Las 21 condiciones de la Internacional Comunista

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El documento denominado “las 21 condiciones de la Komintern” es más conocido de nombre que por su propio texto. Es un documento aprobado en vistas al segundo congreso de la Internacional. De ahí que, al no ser un texto surgido de los congresos como tales, no siempre sea incluido en las antologías de la Komintern. Además, ha sido una marca fundacional de la identidad política comunista ya que muchos partidos comunistas han salido a la escena política de sus países a partir de las 21 condiciones. En la mayoría de los casos como minoría, en relación a la socialdemocracia europea, aunque no haya que generalizar este juicio, dada la importante cantidad de excepciones que se pueden citar. 

El objetivo del documento era establecer una línea de demarcación clara entre los partidarios sinceros de la revolución y ciertos elementos dudosos que se acercaban a las esferas dirigentes del novísimo poder revolucionario de la Rusia soviética. El objetivo era que las fracciones más a la derecha se apartaran de la Internacional y que sus coqueteos con los bolcheviques no convirtieran al enemigo político en amigo. Al mismo tiempo, los oportunistas que se acercaban al comunismo quedarían bastante comprometidos políticamente, lo cual, ante una posible escisión posterior, les restaba campo de maniobra. El cálculo era que, si habían firmado un documento tan a la izquierda como las 21 condiciones, no iban a poder llevarse mucha gente con ellos al escindirse.

El alto voltaje del documento no debe llevar a ignorar que, por detrás de su texto explícito, lo decisivo pasaba por el reordenamiento que produciría en el campo de fuerzas del socialismo internacional. Como tal, el cálculo político implicado en las 21 condiciones, estaba bien fundado si se lo mira desde el punto de vista del realismo en relación a la lucha política, tanto en lo que hace a la especificidad de las formaciones políticas como a la mirada política estratégica. 

El problema estaba en otro lado. La Tercera Internacional se fundó con la perspectiva de que debería encarar una lucha por el poder, cuyo carácter era inminente. Incluso, la fundación de la Komintern como tal se encontraba por detrás de la velocidad de la situación política internacional. Si esto era acertado, la lucha contra los reformistas tenía que ser frontal así como la demarcación respecto a los centristas (definidos como aquellas fracciones que oscilaban entre reformistas y revolucionarios). Esto explica el carácter draconiano que presenta el documento de las 21 condiciones.

El curso histórico desmintió esta perspectiva y, a partir de su tercer congreso, la Internacional Comunista se replanteó el carácter de la situación mundial. Viendo que el desmoronamiento del capitalismo no era tan inminente como lo habían visto después del triunfo bolchevique, en esa circunstancia transicional se replantearon ciertas tareas comunes con reformistas y centristas. Sin duda, la tensión surgida de los efectos políticos de dos líneas tan distintas tuvo efectos desacumuladores importantes para la Internacional.

Al mismo tiempo, las 21 condiciones habían generado el alejamiento de fracciones del movimiento obrero que estaban muy alejadas del reformismo, pero tampoco iban a aceptar las presiones ultimatistas del centro político bolchevique. Este fue el caso de la CNT española, la mayoría de los socialistas italianos o el DNA noruego, los cuales no compartían la totalidad de las concepciones bolcheviques ni estaban dispuestos a aceptarlas a libro cerrado.

En el primer caso, existían obstáculos importantes en el plano de las concepciones políticas. El anarcosindicalismo cenetista tenía incompatibilidades importantes con la dirección rusa, pero existía en el seno de esta central una significativa minoría favorable a la Revolución Rusa con la que no se pudo llegar a un acuerdo político progresivo. Cierto tiempo después, algunos de estos militantes entraron al naciente comunismo español pero ya se encontraban apartados de los ricos vínculos sociales que la central sindical les brindaba.

Es conocido el caso del Congreso de Livorno, que funda el PC de Italia pero en condiciones desfavorables. En Italia, más del 80% del PSI estaba a favor de la Revolución Rusa y de la Internacional. Pero no estaban dispuestos a expulsar a la minoría reformista encabezada por Turati. De esta forma, sólo un poco más del 30% de los delegados fundaron el nuevo partido. En un país en el que las concepciones revolucionarias eran claramente mayoritarias entre la militancia, el comunismo italiano nació minoritario.

