Isidoro Cruz Bernal: Rómulo Bogliolo, una respuesta socialista a Hayek

PLANIFICACIÓN, DEMOCRACIA Y LIBERTAD.
UNA RESPUESTA SOCIALISTA A HAYEK

LA UBICACIÓN CONTEXTUAL DE LA RÉPLICA
Este trabajo continúa el estudio de los textos de Rómulo Bogliolo, principal artífice de una renovación teórico-política del Partido Socialista posterior a la muerte de Juan B. Justo. En un texto anterior1 examinamos la propuesta de aproximación al poder, formulada por Bogliolo, a la que denominó “Revolución Constructiva”. Esta propuesta constituyó el momento de mayor distancia con las formulaciones liberales que podemos encontrar en la trayectoria del socialismo argentino clásico2.
El texto de Bogliolo que analizaré se titula “Socialismo Libertad Dirección. Réplica a Hayek”. Es un trabajo fechado en 1946. Bogliolo se propone responder al célebre trabajo de Friedrich von Hayek titulado “Camino de servidumbre”3. Hayek dedicó, provocativamente, su trabajo “a los socialistas de todos los partidos”. El libro tuvo muchas respuestas, como era esperable dada la amplitud del interlocutor que Hayek buscaba.
El objetivo de este trabajo no es analizar el texto de Hayek ni hacer una comparación con la respuesta que Bogliolo lleva a cabo (aunque esto podría hacerse en otro momento y agregarlo como anexo). El objetivo de este trabajo es más modesto. Busca hacer un racconto y un análisis de las líneas argumentales que están presentes en el trabajo de Bogliolo.
Sin embargo es necesario referirnos a dos cuestiones sobre el libro de Hayek.
“Camino de servidumbre” ha sido un texto político que sintetizó de forma eficaz los argumentos del liberalismo clásico. El libro fue escrito por un economista pero, aunque los conceptos de la teoría económica llamada austríaca, a la que Hayek pertenecía, estaban claramente presentes, “Camino de servidumbre” es un texto que se puede ubicar más cerca de la filosofía política. El libro, a pesar de ciertas repeticiones algo tediosas, articuló una concepción del mundo liberal que le permitía a sus partidarios establecer un combate en dos frentes: contra el comunismo en expansión y contra el estado de bienestar. “Camino de servidumbre” es una especie de “Manifiesto Comunista” del liberalismo de derecha. Permite a cualquier liberal militante inscribir sus posiciones políticas en un marco de justificación argumentativo de tipo universal. “Camino de servidumbre”, más allá de sus límites, ha quedado como un clásico del pensamiento conservador occidental.
Por otra parte, el paralelo entre el “Manifiesto Comunista” y “Camino de servidumbre” tiene un parecido adicional. El “Manifiesto…” brinda una profunda explicación histórica amplia del surgimiento del capitalismo pero no produjo una teoría acerca de cómo el capital explotaría a los trabajadores. Pese a la eficacia y la potencia que ha demostrado tener el “Manifiesto…” en la difusión de la teoría de Marx, esto no ha dejado de ser una ausencia que tiene sus efectos en la recepción de la teoría. Con “Camino de servidumbre” pasa algo parecido. Aunque no es tanto una ausencia conceptual lo que lo toca sino una concesión argumental que, admitido por el propio Hayek, resultó perjudicial. El libro acepta cierto grado de planificación, acotada a lo que tiene que ver con planificar la competencia económica. Sin embargo esa concesión siempre ha sido muy lamentada por los liberales. Entre otras cosas porque permitió el elogio del libro por parte de Keynes, uno de los pesos pesados del totalitarismo occidental incipiente, en opinión de los liberales4. Esta concesión cerraba las puertas a las metas más ambiciosas del liberalismo. Lo cual no tardó en ser corregido tanto por Hayek como por otros autores austríacos y neoclásicos. “Camino de servidumbre”, no obstante, continúa siendo uno de los textos más eficaces, y recomendados por los propios liberales, para introducirse en esta mirada doctrinaria del mundo.
Volviendo a nuestro tema, aun cuando haya intervenido cierta contingencia en la elección, no se puede dejar de remarcar el acierto de Bogliolo de tomar a Hayek como referencia. Incluso “Camino de servidumbre” ni siquiera estaba traducido al castellano5. La inteligente provocación hayekiana fue prontamente respondida por Bogliolo.
Otra cuestión, derivada de la historia política argentina. En 1943 se dio el golpe del 4 de junio, que terminó llevando a la aparición del peronismo y a su contemporáneo acceso al poder político. Este elemento no dejó de producir efectos. El Partido Socialista se opuso al gobierno del 4 de junio, a su política de neutralidad en la segunda guerra6 y al peronismo naciente al que interpretó como demagógico en primer término y como fascista a posteriori.
