Movimiento de Mujeres Comunistas

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Por John Riddle

Traducción por: Lucía Abelleira Castro

La historia, o al menos como nos la han contado, siempre fue muy mezquina con las mujeres. Mientras que a los hombres se los retrata como héroes, patriotas, valientes o incluso villanos, las mujeres quedan relegadas a un segundo plano: como esposas, madres e hijas. Mientras tanto, sus verdaderos logros esperan en la sombra que alguien les devuelva la luz que se les robó.

Los  partidos comunistas no fueron la excepción. Si bien se trató de un movimiento que buscaba la emancipación de las clases obreras, la situación de las mujeres o hasta incluso sus luchas como mujeres comunistas fueron eliminadas de la historia.

La traducción de este artículo de John Riddell viene un poco a enmendar esto. Publicado originalmente en inglés en la International Socialist Review, el texto recupera la labor del Movimiento de Mujeres Comunistas, liderado por la célebre revolucionaria Clara Zetkin. Este grupo de mujeres luchó, a la par de sus compañeros masculinos, por la emancipación de los trabajadores y por los derechos de las mujeres. Discutían, a principios del Siglo XX, sobre cuestiones como el aborto, la vida doméstica y la redistribución de los trabajos de cuidados, temas que siguen vigentes hoy en día.

Desde Sociedad Futura creemos que es de suma importancia recuperar historias como esta. Es preciso demostrar que la acción de las mujeres siempre fue clave para lograr cambios en el mundo y, más que nada, es hora de devolverles a las mujeres el lugar de protagonistas que se les ha negado.


Cuando celebramos el Día Internacional de la Mujer, a menudo nos referimos a sus orígenes en las luchas de trabajadoras que se dieron a principios del último siglo en los Estados Unidos. Lo que se menciona menos, sin embargo, es cómo este fue relanzado y popularizado en 1920 por el Movimiento de Mujeres Comunistas. Además, el movimiento mismo fue casi olvidado, al igual que sus principales líderes.

Orígenes

El Movimiento de Mujeres Comunistas, como el Día Internacional de la Mujer celebrado el 8 de marzo, tenía raíces tanto en el Movimiento de Mujeres Socialistas previo a 1914 como en la Revolución Rusa. El Día Internacional de la Mujer fue proclamado por primera vez en 1910 en Copenhague por una conferencia socialista de mujeres, compuesta por cien delegadas de diecisiete países y lideradas por Clara Zetkin [1]. Seguido del colapso de la Internacional Socialista en 1914, el Movimiento de Mujeres Socialistas, actuando por iniciativa de las mujeres líderes bolcheviques y Clara Zetkin, celebró la primera conferencia internacional socialista en oposición a la guerra imperialista en marzo de 1915. La conferencia emitió un manifiesto antiguerra del cual 200 copias circularon clandestinamente en Alemania [2].

Mientras tanto, el Día Internacional de la Mujer sobrevivió como una forma de protesta antiguerra. La celebración de un Día Internacional de Mujeres encendió la Revolución Rusa de Febrero. La victoria de los trabajadores y campesinos rusos en la Revolución de Octubre llevó a un avance decisivo para la emancipación de las mujeres, superando lo conquistado en cualquier otro lado.

Cuando bolcheviques e intelectuales internacionales lanzaron la Internacional Comunista (Comintern) en 1919, su congreso fundador declaró que los nuevos objetivos de la Internacional sólo podrían cumplirse “con la energética y activa participación de las mujeres trabajadoras» [3]. Al año siguiente una conferencia de mujeres comunistas de alrededor de 20 países en la que, celebrada junto con el Segundo Congreso de la Internacional Comunista, adoptó una declaración programática [4].

Estructura y función

El Movimiento de Mujeres Comunistas fue fundado por una reunión mundial de mujeres comunistas en 1921, quienes eligieron su liderazgo, la Secretaría Internacional de la Mujer, la cual reportaba al Comité Ejecutivo de la Comintern. Esto también inició la creación de comisiones de mujeres en los partidos nacionales, las cuales coordinaban el trabajo de los cuerpos de mujeres a nivel local y convocaban conferencias de mujeres comunistas periódicamente. La Secretaría emitía una revista mensualmente así como también publicaciones de mujeres comunistas a nivel nacional y local. Este movimiento también llevaba resoluciones a los Congresos mundiales de la Comintern.

