La Coordinadora de Hinchas, un movimiento de lucha y un concepto

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Por David Kreimer

Durante los 4 años de mandato de Mauricio Macri casi que no quedó grupo social o actividad productiva que no se viera perjudicada por las políticas de ajuste y de tinte neoliberal que llevó a cabo. Recortes en salud, educación y jubilaciones, ejemplos paradigmáticos del obrar de un gobierno, fueron noticia cada semana. La deuda externa aumentó a niveles exorbitantes mientras que la inversión, el consumo y el valor de nuestra moneda se desplomaron. 

Dentro de este paisaje de crisis, el fútbol argentino no fue la excepción y fueron muchos los intentos (algunos fallidos, otros exitosos) para torcer el rumbo de la histórica tradición social y popular de los clubes que lo conforman. En este contexto es donde hay que destacar el trabajo de la Coordinadora de Hinchas, un grupo que merece ser objeto de estudio en tanto colectivo de acción política y en tanto, a la vez, representa un concepto sui generis y muy interesante.

El modelo social de los clubes

Antes de describir la génesis y el programa de trabajo de este espacio es necesario remarcar las condiciones que hacen único al fútbol en estas latitudes. Si bien Argentina es reconocida mundialmente por la pasión, el fervor y la originalidad aplicada al aliento de sus hinchas, hay otro factor menos marketinero que le da una impronta singular: es uno de los pocos países en donde todos los clubes son propiedad exclusiva de sus socios y socias, bajo la figura de asociación civil sin fines de lucro, en contraposición a las sociedades anónimas deportivas (SAD) en las que grupos empresarios o individuos de forma privada manejan los destinos de las instituciones como propietarios.

En un modelo los socios son los dueños de la institución y tienen determinados derechos como votar en elecciones democráticas para elegir a sus dirigentes. Del otro lado, en una sociedad anónima, los hinchas se convierten en meros clientes, abonados, espectadores tan ajenos al club como lo son con una obra de teatro para la cual compran una entrada. Y si tienen suerte, quienes toman las decisiones son familias ligadas históricamente al club, quienes respetan sus tradiciones… pero en la mayoría de los casos terminan siendo adquiridos por grupos empresarios, posiblemente de origen asiático, que utilizan esa inversión para hacer un negocio o como un juguete, sin tomar verdadera dimensión de la importancia que tiene ese juguete para las comunidades que lo albergan. Cambios de escudos, de colores, de estadios y pérdida total de la identidad son moneda corriente en muchos países europeos y latinoamericanos a causa de este modelo de gestión privatizador. Esto no es menor. El fútbol y por ende los clubes, con su historia y sus símbolos, fueron y son muy importantes en la formación de las identidades nacionales, regionales y hasta barriales.

Entre las diferencias sustanciales que presentan estos dos modelos de gestión, quizás la más importante, y la que realmente destaca a los clubes de nuestro país, es que cumplen un rol social fundamental. En Argentina, los clubes llegan ahí donde el Estado fue históricamente incapaz de llegar. A diferencia de Europa, donde el estado fue y es el motor del desarrollo deportivo de sus ciudadanos, son aquí los clubes los que a pulmón impulsan estas actividades.
Y no solamente se dedican al fútbol profesional, sino que en sus sedes albergan una cantidad enorme de disciplinas recreativas, deportivas, culturales y sociales, constituyendo verdaderos centros de esparcimiento para las comunidades barriales, en muchos casos postergadas. Estas actividades pueden ser deficitarias y definitivamente no generan ingresos, pero desarrollan un capital social insustituible. A pesar de la enorme brecha de funciones y posibilidades que existen entre las instituciones, desde los clubes de Primera División super-profesionalizados en cuanto a su administración hasta los “clubes de barrio” con una cancha de baldosas que sirve para practicar varios deportes, encontramos presente este propósito. La frase “un pibe más en el club, un pibe menos en la calle” resume bastante bien la idea de este rol social fundamental.

La Coordinadora de Hinchas como espacio de acción política

En sus primeros meses de gobierno, el ahora ex presidente Mauricio Macri empezó hacer lobby en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y en el Congreso para permitir la entrada de los capitales privados al fútbol argentino. No era la primera vez que este personaje se proponía esta misión. Ya lo había intentado en 1995 cuando era mandamás de Boca Juniors y perdió en una votación por unanimidad. Esta vez, con más poder, el camino parecía más allanado para que pueda agregar al fútbol al listado de áreas en las que podía favorecer a los grandes grupos económicos. El fin del Fútbol Para Todos y la privatización de los partidos con el nuevo “pack de fútbol” fue la primera de muchas herramientas de presión hacia los clubes mediante las negociaciones de derechos de televisación. Luego, la amenaza de la eliminación del Decreto 1212 y los “tarifazos” que afectaron a los clubes (principalmente a los de ascenso y a los de barrio) agigantaron la amenaza de este fantasma.

