Carlos Ábalo: China y el Nuevo orden mundial

Por Carlos Ábalo*

Sociedad Futura publica la transcripción de una conferencia de Carlos Abalo [dictada en la sede de la Mutual El Magisterio en el invierno porteño de 2019] sobre el papel de China en la economía mundial, que sucede en el marco de la proximidad cada vez mayor de la cuarta revolución industrial y una aguda competencia geopolítica del gigante asiático con el imperialismo norteamericano. 

Abalo explica con mucha precisión cuáles son los ejes de esas enormes transformaciones productivas -“revoluciones en el valor” en términos de Marx-, las cuales tendrán un impacto difícil de predecir en lo social y en el mundo de los trabajadores. El lector también podrá apreciar una serie de reflexiones fragmentarias pero muy sugerentes en torno al futuro del capitalismo y la renovación de los planteos que fundamentan el socialismo.
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La tremenda evolución económica de China la llevó a la disputa con los Estados Unidos, pero es una situación distinta a la que tenía hace 10 años. Está en un escalón distinto, porque EEUU teme que se le arrebate la prioridad en la economía mundial y esto coloca a China en un situación difícil. 

¿Por qué? Primeramente porque una disputa de esa naturaleza es un disputa que lleva virtualmente a una guerra. Guerra como nosotros la pensamos, es muy difícil que pueda haber, porque no queda nadie (vivo). Por lo tanto la guerra es esto que estamos viendo, que se llama “comercial”: es una guerra por el liderazgo en la “revolución industrial” que se avecina, que está a la vuelta de la esquina. 

Y esta revolución industrial, así como la primera Revolución Industrial creó la clase obrera y todas las luchas que vinieron después por intentar elevar el nivel de vida, crea “el fin del trabajo”, ya que los robots se ocuparán de la mayoría de las tareas. Esto es una realidad que se va a empezar a ver muy claro. 

Es más, en el (año) 2049 se van a cumplir (los primeros) 100 años de la Revolución China, y China se propuso llegar al 2049 liderando la economía mundial. Esta es la amenaza ante la cual se planta (el presidente de los EEUU Donald) Trump. Y esta revolución industrial ha pasado por mucho tiempo desapercibida; sobre todo fue desapercibida para la Unión Soviética. ¿Por qué? Porque el prólogo de esta cuarta revolución industrial fue la tercera revolución industrial, que no tuvo nada de industrial. 

La “Tercera Revolución Industrial” fue la electrónica, y todos sus nuevos “bienes” fueron de este tipo. Cuando aparecieron no parecían tener tanto que ver con la producción, sino con el consumo. Y la URSS, un poco porque no pudo, pero otro poco porque no le dió la importancia que tenía, la dejó de lado, y perdió la “Guerra de las Galaxias”. Porque para tener la guerra en el espacio hay que manejarla con instrumentos de este tipo. Esta fue la tercera revolución industrial. 

Y ahora la cuarta (revolución industrial) consiste en aplicarla a los robots, y que estos hagan todo, o por lo menos una gran parte. Pero esto plantea una cuestión, plantea una “revolución social” prácticamente, tema que en Argentina nadie discute, pero que yo siempre tuve interés en desarrollar. Nos plantea que hay que pensar el socialismo desde otro lado, porque la producción va a ser posible con una gran productividad; por lo que vamos a tener que pelear no es el trabajo y la remuneración del trabajo sino en la participación de la “renta” que va a dejar esa enorme productividad. Pero es todo un problema para el socialismo: si todas las fuerzas socialistas, sobre todo el trotskismo, siguen pensando que la revolución pasa por la clase obrera de la primera revolución industrial, no puede tener una respuesta frente a esto. 

Entonces lo que voy a tratar de hacer en esta oportunidad es darles una visión de conjunto. 

En 1949 la Revolución China, dirigida por el Partido Comunista, no pudo llevar a cabo una revolución obrera, porque la mayoría de la población china era campesina. Fue la población campesina, en realidad, la que terminó imponiendo el “modo de ser” del Partido Comunista, aunque se apoyó en la clase obrera para hacerlo. Y esa revolución consiguió algo muy importante, que es recuperar el territorio de China unificado, expulsar a Chiang Kai Sek del territorio, y establecer un país que había sido invadido permanentemente,y que desde entonces dejó de serlo.