Eso, al menos, era el proyecto. Transformar la visión en realidad era difícil. Las mujeres en ese entonces recién comenzaban a aparecer en la ciudadanía y la actividad política. De acuerdo con Clara Zetkin, las pocas mujeres activistas previo a la Internacional Socialista de 1914, a pesar de sus considerables logros, eran “tratadas como una forma de ayuda doméstica” [5]. El marxismo fue sincero al abogar por la igualdad de las mujeres, pero la práctica no alcanzó a la teoría.

Incluso en la Comintern, Zetkin escribió en 1921, “los líderes muy a menudo subestiman la importancia” del movimiento de mujeres comunistas, porque “lo ven solo como una cosa de mujeres” [6].  Por ejemplo, el Partido Comunista francés estableció la estructura de mujeres a nivel nacional en 1921, pero las abolió tan solo 10 meses más tarde. En los congresos mundiales de la Comintern de 1920, 1921 y 1922, las mujeres tuvieron problemas para presentar y discutir su reporte. También se encontraron con obstáculos en el Congreso de Bakú de los Pueblos del Este 1920, pero lograron un notable progreso [7].

En general, a pesar de lo que Zetkin denominó “oposición abierta o encubierta” [8], las estructuras de los partidos para el trabajo entre mujeres fueron de hecho establecidas en esos años en casi todos los países europeos donde los Comunistas podían trabajar legalmente. El mérito de estos logros se debe a las mujeres que encabezaban esta obra. Probablemente fueron el equipo de liderazgo internacional más capaz y resistente producido por la Comintern. Junto con Zetkin, la líder comunista no rusa más respetada, trabajaron Hertha Sturm y Bertha Braunthal de Alemania, Marthe Bigot y Lucie Colliard de Francia, Henriette Roland-Holst de Países Bajos, Dora Montefiore de Inglaterra, Hanna Malm y Aino Kuusinen de Finlandia, Edda Tennenboom de Polonia, y Varsenika Kasparova y Klavdiia Nikolaeva de Rusia, entre otras [9]. Casi todas se convertirían en opositoras o víctimas del estalinismo.

Su revista, Internacional de Mujeres Comunistas, fue una formidable herramienta educacional que publicó 1300 páginas en sus cinco años de existencia. Sin consejos sobre el cuidado de niños, sin recetas. Cada entrega contenía varios artículos sobre los movimientos de mujeres y sobre el activismo por los derechos de las mujeres tanto dentro y fuera de la Internacional Comunista, así como también análisis de las políticas de la clase trabajadora en su conjunto. Estos eran complementados con reportes sobre las condiciones de la mujer en la Rusia soviética y sobre la actividad de las mujeres comunistas en diferentes países.

La escritura es talentosa y a menudo poética, como en la siguiente representación de los trabajadores en una Europa devastada por la guerra:

Los que cosechan y hornean el pan tienen hambre.
Los que tejen y cosen no pueden vestir sus cuerpos.
Quienes crean la base nutritiva de toda la cultura se desperdician, privados de conocimiento y belleza. [10]

Editada por Zetkin, la revista expresaba el pensamiento de los defensores más consistentes de la política de frente unido de la Comintern.

La primera publicación de la Internacional de Mujeres Comunistas proclamó con orgullo que su nombre expresaba la esencia de la revista como “el órgano común del Movimiento de Mujeres Comunistas de todos los países” [11]. Sus seguidores no usaban el término “Internacional de Mujeres Comunistas” para referirse a su movimiento, pero el nombre continuó apareciendo como un orgulloso estandarte en la portada de la revista.

El trabajo del Movimiento de Mujeres se centró en dos campañas mundiales principales: construir el Día Internacional de la Mujer y apoyar el fondo de Ayuda Internacional de Trabajadores para la Rusia soviética, haciendo hincapié en la ayuda a mujeres soviéticas. En el invierno y la primavera de 1922-1923, la Secretaría de Mujeres en Berlín también dirigió campañas sobre la inflación, el peligro de la guerra y educación; en contra de leyes anti-aborto; y contra el fascismo, trabajando directamente con las comisiones de mujeres de los partidos de la Comintern [12].

¿Movimiento o subcomisión?