También hay que señalar que la valoración abierta que tenía Bogliolo sobre la experiencia de la URSS empezaba a cambiar de sentido. Bogliolo, sin ser todavía un opositor total a la URSS, abandona el relativo crédito que le daba a esta experiencia, tal como podía verse en su libro “Hacia una economía socialista”7. Bogliolo acentúa la distancia entre el comunismo y el socialismo democrático.
Por último, probablemente la distancia cronológica nos dificulte percibir que en 1946 se estaba desarrollando una experiencia política muy importante: el acceso del laborismo británico al gobierno. Bogliolo lo califica de “tercer experimento”8, alternativo al liberalismo conservador y el comunismo soviético. La atención en la Inglaterra laborista no fue un interés personal de Bogliolo. Nicolás Repetto, principal dirigente del partido, reunió una serie de cartas y materiales en un libro que tituló “Gran Bretaña laborista”9
En cierto sentido, tanto la oposición al 4 de junio y a su paradójico derivado peronista como una nueva evaluación más dura respecto a la URSS llevan a Bogliolo a tener cierto territorio común con Hayek. La defensa de la democracia política de tipo occidental es un elemento en el que Bogliolo y Hayek concuerdan.
Lo que los diferencia claramente es cómo atribuyen las causalidades de los problemas sociales y a quienes responsabilizan o culpan.
Hayek afirma la continuidad entre fascismo, comunismo y socialismo democrático. Dice, para sacarse rápido el problema, que el fascismo es el resultado obligado del fracaso inevitable del comunismo. Es decir, son casi lo mismo. También Hayek emplaza a los socialistas partidarios del estado de bienestar afirmando que, más allá de sus buenas intenciones democráticas, sus posturas en favor de la intervención llevan inevitablemente a favorecer al totalitarismo.
Bogliolo comparte una sensibilidad anti-nazi aunque se niega, en este trabajo, a identificar sin más al nazi-fascismo y al comunismo10. Pero, para él, la alternativa a fascistas y comunistas no es el retorno al liberalismo y a la competencia. La salida que defiende es la planificación económica y un paulatino avance al socialismo.
PLANIFICACIÓN Y DICTADURA
Bogliolo ubica dos líneas de ataque fundamentales en los planteos anti-socialistas de Hayek.
El economista anglo-austríaco ofrece, en primer término, una caracterización general del socialismo en la que detecta tres potenciales peligros totalitarios: la creencia en tendencias inevitables en la historia11, la reverencia por el estado y un peligroso entusiasmo por la organización en las más diversas esferas de la política y la sociedad. La conclusión obligada de esta caracterización es el antagonismo entre socialismo y democracia12.
La otra línea de ataque de Hayek contra el socialismo introduce el tema de la planificación. La tesis de Hayek es que no se puede planificar y respetar el orden democrático. La planificación sólo puede realizarse con métodos dictatoriales.
La postura de Bogliolo es negar ambas tesis de Hayek. Reafirma, en primer lugar, la vinculación necesaria entre el socialismo y la democracia. También plantea la compatibilidad entre planificación y democracia aunque reconoce la existencia de la combinación entre la planificación económica y la dictadura política. El vínculo entre planificación y democracia es contingente y parece depender, según Bogliolo, del proyecto político que se encare. La opción deseable para nuestro autor es el socialismo democrático.
Aparece sin embargo el terreno común que mencionamos. Un primer argumento de Bogliolo es acusar a Hayek de tomar el atajo más facilista para atacar al socialismo: la referencia explícita hacia la URSS como sinónimo de planificación económica y dictadura. De todas formas hay que señalar que para Bogliolo en la Unión Soviética no había una dictadura a causa de una afinidad subjetiva de los dirigentes del partido comunista sino por plantear el proceso de transición al socialismo en un país cuyas condiciones materiales (económicas y sociales) no estaban desarrolladas lo suficiente como para encararlo. Volveremos sobre este tema, ya que se conecta con la idea que tiene Bogliolo de la transformación social.
Bogliolo también subraya que las dictaduras conocidas en la historia moderna están lejos de ser producto de las “tendencias autoritarias socialistas” que Hayek ubica a mediados del siglo XIX y que se materializaron en Europa a través de Bismarck y Beveridge. Bogliolo también hace referencia a la participación destacada de grandes empresarios (Krupp, Thyssen) en el nazismo, elemento que Hayek hace a un lado porque no encaja con su relato sobre quiénes son los portadores de las tendencias autoritarias.
Un punto relativamente fuerte de la argumentación de Hayek es la idea que la planificación implica necesariamente una imposición de poder sobre los seres humanos. Hayek afirma que son otros hombres los que resuelven qué se debe producir y cómo, mientras que a los demás les toca padecer pasivamente esas decisiones. Agrega además que los planificadores resuelven en base a sus intereses e interpretan a su modo los gustos colectivos.
Bogliolo destaca un punto importante de la ideología liberal de derecha: la libertad de elección individual es la justificación para permitir que sean las decisiones de mercado las que terminan marcando el curso de la vida social. Aquí hay un problema señalado por Bogliolo. La elección por las decisiones mercantiles que hace Hayek se sustenta en que son el único método voluntario de acción social. Bogliolo realiza dos críticas a este supuesto.
