Presentación del Dossier de Noviembre: A 200 años del nacimiento de Engels

Print Friendly, PDF & Email

Los doscientos años que se cumplen este mes del natalicio de Friedrich Engels es una conmemoración que no puede dejar indiferente a ningún socialista. Es también una ocasión excelente para volver a considerar los hitos de su pensamiento, más allá del mito o la alabanza sin contenido, y contribuir a la reconsideración de su enorme figura. 

Porque, es necesario decirlo, por un lado, Engels quedó sepultado por la versión soviética del marxismo, la cual inventó esa curiosa e incómoda aglomeración llamada marxismo-leninismo. De su pensamiento tomaba sólo unos fragmentos, algunos discutibles y otros muy ricos, y los convertía en una serie de tesis dogmáticas que conformaban una completa concepción del mundo, que resultaba agradable al paladar del orden imperante en la Unión Soviética. De ser parte de una teoría crítica de la vida social, el pensamiento de Engels era tomado como rehén y convertido en obligado colaborador de una cosmovisión de estado unipartidista.

En cierto modo, esta operación es el origen de la segunda desventura que atravesó el pensamiento de Engels: su condena por parte del “marxismo occidental”, por creer que se trataba del inventor del Diamat soviético. El “marxismo occidental”, ese marxismo de la derrota de la revolución europea posterior al Octubre ruso y autolimitado a interesantes cuestiones culturales pero que eludían los temas políticos, como lo caracterizó acertadamente un joven Perry Anderson, firmó gustosamente la condena de Engels, acusándolo de positivista.

Los últimos treinta años han permitido las condiciones para construir una mirada mucho más equilibrada de la figura de Engels, tanto en lo que refiere a su pensamiento teórico como a su papel en el movimiento revolucionario de su tiempo.

La mayor sensibilidad hacia el entorno natural, que hoy es parte del debate de nuestro tiempo, ha podido releer con una mirada nueva y más abierta los textos engelsianos que parecían estar más sujetos a un enfoque equivocadamente naturalista y positivista. Pero cuando leemos algunas intuiciones y certezas que Engels plasmó en esos textos no podemos dejar de reconocer la grandeza de su visión, hasta en lo más trágico de ésta. Por ejemplo: “…no nos dejemos llevar del entusiasmo ante nuestras victorias sobre la naturaleza. Después de cada uno de estas victorias, la naturaleza toma su venganza. Bien es verdad que las primeras consecuencias de estas victorias son previstas por nosotros, pero en segundo y tercer lugar aparecen unas consecuencias muy distintas, totalmente imprevistas y que, a menudo, anulan las primeras. Los hombres que en Mesopotamia, Grecia, Asia Menor y otras regiones talaban los bosques para obtener tierra de labor, ni siquiera podían imaginarse que, al eliminar con los bosques los centros de acumulación y reserva de humedad, estaban sentando las bases de la actual aridez de la tierra… Así, a cada paso, los hechos nos recuerdan que nuestro dominio sobre la naturaleza no se parece en nada al dominio de un conquistador sobre el pueblo conquistado, que es el dominio de alguien situado fuera de la naturaleza, sino que nosotros, por nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, pertenecemos a la naturaleza, nos encontramos en su seno y todo nuestro dominio sobre ella consiste en que, a diferencia de los demás seres, somos capaces de conocer sus leyes y de aplicarlas adecuadamente”. Si ubicamos en su justa dimensión el modesto ejemplo que da Engels en este texto, se hace necesario admitir que, en una sociedad sobreindustrializada y caracterizada por una innovación tecnológica constante como la del capitalismo tardío actual, estos males, originados en las respuestas del mundo natural, se han vistos multiplicados en su gravedad.

John Bellamy Foster, en su gran trabajo La ecología de Marx, consiguió realizar un juicio equilibrado sobre una obra inconclusa de Engels como la Dialéctica de la naturaleza, en la que encontró interesante material empírico y una alternancia, que perjudicó al conjunto de la obra, entre un argumento de índole ontológico, en la que la dialéctica es una propiedad de la naturaleza y, un ejercicio crítico bastante más interesante, en el que cierto razonamiento dialéctico es un recurso heurístico necesario para abordar cuestiones respecto a la naturaleza. Además de este autor, no se puede dejar de mencionar la obra de Richard Lewontin y Richard Levins, defensores explícitos de las intuiciones engelsianas así como del interés creciente que las cuestiones del medio ambiente fueron ganando espacio en la tradición teórica de la que procede el mismo Bellamy Foster, la de la Monthly Review, especialmente en los trabajos de Paul Sweezy.

Pero no pretendemos reducir el interés de los trabajos de Engels a su faceta de reflexión en torno a la naturaleza y su relación de unidad contradictoria con la teoría socialista. En lo que refiere a sus formulaciones de orden general, Engels fue un gran teórico, propiciador de síntesis de alto nivel, que servían para dar respuestas y, al mismo tiempo, dejar preguntas abiertas para los tiempos por venir. El Antidühring es una verdadera caja de herramientas para que la militancia socialista contemporánea pueda hallar preguntas y respuestas para actuar. Un revolucionario tan iconoclasta como Daniel Bensaid solía lamentar que no tuviéramos un texto con la amplitud de miras y la riqueza del Antidühring. También en trabajos acotados a temas puntuales, como su escrito sobre la vivienda, se pueden encontrar reflexiones de primer nivel y, sobre todo, una actitud seria y decidida ante el trabajo teórico.