Sin embargo, a pesar de este historial de trabajo energético y efectivo, la naturaleza del Movimiento Comunista de Mujeres es difícil de precisar. ¿Era un movimiento de mujeres? ¿O eran un conjunto de comités del partido llevando a cabo tareas del partido?

Para aproximarnos a una respuesta, debemos considerar el estado de la lucha de clases al momento en que se formó y las consecuentes tareas del movimiento Comunista. El Movimiento de Mujeres Comunistas fue fundado durante la mayor escalada revolucionaria que el mundo haya visto. “El capitalismo está experimentando una crisis global” escribió Zetkin en 1921. Esta no es una fase transitoria, agregó, sino una “catástrofe global que llevará al capitalismo a su fin”. Pero, aunque las “condiciones objetivas están presentes”, manifestó, “el desarrollo de una consciencia entre los proletarios, las clases productivas, se ha quedado atrás”. La tarea urgente, entonces, era que el movimiento comunista ganara a la masas y, específicamente, a las masas de mujeres [13].

“¡Ganen las masas!” Zetkin estaba formulando aquí la línea general adoptada meses más tarde, luego de un díscolo debate, por el congreso mundial de la Comintern. Claramente, ese no era el momento de enfocarse en un proceso de reformas. El Movimiento de Mujeres Comunistas aspiraba a incorporar mujeres, rápidamente, en el movimiento comunista para una confrontación acechante y decisiva.

Las mujeres líderes vieron que esto no podría realizarse sin comisiones especiales creadas para dicha tarea. Como Zetkin señaló en otra ocasión, las condiciones sociales de las mujeres crean una “psicología femenina especial” tal que las mujeres mismas son “las más rápidas, más astutas y más efectivas para reconocer los problemas claves en la vida de las mujeres trabajadoras” [14].

En otra ocasión, Zetkin escribió que las masas de mujeres estaban apoderadas por “nuevos anhelos, deseos, impulsos, necesidades, que antes estaban ocultos” [15]. Puede ser que también haya agregado que “y que para los hombres, siguen ocultos”. Los comunistas de esta época rara vez utilizaban el término “opresión de las mujeres”, sin embargo el concepto parece vivo en su pensamiento y su accionar.

No era suficiente construir amplias coaliciones de acción para influenciar a las masas, aunque era necesario. El objetivo era traer mujeres al partido y entrenarlas como cuadros y líderes. En la mayoría de los partidos, este era un nuevo proyecto que significaba enfrentar las presiones chauvinistas que excluían a las mujeres del movimiento revolucionario. Significaba integrar al partido a las mujeres auxiliares que habían surgido en algunos países.

En 1925, cuando el Movimiento de Mujeres Comunistas se encontraba bajo el ataque de las fuerzas burocráticas de la Comintern, Zetkin reafirmó esos conceptos bajo la forma de un relato sobre sus discusiones con Lenin cinco años antes. Ella citó a Lenin como si expresara su propia mirada: “Debemos por todos los medios establecer un poderoso movimiento internacional de mujeres con una clara base teórica”. Más tarde en la discusión, Lenin agregó, “¡No queremos organizaciones de mujeres comunistas separadas!” Tales “organizaciones separadas” funcionaron como “auxiliares de mujeres” en diversos países, excluyendo a las mujeres de la membresía del partido. “Aquella que sea una comunista pertenece como miembro del partido”, insistió Lenin, con “los mismos derechos y deberes”. Pero el partido necesita órganos especiales “con el propósito específico de despertar a las amplias masas de mujeres.” [16]

Las comisiones estaban abiertas a todos los miembros del partido y los hombres fueron animados a participar. De hecho, los hombres generalmente se mantuvieron alejados. Pero sí ejercieron presiones en cuanto a las prioridades. Lenin, por ejemplo, le dijo a Zetkin que en las reuniones con mujeres trabajadoras, los comunistas no deben dejar que “los problemas del sexo y del matrimonio sean lo primero.”[17] Zetkin le discutió vigorosamente. Y podemos estar seguros de que, cualquiera fuera la agenda formal, dichas reuniones proporcionaron la ocasión para lo que una generación posterior llamó “elevación de consciencia”.

Se reclutaron muchas mujeres. La proporción de mujeres entre los miembros del partido varió desde un máximo de 20 por ciento en Checoslovaquia y Noruega hasta un 2 por ciento en Francia e Italia. En Alemania y Rusia, aumentó gradualmente en 1920 a un 15 por ciento y 14 por ciento, respectivamente [18]. Los números absolutos eran altos: más de cien mil mujeres eran miembros de la Internacional Comunista.

