencias en su debido momento. La segunda condición, es decir casi la mitad de los votos en las fuerzas armadas, no necesita ningún ejemplo numérico, siendo demasiado pequeño para que tenga relevancia. No tenemos influencia en el ejército y cuando sea que obtenemos algo de ella, siempre la perdemos de nuevo. Podemos, sin embargo, decir que el ejército alemán no tiene la importancia decisiva que tenía el ejército en Rusia. Lenin avanza y dice: “en octubre-noviembre 1917 las fuerzas armadas eran mitad bolcheviques. Si ese no hubiera sido el caso no podríamos haber sido victoriosos” [14]. El ejército no tiene esta importancia en Alemania.

La tercera precondición es la “superioridad aplastante en el momento decisivo y en el punto decisivo”. Esta postura es completamente correcta. Una mayoría no se necesita para ganar una batalla. Uno solo necesita ser mayoría en el punto del campo de batalla donde la decisión se toma. Tampoco necesita uno ser mayoría para ganar una guerra, es suficiente tener una superioridad aplastante en los puntos donde las batallas se producen.

Entonces, ¿cuáles son los puntos decisivos? Para Rusia, Lenin los describía como sigue: las capitales y los frentes militares en sus alrededores. Este último factor es diferente para nosotros también, por las razones mencionadas arriba. Permanecen las capitales y particularmente la capital con sus edificios gubernamentales y su aparato central, el cual debe ser ocupado en caso de tomar el poder estatal.

Desafortunadamente, a pesar -o deberíamos decir “gracias a”- de la nariz fuertemente desarrollada de algunos camaradas de Berlín para cualquier tipo de “oportunismo” y su no menos fuertemente desarrollado talento por hablar en contra de él, la organización de Berlín es más o menos la peor que tenemos en todo el Reich. Esto es evidente no solo por las cifras electorales, sino también de otras formas. Resumidamente, los camaradas de Berlín que son responsables por ello no han hecho nada para conseguir esta precondición para el objetivo por el que luchan con mayor empeño que los demás.

También hay otros puntos en Alemania, sin embargo, que pueden ser decisivos en ciertas circunstancias.

El servicio de trenes La situación aquí no es muy diferente de la del ejército. La fuerte influencia que antes teníamos se ha arruinado una y otra vez por ciertas estupideces. En los círculos semi-burgueses y semi-intelectuales de oficiales públicos somos fuertemente rechazados por lo que hemos omitido en nuestros arreglos con estos estratos. Aun así, sin embargo, tenemos algo de influencia con los trabajadores, aunque solo sea en algunas ciudades o distritos en particular.

Luego los distritos industriales. No hay un único distrito industrial en Alemania que pueda golpear al Estado burgués con un golpe y forzarlo a capitular, como sí puede Berlín si los edificios de gobierno, bancos, etc. fueran ocupados. Hay, no obstante, dos distritos industriales que son de vital importancia para el Estado y que podrían forzarlo a capitular luego de un tiempo: Renania-Westfalia y Alemania central. En cuanto a Renania-Westfalia, ya hemos visto cómo 372 mil votantes comunistas son superados por 214 mil independientes y 704 mil socialdemócratas. No hay lugar, entonces, para hablar de mayoría aplastante.

La otra área es Alemania central. En el distrito de Halle, teníamos 204 mil votantes comunistas contra 76 mil independientes y 71 mil socialdemócratas. Teníamos un potente apoyo y una organización fuerte y heroica preparada para sacrificios. Teníamos…

En cualquier caso, sin embargo, es claro que, aparte de Alemania central, la cual no es decisiva en términos de un rápido golpe, no hay ningún lugar en el que tengamos una “mayoría aplastante”.

Cualquiera que lance una acción ahora, en esta situación, para la conquista del poder estatal es un tonto. Y cualquiera que diga al Partido Comunista que todo lo que necesita es ser aplicado, es un mentiroso.

c. ¿Cómo se conquista el poder estatal?

La conquista del poder político por el proletariado es como regla general (han ocurrido excepciones, como en Hungría) el resultado de una insurrección exitosa, sea por el proletariado por sí solo, o apoyado por otros estratos arrastrados a la revolución. ¿Cuáles son entonces las precondiciones para tal insurrección? Lenin dice lo siguiente en “¿Pueden los bolcheviques retener el poder?”[15]:

Si el partido revolucionario no tiene una mayoría en los contingentes avanzados de las clases revolucionarias y en el país, la insurrección está fuera de discusión. A su vez, la insurrección requiere: 1. el crecimiento de la revolución en una escala nacional; 2. la completa bancarrota moral y política del viejo gobierno, por ejemplo la coalición de gobierno; 3. la vacilación extrema en el campo de los grupos medios; es decir aquellos que no apoyan completamente al gobierno, aunque sí lo hacían en el pasado.

Aquí, de nuevo, quiero revisar estas precondiciones para Alemania y avanzar en criticar los procesos que tuvieron lugar aquí en los días recientes.

1. La precondición básica que debe estar presente junto a las otras, es decir la mayoría para el partido revolucionario “en los contingentes avanzados de las clases revolucionarias y en el país”, como hemos visto, no existía ni existe en Alemania,. Incluso dejando de lado la población rural, que no juega el rol decisivo aquí que tiene en Rusia, el Partido Comunista (“el partido revolucionario”) aún no tiene una mayoría entre el proletariado (los “contingentes avanzados de las clases revolucionarias”).

2. La revolución no estaba “creciendo a escala nacional”. Ciertamente, la sección avanzada de la clase trabajadora estaba más amargada que nunca, el número de desempleados creciendo diariamente, la pobreza y la miseria de las masas más grande que nunca. Pero el momento en el que el visible descontento se tradujera en un incremento de la actividad de masas no había llegado todavía; por el momento, como a menudo sucede, se expresaba en resignación creciente.

3. Nadie puede hablar de una completa bancarrota moral y política del viejo gobierno (por ejemplo, la “coalición). En Prusia, donde los socialdemócratas están en coalición con los partidos burgueses, recibieron casi el doble de votos que los demás partidos proletarios juntos, y más que en junio del año anterior.

4. Tan insostenible como esto sería la afirmación de una “vacilación extrema en el campo de todos los grupos medios”; el Partido Comunista no había hecho nada para que eso suceda, incluso cuando ocasiones aptas para ello aparecieron, como con el diktat de Londres [16].

Creemos que nadie en el Partido Comunista alemán puede haber tenido alguna duda acerca de estas condiciones.

¿Cuáles fueron entonces las precondiciones?¿Cómo se produjeron los hechos?

Declaro de entrada que la situación en la que el Partido se encuentra es más difícil que nunca. Si el KPD puede seguir existiendo, si el comunismo alemán puede seguir existiendo como partido, será decidido en cuestión de semanas, quizás días. Es un deber en esta situación dirigirse al Partido con completa apertura y sinceridad; aquellos responsables por llevar a cabo esta acción tienen que enfrentar su responsabilidad, tal y como cualquier camarada de partido. Solo de esta forma podremos evitar nuevas víctimas de la justicia blanca y que la mala fortuna de lo que ya ha sucedido afecte a círculos más amplios que el Partido Comunista alemán. En este contexto, no obstante, la verdad -toda la verdad- es necesaria.

¿Cómo se produjeron los hechos? No fue el Partido Comunista alemán quien dio el impulso inicial. Ni siquiera sabemos quién es responsable de eso. Se volvió más frecuente que emisarios del CEIC [Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista] sobrepasaran su autoridad plenipotenciaria, es decir, se volvió más frecuente la consecuente realización de que dichos emisarios de hecho no tenían ninguna autoridad [17]. No estamos, por ende, en posición de otorgar responsabilidad al CEIC, aún cuando es imposible esconder que ciertos círculos del CEIC demostraron recelos sobre la “inactividad” del Partido alemán. Más allá de errores serios en el movimiento contra el golpe de Kapp, el Partido no podría ser acusado de fracasos. Había así una influencia fuerte de la Zentrale para embarcar en una acción ahora, de forma inmediata y a cualquier precio.

Fue entonces necesario justificar la acción inmediata. En la sesión del 17 de marzo del Comité Central, un orador responsable [18] se expresó de la siguiente forma:

Lo mismo debe decirse de la situación general que lo que explicó Levi la última sesión, solo que desde dicho reporte [¡cuatro semanas antes! – N.d.A] los antagonismos entre los estados imperialistas se han agudizado, y los antagonismos entre América y Gran Bretaña han llegado a un límite. Si la revolución no lidera el nuevo giro de eventos, pronto [!! – N.d.A] nos enfrentaremos a una guerra británico-americana (…)

(…) las dificultades políticas internas hacen posible que el 20 de marzo las sanciones se agudicen [! – N.d.A] mientras que en la misma fecha el referéndum de Silesia tendrá lugar, el que con alta probabilidad incitará el conflicto militar entre los imperialistas de Alemania y Polonia. Hasta donde tenemos información, las fuerzas previas de ocupación francesa han sido reemplazadas por tropas británicas; mientras que las tropas francesas demostraron una actitud amistosa hacia Polonia, de acuerdo con nuestra información [!] las nuevas tropas inglesas tienen una posición bastante fuerte en favor de Alemania. La probabilidad de que los asuntos lleguen a un conflicto armado es de 90%. La contrarrevolución polaca se está armando, mientras que el gobierno alemán ha estado trabajando intencionadamente en favor del conflicto militar, como la evidencia documental indica, desde principios de octubre. El expositor dio a conocer estos documentos en la reunión, remarcando que no deberían ser publicados(…)

Nuestra influencia alcanzará más allá de nuestra organización de cuatrocientos o quinientos miles de miembros. Sostengo que hoy tenemos tres millones de trabajadores no comunistas en el Reich a quienes podemos influenciar a través de nuestra organización comunista, y quienes lucharán bajo nuestras consignas aun en nuestras acciones ofensivas. Si mi observación aquí es correcta: que nuestro estado de cosas nos obliga a no permanecer en una actitud pasiva hacia las tensiones domésticas y extranjeras, a no utilizar simplemente nuestras relaciones internas y externas para agitaciones; entonces la situación presente nos obliga en realidad a lanzar acciones para cambiar las cosas hacia nuestra dirección.