El caso noruego es menos conocido pero también es interesante reseñarlo. El DNA fue el único partido socialdemócrata que ingresó a la Komintern en 1919. Este proceso concluyó mal a causa de que, por un lado, la minoría reformista escindió el partido y, por otro lado, la Internacional careció de la elasticidad para establecer un vínculo sano y no ultimatista con la mayoría de izquierda del DNA. En 1923, el DNA se retiró de la Internacional y, con esta salida, se fundó un nuevo (y minoritario) partido comunista.

Contrariamente, hay que señalar que, si bien las 21 condiciones espantaron a muchos socialistas de derecha, hubo algunos casos de reformistas partidarios del nacionalismo en la guerra imperialista que entraron a la Internacional. El caso más destacado fue el de Marcel Cachin, partidario de la intervención francesa en la guerra entre los imperialismos europeos, pero que alcanzó el pináculo de su carrera política como dirigente del PC francés en la época dominada por Stalin.

Las 21 condiciones es un documento político que deja a la vista las concepciones revolucionarias de los bolcheviques, tanto en lo que refiere al movimiento obrero de los centros capitalistas como a su apertura innovadora al mundo colonial, pero su implementación en la realidad política trajo más inconvenientes y retrocesos que avances para los revolucionarios. Esto se combinó con la tendencia –criticada por comunistas alemanes como Clara Zetkin y Paul Levi- a intentar acciones de contenido aventurero que se sostuvieron más en golpes de mano aparatistas que en iniciativas coordinadas con los movimientos de masas. Pero, sin duda, las 21 condiciones es un documento que, como marca fundacional e identitaria, no podíamos dejar de lado en este dossier sobre los partidos comunistas.


El Segundo congreso de la Internacional Comunista resuelve que las condiciones para afiliarse a la Internacional Comunista serán las siguientes:

1. La propaganda y la agitación en general han de tener un carácter realmente comunista y han de corresponder al programa y las decisiones de la Tercera Internacional. La prensa toda del partido ha de ser editada por comunistas de confianza que hayan dado pruebas de lealtad a la revolución proletaria. Ha de hablarse de la dictadura del proletariado no simplemente como si se tratara de una fórmula corriente y trivial, sino que ha de ser defendida de tal modo que su necesidad se haga patente para todo trabajador y toda trabajadora de la masa, para todo soldado y campesino, y ha de derivarse de los hechos cotidianos, sistemática y diariamente tratados por nuestra prensa.

Todos los periódicos y toda otra publicación, del mismo modo que todas las publicaciones y ediciones del partido estén sujetas al control del Presidium, independientemente de que el partido sea legal o ilegal. De ningún modo ha de permitirse que quienes los publiquen abusen de su autonomía para desarrollar una política que no corresponda plenamente a la política del partido.

Dondequiera, los partidarios de la Tercera Internacional tengan acceso, y cualesquiera sean los medios de propaganda que estén a su disposición, ya sea que se trate de artículos de periódicos, reuniones públicas, sindicatos o cooperativas, es indispensable que ellos no sólo denuncien a la burguesía sino también a todos sus ayudantes y agentes: los reformistas de todo color y matiz.

2. Toda organización que desee unirse a la Internacional Comunista estará obligada, sistemática y regularmente, a remover de todos los cargos de responsabilidad en las tareas del movimiento (organización del partido, publicidad, sindicatos, bloque parlamentario, cooperativas, municipalidades, etc) a todos los reformistas y adeptos del “centro”, y a reemplazarlos por comunistas, aunque sea a costa de reemplazar al comienzo a oportunistas “experimentados” por trabajadores de la masa.

3.    La lucha de clases en casi todos los países de Europa y América está entrando en la fase de la guerra civil. En tales condiciones, los comunistas no pueden confiar en la legalidad burguesa. Ellos deben crear en todas partes una maquinaria ilegal que en los momentos decisivos sirva de ayuda para que el partido cumpla su deber para con la revolución. En todo país en que, como consecuencia de la ley marcial o de otras leyes de excepción, los comunistas no estén en condiciones de llevar a cabo su trabajo legalmente, una combinación del trabajo legal e ilegal es absolutamente necesaria.

