Renan Guedes Sobreira: De Cangaceiros y Mesías

De Bandidos y Mesías: Elecciones 2018 y algo más.

Darcy Ribeiro destaca el cangaço[1] y el misticismo dentro de los apuntes del nordeste brasilero, siendo ambas “expresiones de penuria y atraso, que, siendo incapaz de manifestarse dentro de la forma más elevada de consciencia y de lucha, condujeron masas desesperadas a una rebeldía violenta infernal y al misticismo militante”. Estos cangaceiros[2], por diversos motivos, pero con el mismo ímpetu, hacían del “vandalismo una expresión de rebelión sertaneja[3],  contra las injusticias del mundo”. El misticismo se demostraba en “creencias mesiánicas vividas en todo el desierto de Brasil, que espera ver surgir un día al salvador de la pobreza”, áquel que “va a venir con su séquito real para subvertir el orden del mundo, reintegrando a los humildes en su dignidad ofendida y a los pobres en los derechos de los cuales fueron privados” [4].  

Si el bandidismo fue extirpado de la práctica nacional por la fuerza gubernamental, quedando apenas como historias distantes, el mesianismo, persiste. La sangre de los niños sacrificados para despertar a San Sebastián en Pernambuco; la orina de un buey milagroso recogida por José Lourenço do Caldeirão en Ceará; las palabras de salvación de Antônio Conselheiro, en Bahía, son ejemplos emblemáticos traídos por Darcy Ribeiro[5], sumándose a éstos, el monje José Maria, en Santa Catarina o el Padre Cícero, en Ceará.[6]

El mesianismo se actualizó. No hace mucho tiempo atrás, un levantamiento mesiánico armado prometía ordenar Brasil y devolverlo a los civiles, entregando el país solamente en el último aliento de las dictaduras latinoamericanas y más precario que antes; se encontraba aquél que cazaría a los funcionarios públicos, pero terminó inhabilitado por corrupción; otro, prometió salvar la estructura del Estado de sí misma, terminando por destituirla de los recursos básicos de funcionamiento; por fin  y más recientemente, aquellos que sacarían a todos los brasileros pobres de la miseria y los que impartirían el amargo remedio de rescate de la economía nacional.

Si el sustrato del mesianismo es la desesperanza con la realidad, las elecciones de 2018 aparecen como campo fértil: 44% de los brasileros son pesimistas con la disputa, según el diario O Estado de São Paulo; cerca del 41%, están insatisfechos con los gobernadores de sus Estados; 37%, desaprueban  a los intendentes  de sus ciudades, según la investigación de mayo de 2018 de la Confederación Nacional del Transporte. Este levantamiento indica, que todavía cerca del 75% de los brasileros creen en el mantenimiento del cuadro de crisis, o en el empeoramiento de la situación de los empleos en los seis meses siguientes; pensamiento del 78,65% en relación a la salud en el país; 79.1%, en cuanto a la seguridad pública.

Los mesías se levantan con sus herramientas y el hecho se extiende más allá del ámbito electoral: algunos usan toga[7], otros, uniformes; y están aquellos que intentan liberarse de rótulos y se presentan como auténticas novedades que mezclan al bandido con el mesías en la promesa reeditada de cazar funcionarios públicos. Aunque sea un rastro de la cultura brasilera, llegando más allá del Brasil nordestino narrado por Darcy Ribeiro, el mesianismo es, al lado del populismo y del ultraliberalismo, enemigo íntimo de la democracia, corroyéndola de adentro para afuera[8].

Se sabe que el constituyente brasilero se fijó la idea “ambiciosa de democracia caracterizada por las nociones de libertad e igualdad, por la soberanía popular y por el pluralismo político, e informada profundamente por el ideal republicano, por el interés público y por la responsabilidad de los ciudadanos por las decisiones políticas”[9]. No obstante, la responsabilidad de los ciudadanos ha sido olvidada, puesta al margen en favor de la delegación de responsabilidades típica de la práctica mesiánica: alguien nos salvará.

Celso Antônio Bandeira de Mello señalaba en 1998 que la constante transformación de las sociedades exigía nuevas prestaciones y abstenciones por parte del Estado, el cual no posee la estructura dinámica que se necesita, factor que, sumado a aquél de desajuste entre la actividad estatal y el progreso tecnológico, serían las principales causas de la insuficiencia democrática brasilera: un estado desprestigiado compromete la confianza en la democracia[10].

Pretendiendo remediar la laguna tecnológica y participativa en el ámbito federal, el Poder legislativo fue el más prolífico en la creación de mecanismos, que continúan siendo poco utilizados; el Poder Ejecutivo ya intentó actuar por medio del Decreto n. 8.243/2014, cuya eficacia está amenazada por la Propuesta del Decreto Legislativo n. 1.491/2014; el Poder Judicial persiste en su opacidad y blindaje, actuando, cuando mucho, en oleadas de populismo, como apuntado por la doctrina.