En ese contexto se formó la Coordinadora de Hinchas. Con socios de Argentinos Juniors, Atlanta, Gimnasia de La Plata y Boca Juniors a quienes muy rápidamente se sumaron hinchas y socios de una enorme cantidad de instituciones de todas las categorías y de muchas provincias. La preocupación era compartida: el peligro que representaba el posible desembarco de las Sociedades Anónimas Deportivas.

Al respecto, la organización afirmó en su primer comunicado público:

“A partir de esta problemática se forma la Coordinadora de Hinchas, personas que decidimos organizarnos porque amamos a nuestros clubes y estamos dispuestos a defenderlos. A defender no sólo su fútbol, sino también cada disciplina deportiva, cultural y social que en ellos se desarrollen. Por eso, esto no es una cuestión de un club en particular o de una institución, esto es un problema social.

Esta Coordinadora nace desde el espíritu colectivo que busca alejar a las garras empresariales de nuestra pasión, esa que forma parte de nuestro día a día, la que heredamos de nuestros viejos, las que nos regaló nuestro barrio, esa por la que tantas veces reímos o lloramos. Somos socios, socias e hinchas que hacemos vida en los clubes y de esos colores nuestra vida. No dejemos que nos roben lo que más amamos”.

Desde un primer momento el objetivo de la Coordinadora fue construir un espacio de representación de los hinchas, considerando que son los que hacen especial al fútbol, los que mueven el negocio con la compra de camisetas, entradas, cuotas sociales y consumiendo los programas de televisión y radio, y sin embargo no son consultados en ninguna toma de decisiones. Los hinchas deberían ser un actor más en la gran mesa del fútbol argentino, a la par de las dirigencias de los clubes, la AFA, el Gobierno y las grandes empresas, para que sus derechos no se vean vulnerados.

Con esta idea y con un primer objetivo claro comenzó la acción política, estableciendo relaciones políticas en los distintos organismos y denunciando el peligro de lo que se avecinaba en todas las canchas del fútbol argentino. Se organizaron plenarios en distintos lugares para adoptar ciertos lineamientos generales, se desarrollaron reuniones informativas en distintas provincias para que el reclamo sea lo más federal posible, se recurrieron a diversos medios de prensa (primero se llegaron a medios barriales y/o con perspectiva social y luego se llegó a algunos medios de difusión nacional) para poner el grito en el cielo y se repartieron volantes en casi todas las canchas del país para alertar sobre los peligros de las SAD.

En el transcurso de esta lucha, este espacio también promovió un boicot a Fox y Turner, las empresas que se quedaron con los derechos de televisación del fútbol tras la finalización del Fútbol Para Todos. En distintos clubes y sedes de agrupaciones se proyectaron los encuentros de forma totalmente gratuita, haciéndole frente al negocio de unos pocos y generando espacios comunitarios.

Otro aspecto fundamental del trabajo político de la Coordinadora de Hinchas es en relación a las cuestiones de género en el fútbol. Desde la violencia machista en las canciones de cancha que hay que erradicar hasta el rol minoritario (o nulo) que tienen las mujeres en los ámbitos institucionales de los clubes, la Comisión de Género de este movimiento se encarga de denunciar lo que es necesario denunciar y participar en una gran cantidad de charlas abiertas en distintas instituciones y organizaciones, entendiendo que ningún movimiento que busca una ampliación de derechos puede estar desligado de la lucha feminista.

Los resultados de la lucha política de la Coordinadora de Hinchas fueron más que positivos, logrando no solo frenar la propuesta para convertir a las instituciones deportivas argentinas en Sociedades Anónimas sino también siendo invitada a participar de debates en el Congreso y a entrevistas en la TV Pública. El camino de representación de los hinchas es largo, pero ya comenzó.

La Coordinadora de Hinchas como un concepto

Así como las actividades que realiza pretenden intervenir en la realidad torciendo el rumbo de algunas decisiones anti-populares y dándole a los consumidores del fútbol un poder que todavía no tienen, la Coordinadora de Hinchas también opera sobre la subjetividad siendo un concepto, demostrando algo que parece obvio pero que nos hicieron olvidar: el fútbol es de los hinchas y los hinchas son lo más sano (o lo único sano) que tiene este deporte.

No importa dónde sean, en las reuniones de este grupo todos van con sus camisetas y comparten los espacios. Ese acto tan simple termina siendo revolucionario cuando los programas de televisión, los dirigentes y hasta los mismos jugadores hacen parecer que el rival es un enemigo al que hay que aplastar, eliminar. Contra esa corriente, la Coordinadora trae otro paradigma, donde se puede convivir y trabajar en conjunto, donde queda claro que la violencia es generada por otros sectores y por conveniencia de algunos bolsillos, donde se recuerda en cada evento que los hinchas son lo más sano de este deporte.

La Coordinadora de Hinchas nos viene a enseñar que la frase “somos rivales, no enemigos” se queda corta: además de rivales, podemos y debemos ser compañeros. Es la única forma de frenar a aquellos que solo son aficionados del dinero y que nunca se van a abrazar con alguien en un grito de gol.