Programa para la liberación

Esas mujeres fueron conquistadas por un programa “para asegurar a todas las mujeres derechos sociales completos e irrestrictos, para que… puedan desarrollar cada aspecto de una personalidad humana completa ”, de acuerdo con una declaración de la Comintern esbozada por las mujeres líderes. La causa última de la inferioridad de las mujeres, decía, es la propiedad privada, a través de la cual “las mujeres se vuelven propiedad de los hombres”. Las mujeres serán libres cuando estén “integradas en la producción social de un nuevo orden libre de explotación y subyugación” y cuando “no dependan económicamente de los hombres” o de capitalistas [19].

El programa de la Comintern para la emancipación de la mujer incluía “igualdad total de derechos en la ley y en la práctica”, integración de las mujeres en la vida política, el derecho a la educación libre y a la atención médica, medidas sociales para aliviar la carga del trabajo doméstico y el cuidado de los niños, y medidas para “eliminar el doble estándar sexual para hombres y mujeres”[20].

Dada la profundidad de la subyugación de la mujer en el momento, esto puede parecer puro utopismo. La mujeres comunistas, sin embargo, señalaban los increíbles logros en la Rusia soviética, donde las mujeres habían sido esclavas de sus maridos y padres antes de la revolución. Como una de sus primeras medidas, el gobierno soviético abolió todos los pilares legales de la supremacía masculina. Sus objetivos proclamados eran el matrimonio como una unión libre, la emancipación de la mujer a través del trabajo social, la socialización del trabajo doméstico y la desaparición de la familia nuclear.

Bajo el gobierno soviético, las mujeres podrían casarse libremente y obtener el divorcio a pedido. La homosexualidad ya no era un crimen. El concepto de la ilegitimidad fue abolido. Desde 1920, el aborto era legal y sin costo en las instituciones médicas. Considerables recursos fueron asignados para alivianar las cargas en las mujeres, incluso mediante el establecimiento de guarderías y cocinas comunitarias.

Una rama del Partido Comunista, la celebrada Zhenotdel o división de mujeres, desplegó miles de trabajadoras a tiempo completo para controlar la implementación de estos derechos en vida. El movimiento de mujeres delegadas, un tipo de estructura soviética de mujeres, eligió sesenta mil mujeres representantes en 1922, miles de las cuales fueron destinadas a trabajar en la administración pública o para asistir a universidades de trabajadores [21].

Algunas feministas socialistas hoy consideran que el enfoque de los comunistas rusos subestimó la importancia del trabajo doméstico y de convencer a los hombres para que compartan esas tareas [22]. En la Rusia soviética, un problema más urgente era la falta de recursos materiales para convertir esos derechos en realidad. No obstante, la carta de derechos de las mujeres en la Rusia soviética estaba adelantada décadas respecto cualquier país capitalista. El Movimiento de Mujeres Comunistas señaló a Rusia como la prueba de lo que las mujeres podían conseguir bajo el gobierno de los trabajadores.

“Nuestros cuerpos nos pertenecen”

El manifiesto de la Comintern para la emancipación de las mujeres omite la mención de los derechos reproductivos de la mujer. Sin embargo, las mujeres comunistas hicieron campaña con éxito en estos temas.

Las mujeres comunistas en ese período vieron la maternidad como una responsabilidad social y buscaron asistir a las “mujeres pobres que quisieran experimentarla con la mayor alegría”. En un momento en el que los métodos anticonceptivos eran defendidos por muchos como un medio para el control de población y la eugenesia, resistieron intentos de intimidación hacia mujeres por tener muchos o pocos hijos. Ellas consideraban al aborto como un síntoma de la maldad social relacionada con la pobreza y la subyugación de la mujer. Pero las leyes anti-aborto, sostenían, castigaban brutalmente a mujeres inocentes. Las mujeres comunistas denunciaron el terrible número de abortos ilegales y exigieron la abolición de todas las leyes anti-aborto [23].

En Alemania, las mujeres comunistas lideraron una campaña masiva en contra de la ley anti-aborto bajo el slogan “Tu cuerpo te pertenece” [24].