Declaro que, en cualquier partido con algo de autoestima, un miembro responsable de la dirección que sostuviera que, entre mediados de febrero y mediados de marzo de este año, los antagonismos entre Estados imperialistas se habían agudizado y que los antagonismos entre Gran Bretaña y América se habían intensificado, al punto de que “pronto nos enfrentaremos a una guerra británico-americana”, sería enviado a hidroterapia. Un miembro de la dirección que, en una decisión como tal, se apoyara en “información secreta”, “documentos que no deben ser publicados”, “90% de probabilidad” de una guerra; en resumen, un miembro que diera un reporte al lado del cual uno de un espía de Weismann [19] parecería un documento de valor histórico, sería inmediatamente removido de su puesto. Si eso no fuera suficiente, este camarada de la dirección agregó el cuento de hadas de que dos a tres millones de no-comunistas lucharían con nosotros en “acciones ofensivas” -y esta sería la base política para la consiguiente acción-.

Para clarificar en qué consistiría una “acción ofensiva”, otro miembro responsable [20] explicó:

Lo que la Zentrale propone es una ruptura completa con el pasado. Hasta ahora teníamos la táctica, o mejor dicho la táctica se nos había impuesto, de que deberíamos dejar que las cosas se dieran como esperamos y que tan pronto como hubiera una situación de lucha deberíamos tomar la decisión en dicha situación. Lo que decimos ahora es: tenemos la fuerza suficiente y la situación es tan seria que debemos proceder para forzar el destino del Partido y de la revolución.

Ahora, por el bien del partido, tenemos que tomar la ofensiva, decir que no estamos preparados para que las cosas se den como esperamos, hasta que los hechos nos confronten; queremos tanto como sea posible crear estos hechos (…). Podemos intensificar a un grado extraordinario las contradicciones si lideramos a las masas a la huelga en Renania. lo que seguramente agudizará a un grado extraordinario las diferencias entre la Entente y el gobierno alemán (…)

En Bavaria la situación es similar a como fue por un largo tiempo en Alemania, que teníamos que esperar hasta que el ataque llegara del otro lado. ¿Cuál es nuestra tarea en esta situación? Tenemos que asegurarnos con nuestras acciones de que este estallido llegue, si llega, por la provocación de las fuerzas defensivas locales (…).

A lo que un tercer camarada responsable agregó: “En conclusión, tenemos que romper con la actitud previa del Partido, aquella de evitar acciones parciales y negarse a presentar slogans que podrían aparecer como si estuviéramos pidiendo una lucha final (…)”.

Esta es la construcción teórica sobre la cual la existencia o inexistencia del partido Comunista de Alemania se puso en juego.

Una cosa, primeramente. Hay comunistas a quienes las palabras “agudización”, “punto álgido”, “conflicto”, etc. les generan ciertas imágenes revolucionarias forzadas. ¿Qué más puede querer decirse, si este expositor esperaba que una huelga masiva en Renania llevara a la agudización del conflicto de Alemania con la Entente? Mientras tanto, hemos tenido una prueba piloto. En Dusseldorf, los trabajadores fueron a la huelga y esta huelga agudizó las relaciones franco-alemanas al punto de que las fuerzas de ocupación francesas en Dusseldorf le devolvieron a las fuerzas de seguridad alemanas sus armas para que ellos derrotaran a la huelga.

Una segunda “agudización” se reportó en la prensa el 4 de abril. Esto aparecía en el reporte de Moers:

Fue claramente una orden de autoridades superiores que el Ejército belga interviniera el domingo para proteger a los habitantes no-comunistas y, cuando los comunistas comenzaron a defenderse, usar sus armas. Las tropas belgas consiguieron restaurar la calma. En los enfrentamientos con los comunistas, tres alborotadores fueron asesinados y 27 heridos. Los belgas aprisionaron a bastantes más. Cuando los comunistas intentaron liberar a sus camaradas, abriendo fuego contra los belgas nuevamente además de tirando piedras, los belgas devolvieron el fuego. Los refuerzos de las tropas están en camino a Moers. Las minas han sido ocupadas por los soldados belgas.

Esto se supone que es “la agudización de las relaciones entre Alemania y la Entente” y, si el expositor en la Zentrale hubiera reflexionado sobre esto en algún momento de su discurso, debería haber esperado inmediatamente que el gobierno alemán se levantara frente a la Entente a causa de los disparos a comunistas alemanes

Estas potenciales fuerzas del destino del Partido Comunista alemán y de la revolución alemana al menos reconocen que tiene que haber una situación de conflicto, es decir, una situación en la que las masas comprendan que tienen que luchar y están listas para hacerlo. La “nueva táctica”, la “ruptura con el pasado”, no obstante, es que dichas situaciones deben ser creadas. Esto no es nada nuevo por sí mismo. Nosotros también hemos sostenido siempre que un partido político puede, y el Partido Comunista debe, crear situaciones de conflicto. Pero es por medio de la claridad y decisión de sus posiciones, por la agudeza y audacia de su agitación y propaganda, por medio de la influencia intelectual y organizacional que debe ganar apoyos en las masas: en otras palabras, por medios políticos. Lo único nuevo es que esta ruptura con el pasado del KPD significa que tal situación de conflicto puede ser creada por medios apolíticos, por maniobras de espionaje, por provocación. Lo que aquí se refieren con provocación fue revelado por otro camarada responsable en otra sesión, mientras la acción tenía lugar. Dijo: “Nuestra mirada es que con una intensa actividad de propaganda, la forma pacífica en que las fuerzas de seguridad se han comportado previamente se terminará, por lo que trabajadores que no están en lucha hoy serán incitados”.

Y el mismo orador siguió -esto fue el 30 de marzo, cuando la acción ya se había perdido hace tiempo-: “Debemos intentar y conseguir una retirada en buenos términos, crear conflictos, incitar a las fuerzas de seguridad, incitar a todos los elementos contra-revolucionarios. Si tenemos éxito en crear [! – N.d.A] el movimiento de esta forma, habrá lugar para enfrentamientos”.

Esto es ciertamente algo nuevo en el partido fundado por Rosa Luxemburgo; es una ruptura completa con el pasado que los comunistas se supone que deban actuar como mediocres estafadores [21] y provocar la muerte de sus hermanos. Preferiría no citar la evidencia de que este último comentario no es ninguna exageración. Esto, repito, era la nueva base teórica sobre la cual comenzó el juego.

Se lanzó la acción. Durante un tiempo, la Zentrale no tuvo que poner en práctica sus recientemente adquiridas bases teóricas. Horsing llegó primero [22]. Ocupó el distrito de Mansfeld con un éxito a su nombre: el momento correcto. Con el ingenio de un viejo burócrata sindical, eligió la semana antes de Pascua, sabiendo muy bien que lo que el cierre de cuatro días de las fábricas desde el Viernes Santo hasta el Lunes de Pascua significaría. Por esta razón, la Zentrale fue, desde el principio, prisionera de sus propios “slogans”. No había manera de explotar esta provocación de Horsing de una forma que correspondiera con la situación. Los trabajadores de Mansfeld fueron a la huelga. Un miembro de la Zentrale declaró en una sesión tiempo después:

“Nuestros camaradas en Mansfeld tomaron el slogan de la Zentrale demasiado vehementemente y no en el sentido apropiado en que se formuló. Lo que pasó en Mansfeld fue una incursión, pero no la ocupación de fábricas”.

Esta representación no es más que una difamación de los camaradas en lucha. Si un slogan fuera formulado en contra de la ocupación de fábricas, ¿puede entonces cualquier persona razonable, incluso un miembro de la Zentrale, asumir que no debería ser aplicado en contra de las visibles preparaciones para la ocupación de fábricas, la incursión? Y los camaradas en Mansfeld interpretaron el slogan de la Zentrale de esta forma cuando tomaron las armas. Esto, también, parece ser impugnado en la cita de más arriba. No es la primera vez que la Zentrale no sabía qué estaba pasando, y solo se dio cuenta luego el slogan que había presentado.

El 18 de marzo, Rote Fahne proclamó el llamado a las armas: “¡A ningún trabajador debería importarle la ley, sino tomar un arma donde la encuentre!”.

Rote Fahne lanzó el movimiento con este inusual texto por la acción de masas, y mantuvo el mismo tono. El 19 de marzo escribió: “Las Orgesch [23]  proclaman la espada. Sus palabras denotan fuerza desnuda. Los trabajadores alemanes serían cobardes si no encontraran el coraje y la fuerza para responder a las Orgesch en sus propios claros términos”.

En el día 20, Rote Fahne escribió: “El ejemplo del distrito de Halle, el cual está respondiendo al desafío de Horsing con una huelga, debe ser seguido. La clase trabajadora debe tomar las armas inmediatamente, para confrontar al enemigo armado. Las armas en las manos de los trabajadores”.

El 21 de marzo, Rote Fahne escribió: “Sólo el proletariado puede derrotar los infames planes de las Orgesch. Solo puede hacerlo mediante la acción unida si se deshace de los charlatanes traidores socialdemócratas y derrota la contrarrevolución justo como debería ser derrotada, ¡armas en mano!”.

Al mismo tiempo, la “nueva teoría” estaba expandiéndose por nuestra organización, con su llamado a la actividad y la declaración de atacar lo antes posible, aunque sea solo por medio de la provocación. En esta situación, los trabajadores de Mansfeld tomaron el slogan en el sentido que cualquier persona razonable lo haría. Es una difamación cobarde de los héroes muertos, que cayeron en buena fe, decir ahora que estos trabajadores de Mansfeld habían cometido una ”ruptura de la disciplina”. Nadie podría creer que, si el Rote Fahne hiciera un llamado a las armas, esto significaría que, por el momento, dichas armas deberían ser guardadas detrás de la estufa. Ningún trabajador podría entender la conversación sobre armas en ningún otro sentido que el que se presentó en el diario en el número del 24 de marzo de 1921 (suplemento n°139):

¡Las armas de los comunistas

consisten en el momento actual en particular en su prensa partidaria, la que sin piedad

expone el

cáncer del capitalismo. Es el deber de cada comunista tomar parte en esta

distribución de armas

y ganar nuevos luchadores para nuestra causa. Esforzarse incansablemente en el lugar de trabajo y con

amigos para

la prensa partidaria, de forma que

el Ejército Rojo

de luchadores proletarios reciba nuevos reclutas cada día!

