Teoría socialista

Mario Tronti: Recuerdo de Pietro Ingrao

Presentamos este texto por primera vez en lengua castellana. Lo hacemos con el interés de conocer un Tronti plenamente político, hablando como senador, cargo que ocupó hasta hace poco tiempo. Pero también con el afán de dar a conocer a Pietro Ingrao.

Para quienes no lo conocen, Ingrao fue el más importante líder del ala izquierda del extinto Partido Comunista Italiano (PCI), el más grande de occidente como decían. Con él militaban intelectuales como Lucio Magri y Rossana Rossanda. De los tres pueden encontrar más artículos en www.sinpermiso.info

Luego de la disolución del PCI, Ingrao se mantuvo firme en sus ideales y activó intelectualmente. Aún hoy sus reflexiones son rica fuente para aquellos que participan en política con un horizonte de izquierda. Sus libros “Crisis y tercera vía” y “Masas y poder” son de fácil acceso en las librerías.  

Pietro ingrao: El recuerdo de Mario Tronti en el Senado

En recuerdo de Pietro Ingro, publicamos el discurso sostenido por Mario Tronti en el transcurso de la conmemoración en el salón del Senado

Señor presidente, colegas, es con una profunda conmoción -y lo van a sentir por el tono de mi voz- que trato de encontrar la palabra adecuada para recordar a la figura y la persona de Pietro Ingrao.

No voy a volver sobre las diversas vicisitudes de su vida política. Las comprometidas palabras del presidente Grasso ya han resuelto esta tarea. Quiero iluminar con destellos al hombre Ingrao, la esencia humana del político: y hacerlo a través de sus palabras antes que con las mías. Esas palabras sobre todo de la última etapa de su vida, que ha ocupado en el tiempo un siglo entero. La muerte, el último enemigo, como rezan las escrituras, ha batallado para abatir al viejo roble.

Estábamos tan acostumbrado a sentirlo y a debatir con él, a saber que estaba presente detrás nuestro, que este silencio, ahora, habrá de sopesarnos. Pero justamente sobre el silencio había dicho, apenas hace algunos años, unas palabras intensas: “El silencio”, decia, “no es una nada, una ausencia. Es una forma de pensar interior…”callate, pero realizá el acto de callar”. Estar  en silencio es un actuar…y la poesía, para mí, es como una forma de lectura del silencio”. Y silencioso era el estado de sus últimos años, naturalmente apartado, después de una vida en donde -usando una frase célebre- la lucha había sido su elemento. Pero siempre curioso de todo y de todos. Su charla era una continua interrogación: qué hacés, qué dices, qué piensas.

Todavía decía de si mismo:  “No he sido nunca un hombre de reglas. Me gustaba demasiado cosas distintas y disparatadas de la vida y, con los años, esta predisposición se agudizó.  Esta es una frase que lo define casi en su totalidad: “sean amables con mi vejez”.

El 30 de marzo pasado, habíamos celebramos sus 100 años, solemente, en la Cámara de diputados, con la presencia del presidente Mattarella y del presidente Napolitano.  Camara de Diputados de, como ha sido recordado, habia sido presidente entre los dramáticos años 1976-79, que tenia pensado entonces de llamarla, en ese entonces, “Pietro Ingrao, o sea la nobleza de la politica”. Después, pareció que hubiera en esa expresión un excesivo énfasis, que a él no le hubiera agradado; pero hoy podemos afirmar que esta es la temática a la que cual se llama la desaparición de este hombre.

Debemos transmitir, sobre todo a las nuevas generaciones, el ejemplo del hombre que vivió la política, de un modo elevado, como elección de una vida dedicada a una causa. Ingrao fue un político de vocación profesional. Ha vivido por la político, no de la política. Una profesión en sentido weberiano, como Beruf, o sea también, como vocación. Todavía con palabras suyas: “En mi vida, la política es una tenaz pasión. Hasta hoy, en una edad tan avanzada -es una conversación en el 2011 (tenía alrededor de 96 años, ndt)- no está apagada. No es tán fácil explicarla como una motivación moral. No la vivo como un deber ser, al contrario, soy sacudido por pasiones vitales, diría de la corporeidad de la vida”

