Luciano Blengino: Las estatuas parlantes de Roma una contestación popular en rima.


En los tiempos en los  que en Roma el papa, los cardenales y los obispos gobernaban con puño de hierro,  la ciudad y el Estado Pontificio abarcaban casi toda Italia central y llegaban  hasta la región de Emilia Romagna. En esa época en Roma comenzaron a aparecer  unas estatuas que se rebelaban al poder eclesiástico con desgarrantes sátiras en rimas contra el poder constituido.  Los poderosos de Roma temblaban solo al oir los apodos que el pueblo de Roma les había puesto a estos héroes de piedra. El temor no eran las armas o las piedras sino que temían sus lenguas afiladas. Ésta fue el arma poderosa arma que el pueblo de Roma eligió desde siempre para oponerse a la arrogancia y a la corrupción de las clases dominantes.

Desde los primeros años del siglo XVI, durante la noche, los pueblerinos colgaban carteles con sátiras y ataques contra el gobierno de ese entonces en los barrios más ricos de la ciudad, de forma tal que por la mañana todos podían leer o hacerse leer los carteles (ya que en esos tiempos la gran mayoría de la población era analfabeta), todo muy apresurado para ganarles a  los guardianes que llegaban temprano a sacarlos. Había, en toda Roma  seis estatuas parlantes. El conjunto de esas estatuas rebeldes era conocido con el nombre colectivo de “Il Congresso degli Arguti”. Sin duda alguna, una de las  estatuas más famosa y que  sigue rebelándose aún hoy  al poder constituido es la llamada “Statua del Pasquino” que se encuentra desde 1501 en una  callejuela   muy  cerca de Piazza Navona que se llama “Via del Pasquino”, tomando el nombre de la celebre estatua. Su fama  creció a tal punto que en la ciudad llegó a  utilizarse el término “pasquinata” tomado del nombre de la estatua para referirse a cualquier sátira contra el poder.

La tradición de la sátira contra el poder eclesiástico, contra sus abusos, contra la corrupción y las represiones por parte de cardenales, obispos y del mismísimo Papa tuvo su auge más alto  en el siglo XIX gracias a Giuseppe Gioacchino Belli (1791-1863), sin duda el más importante representante de la poesia dialectal de toda la literatura italiana, que por medio  de sus sonetos en “vernácolo romanesco” o sea la lengua hablada por el pueblo de Roma lanzaba sus ataques contra los excesos y el abuso de poder perpetrados por el papa y la jerarquía eclesiástica. Un ejemplo iluminante de esa sátira anticlerical de Belli lo podemos encontrar en el soneto “Cosa fa er papa?”( qué hace el papa?), en el que el poeta presenta al Papa como a un hombre tan sediento de poder que llega a creer que todo le pertenece: el aire, el sol, el vino el pan, y termina hipotizando que quizás lo que realmente  desea  el Pontefice es quedarse solo,  incluso a pesar que desaparezca toda la humanidad  para así parecerse siempre más a Dios (antes de que éste creara los angeles y los hombres).El tono irónico, pero al mismo tiempo acusador de Belli y de sus maravillosas rimas astutas y subversivas hacen del poeta romano el  creador más ilustre de las llamadas “pasquinate” (especies de sátiras) de la historia de Roma.

La “pasquinata” más conocida y una de las más antiguas se remite a 1633 y está dirigida al papa Urbano VIII miembro de  la aristocrática familia  de los Barberini. Dicha familia, muy  poderosa,  ordenó al gran escultor Bernini a extraer todo el bronce que había quedado en el Panteón de Roma, después de los saqueos de los bárbaros, para utilizarlo en la construcción del baldaquín de la Basílica de San Pedro. Al poco tiempo apareció un  cartel colocado en el pecho del Pasquino que  llevaba esta inscripción en latin: “Quod non fecerunt Barbari, fecerunt Barberini”,  o sea “lo que no lograron saquear los bárbaros lo lograron los Barberini”.

El odio que lograba suscitar el Pasquino en las altas esferas eclesiásticas lo demuestra el hecho de que el papa Adriano VI (1522-1523), único pontéfice holandés de la historia  había ordenado  destruir y tirar la estatua al río Tevere; por suerte su muerte precoz permitió que ese héroe de piedra quedara en su lugar.

Otra importante estatua parlante es la de Marforio que actualmente  se encuentra en el patio del  “Palazzo Nuovo”,  en los Museos Capitolinos. En algunas sátiras la estatua del Pasquino y la del Marforio dialogaban entre ellas: en general una estatua hacia preguntas sobre problemas sociales, política etc. mientras que la otra contestaba con una respuesta irónica y  casi siempre tenía como objetivo el poder. Otra notable estatua parlante es il facchino (el mozo de cuerda)de la segunda mitad del siglo XVI que representa un  acquarolo. Este personaje   era el hombre que recogía el agua de las fuentes de Roma para luego venderla en la ciudad de puerta en puerta a un precio muy barato. Obviamente, no  podía faltar una estatua femenina y es la de Madama Lucrezia que se encuentra en un rincón de “Piazza Venezia”. Es un enorme busto de mármol de tres metros. Originariamente estaba en un templo  dedicado a Isis y  parece querer representar a la divinidad Isis o a una sacerdotisa. Otra estatua parlante es la estatua del Abad Luigi que se puede apreciar actualmente  en la iglesia de Sant’Andrea della Valle. Para terminar nuestro recorrido por estas estatuas parlantes que tanto molestaron el milenario poder eclesiástico no podemos dejar de citar “Il Babuino” en la omónima calle romana. Esta  es la figura de un sileno cuya cara, a  causa de la erosión del tiempo,  quedó tan carcomida que el pueblo de Roma le dió el cómico apodo de “el Babuín”.