La insurrección de la región de Mansfeld entonces estalló en una semana no favorable, en una situación política completamente imposible, en la defensiva desde el primer día, sin ninguna preparación u organización, gracias al jugueteo con la insurrección impulsado por la Zentrale.

Evidentemente, ningún miembro de la Zentrale, ni siguiera “el mejor marxista de Europa occidental” [24] , había leído o tomado en serio las palabras de Marx sobre el tema:

Ahora bien, la insurrección es un arte, tanto como la guerra o cualquier otra, y está sujeta a ciertas reglas de procedimiento que, cuando se ignoran, producirán la ruina del partido que las ignore. Aquellas reglas, deducciones lógicas de la naturaleza de los partidos y las circunstancias con las que uno tiene que lidiar en cada caso, son tan simples que la corta experiencia de 1848 había hecho que los alemanes estuvieran bastante al tanto de ellas. En primer lugar, nunca jugar con la insurrección a menos que estés completamente preparado para enfrentar las consecuencias de tu jugada. La insurrección es un cálculo con magnitudes muy infinitas, cuyo valor puede cambiar cada día; las fuerzas que se te oponen tienen toda la ventaja de organización, disciplina y autoridad habitual; a menos que lleves fuertes probabilidades en su contra estás derrotado y en ruinas. En segundo lugar, cuando comience la carrera insurreccional, actúa con la más grande determinación y en la ofensiva. La defensiva es la muerte de todo levantamiento armado; se pierde antes de que se mida contra sus enemigos. [25]

Pero los eventos ahora tomaron su curso. La chispa se dispersó de Mansfeld a Hamburgo. Inmediatamente hubo un gran número de muertos, y no juzgaremos aquí si la “nueva teoría” había caído sobre suelo fértil. En cualquier caso, los camaradas de Hamburgo fueron lo suficientemente ingenuos para creer que un liderazgo de partido que levantó la antorcha de la insurrección sabía qué estaba haciendo y que el liderazgo creía en lo que decía. Fueron a ello con “uñas y dientes”. Un mensajero exprés fue enviado a decirles que deberían ponerle freno. Cuando se hizo esto, se encontraron con que frenaron demasiado. Otro mensajero llegó para decirles que deberían frenar más despacio. Pero, para el momento en que el segundo mensajero había llegado, el movimiento de Hamburgo ya estaba destruido. Y, con esto, la “acción” entera había llegado esencialmente al fin de sus fuerzas. La “acción”, que se originó con un individuo que no tenía la menor idea de las condiciones alemanas, y que se preparó políticamente y se llevó a cabo por mentecatos apolíticos, dejó a los comunistas con la lata en la mano.

Ahora es lo más natural del mundo -para anticipar un poco- que los comandantes de este golpe busquen culpar a otro de la derrota. Ha comenzado la cacería de “saboteadores”, “pesimistas” y “derrotistas” dentro del Partido. Los caballeros que llevaron a cabo este intento son iguales a Ludendorff en este aspecto, y pueden encontrarse otros aspectos similares también; son como Ludendorff no solo por encontrar una pobre excusa para culpar a otras personas, sino también por el error subyacente que cometieron. Ludendorff era de una escuela que creía que la guerra se hace “con los principios del equipo que comanda y la obediencia servil en los rangos”. Esto puede haber funcionado en algún momento en el pasado. En la era de Old Fritz y la de las Guardias de Potsdam, era suficiente si los soldados marchaban ciegamente en escuadras, y la voluntad del rey decidía todo. El “factor moral” fue crecientemente exitoso. Los grandes ejércitos no son solo un instrumento militar, sino también político. Se conectan con las masas civiles de mil formas; hay un constante intercambio de deseo, sentimiento y pensamiento entre un lado y otro, y el comandante que no sea capaz de liderar su ejército políticamente en este sentido, arruina a los mejores ejércitos- precisamente como hizo Ludendorff.

Lo mismo se aplica a los partidos políticos. Funciona perfectamente por un club anarquista si la voluntad del líder dirige y los creyentes lo siguen hasta la muerte. Para un partido de masas, uno que no solo busca activar a las masas sino que es en sí mismo masa, esto es completamente insuficiente. Lo que debe esperarse de los comunistas es que detecten rápidamente situaciones de lucha, que las exploten enérgicamente y tengan en mente en todo momento no solo el objetivo de la presente lucha sino también el objetivo final. Ningún comunista, sin embargo, por pertenecer al Partido Comunista y poseer un carnet de afiliación, está en consecuencia obligado, o incluso en posición de buscar una situación de lucha donde no existe, y donde solo es la voluntad de la Zentrale que, en un secreto e invisible conciliábulo, y por razones diferentes de aquellas que los proletarios ven ante sus ojos, decide que hay tal situación de lucha. La Zentrale no es siquiera tan ingeniosa como el Príncipe indio quien, para demostrar su poder sobre todas las cosas, señaló al amanecer desde su tienda y dijo “Sol, sigue el curso de lo que te muestro”, señalando de este a oeste. La Zentrale en cambio, sintiendo el mismo poder extremo, señaló de oeste a este. Y, de esta forma, ofendió la ley básica según la cual solo un partido de masas puede moverse. Solo su propia voluntad, su propio entendimiento, su propia determinación, puede mover a las masas; y, dadas esas precondiciones, un buen liderazgo es capaz precisamente de liderar. La Zentrale, sin embargo, se negó a reconocer las condiciones en las que solo un partido de masas, el cual es masa entre masas, y en todo punto conectado con el proletariado -personalmente, en el trabajo y en los sindicatos- y por lo tanto sujeto al fortalecimiento y la habilitante influencia de la simpatía, o a la culpable influencia de la hostilidad o la enemistad, puede luchar. Y, aquí, volvemos a la pregunta: ¿cuál debería ser la relación de los comunistas con las masas en la acción? Una acción que corresponda simplemente con las necesidades políticas del Partido Comunista, y no con las necesidades subjetivas de las masas proletarias, está arruinada de antemano. Los comunistas no tienen la habilidad para tomar acción en lugar del proletariado, sin el proletariado, y en última instancia incluso en contra del proletariado, particularmente cuando son todavía una minoría como tal en el proletariado. Todo lo que pueden hacer es crear situaciones, usando los medios políticos descritos arriba, en los que el proletariado ve la necesidad de la lucha, hace la lucha y, en estas luchas, los comunistas pueden liderar al proletariado con sus slogans.

¿Pero cómo vio la Zentrale la relación de los comunistas con las masas? Como ya mencioné más arriba, pensó, primero que nada, que podría crear la situación por medios no políticos. Luego tuvo sus muertos, en Hamburgo y en el distrito de Mansfeld. Pero la situación estaba desde el principio tan faltante de toda precondición para la acción que ni siquiera esos muertos podían lograr que las masas entraran en acción. Otros medios fueron preparados entonces. El número 133 del Rote Fahne del domingo 20 de marzo, contenía un artículo con el título: “¡Quien no está conmigo está en contra mío! Un mensaje para los trabajadores socialdemócratas e independientes”. Este artículo, no obstante, explicaba solo el “conmigo”, y solo al final decía a los trabajadores bajo qué condiciones deberían colaborar. Dice:

¡Trabajadores independientes y socialdemócratas! Les tendemos nuestra fraterna mano. Pero también les decimos: si quieren luchar con nosotros, deben ser igualmente duros no solo contra los capitalistas, pero también con aquellos en sus filas que sigan la causa capitalista, quienes vayan al campo junto a las Orgesch encontra de los trabajadores, y contra los cobardes amarillos que buscan hacerlos dormir y desalentarnos, justo cuando las Orgesch están incrustando sus espadas en sus pechos.

Consideremos esto. La situación no le dio ninguna razón a los trabajadores independientes y socialdemócratas para la acción. El genio que proclamó la acción era desconocido para ellos y una decisión del Partido Comunista no era para ellos motivo para levantarse, sin haberse explicado antes ninguna razón. Estoy seguro, por cierto, de que si hubieran sabido la razón, su voluntad para la acción no hubiera sido más potente. A estos trabajadores, enfrentados con una acción que no llegaban a comprender, se les dio como condición para su participación que colgaran a sus antiguos líderes de un poste lo antes posible. Y, en caso de que no estuvieran dispuestos a aceptar esa condición, se les daba una alternativa: “¡Quien no está conmigo está en contra mío!” Una declaración de guerra a cuatro quintos de los trabajadores alemanes, ¡justo al inicio de la acción!

No se si el autor de este artículo es suficientemente experimentado para saber que tenía un precursor en esta línea de pensamiento -aunque su precursor era lo bastante modesto para decir: “Quien no está con nosotros está en contra nuestro”. No era ni un marxista ni un socialista; su nombre era Bakunin, el anarquista ruso, quien en 1870 publicó un llamado a los oficiales rusos con esta misma alternativa. El autor del Rote Fahne puede encontrar el veredicto de Marx sobre él, y otros asuntos relacionados, en “La alianza de la Social Democracia y la Internacional” [26]. Debería resaltarse en esta conexión que toda la actitud hacia las clases revolucionarias de “quienes no están a favor están en contra” es precisamente aquella del anarquismo; la proposición “quien no está con nosotros está en contra nuestro” era precisamente la consigna preferida tanto de Bakunin como de su discípulo Nechayev, y es precisamente esta actitud general que da lugar a la aplicación de métodos anarquistas: no para derrotar la contrarrevolución sino, en su lugar, en palabras de un miembro de la Zentrale del KPD, para “forzar la revolución”. El comunismo nunca está en contra de la clase trabajadora. Esta actitud básica bakuninista, una burla de todo lo marxista, esta completa falta de entendimiento y completa difamación de toda actitud marxista de los comunistas hacia las masas, dio lugar a todas las características anarquistas resultantes del levantamiento de este marzo, consciente o inconsciente, deseado o no, deliberado o no: la lucha de los desempleados en contra de aquellos con trabajo, la lucha de los comunistas contra los proletarios, la emergencia del lumpenproletariado, los ataques con dinamita- estas fueron todas consecuencias lógicas. Todo esto caracteriza al movimiento de marzo como el más grande golpe bakuninista de la historia hasta la fecha.

