Julio Godio – La ideología de los cuadros sindicales intermedios

Julio Godio fue un importante sociólogo e historiador del movimiento obrero argentino. Socialista, militó desde joven. Por este motivo debió exiliarse. Su prolífico trabajo es una importante fuente de consulta para especialistas y militantes. En particular, como elemento de formación, vale remarcar la monumental Historia del Movimiento Obrero en cinco volúmenes editador por el Centro Editor. Sus conocimientos lo llevaron a trabajar para la OIT (Organización Internacional del Trabajo).

Este artículo es de los años 80 y salió publicada en la revista Ciudad Futura que dirigía Tula, Portantiero y Aricó. Se trata de una particular encuesta que le realizó a, por entonces, cuadros sindicales intermedios. La importancia de reflotar este artículo reside para nosotros en dos motivos: por un lado, como una herramienta metodológica sugerente para aplicar en la actualidad (y contrastarlo con los datos que brinda Godio); y en segundo lugar, para conocer mejor la evolución de muchos de estos cuadros hasta la actualidad.

Hoy el sindicalismo recobró protagonismo en la política argentina, conocerlo mejor es deber de todo militante.

 

La ideología de los cuadros sindicales intermedios

Julio Godio

A través de esta encuesta inusual dirigida a indagar el mundo ideológico de dirigentes sindicales, podremos ver sus opiniones sobre los problemas centrales del sindicalismo y de la sociedad y adónde va este sector de la dirigencia argentina.

  1. Destinatarios y temas

El Departamento de Estudios Sindicales del centro para el debate sobre la nueva Argentina (CEDNA) con el auspicio de la Fundación Friedrich Ebert, llevó a cabo durante el segundo semestre de 1986 una investigación sobre Opiniones y actitudes de la dirigencia media del sindicalismo argentino (mimeo, 1987). Se basa en una encuesta cuyo propósito es indagar el mundo ideológico de 441 dirigentes sindicales intermedios y delegados de empresas que “constituyen una nueva camada de dirigentes que está reemplazando paulatinamente a los más antiguos, tanto en edad como en ideas”. Se trata evidentemente de un tema de extrema importancia puesto que el comportamiento político-sindical de esta nueva capa de dirigentes sindicales habrá de tener una gravitación relevante en el comportamiento político-sindical de los trabajadores en las próximas décadas.

La encuesta giró alrededor de los siguientes temas: a) Sindicalismo; organización, expectativas de cambios orgánicos; b) Participación de los trabajadores en la gestión; c) Economía: propuestas programáticas sindicales, actitud del sindicalismo hacia la concertación social, hacia la privatización, etc.; d) Sindicalismos, política y sociedad; intervención del sindicalismo en la política, relaciones del movimiento obrero con partidos políticos; relación del movimiento obrero nacional con el mundial y sus doctrinas político-sindicales; e) Peronismo: presente, problemas y futuro; f) Sindicalismo e instituciones: posición frente a las FF.AA, la Iglesia Católica, la ley de divorcio; g) Derechos humanos: opiniones y perspectivas sindicales; h) Las mujeres y los jóvenes en la vida sindical: roles y expectativas; i) Valoración sindical de la prensa escrita.

La encuesta abarcó, como ya señalamos, a dirigentes sindicales en los niveles de dirección de sindicatos de empresa y delegados (cuerpos de delegados) de la empresa. Se realizó en Capital Federal, Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario. Se escogieron 20 sindicatos, dentro de los cuales están los diez de mayor número de afiliados (véase recuadro aparte).

Los dirigentes sindicales fueron elegidos según el criterio de exclusión de los cargos ejecutivos (secretario general, adjunto, organización, gremial y tesorero). Se buscó de este modo involucrar a dirigentes que por sólo ocupar cargos de vocales o en las comisiones internas podían estar dispuestos a contestar con presiones menores. El criterio general de edad máxima se fijó en aproximadamente cuarenta años.

El desarrollo de la encuesta resultó difícil por cuanto no fue sencillo localizar físicamente a los dirigentes. Pero no se dieron casos de resistencia a contestar, salvo en algunas seccionales de la Unión Obrera Metalúrgica, cuyas autoridades fundaron su rechazo en el temor de que pudiera tratarse de una encuesta gubernamental. La mayoría de las encuestas se efectuaron en locales sindicales.

 

  1. Datos básicos de los encuestados

Sobre 441 encuestados, el 41% eran dirigentes de sindicato y el 56,9% delegados. El 45,6% pertenecía a sindicatos de industria y el 54,4% a sindicatos de servicios. Respecto de la ocupación el 41,25% son obreros, el 42,8% empleados y el 7,2% técnicos.

