Caminos posibles para la implementación de una Renta Básica Universal en Argentina

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Por Maximiliano Suárez – Politólogo UBA

La crisis sanitaria -y económica- generada por la pandemia del coronavirus hizo brotar en la opinión pública la saludable discusión sobre la propuesta de la Renta Básica Universal (RBU) de ciudadanía. También logró algo impensado: atravesar culturalmente a las clases sociales medias y bajas, en el sentido de borrar el prejuicio y la estigmatización que había con respecto a las transferencias monetarias desde el Estado.

La propuesta por la que bregamos es la de que todo ciudadano, por el sólo hecho de serlo, tenga umbrales mínimos de libertad. En otras palabras, hacer efectivo el derecho a percibir un ingreso básico que nos garantice las condiciones de supervivencia, y que sea de alcance universal e incondicional, es la condición imprescindible para ser miembro pleno de la sociedad en la que el Estado ejerce su poder fiscal.

Qué es y para qué sirve la Renta Básica

Es una suma otorgada por el Estado, de manera mensual, a cada miembro de la sociedad, o residente acreditado. El pago se realiza sin condiciones. No importa si se es rico o pobre; si se quiere trabajar de forma remunerada o no; independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta; y sin importar con quien se conviva (extracto definición de la Basic Income Earth Network, BIEN).

Gracias a esta definición podemos arribar a su reverso, o mejor dicho, lo que la RBU no es. No se trata de una subvención, un subsidio o un seguro condicionado. Tampoco presupone la satisfacción de requisito alguno como: demostrar estado de pobreza o indigencia, estar buscando trabajo remunerado, o haber perdido el empleo.

Por lo tanto, la implementación de la RBU posibilitaría (de acuerdo al volumen de la transferencia): acabar con la pobreza estructural, cubrir el costo de la canasta básica de alimentos, tener las condiciones materiales de existencia mínimas garantizadas por el Estado, desmercantilizar la fuerza de trabajo (siempre que el ingreso permitiera la libertad de no ser empleado; pensemos en términos de “grados de desmercantilización” como por ejemplo el derecho a percibir una jubilación o una pensión)

Ideas rectoras 

La idea vértice, y dado que la RBU presupone un ingreso por derecho de ciudadanía, es que quede excluida cualquier otra condicionalidad. 

Ésta propuesta enraiza su radicalidad en la vetera concepción democrático-republicana de la Libertad: se es libre si no existe la necesidad de pedir permiso a otro para vivir (recordemos a Marx que en el siglo XIX nos decía, retomando a Aristóteles, que el trabajo asalariado es la esclavitud a tiempo parcial). Las grandes desigualdades sociales son las causas de la falta de libertad.

Todo esto sin olvidar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que en su artículo 25 nos dice: “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure a sí mismo y a su familia un bienestar, en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios…”

Teniendo en cuenta nuestra tradición cultural, y a modo de comparación, podríamos empardar las pretensiones de alcance en universalidad, laicidad, e incondicionalidad, con las que tuvo la conquista del derecho al voto en nuestro territorio.

Algunas ventajas sociales de implementarla

Suprimiría la estigmatización, ya que la percibirían todos y todas. Permitiría flexibilidad en el mercado de trabajo puesto que aumentarían las posibilidades de elección laboral y las chances de realizar trabajo no asalariado. La RBU también fomentaría la auto-ocupación y/o al cooperativismo, y es posible esperar que aumentaría el trabajo a tiempo parcial. 

En otro orden de cosas, la Renta Básica Universal eliminaría las trampas de la pobreza que llevan los subsidios condicionados, por el impedimento a obtener otras fuentes de ingresos. Con trampa de la pobreza nos referimos a la situación en la que se ve sumido aquel que obtenga un subsidio condicionado por la contraprestación laboral. En muchas situaciones, aquella persona se encuentra frente a una disyuntiva entre aceptar un trabajo de menor remuneración que el subsidio estatal (empeorando su calidad de vida) o continuar percibiendo el ingreso estatal (sufriendo la consecuente estigmatización). La Renta Básica Universal es un nivel básico a partir del cual las personas pueden acumular otro ingreso. Aumentarían las capacidades de negociación de la clase trabajadora, otorgando la posibilidad de rechazar condiciones desfavorables en un escenario de negociación colectiva. A su vez, elevaría los salarios de los trabajos poco atractivos, puesto que menor cantidad de personas recurrirían a esos empleos (teniendo en cuenta que por su carácter desagradable o nocivo siempre se consideran como una “última opción”).

Asimismo, disminuiría la dependencia material de las mujeres, y brindaría un contrapoder doméstico capaz de modificar las relaciones de dominación entre géneros. Cambiaría, en este sentido, la lógica de la seguridad social de los estados bienestaristas pensados en la mujer como dependiente de sus maridos. Y por último estimularía un reparto del trabajo remunerado, porque sería posible para muchas personas trabajar menos horas.