El primero es relativizar la libertad de elección. Escribe: “Pero es más que ingenuo pretender hacer creer que ahora nosotros elegimos las cosas, los productos, los artículos. Los elegimos entre los que se nos ofrecen”13. A pesar que los empresarios no pueden hacer cualquier cosa ya que están limitados por la estructura de precios, según Bogliolo, tienen un margen de acción mucho mayor que el conjunto de la población trabajadora. Esto instala una clara asimetría de poder en el mercado que rebate sus posibilidades de justicia.
El otro argumento que problematiza Bogliolo es la opción por las decisiones de mercado que defiende Hayek como el único método voluntario. Se pregunta nuestro autor qué clase de método voluntario es aquel que resulta el único apto para la vida económica. Y concluye que Hayek, que critica al socialismo por introducir supuestas “tendencias inevitables”, es quién verdaderamente busca ponerlas en su argumentación en defensa del mercado. Bogliolo trata de sacar las consecuencias del discurso liberal: “No puede planificarse la economía, afirman, vale decir, no puede interferirse en la actividad económica, porque así se estorbaría la producción y se suprimiría la libertad, con lo cual, afirmamos nosotros, se llega al peor fatalismo, a la desesperada creencia que nada se puede hacer para mejorar la vida colectiva, y que hay que abandonarse al juego de los intereses materiales. La inteligencia no puede actuar, según ese modo de razonar, sino en un sentido determinado, aceptando lo existente…”14. La defensa liberal de la libertad es, para Bogliolo, una defensa de la ganancia capitalista. Para defender la ganancia empresaria hay que aparecer defendiendo la libertad humana en general. Afirma burlonamente que: “Si la Standard Oil no anula la personalidad humana cuando planea la extracción de la mayor cantidad de litros de petróleo, tampoco la anula YPF cuando, de acuerdo con otros organismos oficiales, trata de abastecer mejor al país”15.
Con respecto a los instrumentos políticos concretos que pueden impedir que la planificación se convierta en algo opuesto a la libertad Bogliolo hace dos planteos. El primero es la intervención del parlamento y sus comisiones en lo que es el curso más general de la planificación16. Contrapone el carácter electivo de este organismo a lo que es sólo una comisión directiva de tipo necesariamente burocrático.
Si el papel del parlamento en la planificación muestra un área ubicada en el poder político Bogliolo también le da un lugar importante al movimiento cooperativo, que constituye una legítima expresión “desde abajo” del movimiento social. Bogliolo enfatiza su entusiasmo por el movimiento cooperativo a causa de que éste es un movimiento real, existente. Un movimiento que queda a salvo de la crítica de que se trata de un mero proyecto, de una idea bella que nunca va a funcionar. Su percepción del movimiento cooperativo da un paso más: es un anticipo de la sociedad del futuro17.
FASCISMO, COMUNISMO Y SOCIALISMO DEMOCRÁTICO
Hacer las distinciones necesarias entre estos movimientos políticos es un paso necesario cuando se discute con una propuesta como la de “Camino de servidumbre”, que sumerge a todos los gatos en una noche oscurísima. Para Hayek, la existencia de un estado unipartidario en Alemania, Italia y la URSS cancelaba cualquier distinción profunda entre estas sociedades.
Bogliolo destaca el carácter aristocrático nacionalista del nazismo. Cita al mismo Hitler, quién destaca las virtudes del nazismo por haberse “separado del pensamiento democrático de masa”, por afirmar que la tierra corresponde “al mejor pueblo”, que ese pueblo elegido debe ser dirigido a través del “principio aristocrático” para “asegurar la dirección y la más grande influencia a los mejores espíritus”. El nacional-socialismo según Hitler “se funda no sobre la idea de la mayoría, sino en la de la personalidad”18.
El objetivo de este señalamiento es comenzar a separar los términos a partir de considerar no sólo los parecidos entre el fascismo y las dos variantes socialistas (comunista y socialdemócrata) sino las considerables diferencias entre estos movimientos políticos19. La postura hayekiana no necesita profundizar en estos factores ya que la existencia de estos fenómenos se debe a la persistencia histórica de las tendencias socialistas autoritarias. Tanto en “Camino de servidumbre” como en numerosas cartas Hayek relató su perplejidad frente al hecho de que en Inglaterra, cuna de la libertad burguesa, estaban tan mal informados, a su entender, que el fascismo y el nazismo eran movimientos radicalizados que habían surgido para combatir el comunismo y al movimiento obrero. La interpretación de Hayek era que el fascismo constituía una variante del socialismo, como puede verse en el capítulo 12 de “Camino de servidumbre” titulado “Las raíces socialistas del nazismo”20. Como es habitual en los debates intelectuales, a partir de ciertos paralelos bastante admisibles Hayek llega a conclusiones que carecen de todo límite razonable, ya que les da una extensión ilimitada y válida en todos los terrenos; a pesar de que el economista anglo-austríaco toma sus ejemplificaciones exclusivamente del campo intelectual21. Es justo decir, sin embargo, que Hayek y la tradición liberal que integraba no hicieron estas afirmaciones en solitario. Diversos exponentes del pensamiento conservador, Waldemar Gurian probablemente haya sido el más característico, afirmaron la identidad plena del comunismo y el fascismo.