El 54% de los encuestados trabaja en Capital Federal y el Gran Buenos Aires; el 21,1% en Córdoba y el 22,7% en Rosario.

Los encuestados son en su mayoría jóvenes. El  78,5% entre  y 45 años y el 45,4% entre 26 y 35 años. El 83,9% son hombres y el 16,1% mujeres. El 73,4% estaban casados.

En cuanto a la instrucción, no había nadie que no la tuviera. Primaria incompleta, el 2,9%; el 54,5% tiene instrucción primaria completa o secundaria incompleta y el 24,2% secundaria completa y terciaria incompleta. El 11,3% tiene terciaria completa.

La experiencia sindical de los encuestados es la siguiente: el 73,9% tiene menos de 5 años, es decir, comenzaron como activistas sindicales al final de la dictadura militar. A su vez el 10,8% entre 5 y 10 años,  es decir que comenzaron en los años duros del régimen militar. En una palabra, el 84,7% son dirigentes formados durante la dictadura militar y la democracia política actual. El 59,6% son peronistas, el 7% de la UCR, el 5,7% del PI, el 4,1% del PC y el 5,9% de otros pequeños partidos de izquierda. El resto, un 19,7% no manifestó tener posición política partidaria. Como se observa existe un neto predominio peronista, proporción que probablemente hubiera aumentado si se hubiese tratado de una encuesta sindical oficial. El 15,7% de participación de los encuestados de izquierda representa un poco más que su representación real en las organizaciones sindicales (tentativamente, un 12%) y se explica por su mayor voluntad para participar en la encuesta. Si bien sólo el 81,3% manifestó puntualmente tener posición política, el 93% manifestó genéricamente tenerla pero sin identificarse con partidos políticos concretos. El 66,4% manifestó estar afiliado a un partido, lo que evidencia la permanencia de una fuerte tradición histórica de vinculación entre sindicatos y partidos políticos. Entre los peronistas, el 23,8% manifestó pertenecer a las 62 organizaciones, el 21% al Movimiento Renovador Sindical Peronista (ex 25) y el 11,1% al ubaldinismo, proporción que se explica porque el 38,1% de los encuestados pertenecía a sindicatos hegemonizados por las 62, el 28,4% al MRSP y el 11% al ubaldinismo.

Este activo sindical no estuvo mayoritariamente presente en el congreso normalizador de la CGT, realizado el 7 de noviembre de 1986 con la participación de 1479 delegados que llegan hasta secretarios de sindicatos. Pero sin la participación de estos cuadros de empresa y cuerpos de delegados sería imposible para la dirección nacional de las uniones y federaciones y para la CGT efectivizar sus acciones sindicales y políticas.

  1. Organización, estructuras y democracia sindical

Actualmente se encuentra en debate en las Cámaras el proyecto de asociaciones sindicales presentado por el senador Britos con apoyo de la CGT. En este proyecto no se define el régimen de composición de los órganos de dirección de los sindicatos, dejándolo a decisión de las organizaciones sindicales. Como se sabe, en la UCR y en la mayoría de las agrupaciones políticas de izquierda la opinión prevaleciente es la de que deben ser integrados respetando los derechos de las minorías. Pero la opinión oficial del sindicalismo peronista defiende que los órganos de dirección locales, seccionales o nacionales sean ocupados en su totalidad por la lista triunfadora en los comicios. Esta opinión reconoce antecedentes en la tradición sindical puesto que tenía vigencia en sindicatos hegemonizados por socialistas o por sindicalistas en la década del treinta.

El 74,4% de los encuestados se mostró favorable a que “todos los cargos sean otorgados a la lista ganadora” y sólo el 25,6% en favor de sistemas de proporcionalidad. Entre los últimos, el 62% se manifestó a favor de la proporcionalidad completa. A su vez, el 80% de los encuestados dijo estar en favor de la existencia de un solo sindicato con personería gremial. Por último, el 63,3% prefiere plazos largos (más de 2 años) para ocupar cargos sindicales y el 82,5% en favor de la posibilidad de reelección de los dirigentes.  Como se deduce de las proporciones, la mayoría se define por un sindicalismo altamente centralizado, con unidad de mando en la lista vencedora y con continuidad sindical.