En otras palabras, la declaración de guerra en contra de la clase trabajadora. La Zentrale parece ni siquiera haberlo notado. Para un miembro de la Zentrale previamente mencionado también la culpa fue de los trabajadores de Mansfeld por un “inicio en falso” del movimiento. Y no hay palabras para describir lo que sucedió luego. Llamarlo blanquismo sería un insulto a Blanqui. Puesto que si Blanqui mantenía, en permanente oposición a Marx y Engels, que “las revoluciones no se hacen solas, se hacen y por medio de una relativamente pequeña minoría”, para él esto era al menos una minoría que acarreaba a la mayoría por la fuerza de su ejemplo. Un escritor en Rote Fahne, sin embargo, bajo la autoridad de la Zentrale del Partido Comunista, declaró la guerra a los trabajadores al inicio de la acción, como una forma de llevarlos a la acción. Y la guerra comenzó. Los desempleados fueron enviados por adelantado como columnas de asalto. Ocuparon las puertas de las fábricas. Forzaron su entrada a las plantas, abrieron fuego en algunos lugares, e intentaron llevar a los trabajadores fuera de las instalaciones. Estalló la contienda armada entre los comunistas y los trabajadores. Desde el distrito de Moers llegó el siguiente reporte:

En la mañana del jueves las obras de Krupp Friedrich-Alfred en Reinhausen vieron encuentros violentos entre los comunistas, quienes habían ocupado la planta, y los trabajadores intentando llegar al trabajo. Finalmente los trabajadores atacaron a los comunistas con garrotes y lograron liberar la entrada a la fuerza. 8 hombres fueron heridos en este momento. Soldados belgas intervinieron en la disputa, separando los bandos y arrestando veinte comunistas. Los comunistas expulsados de la planta retornaron en mayor número y una vez más ocuparon las instalaciones.

Aún más desconcertantes reportes llegaron de Berlín. Tal como se me reportó, debe haber sido una terrible imagen ver a los desempleados, llorando del dolor por los golpes recibidos, acarreados fuera de las fábricas mientras insultaban a aquellos que los habían enviado allí. Ahora bien, cuando ya era demasiado tarde, cuando la guerra de los comunistas contra los trabajadores ya había comenzado y los comunistas ya habían perdido, Rote Fahne apareció con buenos consejos. El 26 de marzo, un editor aparentemente diferente al que escribió el artículo “Quien no está conmigo está en contra mío” escribió que no debería haber guerra de trabajadores contra trabajadores. Este Poncio Pilato se lavó las manos en inocencia.

Pero suficiente con esto. Como si no hubiera ya desempleados suficientes, se crearon nuevos. Los comunistas en las fábricas estaban en la difícil posición de decidir si debían abandonar esas plantas en las que eran una minoría y donde en consecuencia su huelga no llevaría a un freno del trabajo -a menudo incluso a ninguna obstrucción. La instrucción de la Zentrale era en esos casos permanecer en las fábricas. El secretario de Berlín quería lo mismo, pero había un texto de la organización de Berlín que declaraba: “Bajo ninguna circunstancia debe un comunista ir a trabajar, incluso si está en minoría”. Por ende los comunistas abandonaron las fábricas, en tropas de doscientos o trescientos más o menos. El trabajo continuó, y ahora están desempleados. Los empleadores aprovecharon la oportunidad para hacer de sus fábricas lugares libres de comunistas, y con un buen número de trabajadores de su lado. En resumen, la “acción” que comenzó con los comunistas declarando la guerra al proletariado, y los desempleados en contra de los trabajadores, se perdió desde el primer momento; en una acción que comienza de esta forma, los comunistas nunca pueden sacar ganancias, ni siquiera morales.

La Zentrale entonces tenía que decidir qué hacer. Decidió “reforzar la acción”. Una acción que había comenzado engañadamente, en la que nadie sabía por qué estaban luchando, en la que la Zentrale, evidentemente porque no podía pensar en nada más y el truco parecía espantosamente ingenioso, recaló en las demandas de los sindicatos de la época del golpe de Kapp (!): la acción, la estupidez, debía ser reforzada. Podía ser reforzada. A los muertos de Mansfeld y Hamburgo se unieron los muertos de Halle. Pero ni siquiera esto consiguió la atmósfera correcta. A los muertos de Halle se unieron los muertos de Essen. Luego de los muertos de Essen, los muertos en Mannheim. Pero la atmósfera todavía no era la correcta. Esto puso a la Zentrale crecientemente nerviosa. Esta fue la situación el 30 de marzo, cuando un miembro de la Zentrale dio una seña de alivio porque en Berlín las fuerzas de seguridad quizás perderían la calma y darían a la clase trabajadora un poco de “incitación”.

Fue con el interés de “incitar” a la clase trabajadora, entonces, que el 30 de marzo de 1921 Rote Fahne los trató como sigue:

Decimos francamente a los trabajadores independientes y del SPD: la culpa por el baño de sangre yace no solo en la cabeza de sus líderes, sino también en la cabeza de cada uno e ustedes, si silenciosamente o con débiles protestas toleran a Ebert, Severing y Horsing desatando el terror blanco y la justicia blanca contra los trabajadores, dando una paliza al proletariado entero (…)

Freiheit [27] demanda la intervención de los sindicatos y de los partidos socialdemócratas. Despreciamos una intervención hecha por estos canallas, quienes han ellos mismos desatado el terror blanco de la burguesía, ellos mismos han hecho el trabajo de carnicero por la burguesía (…).

Vergüenza y desgracia a aquellos trabajadores que no intervienen en este momento, vergüenza y desgracia a aquellos trabajadores que todavía no se dan cuenta cuál es su lugar. 

Esta fue de hecho una “completa ruptura” con el pasado del Partido Comunista, “incitando” a los trabajadores a la acción de esta forma. Nada hay ya del espíritu de Karl Liebknecht, ni decir Rosa Luxemburgo, y aun así se sintió apropiado, en el número de Rote Fahne del 26 de marzo (“Apelación al Combate n°1”) para que algún desgraciado (pido disculpas por la palabra, pero estoy defendiendo la memoria de los muertos sin capacidad de defenderse) escriba: “El espíritu de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo marcha a la cabeza del proletariado revolucionario de Alemania”:

Ya tenemos suficientes cadáveres frescos para “incitar”; dejemos en paz a los viejos.

Lo que siguió fue una actuación desconcertante. La Zentrale “aceleró la acción”. Se levantó pancarta tras pancarta. No había distinción entre “viejos comunistas” y los “nuevos” a quienes los consagrados todavía ningunean[28]. Heroicamente y desdeñando la muerte, los camaradas se levantaron de una forma incomparable. En las ciudades pequeñas y pueblos de Alemania Central, en las obras de Leuna, en grandes y pequeñas fábricas: pancarta tras pancarta se levantaba, justo como ordenaba la Zentrale. Pancarta tras pancarta se unía al ataque, justo como ordenaba la Zentrale. Pancarta tras pancarta iban a sus muertes, justo como ordenaba la Zentrale. ¡Ave morituri te salutant! No una, sino docenas de veces, el destino de Leónidas y 300 espartanos se repitió en Alemania Central. Docenas y cientos de tumbas sin nombre en Alemania Central le dicen al viajero que pasa: “¡Diles, tú que has nos has visto yacer aquí, cómo obedecimos la ley!”

¿Y la Zentrale? Se reunió en Berlín y “aceleró la acción”. Ya unos días antes de que estallara el levantamiento, los votos de una sesión eran cinco a tres para tal decisión. Pero, una vez más, esta mayoría cayó en el pozo de la “negligencia”, el “oportunismo”, la “inactividad” que ellos habían cavado para otros. En contra de la minoría de tres que estaban a favor de “resistir”, los cinco no se atrevieron a imprimir su mirada, por miedo de ser acusados de falta de voluntad revolucionaria. Vagos “reportes” de tres distritos donde “algo estaba en marcha”, donde los trabajadores agrícolas del Este de Prusia estaban “excitados”, fue todo lo que se necesitó. Por ende el llamado para “acelerar la acción” se produjo nuevamente. ¿Y cuáles eran las razones de los tres reaccionarios? No estoy seguro de que todos compartieran la misma opinión, pero la razón expresada por uno de ellos no fue que ahora que la acción estuviera perdida; tenía que ser continuar lo máximo posible, de forma que una vez que estuviera disuelta ellos no tendrían que defenderse de la “izquierda”, sino solo de la “derecha”.

¿Qué puede uno decir? Incluso Ludendorff palidece en comparación cuando, con una derrota asegurada frente a sus ojos, envió hombres de otra clase, enemigos de clase, a sus muertes. Pero estas personas enviaron a su propia sangre y carne a morir por una causa que ellos mismos habían reconocido que estaba perdida, todo para que su posición, su posición en la Zentrale, no estuviera en peligro. No estamos pidiendo a estos camaradas, con quienes hemos estado en buenos y malos momentos, que hagan penitencia por lo que han hecho; solo un castigo es apropiado, por su propio bien y el del partido en cuyo interés ellos creían que habían actuado: nunca más mostrar su rostro a los trabajadores alemanes.