No obstante, pensemos lo siguiente: de los 1300 millones de habitantes hace 40 años, aproximadamente, el 80 por ciento eran campesinos. Darle una respuesta socialista a un país campesino era en ese entonces casi imposible. Entonces Deng Xiaoping, después de la muerte de Mao, estableció la primera gran reforma. Consistió en copiar el desarrollo industrial de Estados Unidos puesto que sin él no había posibilidad de crecimiento. No había posibilidad de dar respuesta a una población creciente que hoy llega a los 1300 millones. Ese proceso se cumplió de una manera que ningún país había logrado en la historia, y llegó al punto de su culminación. Y el punto de culminación implica que sólo puede superarlo si entra en esa cuarta revolución industrial de la que hablábamos.

Es decir, China hizo la primera, la segunda y la tercera revolución industrial. La primera llevó a Gran Bretaña aproximadamente 70 años. La segunda fue liderada por EEUU y Alemania, y tuvo por eje al petróleo, porque la energía es la que mueve la industria y se necesitaba energía disponible barata y abundante para que la industria pudiera escalar en productividad. La segunda revolución industrial, llevó otros 70 años. Yy la tercera, la de la electrónica que mencionábamos, ya lleva 50 años.

Algo notable es que durante el brevísimo tercer gobierno de Perón luego de su vuelta, el ministro de economía fue (José Ber) Gelbard. En ese entonces, la Argentina tenía un desarrollo importante de la electrónica; incluso los japoneses venían a ver la electrónica argentina, pero la (última) dictadura militar la suprimió. 

Volviendo a lo anterior, China resolvió las tres revoluciones en 60 años, proceso que a las demás potencias les llevó dos siglos. Lo sorprendente es que lo logró con un producto bruto per cápita que actualmente es de 10 mil dólares, mucho más pequeño si se lo compara con el de EEUU que es de 60 mil. Si bien ostenta el segundo Producto Bruto mundial, el de EEUU está en el orden de los 21 billones, dentro de un PBI global que está cerca de los 80 billones. 

La cuarta revolución industrial, por su parte, sucede en su mayor parte en EEUU. Entonces la solución es lógica: tienen que llegar a un acuerdo, debido a que ya no es la tecnología que puede ser asimilada por China como ocurrió con las otras revoluciones. En aquellos casos, ingresaban inversiones extranjeras por el descomunal mercado interno, por sus 1300 millones de habitantes, etc. Sin embargo no puede repetirlo por la ley de inversiones extranjeras que aprobó en 2018. En consecuencia, el Estado Chino impone severas condiciones a las empresas extranjeras que se instalen en su territorio a cambio de la posibilidad de remitir sus utilidades y toda una serie de aspectos que caracterizan a la empresa transnacional capitalista.

Este es, digamos, el problema ante el cual se enfrenta China.

II

Ahora me gustaría hablar sobre la crisis del capitalismo.

El capitalismo acumula capital. Ese proceso se reprodujo en los últimos años con miras a una revolución tecnológica como la que discutíamos, pero el mercado no estaba preparado para tal cambio. Así fue que se produjo en 2001 la crisis de las “punto com”, disfrazado como el “ataque a las Torres Gemelas”. Lo que sucedió fue que cayó el valor en la bolsa de Nueva York de las acciones tecnológicas porque era imposible ponerlas en marcha. China convocó a las empresas extranjeras y desarrolló esta revolución tecnológica, pero no lo pudo hacer como los EEUU, aunque en algunos aspectos lleva la ventaja, como con el 5G, que es la velocidad en la transmisión de datos llevado a la instantaneidad. Por la característica del sistema productivo basado en la industria robótica se requiere una informática con una velocidad cercana a la instantaneidad.

En el marco de esta crisis mundial cuando las compañías no pueden destinar el capital disponible para su desarrollo, ¿qué hacen? Lo prestan, porque es lo más simple. Esto es lo que hizo el capital, pero al hacer esto generó primero un problema. Con el descenso en el consumo, se generó una crisis de los mercados internos. En consecuencia, fue necesario vender a crédito y para eso se necesita recurrir a préstamos. Al hacerlo, se utilizaron ahorros y se generó un mercado para los capitales que huían de la producción. Así apareció el fenómeno de la acumulación financiera, que dió lugar a una deuda que ante el crecimiento de la crisis productiva se hizo imposible de pagar.