Es interesante prestar atención a lo que opinan los encuestados a propósito de cómo mejorar las relaciones entre la dirigencia y la base sindical. El 68% contestó que se deben hacer más asambleas sindicales, el 59% que las comisiones internas y cuerpos de delegados deben tener más facultades y atribuciones (con relación al sindicato local o seccional) y el 61,5% que se debe revocar los mandatos (lo cual no está en contradicción con permitir la reelección). En síntesis, el 65% se manifestó en favor de producir cambios para alcanzar una relación más  fluida con la base sindical, para garantizar la revocabilidad y para dar más autonomía y atribuciones a comisiones internas y cuerpos de delegados. Se evidencia así una neta preferencia por establecer a nivel de empresa un tipo de organización ágil y predispuesta a la consulta permanente a los trabajadores. Esta disposición se refleja también cuando el 50,3% de los encuestados prefiere estructuras federativas para la organización nacional y sólo el 37,4% se manifiesta en favor del tipo de unión.

Sin embargo, es preciso señalar que este dato no ha sido cruzado en la encuesta con el de la pertenencia/no pertenencia de los encuestados a federaciones o uniones. También debo señalar que el 60% de los que responden en favor de la estructura “federación” son sindicalistas del interior, y afectados en consecuencia, por el comportamiento centrista de algunas direcciones nacionales. Pero aún haciendo esta aclaración, resulta evidente que la resistencia a un modelo de estructuración sindical que predominó desde los años sesenta y que favoreció las uniones es relativamente elevado. Es posible pensar que esta resistencia se vincula también con una característica negativa: la centralización desde el vértice sindical de las finanzas que es una práctica habitual en las uniones y en muchas federaciones. El 76,2% de los encuestados afirma que deben establecerse porcentajes autoadministrados por cada nivel de organización desde abajo hacia arriba. La misma tendencia descentralizadora se manifiesta cuando el 64,4% afirma que debe limitarse la capacidad de la autoridad sindical a intervenir a los sindicatos locales o seccionales. Pero lamentablemente la encuesta no interroga acerca de los mecanismos para impedir intervenciones arbitrarias.

 

 

 

Sobre participación

 

El 92,2% de los encuestados se manifiesta a favor de la participación, tipo de acción sindical que colocan como prioridad cuarta en la escala de prioridades del sindicalismo, como veremos más adelante. Se manifiestan también en favor de la participación cuando dicen sentirse parte de la empresa. Participación es, por lo tanto, un derecho que se desprende de la calidad de trabajadores.

La mayoría de los encuestados hace suya la concepción sindical simple de participación: “es toda instancia donde el sindicalismo puede estar presente”. Así, el 67,8% entiende por participación en realidad la acción y la presencia sindical en la empresa con la finalidad de negociar y velar por el cumplimiento del contrato de trabajo; sólo un 18,8% se define en favor de formas superiores de participación, como puede ser, por ejemplo, la cogestión. Sin embargo, cuando la pregunta se especifica, es decir, cuando se pregunta acerca del mejor sistema de participación, entonces los que se manifiestan en favor de la cogestión ascienden al 34,1%, lo que es un dato sumamente importante puesto indica que se dispone de información sobre el tema.

Las respuestas sobre participación parecen indicar dos cosas: a) que la mayoría de los trabajadores reacciona de acuerdo a la práctica tradicional del sindicalismo argentino de cuestionar la autoridad empresaria sólo para garantizar el espacio de la organización sindical como entidad de negociación; b) que sin embargo, un porcentaje significativo de trabajadores aspira a complementar el rol tradicional de la acción sindical con alguna forma de participación que signifique intervenir en la gestión global de la empresa. Este último dato no ha sido jerarquizado en las plataformas sindicales por el temor de los dirigentes sindicales a invadir territorios tradicionalmente asignados a los empresarios. Si bien algunos dirigentes sindicales de los 25, del ubaldinismo o de las 62 organizaciones hacen a veces apreciaciones favorables a la cogestión, esto parece ser más bien un recurso ideológico para “adornar” un mensaje político que el producto de una decisión efectiva de impulsar formas de cogestión que podrían mejorar cualitativamente la práctica sindical. La cogestión permite en cambio combinar la lucha por la humanización del trabajo con una mayor disposición de los trabajadores a hacerse corresponsables del futuro de la empresa, al tiempo que ejerce un efectivo control sobre las decisiones de inversión, rentabilidad, introducción de nuevas tecnologías, etc., funciones que hasta ahora son patrimonio exclusivo de un empresariado poco dispuesto a adoptar medidas audaces para impulsar la reactivación económica.

