Entrevista a Carla Morasso: «Con el actual gobierno la cuestión Malvinas no perdió relevancia, pero sí el tono»

Se ha vuelto recurrente en la discusión política los cambios estructurales que están sucediendo en términos geopolíticos. Sus ramificaciones, sus consecuencias finales, sus vinculaciones con la tecnología, la energía y los recursos naturales son algunos de los puntos más álgidos del debate. 

Si se repite la contundente victoria de Alberto Fernández en las últimas elecciones primarias el próximo 27 de octubre, es de suponer que las relaciones internacionales del nuevo gobierno argentino se re-encausarían en un sentido ya planteado por el kirchnerismo. 

La intención el presente material es ofrecer un análisis, en clave geopolítica, de la cuestión Malvinas y de la región del Atlántico Sur teniendo presente los acontecimientos mencionados. 

Nuestro colaborador de Sociedad Futura, Conrado Cardile, licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario (UNR), entrevistó especialmente a la Dra. Carla Morasso para hablar de estos temas. 

Carla Morasso es doctora en Relaciones Internacionales por la UNR, donde actualmente se desempeña como docente de grado y posgrado. También es coordinadora del Programa de Estudios África-América Latina  (PEALA) y del Programa de Relaciones y Cooperación Sur-Sur, ambos de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales (UNR), así como del Grupo de Estudios sobre Malvinas.

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Para introducirnos en el tema, podrías comentarnos ¿Cuál es la situación geopolítica actual del Atlántico Sur?

En el nuevo siglo, son diferentes las voces de académicos y especialistas que indican que pasamos de un siglo con el eje en el océano Atlántico a una nueva era que tiene el eje en el Pacífico. En la actualidad, las principales vías de comercio marítimo, las principales vías de intercambio de bienes, y tanto de bienes manufacturados como de materias primas. En particular, energía, pasan a través del Pacífico y el océano Índico. Y el océano Atlántico ha quedado, desde esta perspectiva, relegado en cuanto al intercambio de bienes. Esto es en lo que hace a la esfera comercial.
Si nos referimos a la presencia de grandes potencias con intereses marítimos lo que observamos es que, mientras China ha aumentado, su presencia, sobre todo en el Mar de China, en el Pacífico y en el Índico, aún no se ha extendido al Atlántico. El Atlántico Sur aún es un espacio en donde hay una presencia hegemónica de occidente. Desde el siglo pasado sus rutas marítimas pueden estar controladas por Gran Bretaña y por la presencia de Estados Unidos. De hecho, en 2008, Estados Unidos reactivó la quinta flota en la región del Atlántico Sur. Lo cual indica que están marcando su espacio contiguo, el lugar que les interesa. Y este interés que se ha renovado tiene que ver con un nuevo tablero geopolítico en donde el Atlántico Sur va a ser, de cara al futuro, importante no solo como vía de conexión entre los océanos Atlántico y el Índico, y por el sur del continente entre el Atlántico y el Pacífico un paso importantísimo hacia la Antártida. En este sentido, sabemos que los recursos minerales y biológicos que se encuentran en la Antártida van a ser objeto de disputa de cara a la cuarta revolución industrial que requiere de nuevos minerales diferentes a los que veníamos utilizando y también de materias primas energéticas. Que se haya descubierto petróleo en Brasil hace que el Atlántico Sur vuelva a tener relevancia y que no sepamos exactamente y que no haya todavía demasiados cálculos la cantidad de petróleo hay en, por ejemplo, el lecho marino de las Islas Malvinas hacen que haya una expectativa sobre quién va a explotar esos recursos naturales.
En síntesis, lo que podemos decir es que hoy por hoy el Atlántico Sur no es un espacio de disputa, aún en el tablero geopolítico mundial, pero con miras a futuro se puede tornar un espacio central. Por eso, los países latinoamericanos debemos tener una mirada reflexiva y crítica sobre qué políticas a desarrollar para poder cubrir nuestros intereses, para poder resguardar nuestros intereses frente a potencias extrarregionales.