Incluso esto aparece en China, pero allí existe una cuestión notable: siempre hay crisis financiera en China. ¿Pero cuál es la cuestión? En el capitalismo privado, hacia dónde se dirige la inversión es un problema exclusivo de la empresa; en cambio, en el capitalismo dirigido, como es el de China, un “capitalismo de Estado”, es el Estado quien financia. Entonces el Estado puede planificar: esta es la diferencia. Aunque no es solamente esto, sino que en la planificación hay una mejora del nivel de vida continuado, de una manera muy distinta a cómo lo imaginamos. China no tiene una “seguridad social” muy importante. Pero la población campesina vio crecer sus ingresos de tal manera, por el crecimiento de la producción, que los salarios reales están aumentando 20 % por año. Entonces, una población con tradición campesina da lugar a un “ahorro” descomunal. ¿Por qué las empresas precisan el mercado chino? Porque con semejante ahorro recalan allí. EEUU no tiene cómo hacer esto. El crecimiento del ahorro es tan grande en China que por eso el exceso de préstamos no importa tanto. En cambio, en el capitalismo importa tanto porque todo el ahorro está hipotecado. En China “el ahorro está vivo”, y en una proporción jamás vista, como todo lo que sucede en China. 

Ahora bien, cuando China llegaba al 5G, surgió el pánico en EEUU Acá se está discutiendo, por decirlo de alguna forma, cómo va a ser el mundo y quién lo va a dirigir, o quién tendrá la capacidad de dirigirlo. EEUU, que de alguna manera se las arregló, sobre todo después de la caída de la URSS, en tener un capitalismo internacional, un capitalismo globalizado dirigido por ellos, perdió esa posibilidad puesto que fue el lugar donde mayor impacto tuvo la crisis financiera de 2008. Y no sólo eso: para salvar a los bancos de la crisis, ya que se encontraban todos endeudados con préstamos que no podían cobrar, el Estado se encargó de financiarlos de una manera descomunal, y hoy esa posibilidad de demanda está otra vez en China.

Ahora quiero ir a la cuestión actual. La crisis de EEUU se replicó en Europa y en consecuencia comenzó a discutirse la existencia de la Unión Europea. En ese escenario, surgió el Brexit en Gran Bretaña, apareció (el presidente de EEUU Donald) Trump con el intento de Make America Great Again para buscar recuperar, por medio de cualquier medio, el dominio mundial.

El problema de China era cómo responder a esa amenaza. El Partido Comunista Chino, (en donde el núcleo que) toma las decisiones es prácticamente una universidad concentrada en tres mil personas plantean un proyecto: el proyecto de Xi Jinping, actual presidente de China. Quiero leerles un libro de él, The governance of China,donde dice: “estamos en el medio de una enorme oportunidad histórica para el pleno desarrollo de la República Popular, la República Popular experimenta una onda presión hacia abajo por el agotamiento del modo de producción sustentado en el aumento sistemático de la inversión…”, con un crecimiento que empezó a ser cada vez menor (a pesar de que el crecimiento de China es tremendamente alto, es del orden del 6,5 a 6,7 % en la actualidad, pero llegó a ser del 9% anual durante 30 años).

Para hacer lo que hicieron era un problema, entonces, claro, de qué forma hacer frente a esta situación. Al mismo tiempo, toda la industria tradicional de China, es decir, el acero, la petroquímica, el cemento, experimenta una gran sobrecapacidad. Por eso tienen que exportar como sea. Pero esto los lleva a un problema de competencia, que en algunos casos no les permite hacer otro tipo de política. Experimenta una aguda sobrecapacidad, con un exceso de producción que no encuentra mercado. De ahí la presión hacia abajo que se manifiesta ante todo por una disminución de la expansión que pasó de crecer al 11 % entre 2001 y 2010, a sólo el 7,1 % anual entre 2010 y 2017. Pero esta “presión negativa” no es por la insuficiencia de la demanda, que también creció mucho, sino por la carencia de oferta suficiente de productos de alta calidad.