 

Prioridades sindicales y acción política

 

Los encuestados fueron interrogados acerca de cuáles con las prioridades de la acción sindical. Los resultados fueron los siguientes: prioridad a) mejores condiciones de trabajo; prioridad b) salarios; prioridad c) formación profesional; prioridad d) participación; prioridad e) medio ambiente y prioridad f) acción política. El ordenamiento corresponde a las respuestas de las corrientes peronistas. Sólo la izquierda no peronista coloca el tema de la participación como segunda prioridad.

El tema de la relación entre acción sindical y acción política debe ser enfocado, en consecuencia, desde la perspectiva de la mayoría de los trabajadores: estos conciben prioritariamente la política como instrumento para la solución de sus problemas concretos. Sólo desde este ámbito se plantean temas de “lo político en general”, o sea su participación como ciudadanos.

El 68% de los encuestados se manifiesta en favor de la participación política de los sindicatos. En este porcentaje se discriminan del siguiente modo por grupos de edades: 65,5% hasta 26 años, 72% de 2 a 35 años, 67,1% de 34 a 45 años, 50% de más de 45 años. Se trata de porcentajes altos, con un pico ascendente entre 26 y 35 años y una brusca caída en los de edad mayor. A su vez, la opción en favor de la participación de los sindicatos en política se escalona de la siguiente manera según las corrientes político-sindicales: Izquierda, 86,7%; MRSP 86,6%; 62 Organizaciones, 67,6% y ubaldinismo 63,3%. Como se observa, es la izquierda y el MRSP quienes más decididamente se manifiestan a favor. Los adeptos a las 62 y al ubaldinismo muestran en cambio un porcentaje alto de partidarios de subsumir la acción política partidaria en la acción sindical.

Es interesante también correlacionar las respuestas según la adhesión política del encuestado, y los resultados son los siguientes: en favor de la acción política, Partido Justicialista 75,7%, UCR 48,4%; PI 52%, Partido Comunista 88,9% y otras izquierdas 61,5%. Los datos indican un alto porcentaje de respuestas negativas entre los adherentes a la UCR y al PI, lo que hace suponer un fuerte economicismo en tales agrupamientos, junto con una visión tradicional que reduce el ámbito de lo sindical a la acción corporativa o “gremial”, escindida y separada del sistema político.

Como se observa, gran parte de los activistas sindicales de la UCR y del PI, al contraponer la categoría “trabajador” a la categoría “ciudadano”, se muestran partidarios de ceder el patrimonio de lo político a los especialistas, es decir, a los políticos. Se trata, obviamente, de una visión reductora de la acción sindical que debería ser tenida en cuenta para analizar la poca gravitación que ambas corrientes tienen en el movimiento sindical y el entusiasmo con que adhirieron al fallido proyecto de ley de Mucci, que no era otra cosa, en sustancia, que un intento de “democratización” de los organismos sindicales en contra de una politización en clave peronista.

En el mismo bloque de preguntas sobre acción sindical política encontramos otras respuestas interesantes: el 83,4% afirma que las orientaciones político-sindicales las debe fijar sólo el sindicato y apenas el 10,9% que deberían ser fijadas por un acuerdo entre sindicato y partido. No cabe duda que la respuesta coincide con una tendencia constante en el movimiento sindical argentino dirigido por el peronismo desde 1957 hasta el presente: la autonomía relativa de las organizaciones sindicales –la llamada “columna vertebral”-respecto de las instancias partidarias. En realidad, no se trata de un fenómeno propio puesto que una tendencia semejante se registra en la mayoría de los países que cuentan con un fuerte sindicalismo vinculado a determinadas corrientes políticas. Como es obvio, en caso de crisis de esos partidos, la tendencia a la autonomía relativa se acrecienta y puede dar lugar a tentativas del sindicalismo de actuar como impulsor de frentes políticos o incluso orientarse a la formación de nuevos partidos basados en los sindicatos, tentación esta última ya conocida en el peronismo de los años sesenta.

En el caso argentino, esa disposición autonomizante explica la capacidad de la CGT para operar simultáneamente como organización sindical y como sustituto de un partido que, como el peronismo, se vio afectado seriamente por una derrota electoral que nunca creyó posible. El “ubaldinismo” ha surgido en parte como respuesta a esa necesidad de ocupar ambos espacios y esto tal vez explica su mensaje ideológico que sugiere la indistinción entre lo social y lo político, subsumiendo lo segundo en lo primero. Es evidente que estas operaciones son facilitadas por la ideología peronista por su recurrencia a jerarquizar las llamadas “instituciones intermedias” en detrimento del régimen de partidos.

