Tomás Bontempo: Hegemonía y Poder en los tiempos del Brexit

Por Tomás Bontempo*

En este artículo, Bontempo nos presenta un análisis del Brexit desde una perspectiva geopolítica, a partir de la lectura crítica de las relaciones internacionales. Aporta una interpretación de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea como la contracara de la re bipolarización del orden mundial globalizado.

Downing Street 10 será el 31 de octubre del presente año el epicentro de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Un camino escabroso iniciado por el ex Primer Ministro, David Cameron, con el plebiscito de 2016, cuyas consecuencias apenas han comenzado a esbozarse.  

La relación entre el bloque europeo y el país insular comenzó formalmente con su adhesión en 1973 después de diez años de rechazo gaullista. En 1975 se realizó un referéndum sobre la continuidad en la entonces Comunidad Económica Europea, y en 1980, Margaret Thatcher pronunció una famosa frase en la “conferencia de Dublín” por la forma en la que el bloque distribuía el presupuesto: “Give my money back!”. Nunca dejó de ser una relación turbulenta.

No obstante, la actual coyuntura crítica del sistema internacional dista de aquellas experimentadas en las décadas precedentes. Por ello el objetivo del presente artículo radica en aportar luz al contenido más relevante que rodea al que será el hecho más disruptivo de la política internacional del 2019. 

En ese sentido, primeramente es conveniente referir a las condiciones actuales de un orden mundial que gravita en torno a las disputas inter-hegemónicas entre China y los Estados Unidos y sobre la forma de concebir o contemplar el poder y la conflictividad con un marco de cambio o transformación, en proceso, del orden mundial. 

Una posible lectura de este contexto puede ser realizada bajo los enfoques neo-gramscianos de las relaciones internacionales. En 1981, Robert Cox escribió “Social Forces, States and World Orders: Beyond International Relations Theory”, una obra crítica a las visiones dominantes del “realismo” que habían imperado desde la segunda posguerra y que continúan vigentes a la hora de brindar un marco analítico de los fenómenos actuales.  

Afianzado en la visión de Antonio Gramsci, Cox se adentró en la concepción de la Hegemonía. Para este, la dominación de un Estado poderoso era sin dudas una condición necesaria del poder hegemónico pero no suficiente. Mediante el aporte del método de las estructuras históricas, la hegemonía se sustentaba en una combinación de poder, ideas e instituciones. Son precisamente las ideas las que sirven de sustento a las relaciones de poder, y son las instituciones las que combinan a estas con el poder material para estabilizar y perpetuar un determinado orden mundial. 

Asimismo, su obra  permite adentrarse en la relación Estado-sociedad y al ubicarse dentro de las teóricas críticas de las relaciones internacionales presta una clara atención al cambio o la transformación. Su perspectiva desafía la visión de actor racional, hermético y monolítico del paradigma realista. Para Cox, las transformaciones de las formas de organización productiva generaban nuevas formas sociales, las cuales asimismo, podrían generar cambios en la forma del Estado, lo cual consecuentemente podría ser susceptible de alterar el orden mundial.  Fuerzas sociales, formas de Estado y Orden Mundial son 3 componentes que reciben cada uno el impacto del otro. Hasta ese momento como un eje bastante inexplorado en el campo disciplinar, Cox marca que las fuerzas sociales pueden ser un elemento que aporte a comprender la declinación de un poder hegemónico. 

Ahora bien, en este marco, la visión de Cox nos habilita una lectura crítica de las diversas dimensiones del poder, sus nuevas formas, su conflictividad e influencia en el contexto de la actual ola de la globalización vinculada a la cuarta revolución industrial, que no reflejan únicamente una aún indefinida bipolaridad sino también -como contracara negativa de la globalización neoliberal-  lo que parecería ser un nuevo auge de la nación y el nacionalismo. 

Este resurgimiento, con movimientos de extrema derecha que postulan un retorno de la Nación en su aspecto más conservador, no puede entenderse de forma descontextualizada a las condiciones materiales basadas en la forma de globalización generada por el sistema capitalista mundial. Esta forma fundada en una ideología de libre mercado que a partir de principios de la década de 1990 se convirtió en una especie de teología casi incuestionable, nos lleva a interrogarnos nuevamente por el nacionalismo como fenómeno social relevante.  

El plebiscito de 2016 que dio lugar al Brexit fue fogoneado por el UKIP (United Kingdom Independence Party), un partido político sin representación en la Cámara de los Comunes, pero que había obtenido excelentes resultados ganando las elecciones parlamentarias europeas en 2014. Incluso, en las elecciones al Parlamento Europeo del presente año, el ex ideólogo del UKIP, Nigel Farage, volvió a obtener la victoria pero esta vez de la mano de su nuevo partido, el Brexit Party

Asimismo, al momento de triunfar el Leave, distintos movimientos de extrema derecha en Europa expusieron la idea de llevar adelante el mismo proceso en sus países. La líder de Reagrupación Nacional, Marine Le Pen, expresó durante una reunión en Coblenza, Alemania, que “estamos viviendo el fin de un mundo y el nacimiento de otro. ¡Es el regreso de los Estados-Nación!”. El discurso se erige alrededor de la idea de la Nación, con lemas como “au nom du peuple”, “America first”, “prima gli italiani”. Incluso el lema que llevó a Trump a la presidencia, “Make America Great again”, que la nación vuelva a ocupar el lugar del que había sido desplazada por las fuerzas trasnacionales de la globalización y la configuración de un nuevo orden social donde primaba el mercado y lo económico. 

Los nacionalismos postulan a la nación como garantía frente a los males de la globalización. Trump, Bolsonaro, Le Pen, Salvini, Orban, entre otras expresiones, representan un fenómeno relevante –aunque heterogéneo- tanto en el centro como en la periferia, para la actual gobernanza global.En un mundo de grandes naciones que se disputan la hegemonía por la dirección de la globalización y el sistema capitalista mundial, cabe hacer mención a la entrevista que el diario The Independent le hizo al ex premier británico, Anthony Blair. En la misma, este esgrimió su visión de las grandes naciones que estarán en la mesa chica a mediados de siglo, mientras la opción para los países medios es que vayan juntos. El Brexit, separando al Reino Unido de la Unión Europea, era un acto de abnegación. A fin de cuentas, la respuesta de Blair se reduce a una premisa básica de cualquier teoría clásica de poder, “power is power”.

*Tomás Bontempo es un joven analista internacional argentino, licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad del Salvador (USAL). Además es magíster en Integración Latinoamericana por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) y actualmente se encuentra cursando su Doctorado en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA).