Giuliana Mezza: La potencia práctica del pensamiento político. Algunas notas sobre «¿Por qué (no) leer a Byung-Chul Han?»

Byung-Chul Han nació en Seúl, en el año en el que el Ejército Rebelde liderado por Fidel Castro derrotaba al dictador Fulgencio Batista en Cuba, iniciándose así la Revolución. Estudió Metalurgia en su Corea natal, y a los 26 años se trasladó a Alemania donde, a pesar de no conocer el idioma, pudo abocarse a los campos que le suscitaban verdadero interés; la literatura, la filosofía y la teología. A pesar de ser hijo de la Guerra Fría, de un mundo que albergaba una disputa radical por el devenir político de nuestras sociedades, Han inscribe su pensamiento en la era del neoliberalismo global, aquel que consagra su carácter inexorable a través de la proclama del “fin de la historia”, clausurando así toda vía que se precie de agrietar el orden imperante proponiendo una alternativa.
Con el objetivo de “comprender los problemas que aquejan al hombre de hoy”, indaga en la configuración actual de los dispositivos de poder ligados a la comunicación, la tecnología, las redes sociales y sus efectos en los sentidos y las prácticas que signan nuestro comportamiento. Superando los 20 títulos publicados –que pueden leerse en más de 10 idiomas–, la obra de Han se ha convertido en un verdadero suceso editorial. En un artículo publicado en marzo con motivo de su visita a Barcelona, ABC lo describe como la “nueva estrella del pensamiento contemporáneo” y Página 12 como “uno de los filósofos vivos más traducido, leído y discutido”. Por su parte, El País lo define como “la nueva revelación del pensamiento alemán” y lo coloca en el nivel de filósofos como Jürgen Habermas, Zygmunt Bauman o Slavoj Zižek.
Más allá de las reflexiones que giran en torno a las claves del éxito de este “boom editorial que como reguero de pólvora invadió las librerías del mundo”, hasta el momento no resultaba posible hallar una aproximación a la producción teórica de Byung-Chul Han que, con rigurosidad y desde una perspectiva crítica, se interrogara sobre sus alcances, sus implicancias políticas y su potencial emancipatorio. Tal es el caso del libro colectivo impulsado por Luciana Espinosa, María Beatriz Greco, Ana Paula Penchaszadeh, María Cristina Ruiz del Ferrier y Senda Sferco, sus autoras e integrantes del grupo de investigación sobre Pensamiento Político Posfundacional radicado en el Instituto de Investigaciones “Gino Germani” de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). El mismo lleva por título: “¿Por qué (no) leer a Byung-Chul Han?”, está prologado por Ricardo Forster, incluye una nota de la traductora del filósofo surcoreano al español, y una entrevista a Jorge Alemán. Recientemente impreso, habitará en breve las librerías, de la mano de Ubu Ediciones.
Polifónico y enriquecido con los diversos lentes disciplinares de quienes en él intervienen, este proyecto colectivo tiene por objeto “contrarrestar la hipótesis pasivizante de Byung-Chul Han” quien, en “su intento teórico busca dar cuenta de, y a la vez resulta funcional a las lógicas neoliberales del mercado”. En opinión de las autoras, los textos del filósofo ofrecen una caracterización rápida y efectista de problemas complejos que, si bien son señalados, no son abordados detenidamente. La apelación a binarismos categoriales encadenados para estructurar sus tesis lo condenarían a una “circularidad teórica sin fisuras” en la que no caben los matices, las opacidades y las contradicciones que ineludiblemente responden a un rasgo constitutivo del campo social. Frente a esta lógica “bucle” que, en su ensimismamiento, no permite tensar de modo problemático los extremos de los binomios que vertebran su pensamiento, la tarea intelectual emprendida se orienta a “reponer el espesor teórico conceptual de algunos temas que su escritura abandona rápidamente”.
Si bien cada capítulo de ¿Por qué (no) leer a Byung-Chul Han? ofrece un análisis intensivo y sistemático en torno a un eje temático que es rastreado en el conjunto de la obra del filósofo, la cohesión del proyecto descansa en aquellas valoraciones compartidas que de algún modo constituyen el corazón de la crítica que las autoras empuñan. Lo que en primer término señalan es la limitación que la fisonomía del pensamiento del filósofo le impone al tratamiento de los problemas que enuncia. A este respecto, Senda Sferco, propone la noción de “gramática líquida” para referirse al carácter escurridizo de su escritura, y a cómo esta “se desliza rápidamente para efectuar un retorno sobre sí misma transformando sus binarismos categoriales en ambivalencias móviles”. En este sentido, Luciana Espinosa destaca también la naturaleza reduccionista de su perspectiva dualista, considerando infundada la identidad que el autor establece tanto entre mismidad y positividad, como entre alteridad y negatividad.
A su vez, sostienen que sería esta lógica binaria encapsulada en la dimensión conceptual, el desconocimiento del plano experiencial y el desinterés por la singularidad de las prácticas lo que conduce a la impotencia crítica de sus tesis. Que no se identifique en la obra de Han un “gesto emancipatorio” se explica precisamente por la construcción de una escena cuyas condiciones materiales han sido sustraídas; al suprimir la historia, y con ella el carácter contingente de los acontecimientos, se consuma el “crimen perfecto” al que refiere Jorge Alemán en el marco de la entrevista que también se incluye en el libro.