 

  1. Sindicalismo y concertación

Los encuestados fueron inquiridos, en pregunta múltiple, sobre qué medidas económicas consideraban prioritarias para superar la crisis. Las respuestas fueron: reactivación 40,6%, moratoria de la deuda externa 40,4% y apertura de nuevas fuentes de trabajo 21%. La mayoría, a su vez, se mostró francamente opuesta a la iniciativa del gobierno radical de privatizar empresas como uno de los mecanismos para reactivar la economía, en tanto permite liberar recursos financieros del estado para la inversión en nuevas áreas. Las respuestas fueron: 47,2% en oposición a cualquier privatización y 42% en favor de sólo algunas privatizaciones. Únicamente el 24,7% se mostró partidario de una concertación social estable entre estado, empresarios y sindicatos. En cambio, la mayoría de los encuestados no concibe que el movimiento deba ser parte integrante en instancias de decisiones macroeconómicas. Como hemos señalado sólo para el 24,7% la concertación es positiva, pero para el 52,6% sólo es útil en algunos casos y para el 21,7% es en todos los casos negativa. La mayoría restringe el ámbito de la concertación a exigir mejores salarios y mejores condiciones de trabajo: al concertar, el 59% piensa en salarios, el 40,4% en mejores condiciones de trabajo y sólo el 18,4% en política económica.

En síntesis, la mayoría de los encuestados no otorga a la concertación social la jerarquía de institución de acuerdos macroeconómicos. Piensa, en cambio que puede ser útil para discutir mejoras salariales y condiciones de trabajo. Esta conclusión puede ser relacionada con otro dato que muestra que en el movimiento sindical predomina la idea de que la ausencia de la concertación social es responsabilidad tanto del estado como de los empresarios: el 88% de los encuestados localiza la relación entre sindicatos y estados como regular tendiendo a mala y el 67,5% localiza la relación con los empresarios como de regular hacia mala.

 

  1. Sindicalismo y factores de poder

Las opciones que asocian al movimiento sindical con pactos estables con las FF.AA. y la Iglesia Católica, pueden ser solo consideradas válidas para una parte de la alta dirigencia gremial ateniéndonos a la experiencia histórica. Pero resultan erróneas de acuerdo con la encuesta cuando se consulta directamente a los cuadros sindicales medios y de base y éstos pueden expresarse sin las mediaciones y controles del aparato-sindical. Así, el 74,8% de los encuestados se pronuncia por la reforma de las FF.AA., sólo un 7,9% en oposición y un 17,2% no contesta. La respuesta positiva se discrimina así por partido: PJ 72,6%, UCR 77,4%, PI 92%, PC 100% y otras izquierdas 80,8%. El porcentaje más alto entre los peronistas corresponde al MRSP 81,7%, mientras que las 62 y el ubaldinismo son partidarios de la reforma en 68,6% y 65,3% respectivamente.

Ante la pregunta sobre “qué reformar”, sólo una minoría importante (el 43,4%) apunta a reformas de fondo: 27,4% en favor de la sustitución de la Doctrina de Seguridad Nacional por una Doctrina de Defensa Nacional y el 16% por la reforma de los planes de estudio. El resto tiene opiniones en favor de reformas tradicionales como, por ejemplo, eliminar o reducir el servicio militar obligatorio.

El porcentaje de respuestas en favor de reformas profundas en las FF.AA. es elevado si se lo relaciona con la percepción rudimentaria que los encuestados tienen el concepto de “derechos humanos”. Si bien el 78% considera los derechos humanos como parte integrante de la acción sindical, sólo el 3,7% coloca en primer lugar el castigo a los culpables de crímenes aberrantes durante los años de la “guerra sucia”. En cambio el 33,4% entiende por derechos humanos las “mejoras socioeconómicas”, es decir, los “derechos sociales”. Es posible afirmar que en materia de derechos humanos reina una gran confusión en la medida en que no se logran correlacionar los “derechos civiles” con los “derechos sociales”. Esta afirmación se desprende del hecho de que sólo el 21,1% se muestra favorable a constituir comisiones de derechos humanos, el 6,9% a participar en organismos de derechos humanos y el 20,6% a concientizar y difundir el tema. Debe señalarse que entre los encuestados ubaldinistas el 55,6% considera que los derechos humanos son prioritariamente “derechos socioeconómicos”. Y es importante señal también que el 82,8% considera positivos los juicios actuales a las FF.AA. por crímenes aberrantes durante la “guerra sucia”.

