Reseña de «Contra la Caridad» de Daniel Raventós&Julie Wark

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Federico Delgado (Politólogo UBA)

Ningún argentino de bien imaginó jamás que en algún momento estaríamos envueltos en una fractura social de tal magnitud que se expresa, de acuerdo con cifras oficiales, en el 97 % del Producto Bruto Interno comprometido por la deuda externa y en un 40 % de personas bajo la línea de pobreza. El fracaso es más que evidente. Por lo tanto, la necesidad de analizar el pasado, explorar sus causas y estudiar alternativas para cambiar las cosas constituye una obligación impuesta por la realidad.  

Esa obligación no se limita a aquellos que dedican su existencia a la vida pública, sino que se extiende a todos los ciudadanos porque lo que está en juego, con una nitidez que no admite debate, es el derecho a la existencia. Sobre todo, cuando se agotaron las perspectivas dominantes tanto en materia económica como en las políticas sociales. En la Argentina experimentamos el neoliberalismo con el Terrorismo de Estado; luego el neoliberalismo progresista que asignaba derechos a la par que vedaba las condiciones materiales para ejercerlos; también experimentamos programas de incipientes políticas distributivas a principios del siglo cuando los precios de nuestras exportaciones lo permitieron; y finalmente regresamos a un crudo ensayo de restauración neoliberal clásico guiado por programas de ajuste fiscal bajo la espada de la deuda externa. En diciembre de 2019 una nueva coalición ocupó los roles de gobierno y sus tres objetivos básicos, explicados el 10 de diciembre por el Presidente de la Nación ante el Congreso de la Nación, apuntan a reorganizar la economía, a la cuestión social y a una reforma institucional. En otras palabras, se trata de trabajar sobre los cimientos de la organización social.

Gran parte de esos problemas requieren de una frescura intelectual capaz de derribar prejuicios y barreras ideológicas que, al menos en estas tierras, invisibilizan aspectos básicos de la apuesta republicana que, irónicamente, es la piedra angular de la Constitución Nacional. En ese orden constituye una obligación la lectura del texto de Daniel Raventós y Julie Wark, “Contra la caridad”, Lo editó Icaria, en Barcelona, en el año 2019. Aun no vio la luz en la República Argentina, pero seguramente ello es cuestión de tiempo. Y sostengo que es una obligación leer ese texto por varias razones. Sólo voy a enumerar algunas de ellas.

Empiezo por el propio título que remite a la “caridad”. Dicha palabra expresa una de las mayores tentaciones en contextos como el nuestro, ya que funciona como una gran excusa moral en la medida en que está bien visto donar a los que menos tienen. No obstante, esa acción políticamente correcta en la cultura neoliberal es la forma más eficaz de cristalizar las desigualdades de la actual sedimentación del capitalismo signada por la desposesión. La caridad, en los términos de Raventós & Wark, al surcar cualquier alternativa igualitaria, supone la exclusión de las grandes mayorías del proceso de toma de decisiones sobre su destino. El neoliberalismo en su fase actual supone la acumulación de dinero de un grupo cada vez más reducido. La caridad es perfectamente funcional a ese esquema que agudiza la desigualdad preexistente y, en consecuencia, obtura la libertad para las grandes mayorías a las que obliga a vivir pidiendo permiso. La caridad, entonces, es un dispositivo político de expropiación de la vida de muchas personas.

Paso al segundo vector del texto, que tiene que ver con la renta básica universal, de cuya red mundial (Red Renta Básica) Daniel Raventós es presidente.  Aquí yace el otro rasgo del libro que parece haber sido escrito para la realidad argentina. En efecto, los autores describen con precisión y realismo las posibilidades concretas y las potencialidades de una renta básica universal como un paso para crear las condiciones relativas para que todos los ciudadanos puedan reapropiarse de la capacidad de tomar decisiones sobre su destino individual y colectivo. Este aspecto es crucial porque allí se ubica un punto decisivo en estos tiempos de ajuste estructural. Me refiero a que nos brindan elementos para poner sobre la mesa de discusión razones válidas para debatir que la solución de nuestros problemas no pasa por recortar derechos, sino asir la posibilidad del Estado de definir de manera autónoma que es el bien público.

Finalmente, Raventós & Wark exhiben con una claridad envidiable que hacer posible una perspectiva republicana bajo la forma democrática es un problema político; es decir, un problema común cuyo futuro se define en la sociedad civil que, como nos legó Karl Marx, es el hogar de la historia. Claro que la renta básica no es mágica, pero es un paso decisivo para fundar una libertad de carácter universal que no reconozca otra sujeción que la de la ley, entendida como la expresión institucional de nuestros propios valores y que nos garantice el derecho a existir. Los autores desagregan con gran pertinencia la renta básica como la contracara de la caridad y concluyen sin dejar dudas en que su financiamiento, que es el centro de los ataques más feroces del neoliberalismo, es un problema político y no económico. Bien lo sabemos lo argentinos que sufrimos sistemas impositivos regresivos, en medio de una vida pública que siquiera se permite explorar alternativas como la “tasa Google” y la “tasa Tobin”, a la par que persiste en aplicar impuesto a las ganancias a los salarios de los trabajadores.

El texto tiene lógicamente tantas lecturas como lectores y sus contextos. En el caso nuestro, es una fuente de inspiración y de acción porque está anclada en un optimismo teórico rigurosamente fundamentado, porque constituye un paso más en el auspicioso horizonte de demostrar que otro mundo es posible y porque recupera a la vez que reivindica la capacidad de las personas para decidir de manera autónoma el destino de sus vidas.