Marx y Engels fueron un equipo. Las almas gemelas son milagros que sólo existen en las novelas románticas malas. No existen dos personas que piensen exactamente igual. En ese equipo, Marx tuvo a su cargo las partes más densas de la construcción teórica común. Fue, como dice un amigo nuestro, el primer violín. Pero un primer violín con capacidad extraordinaria para abrir problemas que después le costaba muchísimo trabajo cerrar. Engels, contrariamente, tuvo una gran capacidad para las síntesis teóricas y para cerrar los problemas. También, y esto lo ha marcado –con varias pruebas textuales- un estudioso de la seriedad de Manuel Sacristán; Engels pudo mantenerse más enterado del desarrollo de las ciencias de su época y colaboró en corregir ideas falsas que podían conducir a su amigo hacia callejones sin salida. Una de las deudas que la cultura humana mantiene con Engels es su constancia para perseverar en la edición de los libros segundo y tercero de El Capital. Él era la única persona que descifraba la intrincada escritura de Marx y podía convertir en legible alemán corriente una frase que Marx había escrito en tres o cuatro idiomas simultáneamente. Hay que decir que Engels sacrificó parte de lo que pensaba hacer de su propia obra en beneficio de la redacción de El Capital. Si bien su redacción ha sido criticada por estudiosos serios como Maximilien Rubel, se debe señalar que marxistas actuales  destacadísmos como Fred Moseley han rescatado el trabajo de Engels como muy correcto en la mayor parte de las decisiones que tomó. 

En las biografías se suele mencionar la paradójica procedencia social de Engels en relación a su militancia obrera y socialista. Engels era hijo de un hombre de negocios y se trasladó a Manchester, en los inicios de sus veinte años para aprender a dirigir una fábrica textil de la que su padre era uno de los propietarios. Desde el principio se preocupó por las condiciones de vida de sus trabajadores, y su primer libro La situación de la clase obrera en Inglaterra, publicado en 1844, fue uno de los diversos estudios que llevaron al Parlamento británico a aprobar las primeras leyes que regularon la sanidad, la luz y la ventilación y limitaron la explotación de mujeres y niños en las fábricas británicas. Esta obra también ha sido revalorada en las últimas décadas. Sin ir más lejos, se acuerde o no con su pensamiento, el Althusser de los últimos escritos colocó a este obra como punto de inicio de un marxismo verdaderamente materialista. Otros autores como Jacques Texier han rescatado aspectos olvidados del pensamiento político de Engels, su interés por la cuestión democrática y de la democracia en general en el marco de una teoría de largo alcance sobre la cuestión del estado y de la revolución social;  sin dejar de considerar la amplia variedad de compromisos de clase a que lleva la lucha de clases cuando entra en reflujo o su análisis minucioso de las diferentes clases de regímenes y estados capitalistas.

A título tentativo podríamos agregar otra línea de análisis, sin duda existente pero menos transitada: el Engels de las rebeliones de masas. El texto de referencia es, evidentemente, Las guerras campesinas en Alemania pero podemos encontrar muchísimo material de reflexión en todos sus textos políticos. En esa obra maestra que es el texto sobre la rebelión campesina en la Alemania feudal y en el proceso de la Reforma. Engels analiza y hace intervenir múltiples elementos allí. Por ejemplo, lo que se ha llamado las recurrentes invariantes comunistas de las grandes rebeliones plebeyas, los diversos grados de cohesión y disociación de las distintas clases y fuerzas sociales, la proyección ideológica de futuro que se puede hallar en la acción presente. Temas que, en su totalidad, son de amplio interés para cualquier lector interesado en la historia social y en la dinámica real de las acciones de masas.

Queremos agradecer a todos los que colaboraron en el dossier, especialmente a Nicolás González Varela por facilitarnos las imágenes que ilustran el número y, aun más importante, el texto inédito de Engels en español de su nuevo libro «Engels antes de Marx». Lo cual no hace más que coronar un gran esfuerzo colectivo en este homenaje que realizamos al gran socialista alemán.

Sin más, les presentamos los textos que integran este número:

– Friedrich Engels [Traducción inédita al español]: Las crisis internas .

– Carta de Engels a Marx, febrero de 1851.

– Manuel Sacristán: La tarea de Engels en el Anti-Dühring

– Guerra y Revolución: Friedrich Engels como pensador militar y político, de Paul Blackledge.

– Fernando Claudín: “La tarea de Engels en el Anti-Dühring” y nuestra tarea hoy.

– Friedrich Engels: Proteccionismo y Librecambio.

– Capítulo de «Engels antropólogo (O un abordaje materialista de la evolución humana)», de Roberto Sáenz.

– Rodolfo Mondolfo: El materialismo histórico en F. Engels (extracto).

Y además:

– Federico Delgado: La trampa del corporativismo anárquico.

– La doctrina de la deuda odiosa y el chanterío intelectual, de Alejandro Olmos Gaona.