La percepción de los encuestados sobre la Iglesia Católica es sumamente interesante. Sólo un 8,8% considera que esta institución debe incursionar en lo político; el 33,8% opina que lo debe hacer en lo religioso, lo social y lo cultural y un 50,8% sólo en lo religioso. En materia de divorcio, el 75,7% se manifiesta a favor y el 20,9% en contra; apenas un 3,4% no responde a la pregunta.

  1. Sindicalismo, mujeres y jóvenes

El 79,8% de los encuestados considera insuficiente la participación de la mujer. Este porcentaje se subdivide por sexos en 78%, masculino y 85,9% femenino. Ante la pregunta de cómo lograrlo, las respuestas fueron: 22,4% a través de la capacitación sindical, 16,7% por la toma de conciencia de la mujer, 16% a través de la formación de departamentos de la mujer, 15,7% por un cambio general de mentalidad y 9,5% mediante la incorporación de mujeres a las direcciones sindicales.

La misma encuesta –por su estructura de edades- demuestra una participación importante de jóvenes en la vida sindical. Sin embargo, el 57,4% considera que es insuficiente. Según los encuestados la participación insuficiente se debe: 23,3% a la falta de propuestas sindicales, 21% a la indiferencia de los jóvenes, 18,3% a la falta de práctica sindical durante la dictadura militar, 13% al desconocimiento del medio sindical, 10,3% a los efectos de la crisis económica, 8% al vaciamiento ideológico y 7,6% al miedo de participar.

  1. Sindicalismo e ideologías internacionales

La encuesta reafirmó un hecho incontrastable en el movimiento obrero: que el llamado “marxismo-leninismo” es una ideología excluida del mundo cultural de la mayoría aplastante de los trabajadores. El 80% de los encuestados piensa que el marxismo-leninismo es la “ideología más lejana” a los trabajadores. Un 49,2% piensa que en el sustrato de las ideologías imperantes –ante todo el peronismo- existe un fundamento socialcristiano. A su vez, un 30,8% de los entrevistados piensa que el sustrato más universal es la socialdemocracia o el socialismo.

El alto porcentaje que afirma vínculos entre la “filosofía” del movimiento sindical argentino o el socialismo es muy alto, si se tiene en cuenta la débil inserción de organizaciones políticas de matriz socialista en el movimiento obrero. Las respuestas hacen pensar en una percepción difusa, no orgánica, de la socialdemocracia o del socialismo, en tanto que el peronismo, como movimiento político, muestra una afinidad principal con el social cristianismo y la Iglesia.

Por último, debe destacarse que sólo el 28,8% conoce que la CGT está afiliada a la CIOSL y, que de ese porcentaje, sólo el 55,1% está de acuerdo con tal afiliación, manteniéndose la tendencia a un sindicalismo aislado internacionalmente y fuertemente nacionalista. Sin embargo, que el 30,8% de los encuestados afirme tal relación entre sindicalismo y socialdemocracia, junto con la adhesión de la CGT a la CIOSL, hace suponer la existencia de una apertura que en el futuro implicará el debate y la confrontación del sindicalismo argentino con corrientes y experiencias sindicales de las que tenía un conocimiento lejano. En este tema debe recordarse el poco atractivo que despierta la casi inexistente central sindical internacional socialcristiana, la Confederación Mundial del Trabajo (CMT) y su débil filial latinoamericana: la Confederación Latinoamericana de Trabajadores (CLAT). Por el contrario, para la CGT el peso de la genérica ideología socialcristiana no es óbice para que a escala internacional su único interlocutor sea la CIOSL, que con su más de 70 millones de afiliados en el mundo es ampliamente mayoritaria en Europa occidental y América Latina.

  1. Hacia dónde va el sindicalismo peronista

Las tres cuartas partes de los encuestados admitieron que la mayoría de los trabajadores son peronistas. A su vez, como ya vimos, el 59,6% se autocalifica de peronista. No cabe duda, por tanto, que si se piensa en cambios en el interior de la clase obrera estos cambios suponen necesariamente que se produzcan en la ideología peronista. Puesto que es imposible determinar con alguna aproximación qué tipo de cambios pueden producirse en un futuro previsible, lo que sí puede hacerse y resulta relevante es indagar cuáles son las ideas que están presentes en el mundo político-cultural de los entrevistados peronistas.