Esta insuficiencia crítica puede hallarse en la noción de poder que esculpe el filósofo surcoreano, y que reconstruye con agudeza María Cristina Ruiz del Ferrier. La vocación de articular un concepto único que comprenda sus rasgos característicos de manera definitiva, es considerada por la politóloga un imposible ontológico, ya que conduce a la pretensión simplificadora de capturar un fenómeno signado por la heterogeneidad, el dinamismo y la pluralidad. De igual modo, determinar que su especificidad radica en esta tendencia que el autor denomina ipsocéntrica de regresar a sí mismo en el otro –una expansión que es a la vez, repliegue–, lejos de dirigirse hacia el encuentro con el otro, implica su clausura. Se refuerza así una ética y una estética del sí mismo, a la vez que se desactiva la dimensión política del concepto.
Senda Sferco sostiene que el diagnóstico de Han respecto de la “crisis de disincronía” que produce la atomización del tiempo y la desvinculación de los acontecimientos entre sí, ve diluida su singularidad al superponerse con otras dos crisis por él señaladas, la de “duración” y la de “relación”. Esto conduciría a desconocer las condiciones históricas y contingentes en las que las mismas se enmarcan, anulando así todo potencial crítico. En una construcción en la que el nivel teórico excluye al práctico, y en la que ya no es posible ningún tipo de vínculo durable, tampoco es posible la experiencia.
En la misma línea, María Beatriz Greco observa que Byung-Chul Han concibe un sujeto sin fisuras, un sujeto unitario que se integra cómodamente al paisaje propio de un mundo sin politicidad en el que la violencia se proyecta desde el interior, promoviendo conductas autodestructivas. Considera que esta operación se monta fundamentalmente sobre el acoplamiento “sin diferencia del sujeto con la subjetividad neoliberal”, desconociendo contradicciones, síntomas y tensiones propias de su carácter intrínsecamente opaco y atravesado por condiciones históricas y políticas singulares. Es a partir de la sustracción de estas dimensiones que el filósofo obtura toda posibilidad de un devenir emancipatorio.
Luciana Espinosa sostiene que esta matriz se replica en las consideraciones de Han respecto de la experiencia erótica. Al encontrarse supeditada a la exterioridad que supone la alteridad, ésta se ve obstaculizada por lo que el filósofo describe como el mal de nuestro tiempo; el exceso de positividad. Es la omnipresencia de la mismidad, “el infierno de lo igual” lo que excluye la alteridad, inhabilitando el encuentro con el otro, también en el plano amoroso. El avance de Narciso sobre Eros genera una inédita multiplicación de “mismidades autosuficientes”, lo que inevitablemente obtura toda posibilidad de experiencia erótica.
Por su parte, Ana Paula Penchaszadeh, sostiene que “Han es “tomado” por la falta de espesor que la exposición a la positividad impone paradójicamente a su pensamiento: todos los temas se entretejen en un solo plano y mediante una narrativa sin pliegues ni puntos crípticos (…)”. Esto podría observarse en la idea de hospitalidad que propone, unívoca y plana, definida como “política de lo bello” frente a la xenofobia, vinculada al odio y caracterizada como “fea”. Desde el punto de vista de la politóloga, esta simplificación supone negar de plano la potencia política de la irrupción del otro, la singularidad del ser-con.
Las autoras apuntan tanto al diagnóstico que Byung-Chul Han elabora respecto de los males de nuestra época, como a las herramientas conceptuales que desarrolla para abordarlos, para sostener que los mismos resultan funcionales a las lógicas neoliberales. Al decir de Ricardo Forster, “lejos de abrir, este tipo de hipérbole crítica, una estrategia de resistencia y de disputa política, se recuesta sobre la irreversibilidad de la captura lograda por el neoliberalismo”. Para contrarrestar lo que Jorge Alemán denomina “cinismo estético”, la propuesta que este libro colectivo trae a escena es recuperar un pensar que habilite y reivindique la lengua política. Un ejercicio reflexivo que, sin prescindir de las advertencias que cada tiempo requiere respecto de los males que nos acechan y los dispositivos de poder que nos oprimen, no obture el acceso a los pliegues que permiten generar prácticas y sentidos emancipadores.
Sobre la traducción, Paula Kuffer sostiene que “traducir apunta, casi, a lo imposible: a la extranjeridad primera que nos constituye, al punto en que, inquietantemente, lo propio y lo ajeno se tocan”. Breve y fecunda, esta nota apunta al corazón de lo que las autoras reconocen como una de las mayores impericias de Han, aquella que enciende las alarmas y evidencia la necesidad de una advertencia respecto de una lectura adormecida de su obra; la opacidad, las contradicciones, la negatividad, lo “otro”, no es algo exterior al sujeto, sino que forma parte de él. Es la lógica de la inmanencia, la heterogeneidad y la singularidad las que dotan de inteligibilidad a la experiencia, a los escenarios que transitan los sujetos y en los que éstos deben desenvolverse e intervenir. El gesto emancipador que posibilita este ejercicio crítico se vincula con la restitución del carácter contingente, histórico y político de la configuración socioeconómica y cultural actual, y es impulsado por las autoras de ¿Por qué (no) leer a Byung-Chul Han? desde la reivindicación del Pensamiento Político Posfundacional.