De todos modos, aunque la actuación estatal sea la más ejemplar posible, verdadera inspiración para la sociedad civil, y que no genere prejuicios democráticos, poco se logrará si persiste olvidado el papel imprescindible de los ciudadanos y sus responsabilidades, como lo señalado por Eneida Desiree Salgado, esto es, se perpetúa la delegación al próximo mesías del deber republicano que le cabe a cada ciudadano.   

Gustavo Hessmann Dalaqua, tratando el pensamiento de John Stuart Mill, afirma que la participación efectiva de los ciudadanos en la política permite que “se reconozcan como epistemológicamente falibles” impidiendo “que cualquiera de ellos se arroguen el poder de dar la última palabra y atribuye a las decisiones tomadas un carácter provisorio y contestable”. Más allá de la consciencia de contingencia, la actuación concreta permite a los ciudadanos adquirir “la capacidad no sólo de responder, como de transformarse con el otro”, considerando “los problemas colectivos más allá de sus intereses parroquiales”.

El escenario de desesperanza narrado más arriba, por lo tanto, no debe servir a la recuperación de vicios pasados que, inevitablemente, condujeron al bandidismo y al misticismo, sin añadir nada a la nación más allá de las anécdotas históricas. La efectiva transformación social deseada, y hasta hoy seducida a través de varios mesías, derivará, en verdad, del suministro de la laguna de participación social consciente de la responsabilidad con la cuestión pública, comprometida con la consolidación y la expansión de la democracia, con respeto integral al orden impuesto por la Constitución de la República de 1988, ya que la modernización de los canales de diálogo entre la sociedad y el Estado se está realizando.  

La presidenta del Supremo Tribunal Federal, ministra Carmen Lúcia, exhortó que “la Constitución es ley y debe ser cumplida”, atención donde “el ciudadano tiene la responsabilidad de participar. Cada uno de nosotros hace la diferencia”. También que la democracia no es un hecho dado y estático, tampoco místico, sino que “se construye, se aprende y reaprende”, siendo el presente momento electoral una inflexión en que la ciudadanía nacional es testeada.

El momento es de oportuno cambio, y exige apoyar aquellas reformas “que resulten lo suficientemente amplias como para alcanzar lo inalcanzable: la sala de controles de la Constitución”[11] , trayendo al soberano pueblo brasilero la realidad desmitificada y sin bandidismos, en que se terminará la obra iniciada en 1988: modernización paulatina, justa, igualitaria y democrática del Brasil en que la ciudadanía es ejercida diariamente, más allá de las elecciones.

Renan Guedes Sobreira es investigador del Núcleo de Investigaciones Constitucionales (NINC)  de la Universidad Federal de Paraná (UFPR).


[1] (Nota del traductor) El cangaço es un movimiento armado de nómades del Nordeste de Brasil que actuaron durante finales del s. XIX y ppios del siglo XX, movidos por la venganza y por la disputa de tierras.

[2] (Nota del traductor) Son los miembros del cangaço. Fueron los bandidos más peligrosos del desierto nordestino.

[3] (Nota del traductor) Refiere a los habitantes del desierto nordestino, o sertão. 

[4] RIBEIRO, Darcy. O Povo Brasileiro. São Paulo: Companhia das Letras, 2006, p. 321 – 322.

[5] RIBEIRO, Darcy. O Povo Brasileiro. São Paulo: Companhia das Letras, 2006, p. 322 – 323.

[6] (Nota del traductor) Todos estos ejemplos remiten a personalidades de los movimientos mesiánicos del nordeste de Brasil. Se asemejan a los mitos populares de nuestra cultura relacionados con el Gauchito Gil o el Padre Ignacio en Rosario, quien hace milagros.

[7] (Nota del traductor) La toga en Brasil es utilizada solamente por los jueces.

[8] TODOROV, Tzvetan. Los enemigos íntimos de la democracia. Ciudad de México: Galaxia Gutenberg, 2014, p. 13 e 194.

[9]  SALGADO, Eneida Desiree. O desenvolvimento democrático e os direitos fundamentais: levando o direito de petição a sério. IN: DOTTA, A.G.; HACHEM, D.W.; REIS, L.E. Anais do I Seminário talo-Brasileiro em Inovações Regulatórias em Direitos fundamentais, Desenvolvimento e Sustentabilidade e VI Evento de Iniciação Científica UniBrasil. Curitiba: Negócios Públicos, 2011, p. 66.

[10] BANDEIRA DE MELLO, Celso Antônio. A Democracia e suas Dificuldades Contemporâneas. In:Revista de Informação Legislação, a. 35, n. 137, jan/mar, 1998, p. 260.

[11]GARGARELLA, Roberto. La Sala de Máquinas de la Constitución: dos siglos de constitucionalismo en América Latina. Buenos Aires: Katz Editores, 2014, p. 360.

Traducido por María Laura Fernández Cordero