¿Desde tu perspectiva qué impacto generó el hundimiento del submarino Ara San Juan? Pienso en sus consecuencias para nuestra política de defensa sobre Malvinas, por ejemplo. 

Desde 1983, con el retorno de la democracia, la desmilitarización y la desarticulación de las fuerzas armadas, en cuanto a su potencial para intervenir en asuntos domésticos, implicó que haya, sobre todo durante el período menemista, una baja en las inversiones hacia los materiales bélicos, de defensa. Ese impacto en el presupuesto de la defensa terminó con un corolario del hundimiento del ARA San Juan. Si bien, los resultados últimos de la causa de su hundimiento no están claros, creo que lo que refleja es, en cierta manera, este impacto de la falta de inversión en poder militar de Argentina. El Ara San Juan había sido refaccionado, puesto a flote, con lo cual no podemos echarle la culpa, simplemente, a que no tenía mantenimiento, no tenía inversión. Las causas no están claras, pero sí creo que lo que se puede describir a nivel general es que Argentina no tiene un potencial bélico importante, ni modernizado, que hoy pueda estar patrullando o que pueda estar defendiendo los intereses nacionales en el Atlántico Sur.

En los gobiernos kirchneristas hubo varias iniciativas que fueron abordadas desde múltiples perspectivas. No sólo desde el campo militar, como fue el proyecto de Pampa Sur, pero que fueron, en cierta manera, perdiendo importancia con los gobiernos macristas y, en este sentido, la falta de embarcaciones y barcos para patrullar es un indicador muy claro de que Argentina está con ciertas debilidades en todos sus componentes; en lo que se refiere también, por ejemplo, a la explotación ilegal de los recursos naturales ictícolas. Esto no sólo en lo que se refiere a las posibles ofensivas militares de otros países. 

Sin embargo, creo que es un dato que debemos tener en cuenta al momento de mirar la política de seguridad internacional global que tiene Gran Bretaña que, desde 2015, ha estado aumentando el presupuesto y las capacidades militares de las bases militares que están en Malvinas, en tanto Argentina no es un potencial oponente ni una amenaza militar. Entonces la lectura que podemos hacer es que ese aumento de inversión británica que sí es una amenaza para la estabilidad y seguridad del Atlántico Sur, y sobre todo para los intereses argentinos, no son en respuesta a una ofensiva militar argentina ni a un posible ataque argentino, sino que tiene que ver con intereses globales e intereses de la OTAN que no responden a una amenaza argentina.

La siguiente pregunta sería ¿Cómo situarías a Malvinas dentro de lo que es nuestra inserción en el mundo, nuestra situación geopolítica?

Desde mi perspectiva la cuestión Malvinas es un elemento central en la política exterior argentina desde el momento de su consolidación como Estado Nación, ha pasado por diferentes etapas y ha sido fundamental al momento de pensar la inserción de Argentina en el mundo desde la ocupación británica en 1883. Hubo diferentes puntos en los cuales la cuestión Malvinas marcó un parte aguas en nuestra política de inserción. Uno de ellos fue con la resolución de Naciones Unidas en 1965 y la declaración de la cuestión Malvinas como una cuestión colonial, y después el hito de lo que fue el conflicto armado de 1982, Malvinas pasó a ser prioridad en la agenda exterior argentina con diferentes matices. Ya sea con momentos de malvinización muy fuertes y con un discurso marcado de soberanía reclamada o teniendo en cuenta sobre todo el derecho internacional y las organizaciones multilaterales, como también hacia una perspectiva que tiene más que ver con la cuestión Malvinas como punto de intercambio con cuestiones económicas, en misiones de inserción internacional más neoliberales, si se quiere, pero siempre ha sido una cuestión esencial para pensar la política exterior argentina y para hacer lectura de los diferentes modelos de política exterior y de inserción internacional que tuvo Argentina desde el regreso de la democracia. Es una temática que marca si la proyección de los gobiernos argentinos tiene una tendencia autonomista o si, por el contrario, tiene una tendencia más neo-dependentistas. Aquellas visiones autonomistas de política exterior que podemos vincularlas a alfonsinismo, al kirchnerismo, plantean el reclamo soberano sobre Malvinas a través de medios pacíficos, del diálogo, la búsqueda de consensos multilaterales y, sobre todo, un fuerte reclamo hacia el gobierno británico. Mientras que aquellas políticas exteriores de cara neo-dependentistas, como la de los años ´90 y las de los últimos años, con el gobierno de Mauricio Macri, tienden más a someter la cuestión Malvinas a un diálogo con Gran Bretaña a cambio de intereses, de poder obtener beneficios en función de intereses económicos, y de bajar el nivel del reclamo y el nivel de la presión internacional, considerando que de esta manera va a lograr un mejor vínculo con la metrópoli.