Por eso ahora lo esencial para China es centrar el crecimiento económico en el aumento del consumo final, como último y decisivo punto de una etapa de expansión sostenida de largo plazo. Esto quiere decir que ahora lo que China busca, dado su mercado descomunal, es volcarse al mercado interno, mejorar la producción sobre esa base y llegar en 2050 a ser EEUU. Y con esto tiene que crecer la producción industrial, hacerla más intensiva, etc. 

Para lograrlo, deben aumentar el consumo y la producción industrial, lo que implica dos problemas. En primer lugar, deben hacerlo a una gran velocidad, pero no ya de cualquier manera, sino como podría llegar a  planearlo Alemania o los EEUU. Entonces ¿a qué tienen que recurrir? A la cuarta revolución industrial ¿Cómo? Atrayendo la inversión extranjera, aprovechando que al ser un mercado mucho mayor que el de los EEUU, las empresas extranjeras no van a dudar en llegar.

Esto los llevó a otra cuestión: la urbanización tiene que aumentar muy rápido. Para eso, lógicamente, debe disminuir el campesinado. En ese marco, surge un problema: en China hay un sistema en el agro por el cual la tierra es pública y de esta manera está distribuida en parcelas familiares de una hectárea, que es muy poco, y no se produce muy efectivamente. Por eso China es un gran demandante de productos agrícolas, la solución será robotizar el agro, transformándolo en industria. 

Hace poco fue título.en los diarios: “Robotizan el agro, empiezan aplicar la cuarta revolución industrial en el agro, y liberan una enorme cantidad de campesinos para la absorción de mano de obra”. Porque la mano de obra china se necesita para esa industria y por esa razón debe ser una mano de obra capacitada. Es decir, que los obreros del futuro van a tener que tener una base tecnológica con una educación muy grande. O sea que, para la clase que la clase obrera actual se convierta en la clase obrera de la cuarta revolución industrial, requieren cubrir los puestos trayendo campesinos. La primera forma de hacerlo es robotizando el agro. Entonces, y acá viene una interesante definición de Xi Jinping con respecto al marxismo y al socialismo, ¿China se volvió un país capitalista? Y él dice “lo esencial del socialismo es la liberación y el desarrollo de las fuerzas productivas, acompañado de la eliminación de la explotación y la polarización social, con el logro final de una prosperidad compartida por todos, porque no hay socialismo en la pobreza”.

Por lo tanto, se propone para 2021, año del centenario de la fundación del Partido Comunista Chino, realizar una sociedad -presten atención la moderación del discurso- “moderadamente próspera en todos los aspectos”. En esta fórmula esencial no es lo prioritario la duplicación del ingreso per cápita, en relación con los niveles de 2010, sino que ningún sector social quede atrás. Esto implica la eliminación de la pobreza, primero. La inclusión social absoluta es el rasgo estrictamente socialista de la República Popular.

Todo esto genera un gran impacto en los EEUU de Trump. Primero, debido a su relación comercial con con China, EEUU tiene un déficit descomunal de más de 300 mil millones de dólares por año. Entonces ahora China decide comprarle ya que posee un superávit aproximadamente similar, para invertir en estas industrias, es decir, para responder a estos problemas. 

Pero ahora la respuesta no está afuera, está dentro de China, entonces lo que han hecho, en realidad, es colocar la amenaza de Trump como una oportunidad. Si la vieran como una guerra, podrían llegar a una confrontación bélica, sobre todo con un loco como Trump. De esta manera se abre un periodo nuevo. Se plantean en 10 años llegar a ser un país con un ingresos de país desarrollado, y en 2050 ser más que los EEUU. O sea que la respuesta de China un poco es “la paciencia oriental”, y sobre todo desarrollar esta cuarta revolución industrial que creo supone la inteligencia artificial en primer lugar, que es lo más importante. En esto está más desarrollado EEUU, mucho más desarrollado. La inteligencia artificial es el dominio de toda la ciencia de ingeniería y las matemáticas, como para que las distintas funciones que cumple un obrero, las pueda hacer un robot a través de un programa de computación. Es un programa que se ingresa en una máquina. 

En este punto es donde China está adelante con el 5G: es el logro de la instantaneidad. Todo esto junto arma una producción donde el ser humano no es que no está. No es que se termina el trabajo, sino que se hace más complejo y más ligado a lo científico. Entonces el impulso a la robotización es un impulso a la creación de programas inteligentes, de un equipo de gente que los sepa utilizar. Y no solo eso, en la cúspide está la invención.