El 90% de los encuestados sostiene que el peronismo tiene “problemas” y que esto afecta a la acción sindical. Según el 44% de los que afirman que tiene problemas, la consecuencia principal de este hecho es la de que genera divisiones; otro 15,4% afirma que resta contundencia a la acción sindical. El 59,4% que corresponde a los encuestados peronistas acuerda, por tanto, que “el peronismo tiene problemas”. Cuando se les pregunta qué garantizaría la vigencia del peronismo en la vida política nacional y, por ende, en las organizaciones sindicales, las respuestas son las siguientes:

  • Conducción representativa/mejores dirigentes 3
  • Unidad 2
  • Renovación de métodos 6
  • Renovación ideológica 9
  • Revalorizar la doctrina original 4
  • Autocrítica 8
  • Aparición de un nuevo líder 5
  • Otros 4
  • NS/NC 2

El cuadro precedente está indicando que en el movimiento sindical de orientación peronista predomina la tendencia a buscar reformas que permitan preservar la ideología, mientras que la tendencia en favor de cambios profundos es minoritaria. En efecto, sólo el 14,3% se define por la renovación de métodos y de ideología y por la autocrítica, mientras que un 27,2% plantea recuperar la unidad, a lo que podría agregarse el 13,4% que propone restablecer la doctrina originaria. Es cierto que entre los que proponen cambios en los dirigentes (24,3%) hay quienes pueden identificarlos con cambios ideológicos y de estilo de conducción, pero también en este ítem pueden expresarse los ubaldinistas, por ejemplo, que aspiran a consolidar las posiciones de un nuevo núcleo dirigente nacional.

En efecto, los siguientes cuadros son demostrativos:

  1. Medidas encaminadas a mantener la situación actual
Ubal. 62 25
Unidad 40.8% 33.3% 23.7%
Revalorizar la doctrina original 20.4 12.4 11.8
Aparición de un nuevo líder 4.1 5.7 4.3
TOTAL 65.3 51.4 39.8

 

  1. Medidas asociadas al cambio
Ubal. 62 25
Conducción representativa/mejores dirigentes 22.4% 21.0% 23.7%
Renovación de métodos 6.7 14.0
Renovación ideológica 2.9 9.7
Autocrítica 1.0 3.2
TOTAL 22.4 31.6 50.6

 

 

 

 

 

 

 

De modo que los ubaldinistas manifiestan la tendencia a “reformar para conservar”, mientras que, por oposición, son los 25 los que dentro del sindicalismo peronista se erigen en exponentes de la necesidad de cambios ideológicos y de métodos. En las 62 prevalece una actitud más cercana a la del ubaldinismo.

 

  1. A modo de interpretación. Un caso de “conciencia desdichada”

Es sabido que en Hegel la conciencia desdichada no es otra cosa que el conflicto que el mismo hombre genera entre sus pronósticos y los resultados efectivos de sus actos.  Los hombres creen hacer su propia historia, pero en realidad hacen la historia del Espíritu absoluto. La afirmación hegeliana tal vez resulte útil para introducirnos especulativamente en los resultados de la encuesta. En efecto, si algo aparece evidente es que la mayoría absoluta de los entrevistados se encuentra atrapada entre la aspiración a cambios en sus condiciones de vida y de trabajo en pro de una sociedad más humana, y el marco ideológico que lo empuja hacia una práctica de tipo conservador-reformista. Es ésta práctica la que a su vez contribuye a reproducir las causas contra la que los trabajadores luchan y que determinan un proceso de decadencia de la sociedad.

Si analizamos la práctica de esos dirigentes sindicales son visibles sus aspectos positivos: fuerte participación de los jóvenes en la vida sindical, clara identidad de fines entre acción sindical y acción política, fuerte convicción de la necesidad de fortalecer las estructuras sindicales de base, inclinación por la descentralización de las organizaciones sindicales y por último, una definida vocación por defender las conquistas logradas en materia de salarios y condiciones de trabajo. La encuesta confirma la característica central del movimiento sindical argentino: su propia identificación como una institución legítima del sistema político argentino. Este derecho ha quedado claro para la mayoría de los trabajadores desde el acceso del peronismo al poder y en sus dos primeros gobiernos.

Pero la encuesta demuestra, al mismo tiempo, la fuerte tendencia de los dirigentes sindicales de base –y en esto representan cabalmente a sus bases- a percibirse como parte del sistema político a partir de su entidad corporativa. Por eso en la encuesta priorizan demandas salariales, de condiciones de trabajo y socio-profesionales en detrimento de la acción por transformaciones en la economía y en la sociedad, pese a que desde hace por lo menos una década están obligados a actuar en una economía en crisis y de la que reclaman modificaciones. Es cierto que para su accionar el movimiento obrero arranca siempre de las reivindicaciones inmediatas, pero no es lo mismo establecer una estrategia de mejoras socio-laborales en una economía en expansión que en una economía en crisis y con un estancamiento de larga duración, como es la nuestra.

