Rudolf Hilferding: Capitalismo de Estado y economía totalitaria

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por Rudolf Hilferding

Rudolf Hilferding, uno de los teóricos más representativos de la socialdemocracia austro-alemana, deslumbra al marxismo europeo con su eficaz respuesta al economista Bohm-Barwerk -crítico de la teoría del valor-trabajo, publicada en los Marx-Studien en 1904, con el título de “La crítica de Bohm-Bawerk a Marx”. Entre 1906 y 1907 se desempeña como docente de la Escuela Central del Partido Socialdemócrata alemán, siendo alejado de su cargo a instancias de la policía prusiana. En 1910, en el volumen tercero de los “Marx-Studien”, órgano teórico del austromarxismo, se publica su contribución a la teoría marxista del imperialismo “El Capital financiero”.

A partir de mayo de 1928 ocupa el ministerio de Hacienda del gabinete alemán, cargo que ya había ocupado en 1923, cuando se hallaba al frente del ala derecha de los socialistas independientes que se negaron a admitir las 21 condiciones para el ingreso en la Internacional Comunista.

Como socialdemócrata defendió la tesis que caracteriza las relaciones de producción soviéticas como capitalismo de Estado.

Pocos meses antes su trágica desaparición en 1940 (asesinado por la Gestapo durante su exilio, luego de la invasión Nazi a Francia) rectificó su postura acerca de la URSS. Testimonio de este viraje, el artículo que publicamos fue redactado para el periódico de los socialistas rusos residentes en París -Sozialistischeski Bestnik- y publicado en español por la editorial Antloy en 1956 en la selección titulada “Examen del Comunismo”. [Presentación de la Revista Praxis]


La idea de un “Capitalismo de Estado” no resiste el menor análisis económico. Cuando el Estado establece su poder sobre todos los medios de producción hace imposible el funcionamiento de la economía capitalista. Destruye el mecanismo que pone en movimiento el giro económico. La economía capitalista es de mercado. El precio aparece como resultado de la concurrencia de los propietarios capitalistas -y solamente como producto de esta concurrencia resultan” al fin de cuentas” las leyes del valor- estableciendo qué y en qué cantidades se produce qué parte de la ganancia y en qué ramas de la producción se aucmula y cómo, por último, esta permanente lucha por dominar la crisis se mantiene como factor proporcional entre las diferentes ramas de la producción. En la economía capitalista dominan las leyes de mercado, cuyo análisis hiciera Marx y cuya autonomía representa el signo distintivo del método de la producción capitalista. Pero, la Economía de Estado deroga justamente la autonomía de las leyes económicas. Lo que se produce y cómo se produce, no se define por el precio, sino que es función de un Organismo estatal, el cual establece el carácter y la medida de la producción. Exteriormente, los salarios y los precios continúan existiendo, pero sus funciones cambian completamente. Ya no definen más la marcha de la producción, que está dirigida por el poder estatal, que fija los precios y determina la altura de los salarios. Los precios y los salarios representan tan solo, en este sistema, medios de distribución, definiendo para cada uno de los que participan de ellos la parte del total que el poder central coloca a disposición de la sociedad.

Tal es ahora la forma técnica de la distribución, la cual se hace más sencilla que la directa atribución, indicando cuánto debe recibir cada individuo de los diferentes productos que han perdido su carácter de mercaderías. Los precios devienen signos de distribución, no son más regulados de la economía. Conservando las formas, las funciones se cambian completamente.

Tal es la forma técnica de la distribución, la cual se hace más sencilla que la directa atribución, indicando cuánto debe recibir cada individuo de los diferentes productos que han perdido su carácter de mercaderías. Los precios devienen signos de distribución, no son más que reguladores de la economía. Conservando las formas, las funciones cambian completamente.

Con el “fuego viviente de la concurrencia” se apaga la llama de la tendencia a la ganancia, que constituye el motivo radical de la producción capitalista. La ganancia significa apropiación individual de plusvalía, lo que solo es posible en una organización cuya base sea la propiedad privada. Pero, observa Warroll, ¿es que Marx no señaló la acumulación como el signo fundamental del capitalismo? E¿Es que la acumulación no desempeña un papel resolutivo en la economía rusa? Es decir, ¿de todos modos llegamos a constituir el Capitalismo de Estado? Pero, él descuida un pequeño detalle: justamente aquel en que Marx habla de la acumulación de capital, en que se refiere a la formación siempre creciente de los medios de producción, produciendo ganancia cuya apropiación es el motor de la producción capitalista. Se habla, entonces, del proceso de acumulación de valores, que crean plusvalía, del proceso específicamente capitalista de ensanchamiento de la actividad económica.

Hasta tal punto la acumulación de medios de producción y los productos no constituyen el signo específico del capitalismo, que su presencia representa un aspecto fundamental en todos los sistemas conocidos, con la posible excepción de la búsqueda de alimentos en las más primitivas sociedades.