Bogliolo también refiere a la defensa de la propiedad privada como bandera política, una vez que Hiltler llega al gobierno22, y a su política privatizadora. Bogliolo dice: “El nazismo no seguía las “tendencias socialistas”. Por eso, apenas llegado al poder, Hitler aclaró que su programa encararía “la necesidad de la propiedad privada y de un orden económico basado en el sistema de utilidad, en la iniciativa privada y en la desigualdad de riqueza e ingresos”. Ya usada la ingenua credulidad popular, el nazismo inició una labor de “reprivatización” de la propiedad y de anulación de la obra socialista y democrática en favor del pueblo. Así, después de la crisis bancaria de 1931 el Reich controlaba el capital de la mayoría de los principales bancos, pero ese control volvió a manos particulares después de la llegada de Hitler al poder; el Trust del acero llegó a ser controlado por el Estado mediante la compra de acciones y existía un plan para desintegrar al monopolio dividiéndolo en pequeñas compañías independientes, pero los nazis revendieron las acciones del Estado: era la época en que Thyssen financiaba al partido nazi; los nazis también se oponían a las empresas municipales y en 1935 derogaron la ley que permitía la “socialización” de la energía eléctrica arguyendo que el “socialismo municipal” introducía el desorden. De ahí que, según datos oficiales de 1939, el Reich, las municipalidades y los Estados poseían 331 corporaciones con solamente unos RM 2000 millones, o sea el 10% del capital de todas las corporaciones. El Estado únicamente desarrollaba empresas destinadas a fines bélicos y les aseguraba sus rendimientos”23. Esta sintética descripción deja a la vista claramente el carácter capitalista del nacional-socialismo y cuál era el límite y la localización de la parte dirigista de su política económica.
Bogliolo también recurre a una comparación didáctica entre tres jóvenes: uno comunista, otro nazi y el tercero socialista. Por un lado, afirma que más allá de lo que los separa, el joven nazi y el joven comunista se diferencian del socialista en virtud de las finalidades democráticas de este último. Nazis y comunistas tienen en común la utilización de métodos de movilización callejera y organización profesional de la violencia que tienen por objetivo vencer por vías de hecho al régimen vigente24.
Bogliolo establece la diferencia de objetivos entre el fascismo, el comunismo y el socialismo de la siguiente manera cuando dice: “Hay…otra razón para que no pueda confundirse un joven fascista de un comunista y éstos de un socialista. El primero no es partidario de la propiedad colectiva sino de una tutela estatal en manos de los jerarcas del partido, los segundos desean la propiedad colectiva con el régimen ruso como modelo y el último aspira a una sociedad cooperativa democrática”25.
El objetivo del argumento de Hayek, Bogliolo lo insinúa pero no llega a decirlo, es amalgamar todos los movimientos políticos que han recurrido a las movilizaciones de masas para poder perfilar un lúcido liberalismo de individuos autónomos y críticos que son vistos como herejes por la masa totalitaria bárbara26. Esto coloca a Hayek dentro de un conservadorismo liberal que no combate solamente a la izquierda sino que también quiere tener a raya a la democracia cuando esta rebasa, aun limitadamente, los contenidos políticos de la ciudadanía capitalista.
EL ATAQUE A LA DEMOCRACIA
Bogliolo no le escapa al problema que le presenta Hayek: cómo y cuándo aparecen las amenazas a la democracia y, sobre todo, cuáles son sus causas.
Hayek ubica el principal ataque a la democracia en la expansión planificadora del estado en el campo económico. Estas prácticas, aun llevadas a cabo por gente de talante democrático, terminarán concentrando el poder de decisión en unos pocos burócratas, lo cual llevará hacia la dictadura.
En primer lugar, Bogliolo recurre a la propuesta, que ya mencioné, de dar los pasos iniciales de la planificación económica mediante una comisión legislativa que terminaría involucrando a todo el parlamento en la discusión más general de los temas a decidir. El parlamento discutiría los objetivos y las orientaciones más generales de la planificación. La implementación práctica quedaría a cargo del personal técnico. Hayek podría aquí hincar el diente y proclamar que ahí está el problema, que el personal político tarde o temprano va a quedar prisionero de la tecno-burocracia. Y que a partir de allí comenzaremos a recorrer el camino hacia la servidumbre. A este problema Bogliolo le responde diciéndole que una empresa privada tendría que apelar a la misma solución. No existiría ninguna diferencia esencial. El problema remite a la diferenciación funcional entre la dirección política y la necesaria canalización burocrática de esas decisiones y, además, las tensiones que esto genera. O también podría mirárselo con la óptica de la sociología académica a través de la diferencia y la tensión entre propiedad y control. Más allá de lo que sucede en el capitalismo compatible con el orden democrático o en las formaciones sociales del llamado socialismo real, Bogliolo dice más adelante: “Podemos ofrecer un ejemplo que será decisivo. En la Alemania nazi el “dictador” económico era el célebre Dr. Schacht pero ¿tenía algún poder especial? De ninguna manera. El poder real estaba en manos del organismo político del señor Hitler. En un régimen democrático pasará lo mismo”27. Los usos instrumentales del poder no son el principal criterio de discriminación entre un tipo de régimen político y otro28.