La limitación principal deriva del papel que la dirigencia sindical asigna a las organizaciones sindicales: por una parte, la lucha constante por la distribución del ingreso en su favor; por la otra, la delegación de responsabilidades al estado para tutelarlas en sus reclamaciones y para forzar a los empresarios o a otras corporaciones a conceder las reivindicaciones defendidas por los trabajadores organizados.

Esta limitación conduce necesariamente a una exclusión: el movimiento obrero puede considerarse parte legítima del sistema político, pero no puede colocarse en su centro porque reclama ubicarse en él exclusivamente como grupo de poder “reclamante” y no como un participante con alternativas macroeconómicas propias. Esta limitación del movimiento sindical es aprovechada en su favor por sectores reaccionarios que estimulan la protesta social como forma de jaqueo al estado o a un gobierno constitucional, sin temer al desborde. Ellos saben que una agudización de la acción sindical no supone un cuestionamiento radical del sistema socio-económico. En la encuesta, esta limitación se evidencia con claridad cuando la respuesta de la mayoría acerca del contenido de la concertación gira exclusivamente alrededor de salarios y de condiciones de trabajo, pero no de “política económica”. Como fuerza de “reclamación”, el sindicalismo argentino evidencia también sus limitaciones al dedicar tan escasa atención a temas como el de las nuevas tecnologías, los problemas del medio ambiente, etcétera.

La encuesta, lamentablemente, omitió algunos temas que podrían haber permitido establecer el peso que tuvo sobre la conciencia de los entrevistados la difícil y dura experiencia sindical de los años de la dictadura militar. Por ejemplo, se debió haber preguntado sobre las diferencias que existen, para la práctica sindical, entre aquella situación autoritaria y la actual situación derivada de la instauración de un régimen democrático. También debería haberse preguntado sobre la escala de valores en las que se ubican categorías como las de democracia política, en comparación con la de democracia económica, derechos sociales, etc. Esto hubiese permitido establecer qué importancia asignan los encuestados a la democracia política, teniendo en cuenta la tradicional subsunción de lo político en lo social que practica el peronismo sindical.

Tampoco se hicieron preguntas directas sobre la valoración de la actividad y del comportamiento político de la dirigencia sindical durante el régimen militar, lo que podría haber ayudado a dilucidar más profundamente porqué una parte significativa propone cambios en esa dirigencia. Falta además información sobre la opinión que tienen los encuestados del rol actual de los dirigentes sindicales a nivel de la CGT y de las organizaciones sindicales nacionales. Por último, hubiese sido interesante conocer cuántos sindicalistas intermedios y de base conocen el actual programa de los 26 puntos de la CGT y qué opinión les merece.

Temas como los señalados podrían haber permitido saber hasta dónde la dirigencia sindical intermedia y de base se siente comprometida con la continuidad de la democracia política y con la posibilidad de que una renovación de la acción sindical pudiera introducir en ella contenidos cada vez más avanzados de democracia económica y social. La encuesta muestra la presencia de lo que podríamos denominar “segmentos de planteos renovadores”: mayor participación de las bases en las decisiones sindicales, introducción de la cogestión, asociación potencial entre movimiento obrero y socialdemocracia o socialismo, definición neta en favor de reformas de las FF.AA., limitaciones al papel de la Iglesia Católica e identificación de nuevos caminos aparece acotado por el número limitado de quienes en la encuesta proponen una renovación de la ideología y en los métodos del peronismo.

Las presentes conclusiones no son en verdad pesimistas; simplemente fortalecen la conclusión de que los cambios son factibles, hay razones para pensar que pueden producirse, pero habrán de ser a largo plazo. A favor de los cambios presiona no sólo una realidad económica y social que dificulta o impide una estrategia sindical basada exclusivamente en la negociación, sino también una democracia política que replantea la perentoriedad de los cambios que estructura. Es posible que el movimiento obrero –y de esto hay signos positivos- termine acompañando su accionar con programas de reactivación económica menos “ideológicos” que los 26 puntos de la CGT. Esto lo conducirá a introducirse en problemas como lo de la cogestión o de los salarios indirectos. Pero la “conciencia desdichada” sólo se reconocerá a sí misma como armónica si es capaz de promover esa correspondencia entre planos reivindicativos y la construcción de una democracia social avanzada, construcción que supone y no sustituye la vigencia de una efectiva democracia política.