La violencia contra la mujer es rara vez mencionada en la literatura de las mujeres comunistas. Sin embargo, señalaron las medidas de la Rusia soviética para garantizar a las mujeres la libertad de casarse y divorciarse a voluntad y de trabajar fuera de casa como pasos tendientes a liberarlas de relaciones violentas y opresivas.

Sin embargo, no se encuentra en esta literatura ninguna discusión sobre acoso y abuso sexual. Las mujeres comunistas se opusieron al castigo o al acoso a las prostitutas. Defendieron la eliminación de las causas económicas del comercio sexual a través de casas para mujeres desempleadas, capacitación vocacional y empleo [25].

Frente unido

Una resolución del Tercer Congreso de la Comintern en 1921 advirtió severamente que “no había una cuestión ‘especial’ de mujeres” o “un movimiento especial de mujeres” y que “cualquier alianza entre mujeres trabajadoras y el feminismo burgués” estaba descartada [26]. Parecería que la Comintern intentó separar a las mujeres de acuerdo a su clase. Sin embargo, las declaraciones del Movimiento de Mujeres Comunistas revelaron una política diferente.

Es cierto que la declaración programática del movimiento señaló que las «demandas del movimiento de mujeres burguesas» apuntan simplemente a «reformar el orden capitalista en beneficio de las esposas e hijas de las clases poseedoras». No obstante, destacaba que la radicalización entre las mujeres alcanzaba  a todas las clases sociales.

“Las empleadas mujeres , especialmente las intelectuales… se están volviendo rebeldes… más y más amas de casa, incluyendo a las amas de casa burguesas, están despertando… tenemos que utilizar el fermento” dijo Zetkin en el Cuarto Congreso de la Comintern [27].

Un año antes, Zetkin explicaba al congreso mundial anterior que “mientras que el capitalismo gobierne, el sexo más fuerte tratará de privar al más débil de sustento y medios de vida.” Las mujeres burguesas, insistía, pueden ayudar a la lucha de las soldadas de la vanguardia mientras siembran disturbios y agitación en el campo burgués [28].

En este espíritu, evaluaciones de las reuniones de mujeres no-proletarias destacaron puntos de acuerdo que podían ser utilizados para una acción común. Así la revista de las mujeres comunistas, al evaluar una conferencia de mujeres socialdemócratas, señaló «un esfuerzo muy sincero, capaz y hábil para la reforma» del capitalismo, pero «no un rastro de voluntad para luchar por su reemplazo». Aún así desafiaba a las mujeres socialdemócratas, al menos, a unirse en la lucha electoral para derrocar a los gobiernos capitalistas [29].

Similar fue su elogio a una organización pacifista, La Liga Internacional de Mujeres para la Paz y la Libertad, que “despierta consciencia social en los círculos burgueses, moviliza fuerzas contra las peores expresiones del capitalismo, alienta el anhelo y deseo por un mejor orden social, planta las semillas para nuevos valores sociales y debilita el campo burgués” [30]. El tiempo dirá, la revista decía a los lectores, si el deseo de un nuevo orden social en esta organización superaría sus lazos con el anterior.

El mismo enfoque era evidente en la aproximación a la partería, por entonces la única carrera profesional abierta a un número significativo de mujeres. La comunista alemana Martha Arendsee elogió la lucha contra una ley alemana sobre la partería realizada conjuntamente por organizaciones de mujeres y parteras, y aclamaba a las miembros de esta tradicional y muy conservadora profesión que habían formado un sindicato [31].

En otro contexto, la revista predijo que mediante el frente unido, muchas mujeres, tanto de clases trabajadoras como privilegiadas, quienes todavía estaban intimidadas por los slogans de la dictadura proletaria “estarán presentes, con alegría y determinación, para reivindicar sus derechos como madres al bienestar social, salud, y la vida de sus hijos” [32].

La mujeres comunistas desarrollaron un nuevo término para las víctimas del capitalismo que defendían cierta idea entre las mujeres. Hablaban frecuentemente de die Schaffenden, una palabra alemana que combina el significado de “productores” y “creadores”. Los Schaffenden, decía Zetkin, son “todos aquellos cuyo trabajo, hecho con sus manos o con su cerebro, incrementa la herencia cultural y material de la humanidad, sin explotar el trabajo de otros” [33]. Aunque Zetkin no dijo esto, el término de las mujeres comunistas incluye implícitamente al trabajo doméstico y de crianza así como también el trabajo de parto, atribuyéndole importancia productiva.