Para responderle a Hayek, en el terreno que Bogliolo piensa que es el verdadero, plantea la hipótesis de dos cursos políticos posibles en torno a los impasses y crisis del régimen democrático. En el primer caso postulado por Bogliolo si en una democracia existe fortaleza institucional y se practican procedimientos acordes a este régimen, la posibilidad de que se establezca una dictadura será remota. Pero si no existe ese espíritu democrático, en las instituciones y los procedimientos, la posibilidad de que pueda aparecer un aventurero aprendiz de dictador ante la primer crisis importante es muy grande (este es el segundo caso de la hipótesis de Bogliolo). No hace falta meditar mucho para advertir que en su planteo hay un evidente cruce con la realidad argentina de esos años del golpe juniano y el triunfo de Perón. Contrapuesto a la realidad argentina que se está modificando en ese momento Bogliolo ejemplifica con el modelo del Partido Socialista: la Inglaterra laborista. En este país, según su argumento, las tradiciones democráticas están vivas. De allí que sea muy difícil que un programa de socialización, en un contexto como el inglés, ataque a la democracia. Es más, el avance del programa socializador está supeditado al régimen democrático. La vía hacia el poder sólo puede darse en condiciones democráticas y siguiendo las normativas constitucionales. Si el pueblo inglés deja de votar al laborismo –dice Bogliolo- éste abandonará el poder. Y eso será un índice de que el programa de socialización no ha traído las ventajas esperadas y que el laborismo deberá volver sobre sus pasos. Pero sí la socialización mejora la vida de la mayoría de la sociedad inglesa tendrá derecho a buscar su continuidad.
Esta argumentación, que suena bastante obvia Bogliolo la lleva adelante para defender la continuidad de un programa y oponerse al argumento de la alternancia en el gobierno, que casi siempre aparece en la boca de los liberales. Y la ejemplifica contraponiendo a Hitler, que llegó al poder mediante una elección después de la cual terminó dando un golpe de estado, con las cuatro presidencias de Roosevelt, las cuales por continuistas que hayan sido no lo convirtieron en un dictador. No deja de llamar la atención al lector contemporáneo la defensa que hace Bogliolo de la posibilidad de reelección de un proyecto político y que contrasta con el idealismo interesado del democratismo más o menos neoliberal que nos es contemporáneo, que ve en las reelecciones de los proyectos políticos de la periferia el origen de la corrupción y el atraso.
Como vimos, Bogliolo defiende una vía al socialismo a través de la democracia, posición que fue la formulada por el socialismo clásico de la Argentina. El autor afirma: “Y no se trata de instaurar ninguna “dictadura del proletariado”… Somos defensores del sistema evolutivo y no aceptamos aquella dictadura política, porque también nosotros creemos que “probablemente” destruiría la libertad personal”29.
Pero a pesar de reconocer esta coincidencia con su adversario intelectual Bogliolo inmediatamente se desmarca cuando afirma: “Pero no caeremos en el error de admitir, porque la historia nos alecciona, que basta hablar de libertad y dignidad humanas para que ellas existan. El orden jurídico-económico capitalista hace uso y abuso de tales términos, pero en realidad su interpretación corre pareja con las conveniencias de los privilegiados. Luego, huele a interés al tanto por ciento la filípica hayekiana, pretendiendo cobijar la libertad al socaire de la propiedad burguesa”30.
El mantenimiento de la democracia es el criterio regulativo que orienta las posibilidades de avanzar al socialismo31. Impulsar las transformaciones de una manera en la que el marco democrático pueda ser rebasado es algo que Bogliolo desaconseja taxativamente. Pero a la vez el socialismo como proyecto político exige la crítica a las limitaciones que los privilegiados buscan imponerle al desarrollo de lo que llamaríamos, más contemporáneamente, los aspectos sustantivos de la democracia.
EL CAMBIO SOCIAL SEGÚN BOGLIOLO
Como muchos socialdemócratas formados en el marxismo, Rómulo Bogliolo partía de la lectura standard del “Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política”(1859).
El papel protagónico que, en este texto, tienen las fuerzas productivas del trabajo social por sobre el papel cumplido por las relaciones de producción establece dos criterios orientadores: el nivel de desarrollo necesario para iniciar las transformaciones sociales y el papel dinamizador que cumple su desarrollo en el marco de la totalidad económico-social.