En la economía de consumo en la economía de Estado, se produce no acumulación de valores, sino acumulación de bienes de consumo, productos cuya disposición anhela poseer el poder central para lograr satisfacer las necesidades de sus consumidores.

El hecho de que la economía de Estado -en Rusia-. acumula, no lo hace capitalista, porque lo que se acumula no es capital. El argumento de Warroll se basa en la simple confusión de la idea de valor con la de bienes de consumo. Con esto él, realmente, piensa que la economía socalista no podría pasar sin acumulación.

Pero, ¿quién es, qué es -y aquí entramos en la pregunta básica- este poder central que domina la economía rusa? Trotsky y Warroll contestan: “la burocracia”. Pero mientras Trotsky se niega a considerar la burocracia como clase -puesto que Marx caracteriza a la clase por su lugar en el proceso de producción-, Warroll realiza un “asombroso descubrimiento”. La burocracia rusa, por su estructura -que él, desgraciadamente, no estudia a fondo- se distingue “desde un punto de vista principista”, de cualquier burguesía, pero tiene las mismas funciones: acumulación de capital. Cómo teniendo una estructura completamente distinta, la función puede ser la misma, es naturalmente un milagro, de aquellos que en la naturaleza no pueden existir, pero para algunos es posible en la sociedad humana.

De este modo creyó demostrar que en Rusia, domina una clase burguesa, cuya formación sería el Capitalismo de Estado. Warroll, con tozudez, confunde el capital con los medios de producción, y se ve que no puede concebir la existencia de otra acumulación que no sea de capital. No comprende que la acumulaci´pon, ensanchamiento de la producción, representa en cada sistema económica, la tarea de la dirección de la producción, y que aun en el más ideal sistema socialista puede exitir aucmulación, que en este caso sería solamente en base a productos excedentes de consumo (lo que solamente en el sistema capitalista adquiere forma de plusvalía) y que de este modo resultara imposible deducir de la existencia de acumulaci´no, el carácter capitalista de la economía.

¿Pero es que realmente domina la burocracia en la economía rusa y con ella sobre todo el pueblo? La burocracia representa en todas partes, y especialmente en la Rusia soviética, a formas muy diversas, A ella pertenecen, no solamente los funcionarios públicos en el sentido más estrecho de la palabra, desde el empleado más inferior hasta el mismo Stalin, sino también los dirigentes de la industria y todos los funcionarios, tales como empleados de correo y empleados de ferrocarriles. ¿ Y esta masa multicolor realizada con un poder uniforme? ¿Cuáles son sus órganos representativos? ¿De qué modo adopta sus resoluciones? ¿De qué organismo depende? La “burocracia” no tiene en realidad el poder. Tanto por su estructura como por su función, constituye solamente un instrumento en manos de los dueños reales del poder. Está organizada jerárquicamente, sometida al poder dirigente. No da órdenes, sino que las recibe. Cualquiera de los funcionarios, como correctamente observa Trotsky, “puede ser ofrecido como víctima expiatoria por su superior en la escala jerárquica para disminuir cualquier descontento”.

¿Y estos son los señores de la producción, el nuevo sustituto del capitalismo? Stalin mismo desmintió esta leyenda cuando ordenó liquidar, en ocasión de la última limpieza, a millares de dirigentes industriales.

El dueño del poder no es la burocracia, sino quien ejerce el mando sobre la burocracia. Y Stalin da órdenes a la burocracia rusa.

Lenin y Trotsky con un grupo de partidarios seleccionados que nunca tuvieron la posibilidad de adoptar resoluciones independientes como partido sino que un partido se les organizó como instrumentos en manos de sus jefes -como posteriormente se organizaron los partido ancional-socialista y fascista-, se apoderaron del poder del Estado en un momento de descomposición del viejo aparato estatal, Transformaron el poder del Estado, para hacerlo corresponder a las necesidades de su dominio y apartando la democracia, establecieron su dictadura, a la cual confundieron -aunque no en la práctica- con el concepto ideal de la dictadura del proletariado. Crearon de este modo el primer Estado Totalitario antes que este nombre fuese inventado. Stalin continuó esta tarea y alejó del aparato estatal a sus rivales, haciendo ilimitada su dictadura personal. Tal es el hecho real y no es necesario enmascararlo construyendo ficticias concepción sobre el dominio de la burocracia, la cual en verdad está sometida, como toda la masa del pueblo, a pesar de recibir ciertas concesiones, dosificadas sg´pun su posición jerárquica, pero sin ninguna garantía sobre su futuro y en perpetua amenaza para su vida, recogiendo algunas de las migajas que caen de la mesa sde sus dueños.