Era bastante inevitable que en este sabbat de brujas anarquistas excitadas por la Zentrale del Partido Comunista apareciera un elemento que fuera la fuerza preferida de Bakunin, el descubridor de este tipo de “revolución”, es decir, el lumpenproletariado. Debería dejar aquí algo en claro. Asumo -sin seguridad, incluso después- que el Partido Comunista y su Zentrale no tenían nada que ver oficial o extraoficialmente con los ataques de dinamita de los tiempos recientes. La Zentrale no puede evitar negar tales cosas en público, tomando una actitud política hacia ellas, rechazándolas “sin importar quién esté detrás de ellas”. Está forzada a hacerlo más todavía, luego de la “ruptura completa con el pasado”, por la obviedad que anteriormente prevalecía en tales asuntos ya no existe luego de lo que hemos descrito más arriba. Para retornar al lumpenproletariado, debo remarcar que el amor por ellos ya se había esparcido más allá de la escuela de Bakunin. Unos meses atrás, yo ya había tenido ocasión de citar una frase de Engels sobre el lumpenproletariado y el peligro de los comunistas involucrándose con él. Algunos camaradas evidentemente sintieron que esta advertencia era destinada a ellos. El camarada Frolich, en la Hamburger Volkszeitung, intentó agitar el arbusto para ver qué liebre se encontraba tras él. El camarada Frolich recibió apoyo en esto. En un artículo del Camarada Radek, que no ha sido publicado todavía y el cual desconozco si su autor desea que sea publicado, dice:

Su instinto revolucionario inmediatamente llevó al Camarada Frolich a sentir que algo podrido estaba en marcha aquí. Estaba en cuestión nada más ni nada menos  que el hecho de que con la rápida decadencia del capitalismo y el lento desarrollo de la revolución, incluso las grandes masas proletarias están siendo lanzadas a las filas de los desempleados, empobrecidos y lumpenizados. Cualquiera que ahora empiece a ningunear teóricamente a estos “lumpenproletarios” en la vieja forma socialdemócrata nunca conseguirá movilizar estas masas para la acción revolucionaria.

Marquen bien esto: la “podredumbre” que el Camarada Frolich sentía con su “instinto revolucionario” no era el lumpenproletariado, sino mi advertencia sobre involucrarse con aquel.

Espero que el Camarada Radek me permita, como una pobre y errante alma, “con falta de visión clara” y solo “en proceso de desarrollo”, ya que soy un “político de resultados revolucionarios”, ofrecer al gran marxista algunos comentarios desde mi pobre entendimiento. El Camarada Radek habla de “ningunear teóricamente” al lumpenproletariado con “la vieja forma socialdemócrata”. La forma es por cierto vieja. Empezó en el primer texto “socialdemócrata” que existe, el Manifiesto Comunista:

La “clase peligrosa”, la escoria social, la masa en lenta putrefacción lanzada a las capas más bajas de la sociedad, puede, de vez en cuando, ser arrastrada al movimiento por una revolución proletaria; sus condiciones de vida, no obstante, la preparan mucho más para el papel de una herramienta sobornada de intriga reaccionaria [29].

Este “ninguneo teórico”, por ende, comenzó con Marx, y en sus primeros años. El ancestro espiritual del último levantamiento comunista, Mikhail Bakunin, tenía una opinión bastante diferente. En el texto previamente mencionado de Marx y Engels, se cita la siguiente frase de Bakunin:

El bandidaje es una de las formas más honorables de vida del pueblo ruso. El bandido es un héroe, un protector, un vengador del pueblo, el enemigo irreconciliable del Estado, y de todo orden social y civil establecido por el Estado, un luchador a muerte contra toda la civilización de funcionarios, nobles, curas y la corona (…) Aquel que no comprenda al bandolerismo no comprende nada de la historia popular de Rusia. Aquel que no tenga simpatía por él, no puede tener simpatía por la historia popular de Rusia, y no tiene corazón por los eternos sufrimientos inconmensurables del pueblo; aquel pertenece al campo del enemigo, entre los que apoyan al Estado (…). Los bandidos en los bosques, en las ciudades y en los pueblos se desperdigaron por toda Rusia, y los bandoleros retenidos en las innumerables prisiones del Imperio crean un solo, indivisible y cerrado mundo – el mundo de la revolución rusa. Es aquí, y solo aquí, que la verdadera conspiración revolucionaria ha existido [30].

Pueden ver cuán agradecido debería estar con el Camarada Radek. Mientras me acusa sólo de “ningunear teóricamente” y estar “falto de una clara visión”, su amo y señor Bakunin no es tan compasivo con aquellos no dispuestos a compartir las historias de sus heroicos ladrones. Declara que aquellos “pertenecen al campo del enemigo”, son “partisanos del Estado”. Marx y Engels lidiaron con el destino de ser “partisanos del Estado” para Bakunin, y yo también tendré que lidiar con él; puesto que, al momento, incluso los argumentos de Radek me convencen tan poco como Bakunin logró convencer a Marx y Engels.

¿Cuáles son los argumentos de Radek? En el lumpenproletariado el Camarada Radek ve “las grandes masas lanzadas a las filas de los desempleados”. Esto es un error desde el principio. Es la sombra constante que acompaña al capitalismo. Nadie ha pensado nunca en identificar al “ejército de reserva industrial” con el lumpenproletariado. Los lumpen proletarios no tienen clase, están por fuera de todos los posibles estratos y clases. Los desempleados, precisamente porque su desempleo es un constante e inevitable resultado de su condición económica de vendedores de fuerza de trabajo, son miembros de la clase de vendedores de fuerza de trabajo, el proletariado. Comparten, necesariamente, en la vida de su clase. A través de los lazos de los sindicatos, cooperativas, organizaciones políticas y, sobre todo, actividad política, los desempleados permanecen proletarios y deben permanecer así. Es verdad, el desempleo prolongado desclasa ciertos individuos del estrato de desempleados y los empuja al lumpenproletariado. Pero este proceso es precisamente impulsado por aquellos que rompen las conexiones entre desempleados y sus compañeros de clase trabajadora, particularmente la conexión de la actividad política común entre aquellos con trabajo y aquellos sin. Esto es lo que pasó, y no solo enviando a los desempleados como tropas de asalto en contra de los que trabajan. Pasó también por abusar de los desempleados, desmoralizados por el hambre y la pobreza, para métodos que por el contrario son característicos del lumpenproletariado; esto significó desclasarlos y arrojarlos forzadamente (y con los peores medios de fuerza) a las filas del lumpenproletariado.

Uno puede objetar que si los comunistas se alían con todas las demás clases revolucionarias, como hemos visto más arriba, ¿entonces por qué no con el lumpenproletariado? La respuesta es simple. Las otras clases con las que los comunistas se pueden aliar con el objetivo de derrocar el Estado existente es decir, los campesinos, los artesanos, la burguesía cuando todavía es revolucionaria, son clases. En otras palabras, colectivos de personas que están unidas en un cuerpo social por su relación similar con los medios de producción. Los lumpenproletarios no son una clase. No pertenecen a los vendedores de su fuerza de trabajo, como sí lo hacen los empleados y desempleados; son hojas de diferentes árboles, y si son ciertamente víctimas de un orden social injusto, la pérdida más dañina que han sufrido es que son precisamente desclasados, individuos sin clase, y no tienen ni siquiera lo que el proletariado todavía tiene: la habilidad de luchar como clase por un cambio en las condiciones de las que son víctimas. Ciertamente, los movimientos de lumpenproletarios, bandas de ladrones, etc. pueden llevar a una situación que permite a los comunistas usarlos políticamente -si el Estado está fuertemente debilitado-. Sería tonto no usarlos en una situación como esa, y “teóricamente cabeza dura” dejar que una situación así pase simplemente porque fue creada por lumpenproletarios. Pero, sobre involucrarse con los lumpenproletarios, las palabras de Engels se mantienen:

El lumpenproletariado, esta escoria de los elementos depravados de todas las clases, que establece su centro de operaciones en las ciudades grandes, es el peor de todos los aliados posibles. Esta turba es absolutamente sobornable y absolutamente desvergonzada (…) Todo líder de los trabajadores que use a estos canallas como guardias o confíe en ellos como apoyo se prueba a sí mismo por esta sola acción como un traidor del movimiento. [31]

La gran distinción entre proletarios luchadores y un lumpenproletariado “político” es siempre esta: el proletariado luchador comete hasta actos criminales para fines políticos, mientras que el lumpenproletariado comete hasta actos políticos por fines criminales.

Hemos tenido importantes experiencias de todo esto en Alemania. Las características particulares del trabajador alemán también deben ser tenidas en cuenta aquí. Le ahorraré al Camarada Radek el intento de hacer un chiste de mal gusto aquí, y solo diré que, tal como el trabajador ruso tiene sus puntos fuertes y débiles, el trabajador alemán también los tiene; y uno de los puntos fuertes del trabajador alemán, como Engels lo dice, es que: “son el pueblo más teórico de Europa; y han retenido el sentido de la teoría que las denominadas clases “educadas” de Alemania han perdido casi completamente”. [32]

Es esta particularidad de los trabajadores alemanes que hace que incluso una conexión externa con el lumpenproletariado sea desfavorable en el más alto grado. Reunimos nuestra experiencia de esto en la Liga Espartaco, en la que decisivamente rechazamos el menor involucramiento con el lumpenproletariado, y cuando los repentinos días de noviembre y diciembre de 1918 hicimos todo cuanto pudimos por deshacernos del lumpenproletariado en nuestras filas, para que no contaminara de ninguna forma la opinión que los trabajadores tenían de nosotros. En una larga lucha, con lo cual no me refiero a nuestra discusión con el KAPD [33], nos purificamos de ello, no sin haber experimentado que el lumpenproletariado prefiere por mucho venderse a sí mismo a la burguesía que ir con los trabajadores -con el resultado de que los trabajadores nos tomaron en serio, nuestra influencia en ellos creció y ganaron confianza en nosotros. Y, ahora, ¡el levantamiento comunista de 1921! Aquí, solamente le daré voz a un camarada en particular, con experiencia extraordinaria en los asuntos ferroviarios, y que no pertenece a mi escuela de pensamiento sino a la de “Berlín”. Él dijo lo siguiente en la reunión del 30 de marzo:

Las tonterías de Ammendorf, y el descarrilamiento de un tren de pasajeros, puso a los trabajadores en nuestra contra. Ahora los ferroviarios y el personal entero vienen y nos dicen: ¿no podrían al menos haber volado un tren de armas o de transporte militar? Dresden está reuniendo transportes militares. Este obstáculo ha sido imposible por los ataques ridículos. El gobierno ha ganado a los ferroviarios para su bando. Lo atribuyo a los ridículos ataques con dinamita. Contribuyeron a esto (…)

Este fue el efecto. Y, al pasar, sostengo que si se hubiera evitado que tan solo un tren se reuniera en Dresden, por solidaridad y por comprensión de la situación de los ferroviarios, podría habernos ayudado en la causa de los trabajadores en Alemania Central, incluso en toda Alemania, mucho más que cinco trenes estallados por el aire.