Esta lectura standard del “Prólogo…” tiene carácter polémico en relación al primer criterio ya que parte de la presunción de que es imposible cambiar la sociedad si forzamos el ritmo de las transformaciones. Si bien es una conclusión que puede desprenderse del texto de Marx, hay que dar varios pasos más allá para llegar a ese resultado. En cambio, el segundo criterio aparece bastante claramente en el “Prólogo….”. Llamamos lectura standard a aquella que acepta los dos criterios. Si bien el texto del “Prólogo…” encaja en lo que puede caracterizarse como determinismo32, la aceptación de los dos criterios acentúa el enfoque determinista.
La alternativa a este texto de Marx es una lectura que ponga el acento en la lucha de clases como elemento básico de la trama histórica. Por supuesto que, para encontrar esto hay que ir hacia otros textos de Marx ya que la lógica del “Prólogo…” es una vía regia para una lectura determinista y reformista del marxismo. El fantasma al que esta lectura pretende conjurar es el de la revolución prematura, desalineada con el desarrollo de las fuerzas productivas, las cuales no han dado todo de sí. El problema que ha tenido siempre esta posición es la ausencia de criterios para evaluar cuando se puede avanzar en la transformación social. Este punto ciego concluye aconsejando siempre un posicionamiento de retaguardia preventiva en el que las condiciones nunca están dadas.
Bogliolo sostiene fuertemente en el “Prólogo…” su mirada sobre el cambio social en la historia humana. Una de las consecuencias necesarias de este protocolo de lectura es la frecuente advertencia de no acelerar los acontecimientos. La lógica del cambio social es tecnológico-económica y no político-social33. Hacia el final de este libro escribe: “Hemos creído siempre que el desarrollo técnico-económico nos ha conducido a una situación en que nuevas formas de organización deben sustituir a las caducas, siempre siguiendo las normas evolutivas y de acuerdo al adelanto de cada economía”34. También afirma la importancia de este desarrollo por encima de cualquier contexto cultural e ideológico desfavorable: “El atraso mental y político podrá estorbar su influencia, pero hasta que las fuerzas productivas rompan los ficticios moldes y restablezcan el equilibrio”35.
No es posible dejar de señalar que a pesar del claro contenido de impulso del cambio social que tienen las fuerzas productivas, éstas, para Bogliolo, no hacen todo. La acción humana tiene un papel. Un papel relativamente pasivo pero para nada inexistente. Y para esto es esencial el papel que juega la democracia política. Contra la identificación que hace Hayek de planificación y dictadura, aun sin dejar de reconocer que esta combinación es posible, Bogliolo afirma que: “Planeamiento y democracia son…consustanciales para los socialistas”36. No ignora las dificultades del proyecto político que postula pero también tiene una versión propia del optimismo de la voluntad: “La naturaleza humana es tan contradictoria que solo el tiempo puede resolver ciertas cuestiones. Pero para llegar a un lugar determinado es necesario querer andar”37. Más adelante concluye: “Allí está la esencia de nuestro movimiento. Transformar los modos de vivir para transformar el modo de pensar. Cuando los pueblos no vean en los hombres sino a cooperadores en la lucha por el bienestar individual y colectivo, serán refractarios a cualquier intento de dictadura. No verán en los dictadores a superhombres sino a vulgares usurpadores. Por eso queremos crear aquel modo de vivir, planeando la organización económica que asegure la tranquilidad social, base de la mentalidad antitotalitaria”38.
¿Qué balance se puede hacer de la concepción de cambio social de Bogliolo en su polémica con Hayek? Evidentemente hay una condición de todo o nada, que se deriva de la existencia de un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, sin la cual el objetivo socialista es una utopía.
Pero también el papel de la acción humana no es insignificante. Y este papel posee una fuerte correlación necesaria con la democracia política. Podríamos agregar, pensando en ciertas experiencias de las últimas décadas, que la democracia que debe existir para que esto sea posible es una democracia en la que la apertura hacia ciertos contenidos sustanciales y claramente sociales no esté bloqueada.
¿Es contradictoria la idea de cambio social de Rómulo Bogliolo? ¿Afirma simultáneamente criterios deterministas y criterios voluntaristas que son mutuamente inconsistentes?
Pienso que existe una articulación posible que salva esa inconsistencia. Bogliolo diferencia la planificación económica de la existencia real de una sociedad socialista. Son dos niveles diferentes de la transformación social. La práctica de la planificación puede llevarse adelante, y Bogliolo lo ve como algo deseable y como una condición necesaria, en la sociedad capitalista. Es un instrumento para avanzar, para acercarse al socialismo pero no se identifica con él. La construcción de una sociedad socialista, como ya se dijo, requiere la evaluación del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo social. Cuestión incierta si las hay de evaluar ex ante y que ha sido difícilmente apreciable en el curso concreto de los procesos transformadores realmente existentes.