El Estado Totalitario

Pueden extraerse de aquí conclusiones sustanciales para la economía del país. A la sustancia del Estado Totalitario pertenece también lo que somete la economía a sus propósitos. La economía pierde sus propias leyes y se hace dirigidas. A medida que esta dirección va cumpliéndose, se transforma la economía de mercado, haciéndose economía de consumo, y el carácter y dimensiones de las necesidades son reguladas también por el poder central.

El análisis del ejemplo de las economías de Alemania e Italia, permite observar cómo en el Estado Totalitario esta dirección, una vez adoptada, adquiere cada vez mayor influencia y tiende a hacerse omnicomprensiva, tal como sucediera en Rusia desde un principio. A pesar de las grandes diferencias en los puntos de partida, los sistemas económicos totalitarios se acercan entre sí. Y en el estado alemán el poder determina, con el propósito de mantener y aumentar el poder, el carácter de la producción y de la acumulación. La economía y con ella los representantes de la acción económica se someten más o menos directamente al Estado, devienen sus servidores. La economía pierde la primacía que ejercía en la sociedad burguesa, lo que no quiere decir que no salga de los medios económicos, influencia considerable sobre el poder del Estado como en Rusia. Pero estos son los puntos límites, las premisas que, sin embargo, tiene un carácter decisivo para desentrañar el contenido de la política. La política está dada por el círculo estrecho de los que poseen el poder. Su interés, sus concepciones acerca de las necesidades de conservación, de aprovechamiento y ensanchamiento de su propio poder, determinan su política, a la cual ellos someten la economía, imponiendo sus leyes.

De aquí entonces que comienza a  aparecer en las ideas políticas concepciones sobre factores “subjetivos”, “irracionales”, “imprevistos”.

El creyente conoce solo la existencia del cielo y del infierno: el sectario marxista tan solo la clase burguesa y proletaria. En su cabeza no tiene lugar el pensamiento de que el poder del Estado contemporáneo, haciéndose autónomo, desarrolle su enorme fuerza según sus propias leyes, avasalle y coloque a su propio servicio -en un tiempo más o menos corto- la fuerza social. Por esto el carácter de la economía no define el sistema ruso ni al sistema del dominio totalitario en general. Por el contrario, esta economía está definida por la política formulada por el poder estatal y sometida a los fines de este poder. La economía da vida al poder en el Estado totalitario, pero él existe no para la economía, ni para el dominio de una clase económica, como el estado burgués. La analogía con el Estado totalitario más  bien debe encontrarse en la época del último imperio, del dominio pretoriano y su emperador.

Naturalmente, desde el punto de vista socialista, la economía del sistema bolchevique difícilmente puede llamarse socialista. Porque en nuestra concepción, el socialismo está indisolublemente unido a la democracia. Socializar los medios de producción debiera ser, en nuestra teoría, sacar del dominio de una sola clase la economía de un país, y entregarla a la administración democrática de la sociedad. Y nosotros mismos jamás imaginamos que la forma política “que dirige la economía”, que debiera sustituir a la producción capitalista del mercado libre, pudiera ser un absolutismo sin límites. La correlación entre la base económica y la superestructura política nos parecía completamente precisa. Justamente la sociedad socielista debía conducir a su completa realización democrática. Hasta los que entre nosotros consideraban inevitable un período transitorio de aplicación estricta del poder centralizado del Estado, consideraron este Estado solamente temporario, que tendría que concluir una vez aplastada la resistencia de los poseedores. Junto con las clases debería desaparecer el dominio de una clase que hemos considerado como la única forma de dominio público en general. “El Estado muere…”

Pero la historia, “la más grande marxista”, demostró otra cosa. Nos enseña que la posibilidad de dominar las cosas puede transformarse, a pesar de las esperanzas de Engels, en ilimitado dominio sobre el pueblo y de este modo llevar no solamente a la emancipación del Estado De la economía sino a la subordinación de la economía a los que poseen el poder del Estado. Una vez subordinada al Estado, la economía asegura la supervivencia de esta forma estatal. El hecho de que esta especie apareció en una situación que no se repetirá, creada ante todo por la guerra, no hace imposible el análisis marxista, pero debe traer cambios en nuestros conceptos demasiado simples y demasiado esquemáticos acerca de las relaciones entre la Economía y el Estado, entre la Economía y la Política, las cuales fueron concebidas en una época completamente diferente. La transformación del Estado en una fuerza independiente, dificulta extremadamente la caracterización económica de tal sociedad, en la cual la política -es decir el Estado. tiene un papel resolutivo.

Y por esto la discusión de si el sistema económico de la Unión Soviética es capitalista o socialista, me parece completamente sin objeto. No es ni una cosa ni otra. Representa la economía estatal totalitaria, que es el sistema hacia el cual se acercan cada vez más las economías de Alemania e Italia.


Fuente: Revista Praxis N°2. 1989.