La siguiente pregunta es relativa al ámbito académico. ¿Por qué pensas que durante tanto tiempo la cuestión Malvinas fue relegada en la mayoría de los estudios, a pesar de los trabajos que vino desarrollando con distintos profesionales, siendo que es un conflicto bélico que marcó a la Argentina?

Si tomamos a la cuestión Malvinas desde la perspectiva de los diferentes trabajos académicos, según la disciplina, tuvo tratamientos diversos y en algunos aspectos mayor atención que otros. Por ejemplo, desde el derecho internacional público fueron numerosos los estudios que trabajaron la cuestión Malvinas. Tal vez si uno piensa esta idea de un posible relegamiento, si nos referimos sobre todo a la Guerra de Malvinas, tras la guerra y con el impacto social y con lo que significó la guerra para dar por tierra las perspectivas de perpetuarse en el poder de la Junta Militar, en los años siguientes aquellos estudios vinculados a la geo-estrategia y a la geopolítica en torno a la guerra de Malvinas eran vistos de una manera un tanto negativa. No se discutían estos aspectos, y sí se discutían, en el ámbito académico, el tratamiento de la cuestión de repensar la inserción internacional diferente de Argentina, vinculada a la democracia y los derechos humanos.

En ese aspecto yo creo que los trabajos que surgieron tras las guerra de Malvinas sobre esta cuestión, tal vez quedaron un poco encapsulados y vinculados, sobre todo a lo que tiene que ver con aquellos centros de estudios y especialistas que trabajan desde la perspectiva geoestratégica y desde la perspectiva militar, teniendo en cuenta también que, en esos años, la geopolítica no era muy bien vista. La geopolítica después de la Segunda Guerra Mundial fue pensada como disciplina, tuvo cierta estigmatización porque estuvo muy vinculada a los militares alemanes y a las escuelas de pensamiento expansionistas, y creo que fueron varios puntos que incidieron para que no trabajáramos la cuestión desde esta perspectiva entre los ´80 y los ´90. No obstante, desde este punto de vista, la idea de trabajar geopolíticamente Malvinas ha resurgido en el siglo XXI. No hay tanto prurito en trabajarlo, cuando empezamos a considerar la geopolítica de los recursos naturales y la geoestrategia, en función de los nuevos poderes emergentes en el mundo, la cuestión del petróleo, de la pesca, aquellas temáticas de explotación de los recursos naturales, tanto vivo como del subsuelo lecho marítimo, hacen que hoy hablar de geopolítica en el Atlántico Sur y Malvinas tenga otra connotación y otra perspectiva pero que tiene que ver con el cambio en general en las ciencias sociales y hacia la geopolítica. 