Estas son nuestras experiencias en Alemania. Y preferiría ir por el mal camino con Marx y Engels que encontrar el verdad con Radek y Bakunin. Es pertinente en este momento retornar una vez más a la “vieja forma socialdemócrata”. El camarada Radek sería la última persona en no saber la posición de Marx y Engels. Yo ciertamente no le he dicho nada nuevo con todo esto. Este hecho, sin embargo, arroja una luz peculiar en este tipo de marxismo. Ciertamente no soy una persona que acepte cada palabra viva o muerta con un “autos epha” -el maestro ha hablado. Lo que es poderoso y abrumador del cuerpo de ideas de Marx, reconocido incluso por aquellos que lo rechazan por completo, es no solo que reconoce y toma en cuenta las mil complejas formas de los eventos políticos y sociales, sino que también trae su diversidad a la simpleza, unicidad, que es peculiar en todo lo grande. Es entonces imposible para mí, solo porque parece apropiado, guardar ciertos capítulos del marxismo en mi bolsillo trasero y “ningunear” las “viejas formas socialdemócratas”. Pero quizás esto es porque soy un pobre e ingenuo individuo, “falto de entendimiento”, y se necesita una mente más grande -no una de un “político de resultados”- para hacer una ocasional visita a Bakunin, simplemente porque parece conveniente o porque una espera de ocho meses comienza a hacer efecto.

¿Cómo harán los comunistas para conquistar el poder? Luego de la “completa ruptura con el pasado”, parecería que sólo rompiendo completa, fundamental e irrevocablemente con el presente, con un estado de  cosas en el que nadie sabe dónde terminan las tonterías y dónde comienza la criminalidad política. Lo único que queda es retornar a la oración del programa fundante de nuestro partido:

La Liga de Espartaco nunca tomará el poder excepto en respuesta a la clara, inequívoca voluntad de la gran mayoría de la masa proletaria de todo Alemania, nunca excepto por la afirmación consciente del proletariado de las miradas, objetivos y métodos de lucha de la Liga de Espartaco. [34]

Esto significa primero que nada lo siguiente. Nunca más en la historia del Partido Comunista debe suceder que comunistas le declaren la guerra a los trabajadores. Cualquiera que crea en un estilo bakuninista que los trabajadores pueden ser empujados a la acción por dinamita o garrotes, no tiene lugar en el Partido Comunista.

Nunca más en la historia del Partido Comunista debe suceder, o incluso intento alguno de que suceda, que se “creen situaciones de lucha” por maniobras de espionaje. El Partido Comunista es un partido de lucha, estará encantado y espera por el día en que pueda pelear con el proletariado y como su cabeza, y trabaja políticamente y organizacionalmente para este día, buscando crear situación de lucha por medios políticos, en lugar de eludirlos con compromisos como hacen los social-reformistas.

El Partido Comunista es solo la vanguardia del proletariado, y nunca la cachiporra en contra del proletariado; no puede marchar si ha perdido conexión con la fuerza principal.

Esta es la primera de todas las precondiciones para deshacerse de la tremenda desconfianza que la mayoría de los trabajadores alemanes sienten por nosotros luego de esta loca aventura. Aquí yace el mayor daño que los eventos de marzo de este año nos han causado. Nadie debería engañarse sobre la dificultad de esta tarea. Nunca la desconfianza -por no usar una palabra más fuerte- de los trabajadores alemanes hacia los comunistas ha sido tan fuerte como es ahora. Y aun así una lucha infinitamente difícil para ganar puntos de apoyo en la clase trabajadora, organizacionalmente y, sobre todo, intelectualmente. El fruto de esta obra ha sido destruido, y vale la pena decir abiertamente que mientras los trabajadores no recuperen su confianza en el Partido Comunista, no puede haber ninguna conversación sobre el Partido Comunista de Alemania teniendo capacidad de acción. La corrección de los eventos de marzo debe ser, en consecuencia, visible para aquellos afuera, en una manera que sea visible para los trabajadores. Si el Partido Comunista persiste en su presente postura, se convertirá en una secta, y compartirá el destino de todas las sectas: reducida a la insignificancia en número e influencia en tres meses.

En esta conexión es necesario hacer un comienzo inmediato y energético con un liderazgo político de los asuntos del partido. Aquí también el tremendo daño causado por el movimiento es evidente. Si la Zentrale, en lugar de engañarse a sí misma con “información secreta”, hubiera considerado los hechos políticos, ciertamente habría actuado de distinta forma. En este momento en Inglaterra, estalló la huelga de los mineros. Se proclamó el estado de emergencia, no inesperadamente. Cualquiera que siguiera los eventos del mercado de carbón inglés habría sabido qué sucedería -todas las exportaciones inglesas de carbón, un pilar del mercado mundial inglés, colapsaron; desde octubre del año pasado, los Estados Unidos han exportado más carbón del que produce Inglaterra: la industria del carbón entera de Inglaterra se posa sobre un precio de exportación de 150 chelines, mientras que América está ofreciendo cargamentos de carbón pagados a Francia y Bélgica por 90 chelines. Si la Zentrale, en lugar de gritar durante mi discurso en el Reichstag del 12 de marzo por el “oportunismo”, lo hubiera leído, habrían encontrado que esto ya estaba predicho. No, como la “información secreta” lo ha hecho, el 20 de marzo, sino gradualmente. Una lenta hambruna como aquella de la guerra. El conflicto entre Bavaria y el Reich está abriéndose, mientras el Reich tiene que llevar a cabo el desarmamiento. No por el levantamiento comunista, sino a pesar de él. De hecho, “la situación pide a gritos una lucha”. Pero, a través de una aventura bakuninista. en la que la Zentrale se dejó exacerbar por una locura putchista, por la “actividad acelerada”, el poder de lucha del proletariado alemán se ha debilitado, puesto que en las luchas por venir no tendrá confianza en los planes de sus líderes. “Sólo habría necesitado combinarse en un frente proletario unido para conducir la lucha juntos”. Entonces la Zentrale escribió al final de su putsch, para demostrar que aun después de él no habían aprendido nada. “Solo”, ciertamente. Solo se habría necesitado la comprensión de la Zentrale que la unidad del proletariado es el resultado de un proceso político y no puede ser ganada por provocaciones de espionaje. Solo se habría necesitado la comprensión de la Zentrale que está allí por el proletariado y el Partido, y no el Partido y el proletariado allí para ella. Entonces estaríamos en una excelente situación hoy, fuertes y armados para la lucha. Entonces habríamos sido capaces de decir: “¡Abajo el gobierno!”. En su lugar, tenemos que ser más modestos y decir: “¡Abajo los putchistas!”.

IV.

Todavía permanece en esta conexión la cuestión de las relaciones del Partido Comunista alemán con la Internacional Comunista. No solo porque tal derrota catastrófica del KPD también afecta a la Internacional, sino porque, sin entrar en detalles, el CEIC tiene al menos una parte de la culpa.

Una cosa, antes que nada. El CEIC vio y todavía ve cierto peligro en la bastante fuerte actitud anti-putchista mía y de otros camaradas. Está tan perturbada por esto que ha enviado a los espías y analistas más expertos a establecer si no hay “oportunismo” en algún lugar u otro. Es apropiado hablar abiertamente sobre esto y decir que está aproximación es completamente incorrecta. En cuanto a lo concerniente al oportunismo y el social-reformismo, debería ser tenido en cuenta que no hay país tan claro, tan inequívoco, tan indisimulado y tan sin lugar a dudas cristalizado como Alemania.

El Partido Comunista alemán y sus camaradas líderes, como la gran mayoría de sus miembros, han emergido del Partido Socialdemócrata. La lucha con la socialdemocracia, las discusiones internas y externas con ella, fue una discusión con el oportunismo. Y no solo eso. Nuestra lucha diaria en la prensa, en el parlamento y, sobre todo, aquella de los trabajadores en lo sindicatos y las fábricas, es una lucha constante, viviente, energética y exitosa en contra del oportunismo. El gran poder que tenemos que luchar es la socialdemocracia oportunista. En dichas condiciones, entonces, no hay gran peligro de que el oportunismo se encuentre en el Partido Comunista alemán, si es que se encontrará en algún lugar. El oportunismo dentro del Partido es por lo tanto una preocupación muy menor.

Hay no obstante, dentro del partido, peligro de putchismo. El Camarada Radek menos que nadie necesita que le explique cuánto nos ha dañado ya el putchismo, ya que ha seguido estas cosas de cerca desde 1919. Ya he leído atentamente nuestra literatura de la época de las citas textuales. Luego de nuestras discusiones con el KAPD, en las que compartían nuestra postura intelectual, los camaradas del CEIC y, siguiéndolos incesantemente, el Camarada Radek, tenían la opinión de que el peligro de putchismo había sido entonces superado, y que un poquito más de “agitación”, como podríamos decirlo, no podría hacer ningún daño. Esta idea estaba equivocada. El peligro de putchismo no había sido superado, sino que era agudo. Y se hizo necesariamente así, en el momento en el que la mayoría del USPD vino con nosotros, sin haber pasado por la experiencia de aprendizaje que nuestro Partido Comunista original había tenido. Era más necesario que nunca mantener una mano firme en el timón en contra del putchismo, pero los camaradas del CEIC tenían otra opinión, ¡y el barco ahora estaba en las rocas!

Por lo que para evitar el peligro de los errores, diré algo más sobre la cuestión del putchismo.