III

En Buenos Aires, en la reunión del G20, se produjo el primer acuerdo de China con EEUU. Este acuerdo es un acuerdo para realizar una serie de propuestas, que parecen una guerra comercial, pero que en realidad representan la disputa por la cuarta revolución industrial. Es la pelea por cómo va a ser el mundo. 

Jorge Castro, en Clarín, sigue mucho esto, pero con un criterio de que “…entonces lo que está triunfando es el capitalismo”. Un criterio que quedó muy en evidencia que se había equivocado. Este acuerdo es posible por parte de China, pero es imposible por parte de Trump, porque si uno quiere el dominio sobre el mundo, de alguna manera aparece un conflicto. Entonces a lo que va a dar lugar, en realidad, es a una guerra permanente que, como no puede ser una guerra, va a necesitar constantemente de acuerdos que serán de corta duración. 

Esto es lo que está pasando, pero plantea también una transición hacia otra economía. No obstante, hasta que esa otra economía no llegue, y en cada caso según las circunstancias de cada país, va haber una crisis entre tanto que va motorizar revoluciones sociales, y esto no tiene manera de ser previsto de antemano. Lo que sí es claro es la existencia de una línea de desarrollo histórico. Ahora bien, si aparecieran acontecimientos sociales que la modifiquen, esto es otra historia. 

Mi opinión es, en primer lugar, que este proceso no va a ser pacífico. En segundo lugar, que las crisis serán complejas, vamos a estar al borde de una guerra a cada rato, pero van a suceder cosas extrañas. Por ejemplo, como ocurre con la empresa china que está detrás del 5G: Huawei. Trump se propone tratar de liquidar a Huawei, pero no va a poder hacerlo porque, como señala el Fondo Monetario (Internacional), la suba de los precios de los productos electrónicos será muy alta se van a ir muy alta.

China tiene un mercado interno con una posibilidad tremenda. Tiene una clase media de 400 millones de habitantes, con el nivel de ingresos de los EEUU. Lo que han creado es una base de consumo para los productos de la cuarta revolución industrial, para ponerse a fabricarlos ahora, y preparar a la sociedad para esa situación. 

Un aspecto a tener en cuenta es qué haría Huawei en caso de perder clientes por su conflicto con Estados Unidos. Por un lado, podría realizar un acuerdo con Rusia y generar el ingreso del 5G a dicho país. El problema sería que en ese caso Rusia se transformaría en una segunda China. Otra opción posible es el desarrollo de la ruta de la seda. A mi entender, esto puede compararse con el Plan Marshall de EEUU al final de la Segunda Guerr Mundial. En ese entonces, EEUU financió la recuperación de Europa Occidental y Japón. Gracias a eso consiguió frenar el crecimiento de la URSS y del comunismo en el occidente europeo. Actualmente, Estados Unidos no podría replicarlo por su nivel de endeudamiento y porque alimentaría a sus competidores. De hecho, ya comenzaron los problemas con la Unión Europea y hasta con México. En cambio, a China lo beneficia el crecimiento y la expansión de la Ruta de la Seda. Esta abarca todo el La Ruta de la Seda abarca todo el sudeste asiático para llegar hasta Europa a través de dos caminos, el camino marítimo por la India y el medio oriente, y por Rusia. Esto va a requerir trenes de alta velocidad por todos lados, por ejemplo para el intercambio con Rusia, que ya es de 100 mil millones de dólares por año. Por otra parte, el intercambio con la Unión Europea está creciendo muchísimo, y ahora los trenes de alta velocidad de China van a llegar a la Unión Europea, lo que abaratará los costos del transporte, por el tiempo que se gana, que el transporte marítimo. La Ruta de la Seda se convierte, entonces, en una especie de Plan Marshall chino con todo el subdesarrollo, y con Europa. En la Ruta de la Seda China crea un mercado para sus productos.