MONOPOLIO Y COMPETENCIA
¿Cuál es el sentido que le ve Bogliolo a la planificación económica? ¿Es un anticipo de socialismo en la sociedad capitalista? En cierto sentido, sí. Pero también lo ve como un método económico que es válido en sí mismo.
Como ya se dijo, Hayek en este libro no está tan intensamente en contra de la planificación como lo va a estar en los tramos futuros de su obra. Entiende que la sociedad occidental llegó a encarar formas de planificación en virtud de la inminencia de la segunda guerra mundial. En ese contexto tan negativo, la planificación mostró sus virtudes pero se trata de un ordenamiento al que los planificadores fueron llegando por el azar del ensayo y del error. La planificación, según Hayek, puede organizar la guerra pero es una mala medicina para la paz. El método económico más válido para garantizar una coordinación económica eficiente y voluntaria es la competencia.
En esta parte de la réplica, se puede decir que Bogliolo representa al sentido común de la época mientras que Hayek es un ideólogo que postula un proyecto de futuro39.
Hayek parte de la identificación entre planificación y monopolio, con lo cual puede hacer aparecer a la competencia como el elemento radicalmente distinto y positivo del orden económico. Por el contrario, Bogliolo afirma que la cuestión que garantiza la competencia son las ganancias capitalistas y no la coordinación económica40.
Mientras que para Hayek el monopolio es el resultado de querer alterar los resultados espontáneos del intercambio económico, siendo la planificación una de las formas en que se expresa esto; para Bogliolo los monopolios son, en un sentido, la negación de la competencia y, en otro, la consecuencia inevitable de esta41. “La esencia de la competencia es la concentración, el monopolio, e inútil será querer “convencer” al capitalismo. De haber tenido una alternativa mejor, la habría escogido”42. La planificación, contrariamente, parte de las necesidades reales y la capacidad máxima de producción para el crecimiento económico. La planificación no elimina la ganancia pero sí la desplaza del centro de interés de la esfera económica43. La planificación se efectúa en función de los intereses colectivos de la comunidad, no de los intereses de los grandes propietarios. Bogliolo afirma que “Es otro móvil, otro impulso, otra intención”44
Contrariamente, el monopolio lleva adelante una planificación limitada que “…no va más allá de una producción calculada para un consumo limitado o de crecimiento restringido prefijado”45. También Bogliolo destaca que muy lejos de ser el resultado de la acción voluntaria, la competencia monopolista genera que “la clase obrera, el consumo y la comunidad sólo entran en el cálculo como factores pasivos”. Bogliolo sostiene que “El crecimiento del monopolio capitalista se realiza como consecuencia de factores ajenos por completo a la influencia de la clase trabajadora. Es una imposición y no el resultado de un acuerdo o elaboración”46.
En general, el argumento de Hayek y las distintas variantes del liberalismo económico centran su atención en la esfera de la circulación, donde es posible advertir rasgos de descentralización que dan la apariencia de acción voluntaria mientras que su análisis no entra en el ámbito de la producción donde es fácil encontrar el centralismo empresarial sobre la fuerza de trabajo. Se podría decir que muestran al mercado y a la competencia como una variante económica del ágora ciudadano pero se cuidan muy bien de poner los pies en las empresas, donde se dirimen las relaciones reales entre el capital y la fuerza de trabajo. Esto no está dicho así de esta manera pero se puede decir que sobrevuela como conclusión necesaria.
Bogliolo también afirma que “El monopolio nada tiene que ver con la planificación socialista sino en cuanto a ésta se opone a aquel…La planificación socialista es, en cambio, intencionada, deliberada y voluntaria pero con un sentido distinto al monopolio capitalista. Y es indispensable. Pueden las fuerzas capitalistas y la incapacidad colectiva dejar librado al azar la marcha de la colectividad, sufriendo las consecuencias de ello, evento que como reconoce el profesor Hayek no es tan aleatorio, porque estamos sometidos a los monopolios, creación “deliberada y voluntaria” de los capitalistas que tienen previstas las consecuencias de su gestión…”47. Lo que el teórico socialista subraya aquí es el resultado real de la libertad económica que expresa la competencia. La sociedad en su conjunto pierde la dirección hacia la que se dirige, queda en cierto modo como una hoja en el viento. La economía capitalista produce efectos y relaciones que van más allá de la voluntad de los seres humanos, incluidos los capitalistas. Pero éstos se encuentran, por su posición social, mucho más protegidos y con mucho más poder para enfrentar las consecuencias de los giros bruscos y los cortes abruptos que se producen en la acumulación del capital.
En cierta forma, el argumento de Bogliolo en favor de la planificación económica se refuerza en este punto. La planificación, aun conociendo la larga experiencia posterior que acumuló la historia humana en materia de resultados imprevistos y efectos perversos en la acción social, expresa el intento profundo por no ceder ante el vértigo al que la economía capitalista somete a la mayoría de los seres humanos, es un intento de recuperar el control del curso de la sociedad. Es lo opuesto a la fatalidad de las tendencias inevitables.