Aquello que tuvo lugar en Alemania, un levantamiento disparado desde una pistola en contra de la burguesía y cuatro quintos de la clase trabajadora, fue un putsch. En 1919 estábamos en contra de acciones parciales, cuando la revolución estaba en declive y cualquier movimiento armado solo le daba a la burguesía y a Noske la ocasión acaloradamente deseada para ahogar el movimiento en sangre. En situaciones de declive revolucionario, las acciones parciales deben ser evitadas. A pesar del alto entrenamiento revolucionario del proletariado alemán, no puede esperarse de él -eso necesitaría una reproducción de un milagro como el del putsch de Kapp, pero esta vez no malinterpretado por los comunistas- que permanezca listo en un día en particular para que se apriete el botón, como el secretario de partido socialdemócrata, o Rudolf Hilferding, lo entiende. Si la ola revolucionaria se levanta nuevamente en Alemania, entonces, como antes de 1918, habrá acciones parciales, aun si la mayor madurez del proletariado alemán comparada con aquel momento encontrará expresión en tales acciones parciales siendo más poderosos y más sólidos que antes. Pero, por acción parcial, entendemos solo una cosa – el proletariado levantándose en lucha en una parte de Alemania, o en una ciudad grande, o en una región económica. No nos referimos a que, en una parte del Reich, o en todo el Reich, los comunistas entren en huelga o tomen acción. Una acción parcial siempre debe ser interpretada en sentido vertical, no horizontal.

Aparte de, no obstante, de la diferente evaluación del peligro putschista en Alemania, hay una segunda diferencia subordinada en el juicio de nuestra actividad. Nuestra propaganda, nuestra actividad en el Parlamento, y demás, no se consideraron suficientemente revolucionarias. No hay disputa sobre ciertas cosas, como por ejemplo la efectividad agitacional del Rote Fahne. En su mayor parte, sin embargo, aquí también las quejas del CEIC parecen descansar en una lectura errónea. Al CEIC le gustaría que las cosas sean más “ruidosas”, como dicen los ingleses. Aquí. de nuevo, no obstante, ya hemos ganado experiencia, y las implicaciones son bastante diferentes. También nosotros, al comienzo de la revolución enviamos a nuestros oradores callejeros y propagandistas a hacer enérgicos discursos. Tuvieron gran éxito en los primeros encuentros, pero, luego de los segundos, los trabajadores no querían escuchar insultos. Debemos decir abiertamente que una gran parte de la literatura de propaganda, llamados, etc que recibimos de Rusia, si no nos lastiman, al menos no son tan útiles en contenido como deberían ser, debido a su forma excesivamente robusta. Recuerdo un caso en el que a pesar de que la Zentrale alemana, por voto unánime, había declarado que cierto texto era inapropiado, fue publicado de todas formas por sobre nosotros.

Es lo mismo con el trabajo del grupo parlamentario. Un grupo parlamentario comunista abandonaría su deber si no hiciera un uso apropiado de la situación revolucionaria, con todos los medios a su disposición. Pero el parlamento es el último lugar donde pueden “crearse” situaciones revolucionarias. El parlamento es la “imagen espejo” de lo que sucede afuera, particularmente en tiempos revolucionarios. Un grupo parlamentario que se exprese en un constante ataque de ira parecería ridículo. A lo que se reduce nuevamente es a que los trabajadores alemanes son reflexivos y teoréticos. Quizás demasiado; pero no pueden ser llevados a la acción por medio de insultos; tienen que estar convencidos. Y esto no es solo nuestra experiencia en los dos años y medio de existencia del Partido Comunista; es mi experiencia en más de una década de trabajo práctico de partido; y la experiencia de camaradas que han dedicado toda su larga vida a esta obra. Tampoco se le escapó al Camarada Zinoviev, creo, cuando escribió luego del Congreso de Halle: “La vieja escuela se está haciendo sentir. La obra de los mejores revolucionarios alemanes no fue en vano”.

Zinoviev vio cómo el gran efecto de su discurso en Halle descansaba precisamente en el hecho de que estaba basado en hechos, y evitaba cualquier forma impulsiva.

Todo esto igualmente palidece frente a las tareas de la Internacional Comunista y la resolución práctica de estas tareas.

Antes que nada un punto. Creo que no es solo en Alemania, sino en todos lados, que el liderazgo del CEIC es experimentado como inadecuado. Esto no es porque en su cabeza no tenemos ni a Marx, como líder de la Primera Internacional, ni a Lenin. El problema es uno de grandes dificultades técnicas, conexión postal inadecuada, etc. El CEIC está aislado de Europa Occidental, su región de actividad más importante. Creo que el CEIC no es de ninguna forma el último en darse cuenta de esto. Su solución, no obstante, es muy desafortunada, y, en este punto, como presidente de partido tuve que expresarme  con alguna reserva. Mientras ahora, como un miembro ordinario de partido, puedo hablar con completa apertura. Este es el sistema de agentes confidenciales. Primeramente, Rusia no está en posición de enviar sus mejores fuerzas. Ellos tienen posiciones en Rusia que no son reemplazables. Entonces, llegan a Europa Occidental cuadros y camaradas cada uno con su mejor voluntad, cada uno lleno de ideas propias, y cada uno lleno de entusiasmo por demostrar cuánto pueden “manejarlo”. Europa Occidental y Alemania entonces se convierten en banco de prueba para todo tipo de funcionarios duodecimo de quienes sospechamos que están interesados en desarrollar sus habilidades. No tengo nada en contra de estos turkestaníes [35] , y solo les deseo lo mejor; pero a menudo tengo la impresión de que harían menos daño con sus trucos en su propio país.

La posición se torna más seria, sin embargo, cuando los representantes despachados son inadecuados desde incluso un punto de vista humano. Vuelvo aquí a los eventos italianos. El Camarada Rákosi, luego de representar a la Tercera Internacional en Italia, llegó a Alemania. Se lo introdujo en las sesiones de la Zentrale y del Comité Central como representante del CEIC. Explicó en muchas palabras que en Italia “se había dado un ejemplo”, y declaró de forma privada y pública que el partido alemán también debería ser dividido de nuevo. Él de hecho había llevado a la división italiana al punto de ruptura con esta idea de la necesidad de nuevas divisiones. Los discursos están en un registro taquigráfico; cien testigos pueden testificarlo. Rákosi, no obstante, se reporta a Moscú, y ¿qué tiene que hacer con eso la Internacional Comunista? El artículo semioficial (o quizás bastante oficial, si no apócrifo), del Camarada Radek sostiene:

El intento (de una nueva división) existe solo en la imaginación de Levi, que se basa en una supuesta expresión del Camarada húngaro Rákosi, quien era el representante del CEIC en Italia, y quien se supone que dijo, según el reporte de Levi, que el Partido Comunista alemán debería ser purgado nuevamente. El Camarada Rákosi, que tomó parte de la sesión del Comité Central de Berlín como un individuo privado, niega haber dicho algo como eso. E incluso si el Camarada Rákosi lo hubiera dicho, no estaba autorizado para hacerlo.

La declaración revela la forma completamente frívola en la que se juega con los partidos, las causas y la gente. El Camarada Radek es consciente de que los individuos privados no tienen acceso a las reuniones del Comité Central del KPD. El Camarada Radek declara que Rákosi no estaba autorizado para pronunciar tal posición. Pero el Camarada Rákosi era el plenipotenciario del CEIC en Livorno. Nos dio las razones auténticas que llevaron a la división de esta forma. Nos dio razones que, por ende, podrían llevar a una división del partido alemán mañana. El mismo Rákosi otorgó estas conclusiones; 23 miembros del Comité Central y yo expresamente manifestamos nuestro desacuerdo con estas razones [36] y luego el CEIC explicó que Rákosi no estaba autorizado para hacer tal declaración. Presumiblemente, estaba autorizado sólo para llevar a cabo una división sin razones. Este es un juego frívolo que se está jugando aquí; el método de despachar gente irresponsable, que luego pueden ser aprobados o negados según se necesite, es ciertamente muy conveniente, pero incluso si fuera aceptado por una larga tradición de partido, es funesto para la Tercera Internacional. Me gustaría remarcar al pasar que algunas personas son demasiado apresuradas en juguetear con nuevas divisiones, al menos estos representantes del CEIC. Espero no ser instado a otorgar evidencia de que en los círculos alemanes cercanos al CEIC, al menos en círculos para los que el CEIC tiene responsabilidad política, la derrota espantosa del partido es echada a un lado con las palabras de que, si la Acción de Marzo solo llevó a la purificación del ala derecha del partido, el precio no habría sido demasiado alto. A los camaradas que ahora yacen muertos en la Alemania central no se les dijo, cuando fueron enviados a sus muertes, que sus cadáveres serían usados como dinamita en el Partido. Si el CEIC no es capaz de deshacerse de colegas inadmisibles de este calibre, se arruinará a sí mismo y a nosotros.

La declaración semi-oficial del Camarada Radek, sin embargo, sólo revela un efecto aún más dañino del sistema de delegados. Este es el contacto directo y secreto entre dichos delegados y el liderazgo en Moscú. Creemos que más o menos en todos los países donde están trabajando emisarios, el descontento con ellos es el mismo. Este sistema es como un tribunal ilegal. Ellos nunca trabajan con la Zentrale del país en cuestión, siempre lo hacen a sus espaldas y a menudo en contra de ella. Ellos encuentran gente en Moscú que les cree, otros no. Es un sistema que inevitablemente menosprecia toda confianza en el trabajo mutuo de ambos lados, el del CEIC y el de los partidos afiliados. Estos camaradas generalmente son inadecuados para el liderazgo político, aparte de ser muy poco confiados. La situación imposible que resulta es que el centro del liderazgo político está ausente. La única cosa de este tipo que el CEIC administra son los llamamientos que llegan demasiado tarde y las excomuniones que llegan demasiado antes. Este tipo de liderazgo político en la Internacional Comunista lleva a la nada o al desastre. Lo único que queda para toda la organización es lo que hemos descrito arriba. El CEIC trabaja más o menos como una Checa proyectada más allá de las fronteras rusas -un estado de cosas imposible. El claro pedido de que esto debería cambiar, y de que el liderazgo en ciertos partidos no debería ser tomado por delegados incompetentes con manos incompetentes, el llamado por un liderazgo político y en contra de la policía de partido, no es una demanda de autonomía. En el mismo pasaje en el que Marx usa las palabras más contundentes en contra de la autonomía en la Internacional, también dice:

Sin dañar en ningún sentido la completa libertad de movimiento y esfuerzos de la clase trabajadora en países individuales, la Internacional ha logrado combinarlas en una asociación, y por primera vez hacer sentir a las clases dominantes y sus gobiernos el poder mundial del proletariado. [37]

El CEIC está en la mejor posición para medir cuán lejos está de la situación ideal. La situación actual puede ser buena para una internacional de sectas; es perniciosa para una internacional de partidos de masas.