Propuesta de financiamiento 

Con respecto a las reformas fiscales que necesita la RBU para su implementación, somos continuadores de aquella tesis formulada ya hace un cuarto de siglo por uno de los primeros impulsores de la propuesta de la RBU en Argentina: Alberto Barbeito. Él nos decía que es necesario generar un sistema integrado de fiscalidad, entendiendo las dos formas de tratar a un ciudadano, es decir, como beneficiario del gasto público, y como contribuyente de impuestos (para un desarrollo en profundidad de este aspecto de la propuesta, recomiendo la lectura de la entrevista realizada al consultor-investigador-docente de Finanzas Públicas, Martín Mangas). Y que los modos en que las sociedades ofrecen a muchas personas para integrarlos económicamente, a veces atentan contra el pleno ejercicio del derecho humanos a una existencia digna,.

Además de este aspecto, la RBU propiciaría una simplificación administrativa a las transferencias de ingresos públicos (programas sociales, programas de fomento al empleo, subsidios al desempleo, pensiones, ayuda alimentaria, AUH, programas de fomento al estudio, salario social complementario, y tantos otros más). Sólo aquellos beneficios que superen en cuantía el umbral fijado para la RBU, serían compensados con la diferencia. 

Críticas

La más obtusa, e hiriente, crítica a nuestra propuesta es aquella que dice que con la implementación de una RBU las personas no trabajarían. La situación de cuarentena por cuidado en la que nos encontramos ha tenido una ganancia cultural porque ha dado visibilidad a demandas de derechos que lamentablemente han sido postergados diría desde el retorno de la democracia a esta parte. En primer lugar las tareas que llamo de reproducción de la especie, que se realizan día tras día y que no son remuneradas, en las que podríamos encontrar a las de cuidado (bebés, niños y niñas, adolescentes, adultos mayores, enfermos, aquellos con discapacidades), limpieza del hogar y de la vestimenta, compras, elaboración de alimentos, pago de servicios, incorporación de saberes, entre otras. 

Sin olvidarnos aquellos empleos en relación de dependencia no reconocidos ni por la patronal ni por el Estado, como son los servicios brindados a través de plataformas (delivery, mensajería, transporte de personas), o aquellos a los que esta pandemia impidió continuar, como los realizados por monotributistas, autónomos o cooperativistas, los changarines, vendedores ambulantes, feriantes, y la lista continúa en un sinfín de profesiones que luchan vehementemente porque sus derechos laborales sean reconocidos.

Una calificación lastimosa que he escuchado en estos días dice así: “…los beneficiarios de este plan social ahora tendrán que trabajar”. Dada la caracterización que realicé anteriormente, como aquellas que hacen a las tareas de cuidado, creo que es necesario un cambio de paradigma cultural en la forma de entender a las políticas públicas. Podríamos simplificar diciendo que la discusión sobre qué es trabajo no se agota en el empleo, que cuando uno ingresa en una relación en tanto mercancía esta situación no tiene nada de digna, y que lo digno viene dado por los derechos que fuimos ganando con nuestras luchas.

Conclusiones

Para ir directamente «al hueso», en esta coyuntura, como dije al principio, brotó la discusión sobre la necesidad de implementar una RBU, pero tenemos que ser muy cautelosos porque nuestros antagonistas de clase también están incentivando esta propuesta. ¿Dónde estaría la diferencia entonces, se preguntarán?. Esta radica en que una Renta Básica Universal sin las prestaciones que brinda un robusto Estado de Bienestar sería solamente una inerte propuesta liberal, que sólo brindaría niveles mínimos de subsistencia, como tan claramente nos enseñara David Casassas, de cuyo último libro acompañamos su presentación en Argentina en marzo pasado. Si nosotros queremos una verdadera RBU republicana y democrática, tenemos que luchar porque retornen las instituciones que hicieron fuerte al Estado de Bienestar que alguna vez supimos conseguir (para este último punto recomiendo la entrevista que le realizamos a Alejandro Rofman). La RBU es una remuneración complementaria que mejoraría las condiciones materiales para la libertad. 

Y para finalizar, sólo me gustaría agregar que ya hace más de una década en que se implementó la Asignación Universal por Hijo (AUH). Como dijo en su momento el belga Philippe Van Parijs, había que conseguir un cauce o canal, con el suficiente consenso social- digo yo- en que podamos verter la propuesta de transferencia monetaria por título de ciudadanía. Creo que con la AUH se ha logrado, ya que ahora este derecho de asignación familiar ha logrado pregnancia social. Esta política pública difiere de la RBU en la condicionalidad que requiere (estudios y salud, cuestión que no criticamos ya que se han logrados niveles altos de escolarización y salubridad en la población beneficiaria), y en el volumen monetario de la transferencia. Pero la diferencia sustancial está en que nosotros proponemos con la RBU recuperar un derecho, que es el principal de todos, como explicaba Robespierre: el derecho a la existencia.