Hay otro argumento que fortalece la perspectiva más general de Bogliolo sobre la planificación, que es la negativa de éste a postular una vuelta a la competencia. Si bien la esfera de influencia de los monopolios no es ilimitada, su llegada a la vida económica no es un fenómeno que parezca posible de ser revertido. La lucha para evitar los abusos del poder económico “…no es el retorno a la competencia, pues la centralización capitalista, la técnica y las formas de producción lo impiden. Sería desconocer el curso de la Historia, haciendo marchar hacia atrás el reloj del tiempo”48. Más adelante Bogliolo escribe: “Las leyes inmanentes de la producción capitalista, por la centralización de los capitales, junto con la socialización del trabajo, con el desarrollo de la forma cooperativa del proceso de producción, nos obligan, previo conocimiento de esa realidad, a dar un sentido social a la orientación intencionada del proceso social, para facilitar su andar y acelerar las conquistas humanas”49.
Esta labor de regulación del capitalismo, que tiene en la planificación económica su principal instrumento, necesita de la acción del estado, que es el único agente capaz de enfrentar al poder económico real monopólico (al que tomando una denominación de Roosevelt y en tono polémico con Hayek refiere como un “colectivismo privado”). Pero no necesita de cualquier clase de estado sino de un estado en el que la iniciativa de los de abajo sea estimulada y tenga canales institucionales de acción. Las libertades formales de la democracia existente en las sociedades capitalistas son algo a preservar, en opinión de Bogliolo, pero no se le escapa que los socialistas tienen que apuntalar la construcción de una libertad real para todos, recurriendo a los instrumentos más adecuados que encuentren en su tiempo.
Para defender su postura de las críticas liberales que identifican planificación y dictadura, Bogliolo usa esta imagen para describir la planificación económica necesaria: tienen que ser muchas manos y no solamente una50. La planificación y la democracia van juntas como la sombra al cuerpo y son el suelo fértil en el que únicamente allí puede nacer, con métodos evolutivos y reformistas, una sociedad auténticamente socialista. Bogliolo vuelve a insistir en este trabajo que la socialización (expropiación) sin que existan las condiciones adecuadas no contribuye a construir el socialismo sino una forma sui generis de capitalismo de estado51.
RECAPITULACIÓN
La respuesta que Rómulo Bogliolo escribió a posteriori de la aparición de “Camino de servidumbre” de Hayek es un texto valioso por varios motivos.
En primer lugar porque no existió otro intento de reflexión que fuera contemporáneo al libro de Hayek desde las organizaciones de izquierda argentinas de la época. Bogliolo fue precoz y solitario. También con los años se ha podido apreciar mejor la importancia que el texto de Hayek ha tenido en la propaganda liberal a nivel nacional e internacional52.
En segundo lugar deja a la vista la importancia del giro programático del PS hacia posturas estatistas y apartadas del programa originalmente librecambista de Juan B. Justo. Posturas que eran contemporáneas de otras similares en el socialismo europeo. Además, este trabajo de Bogliolo constituye probablemente la reflexión más seria sobre el problema de la planificación en sus aspectos económicos, políticos y organizativos que se hizo en Argentina.
En tercer lugar, también se puede apreciar la importancia que seguía conservando una serie de núcleos doctrinarios de la teoría marxista en el Partido Socialista. No pretendo decir que el PS era un partido marxista de orientación estricta pero sí que ciertos elementos centrales de esta teoría conservaron una importancia bastante grande hasta mediados de los años cuarenta. La incidencia con que ello se puede apreciar en su teórico más importante es indicativo de esto.
La réplica a Hayek muestra el dinamismo intelectual de Bogliolo como intelectual pero también era reflejo de la apertura que en ese momento histórico tenía el colectivo partidario del socialismo argentino.
Buenos Aires, marzo de 2018.

BIBLIOGRAFÍA
MATERIAL CENTRAL
Bogliolo, Rómulo: Socialismo Libertad Dirección. Réplica al profesor Hayek. Editorial La
Vanguardia, Buenos Aires, 1946.
Bogliolo, Rómulo: Hacia una economía socialista. La COPLAN argentina. Sin editorial.
Buenos Aires, 1945.
MATERIAL CONSULTADO
Hayek, Friedrich A.: Camino de servidumbre. Biblioteca de la Libertad. Edición digital.
https://www.elcato.org/sites/default/files/camino-de-servidumbre-libro-electronico.pdf

MATERIAL CITADO
Lukasiewicz, Jan: Estudios de lógica y filosofía. Biblioteca de la Revista de Occidente,
Madrid, 1975.
Marx, Karl: Introducción general a la crítica de la economía política. Cuadernos de Pasado
y Presente número 1, México DF, 1984.
Postone, Moishe: Tiempo, trabajo y dominación social. Editorial Marcial Pons, Barcelona,
2006.
Poulantzas, Nicos: Fascismo y dictadura. Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 1976.
Repetto, Nicolás: Gran Bretaña laborista. Editorial La Vanguardia, Buenos Aires, 1950.