4. Una propaganda y una agitación persistentes y sistemáticas han de llevarse a cabo en el ejército; han de formarse grupos comunistas en toda organización militar. Dondequiera que esa agitación se haga imposible debido a la legislación represiva, es necesario hacerla ilegalmente. Pero la negativa a hacerla o a participar en esa tarea ha de ser considerada traición a la causa revolucionaria e incompatible con la afiliación a la Tercera Internacional.

5. Una propaganda regular y sistemática es necesaria en los distritos rurales. La clase obrera no puede lograr la victoria si no cuenta con la simpatía y el apoyo de por lo menos una parte de los trabajadores rurales y de los campesinos pobres así como la neutralidad de la población rural restante. El trabajo rural está adquiriendo una importancia predominante en el presente período. Ha de realizarse por trabajadores comunistas, tanto de la ciudad como del campo, que tengan vinculaciones con los distritos rurales. Rehusarse a hacer ese trabajo o transferirlo a semireformistas indignos de confianza equivale a renunciar a la revolución proletaria.

6. Todo partido que desee afiliarse a la Tercera Internacional ha de renunciar no sólo al social-patriotismo confesado sino también a la falsedad y la hipocresía del social-pacifismo: ha de demostrar a los trabajadores que, sin el derrocamiento revolucionario del capitalismo, ni el arbitraje internacional ni las charlas sobre el desarme ni la reorganización democrática de la Sociedad de las Naciones serán capaces de salvar a la humanidad de nuevas guerras imperialistas.

7. Los partidos que deseen unirse a la Internacional Comunista deben reconocer la necesidad de una ruptura absoluta y completa con el reformismo y con la política de los “centristas” y deben abogar por esta ruptura en los círculos más amplios de los afiliados al partido, condición sin la cual una política comunista consecuente es imposible. La Internacional Comunista exige incondicional y perentoriamente que esa ruptura se lleva a cabo en el menor plazo posible.

8. En la cuestión colonial y en la de las nacionalidades oprimidas, es necesaria una línea de conducta especialmente clara e inconfundible de los partidos de los países cuya burguesía posee colonias u oprime a otras nacionalidades. Todo partido que desee pertenecer a la Internacional Comunista está obligado a denunciar sin ninguna reserva todos los métodos de “sus propios” imperialistas en las colonias, apoyando no sólo con palabras sino prácticamente un movimiento de liberación colonial. Ha de exigir la expulsión de sus propios imperialistas de tales colonias y cultivar entre los trabajadores de su propio país una actitud fraternal con las poblaciones trabajadoras de las colonias y las nacionalidades oprimidas, y realizar una agitación sistemática dentro de su propio ejército contra toda forma de opresión de la población colonial.

9.  Todo partido que desee pertenecer a la Internacional Comunista estará obligado a realizar un trabajo comunista sistemático y persistente en los sindicatos, cooperativas y otras organizaciones de las masas trabajadoras. Es necesario formar núcleos comunistas dentro de esas organizaciones, que mediante un trabajo persistente e incesante ganen los sindicatos para el comunismo. Esos núcleos han de denunciar constantemente la traición de los social-patriotas y los vaivenes del “centro”. Esos núcleos comunistas deben estar totalmente subordinados al partido.

10.  Todo partido perteneciente a la Internacional Comunista está obligado a realizar una obstinada lucha contra la “Internacional” de los sindicatos amarillos de Amsterdam. Ha de hacer prédica insistente entre los trabajadores organizados sobre la necesidad de una ruptura con la Internacional amarilla de Amsterdam. Ha de apoyar con todos los medios a su alcance a la Unión Internacional de Sindicatos Rojos adherida a la Internacional Comunista.

11. Los partidos que deseen afiliarse a la Tercera Internacional estarán obligados a fiscalizar a los miembros de sus bloques parlamentarios, no sólo de palabra sino en los hechos, a subordinarlos al Comité Central del partido, y a exigir a cada representante comunista en el parlamento que subordine toda su actividad a los intereses de la propaganda y la agitación revolucionaria reales.

12. Todos los partidos integrantes de la Internacional Comunista deben formarse sobre la base del principio del centralismo democrático. En los tiempos presentes de aguda guerra civil el Partido Comunista sólo será capaz de cumplir sus tareas si está organizado de una manera suficientemente centralizada, si posee una disciplina férrea y si la dirección del partido goza de la confianza de sus miembros y está dotada de poder y autoridady se le dota de los más amplios poderes.