Lanzado literalmente en la política -como nos contó más de una vez- por la gran historia (al final de los años 40) en el medio de ese trágico siglo que fue el siglo XX. Los últimos años del fascismo, la guerra, la resistencia, la posguerra, la irrupción a través de la República y de la constitución, de las masas en el Estado, según una célebre definición suya: “Masas y poder” es el título de un conocido libro suyo. Puede sorprender esta cita: la pasión política que no se explica con una motivación moral, sino que es argumentada de un modo más profundo y, para mi, mucho más convincente. Decía: “Me pesa mucho el sufrimiento de los otros. Pero no es un sentimiento altruístico. Soy yo que estoy mal. Y vivo esto como una insoportable condición de los oprimidos y de los explotados…De esta forma, la política, es una forma de actuar para mi, no para los otros.” Y entonces hoy decimos: somos nosotros los que estamos mal cuando vemos hombres, mujeres y niños que con mucho esfuerzo caminan -un camino de la esperanza- en las vías donde en general corren los trenes, para escaparse de la guerra y de la miseria. Soy yo el que sufro cuando me pregunto a mi mismo: ¿También yo soy culpable de esta condición del mundo? ¿Qué puedo hacer para remediarlo? Es acá que uno tiene que captar la motivación de la política.

Se pintó siempre a Ingrao como un visionario. Se ha insistido mucho sobre «Pedía la luna» (hay traducción), su libro de memorias; pero decía de sí mismo “Distintamente de como me han descripto, no soy un utopista visionario. Me interesó la política en su hacer. Me pasa todavía hoy -también hoy, 2011- de prestar una atención, excesiva atención, a sus tácticas”. También esta es la política en su ardua complejidad. Además, se equivocó en algunas elecciones tácticas pero siempre lo reconoció con honestidad y valentía. También decía otra cosa: “Para mi política es: yo junto con otros, para influir, aunque sea por un gramo, en las acontecimientos humanos. Afuera de este actuar colectivo, no sabría hacer política”. Al lado del visionario, se insistió sobre su aspecto herético.

Ahora, presidentes y queridos colegas, estoy acostumbrado a hacer una distinción entre el herético y el heterodoxo, o el no ortodoxo. El herético es el que rompe y sale de su propio ámbito, el de la Iglesia; el no ortodoxo es el que lucha, con la crítica, a la ortodoxia, manteniéndose en el mismo ámbito, el eclesiástico. Ingrao pertenece a este segundo tipo de hombre, en el cual yo también me reconozco. No hizo nunca un acto de arrepentimiento por haber sido comunista. Fue sí crítico, estuvo en disenso -recuerdo su famosa frase: “No sería sincero si les diría que me convencieron…”- pero no repudió nunca la elección de vida que hizo una vez y para siempre.

De hecho, fue un hombre de dudas, tanto que el “La duda de los vencedores” es el título un libro suyo de poesías. En realidad, él era también un hombre de certezas. Creo profundamente que puede dudar, tiene el derecho de dudar, solo el que cree, el que cree en algo, el que tiene -llamémosla con su nombre- una fe. Vivimos en un tiempo en el que para ser modernos, o peor, posmodernos no hay que creer más en nada. Es la edad del escepticismo absoluto y del relativismo rampante. Pero como ha dicho ese nihilista que Cioran, el que no cree en nada, termina por creer en todo, a todo lo que le cuentan.

Por como yo lo conocí, tengo que decir que Ingrao vivió con la misma pasión -una pasión política- tanto la esperanza como la derrota del comunismo, con un orgullo no domado. “Indignarse no basta” dijo respondiendo al “Indignaos!” de Stephane Hessel. Dice uno de sus versos “Lleva en alto la derrota”, hay que leerlo así: bríndale un pensamiento alto a la derrota y no te dejes avasallar por ella misma, reinténtalo, luchando, con otras tácticas. Camina sobre los viejos senderos sin dejarte escapar nada de lo que es nuevo.

Este es el mensaje que Pietro nos deja y espero -dejenme decirles  también un poco desesperado- que se recoja.

 

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