Disolución del Movimiento de Mujeres Comunistas

Nacido en 1921, el Movimiento de Mujeres Comunistas floreció por dos años y medio y luego fue empujado a una caída en picada por el ascenso del Estalinismo.

Comenzando en 1924, fuerzas burocráticas ganaron ventaja en la Comintern, iniciando el proceso de degeneración estalinista. Este curso se expresaba, inicialmente, como uno de ultraizquierda, rechazando las políticas de frente unido que Zetkin y sus colegas habían defendido. Las mujeres comunistas líderes perdieron influencia en la Internacional. A mediados de 1925, la publicación de su revista fue cancelada, supuestamente porque era muy costosa. En 1926, el liderazgo de las mujeres comunistas fue trasladado de Berlín a Moscú y fue degradado de una secretaría autónoma a un departamento del comité ejecutivo de la Comintern [34].

En los años siguientes, la mayoría de las mujeres comunistas líderes se unieron a la oposición anti-estalinista dirigida por Leon Trotsky, Grigory Zinoviev y Nikolai Bukharin.

El Zhenotdel soviético fue cerrado en 1930. Las comisiones de mujeres en otras partes duraron algunos años más. Para mediados de la década, sin embargo, el estalinismo impuso un regreso a los valores patriarcales tanto en la Unión Soviética como en los partidos comunistas del mundo [35]. En Francia, por ejemplo, los comunistas abandonaron la defensa no sólo de los derechos reproductivos de las mujeres sino también de su derecho a votar [36].

El legado de una generación revolucionaria

Al evaluar los logros del Movimiento de Mujeres Comunistas, debemos tener en cuenta un sesgo en las fuentes escritas, que nos muestra lo que las mujeres comunistas decidieron registrar y que no refleja por completo el espíritu de su movimiento. Por ejemplo, las sinceras percepciones de las líderes mujeres sobre las actitudes chauvinistas dentro del movimiento comunista, y su progreso en la superación de tales obstáculos, no fueron registrados.

El logro más tangible de las mujeres comunistas fue difundir las ideas y el impulso de la lucha de las mujeres por la emancipación en Rusia, y el conocimiento de esos logros alrededor del mundo, donde esta experiencia influenció al más amplio movimiento de trabajadores y mujeres. En su comprensión de la opresión de las mujeres y el camino hacia la liberación, esta generación de mujeres revolucionarias marcó un avance histórico. Eran hijas de su tiempo, y en algunos temas sus opiniones fallaron. En otras cuestiones, particularmente en su aproximación sobre cómo la liberación de las mujeres interactúa con la revolución, su comprensión y experiencia no ha sido superada.

El carácter del Movimiento de Mujeres Comunistas -movimiento autónomo o subcomisión del Partido- fue ambiguo de principio a fin. Su sabiduría radicaba en aceptar y manejar esa ambigüedad. Cuando las fuerzas burocráticas finalmente impusieron consistencia lógica al eliminar la autonomía del movimiento, esto significó su destrucción. 

Las mujeres comunistas defendieron la búsqueda constante de la unidad militante del movimiento obrero. Ellas buscaron unir a las mujeres de todos los estratos sociales que estuvieran preparadas para oponerse activamente a los males del capitalismo. Favorecieron la hábil búsqueda de un suelo común con las corrientes no comunistas entre las mujeres y en el movimiento obrero. Al hacerlo, jugaron un papel importante en la formación del liderazgo de la Internacional Comunista.

El ejemplo de su liderazgo es quizás su legado más importante para nosotros. El Movimiento de Mujeres Comunistas prefiguró el rol de liderazgo de las mujeres en los movimientos progresistas tanto de hoy como del mañana.

Notas

1.- Gisela Notz, “Clara Zetkin und die internationale sozialistische Frauenbewegung,” en Clara Zetkin in ihrer Zeit: Neue Fakten, Erkenntnisse, Wertungen (Berlin: Karl Dietz Verlag, 2007).

2.- John Riddell, ed., Lenin’s Struggle for a Revolutionary International (New York: Pathfinder Press, 1984), 276–79.

3.-  Riddell, ed., Founding the Communist International (Pathfinder: New York, 1986), 250.