IV (Preguntas)

Relación China-Argentina

Hay una primera cuestión. China está “robotizando el campo”, pero eso no significa que vaya a bajar la demanda de productos por una razón: el crecimiento interno de la demanda es descomunal. Entonces la Argentina tiene garantizado, digamos, el acceso a la venta de soja y de un montón de productos. Ahora, esto va a estar un poco limitado porque hubo un brote de fiebre porcina en China que va a durar bastante. Pero no va a disminuir la demanda de soja. En caso de que no creciera tanto, que no creo, lo que va a pasar es que va a aumentar la demanda de carne de reserva (que no hay) y la demanda de carne vacuna, que ahora está aumentando. El problema va a ser que nosotros vamos a tener que responder a una demanda que va a ser cada vez mayor, y que si hoy es de soja, y mañana de carne porcina, pasado va a ser de todas las semillas de todo tipo que necesita el agro. No estamos preparados todavía para eso.

En otras palabras, vamos a tener un mercado para el agro. Segundo, vamos a tener un mercado para el petróleo, porque el petróleo durante un tiempo va a generar una demanda mayor de China. También le comprarán a EEUU, porque otra de las cuestiones de los EEUU es que, con el desarrollo y la producción de shale, se prepara para que el desarrollo industrial de China dependa de su petróleo. Y va a conseguir una situación de ese tipo, hecho que China también tiene en cuenta. Por ende van a comprar, seguro, a los EEUU, pero nosotros vamos a ser productores de petróleo también. Y tercero, tendremos un mercado para el litio, sobre todo las refinerías de litio, especialmente para el desarrollo de los vehículos eléctricos, que serán una clave.

O sea que tenemos una gran perspectiva, el problema es saber aprovecharla. Saber aprovecharla es que la demanda de productos de los chinos nos prepare a nosotros para un desarrollo industrial. Sin embargo, hay que tener en cuenta que dicho desarrollo ya no puede ser como lo pensábamos hace poco. Primeramente porque hoy en día se trata de una industria global, y acá últimamente se ha dicho mucho sobre que el proteccionismo de Trump plantea el fin de la globalización, una globalización distinta, etc. Ni siquiera China plantea el fin de la globalización; todo lo contrario: hoy, que la industria sea global es un dato. Ya no hay una industria de un país, y nosotros tenemos la industria de un país. El problema acá es otro: como yo les dije, una industria muy evolucionada no requiere que la industria resuelva todo, sino que tenga una red de proveedores, y en ese caso las pymes pueden ser la solución. Quiere decir que tendríamos que estructurar una industria de pymes integradas al mundo con desarrollo tecnológico, pero esta es la cuestión que se va a empezar a discutir ahora.

Influencia de EEUU en la relación China-Argentina

Creo que EEUU la limita, pero hasta cierto punto. Va a depender mucho de qué pase en Brasil. Yo lo veo de patas cortas a Bolsonaro. Si Macri perdió en 4 años, o suponemos que va a perder, en Brasil yo creo que va a pasar lo mismo. Y la respuesta es que no tienen idea qué hacer, o no saben cómo hacerlo. 

Una razón muy simple, si uno ve este escenario económico internacional se da cuenta de una cosa: ningún problema se resuelve con la política monetaria. Sin embargo el liberalismo, y el neoliberalismo sobre todo, empieza y termina con la política monetaria; no tiene otra cosa. China es un ejemplo de que la política monetaria no importa mucho. El crecimiento es lo que determina. Entonces en algún momento nos vamos a dar cuenta colectivamente de ese problema. 

Si volvieramos a una situación de Mercosur, habría que ir constituyendo un mercado regional unificado. Tendría un gran problema. A riesgo de meterme en otra historia: el Mercosur perdió una gran oportunidad, y es que para China podría haber sido el proveedor energético y agroalimentario. 

Fracaso del Mercosur

Creo que este tema da lugar para mucha discusión.

Primero, la oportunidad perdida fue esta, si pudiéramos convertirnos como Mercosur en proveedores de todos los productos que necesita China, con una política para industrializarnos en función de esto, podríamos llegar a convertirnos en la cuarta región mundial. Hoy, como región mundial, tenemos lo que era el NAFTA, es decir EEUU, México y Canadá. Los países de la Unión Europea y algunos países del sudeste asiático, si bien no institucionalizado, tienen una formalización del comercio, que en unos años va a estar lista. Nosotros podríamos ser la cuarta, porque no contamos con países que puedan convertirse en EEUU o China. Por eso Alemania buscó la Unión Europea. 