Más allá de esto rescato que, como dije al principio, hay muchos estudios y también en lo que refiere a la disciplina de las relaciones internaciones. No podemos dejar de mencionar que, por ejemplo, en Rosario, en la UNR, hubo una producción muy importante, muy relevante, para estudiar la cuestión Malvinas, desde la Escuela de Relaciones Internacionales rosarina desde la época de Puig desde los años setenta y principios de los ochenta, pasando por algunos otros académicos como Bruno Bologna, que dejaron su marca, y que hoy también hacen que haya nuevos grupos de estudios o personas más jóvenes que se están insertando en la academia o que tienen un trayecto nuevo con grupos de estudio o investigadores que están trabajando el tema desde una perspectiva federal y no solamente los centros de estudio tradicionales. Por eso, en este sentido, podemos estar dando un paso hacia adelante en trabajar desde la academia la cuestión Malvinas y que, tal vez, lo que nos está faltando en este momento es una difusión más amplia hacia la sociedad. Si hoy nosotros hablamos con la sociedad en general, ya sea con chicos que estén en la escuela primaria o secundaria, o con estudiantes universitarios, o un vecino, sobre Malvinas, la memoria viene siempre a pensar en la guerra. Y hoy Malvinas la tenemos que pensar en clave de cómo se inserta Argentina en el mundo en el siglo XXI, no dejando atrás la cuestión de la memoria y la importancia que tuvo Malvinas y lo que significó. Y por respeto a los que perdieron la vida en esa guerra, y lo que significó a nivel social y político, pero también pensar que Malvinas es la actualidad argentina y que no podemos tener una construcción de un futuro, de una política exterior argentina, sin pensar en Malvinas en clave contemporánea y de cara a qué recursos nos puede brindar y cómo nos podemos parar para tener un país que realmente sea soberano y que no tenga en el siglo XXI, aún, una cuestión colonial pendiente. 

En sintonía con la pregunta anterior ¿En los últimos años se vio un fenómeno de resurgimiento en la opinión pública de interés por Malvinas?

Si tomamos los últimos 15 años, hubo un renovado interés en Malvinas, en  lo que significa, y tuvo una impronta muy importante en las políticas de gobierno. Cuando el discurso gubernamental, el discurso oficial, plantea fuerte sus reclamos y los lleva a los foros regionales e internacionales, llama la atención a la comunidad internacional pero también a sus propios ciudadanos.

Sobre la relevancia de la militarización del Atlántico Sur y de lo que significa tener una base militar extranjera en nuestro propio territorio, es un aliciente para que la sociedad abra los ojos y comience a repensar estas cuestiones. En este sentido, hubo una etapa donde esto sucedió y que fue también una política de estado llevar adelante acciones que elevaran en la agenda política doméstica tanto como en la internacional.

La creación de una secretaría, y la promoción de proyectos de investigación en estas líneas, de investigar diferentes aspectos, con un enfoque multidisciplinario, sin lugar a dudas puso nuevamente en la agenda  este tema y esto tuvo un impacto en la sociedad. Hubo un despertar de esto. Sin embargo, hubo un cambio muy fuerte en la matriz de la jurisprudencia, modelo que comenzó a desarrollar el gobierno que ahora está finalizando, hubo un quiebre. La cuestión Malvinas no perdió relevancia, pero sí el tono. Todo aquello que se habían propuesto los gobiernos anteriores en cierta manera encontraron su contra-respuesta, en lo que fue uno de los primeros actos importantes de la política exterior del gobierno de Mauricio Macri, con la firma del acuerdo Foradori-Duncan, donde se plantea una serie de pasos a seguir que se fueron cumpliendo.

Encontramos un quiebre, una vuelta atrás, con las políticas que se habían desarrollado hasta ese momento, a excepción de la cuestión humanitaria que fue una política que comenzó con el gobierno de Cristina Kirchner. Esta política humanitaria tuvo que ver con el reconocimiento de los cuerpos de los soldados que no tenían nombre y que estaban enterrados en el cementerio de Darwin, fue una política que se continuó.

No obstante, todo lo que tiene que ver con los acuerdos de pesca se fue hacia atrás y con una cierta no-acción hacia una activa presencia de la embajada británica promocionando el diálogo con los malvinenses, el restablecimiento de los vuelos hacia Malvinas. Fueron cuestiones que cambiaron muy rápido y que fueron muy importantes, pero que en la sociedad no tuvieron la llegada necesaria para darnos cuenta de lo que estaba sucediendo. Fueron cambios muy rápidos y que claramente van en contra de esta política más activa de reclamo sobre Malvinas.