13. Los partidos comunistas de aquellos países donde la actividad comunista es legal han de hacer una depuración (reinscripción) de tiempo en tiempo así como de los miembros de las organizaciones del partido, con el fin de librar sistemáticamente al partido de los elementos pequeño burgueses que penetran en él.

14. Todo partido que desee afiliarse a la Internacional Comunista ha de obligarse a prestar toda la ayuda posible a las Repúblicas Soviéticas en su lucha con las fuerzas contrarrevolucionarias. Los partidos comunistas han de realizar una propaganda precisa y definida para inducir a los trabajadores a negarse a transportar cualquier clase de equipo militar que tenga por finalidad la lucha contra las Repúblicas Soviéticas, y por todos los medios legales e ilegales han de hacer propaganda entre las tropas enviadas contra la República de los Trabajadores.

15. Todos aquellos partidos que hasta el presente mantienen el viejo programa socialdemócrata, dentro del más breve plazo, han de darse un nuevo programa comunista, adecuado a las condiciones particulares de su país, y que estén de acuerdo con las resoluciones de la Internacional Comunista.

16. Todas las resoluciones de los congresos de la Internacional Comunista, así como las resoluciones del Comité Ejecutivo, son obligatorias para todos los partidos afiliados a la Internacional Comunista. La Internacional Comunista, que actúa en las condiciones de la guerra civil más aguda, ha de estar centralizada de mejor manera que la Segunda Internacional. Al mismo tiempo, la Internacional Comunista y su Comité Ejecutivo están naturalmente obligados, en todas las formas de su actividad, a considerar la variedad de condiciones en las cuales los diversos partidos tienen que trabajar y luchar, y las resoluciones de obligatoriedad general han de dictarse sólo sobre aquellas cuestiones con relación a las cuales tales resoluciones generales sean posibles.

17. En relación a lo antedicho, todos los partidos que deseen unirse a la Internacional Comunista han de cambiar sus nombres. Cada uno de los partidos que desee unirse a la Internacional Comunista ha de llevar el siguiente nombre: Partido Comunista de tal o cual país, Sección de la Tercera Internacional Comunista. La cuestión del nombre del partido no es algo puramente formal sino una cuestión política de gran importancia. La Internacional Comunista ha declarado la guerra contra el mundo burgués y los partidos amarillos socialdemócratas. La diferencia entre los partidos comunistas y los viejos partidos «socialdemócratas» o «socialistas» oficiales, que han traicionado la bandera de la clase obrera, debe hacerse comprensible para cualquier simple trabajador.

18. Todos los órganos de la prensa de cada uno de los partidos están obligados a publicar todos los documentos oficiales importantes del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista.

19. Todos  los partidos pertenecientes a la Internacional Comunista y los que han hecho la petición de admisión tienen la obligación de convocar lo antes posible, y en cualquier caso dentro de los cuatro meses siguientes al segundo congreso de la Internacional Comunista, un congreso extraordinario para examinar todas estas condiciones de admisión. Por este motivo todas los comités centrales de esos partidos deben comprobar que las decisiones del segundo congreso de la Internacional Comunista han sido comunicadas a todas las organizaciones locales.

20. Todos aquellos partidos que en el momento presente tienen voluntad de adherirse a la Tercera Internacional pero no han cambiado hasta ahora sus tácticas de una manera radical, antes de unirse a la Tercera Internacional han de cuidar que no menos de los dos tercios de los miembros de su Comité Central y todos sus organismos dirigentes centrales estén integrados por camaradas que hayan hecho una abierta y definida declaración, antes de la reunión del Segundo Congreso, acerca de su deseo de que el partido se afilie a la Tercera Internacional. Las excepciones serán permitidas sólo con el consentimiento del Comité Ejecutivo de la Tercera Internacional.

21. Aquellos miembros del partido que rechacen en principio las condiciones y las tesis de la Tercera Internacional se hacen pasibles de expulsión del partido. Lo mismo es válido en especial para los delegados a los congresos extraordinarios.


Fuente: Sidney Hook (1965)  “Marx y los marxistas. El legado ambiguo”. Buenos Aires, editorial Paidós