4.-  Riddell, ed., Workers of the World and Oppressed People, Unite! Proceedings and Documents of the Second Congress, 1920 (hereafter Second Congress), (New York: Pathfinder, 1991), vol. 2, 998.

5.-  Protokoll des III. Kongresses der Kommunistischen Internationale (hereafter Third Congress), (Hamburg: Verlag der Kommunistischen Internationale, 1921), 910.

6.-  Kommunistische Fraueninternationale (hereafter KFI), vol. 1, no. 2–3 (1921), 55.

7.-  En el congreso de Bakú, “la propuesta de elegir tres mujeres el Comité Presidente… suscitó fuertes objeciones de parte de algunos no partidistas y se aseguró un largo debate.  Sin embargo, cuando tres mujeres fueron elegidas de manera unánime para el comité en la sesión 5, todo el congreso se levantó para saludarlas en una estruendosa ovación.” Riddell, ed., To See the Dawn: Baku 1920, First Congress of the Peoples of the East (Pathfinder: New York, 1993), 25.

8.-  Tercer Congreso, 910.

9.-  Bernhard H. Bayerlein, “Zwischen Internationale und Gulag,” in International Newsletter of Communist Studies, vol. 12 (2006), no. 19, 27.

10.- KFI, vol. 2 (1922), no. 5–6, 519.

11.-  KFI, vol. 1 (1921), no. 1, 3. 

12.-  Bericht der Executive der Kommunistischen Internationale, 15. Dezember 1922–15 Mai 1923, Moschos, Verlag des EKKI, 1923, 15-16; Bayerlein, 34.

13.-  KFI, vol. 1, no. 2-3 (1921), 47-48.

14.- Riddell, ed. Toward the United Front: Proceedings of the Fourth Congress of the Communist International, 1922 (hereafter Fourth Congress), (Chicago: Haymarket Books, 2012), 839.

15.-  KFI, vol. 1, no. 1 (1921), 6.

16.- Lenin en “the Women’s Question,” available at www.marxists.org/archive/zetkin/1925/len….

17.- Ibid.

18.-  Cuarto Congreso, 852; Bayerlein 36; Akina Grossmann, “German Communism and New Women,” in Helmut Gruber and Pamela Graves, eds., Women and Socialism: Socialism and Women (New York: Berghahn Books, 1998), 139. 

19.-  Segundo Congreso, vol. 1, 977-78.

20.-  Segundo Congreso, vol. 2, 990–92.

21.-  Cuarto Congreso, vol. 1, 350.

22.-  Cuarto Congreso, 852; Bayerlein 36; Akina Grossmann, “German Communism and New Women,” en Helmut Gruber and Pamela Graves, eds., Women and Socialism: Socialism and Women (New York: Berghahn Books, 1998), 139.

23.-  Ver Ketty Guttman, “Zum internationalen Kampf gegen die Bestrafung der Abtreibung,” en KFI, vol. 3 (1923), no. 5, 959–68.

24.-  Grossman, 142-144.

25.-  KFI, “Massnahme zur Bekämpfung der Prostitution in Sowjetrussland,” en KFI, vol. 3 (1923), no. 2, 851–55.

26.-  Alan Adler, ed., Theses, Resolutions and Manifestos of the First Four Congresses of the Third International (London: Inklinks, 1980), 215–16.

27.-  Cuarto Congreso, 847.

28.-  Tercer Congreso, 911. La palabra alemana bürgerlich puede significar tanto “clase media” como “burgués”.

29.-  KFI, vol. 2 (1922), no. 1–2, 428–29, 433.

30.-  KFI, vol. 1 (1921), no. 7, 277.

31.- Martha Arendsee, “Das preussische Hebammengesetz,” en KFI, vol. 2 (1922), no. 3–4, 460–62.

32.- KFI, vol. 2 (1922), no. 5–6, 528.

33.- Discurso al Reichstag alemán (parlamento), marzo 7, 1923, publicado ese año por la KPD y citado en Tânia Puschnerat, Clara Zetkin: Bürgerlichkeit und Marxismus, (Essen: Klartext Verlag, 2003), 346.

34.- Bayerlein, 34–40

35.-  Goldman, 338–41; Leon Trotsky, The Revolution Betrayed (New York: Pathfinder Press, 1972), 144–59.

36.-  Bard and Robert, 339–43.


Fuente original: IS Review

Imagen: Joaquín López