En esta línea, quiero mencionar particularmente la seriedad de la decisión que este colapso del partido alemán presenta a la Internacional. Por razones comprensibles, no podemos ingresar en una discusión detallada sobre a quién culpar. Tenemos que enfatizar, sin embargo, que el Partido Comunista alemán, ahora con su mera existencia en peligro, por lo que en parte hay que culpar al CEIC, y por lo que es al menos responsable, es el único partido de masas liderado por comunistas en Europa hasta ahora. Los comunistas alemanes se enfrentan con la cuestión de vida o muerte, si pueden mantener su partido como comunista o si colapsara en una pila de ruinas bakuninistas. Es el destino de los partidos revolucionarios, cuando el proceso revolucionario apacigua, cuando hay largas épocas contrarrevolucionarias, que se consuman a sí mismos; en casos como este, el anarquismo completa el destino de los partidos comunistas. Nadie puede ver detrás del tejido de la historia, ni medir la diversidad de fuerzas de acuerdo con su fuerza y su objetivo final y constancia: “ningún ojo que vea las escalas doradas del tiempo”. Es solo por los síntomas que la tendencia victoriosa entre aquellos en lucha puede discernirse. Si los alemanes no se las arreglan para reconstruir el Partido Comunista, si el asunto de marzo es su destino, entonces es prueba definitiva de que las tendencias contrarrevolucionarias que vemos a lo largo del mundo son de mayor duración y mayor fuerza que lo que habíamos creído previamente. Si este es nuestro destino, también es el de la Internacional Comunista.

Si logramos, no obstante, como esperamos y deseamos, rescartar la idea comunista en Alemania y de esa forma probar que todavía hay fuerzas revolucionarias que pueden aprovechar el momento, no dejemos que la Internacional ponga obstáculos en nuestro camino si volvemos al pasado del Partido Comunista y la doctrina de su fundadora. Ella describía la ruta que debemos tomar en las siguientes palabras:

La unificación de las amplias masas populares con un objetivo  que supera completamente el orden social existente, de la lucha diaria con la transformación del gran mundo – esa es la tarea del movimiento socialdemócrata, que debe avanzar exitosamente en su ruta de desarrollo entre dos filones: el abandono del carácter de masa o el abandono del objetivo final; la caída en el sectarismo o en el reformismo burgués; anarquismo u oportunismo. [38]

Referencia

  • Gruber, Helmut (ed.) 1967, International Communism in the Age of Lenin, New York: Fawcett Publications.
  • Hudis, Peter and Kevin Anderson (eds.) 2004, The Rosa Luxemburg Reader, New York: Monthly Review Press.
  • Lenin, Vladimir I. 1964, Collected Works, Volume 26, London: Lawrence & Wishart.
  •  —— 1965, Collected Works, Volume 30, London: Lawrence & Wishart.
  • Levi, Paul 1969, Zwischen Spartakus und Sozialdemokratie, Frankfurt a. M.: Europäische Verlagsanstalt.
  • Marx, Karl 1973a, The Revolutions of 1848, Harmondsworth: Penguin.
  • —— 1973b, Surveys from Exile, Harmondsworth: Penguin. 
  • —— 1974, The First International and After, Harmondsworth: Penguin.
  • Marx, Karl and Frederick Engels 1979, Collected Works, Volume 11, London: Lawrence & Wishart.
  • —— 1985, Collected Works, Volume 21, London: Lawrence & Wishart. 
  • —— 1988, Collected Works, Volume 23, London: Lawrence & Wishart.

Notas

1.- Marx 1973a, p. 35.

2.- “Manifiesto Comunista”, en Marx 1973a, p.87.

3.- Marx 1974, p. 349.

4.- Lenin 1965, p. 267.

5.- Lenin 1965, p. 268.

6.- [El bolchevismo nacional fue una corriente extendida luego de la derrota alemana de 1918, que proponía una lucha unida de todas las clases en Alemania junto con la Unión Soviética en contra de la Entente. Fue representada particularmente por los comunistas de Hamburgo Heinrich Laufenberg y Fritz Wolffheim, quienes formaron el KAPD luego de su expulsión del KPD en agosto 1919, aunque rompieron con este poco tiempo después].

7.-  [Paul von Lettow-Vorbeck, general prusiano y comandante alemán en África; como general de Reischwehr detuvo el levantamiento de 1919].

8.- Marx 1973a, pp. 84–5.

9.-  [En su “Carta Abierta” del 8 de enero de 1921, Levi llamó en representación del KPD a la acción conjunta con otros partidos socialistas y sindicatos en apoyo de las necesidades inmediatas de la clase trabajadora, incluyendo la formación de organizaciones de autodefensa en contra del terror de la derecha, y el establecimiento de las relaciones comerciales y diplomáticas con la Unión Soviética].

10.- Marx 1973a, p. 329.

11.- Marx 1973a, pp. 79–80.

12.- Lenin 1964, p. 271-2.

13.- Lenin 1964, p. 262.

14.- Lenin 1964, p. 261.

15.- Lenin 1964, p. 134.

16.- Ibid.

17.-  [A comienzos de marzo, Bela Kun, antiguo líder del Soviet Húngaro y miembro del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, llegó a Alemania armado con la nueva teoría de una “ofensiva” revolucionaria. Como escribió Levi a Lenin el 27 de marzo, Kun explicó que “Rusia se enfrenta ahora una situación extremadamente difícil. Era incondicionalmente necesario aliviar a Rusia con movimientos en Occidente (…) Estaba a favor entonces del inmediato lanzamiento de la lucha con el slogan de derrocar al gobierno” (Levi 1969, p.38). La nota del editor a esta edición nombra erróneamente a Rákosi como emisario del CEIC, quien ya estaba en Alemania y ya había desencadenado la renuncia de Levi al liderazgo del KPD. Ver “¿cuál es el crimen?”, infra].

18.-  [En el archivo de Levi, P83/9, el nombre “Brandler” está escrito en el margen de una copia del panfleto].

19.-  [Robert Weismann, Comisionado de Estado para el orden público de Prusia bajo el Primer Ministro Wirth].

20.-  [En el archivo de Levi, P83/9, el nombre “Frolich” está escrito en el margen de una copia del panfleto”

21.-  [Achtgroschenjungen en el original].

22.-  [El socialdemócrata Otto Horsing fue gobernador de Sajonia Prusiana desde 1920 a 1927. El 16 de marzo, proclamó la ocupación policial de la provincia, debido a que las huelgas, los saqueos y la violencia debían detenerse].

23.-  [Las Orgesch -Organización Escherich- era una asociación nacional de guardias [Einwohnerwehren], sacan su nombre de su fundador Dr George Escherich, un consejero de Estado de Bavaria, y serían como paramilitares de choque ante el movimiento de los trabajadores]

24.-  [Aparentemente una referencia a August Thalheimer, líder de la facción izquierda en el KPD y cultivado por Radek para reemplazar a Levi como líder de partido, junto con Heinrich Brandler y Paul Frolich]

25.-  [La serie de artículos “Revolución y Contrarrevolución en Alemania” apareció bajo el nombre de Marx en el New York Daily Tribune, y fueron publicados en formato libro en el inglés original por Eleanor Marx en 1891. Ahora se sabe que fueron escritos por Engels, y esta cita es extraída de Marx y Engels 1919, p 85-6. El énfasis es de Levi, quien cita la edición alemana de 1919 que todavía atribuía los artículos a Marx

26.- Marx y Engels 1988.

27.- [El periódico del USPD (Independientes)]

28.- [Los “nuevos comunistas”, a esta altura la gran mayoría en el KPD, eran aquellos que se habían unido desde el USPD luego de su congreso de Halle en noviembre de 1920.]

29.- Marx 1973a, p-77

30.- Marx y Engels 1988, p.520.

31.- F. Engels, “Prefatory Note to the Peasant War in Germany”, Marx y Engels 1985, pp.98-9.

32.- Adición a “Prefatory Note to the Peasant War in Germany”, Marx y Engels 1988, p.630.

33.- [Es decir con los comunistas de “izquierda” que formaron el Kommunistische Arbeierpartei Deutschlands luego de su expulsión del KPD en agosto de 1919. En el momento en que se escribió, era un punto doloroso para Levi que el Comintern le hubiera dado recientemente al KAPD estatus consultante, sin siquiera consultar al liderazgo del KPD]

34.- “What Does the Spartacus League Want?”, en Hudis y Anderson (eds) 2004, pp.356-7

35.- [Referencia a Béla Kun]

36.- [En el Congreso de Livorno del Partido Socialista Italiano, Levi fue crítico con la torpe aproximación de delegados del Comintern a la mayoría de la facción de Serrati. En la reunión del Comité Central del KPD del 24 de febrero, él desarrolló su tesis característica de que un partido comunista de masas necesariamente tiene una estructura diferente de la de un partido pequeño que opera en condiciones ilegales, y que las divisiones solo deberían proceder de experiencia política, no mecánicamente decretadas. Rákosi llamó a votar por la condena de la postura de Levi, y cuando esta pasó por 25 votos a 23, Levi renunció a la Zentrale, acompañado por Clara Zetkin y Ernst Daumig, antiguo líder del ala izquierda del USPD]

37.- “The Alliance of Social Democracy and the International Working Men’s Association”; Marx y Engels 1988, p.554

38.-  “Social Reform or Revolution”, en Hudis y Anderson (eds) 2004, p.165