La economía mundial algún día va a estar totalmente integrada, pero entre tanto hay unidades regionales. ¿Por qué se perdió?. En primer lugar, la historia de nuestro país es la de una burguesía agropecuaria financiera y que no busca ser otra cosa. Gelbard fue una excepción pero su proyecto de aquel momento no prosperó porque la izquierda peronista no entendió el papel de Gelbard. Esta es la verdad, hubo una crisis en el peronismo por eso. Pero actualmente nosotros arrastramos ese problema, es decir, no pudimos desarrollar nuestra industria. El Mercosur era la oportunidad para desarrollarlo, pero apareció otro problema. Cristina (Fernández de Kirchner, ex presidenta) supo resolver una cuestión mucho mejor que nadie. Esa cuestión fue el acuerdo con China. Este acuerdo es un ejemplo que yo creo, cuando pase el tiempo, dentro de muchos años, por el que va a ser recordada. Pero hubo un error muy grande, que fue no darse cuenta que la crisis de 2008 no tenía vuelta atrás. Fue una crisis terrible. Esta crisis fue una crisis mundial, y no sólo eso. Además llevó a que cada país grande, como Brasil y Argentina, apostaran a la propia industria antes que a la integración industrial. Eso es lo que terminó de perjudicar al Mercosur. No se entendió el carácter global de la crisis. A mi entender, confiaron en que con recetas pasajeras podían superar el momento. Pensaban que era una crisis de países desarrollados. El problema es que si EEUU se encuentra en crisis, todos nos encontramos en crisis.

Mutaciones en el mundo del trabajo y del trabajador

Creo que hay dos aspectos a tener en cuenta. Primeramente, tendremos una emergencia inmediata, o sea, la crisis se va a profundizar porque es propio de las vísperas de las grandes revoluciones industriales. Emerge una revolución industrial porque ya tocó su tope el ciclo capitalista. Estructuralmente se necesita ir hacia algo más alto, que el capitalismo lo hace. Habitualmente la salida de un ciclo no es la revolución, es lo extraordinario del caso en Rusia. Lo segundo será, como ya hablamos, una revolución industrial. Las condiciones laborales van a empeorar, pero dentro de 10 o 20 años tendremos que estar preparados para una lucha distinta. Esta se manifestará en que el aumento enorme en la productividad del trabajo va a generar un excedente social descomunal. Si persistiera el capitalismo financiero se va a apoderar de ese excedente.

Pero a mí me parece que va a pasar otra cosa. Como la apuesta por la tecnología va a generar atracción, una gran parte del capital financiero se va a volcar a este sector y lo vamos a ver en los fondos de pensión que van a comprar empresas tecnológicas.

En ese momento se generará un conflicto. 

Por este motivo es necesario discutir el concepto de populismo. No es posible que surja de las definiciones donde se mezclan gobiernos como el de Cristina (Fernández de Kirchner, ex presidenta) y (Mauricio) Macri. 

Existe algo más que el populismo. Este es una forma de no cuestionar el capitalismo mientras se intenta una distribución del ingreso más equitativa. Esta es la entidad política que tuvo el popiulismo en Argentina y esa es la característica  de Perón, que evidentemente tuvo más vigencia política que la toma del poder por el proletariado. De eso no cabe ninguna duda.

Creo que ahí, entonces, se va a dar la posibilidad de discutir la distribución del excedente social. No van aparecer partidos políticos populistas, en el sentido de una distribución “fifty-fifty” (50%-50%).Puede suceder que cuestionemos todo el excedente, que se reparta por igual, o que exista una escala, por ejemplo, para los trabajadores, según el lugar de la pirámide, (sea para) los inventores,etc., y para los que no tienen trabajo, pero para todos. Un terreno inesperado, es donde debemos dar la disputa. Eso es el socialismo del mañana, eso me parece.

*Carlos Abalo es un economista socialista argentino. Ha publicado una extensísima cantidad de investigaciones, ensayos y artículos en torno a la evolución del capitalismo y a los dilemas de la economía argentina. Entre los medios y revistas en que publicó podemos mencionar a “El Cronista Comercial”, “El Periodista de Buenos Aires”, “Cuadernos del Sur”, “Revista Socialista” entre muchas otros. Ha sido profesor universitario en la UBA y la UNAM.